lunes, 25 de noviembre de 2013

El regreso

Tres son, a nuestro modo de ver, los factores que determinaron el más amplio recambio ministerial que dispuso la presidenta CFK a diez años de inaugurado el actual ciclo político.

No se trata sólo del aspecto cuantitativo: también de los sitios tocados; y, más aún, de los personajes involucrados. Con, obvio, la salida de Guillermo Moreno como emblema del asunto en comentario. El susto que provocó la salud de Cristina Fernández, primero; y el más obvio de todos ellos. A eso debe sumarse, por un lado, la necesidad de homogeneizar el equipo económico en función de los desafíos que imponen a futuro algunas luces amarillas que se advierten en el tablero de los números. Por último, se traduce en el Poder Ejecutivo el escenario organizado por el voto 2013.

Un gabinete de ministros expresa, más/menos, los sustentos en que se apoya un gobierno. En ese orden de ideas, Jorge Capitanich representa el avance relativo del peronismo partidario y gobernante que acompaña a la presidenta de la Nación en la coalición de poder que ella conduce y sintetiza.

Cristina advierte el triunfo de algunos caciques provinciales en las últimas elecciones y, racionalmente, paga en consecuencia.

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Puede pensarse en una resignación ideológica oficialista, si se quiere ignorar los antecedentes de quien nunca ha procedido de esa forma. Por el contrario, se trata de política de la más básica; esto es, tomar nota de lo que, a fin de cuentas, ésta es en mayor medida: relación de fuerzas. En tanto se dialogue con esa realidad, se puede permanecer en escena. De lo contrario, estaremos hablando de cualquier otra cosa.

Luego de las PASO 2011, escribimos que la UCR, pese a contar con importantes espacios de gobierno a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, no figuraba en la competencia grande porque el partido, de modo programado, opta por no contenerlos en cargos internos y candidaturas nacionales, prefiriendo en cambio a tipos sin votos ni anclaje territorial que, en consecuencia, no logran poner a esas estructuras a trabajar a su favor. En la base de esa desinteligencia está la explicación de las fugas de intendentes boinas blancas a campamento massista. Porque, por ejemplo, un tipo que acaba de ganar ampliamente, como Julio Cobos, es relegado por nadie (eso es Mario Negri) en la conducción del bloque de diputados nacionales radicales.

La estampida pejotista, anunciada tras el éxito electoral reciente del Frente Renovador, en cambio, sigue en veremos. Y no casualmente. Las mayorías legislativas del Frente para la Victoria dependían, dependen de una garantía de futuro político que requiere de articularse con la marcha del presente. Y eso se hace involucrando a quienes aspiran, con derecho de taquilla, a 2015, a revalidar sus pergaminos en el día a día del hacer, el nuevo idioma en que se comunica la fauna dirigencial.

A fin de cuentas, la Presidenta no es la sorda y ciega que se cuenta. Y aspira a tener parte en el trámite sucesorio.

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Como bien ha dicho el amigo Ricardo, naufragó en las urnas la idea de bloquear candidaturas ajenas, viene la de construir el camino propio. Ello no implica encerrarse ya mismo en un nombre propio determinado, más bien en la arquitectura del panorama venidero.

Se cuenta, para tal empresa, con la gestión de gobierno. Pero la enfermedad de CFK expuso el límite de la estructuración que ella misma dibujó en 2011, cuando no se vio necesitada de pagar tributos a nadie por su impresionante elección de 54 puntos, pero a la vez se quedó sin material de absorción --dirigentes con relevancia propia específica-- de crisis socio/políticas que, muchas veces, fueron implosiones al interior de su propia tropa (con Moyano y Massa como ejemplos por excelencia de esa debilidad). Al mismo tiempo, debió multiplicarse en la tarea para activar a un elenco de asesores que difícilmente podía andar sin la intervención de su conductora.

En adelante, se impone otra forma de guiar la maquinaria hacia idéntico rumbo, quizás por rutas diversas y variando velocidades.

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Otra metáfora auxiliará, creemos, mejor al entendimiento de las modificaciones decididas por la Presidenta. Imagine el lector un asado: ella seguirá siendo la que define si se come a punto, jugoso o bien cocido. Los ministros son los parrilleros encargados. Algunos de ellos, sólo necesitan que se les diga cómo se quiere cada corte y ya saben qué hacer. Cuánta brasa meterle, cuándo y cómo agregarle, a qué altura va la parrilla, y demás. Sin que les tengan que andar encima. Eso son Capitanich y Axel Kicillof. O, por ejemplo, Florencio Randazzo: ya tenía orden de qué hacer con los concesionarios de ferrocarriles cuando verificase incumplimientos. Una vez que los constató, fue y actuó; no hacía falta más.

Otros, como Juan Manuel Abal Medina o Hernán Lorenzino, requerían más de estar preguntándole seguido a Cristina: si agregar o no carbón, si ya era hora de darlo vuelta, cuánta sal meterle, etc. O de, directamente, esperar a que ella les indicara que un pedazo se les estaba arrebatando. Además, hace falta que los parrilleros sepan explicar, para contener, a los comensales, que exigen velocidad en servir la comida, y que ésta encima salga en el punto que desean. Lo cual no siempre es posible en tiempo y forma requeridos. El que haya entendido esta imagen, comprenderá también por qué Cristina hizo estos últimos movimientos. Fundamentalmente, aunque es el que más duele a la víscera sentimental de quienes la acompañamos, el de Moreno. 

Si el mensaje de 27 de octubre último fue el reclamo de eficiencia, bien vale que tenga chances de ascender el cerebro de prodigios como el plan Pro.Cre.Ar o las reestatizaciones de YPF y AA.AA.

El polémico ex secretario de Comercio Interior, en cambio, será recordado por su lealtad entusiasta e inconmovible, su laboriosidad incansable y su honestidad. Y por su buena leche ideológica: jamás Moreno exploró soluciones a partir del sacrificio de los bolsillos populares. No siguió la senda de Ricardo López Murphy, a quien apenas llegó al Ministerio de Economía no se le ocurrió mejor cosa que hacer pagar a la educación pública la cuenta de la fiesta regresiva. Una constante en 20 años de democracia hasta el arribo de Néstor Kirchner a la presidencia de la Nación.

Todo eso le valdrá un reconocimiento de mayor justicia cuando el tiempo haga reflexionar mejor a los ánimos. Pero hoy no se puede perder de vista que (se insiste, sin proponerselo) Moreno muchas veces acabó perjudicando a las bases sociales que quiso defender, porque erró en las instrumentaciones.  

Durante la campaña de este año dijimos más de una vez que no se vive de buenas intenciones: y no puede uno no aplicarse el axioma a sí mismo, por duro que resulte.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Cambio de pantalla

El buen kirchnerista es el que no puede con su propio genio. Así que, aunque había dispuesto un receso temporal del blog, retomo, sólo para decir una cosita más sobre el cacerolazo de ayer. Finalmente, fue un fracaso rotundo. Acá nos preguntábamos si políticamente no cabía indagar en el posible agotamiento de ese legítimo mecanismo de protesta. Efectivamente, el recurso a la acción directa ha perdido el enorme poder de fuego que exhibiera hace apenas un año. Carlos Pagni escribió sobre el primer 8N que si existiera un líder que hablase a los manifestantes, aquello no habría existido. Es decir, faltaba la representatividad del descontento.

La política, gustos al margen, ha canalizado ese déficit, inaugurado en los casi 38 puntos de distancia con que la presidenta CFK venciera hace dos años. Por ende, la ebullición ha cesado, y el partido cambia de cancha. Todo esto marca, quizá, dos cosas: los contornos del programa de los vencedores del 27 de octubre, por un lado; y la constatación de que un sistema político requiere de opciones con viabilidad seria, por el otro.

El reverso de victorias tan alegres y contundentes como la de 2011 fue la deriva cacerolera, inconveniente, y que por suerte ha mutado, si bien no de modo que agrade a quien esto escribe. Ni los triunfos ni las derrotas son, entonces, tanto como lo que parecen decir de entrada. El tiempo es lo que los ubica conceptualmente.

La democracia republicana sentencia sin atender a nuestras urgencias de coyuntura.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cacerolazos: lo que fue de un año a hoy

Había decidido, previo a las elecciones, que luego de comentarlas tomaría un descanso de los posteos. Alejarse de los sucesos para comprender mejor lo que viene. Además, un tiempito, hasta la asunción de los diputados electos, siempre hay en el que pasa nada. Ideal para, entonces, decir ídem. La realidad en Argentina es tan dinámica que, finalmente, ni 48 horas habían pasado desde el mazazo que nos vimos obligados, por razones de dominio público, a seguir en el ruedo unos días más.
                           
Mañana habrá otro cacerolazo, a doce meses del que pasó a la historia como 8N. El proceso social que tuvo origen allí, escribimos, desembocó en el escenario que organizó el voto de hace 10 días.

El juego democrático ahora contiene formalmente a la cosmovisión que sustentó y motivó el caceroleo. Eso reconfigura los modos de tramitación de los conflictos, porque ciertas demandas que se sentían insatisfechas ahora han encontrado medios de canalización institucional. No parece ser que compartan esa lectura los promotores de la movida, que esta vez se anuncia contra los tres poderes del Estado (nace del fallo de Corte contra Clarín por la ley de medios). Insistirán en idénticas tácticas.

Siempre fue una perogrullada discutir el derecho a reclamar así; ahora, también. Es lícito, en cambio, cuestionar la validez de reincidir en el método sólo porque tampoco luego de lo que inicialmente esos sectores consideraron un triunfo en las urnas se está a gusto.

En cualquier caso, será cuestión de costos y beneficios. Política, en definitiva. Siempre lo fue. Pese a que la repudien.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La adecuación de Clarín

Clarín presentó una propuesta para su adecuación a la ley audiovisual ante la AFSCA. Deberá ser analizada, y a partir de ella se pueden abrir muchos nuevos laberintos. Jurídicos, políticos y otros. Ya hay quienes, en la perpetua e inexplicable obstinación por reinventar escenarios a la izquierda aún del castrismo que los impulsa, con desprecio del impacto que en la realidad eso pueda tener, acusan pactos espurios entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín por debajo de la mesa, que nos dejaría a todos los que defendemos esta ley como verdaderos imbéciles.

Que se curtan consigo mismos los que tienen la necesidad de jugar el papel de iluminados y agredir a los demás. No es la primera vez que agitan esa posibilidad. Ya no sucedió, pero insisten lo mismo. Igual, no es el punto: otros creemos que ciertas cuestiones, en determinado momento, escapan de la voluntad originaria de sus ejecutores. Se les independizan.

La ley audiovisual es un capítulo destacado en la historia de las luchas políticas del campo popular en Argentina. Al margen de su letra y de su futura aplicación, eso ya no cambia. El impacto trasciende el universo de aplicación del articulado. Clarín tuvo que ponerse a Derecho. Algo tan sencillo como debería resultar eso, la igualdad ante la ley, por inusual, ha adquirido estatuto revolucionario en Argentina. Demencial, claro; pero así tocó.

Mucho pueblo ha acumulado méritos en la pelea por torcer una correlación de fuerzas (muy) adversa. La capitalización de esa gimnasia reivindicativa es cosa juzgada. Queda a futuro, si se la sabe reactualizar.

No habrá testaferro que pueda con eso.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Cuando no hay sentencia que venga bien

No les bastaron en 12 años los votos obtenidos en elecciones presidenciales. Con Néstor Kirchner, porque no pudo revalidar en un balotaje el famoso 22,24% con que secundó a Carlos Menem en la primera vuelta de 2003. Con Cristina Fernández, primero por la pavada --peligrosísima como terminó resultando-- de la “legitimidad segmentada”; y luego, porque el 54,11% que la consagró en 2011 era, en realidad, demasiado poder. Lo cual invalidaría su triunfo. Dos años después, parece que un 32,64% de los votos tampoco satisface.

No les bastan las leyes que sanciona el Congreso de la Nación. Porque han dispuesto --en base sepa Dios a qué criterio-- que el hecho --normal en cualquier sistema democrático del mundo moderno-- de la existencia de bloques legislativos oficialistas alineados al gobierno con que comparten proyecto político implica una disfuncionalidad institucional. Y a eso, encima, lo llaman, en el colmo del irrespeto, escribanía. Pese a que cuando uno estudia el relevamiento de las leyes de países del, así denominado, primer mundo, se encuentra con que prácticamente la totalidad de ellas nacen de proyectos del respectivo poder ejecutivo en cada caso.

Dicen que por más que una ley haya sido sancionada bajo todas las formalidades de la legalidad vigente, a cualquiera que se sienta afectado por ella le asiste el derecho de discutir ese asunto en los tribunales. Como si hiciera falta, para que una perogrullada de semejante calibre sea cierta, que lo afirmen ellos. Ahora que también han perdido en ese territorio, resulta que tampoco vale. Y el que, hasta hace pocos meses nomas, era considerado el garante último de la vigencia de la democracia republicana, ha devenido en delincuente común sólo a partir del comentario liviano de una maniática desquiciada cualquiera con escasísimo rango de representatividad.

Los datos, desprovistos de cualquier procesamiento analítico subjetivo, hablan de un sistema institucional, medido en relación a lo que se consideran parámetros ideales en la materia, bastante sólido. Si agotadas todas las instancias del mismo el descontento continua, y encima adquiere rasgos violentos, quizá cabría preguntarse si los que están levantados contra el Estado de Derecho no son quienes en cambio venden profesar un culto cuasi religioso de sujeción a sus términos dispositivos.

Hagamos el esfuerzo de no desconfiar de nadie. A lo mejor no tenían idea del verdadero significado de la ley (no de la 26.522, de Servicios de Comunicación Audiovisual; sino en general). Bienvenidos a ella, pues. Es esto.

Tienen, obvio, la chance de modificarla si nos les agrada. Pese a que tal cosa les molesta cuando viene impulsada desde el campo popular. Marcelo Leiras afirmó en Le Monde Diplomatique que “el primer síntoma de la madurez de los partidos argentinos fue la disposición a aceptar los resultados de las elecciones aún cuando fueran adversos”. Hablaba de los ’80. Ahora no nos referimos solo a comicios, pero vale la cita, enseña, como guía de conducta. Cuestiones, códigos que se han perdido.

Mientras dure lo actual, sería conveniente que la corten con eso de romper todo cuando pierden.   

viernes, 1 de noviembre de 2013

La derrota del guapo de barrio

El doctor Gustavo Arballo, con su excelente comentario al fallo definitivo de Corte Suprema en la causa que planteó Clarín contra la ley de medios, llamó la atención respecto de que el fundamento del decisorio estaba más cerca de las deficiencias probatorias del multimedios que de los argumentos que a favor de la 26.522 esgrimen sus defensores cuando y donde tienen oportunidad de hacerlo. La Corte, por resumirlo de modo sencillo, dijo que más que un triunfo del Estado nacional se trató de una derrota de Clarín, que es a quien correspondía llevar la carga del caso que acaba de finalizar.

Esa forma de clausurar el asunto revela mucho acerca de lo que aquí terminó discutiéndose. Que ya de por sí no era libertad de expresión, y no terminó siendo derechos patrimoniales tampoco.

Como bien explica Mariano Grimoldi, el mercado castiga por estas horas el agotamiento de la versión que Clarín históricamente difundió de sí mismo: su capacidad de posarse por encima del Estado de Derecho como estrategia comercial. Que lo llevó a creer que ahora podría vencer judicialmente sin necesidad de argumentar nada; apenas con el sencillo expediente de, metafóricamente hablando, agitar la mayor longitud de su miembro. Como ha venido haciendo desde su fundación en 1945, habida cuenta que, desde entonces, creció casi exclusivamente a expensas de favores gubernamentales.

Ese comportamiento se verificó (y, más: estalló) de modo patente con el baile papelonero que se comieron sus abogados el día de las audiencias públicas que, previo a definir el pleito, convocó el máximo tribunal.

La inteligencia sobre la que cabalga la resolución de este contencioso puede proyectarse a otras dimensiones de la marcha nacional. Es cierto, pues, que la Corte, desafiando la noción meramente caprichosa a través de la que Clarín intentó excepcionarse de la ley, intervino en el clima político actual: no es menor la enseñanza de una sentencia que pondera, siquiera por la negativa, la importancia de vencer en un debate con razones a escasos días del triunfo en las urnas de la pobrísima --considerando la complejidad de la vida pública-- lógica ABL.

Articulaciones y derivaciones simbólicas y culturales, que les llaman.