martes, 29 de septiembre de 2015

CFK en la ONU: proyecciones de una despedida

Es posible organizar la totalidad de los varios asuntos a los que se refirió la presidenta CFK durante su discurso en la ONU en uno sólo de los conceptos que vertió: la desigualdad social es el más idóneo germen de ingobernabilidad.

Cristina fue a los talones del modelo económico dominante, lo que Alejandro Horowicz denomina bancocracia globalizada, que supone elevar al instrumento financiero de rango accesorio a esencial, para vincularlo (en grado de culpabilidad) con las diversas tragedias que por estos días ocupan las primeras planas --y de las que el agravamiento de la situación de los refugiados en Medio Oriente y el norte de África es apenas el último de los ejemplos disponibles--. Se trata de concientizar contra las pretensiones de exponer estos episodios de modo aislado y como producto de insensateces, en vez de ordenarlos en una trama coherente en la que adquieran sentido político.

Tuvo a mano para sustentarse, la jefa del Estado argentino, la historia reciente de su patria, con la pintura del drama de 2001 todavía fresca en las memorias populares, que se deriva hasta la legislación que el organismo de integración votó hace pocas semanas en materia de tramitación de deudas soberanas, cuyo statu quo actual engendra miserias inéditas y peligrosas. 

Y destreza para compaginar su prédica, que no es reciente, en la saga del pos neoliberalismo que acelera los intentos de ampliar sus soportes a partir de la renovada impronta que le imprime el Papa Francisco a la Iglesia Católica, y que adquiere él en particular como referencia geopolítica desde esa singularidad doctrinaria. Idéntico sendero recorren las recientes resoluciones de conflictos de antiquísima data, como el congelamiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, con más bloqueo económico a la isla; o el acuerdo de paz que en breve firmarán Colombia y las FARC, mojones ligados por la impronta alejada del extremismo de mercado que caracteriza a los gobiernos que los impulsan.

En lo que específicamente hace al plano internacional, hay recién la puesta en marcha de un proceso con fines precisos pero cuyos pormenores ulteriores son todavía una incógnita. Sus resonancias locales, en cambio, con el litigio por el segmento buitre de la deuda defaulteada como condición de posibilidad de la subsistencia misma en formato de racionalidad de la economía doméstica, no requieren de mayores explicaciones en cuanto hace a la acumulación de fuerzas que se requiere para encarar una negociación que construya la salida del laberinto. En ese marco, un espacio partidario que se arrodilla al altar neoliberal en el país de origen del jefe del catolicismo universal resulta un extravío estratégico inconmensurable. Así las cosas, no extraña el fracaso del Círculo Rojo en su empresa de consagrar a un artículo surgido de su cantera como Maurizio Macrì.

Es otro capítulo en las barreras que progresivamente va encontrando el establishment para fijar agenda cuando se trata de oponerla a un programa de transformaciones como el que se aplica en Argentina desde 2003, el más profundo en medio siglo de su historia. Las limitaciones políticas de una oposición que no acierta en formular una propuesta alternativa a la vez seria y con capacidad de daño en las urnas, y cuya dirigencia bandea caóticamente en ensayos de articulación de dosis de cambio y continuidad en sus discursos, que varían según el auditorio y complican el proselitismo, define la constante intrusión de la escena pública con cuestiones menores, ajenas a discusiones verdaderamente determinantes que debieran acapararla.

Frente al volumen de lo que se pone en juego en cada uno de los expedientes aquí comentados, en Argentina un sector del escenario da vueltas con las cadenas nacionales y un concurso de preguntas y respuestas al que llaman debate presidencial.

Convenientemente, no sea cosa que por fin tengan que asumir el programa de Melconian, Broda, Espert y compañía. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Polarizados o no polarizados: ésa es la cuestión

El devenir de las encuestas, ahora que transitamos el período entre-guerras, hizo resurgir la polémica acerca de la polarización. En tanto Maurizio Macrì no sólo no logra perforar el techo de la alianza conservadora Cambiemos, sino que ni siquiera mantiene la totalidad de ese caudal; y dado que Sergio Massa no se pincha respecto del desempeño de UNA en agosto, y aún avanza un cachito, no faltan los que rotulan de engaño a la tesis que sostiene que la contienda de octubre próximo se resolverá en torno al eje continuidad/cambio. A decir verdad, no resultaría ésa una singularidad argentina: por simple lógica, toda sucesión presidencial impone una evaluación sobre el curso del gobierno que se somete al escrutinio de las urnas.

Y se fórmula en el dilema aludido, por tratarse en este caso de un ciclo político largo en términos históricos. Que, para colmo, ha despertado encendidas pasiones encontradas, toda vez que no se ha limitado al sólo gerenciamiento del statu quo, con todos los matices que se pueden aceptar a esta última afirmación, que excederían el objetivo del presente texto.

Extraña, así las cosas, que los mismos que a diario baten el parche con la grieta y la supuesta imperiosa necesidad de reunificar a los argentinos, que estarían divididos irreconciliablemente, luego procuren negar que un recambio gubernamental se dirime alrededor de una clara frontera divisoria. Luego se podrá determinar si esa disyuntiva se expresa en la antinomia kirchnerismo/antikirchnerismo, o en la más amplia --y anciana-- peronismo/antiperonismo. O si incumbe parte de ambas.

¿Existe, entonces, polarización, o no? Sí, pero su naturaleza es más compleja que la sola enunciación.

Es posible identificar tres grandes segmentos sociales en Argentina: los que desean una continuidad plena; los que, a contrario sensu, postulan que urge un cambio de raíz; y entremedio, los que aspiran a conservar algunas porciones de lo actuado entre 2003 y la fecha, y descartar otras. Es más que probable que estos últimos constituyan el más numeroso de los tres agrupamientos. Pero, y he aquí los quid de la cuestión, seguramente también el menos movilizado --en lo que a nivel de politización se refiere--, y el único cuyo rango organizativo tiende a cero. Constituyen, por ende, un sector que no es determinante en cuanto a la definición de la agenda del debate público. La influencia se dirime en función de la capacidad de instalar temas, y a tales fines la herramienta de la estructuración supone un capital indispensable.

Lo dijo bien, en su blog, Abel Fernández: “Las ‘minorías intensas’ K y anti K (…) son minorías… pero muy numerosas y muy intensas. Cuando las circunstancias son propicias --y sólo cuando lo son-- alcanzan para influir en la relación de fuerzas en la sociedad, y pueden inclinar la balanza decisivamente. Para dar dos ejemplos argentinos: los que estuvieron físicamente en la Plaza el 17 de octubre del ´45 eran una proporción muy menor del electorado. Los que estuvieron en la procesión de Corpus Christi casi 10 años después, todavía más ínfima. Pero influyeron. Vaya si influyeron.”

Desde los extremos se ataca el centro, cuyo concurso se requiere a los efectos de la formación de mayorías, y no viceversa.

* * *

Ignacio Ramírez, de la consultora Ibarómetro, ofreció, en Página/12, el pasado 16 de agosto, un lúcido análisis del proceso electoral argentino a partir de la incorporación de la instancia de las PASO: “El resultado de las PASO no fue el final de una campaña coyuntural, sino del desenlace visible de un proceso sociopolítico de largo alcance. En este sentido el predominio del FpV es un signo de la vigencia política del kirchnerismo y de su habilidad para transformar sus activos simbólicos en competitividad electoral. Las PASO iluminaron un alto piso electoral para el rumbo político en curso en la Argentina, que además de importante en términos numéricos se trata de un respaldo muy consolidado cualitativamente, es decir, el FpV tiene un lazo con sus votantes estable y teñido de coincidencias conceptuales e identificaciones afectivas. (...)"

Y agregó: "(...) Una segunda conclusión es que el FpV enfrentó con parcial éxito el desafío sucesorio consistente en transferir la popularidad condensada en CFK hacia un nuevo candidato, que aún tiene bastante camino por recorrer para reclutar más adhesiones y suavizar algunas prevenciones hacia él que aún subsisten en el electorado potencial afín al kirchnerismo. Es decir, se trata de un voto vinculado con el clima ideológico que ha dominado esta etapa histórica y que sigue favoreciendo a las opciones electorales fuertemente identificadas con la Presidenta. En síntesis, el oficialismo puso en evidencia su piso electoral y desde allí, deberá transitar una campaña que le permita reclutar los votos que le faltan para imponerse en primera vuelta. Para ello, deberá dotar de mayor contenido ideológico-político a su campaña, iluminando los contrastes entre el proyecto en curso y el que representa Mauricio Macri." Las maniobras proselitistas se despliegan sobre lo doctrinario. 

* * *

Sergio Massa alumbró a la competencia electoral pretendiendo erigirse en representación de la ancha avenida del medio. Discurso apto para una renovación legislativa de medio mandato, en la que no se querellan los garbanzos, y que en consecuencia se hace difícil tramitar de forma tajante. Y en tanto en esas zonas sociales suelen agradar los instrumentos partidarios, despreció ordenarse de tal modo. Cuando comprendió las dificultades que una campaña nacional supondría en materia de desarrollo territorial, intentó volver sobre sus pasos: descartado el PJ, que se había reorganizado prescindiendo de los exiliados del Frente Renovador, buscó a la UCR, pero este espacio se decidió por la postulación de Macrì. 

Instalados los artefactos más potentes en una y otra vereda, se inició la cacería que desflecó fuertemente la tropa massista. Hoy el diputado tigrense no perece debido a que Cambiemos no amenaza lo suficiente al Frente para la Victoria como para inducir voto útil, o lo espanta con apelaciones gorilas. Por si fuera poco, el alcalde porteño lejos está de sintetizar su propia fuerza, menos aún el consorcio que comparte con Elisa Carrió y con un radicalismo que nunca lo terminó de aceptar del todo.

El FpV se ocupó, primero, de succionar de Massa la cuota de voto peronista que lo había impulsado en 2013, para recuperar su condición de holgada primera minoría. Ahora, la tarea es contra Macrì, para sellar sociología opositora en el FR al tiempo que atrae algo más de lo que expulsa el programa purista de Cambiemos. De esta manera, los principales rivales del kirchnerismo, pujando entre sí, se esterilizan mutuamente, elaborando la brecha que Daniel Scioli necesita para el caso que no alcance el 45%, mientras se suman sondeos a un consenso cada vez más robusto que lo sitúa por encima del 40%.

En resumen, y dicho sencillo, la polarización es ideológica, la disponen quienes cuentan con fierros para ello, y ambas cuestiones deben compaginarse en la cosecha. Una oferta bifronte y no trasversal, aunque se la repartan entre más que dos.

En la calle, como dijo Mario Benedetti; no en las cabezas. Aunque se interimpactan. Que nadie ha dicho que sería sencillo.

martes, 22 de septiembre de 2015

La internacionalización de la doctrina Kirchner

La berretización en que derivó la campaña presidencial a partir de la centralidad que ganaron en la agenda pública asuntos como el que involucró a Fernando Niembro --que se derrama sobre todo el elenco PRO--, o el golpe de Estado que se puso en marcha en Tucumán a través de la anulación judicial de un comicio por denuncias falsas y carentes de basamento jurídico, por ahora felizmente saldada por la máxima instancia legal de la provincia; restó tiempo y espacio a pulpa auténtica, como lo es la que provee la política internacional. Hemos reprochado hasta el hartazgo en este espacio el vacío que hace la dirigencia opositora en esa materia, por lo que no sorprende.

La adopción en la ONU, hace casi quince días, de los principios que rigieron las renegociaciones de deuda externa argentina durante los tres gobiernos del kirchnerismo, necesariamente debe imponer un límite a esa dinámica, y demanda un comentario a su respecto.

Más allá de los elogios que merecen Néstor Kirchner y la presidenta CFK por lo que el sostenimiento de esta discusión supuso para la historia nacional reciente, y del relieve que esta votación implica para la entera biografía de la diplomacia local, cosas que ya se han dicho de sobra, conviene darle una vuelta de rosca más a esto intentando responder a la pregunta --pertinente-- que se ha hecho acerca del beneficio que esta novedad puede (o no) traer al último expediente que resta tramitar en la empresa de dos canjes que han reducido los pasivos soberanos en alrededor de 70%. Lo que los ha recortado hasta un casi insignificante 10% del PBI, medido en dólares contra acreedores privados. Quince veces inferior a 2001.

Se trata, claro, del reclamo que llevan adelante los fondos buitre en los tribunales neoyorquinos. Que en cuanto a los llamados me too empieza a complicar lo que parecía pan comido cuando el año pasado se confirmó el fallo de Thomas Griesa; y que demuestra en lo específico, si el triunfo en la ONU lo hacía como concepto general, el acierto del gobierno nacional en el endurecimiento de su postura. Conviene recordar que Maurizio Macrì recomendó pagar la sentencia de una y al contado.

No debería extrañar que las voces opositoras que se oyeron en relación a la noticia prefirieran relativizar el logro, dada su vocación militante por la negatividad y las recomendaciones con que en contrario a lo finalmente actuado por Cristina Fernández han aturdido --una concesión que no pueden permitirse--; ni que lo hicieran en base al voto negativo de los países en que se alojan los principales centros financieros globales. A fin de cuentas, a tales lógicas responden. Y, además, si en el plano doméstico son partidarios del voto calificado, no tendrían por qué actuar distinto en el concierto universal. Pero corren el riesgo de volver a meter la pata, no sólo por mala fe, sino y sobre todo por ignorancia.

Sencillo: los ciento treinta y seis países que se expresaron a favor de Argentina constituyen el nicho sobre el que bandas como las de Paul Singer operan, y no los escasos seis votos que se registraron en contra, que, por el contrario, son asociados en este tipo de maniobras. Una demostración de rebeldía impulsada desde estas tierras que bien puede arrojar dudas sobre la continuidad de estos manejos de indudable talante usuario y especulativo. Ese volumen respaldatorio representa una construcción invaluable de capital político para la continuidad de las negociaciones a las que jamás el gobierno nacional se ha negado, en tanto discurran en las condiciones que ahora ha receptado la legalidad supranacional --y que inspira los instrumentos elaborados para las deliberaciones de 2005 y 2010--. ABC de la política, sumar fuerzas para una duelo cuya resolución final aún está pendiente. La negativa a allanarse a un dictamen irracional no trajo las desgracias vaticinadas.

En suma, se habla aquí de una herramienta. La otra parte la hace la voluntad política. Eso no depende de leyes, pero sin la edificación de estas estructuralidades caería en saco roto. Los contextos definen, pero se puede hacer mucho por cincelarlos.

Cristina Fernández de Kirchner vinculó en su última cadena nacional el desendeudamiento con las inauguraciones de obras, los derechos sociales conquistados durante la última década y en general con toda la obra de gobierno. En definitiva, redistribución del ingreso. Retirando excedentes del sector financiero, que se beneficiaba del orden anterior, que privilegiaba el crecimiento sistémico de los compromisos externos y por ende recibía la mayor cantidad de recursos del presupuesto nacional para sostener esa mecánica. La reversión de esa tesitura es lo que permitió el repertorio tantas veces citado, que se expresa sintéticamente en aquello de que 2% para educación/6% para pago de intereses de deuda, que ahora se ha invertido. Y lo que, a la vez, habilita este final de ejercicio pleno de las potestades presidenciales y de preservación identitaria.

Esta diferencia cualitativa es la de una filosofía antagónica a la dominante a nivel mundial, que se enmarca en la senda que abre el papa Francisco que impacta en igual sentido al de la votación en la ONU como tope al financierismo. Lo que empezó como una bandera casi solitaria, va encontrando, con matices, puntos de contacto que trascienden incluso fronteras regionales, que lentamente vertebra una alternativa a la unipolaridad que emergió de la caída del Muro de Berlín. La promesa de un país cómodo pero no para los dirigentes encuentra aquí una sana excepción para quien quiera aprovecharla.

Si hacía falta alguna demostración de la apuesta a por el triunfo peronista de CFK, desde afuera llegó una, y muy pesada.

lunes, 21 de septiembre de 2015

11 de diciembre de 2015

El pasado miércoles 16 de septiembre, cuando se publicó el fallo (en todos los sentidos que admite tal vocablo) que declaró nulas las elecciones locales tucumanas, se cumplían sesenta años del golpe de Estado contra el gobierno del general Juan Domingo Perón. En ese episodio jugó un rol fundamental el bombardeo de la aviación de la marina de guerra sobre Plaza de Mayo, perpetrado exactamente noventa días antes, el 16 de junio de 1955. Aquel atentado terrorista, el más grave que recuerda la historia nacional, con la excusa de asesinar al entonces presidente, en realidad elaboró un disciplinamiento poblacional. Pretextados en la necesidad de rescatar la ética y el republicanismo supuestamente lesionados por Perón, el objetivo de fondo de la violencia ejecutada por las FFAA era la reversión que ambicionaban sus mandantes, los sectores del privilegio, del mayor ciclo de bienestar que esta tierra registra, discusión imposible de tramitar en las urnas.

Seguramente se respondería a este desarrollo que importa una desproporción. Sobran quienes hacen de las formas el elemento central de sus análisis. Y en base a ello, dirían que es incomparable una escena que involucró armas y asesinatos con otra que se deriva de instrumentos legales con los que, a lo sumo, se puede disentir por razones de oportunidad, mérito o conveniencia.

Sin embargo, el componente fundante de la tragedia de Tucumán opera como un hilo conductor que atraviesa seis décadas: el desprecio por toda voluntad popular que no convalide la exclusión.

La sentencia tiene serios inconvenientes técnicos: el juzgado que la dictó no es competente en la materia, para empezar. Por otro lado, no se basa en legislación electoral en lo que se refiere al fraude, denunciado vagamente. Se entiende: en tal supuesto, habrían tenido ante sí el problema irresoluble de un volumen muy escaso de maniobras, incapaz de alterar el resultado; por ende, no se configuraría el delito. Son artimañas que no faltan en ninguna votación --claro que no por ello menos condenables--, y en las que, encima, también la mega alianza opositora está imputada.

Recurrieron, en su reemplazo, al llamado clientelismo, también en modo por demás impreciso. No sólo sin pruebas: sin siquiera vincular esa noción con los hechos del caso. El dato político que emerge del dictamen es su peor novedad: sienta el primer precedente que conceptualiza sobre calidad de voto; para peor, como fundamento de la validez toda de un comicio.

En la frase inicial de este texto se escribe ‘publicó’ para hablar del veredicto en cuestión, en vez de ‘dictó’, ‘declaró’ u otros usuales en contexto jurídico. Fue adrede: la edificación de la casualidad que hizo coincidir esto que se ha convertido en un laberinto con la renuncia de Fernando Niembro a su candidatura en la provincia de Buenos Aires es la punta del ovillo de una trama mucho más grande y compleja en que se inserta, y en la que octubre es apenas otra posta: va aún más lejos.

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Ya ni empacho en el disimulo tiene el establishment. Esta semana en La Nación la cuota incendiaria de las palabras excedió de lo acostumbrado. Joaquín Morales Solá comentó el jueves la puesta en marcha del golpe judicial: “Los jueces de una Cámara tucumana de alzada sembraron ayer la mayor sospecha de fraude en el proceso electoral nacional. (…) esa decisión que anuló los comicios tiene una carga demoledora para el gobierno kirchnerista, que entregará en diciembre un sistema electoral viciado por el fraude y con escasa legitimidad”, dijo, proyectando las consecuencias. El día anterior, Ceferino Reato había titulado su columna “Si gana, ¿podrá Scioli garantizar gobernabilidad?”

No sólo no asumió, todavía, Daniel Scioli: ni siquiera ganó. El establishment, en su obcecación destituyente, no aprende. No les han bastado los fracasos en todos y cada uno de los embates condicionantes con que se la han pasado operando sobre el kirchnerismo. Sin suerte, por la obstinación política que tanto Néstor Kirchner como la presidenta CFK pusieron en no ceder un sólo centímetro de sus potestades constitucionales. Las chances de continuidad del peronismo son altísimas. Y no depende esta disputa de la mandataria en curso: la meta no es un dirigente sino la serie de conquistas sociales más profunda desde el peronismo inaugural.

Siendo que los intereses populares se expresan hoy en la fórmula Scioli-Zannini, no extrañan este tipo de amenazas que anticipan nuevas riñas desde el 10 de diciembre próximo, si se confirma lo que a esta altura luce más probable: el Círculo Rojo no logrará consagrar a su gerente, Maurizio Macrì, a cargo del Estado, para volver a transfigurarlo en gendarme de la rentabilidad empresaria.

Macrì está en una coyuntura especialmente delicada a partir del deshielo que empezó con las incriminaciones contra Niembro, que derivaron en un aprieto profundo de conducción y construcción al interior de la entente conservadora Cambiemos. El comentarista deportivo se bajó, pero ya cuando cualquier opción daba pérdida. La dimisión abre el interrogante por el papel de los funcionarios porteños en lo que se parece a una confesión de culpas, pero la permanencia acentuaba el desgaste. La tropa del cambio no logró unificar discurso ni praxis en torno a este expediente, la opinión mediática se entrometió en un nuevo capítulo de la promiscuidad que liga a unos y otros.

Si no fuera por la sincronía ideológica que ya de por sí existe entre el PRO y los fondos buitre, cabría dudar de la capacidad del postulante presidencial para aguantar las presiones de la banda de Paul Singer si cuatro gritos de medios oficialistas como Tiempo Argentino y C5N, que según se cuenta nadie lee ni escucha, le voltearon la cabeza de la lista de diputados nacionales. La clausura del canal de TV el día posterior a la salida de Niembro decoró con condimento de amateurismo el cuadro.

Entonces, si los representantes no son aptos, toman el timón los representados, con todo el riesgo que supone la política actuada por gente carente de destrezas en el rubro y de reparos por la institucionalidad y la paz pública. Se comprende, claro: están jugando su supremacía cultural, mucho más importante que la sanidad de sus balances, que no se ha resentido significativamente.

Reato lanzó una nueva versión de la advertencia con que, en ese mismo diario, José Claudio Escribano saludó el triunfo de NK en 2003, preámbulo de doce años de hostilidad.

Queda, pues, en Scioli tomar la lección de sus dos predecesores: apoyarse en su electorado si quiere perdurar con éxito. El espejo que adelanta, se ha dicho hasta el hartazgo en esta trinchera, es la situación complicada de Dilma Rousseff en Brasil, ya a tiro del impeachment, agravada por los gestos conciliadores que para con sus adversarios hace la heredera de Lula. Que, lejos del efecto de distensión que se asignan a tales, sólo resquebrajan la relación del PT con sus bases, lo que debilita peor al gobierno. Conviene entender la esterilidad de los “giros al centro”. Dicho esto para varios integrantes del Frente para la Victoria, que, de buena fe pero erradamente, se exhiben favorables a la eventualidad de abrir una nueva etapa, de distensiones, una vez ida CFK.

Cualquier variante posible de resolución del conflicto en Tucumán, ya es inevitable, extenderá el clima actual hasta más allá de la sucesión presidencial, incluso. Con ese barro cubren la mesa de concertaciones que pretenden forzar desde 2016, independientemente de quien sea electo.

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La tercera pieza a examinar en este embrollo es la renuncia a la Corte Suprema de Justicia de Carlos Fayt. Las aspiraciones políticas del capataz de ese cuerpo, Ricardo Lorenzetti, no son un secreto para nadie, más allá del formato en que ello cristalice. La situación en el máximo tribunal ya hoy dista de la normalidad, debido a la vacancia previa respecto de cuya ocupación la oposición partidaria niega toda posibilidad de transacción legislativa, imprescindible, al oficialismo. Muchos se preguntaron por la postura de los supremos acerca de la anulación eleccionaria tucumana.

Pertinente consulta: no sólo porque se trata de un recorrido que muy probablemente desemboque ante ellos, sino porque la magnitud de un suceso inédito en la biografía democrática nacional hace presumible la existencia de un respaldo trascendental para los albañiles que la labraron.

Lorenzetti, que se desvive por su imagen pública, no consideró necesario en cambio desmentir las revelaciones que a propósito de la crisis en la cabeza del Poder Judicial difundió a principios de este año Horacio Verbitsky. Entre las cuales figuraba el control del sitio del más anciano de sus colegas.

Y otra que se le pasó hasta al kirchnerismo, que acordó con el rafaelino para la redacción del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, que suprime una limitación que incluía la vieja norma comercial, de restringir a los jueces expedir disposiciones legales o reglamentarias e interpretar la ley de modo que obligue a todos. Sumado eso a las apelaciones constantes a la misión de garantía sistémica que sin basamento Lorenzetti atribuye a los jueces, resulta evidente la ambición de extralimitar a su gremio en instancia determinante, sin cuyo concurso no se pueda avanzar.

No debe perderse de vista el poco afán que habían demostrado los cortesanos en completar su integración, pese a que Eugenio Zaffaroni produjo un hueco hace largo rato. Un nuevo cupo abre el espacio que venía faltando para una negociación hasta ahora trabada, pero en un marco irrespirable, ideal para introducir ambiciones de arbitrarla desde la cúpula del Poder Judicial, erigido en clave de bóveda del prestigio republicano patrio. La incógnita es el precio de esa operación.

El 25 de julio se aseveró aquí que los tribunales son el refugio último del bloque de clases dominantes, que adversan al kirchnerismo en tanto gobierno al menos controvierte el statu quo.

En la exacerbación de estas contradicciones, quiérase o no, va un debate por la democracia misma.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/11-de-diciembre-de-2015/]

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Corrupción y geopolítica; el árbol y el bosque

Resulta útil el episodio que involucra a Fernando Niembro en presuntas maniobras delictivas para discutir, desde una perspectiva diferenciada, las implicancias políticas de ese tipo de situaciones. Se escuchó decir esta semana, a propósito de imágenes de indigencia chaqueña que se difundieron convenientemente cerca de las elecciones locales que se aproximan, que el nombre de esa tragedia es corrupción. Dicho sencillo: a través del robo, la dirigencia político-partidaria genera pobreza.

Lo cierto es que, con ser repudiable, nunca alcanza con esa descomposición para explicar las penurias socioeconómicas de una comunidad determinada. La matriz generadora de esos flagelos excede en mucho de simples (para las proporciones comparativas de que aquí se habla) desvíos de fondos. Para expresarlo con brutalidad: nada se arreglaría con los 21 millones de pesos que supuestamente involucra el contrato por el que se acusa a Niembro.

No se intenta aquí decir que vale desentenderse de estas transgresiones si no hay en juego cifras significativas, desde luego. Sólo se pretende ubicar el dilema en los términos que le corresponden: el crimen es materia judicial. Pero aún si ello fuera garantizado, los problemas que interpelan a la política seguirán pendientes de una solución que sólo un tratamiento estructural en su propia naturaleza, que no en una ajena (la de los tribunales penales), puede proveer.

Durante la campaña presidencial del año 2003, Jorge Lanata le hizo un reportaje, para el programa que entonces conducía por América TV, a Carlos Melconian, anunciado titular del Ministerio de Economía de la Nación por Carlos Menem, en la conjetura de su triunfo en tales comicios. El mano a mano se fue, mayormente, en las inconsistencias que se reprochaba a la declaración jurada del hipotético jefe de hacienda, en vez de hacer foco en el recetario que proponía: iban por la dolarización, que en criollo equivalía a robustecer y blindar el proceso de miserabilización planificada que había estallado poco menos de un año antes, en el epílogo de Fernando De La Rua.

Lanata asignó mayor relevancia, aquella noche, a un aspecto de Melconian de infinito menor impacto para las suertes mayoritarias entre dos que tenía para escoger. Una práctica usual de aquella época, inquirir en la ética reprobable de gobernantes cuyo peor aspecto, sin embargo, era el credo que desplegaban con sus respectivos desempeños. Puesta la deshonestidad en el centro, el modelo económico, real causa de los dramas, quedaba a salvo de controversias.

En todo caso, así las cosas, la amonestación que políticamente cabe a los envilecidos no es la del hecho en sí, sino el del auxilio que conceden a los beneficiarios de órdenes injustos, que sacan provecho de lo que el corrimiento del eje del debate les concede en cuanto a evitarles una impugnación ciudadana voluminosa a la sistémica que engendra los escenarios de exclusión.

Se mencionó a Melconian, y resulta que las casualidades de doce años de reacomodamientos en los espacios políticos lo sitúan hoy como compañero de ruta de Niembro. A menos de 45 días de la definición nacional, todavía no se ha echado la suficiente luz sobre la arenga que esbozó quien ahora es el economista de cabecera de Maurizio Macrì, creído en confianza, frente a los empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP), junto a Miguel Broda y José Luis Espert: devaluación según oferta/demanda, eliminación de jubilaciones, paritarias a disposición del empresariado, tarifazos en los servicios públicos y eliminación del control de cambios.

Hace diez días, Gabriela Michetti, igual de despreocupada por la divulgación de su alegato, desdeñó la AUH y las reestatizaciones de YPF y de AA.AA. Quedando claro, en suma, que el patético giro discursivo que ensayó Macrì la noche del triunfo rasposo de Horacio Rodríguez Larreta en el balotaje porteño se debió no más que a esa estrechez, y que nada tenía de genuino.

Sea por diversas bombas de humo (judiciales/mediáticas) arrojadas hacia campamento kirchnerista, sea por el comentarista de Mariano Closs, el candidato máximo de la alianza conservadora Cambiemos va logrando zafar de lo que cualquiera en su lugar normalmente debería exponer.

No lucen tan inverosímiles los rumores que ubican a Jaime Durán Barba como entregador interno.

* * *

A profundidades arquitectónicas como fundamento de ciclos históricos se hacía referencia arriba, y hubo bastante de eso por estas horas, tanto como para prestarle atención superlativa.

En esta columna se dijo, el domingo pasado, que las dificultades de la coyuntura imponen estudiar de raíz tanto geopolítica como economía globalizada. La presidenta CFK le pidió a Lula da Silva que oficie de embajador del ingreso de Argentina a los BRICS, en el acto que compartieron ambos junto a Daniel Scioli en José C. Paz --los dos otorgaron fortísimo respaldo a la postulación del gobernador bonaerense a la primera magistratura-- el último miércoles. Ese encargo se comprende compaginado con la tal vez más llamativa frase de las que ofreció la primera mandataria en la cena del Día de la Industria en la UIA: urge, en lo sucesivo, sustituir no sólo importaciones, sino también exportaciones, con mercado interno, en el marco de un comercio internacional planchado.

El planteo es polémico si se lo analiza desde la óptica doméstica tradicional; que, se reitera, no imagina, siquiera, trascender fronteras. Desde allí es obvio: la demanda local es demasiado pequeña como para hacer descansar en ella el desarrollo productivo. Pero todo cambia si se razona el territorio de modo ampliado: esto es, UNASUR; y más allá aún, el mundo emergente todo.

En paralelo, Cristina Fernández estuvo especialmente prolífica en su blog en defensa de los países en vías de desarrollo, contra los que se intenta construir consenso respecto de las culpabilidades por la crisis económica planetaria. Que, en realidad, tiene como origen las plazas financieras dominantes, y no los defectos de la periferia: innegables, pero derivados; a lo sumo, agravantes.

La votación en la ONU de nuevos principios en tramitación de deudas soberanas, finalmente, supone un espaldarazo formidable para la salud de una lógica opuesta a la del statu quo en curso.

Hay desafíos gigantescos por delante, con una elaboración de herramientas a tal efecto que marcha irregularmente. De hecho, quizás pueda pensarse la renovada gestualidad entre el kirchnerismo y Lula como el mea culpa por la ralentización que sufre el proyecto de integración regional aproximadamente desde 2012. De los laberintos se sale saltando. La disyuntiva es angosta: la alternativa disponible es el ajuste, con mínimos matices entre sus distintas variantes posibles. “O inventamos o erramos”, consignaba Simón Rodríguez en el siglo XIX para ilustrar acerca de la originalidad de las nacientes repúblicas sudamericanas. Y Broda recomendó, en la tertulia antes aludida, descartar cualquier opción de “gran dosis de innovación y creatividad”.

Se está a tiempo de corregir, se observa la voluntad de hacerlo. El general Perón decía que la verdadera política de un país es la exterior. El único con agenda tal entre los aspirantes es Scioli.


En definitiva, hay que rascar más allá del honestismo para descular el jeroglífico de esta encrucijada.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El hecho maldito del consenso ajustista

No es un secreto para nadie la escasa atención que dedica la dirigencia nacional --partidaria o no--, muy especialmente la opositora, a la política internacional. O bien su incapacidad para pensarla por fuera de los topes tradicionales, que han arrojado a Argentina a un rol subalterno sobre cuyos decepcionantes frutos huelga abundar en esta columna. En cualquier caso, resulta poco menos que demencial ese comportamiento en la era de la globalización, con mercados regionales interconectados en grado superlativo --por mencionar sólo lo más evidente--.

Como bien apuntó Santiago Costa en su excelente reportaje a Amílcar Salas Oroño, Argentina siempre debió cuidarse hasta de los resfríos brasileños. Hoy día, más vale precaverse incluso de carrasperas que anden boyando por los rincones más ignotos.

La intensidad no suele ser igual, desde luego; pero ya nada le es enteramente ajeno a nadie. Ése es el concepto central, que se debe matizar según cada expediente en particular lo requiera.

Deviene innecesaria, así las cosas, mayor explicación acerca del carácter crucial que debiera otorgarse al panorama económico en la discusión sucesoria que está en curso. Y más allá también, pues hace a la definición del futuro del desarrollo del país en su conjunto. No se intentará aquí adentrarse en un análisis técnico exhaustivo, sino en la significación política de un par de datos en torno de los que existe consenso extendido, pertenencias al margen.

China ha venido reduciendo sus proyecciones de crecimiento promedio de las últimas décadas, desde 10% hasta alrededor de 6,5%; Brasil está atrapado en el laberinto de una recesión sin escape a la vista, retroalimentada a su vez por el cataclismo del Petrolao; el dólar norteamericano se revalúa conforme la economía de aquel país se reestablece, lo que conduce a la Reserva Federal a contraer la política monetaria --y promete elevar tasas de interés--. La confianza recuperada en el billete verde empeora el cuadro precedente, con bajas en los precios de todas las commodities incluidas.

En este contexto de detenimiento, y de estrechez financiera que bloquea una posibilidad de dinamización, el comercio se encoge, lo que desata una guerra cambiaria (devaluaciones simultáneas de numerosos países) para disputarlo a través de la ruta angosta que ese formato de construcción de competitividad --plagado de contraindicaciones-- supone.  

La conclusión que cabe a este paisaje estalla de obviedad: su peligrosidad es difícil de exagerar.

En segundo lugar, conviene entender la capacidad de tales variables para alterar el impacto que en condiciones regulares podría esperarse de resoluciones locales, lo que es necesario poner de relieve en el contexto de un esquema macroeconómico que, ciertamente, requiere de correcciones. Por atacar pronto y de entrada el tópico de moda en la hora actual: cabe dudar de los beneficios que podría arrimar una hipotética devaluación en un fuego cruzado de tales. Dicho sencillo: si la decisión es no comprar, poco importa lo atractivo del precio que puedan ofertar los vendedores.

Llegados a este punto, cabe destacar dos notas de la economía kirchnerista:

a. Que pese a debilidades propias y complicaciones importadas sigue produciendo logros destacables: actualizaciones salariales y de prestaciones sociales en términos reales, diminución en el índice de desempleo, ritmo de actividad --aunque por debajo de otrora-- aún interesante (expresado, en parte, en el más urgente de los dilemas que nos aqueja: la restricción externa). Y últimamente, desaceleración de los registros inflacionarios, que hoy van convergiendo entre sí.

b. El cambio de vientos mundiales permite valorar ahora el acierto de medidas previas: durante los años en que hubo costo financiero baratísimo, los gobiernos de NK y de CFK desalentaron el ingreso de capitales que acertó en calificar como especulativos. En idéntico lapso, Brasil incorporó miles de millones de dólares de ese tipo, que en el escenario de la actual revalorización de esa divisa, migran, tal su naturaleza, hacia ese destino, con lo que la depreciación del real no es decidida fronteras adentro de Brasil. Como enseñaba un viejo sabio: independencia económica, soberanía política.

Digresión: mientras Brasil fue funcional a ese esquema, al que colaboró moviendo al alza su tasa de interés --lo que le valió menor inflación pero también expansión mediocre--, mereció elogios de la prensa comercial transnacionalizada. Ahora que dejó de ser útil, sufre el mismo vitupero que el resto de los populismos de la región, pero con el agravante de concesiones anteriores, por las secuelas que implican tanto en el aspecto cultural como en el práctico de la cuestión.

La insistencia en señales amistosas, habiendo designado Dilma Rousseff un peón del establishment a cargo de la economía, vaticina más fracasos; que no determinan los modales, sino las recetas.

* * *

El Frente para la Victoria es la única fuerza política nacional capaz de garantizar que el proceso antes descripto, indetenible y cuya solución excede a las capacidades de cualquier Estado, se desate sobre Argentina de modo salvaje. Al menos eso. Por unos pares de razones.

Ante todo, su integración: se trata de un espacio compuesto por organizaciones varias cuyos programas son la antítesis del que estructura el desbarajuste en comentario. Aún si se admitieran dudas en cuanto a la ideología del candidato presidencial Daniel Scioli, lo decisivo en estos asuntos nunca son las singularidades de los protagonistas sino los contornos que los sustentan. Por otro lado, si bien puede que sean matices lo que, en abstracto, diferencia a los economistas que exhibe el gobernador bonaerense (Miguel Bein, Mario Blejer) de los que esconde Maurizio Macrì (Carlos Melconian, Miguel Broda), puesta en este marco, esa brecha crece a niveles abismales.

La caja de herramientas que construyó el proyecto kirchnerista durante doce años es otro hándicap, en tanto se conjugue con voluntad de conservarla. Y, claro, de hacer uso de ella. Por caso, el desendeudamiento, que hoy permite desdramatizar las caídas en las reservas internacionales y del superávit comercial, toda vez que el país no afrontará vencimientos significativos próximamente. Ello le evita caer en refinanciaciones caras por las mayores tasas de interés aludidas.

Por último, la presidenta CFK cierra su mandato en paz social, pieza clave en este rompecabezas. Los epílogos caóticos, genuinos o no, son ingrediente esencial de toda pretensión de sometimiento político: Carlos Menem, por vía de la hiperinflación alfonsinista de 1989, como ejemplo de estos ejercicios. Como dijo Horacio Verbitsky en la edición del domingo pasado de Página/12, la medicina del ajuste sólo la aprueban aquellos a los que se les abre la boca a palos.

En tanto el peronismo retoma su rol histórico de freno a aspiraciones de shocks regresivos, las reacciones gorilas decantan casi naturalmente, en espejo; para plantar contradicción.

Scioli jugará su liderazgo en la destreza que demuestre para domesticar esta madeja de retos.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/el-hecho-maldito-del-consenso-ajustista/]

martes, 1 de septiembre de 2015

Últimas noticias sobre el programa incendiario

Dijimos en nuestra columna del pasado sábado en ABC en Línea que la decisión opositora de enfilar hacia el antiperonismo visceral es errónea porque cede a Daniel Scioli la pecera más amplia de cara a la captura a que convoca la cita comicial de octubre venidero. Se trata de un esquema que piensa en la hipótesis del balotaje, previsto para noviembre, perdiendo de vista que la distancia que separa al gobernador bonaerense del triunfo en primera vuelta es muy pequeña. 

Es suicida que en ese marco la alianza conservadora Cambiemos disponga --Durán Barba mediante-- una estrategia de neto corte gorila, ahuyentando al electorado al que más presumiblemente puede aspirar el Frente para la Victoria. Manolo Barge alertó al Frente Renovador a estos respectos, cuando en un post habló de la probabilidad de que el delasotismo cordobés migre, sotto voce, hacia el oficialismo nacional.

Sergio Massa camufló su derrumbe vía su acuerdo con la tropa de José Manuel De La Sota; es decir, cazando en el peronismo. Esto le sirvió para rendir por encima de Maurizio Macrì en el llamado gran norte argentino. No parece, entonces, la mejor idea salir de viaje hacia esas comarcas a imputar feudalismo. Tanto por el desprecio que tamaña sentencia implica para con las estructuras y la sociología justicialista que logró conservar; como por la ciudadanía toda de ese conjunto de provincias, a la cual le costará convocar si lo intenta desde el insulto, como es lógico imaginarlo.

Si desde el massismo se responde que a través de ese discurso se pretende impactar, no en su geografía de destino, sino en el más populoso combo provincia de Buenos Aires/Capital Federal, pues estarán incurriendo en un doble equívoco: por un lado, por esa ruta se arriesga a resignar también lo que todavía le queda de base PJ en ese territorio; por otro, supone desconocer que el sufragio gorila más convencido ya está blindado en torno a la postulación de Macrì, y bastante cerca de su techo.

Así lo expresan ruidosamente Felipe Solá y Facundo Moyano, más allá de sus inconveniencias personales en un mega-entendimiento adversario. Cuando a principios de año hubo la catarata de fugas de intendentes ahora ex renovadores de regreso hacia el FpV, desde donde habían partido dos años antes, se la interpretó como mera conveniencia en función del lastre que ya a esta altura significa la boleta de Massa. Supieron advertir la escena de la comparsa a la que el esposo de Malena Galmarini se sumó como furgón de cola la semana pasada, cuya coloratura los pone en contradicción con sus propias biografías y con su representatividad. Los retornos, en ese contexto, sobrevinieron casi naturalmente.

Por último, conviene entender que en las profundidades en que se cocina poder no agrada ni estimula el fuego como material de construcción política. Los jefes distritales con futuro ya garantizado, o con buenas perspectivas de concretarlo, están en su mayoría enrolados en el FpV. Esos lazos pesarán en los casi cincuenta días que nos separan del momento definitorio. La racionalidad los conducirá a empujar la gobernabilidad que la mano negra tras los episodios tucumanos pone en riesgo: ahora exploran empalmar ese drama con la votación chaqueña dentro de tres semanas. Como preámbulo de la presidencial, claro. Forzar el arribo a dicha instancia en un clima de sospecha irrespirable. Defensivismo, sí; pero violento y movilizado.

El coctel de esta nueva Unión Democrática, a setenta años de la original, exhibe, primero, la subordinación de una dirigencia que acata iniciativas de copyright ajeno. Segundo, su temperamento destructivo es una confesión tácita de incapacidad para urdir una alternativa competitiva al liderazgo de la presidenta CFK, robusto --igual que la fuerza que conduce-- pese a doce años de erosión e intensidad desgastantes. Finalmente, las cada vez más obvias pretensiones de lesionar la legitimidad de origen y el sufragio de sectores populares resultan una excelente pista acerca de las escasas probabilidades de triunfo que se asigna, pues preanuncia impugnaciones que sitúan el trámite de este litigio más allá del 10 de diciembre próximo.

La acumulación de recursos institucionales detrás de Scioli es la mejor receta en este paisaje crecientemente peligroso.