lunes, 22 de diciembre de 2014

Diciembres y diciembres

El neoliberalismo se terminó en el estallido de su propia inviabilidad lógica los días 19 y 20 de diciembre de 2001. Es en el modo de ese epílogo que debe rastrearse la imposibilidad actual de reconstitución electoral de lo que gobernó Argentina, ininterrumpidamente, entre 1976 y De La Rúa (no sólo, sí principalmente).

Para el establishment no se trata simplemente de que finalice el mandato de la presidenta CFK, cosa que inevitablemente sucederá --en términos jurídicos-- el 10 de diciembre de 2015. Pero ese separador institucional no equivale a un ídem políticamente considerado, porque Cristina dejará el gobierno en una situación sensiblemente mejor de la que recibió Néstor Kirchner en mayo de 2003. Y lo traspasará con normalidad. Lo que la hará referencia ineludible durante, por lo menos, otra década más a partir de su egreso del gobierno nacional dentro de 12 meses.

Y es por ello que los ideólogos, ejecutores y beneficiarios del modelo de cuya finalización acaban de cumplirse 13 años necesitan operarla, aún cuando ella ya no tenga reelección disponible. Les hace falta un cierre caótico, que habilitaría mejores condiciones para definir un programa de gobierno en pleno refutatorio del populismo actual. Dicho sencillo: requieren la demostración de la imposibilidad de tramitar una sociedad a través de los formatos definidos por la ortodoxia peronista en funciones, así como el crack aliancista selló el fracaso del mercado como regulador esencial de la vida pública.    

La paz social, así las cosas, debe ser un valor innegociable a la hora de la gobernanza.

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