domingo, 11 de octubre de 2015

La inviabilidad macrista

La semana que culmina no fue pródiga en novedades. O tal vez sí. Todo depende del cristal con que se mire, suele decirse y con razón. Este encabezamiento del texto puede parecer el divague de un demente, pero en realidad intenta expresar extrañeza ante una persistencia inentendible: el escasísimo impacto que merecen en la agenda local las convulsiones que se están registrando en la geopolítica, que no cesan en cantidad ni en la profundidad de sus cuarteaduras.

Lo suficiente como para que no luzca excesiva la descalificación de quienquiera con la sola pretensión de mantenerse al margen del proceso. Por lo difícil o inconveniente que resultaría. Tanto o más que la voluntad de nadar contra la corriente en el país de origen del nuevo jefe del catolicismo universal, del peronismo y que tiene todavía fresca en su memoria la tragedia de 2001.

La presidenta CFK destacó en la ONU los lazos que vinculan a la justicia social con la gobernabilidad, la paz global y la igualdad de género. Expedientes indisociables. Las palabras del Papa Francisco en su gira por Cuba y EEUU volvieron a poner de relieve asuntos que ya se tocaron en esta misma columna el pasado 18 de julio: la dimensión de su figura cataliza fuerzas que ya se venían desplegando pero que ahora encuentran un eje organizador. Este aglutinamiento ensaya una ruptura con el paradigma dominante actual, el neoliberalismo que miserabiliza planificadamente y desgasta los cimientos del tejido social que todo Estado necesita para su factibilidad.

El populismo se anota por estos días, en fila, la reconciliación al caer entre la isla castrista y la primera potencia internacional, tal vez el último escombro significativo del Muro de Berlín; el pacto que están por firmar el gobierno colombiano y las FARC y una estructuración, todavía embrionaria pero considerable, de países que rechazan los esquemas vigentes en materia de tramitación de deudas soberanas, con la resolución que se votó semanas antes del cónclave en la ONU. 

Mientras todo esto pasa allá, acá acapara mayor rating el llanto de Luis Novaresio por los escollos que encuentra la realización de ese concurso de preguntas, respuestas, chicanas y fraseología marketinera que llaman debate presidencial. Y el principal retador del oficialismo nacional, el único actor político/partidario que somatiza las ondas que vienen de afuera y las compagina con su hoja de ruta, es un espacio cuya razón principal es revertir el actual curso histórico de regreso hacia las lógicas que antes estallaron entre nosotros y hoy lo hacen en distintos puntos del planeta. Un disparate estratégico superlativo cuando hablamos, para colmo, de un país cuya economía depende, para sobrevivir en grado de racionalidad mínimo, de resolver un conflicto de magnitudes dramáticas contra los fondos buitre, arquetipo de las desproporciones de los mercados librados a su antojo.

Concédase que estamos en medio de una campaña electoral, y que en la búsqueda del sufragio no es sensato despreciar la agenda minimalista, que es mayoritaria. Pero el lunes siempre llega, la responsabilidad de Estado impone mirar más allá de lo tangible e inmediato. Y en definitiva, lo pequeño depende de que lo mayúsculo camine, o caerá arrastrado también.

* * *

Mónica López es una dirigente irrelevante que el último jueves saltó de regreso desde el Frente Renovador al Frente para la Victoria. Ese desplazamiento dice, sin embargo, bastante acerca de las perspectivas de cara a la sucesión que se disputará en octubre próximo. Es poco probable que Daniel Scioli aspire con este movimiento a captar acompañamiento, pues no se trata, en el caso de la susodicha, de una pasión de multitudes, ni mucho menos. Puede que el garrochazo termine por ocasionar algún daño en la flota de Sergio Massa, pero lo será en cuanto a comportamientos --erráticos, se entiende-- que se proyecta inducir en el rival, y de ningún otro modo.

El episodio interesa como señal en relación al poder: a su ubicación, por decirlo con sencillez, que oficia como sombra bajo la cual corren los personajes en cuestión a ampararse, porque registran que la electorabilidad va edificando allí la futura instancia de referencia.

Maurizio Macrì enfrenta desde inaugurada su empresa nacional un laberinto casi irresoluble. Su despliegue territorial no alcanza para participar de manera competitiva. Déficit que agrava su procedencia porteña y la característica central de la alianza conservadora que labró con la UCR y Elisa Carrió: pureza antiperonista. Esa definición lo coloca ante una muralla: el 60% aproximado que, desde 2003 a esta parte, el peronismo realiza en las urnas consecutivamente entre sus diversas fracciones, que le augura destino de boleta aún en un hipotético balotaje.

La trama tucumana, así las cosas, no apuntaba a torcer porcentajes decisivamente, lo cual se haría muy engorroso. Antes bien, la deslegitimación es una huida hacia adelante. Impugnar los factores de una matemática que no cierra: si el peronismo es mayoría, invalidarlo. Memorias de 1955.

Pero esto tampoco lo habría corregido un entendimiento entre el jefe de gobierno porteño y el ex alcalde de Tigre: el cuello de botella invertido que habría ocasionado esa alternativa, por superpoblación de los niveles subnacionales, habría supuesto un dilema para cuya resolución no alcanza con un comicio interno multitudinario, porque ésa sería la culminación de un desarrollo previo que demandaría de mucho mayor tiempo que el habilitado por la ley electoral para la conformación de frentes entre distintos partidos. La construcción de un instrumento tal conllevaría, por ejemplo, la estipulación de reglas de convivencia entre desiguales, que vaya edificando aceptación mutua para que el compromiso no se resienta independientemente de prevalencias ocasionales.

Macrì no llena esos requisitos. De movida, por el desprecio natural que su representatividad le dispensa a peronismo en bloque, siendo que necesitaría seducir alguna porción de esa sociología para robustecer sus chances. Esto se verifica en las fugas peronistas del massismo, que casi unánimemente fueron a parar de vuelta al FpV. Pero más importante, y visto ya desde la vereda de enfrente, es la desconfianza que inspira el programa del PRO por fuera del radio que controla, para colmo con escasa ductilidad. Conductores o delegados de organizaciones que no quieren saber nada con promesas como las lanzadas por Melconian, Broda y Espert hace meses. No es sólo desacuerdo conceptual. Más sencillo, ese ideario conspira contra la estabilidad institucional.

Arriba se aludió a los populismos. Se quiso decir, en suma, que están superando mejor que sus predecesores el reto de la gobernanza, lo que constituye un insumo vital para el reto de la suma de recursos que engrosen su consistencia. Y se sabe: durar es mucho más arduo que llegar.

En esta coyuntura, eso explica cualquier suceso mucho mejor ninguna otra cosa.

miércoles, 7 de octubre de 2015

La continuidad... de Segundas Lecturas

Nunca nada empieza ni termina por completo, tal vez. Probablemente todo en la vida sea una cadena interminable de reconfiguraciones y resignificaciones. De algún lado se viene, y hacia otro se va, siempre. No hay pretensiones filosóficas en estas frases introductorias. Se trata de ilustrar acerca del futuro de este espacio, cuya despedida del formato blogspot venimos a anunciar. Segundas Lecturas continuará desde el cambio.

Tan de moda que se han puesto esas dos palabras (continuidad y cambio) en la hora actual del debate político nacional --al que desde aquí hemos intentado aportar desde hace ya más de seis años--, se hace necesario tomarlas para comentar la novedad.

Segundas Lecturas nació tres días después de la derrota de Néstor Kirchner en las elecciones legislativas de medio término del año 2009, para dar testimonio de que es justamente en los peores momentos cuando más se debe insistir en las convicciones. Todo lo que aquí se dijo en la mayoría de los 586 posts previos a éste, que culmina la faena blogger, venía de los viejos textos con que durante el año 2008 despuntó este vicio en Artepolítica. Y que se ha diversificado en la actualidad hasta las columnas semanales que desde julio de este año publicamos en ABC en Línea.

Somos militantes del espacio nacional, popular y democrático que se expresa desde 2003 en el proyecto político inaugurado por Kirchner, prolongado en la vigente conducción de Cristina Fernández de Kirchner y que aspira a extenderse desde diciembre con Daniel Scioli en la presidencia de la Nación. No entendemos esto sino como uno más de tantísimos fragmentos que componen una tradición política sobre la que huelga cualquier abundamiento. Queremos ser, tal nuestro lema, un granito de pensamiento nacional en el desierto de un debate público lamentablemente todavía muy colonizado. No pensamos apartarnos un sólo centímetro de esos parámetros, que es la esencia que nos inspira en nuestro recorrido. Pero las modalidades en que ello se expone pueden y deben variar con el tiempo, y hacia eso vamos.

Esta plantilla nos ha dado todo. Por acá han transcurrido momentos malos y buenos de este ciclo histórico. De la muerte de Néstor a la reelección de Cristina; de incontables conquistas sociales a otra caída como la de 2013. Y vaya paradoja que, indisociables como nos sentimos de la experiencia en curso, nos nació la inquietud de esta mutación que se interpreta a sí como reimpulso en idéntica senda. Tal como está a punto de suceder con la fórmula Scioli-Zannini, que a través del desarrollo iniciará una cuarta etapa, distinta pero a la vez idéntica, de este trayecto. Nada mejor para demostrar el carácter de pieza en el paisaje de la inflexión cultural de la época que quisimos imprimirle desde su hora cero. Un deslizamiento natural, pues.

Nos vamos a Facebook. Seguiremos jodiendo desde esta dirección: https://www.facebook.com/segundaslecturas. Quedarán los análisis largos y más profundos para los sábados de ABC en Línea, pero es momento para otra cosa. 

Mayor cantidad de intervenciones, pero más cortas, y con una interacción más dinámica con videos, fotos, capturas de pantalla y demás herramientas que esa red social, en paralelo con su difusión vía Twitter, habilita de manera más dinámica. Inquietudes nuevas para las cuales creemos que es necesario renovar aires. Esta aldea, no obstante, seguirá abierta para conservar el material de tantos años, replicando los relatos sabatinos. Y porque, quién sabe, tal vez sea necesario volver por aquí algún día, o hacerlo cada tanto. Prueba y error, que lo lindo es tener la certeza de que nada garantiza el éxito. Pensábamos dar el paso tras el comicio del próximo 25 de octubre, pero mejor saltar ahora para caminar lo poquito que queda, para lo mucho que igualmente falta para consolidar la victoria, ya desde el nuevo hogar.

A partir de maniobras abruptas como éstas nos gusta existir. Y es ése otro rasgo que nos indica que estamos en el lugar correcto. ¿O no es y ha sido así el kirchnerismo siempre, también? Sigue habiendo motivos para meterle leña a la llama.

Los esperamos a nuestros seguramente poquitos fieles en Facebook, entonces, para que el nunca menos sea siempre más.        

lunes, 5 de octubre de 2015

Tarde piaste, pajarito

Escribió Manolo Barge el último viernes: <<(...) El Cambiemos Duranbarbista logro la épica de sumar TODO el voto de las Clase Medias y Altas, Republicanismo purificado de cualquier macula peroniana en las candidaturas más expectantes. Pero eso da como techo electoral, y de clase (o sea la “parte sana y decente), un 30% nacional; y por razones obvias de la Democracia resulta cuantitativamente insuficiente. Al no disponer del Partido Militar, y resultar ineficaces los Golpes de Mercado y/o Colores, con el Agitprop de los ABC1 en los micro centros urbanos; se ven obligados a “contradecir” sus principios fundados en el “Orden Natural de las Cosas”. (...)>>

Y cierra contundentemente: <<(...) Sin los planeros y clientelizados es imposible llegar al mágico 40%+1; ya que el peronismo “contiene en sí mismo” el 60% de la oferta electoral. (...)>> Lo dice a propósito de las declaraciones del propuesto por Maurizio Macrì para titular de un ministerio de energía que crearía en el (muy) hipotético caso que llegase al gobierno nacional, el ex-CEO de Shell, Juan José Aranguren. Quien prometió que, de consagrarse la alianza neoliberal/conservadora, la energía eléctrica será gratis para hogares pobres. Marcelo Pascualino twitteó al respecto que si Aranguren tiene que salir a hacer esa promesa, a la que califica de "populismo del más crudo", se debe a que la batalla cultural es ya una paliza intelectual".

El que, prima facie, pareciera un llamativo silencio de Elisa Carrió desde lanzada formalmente la campaña hacia octubre, en realidad se entiende en el contexto del techo infranqueable en que aparece estancado el jefe de gobierno porteño en la casi totalidad de las encuestas: por debajo del 30%. La diputada nacional chaco-porteña acaudilla el departamento gorila del artefacto que sustenta, con tal filosofía como fundamento, esa candidatura, que por ello no logra penetrar en el segmento peronista del consorcio UNA (Sergio Massa/José Manuel De La Sota). Al mismo tiempo, tampoco capta sus porciones sociales más disconformes con el gobierno nacional debido a que no emergió de las PASO con la aptitud porcentual necesaria para amenazar al Frente para la Victoria. Fue dicho: un acuerdo entre Macrì y Massa se dificultaba en cuanto al ordenamiento de los niveles subnacionales, por superpoblación dirigencial, agravada por las cuestiones de piel en comentario.

El laberinto se perfecciona cuando irrumpe la aritmética: Cambiemos necesita de por lo menos un trozo de ese 60% que, persistentemente, el peronismo, entre sus diversas ofertas, obtiene en elecciones nacionales desde 2003. La pacificación de semejante madeja requería de iniciar una cirugía política desde mucho antes que el plazo legal estipulado para la conformación de frentes electorales. El elenco dirigencial ajeno a cualquier alternativa justicialista no sólo se dejó estar, sino que ingresó a la competencia subido a una carrera inconsciente con aroma a 1955, que en su más peligrosa deriva se extendió a la descalificación del sufragio de los ciudadanos del interior del país, por decirlo de modo suave.    

Fue la resignación frente a ese dilema que movió al ex presidente de Boca Juniors al egoísmo incluso para con sus asociados. Convencido de su derrota, definió sobrellevarla con la mayor cantidad posible de elementos propios, proyectando a partir de ello su consolidación a futuro. Arriesgado, pero no sobraban opciones; y acudió, pues, a la menos mala. Obviamente, ya lanzado, hizo sus movidas: apeló, en el marco de semejante pobreza estructural, a expedientes peligrosos como el que desató tras las elecciones tucumanas. La fuerza que --por así decirlo-- conduce fue la principal titiritera de esa obra. Pero con eso no alcanza: afortunadamente, la política se sigue dirimiendo en otros territorios que los que la impugnan como tal.

La última novedad de su campaña fue despuntando en los últimos días: un acto con Hugo Moyano y otro con dirigentes al borde del retiro de la política activa; ambas maniobras, en teoría, para intentar la seducción de sociología peronista.

No sería ésa una operación tan sencilla como un mero llamamiento a partir de escenografías compartidas con ejemplares cuyo predicamento al interior del espacio referenciado en el general Perón está ya en vías de extinción. Huelga, por su parte, abundar en los desatinos políticos de Moyano --de sobra tratados aquí desde 2012--, quien, por impericia en el transplantante de sus méritos gremiales a la esfera partidaria, quebró su alianza con la presidenta CFK, y ahora termina haciendo jugar a una fracción del movimiento obrero organizado en una propuesta cuya familiaridad con el programa de Domingo Cavallo, que su central sindical tan duramente combatió en las calles durante la década del '90, es indisimulable. Fracasó ruidosamente: si en 2013 apenas pudo fiscalizar los votos de Francisco De Narvaez, hoy no logra ni coordinar estrategias con su hijo Facundo.

A veces pareciera que no, pero, a la larga, la coherencia para con la representatividad termina pagando en electorabilidad.

jueves, 1 de octubre de 2015

Durmiendo con el enemigo

El sistema político-institucional chaqueño es distinto del tucumano, y en esa estructuralidad se cifra la clave de los diferentes desenlaces de sus respectivas elecciones locales. En Chaco, peronismo y radicalismo han ocupado alternativamente la gobernación, ambos por lapsos prolongados en los que construyeron sólidos artefactos sobre los que se acolchona la estabilidad de una provincia que, por ejemplo, no ha requerido de intervenciones federales en treinta y dos años de democracia moderna. Incluso, el mapa de poder que emerge tras la votación del domingo último luce racionado: se compone de intendentes de variados colores, y registra algunos casos de corte de boleta.

Puede decirse que el oficialismo local ha acentuado en cierto sentido su dominancia porque, a través del actual gobernador Jorge Capitanich, acaba de arrebatarle la capital a su antagonista principal. Pero la distancia obtenida por el que se ha convertido en su heredero, Domingo Peppo, es menor a la que en 2011 consagró reelecto a Coqui. Y nunca desde 1983 el segundo en el comicio por la jefatura comarcal obtuvo menos de 30% de los votos, tres veces el duelo se definió por un punto y pico o menos, una vez por brecha inferior a cuatro unidades, y en 1995 luego de un balotaje también cerradísimo (50,84%/49,16%, primer éxito del luego revalidado Ángel Rozas).

En este marco, la imposibilidad absoluta de hablar de feudo en relación a la provincia en comentario importa, más allá de vencer en una polémica mediática, para comprender las razones profundas que tuvo la oposición chaqueña para, al revés que la tucumana, no acudir a la piromanía una vez confirmados resultados que se anunciaban por todos los wines. Aída Ayala es la expresión de un colectivo --aceitado por un largo recorrido en el rubro-- en el que conviven, junto a sus propias expectativas para volver a probar suerte, jefes comunales que tendrán por delante cuatro años de gestión con los que lidiar, por hacer una cita mínima pero suficientemente evocativa.

En Tucumán, en cambio, el escenario está desbalanceado. Igual que sucede a nivel nacional, la competitividad fracturada en 2001 no se ha reconstituido en términos de normalidad, entendiendo por esto incertidumbre en cuanto al triunfo en una elección, o relevancia en el reparto de bancas legislativas o de municipios. En resumen, elementos que estimulen la preservación de los lazos que vinculan a un dirigente con el esquema en que vive. No es culpa del Frente para la Victoria la baja electorabilidad de sus rivales. Deberían preguntarse, quienes se dedican al insulto automático, por qué la UCR chaqueña no es estéril como la tucumana, si, dicen, ambas pugnan con cesarismos.

Si el margen de Juan Manzur estuvo por debajo de los guarismos del mandamás José Alperovich, no se debe a una recuperación radical sino a la fragmentación del espacio que hasta hace cuatro años fue uno sólo, en virtud del acuerdo que el intendente peronista de la capital San Miguel, Domingo Amaya, enojado con el gobernador que no lo bendijo para el relevo, labró con José Cano para secundarlo en la empresa de desplazar a sus viejos compañeros. Un partido de tamaño desproporcionado, a la larga, incuba el germen de su propia contradicción: la densidad de cuadros debilita las pertenencias porque el cuello de botella bloquea la posibilidad de ascender en las carreras, por lo que se explora en el vacío adversario. Es la física de la política.     

Se ha dicho por estos días que la calidad política de Capitanich es el quid que ilustra la desemejanza entre uno y otro episodio. Seguramente influye la ostensible superioridad de su formación intelectual, pero lo definitorio en esta actividad son los moldes que contornean a los individuos, quienes en todo caso enfatizan una tendencia, cualquiera ésa sea; y no viceversa.

Coqui viajó hasta Buenos Aires en noviembre de 2013 para tomar a su cargo la jefatura del gabinete de ministerios del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Lo hizo con proyección de catapultarse desde allí hacia la papeleta presidencial del FpV de cara a la sucesión de octubre de este año, pero a la vez puso la cara en el momento más desagradable de los doce años kirchneristas. Y sobre todo, su voz a noticias que, sin ser catastróficas ni mucho menos, por un tiempo no fueron todo lo agradable a que se acostumbró antes y después. Esa circunstancia, que además asumió con vehemencia, jugó un papel vital en su desgaste, que lo devolvió a ordenar el recambio de autoridades de su pago, empiojado hasta principios de 2015.

Una vez allí, debió consentir un candidato que no era el de su mayor agrado en la interna del peronismo distrital, Peppo, en detrimento del senador nacional Eduardo Aguilar. Pactó la nominación a vicegobernador de su hermano, Daniel, y su propia postulación a intendente de Resistencia. Midió relaciones de fuerza y sopesó ventajas y contras para decidir, dando y recibiendo; en criollo, hizo política, lejos de las imputaciones autocráticas con que cómodamente se descalifica a lo lejos tanto a él como a sus colegas del norte del país. Aun conservando enorme valoración social, que sin embargo no le habilita autosuficiencia. Menos aún en el tejido complejo del que forma parte, en pos del cual resignó anhelos, pues es lo que lo cimentó como hombre de Estado y de partido.

También Alperovich cesa conforme limitaciones constitucionales que acepta, lo que --obvio-- no debería destacarse como no fuera porque se le achaca lo contrario. Si de contrastar discurso y praxis y/o establecer comparaciones se trata, bien vale examinar la trayectoria del cabecilla opositor, Cano: surgió a la política en 2003, como legislador provincial; lideró la oferta radical cuando la re-re alperovichista en 2011, dos años después de llegar al Senado federal, escaño que abandonó sin finalizar su mandato para porfiar la diputación nacional que obtuvo en 2013, y que también pretendía dejar antes de tiempo ahora, por la gobernación y/o su retorno a la cámara alta, a lo que en simultaneo quiso lanzarse, y de lo que a posteriori desistió. Más parece canismo que radicalismo.

Hay que recordar el gesto que por la salubridad de su régimen hizo en EEUU el vicepresidente de Bill Clinton, Al Gore, al renunciar a agotar su lucha contra George Bush (h) en la elección presidencial 2001 una vez que la Corte Suprema norteamericana saldó el dilema.

En definitiva, sobra opinología, que en este asunto se nutre del desprecio ignorante de empaquetar distintas realidades en una única categorización: así, la violencia que se derivó estaba a medio paso. El análisis, que viene escaseando, es otra cosa: requiere de matizar las particularidades aquí reseñadas, para entender que muchas veces lo que parece no es, y que no todo da lo mismo.

Pero falta cualificación, sobra mala fe, o ambas. Todo ayudó para el objetivo pergeñado.

* * *

En el excelente libro que sobre el macrismo escribieron Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti, Mundo PRO, se reseña minuciosamente la composición del elenco de Maurizio Macrì.

Que amalgama restos de los estallidos --cada cual a su turno y por diversos motivos-- de la UCR y el PJ porteños, con outsiders, militantes sociales, gente que acompaña al ex presidente de Boca Juniors desde la vida privada (universidad, fútbol, empresa) y referentes de ONG/think tanks/fundaciones: estos son por excelencia reductos de neoliberalismo, que los orquestó para impregnar conciencias como escalón previo a la seducción del sufragio. La batalla cultural de las derechas. Su programa es un entramado sociopolítico débil que favorezca el lobby a favor de determinadas decisiones de gobierno --por intermedio de técnicos solamente en apariencia neutrales--, apoyados además en redes transnacionalizadas de influencia con que se coopera.

Macrì conduce deficientemente este coctel, que, trasladado a las dificultades de la escena nacional a la que se ha lanzado, no logra unificar a su interior prédica y accionar, en gran parte debido a este bosquejo. Y a su mediocridad para acaudillarlo. En el contexto de una alianza en la que sus socios no lo reconocen síntesis, el caos ante los roces promedio del negocio está a la orden del día.

No es propósito de este texto entrar en la pormenorización del diseño PRO, sino simplemente llamar la atención acerca de la precariedad con que proceden quienes se desempeñan allí luego de haberse iniciado en el llamado tercer sector, o sueltos; en suma, los que carecen de la gimnasia que provee la militancia partidaria, con los aludidos límites que ello supone. Cuando se desarrolla en condiciones regulares, vale reiterarse. Basta observar la disimilitud entre la reacción mesurada del ex justicialista Cristian Ritondo durante la clausura del canal C5N, y el comportamiento habitualmente escandalista de la otrora Poder Ciudadano Laura Alonso donde sea que le toque actuar.

Por supuesto que la política no puede, ni debe, cerrarse a ningún entorno; le conviene alimentarse de manera diversificada, lo que redunda en no otra cosa que su enriquecimiento. Pero ello se logra sólo cuando los ajenos no intentan forzar su funcionamiento con lógicas extrañas a las que le son propias. La armonía entre el establishment --que objetivamente alimenta sus aspiraciones de incidentes como los que infectaron Tucumán-- y el PRO no requiere ya de más probanzas.

Un documento publicado por el blog Artepolítica da cuenta de antecedentes similares al que se desató aquí hace semanas con denuncias de fraude, e inscribe estas maniobras en las luchas contra los populismos latinoamericanos. Cuyo despliegue conoce de sobra cualquier habitante de estas tierras que preste una mínima atención a estos temas. Y que se caracterizan por la participación de personajes extra (y anti) políticos, tanto como por formatos desequilibrados en los que escalan: los gobiernos de la región golean hace largo rato en las urnas y están, en mayor o menor medida, en litigio con los statu quo de sus países. Fue evidente la centralidad que buscó Macrì con el incendió que instrumentaron Cano y compañía, desde la noche misma en que se maquinó.

No pasa la cuestión por acusar a nadie. Se impone, sí, panoramizar más ampliamente, para evitar facilismos en los que se inscriben voluntades malsanas. Pero si el Círculo Rojo logra introducir sus afanes se debe también a debilidades de la política en su propia naturaleza, y en cuya configuración se hallará la respuesta más eficaz para los desafíos que la acosan.

El único camino para la política siempre es activar los resortes de que dispone para robustecerse.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/durmiendo-con-el-enemigo/]