lunes, 5 de octubre de 2015

Tarde piaste, pajarito

Escribió Manolo Barge el último viernes: <<(...) El Cambiemos Duranbarbista logro la épica de sumar TODO el voto de las Clase Medias y Altas, Republicanismo purificado de cualquier macula peroniana en las candidaturas más expectantes. Pero eso da como techo electoral, y de clase (o sea la “parte sana y decente), un 30% nacional; y por razones obvias de la Democracia resulta cuantitativamente insuficiente. Al no disponer del Partido Militar, y resultar ineficaces los Golpes de Mercado y/o Colores, con el Agitprop de los ABC1 en los micro centros urbanos; se ven obligados a “contradecir” sus principios fundados en el “Orden Natural de las Cosas”. (...)>>

Y cierra contundentemente: <<(...) Sin los planeros y clientelizados es imposible llegar al mágico 40%+1; ya que el peronismo “contiene en sí mismo” el 60% de la oferta electoral. (...)>> Lo dice a propósito de las declaraciones del propuesto por Maurizio Macrì para titular de un ministerio de energía que crearía en el (muy) hipotético caso que llegase al gobierno nacional, el ex-CEO de Shell, Juan José Aranguren. Quien prometió que, de consagrarse la alianza neoliberal/conservadora, la energía eléctrica será gratis para hogares pobres. Marcelo Pascualino twitteó al respecto que si Aranguren tiene que salir a hacer esa promesa, a la que califica de "populismo del más crudo", se debe a que la batalla cultural es ya una paliza intelectual".

El que, prima facie, pareciera un llamativo silencio de Elisa Carrió desde lanzada formalmente la campaña hacia octubre, en realidad se entiende en el contexto del techo infranqueable en que aparece estancado el jefe de gobierno porteño en la casi totalidad de las encuestas: por debajo del 30%. La diputada nacional chaco-porteña acaudilla el departamento gorila del artefacto que sustenta, con tal filosofía como fundamento, esa candidatura, que por ello no logra penetrar en el segmento peronista del consorcio UNA (Sergio Massa/José Manuel De La Sota). Al mismo tiempo, tampoco capta sus porciones sociales más disconformes con el gobierno nacional debido a que no emergió de las PASO con la aptitud porcentual necesaria para amenazar al Frente para la Victoria. Fue dicho: un acuerdo entre Macrì y Massa se dificultaba en cuanto al ordenamiento de los niveles subnacionales, por superpoblación dirigencial, agravada por las cuestiones de piel en comentario.

El laberinto se perfecciona cuando irrumpe la aritmética: Cambiemos necesita de por lo menos un trozo de ese 60% que, persistentemente, el peronismo, entre sus diversas ofertas, obtiene en elecciones nacionales desde 2003. La pacificación de semejante madeja requería de iniciar una cirugía política desde mucho antes que el plazo legal estipulado para la conformación de frentes electorales. El elenco dirigencial ajeno a cualquier alternativa justicialista no sólo se dejó estar, sino que ingresó a la competencia subido a una carrera inconsciente con aroma a 1955, que en su más peligrosa deriva se extendió a la descalificación del sufragio de los ciudadanos del interior del país, por decirlo de modo suave.    

Fue la resignación frente a ese dilema que movió al ex presidente de Boca Juniors al egoísmo incluso para con sus asociados. Convencido de su derrota, definió sobrellevarla con la mayor cantidad posible de elementos propios, proyectando a partir de ello su consolidación a futuro. Arriesgado, pero no sobraban opciones; y acudió, pues, a la menos mala. Obviamente, ya lanzado, hizo sus movidas: apeló, en el marco de semejante pobreza estructural, a expedientes peligrosos como el que desató tras las elecciones tucumanas. La fuerza que --por así decirlo-- conduce fue la principal titiritera de esa obra. Pero con eso no alcanza: afortunadamente, la política se sigue dirimiendo en otros territorios que los que la impugnan como tal.

La última novedad de su campaña fue despuntando en los últimos días: un acto con Hugo Moyano y otro con dirigentes al borde del retiro de la política activa; ambas maniobras, en teoría, para intentar la seducción de sociología peronista.

No sería ésa una operación tan sencilla como un mero llamamiento a partir de escenografías compartidas con ejemplares cuyo predicamento al interior del espacio referenciado en el general Perón está ya en vías de extinción. Huelga, por su parte, abundar en los desatinos políticos de Moyano --de sobra tratados aquí desde 2012--, quien, por impericia en el transplantante de sus méritos gremiales a la esfera partidaria, quebró su alianza con la presidenta CFK, y ahora termina haciendo jugar a una fracción del movimiento obrero organizado en una propuesta cuya familiaridad con el programa de Domingo Cavallo, que su central sindical tan duramente combatió en las calles durante la década del '90, es indisimulable. Fracasó ruidosamente: si en 2013 apenas pudo fiscalizar los votos de Francisco De Narvaez, hoy no logra ni coordinar estrategias con su hijo Facundo.

A veces pareciera que no, pero, a la larga, la coherencia para con la representatividad termina pagando en electorabilidad.

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