viernes, 26 de junio de 2015

Una cosa no quita la otra

No existe contradicción alguna entre la crítica que dedicó la presidenta CFK al ministro de Economía inaugural de su primer mandato, Martín Lousteau, por el papel que a aquel le cupo en el diseño de la resolución 125 de retenciones a la soja --filosóficamente virtuosa, técnicamente deficiente--, y la defensa enfática que de aquella medida hiciera en su momento la fuerza política que ella conduce.

Esto más allá de las sustanciales ventajas que suponían las modificaciones incorporadas en la versión del proyecto de ley que a los mismos efectos aprobara la Cámara de Diputados de la Nación una vez que el conflicto había escalado de modo irreversible, previo a su naufragio en el Senado por obra y gracia del único desempate legislativo de un vicepresidente en contra de la posición del Poder Ejecutivo que integraba que registra la historia de la política a escala universal.

El lock out jamás tuvo por objeto los detalles que pudieran merecer correcciones de la decisión sino que se aprovechó el espacio que otorgó el error en su aspecto económico en específico, para embestir contra la capacidad operativa de un gobierno, en particular; y, de fondo, contra la potestad del Estado para intervenir en la economía y la idea misma de la redistribución del ingreso que de ello se deriva, según el equilibrio que defina la institucionalidad popularmente elaborada. Así las cosas, una claudicación en cuanto a la vigencia de aquella norma hubiese implicado, a su vez, convalidar la posibilidad de una torcedura en el brazo del poder democrático a través de una acción de fuerza de un sector privilegiado de la sociedad, apalancado para ello en el poder que tal posición significa. Se habría sentado como precedente una distorsión peligrosa.

Resultó preferible agotar las instancias legales correspondientes, y saldar el asunto según los mecanismos estipulados. Los hechos así lo demostraron: en 2011, CFK obtuvo su reelección venciendo aún en las ciudades características del negocio agrario (por caso, Leones, en Córdoba; Gualeguaychú, en Entre Ríos, cuna de uno de los cabecillas de la protesta, el actual senador nacional Alfredo De Angeli; y/o Venado Tuerto, en Santa Fe); y las PyMEs del sector --instrumentadas en función de los intereses de sus pares dominantes, verdaderos antagonistas del caso-- terminaron reconociendo que habrían obtenido mayores beneficios de la media sanción trunca que del statu quo consolidado por el voto no positivo.

En definitiva, aún en la equivocación científica, toda vez que aquello supuso desde el vamos un desafío de mando, no podía el gobierno nacional menos que plantarse en su posición de modo inflexible, aún a costa de una derrota circunstancial.

Nada de todo lo expuesto, sin embargo, quita que los números, efectivamente, estuvieron mal calculados.

jueves, 25 de junio de 2015

Porque si entre ellos se pelean...

Cuando todavía estábamos envueltos en discusiones de la interna del Frente para la Victoria, derivadas de la modalidad que escogió Florencio Randazzo para mezquinar su colaboración en la carrera sucesoria, que incluso han llevado a resucitar polémicas en torno al Manual de Conducción Política del general Perón, apareció la candidata a vicepresidenta del cambio, Gabriela Michetti, y, con su acostumbrada precariedad discursiva, le regaló a la presidenta CFK el mejor argumento a favor de su decisión de sellar los acuerdos del peronismo antes de las PASO y encarrilar los mayores esfuerzos ya en dirección hacia la polarización con el PRO.

Dijo, la ex vicejefa del gobierno porteño, que Argentina debe pagar la deuda con los fondos buitre según los términos dispuestos por la sentencia de Thomas Griesa a tal efecto: cien por ciento del monto exigido y al contado. Añadió, probablemente para suavizar la primera parte de su alegato --aunque no lo logró--, cierto saraseo de acuerdo con el kirchnerismo acerca del carácter nocivo de las actuales lógicas financieras para las economías soberanas a nivel global.

La compatibilización de ambas declaraciones de Michetti es imposible, por cuanto el acatamiento del fallo en cuestión resulta una posición contradictoria con la voluntad declamada de reconfigurar el orden en que opera el buitrismo.

El cumplimiento del decisorio del magistrado neoyorquino implica, a la vez que un problema en sí mismo --en tanto dispara para otros acreedores del país la posibilidad de reclamar idéntico trato al que ha merecido Paul Singer, como se ha demostrado recientemente con los denominados me too--, derivaciones aún más complicadas, debido a que abriría las puertas a la reinserción nacional en circuitos financieros hostiles: siendo que muy probablemente se podría negociar una extensión en tales pagos, se queda a las puertas del regreso a la praxis de reproducción de endeudamiento como método de financiación de obligaciones. La dinámica neoliberal que gobernó este país entre 1976 y el estallido de 2001.

Es precisamente en función de los compromisos externos que debe organizarse una de las disyuntivas determinantes de la discusión presidencial que se aproxima, en tanto se está todavía en medio de la exploración de vías alternativas de solución a un desafío de complejidad superlativa. Cristina Fernández ha decidido aportar a la construcción de un nuevo polo financiero de relevancia internacional, que se corresponde con el lento pero inexorable apagamiento de la unipolaridad, para reemplazar las divisas que ya no puede proveerse del esquema definido por EEUU, por la sanción a los canjes que supone el dictamen de Griesa. Con lo cual, se abren dos opciones: sometimiento y aceptación de la reprimenda, o bien el egreso emprendido por CFK para saltar por encima de ese laberinto. En ese contexto debe entenderse la profundización de las alianzas con Rusia y China, que salen a la disputa de la hegemonía norteamericana en que alumbró el conflicto con los hold outs.

Ese dilema, que es también el de la asignación de recursos, se proyecta al clivaje político de fondo de que se teñirá la hora de las urnas: la continuidad del modelo estatista/intervencionista en función del empleo, la producción con matriz diversificada y la inclusión social; o el cambio, que es en realidad un retorno al proyecto neoliberal/conservador que al cabo de un cuarto de siglo de vigencia ininterrumpida casi acabó con Argentina en el epílogo de la Alianza, desguace integral mediante.

La nueva corrida contra el dolar ilegal disparada esta semana, al tiempo que confirma la autenticidad de la disyuntiva, desmiente la pertenencia al establishment imputada al postulante oficialista Daniel Scioli, cuyo pronóstico es robusto.

Oportuna y convenientemente, el día posterior al derrape verbal de Michetti no fue noticia eso sino los contratos estatales de los hijos del candidato a vicepresidente del FpV-PJ, Carlos Zannini, y del actor apostol de la mano dura, Ivo Cutzarida, como asesor parlamentario del senador nacional puntano y también candidato a presidente --por un desprendimiento de lo que otrora fuera el peronismo disidente-- Adolfo Rodríguez Saá. En el segundo caso estamos hablando de $13.800 mensuales. La propuesta de la oriunda de Laprida equivale a U$S17 mil millones: lo que es decir 50% de las reservas al día de la fecha en el Banco Central. Uno cree que huelga explicar las distintas relevancias de unos y otros montos dinerarios.

Irrumpe aquí, de inmediato, el concepto de Ignacio Ramonet: instrumentar la información para desinformar. Se trata de una de las mejores demostraciones, por si hiciese falta otra todavía a esta altura de la soirée, de los alineamientos en pugna.

Si aún así no se entiende por qué urge instalar el debate fronteras afuera, pues será que de nada han valido estos doce años.

lunes, 22 de junio de 2015

Unidad y organización en la hora sucesoria

El sábado último se completó la fisonomía del Frente para la Victoria para el turno institucional 2015/2019. Que será matizada por la renovación legislativa 2017, y que significa para el peronismo la excepcional situación de tramitar un recambio presidencial de modo pacífico hacia su interna; y para su fase kirchnerista, el desafío de insertarse, como segmento importante del espacio nacional y popular, en un cambio de pantalla que conjugará a la vez elementos de continuidad y otros de ineludibles mutaciones que, inteligentemente operadas, pueden perfectamente resultar no traumáticas, sino, y por el contrario, muy provechosas para el programa transformador inaugurado en 2003. Una transición en paz alumbra un candidato que a ello cuadra.

La conducción que hizo la presidenta CFK de este operativo implicó la compatibilización de tendencias, modalidades, culturas y biografías que alberga el universo peronista, sobre la base de un criterio orientador simple: equilibrio en las relaciones de fuerzas, expediente imposible de perder de vista a la hora de la construcción de mayorías aptas para trascender en la legalidad en que se reflejan. En definitiva, de sumar en función del objetivo se trata esto. Que supone, al mismo tiempo, la obviedad de impulsar el dispositivo que encabeza hacia el triunfo, tanto como el reparto de cargas que eso requiere y el consiguiente reconocimiento de la calidad de socios de los varios jefes territoriales con capacidad electoral que componen el FpV-PJ.

A los postres, incluso los departamentos más refractarios al gobernador bonaerense terminaron, tal lo mayoritariamente observado en estas horas, conformes con las definiciones elaboradas, presumiblemente porque no terminó cuajando como atractiva la idea de perder pero con lo propio. A la vez, el marco que promueve la oferta efepeveísta termina por tranquilizar a quienes dudan/dudaban --no es ni ha sido nunca nuestro caso-- acerca de las peculiaridades del ex motonauta, toda vez que son más definitorias de una serie histórica esas estructuralidades que los individuos. Los nombres y apellidos más relevantes del Poder Ejecutivo, de su bloque legislativo y los referentes subnacionales transitarán sobre un aparato común hacia el veredicto soberano, en una propuesta en que se comprometen todos, y cuyos beneficios serán por ende distribuidos.

En paralelo a que coopera con la victoria de sus compañeros, Cristina Fernández obtiene los porotos que le reservan una silla en la mesa de poder futura. La nominación presidencial Daniel Scioli-Carlos Zannini, así las cosas, es la punta que sintetiza un ovillo complejo pero ordenado, en tanto procesó con profesional espíritu pactista la diversidad característica de esta familia.

* * *

Tanto el general Perón en 1974, cuando dijo que su único heredero sería el pueblo; como Cristina Fernández, un mes antes de los cierres, al depositar en la enorme multitud que la oía con grado de atención superlativo en Plaza de Mayo la responsabilidad de orientar el rumbo del próximo período (lo que se debe leer en combinación con su discurso del Día de la Bandera, en que destacó el valor de la sujeción del gobernante a su representatividad como sustento decisorio), explicaron sencillamente que los diferentes episodios en la vida institucional de un país significan modificaciones en los formatos de acción política, pero que en modo alguno eso debe entenderse ineluctablemente como rectificaciones de raíz.

Argentina no enfrenta hoy, afortunadamente, la amenaza que entonces representaba el partido militar con su pistola siempre cerca de las sienes de la democracia. Claro que los retos para el poder que emana de las urnas se reconfiguran, pero la herramienta del recurso plebiscitario adquiere renovada relevancia en esta instancia, si el dirigente se decide a articularla.

Daniel Scioli, al resaltar la dimensión de liderazgos como los de Néstor Kirchner y la presidenta de la Nación, habilita a suponer que entiende estos asuntos. Esa manifestación, reveladora de inteligencia, es destacable. 

E igualmente su aceptación del rol complementario que le cabe en tal arquitectura: algo que no imitó Florencio Randazzo, pese a sus constantes apelaciones a la sustancia colectiva que anima al ciclo cuya representación más auténtica él declamaba ser. Hasta que se perfeccionó el trato que desde la conducción se aspiraba a enmarcar a través de las PASO sin necesidad de celebrarlas. Con lo cual, en lo sucesivo, la prioridad pasaba a ser instalar con tiempo la centralidad que la polarización con Maurizio Macrì debe ocupar en el debate. Con su abandono, el chivilcoyano mezquinó funcionalidad en la tonificación del elenco que integra, en perfecta sintonía con lo que fuera su breve precandidatura, que gestionó en dirección hacia el purismo, expulsivo o por lo menos incapaz para la suma; mientras Scioli terminó incorporando incluso a quienes le desconfiaban. 

La política bien entendida estuvo, en definitiva, donde se la acusaba ausente. Scioli labró un perfil diferenciado no contradictorio con el de la jefa del Estado, singularidad que lo hace un atractivo electoral considerable. Una ruta alternativa potente para encarrilar la continuidad. Randazzo, a partir de sus méritos de gestión --en especial los ferroviarios, que alojaba cables de tensión--, contaba con razones de peso similares en su CV. Pero eligió relegarlas.

* * *

De la repetida alusión que se viene haciendo --en cualquier lugar que se proponga comprender los nuevos tiempos-- en referencia a la territorialización de la política como nueva etapa del sistema de partidos en Argentina, debe necesariamente derivarse una resignificación de la tipología de conducción política. CFK varió sus ritmos de, digamos, autonomización respecto del PJ dependiendo de las circunstancias, sin tener nunca en el horizonte nada ni parecido a una ruptura total. Nada que deba extrañar, no se puede pretender que un dirigente prescinda del toreo que pueda proveerle de mayores márgenes.

Entre las postulaciones parlamentarias hay varios gobernadores que exceden temporalmente a la experiencia kirchnerista, pero que se identificaron comprometidamente durante el largo capítulo en que el peronismo se ha reconciliado con sus banderas históricas. Una analogía futbolera puede auxiliar: suele repetirse en el análisis del balompié que los equipos con mayor garantía de éxito son aquellos que combinan la veteranía con la juventud, conectadas por una gruesa línea intermedia (27/28/29 años en ese negocio). El FpV-PJ tendrá de lo primero entre sus candidatos (José Luis Gioja, Luis Beder Herrera, Nilda Garré, Julio de Vido), es el único sector que se propone lo segundo (Máximo Kirchner, Wado de Pedro, Axel Kicillof, Mayra Mendoza, Diego Bossio) y se caratula con un binomio que combina todos esos elementos, pues se trata de dos individualidades con recorrido, edad promedio y capacidad para acoplar las piezas del artefacto. Un caldo que se cocerá entre varios.

El coctel expresa una perspectiva exitosa, porque fue eso lo que indujo hacia la confluencia y porque las primeras reacciones posteriores de la intelligentzia adversaria a estos anuncios ni siquiera alcanzó a la furia: más bien, se nota una llamativa (casi) resignación, pues lo que se verifica en los armados es una persistencia que se resiste a abandonar la disputa.   

Así, el cierre más pacífico que se recuerde en años autoriza a ilusionarse con prolongar una etapa feliz del peronismo. 

miércoles, 17 de junio de 2015

Scioli-Zannini: buenos, pero muchos

"Los hay ortodoxos, los hay heterodoxos; los hay combativos, los hay contemplativos... pero todos trabajan."
(Juan Domingo Perón)

"Hay que rodear a Marcelo [Torcuato de Alvear]."
(Hipólito Yrigoyen)

Este comentarista había terminado de leer, justo en la mañana de ayer (esas ¿casualidades? de la vida), La maldición bonaerense. Por qué los gobernadores de Buenos Aires no llegan a la Casa Rosada.

Rosendo Fraga --tal vez lo más lúcido con que cuenta el pensamiento conservador en Argentina, por no decir que lo único-- intenta allí explicarse por qué los jefes de ese Estado provincial, desde que se constituyó la actual configuración nacional con la reincorporación del territorio a la Confederación y el triunfo de Bartolomé Mitre en las primeras elecciones presidenciales celebradas a posteriori de ello, llegaron a la presidencia de la república por vías democráticas y legales regulares.

Entre varias razones específicas de cada caso en particular, Fraga destaca dos cuestiones históricas que se han reiterado casi a modo de patología a lo largo de más de un siglo y medio: primero, que por tratarse del distrito más populoso del país, el presidente de la Nación y el mandamás bonaerense siempre han derivado hacia una competitividad conflictiva, por supuesto que agravada en caso de compartir pertenencia partidaria; y por otro lado, las provincias del mal llamado interior siempre se combinaron para encuadrar a la más grande, equilibrándose así el desnivel que su tamaño per se supone.

Domingo Mercante, entre otros, padeció lo primero, cuando se enemistó con el general Perón. Antonio Cafiero sufrió lo segundo, pues aquel Frente Renovador, el original, sucumbió saboteado por el resto de los caudillos locales de entonces.

Eduardo Duhalde intentó corregir la desconfianza federal a través de la promesa de constituir su gabinete ministerial con mayoría de ex colegas: los mendocinos Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla y el santafesino Jorge Obeid, sólo por citar algunos. Pero, como bien se recordará, llegó a su candidatura llevándose a las patadas con el presidente saliente, su para colmo compañero justicialista Carlos Menem, de un modo que pocos otros antecedentes similares recuerdan.

Daniel Scioli, quien se propone quebrar el hechizo como parte de una carrera en la que se siente predestinado, es, se sabe de sobra, el preferido de la actual mesa de gobernadores peronistas, que a fin de cuentas eso es el PJ, analizado desde una de las perspectivas posibles. Y, además, siempre ha dedicado descomunales esfuerzos a cultivar su relación con la presidenta CFK. Tanto, que eligió como su candidato a vicepresidente a un alter ego de la jefa del Estado, Carlos Zannini.

Que la Historia nos ilumine en la comprensión del presente. Para eso está.

* * *


"Cuando tengo una duda, me acuesto pensando en eso; si cuando me levanto persiste mi duda, leo La Nación y hago exactamente lo contrario.” 
(Arturo Jauretche)

"La acción electoral es cuantitativa. Lo cualitativo es la acción de gobierno."
(Juan Domingo Perón)

La política requiere de destreza en el arte de maniobrar relaciones de fuerzas. Y en cuanto a lo que aquí nos ocupa, y dicho sencillo, implica el reconocimiento recíproco que hacen Cristina Fernández y Scioli de la dificultad de progresar competitivamente con prescindencia del otro. En las ya incontables veces que aquí hemos escrito acerca del ex vicepresidente de Néstor Kirchner jamás nos apartamos de la obvia sensatez de reconocer su condición de parte del proyecto político inaugurado en 2003.

Ningún drama debería deducirse de la candidatura de Scioli, decíamos el año pasado. Eso según determinadas condicionalidades: que la postulación resultara ser también la de los sectores más --según cierta jerga-- puros --que no debe confundirse nunca con purismo, sectario por definición-- del Frente para la Victoria; que ese diseño mezcle pacíficamente con una oferta taquillera; y comprender que el marco programático debe en gran medida resultar de un ejercicio político previo, a desarrollarse en el día a día, dinámica cuya responsabilidad CFK depositó en los segmentos que se expresaron masivamente más de una vez en el último tiempo como síntesis de esa fortaleza comparativa. La convocatoria a Zannini termina, conteniendo todo eso, de cerrar la continuidad de un acuerdo potente. El ex navegante a motor abarca a los sectores cuya biografía excede el capítulo en curso, que no resienten la representatividad kirchnerista determinantemente.

Basta con tener a mano la edición del día de la fecha del diario La Nación, en especial la columna de Joaquín Morales Solá, más un Jauretche básico, para constatar este diagnóstico. O con leer el saludo que dedicaron los mercados a la novedad.

Se agotó, con este gesto de Scioli, la funcionalidad de Florencio Randazzo en la interna del FpV-PJ, que por cierto la tramitó con llamativa deficiencia para lo que incluso desde aquí se creyera inicialmente que podría haber aportado el ministro. Quien, a la vez que el pacto a que se termina arribando, debía sumar el atractivo de una disputa voluminosa, en buena medida a partir de su comprobada capacidad de gestión, cóctel que debía adicionalmente arrimar nuevas voluntades a la boleta oficial. El oriundo de Chivilcoy, sin embargo, prefirió subordinar sus méritos de trabajo en el debate, que en cambio condujo hacia el encierro. Eso lo detuvo en su escalada, que alguna vez pudo ser atendible, y lo desvío del rol que se le asignara.

Instalada ya inconmovible la polarización en el escenario electoral, la utilidad del artefacto PASO se resintió sensiblemente, pues no existiendo ya mayor espacio para matices entre la continuidad y el cambio --pregunten, si no, a Sergio Massa--, el marco para la negociación perfeccionada por CFK y DOS se abrió de todas formas, sólo que por una ruta distinta a la en principio imaginada. Tanto da. En última instancia, lo importante ahora pasó a ser el engrose de la electorabilidad de la fórmula, instalandola con tiempo suficiente, para evitar lamentaciones posteriores por migajas como sucedió en la elección santafesina del domingo último con Omar Perotti, quien quedó en el umbral, porfiando desde atrás en todo sentido. 

Y vaya que se ha captado la lección. Habrá más para decir, pero el carro ya se echó a andar. Y los melones se acomodaron; solitos, nomas. 

viernes, 5 de junio de 2015

Los costos del amateurismo

El domingo pasado, Jorge Lanata volvió con su envío semanal de operaciones cloacales; y el lunes próximo el ex secretario general de la CGT, Hugo Moyano, encabezará una huelga general contra el gobierno de la presidenta CFK, pretextado en la cuarta categoría del impuesto mal llamado a las Ganancias, tal lo acostumbra desde 2012, agenda que le significó su actual derrumbe político.

Estos dos acontecimientos, prima facie y en apariencia inconexos, en realidad pueden ser organizados bajo una única síntesis conceptual, referida hasta el hartazgo en este sitio durante el presente año: se trata de --en este caso-- dos maniobras que se proponen socorrer las deficiencias de las formaciones partidarias regulares en cuanto a la estructuración de un instrumento capaz de derrotar al Frente para la Victoria en el trámite sucesorio de Cristina Fernández. Para peor, conforme se acerca el epílogo institucional de la primera mandataria, y se constata que su centralidad se potencia, el establishment va cayendo en la cuenta del progresivo debilitamiento de las variables legales como elemento determinante de las características del próximo capítulo histórico, designación que de por sí ya resulta de dudosa exactitud.

No se intenta aquí acusar una conspiración de proporciones tales que logre encolumnar todos estos expedientes en función de los caprichos del Círculo Rojo, pero es innegable que cada uno de estos movimientos se insertan en un mapa general que, ineludiblemente, los atraviesa. Al decir de Mao, existen contradicciones principales y otras que son de tipo secundario.

Las cosas no han venido saliendo como se esperaba. Aún en la hipótesis de que finalmente hubiese acuerdo entre Maurizio Macrì y Sergio Massa, el jefe de gobierno porteño estaría sumando un producto ya muy devaluado del mercado comicial. Ello dado el vaciamiento que, a modo de estampida, se ha producido desde el Frente Renovador hacia el FpV en las últimas semanas. Esta deriva confirma a la vez la reconstitución de la robustez del kirchnerismo, que se escenifica en convocatorias masivas y en la entidad intacta de CFK en definiciones electorales aún al cierre de doce años consecutivos de gobierno: por caso, el peronismo mendocino ha agitado bandera blanca, y solicitó a la conducción nacional del peronismo una mano en la tarea de dar vuelta el resultado de las elecciones primarias locales, favorables a la mega entente gorila.

Al margen que el manejo de los tiempos de ambos dirigentes opositores fue deficiente, el dato interesante es el de los corrimientos de bases sociales, que se intentan ocultar en la superficie, pero de los que los jefes territoriales tienen acabada noción, lo que los lleva a ejecutar en consecuencia. La electorabilidad organiza los cierres. Por tanto, hoy en día el ex massismo es un costillar del que sólo quedan los huesos, porque la carne ya se la ha llevado el kirchnerismo.

La incapacidad de observar más allá de lo cupular es lo que induce a impulsar sumas aritméticas que terminan cayendo en saco roto, porque surgen de la desconsideración del fenómeno de la representatividad, pues supone que las mediciones son atributos inmanentes de los individuos y no expresión de una puja social. Fenómeno que linkea a la perfección con asuntos tan escasamente convocantes como el suicidio del ex fiscal Alberto Nisman, cuya conversión a asesinato Lanata insiste en resucitar, sin suerte, porque a posteriori de las "revelaciones” de su emisión no se ha verificado ningún estallido ciudadano; o la protesta por el gravamen sobre los salarios más altos, que por tratarse de una minoría al interior de los segmentos asalariados convirtió a Moyano de pieza a considerar en los armados electorales en 2011 a discutir la interna de la AFA ahora. Dicho sencillo: no todo aquello que genera rating se corresponde en impacto popular significativo.

No debería descartarse, de hecho, que el jefe camionero esté efectivamente pegando para rascar algo en la olla de la rosca. Lo que demostraría que no entendió nada en estos cuatro años en los que por la misma vía retrocedió a su actual esterilidad.

La expectativa registrada en los mercados cuando corrieron rumores de entendimiento PRO/FR, a las mismas horas en que Wado de Pedro no da abasto para posar en fotos con intendentes del conurbano de PBA que le solicitan su reincorporación al peronismo, alcanza para alertar acerca de las pertenencias de cada sector. Es de suponer que Pilar, Merlo u Olavarría aglutinen mayor cantidad de sufragantes que la City. Y, sobre todo, otros intereses. Esto al margen que, bien apuntó Gerardo Fernández, el casi angustiante reclamo a por un acuerdo de ese tipo vuelve lógico pensar que, en realidad, quienes no desean ninguna forma de continuidad del actual ciclo manejan --hacia sus adentros, claro-- escenarios derrotistas.

Las razones del voto son más sustanciales: la sociología kirchnerista, quizá insuficiente para triunfar en una porfía presidencial, pero muy vasta en relación a los porcentajes constitucionalmente necesarios a tal fin como para despreciarla, se relaciona muy fuertemente, en términos de bienestar e identificación cultural, con el proceso inaugurado en 2003. 

Abstenerse de siquiera un intento de intervención de ese vínculo por vía de una oferta electoral seductora que siembre en tales segmentos supone poco menos que un suicidio. Una renuncia a la victoria sin ingresar a la carrera.

Carlos Pagni trazó una sofisticación del concepto clientelista como fundamento de las ventajas del oficialismo en las urnas. Habló de insuficiencias en el programa de la presidenta de la Nación respecto de quienes no necesitan del Estado en el desarrollo de su vida privada, en relación a los que sí dependen de ello. La formulación es ingeniosa, bien que se trata de una de las mentes mejor formadas del establishment. Podría refutarse, eso sí, sólo con la mención de las cuantiosas sumas que destina el gobierno nacional en materia de subsidios a los servicios públicos. Cuya eliminación tal vez alcanzaría para poner en duda la tesis del periodista. Pero también podría uno optar por responder invirtiendo ese razonamiento, preguntando qué ofrecen los adversarios de la jefa del Estado a sus seguidores a cambio de una modificación en tales preferencias.

El interrogante, en definitiva, debería mover a Pagni a reflexionar a propósito de aquello de que los pueblos no se suicidan.

lunes, 1 de junio de 2015

El drama de la irrelevancia

"(...) Las masas avanzarán. Con los dirigentes a la cabeza... o con la cabeza de los dirigentes. (...)" 
(Juan Domingo Perón)

A principios de marzo, cuando publicamos, aquí y en Facebook, este tweet del amigo Nestor Sbariggi, muchos compañeros plantearon, legítimamente, temores en cuanto a la conveniencia de un hipotético triunfalismo de nuestra parte. 

Les sonaba excesivo lo allí dicho, obviando que se trataba de información, que no de opiniones. Y, en igual sentido, siguen dudando a propósito de la ecuación costo/beneficio que implicaría para el Frente para la Victoria una renuncia de Sergio Massa a su carrera presidencial, que a esta hora es cada vez más probable. Va de suyo que toda presencia electoral que coseche --siquiera mínimamente-- en territorio opositor es bienvenida. Y Massa fue eso, durante un buen tiempo. En proporciones difíciles de precisar, porque en 2013 se sustentó tanto en voto gorila como en una división del acompañamiento que plasmó el PJ-PBA en 2011. Sumando lo obtenido por el ex intendente de Tigre y por Martín Insaurralde en las PASO de hace dos años, y comparándolo con el desempeño bonaerense de la presidenta CFK en su reelección, se advierten fácilmente insignificantes las diferencias. Pero, de todos modos, allí estaba el marido de Malena Galmarini para dividir el campo adversario.

En cualquier caso, ni entonces ni ahora existió ese 70% de impenetrable antikirchnerismo que tanto agitó el establishment, primero para sentenciar el cada día más inverosímil fin de ciclo, y luego para impulsar amalgamas electorales imposibles. Ahora bien, conforme el massismo se fue diluyendo, creció --primero-- la candidatura de Maurizio Macrì, aunque en una magnitud que no le permite todavía alcanzar al kirchnerista mejor posicionado, Daniel Scioli. Y que ahora, luego de un salto considerable a principios de año, se ha amesetado. Lo que hace pensar que ya ha succionado todo lo que podía de lo que Massa había sumado entre las elecciones primarias y las generales que lo consagraron diputado nacional en 2013: poco menos de 25% de aquel 44%, lo más duramente disconforme con el proceso histórico inaugurado en 2003. 

En cambio, cuando se estudian las fugas de los intendentes que fueran pilares del Frente Renovador (la propia inteligentzia massista hoy abjura de ello, que antes agitaba, y centra en Massa la única razón de todo, derivando a una fase carismática, que en realidad refleja el vaciamiento progresivo), rápidamente comprende que, salvo Jesús Cariglino y Gustavo Posse, que ya no formaban parte del FpV en 2011, el resto ha emprendido el retorno hacia el dispositivo organizado por CFK. Humberto Zúccaro argumenta que ello se debe a que 8 de cada 10 de sus militantes rechazaban la posibilidad de acabar en un acuerdo electoral encabezado por Macrì. Casi las mismas proporciones que contaba el ingeniero experto en rosca. Lo que remite tanto a cuestiones ideológicas como a la sobreabudancia que supondría una mega confluencia opositora en términos de armados de listas subancionales. Y, por supuesto, al riesgo distrital que supone un ancla al tope de las boletas.

Cuando se entiende que en política, si bien no puede negarse el impacto específico de las individualidades, éstas resultan en última instancia el emergente de estructuras sociales, que son las que en realidad litigan intereses, y a cuya significación institucional se debe corresponder, nada en este desarrollo puede extrañar. Y no hay trompadas que puedan solucionar esto.

El massismo se instituyó sobre varias razones, pero que en el fondo respondía fundamentalmente a una tensión interna mal resuelta con la conducción nacional del FpV, siendo en cambio la pertenencia sociológica de ambos segmentos, en lo general, compartida. No se trataba --no mayormente, que se entienda-- de un acompañamiento a Massa per se, sino de una combinación de situaciones que elaboraron una nueva mayoría. Que, a la vista está, fue meramente coyuntural. La pavada del business del país dividido que inventaron los dadores de materia gris del FR, que a su vez prohijó la ancha avenida del medio como pretexto del espacio, nunca tuvo el menor anclaje popular real. Conforme esto fue quedando claro, Massa se angostó entre los extremos de la polarización, porque el voluntarismo no basta para torcer la dinámica de la Historia.

"Nada, nada queda en tu casa natal.
Sólo telarañas que teje el yuyal."

(Nada. Julio Sosa)
Con la continuidad del kirchnerismo como perspectiva cada vez más consolidada, en el marco de una discusión que tiene al programa de reivindicación histórica de la esencialidad peronista en el eje de la disputa (con las derivaciones que ello puede suponer para las bases de cada dirigente), la realidad está empujando las piezas del tablero hacia su cause --digamos-- natural. Y cada uno de los jefes comarcales ejecuta en consecuencia, según entiende que mejor puede interpretar esas realidades, de las que son producto. Las PASO, por su parte, ordenarán lo relativo a los apetitos. 

Massa habrá creído, equivocadamente, que todo se debió a una elaboración exclusivamente propia, y por ende perdió el pulso de los acontecimientos tanto como la posibilidad de maniobrarlos en su provecho. No dio la talla.

En conclusión, si el tigrense decide insistir en su aventura nacional, bien; y si no, también. Ya resulta indistinto.