lunes, 15 de diciembre de 2014

Kirchnerismo 2015: sin beneficio de inventario

Así como sucede en las últimas semanas con las candidaturas al Parlasur, por cuyo anuncio hubo revuelo en las filas opositoras a propósito de una hipotética lista de unidad para enfrentar una amenaza de postulación de la presidenta CFK, el discurso de la jefa de Estado del último sábado, que tiró a dos bandas sobre la coyuntura del juego político, intenta intervenir lo que será la dinámica del debate por la sucesión 2015. No fue casual que Cristina pusiera en palabras el recorrido del proyecto político inaugurado en 2003 por Néstor Kirchner. No suponía mera recordación histórica: instrumentó conceptualidad para la discusión que nos envolverá durante los próximos meses.

Para empezar, delimitó los contornos según los cuales aspira a que tramite el asunto: esto es, polarización. 
Dividió el territorio a través del programa que enunció, advirtiendo que no existe margen más que para tomarlo o dejarlo, en bloque. Como paquete cerrado. No hay en disponibilidad gran número de variantes, agregó. Recogiendo el ejemplo de las elecciones presidenciales en Brasil de este año en las que fue reelecta Dilma Rousseff, que discurrieron de tal modo. 

Esto impacta de lleno en las líneas de flotación del diputado nacional rejuntador en uso (de facto) de licencia Sergio Massa, quien surgió a la escena nacional sobre la base de un mensaje de pretendida bifrontalidad, que aspiraba a recoger frutos de ambas agendas, la oficialista y la opositora, generando una tercera vía de alternativa electoral. Como a Marina Silva, en su momento muy festejada por el pensamiento massista, esa prédica le angostó espacio de existencia hasta quitarla de la contienda, el propio Massa salió a anunciar que se daba por notificado de la novedad construida por CFK lanzándose a la caza de voto visceralmente antikirchnerista, mediante una declaración en la que copió insultos que Maurizio Macrì había destinado, previo a él, a la causa de los DDHH, a su vez fuerte y centralmente reivindicada por el alegato presidencial.

A Macrì le cuesta menos asumir la agenda gorila. Y, a su vez, los beneficiarios de aquella le retribuyen mejor en confianza.

Por otro lado, esto se entiende hacia adentro del espacio kirchnerista como indicativo de la cosmovisión que deberá guiar, no sólo la campaña del que termine resultando el candidato designado/elegido, sino también su eventual gobierno. Así deben entenderse las alusiones a la flojedad de los sustentos que pueden cosecharse por fuera del dispositivo del Frente para la Victoria para el devenir más allá de 2015. Cristina no será sólo referencia de consulta durante los próximos cuatro años, sino líder en ejercicio de una coalición en aptitud de condicionar. Cuestiones que aquí ya hemos comentado, se trata de poner en valor la capacidad de apoyatura que todos los precandidatos presidenciales del peronismo aspiran a heredar.

Así, entonces, quien quiera que fuere el encargado de portar los estandartes efepeveístas el año que viene deberá asumir íntegramente la agenda de la profundización modélica, descartando corrimientos centristas donde ya abunda oferta.

Por último, Cristina demuestra funcionar en su propia sintonía, desestimando las interferencias con que se intenta dificultar la finalización de su mandato como forma de facilitar una reconfiguración programática profunda luego del recambio presidencial, que además --no es lo mismo-- se lo pretende de ciclo histórico. Las ignora, lisa y llanamente, en su curso de acción.

Demasiado firme sostiene todavía el timón la que, dicen, va de salida y ya no cuenta, pero que no deja de hacerlos bailar.

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