miércoles, 26 de marzo de 2014

Las respuestas que ofrece un expediente

El establishment necesita, casi con rango de desesperación, del pronunciamiento de una condena penal aleccionadora, por corrupción, contra algún funcionario del gobierno nacional. El vector que impulsa la sobreestimación del debate sobre los comportamientos censurables en el ejercicio de la función pública es una necesidad sistémica en sí del Círculo Rojo que enunciara alguna vez Maurizio Macrì: el ocultamiento de las complejidades que supone la trama de la desigualdad en el reparto de la riqueza en Argentina.

Sin restarle importancia al asunto de la honestidad de los actores institucionales, el problema surge con los análisis políticos que se pretenden derivar de ello. Lo que puede llevar al ridículo de vincular la devaluación de la moneda con la causa Ciccone.

Hay que tener cuidado con las bondades que se le asigna al juzgamiento tribunalicio de los gobernantes. La pobreza y la indigencia obedecen a decisiones legales: las que definen los propietarios de cada billete producido.

Están en la tarea de deslegitimar la desnaturalización de ello que intenta el kirchnerismo.

lunes, 24 de marzo de 2014

Los próximos 24 de marzo

Hace 10 años, con su discurso en la ex ESMA, Néstor Kirchner inauguró oficialmente que memoria, verdad y justicia sería una política de Estado. Hoy se ha podido leer que Alejandro Horowicz y Ricardo Tasquer se preocupan por el contenido de la fecha. Actual y futuro.

El kirchnerismo ha sido y es criticado por, se explica, de la utilización política que habría hecho de "el tema de los Derechos Humanos". Esa impugnación forma parte de lo que, a mi criterio, es la incomprensión del hecho histórico. Entendiendo que se tiene por uso un significado negativo, también es posible decir que, camuflada bajo el reproche a lo que se denomina partidización de la causa, se esconde la voluntad de no discutir el orden socioeconómico que vino en combo junto con el terrorismo de Estado.
Los organismos de DDHH tienen una lectura de lo sucedido que, evidentemente, es distinta a la de gran parte de la sociedad y de otras fuerzas políticas. Y con toda lógica, operan a favor de lo que, entienden, se requiere a partir de esa divergencia allí donde encuentran eco.

Con el procesamiento de Carlos Pedro Blaquier, y luego de otras sentencias de corte similar, en los tribunales parece estar teniendo cabida otra interpretación que la histórica, tanto la de los tiempos de la teoría de los dos demonios como la de cuando hubo impunidad absoluta. Pero no se trata sólo de expedientes judiciales sino además de los beneficiarios y los beneficios que organizó el Proceso de Reorganización Nacional (tesis Conadep). No es casual que los juicios hayan avanzado conforme debieron ceder en su posición de privilegio respecto del gobierno del Estado.
Resulta imposible no pensar una cuestión como réplica de la otra.

Esta recordación tendrá, entonces, a partir de 2016, el tinte que corresponda al consenso que reúna al interior del resto del arco partidario la idea de que se honra la lucha por los DDHH sólo si el juzgamiento penal es ampliado más allá de los ejecutores e ideólogos de la faz represiva de la dictadura, al tiempo que por lo menos se sostenga la relativización de sus transformaciones socio/económicas como sentido común.

No es, aquí tampoco, como dijéramos hace un par de días en relación a lo estructural del conflicto salarial docente, buen augurio el rechazo a la propuesta de penalización de empresas en el caso de delitos económico/financieros.

La actualidad es, así, siempre algo que se constituye con lo que se trae desde antes.

sábado, 22 de marzo de 2014

La huelga de los docentes bonaerenses

Como siempre sucede en Argentina, la discusión por un litigio de gestión dispara incontable cantidad de otros debates. Que tengan que ver con el expediente principal, o no. Bien o mal intencionados. Está bien que así sea: se trata de política, es legítimo que los actores aprovechen los resquicios que encuentran para colar lo suyo. 
Uno aspiraría a un poco de otra tesitura en ciertas temáticas, claro.
Ya nos hemos expedido sobre esto, no vale la pena insistir ni pecar de ingenuos.

El paro por tiempo indeterminado que ha impedido el inicio de clases en las escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires, a raíz del desacuerdo en la paritaria docente, no es la excepción. Donde se cruzan las internas que debe afrontar la conducción del sindicato negociador, acosada por victorias trotskistas en niveles inferiores de la estructura gremial; el proyecto presidencial de Daniel Scioli --y la supervivencia de eso dentro del kirchnerismo-- y demencialidades como las del vicegobernador Gabriel Mariotto proponiendo, para tramitar el conflicto, una inconstitucionalidad gigantesca (mirada a la luz de la normativa de OIT, de rango constitucional para nuestro país en materia de huelga): no hay que caer en el todo vale resultadista de Sergio Massa.
Mejor, primero, desmalezar; para entender el meollo.

La provincia de Buenos Aires alberga a, aproximadamente, un 40% del total de la población argentina (38 y piquito). Pero recibe, en la actualidad, apenas el 20% de la masa tributaria coparticipable. Ahí está toda la explicación del asunto, conviene no darle tantas vueltas. No tiene mayores dificultades comprenderlo. La complejidad vendrá a la hora de resolverlo. 
Ni los recitales, ni la publicidad oficial, ni Fútbol Para Todos (que, además, es cubierto por el presupuesto nacional; no con el provincial, el protagonista de este drama). Ése es todo el tema, siempre, en cualquiera de los problemas que últimamente venimos discutiendo: transporte, seguridad, educación: la superpoblación que afecta al Gran Buenos Aires. 
Que la hace, casi, inviable. Como bien la denomina Jorge Asís.

Cuando Scioli explica no tener el dinero que haría falta para satisfacer los reclamos salariales de los gremios de maestros dice una verdad casi tan grande como el Estado que gobierna. No cuenta con recursos, es, tal cual, así.

Gracias a Alfonsín padre (supuesto gran estadista de nuestra historia nacional), y al Pacto de Olivos, el procedimiento para modificar la ley de coparticipación federal es más complicado que lograr que la bellísima Lola Ponce se fije en el autor de este blog: imagínense, nomas, usted, estimado lector. Alfonsín quiso, con la reforma constitucional de 1994, crear un distrito híper pertrechado de billetes (para, apenas, alumbrado, barrido y limpieza; respecto del resto piden transferencia de estructura impositiva) para garantizar buenas gestiones gubernamentales de su partido ad eternum, como catapulta hacia la recuperación del poder grande, en la Capital, donde antes siempre ganaban los radicales. El PRO actualmente recoge esos frutos.
Le salió muy bien: la UCR recuperó el gobierno nacional en 1999 a través del entonces jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No incluyó en su ecuación de probabilidades las destrezas de Fernando De La Rúa, que le arruinó el kiosco. Pero eso ya es harina de otro costal.

Es decir, lo que haría falta hacer, modificar la ley de coparticipación federal, está prácticamente fuera del menú de opciones. Súmese a esto que la patria cacerolera ya determinó que la Constitución Nacional debe quedar así como está.
Democráticamente, claro.

Así las cosas, lo más probable es que la cuestión se termine resolviendo como sería deseable que no se hiciera: poniendo el gobierno nacional (o sea, la presidenta CFK) lo financieramente necesario para zanjar las diferencias (no muy grandes, pero inabordables para la PBA). Y todo para, luego, tener que seguir aguantando que la traten de conchuda y de puta cuando (y porque) se ocupa de conseguir lo que hace falta para que el Estado, sencillamente, funcione, siquiera de la manera precaria que lo hace aún hoy en muchos de sus segmentos.

Gobernar supone esas ingratitudes.

(La tarea de repensar y reconfigurar la sintonía fina del país, entonces, va a seguir igual de subjerarquizada que lo está en este texto --donde aparece entre paréntesis, al final y desconectada del cuerpo principal como metáfora descriptiva de su realidad--, en tanto implica un conmoción de intereses en los cimientos mismos del edificio nacional, para la cual hace falta más que un poder ejecutivo federal: también una oposición que quiebre lanzas con estructuras anquilosadas que bloquean el avance en la lista de pendientes de un modo que no signifique cubrir heridas de bala con curitas. Un programa alternativo.
Es una empresa de Estado, no de facción: pero acompañarla supone compromisos riesgosos. 
La reforma del Código Penal no es buen augurio en este sentido.) 

viernes, 21 de marzo de 2014

Néstor y Cristina: la ortodoxia peronista

¿A qué pretenderán que se refieren los que le hablan de "peronismo ortodoxo" a los militantes y funcionarios del gobierno de la presidenta CFK? ¿Cuál otra de las fases anteriores de despliegue histórico del peronismo ha sido más consecuente que el Frente para la Victoria con los postulados de independencia económica, soberanía política y justicia social que el general Perón estipuló como apotegmas esenciales del movimiento nacional y popular?

En suma, ¿qué otro peronismo ha sido más ortodoxo (entendiendo por ello fidelidad a la doctrina, arriba enunciada) que el de Néstor Kirchner y Cristina Fernández?

El kirchnerismo expresa la derrota del bloque de clases dominantes en su intento de domesticar al peronismo según los términos liberales de la democracia republicana. Por eso ha generado y genera semejante rechazo. Es cultural. Agredió nervios estructurales de dominación muy sensibles. Generó conciencia respecto de las causas reales de los problemas socioeconómicos argentinos.

Y eso no va a ser perdonado nunca. O por lo menos no fácilmente.

jueves, 13 de marzo de 2014

Las implicancias del regreso de Michelle Bachelet

Pese a la ostensible distancia ideológica que separa a Sebastián Piñera de Cristina Fernández, el ex presidente chileno fue buen amigo del gobierno nacional durante su gestión.

Esa sintonía se materializó en cuestiones concretas y de relevancia superlativa como el Corredor Bioceánico Aconcagua, que para Argentina equivale a facilitar su conexión con el océano pacífico. Lo cual, sumado a las posibilidades de vincular a tal iniciativa la reconfiguración de negocios que ha encarado la gestión pública de YPF y las reformas que, si bien muy limitadamente, se propone Florencio Randazzo en materia de transporte, habilita a imaginar una diversificación del perfil productivo argentino y a pensar más ampliamente el proyecto de país.

Lo actuado durante sus presidencias por Lula en Brasil, Néstor Kirchner aquí y el comandante Hugo Chávez en Venezuela, evidentemente, forzó el surgimiento de una nueva derecha en el continente, democrática: Piñera en Chile y Juan Manuel Santos en Colombia son ejemplos en este sentido.

Así, los intereses de la relación bilateral entre Argentina y Chile se sostuvieron (más aún: se profundizaron) a pesar de los cambios de gobierno acontecidos al otro lado de la cordillera. Y es indiscutible y deseable suponer que eso no variará.
Las novedades con el retorno de Michelle Bachelet al Ejecutivo chileno, entonces, pasarán más por los equilibrios geoestratégicos sudamericanos que otra cosa. Conviene aprovechar esta oportunidad para relanzar el Mercosur, pues viene golpeado con la finalización del mandato (con posterior enfermedad) de Lula, los fallecimientos de Kirchner y Chávez, las dificultades internas que debieron afrontar Cristina Fernández, Dilma Rousseff y Nicolás Maduro, los conflictos institucionales en Paraguay y algunos tibios (y estructuralmente lógicos) deslizamientos aislacionistas de Uruguay.

Se trata de evitar la frustración del no al ALCA camuflada a través de la Alianza Pacífico, que se debilita tras irse mal Piñera de Chile y frente a la incertidumbre del calendario electoral en Colombia, quedando Perú casi en soledad en el subcontinente.
Las derivaciones golpistas en Venezuela, de este modo, pierden algo más del ya muy poco eco regional con que cuentan.

Alejandro Horowicz dijo alguna vez que la posibilidad para los países de intervenir con el peso de la autonomía en el mundo caracterizado por los bloques comerciales supranacionales requiere de elevar el rango de la integración regional. 
Algunas de las cuestiones enumeradas en el segundo párrafo, y varias advertencias académicas en relación a que la respuesta a los ataques monetarios especulativos que han sufrido varios de los países de Unasur en los últimos meses mejoraría si es coordinada de manera colectiva con instituciones de permanencia temporal, sustentan su hipótesis.
La dinámica internacional acaba de abrirle al kirchnerismo un territorio de fuga hacia adelante más que interesante.

Su programa a futuro es capitalizarlo políticamente.

lunes, 10 de marzo de 2014

Anteproyecto penal y proyecto presidencial

Con pocos días de diferencia entre sí, un par de sucesos que ocuparon espacio en la agenda política --independientemente de su trascendencia real y del interés ciudadano en ellos--, con la oposición partidaria como protagonista, concurrieron a confirmar que, por el momento, no habrá para el kirchnerismo mayores dificultades que las de sus propias torpezas. Al menos, hasta tanto el Frente Renovador traduzca en concreto sus aspiraciones de despliegue nacional, por ahora aún en rango de hipótesis, como lo reconocen hasta algunos de sus propios operadores.
Y precisamente a partir de una de las cuestiones a comentar en las siguientes líneas se puede, apenas se sacude un poco el polvo que pretende camuflarla, adivinar que el massismo ya sacude movimientos en tal sentido.

El Senado de la Nación votó el reemplazo en la presidencia provisional del cuerpo: Gerardo Zamora ocupará, en lo sucesivo, ese sitio, en reemplazo de Beatriz Rojkés de Alperovich.
Habría, hay varias cosas para decir con relación al impacto de ese enroque al interior del Frente para la Victoria. Por lo pronto, lo más rápidamente tangible --y, por ende, de seguro menos sustancioso-- del asunto ha permitido confirmar que la presidenta CFK conserva capacidad de alinear a sus bloques legislativos con una facilidad que resultaría llamativa si éste fuera, como se oye decir, un caso de mero capricho presidencial.
Evidentemente, la fortaleza política e institucional del gobierno nacional es superior a la diagnosticada por distintos focos de opinión opositora.

Pero lo destacable, a estos efectos, no pasa por allí sino por la conducta que escogió la Unión Cívica Radical para actuar frente a los hechos, en términos de estrategia política.
Por obstinarse en arreglar a través de las instituciones de la república sus trapitos sucios con el ex gobernador de Santiago del Estero y ex radical Zamora, y rompiendo una tradición legislativa más que centenaria (el Poder Ejecutivo Nacional designa las conducciones del Congreso nacional, por integrar éstas la línea de sucesión presidencial), terminaron, de rebote y como bonus track de la maniobra, evidenciando la insignificancia del radicalismo en la Cámara Alta.
Cuentan allí con, apenas, 12 hombres sobre un total de 72. Un temible 16,66% del cuerpo. Toda una señal como para pretender agitar aspiraciones de poder de cara a la sucesión del año 2015.

A partir del día siguiente al encumbramiento de Zamora, luego del discurso de Cristina Fernández con ocasión de inaugurarse las sesiones legislativas ordinarias (acompañado de una imponente movilización que desmiente los pronósticos de militancia abandónica enunciados por algún opinador hasta hace poco ultra kirchnerista en sus cada vez menos frecuentes intervalos de lucidez), se inició una comedia de enredos, contradicciones, mentiras y recules en torno del anteproyecto de reforma del Código Penal de la Nación próximo a tomar estado parlamentario, que mejor tomarse a chiste para no llorar por la precariedad que en todo sentido demuestran los protagonistas de la polémica y sus intervenciones al respecto.
En un tema que merecería, cuando menos, un acting de seriedad.

Algo de lo que escribimos apenas iniciadas las sediciones policiales de fines del año pasado sigue vigente: “el dilema a resolver en adelante es cómo se construye una gobernabilidad de la irracionalidad. De este estado de cosas que se parece bastante a un todo vale. En el que, aparentemente, ya fundamentar, estar a Derecho son temas que han perdido rango de respetabilidad. Fundamentalmente, se trata de evitar que la cosa no quede en manos de solucionadores de la precariedad de De La Sota (reemplácese por Massa). Que pueden hacer mucho daño, independientemente de su buena o mala voluntad, debate en el que es poco interesante ingresar.”

Entrevistado que fue apenas finalizó la  sesión, Sergio Massa se despachó con una de sus habituales cataratas de naderías para ponerse habilmente en el lugar de opositor único al kirchnerismo, al que le adosó todo el resto del arco opositor con la acusación (falsísima, por supuesto; pero en su caso es lo que menos le interesa) de promover una norma delincuente friendly.
Más allá de la veracidad que no tiene el discurso del marido de Malena Galmarini, cumplió con reposicionarlo en el centro de la escena, en contradicción con el kirchnerismo, al tiempo que desbarata, para chuparles votos, al resto de los fragmentos opositores, a los que, en cambio, pretendió elevar Cristina Fernández durante sus palabras, en las que en cambio evitó a los últimos vencedores de la provincia de Buenos Aires.

No se trata tanto del espacio escenográfico que, a la fuerza, buscó y encontró Massa, sino del sismo que produjo al interior de los demás (por decirles de algún modo) partidos --partícipes por invitación presidencial a la confección del anteproyecto ahora vilipendiado--, que desde el momento en que el ex intendente de Tigre los marcó comenzaron a confirmar lo inverosímil del sólido aplomo que actúan en los sets de televisión. Prácticamente todos optaron por desautorizar a sus colegas intervinientes en el proceso de redacción, de modo caótico y sin una traza de rumbo clara: cada comarca se ha vuelto ahora un berenjenal en la que lo que abunda es la ausencia de conducción, que no pasa tanto por una persona sino por una coherencia interna.
Así sucede cuando el único vector que impulsa es el oposicionismo por sí mismo: se pierde la noción de iniciativa propia.

Massa, en cambio, sí conoce bien sus aspiraciones, que lejos están de lo que específicamente atañe al sistema penal argentino, materia que desconoce y que cumple apenas el rol de instrumentar, a partir de una situación capaz de convocar, el testeo de sus potencialidades a lo ancho y a lo largo de todo el territorio.
El resto, todo, es para consumo de Intratables.

Así, el FR posterga la tarea de efectivizar su tan anunciada y todavía no nata voluntad propositiva, y soluciona el déficit que frustró a los vencedores de 2009 en las presidenciales en que CFK revalidó su cargo: aquella vez, todos apostaron al ballotage que se preveía ineludible y se dividieron para disputar cada uno por su cuenta el mínimo que permitiera aplazar el aglutinamiento antikirchnerista hasta que llegase el momento de la polarización formal con el FpV.
Massa pretende anticipar todo el trámite con una maniobra que golpea en las líneas de flotación de sus rivales no oficialistas (que tomaron nota y salieron a responder el ataque), ofreciéndose adverso de veras --a diferencia de quienes colaboran con el gobierno nacional en aplacar sufrimientos de victimarios en vez del de las víctimas, en su libreto-- con una postura firme e indiscutida a sus adentros.

Mientras tanto, el kirchnerismo da la pelea de la gobernabilidad cotidiana, si bien no exento de dificultades y tropiezos, con relativo éxito, habiendo triturado hipótesis tremendistas (lo cual fue reconocido por un finísimo cerebro opositor como Carlos Pagni), y poniendo su parte en la construcción de un peronismo que de a poco va solucionando sus debilidades internas y comprendiendo que el camino sucesorio debe encontrarlo unido aún en la diversidad.
Hacia donde está parado hoy día el oficialismo nacional, Massa mismo, con su elección táctica de los últimos días, reconoce mejor no intentar crecer.

Con todo, sería una pena que se pierda la oportunidad de discutir el anteproyecto de Código Penal, habida cuenta que hoy no se cuenta con uno, en medio de una mera, si bien legítima, rosca.
Pero también deja en claro quién es el único verdadero agente transformador en Argentina. 

En cualquier caso, pelea, por ahora, sólo contra su sombra.