lunes, 30 de septiembre de 2013

Desconectar la igualdad

En la vida, y en política mucho más, uno puede, perfectamente, modificar sus posturas. ¿Cómo no? El asunto es qué motiva ese cambio y hacia dónde se lo direcciona.

Sergio Massa, desde que se hizo candidato a diputado nacional mutando de kirchnerista a opositor, ha iniciado un giro de corte regresivo en sus posicionamientos políticos. El último de los cuales ha sido la crítica que dedicó al programa de entrega gratuita de Netbooks por parte del Estado a alumnos de escuelas primarias y secundarias de todo el país (Conectar Igualdad). Bajo el disfraz de, en realidad, repudiar que se lo financie con "fondos de ANSES", expresión poco precisa, académicamente hablando --algo que el jefe del Frente Renovador sabe bien: fue director del organismo previsional y jefe de Gabinete del kirchnerismo cuando la estatización jubilatoria--.

Bastaría, para contestarle, decir simplemente que Massa mintió: porque Conectar Igualdad se sostiene en aportes del Tesoro Nacional y no en ninguno de los fondos que gerencia ANSES, organismo que en el caso en cuestión hace sencillamente la logística del trámite. Lo cual, de por sí, habla a las claras de las calidades ejecutivas del que se presenta como el campeón de la gestión y el hacer; máxime siendo que se trata de alguien que ha participado de capítulos de esta iniciativa. Sin embargo, se le escapó un detalle que requería de algo tan sencillo como leer el decreto 459/10 que instituyó el reparto de computadoras. Así y todo, pifió (¿pifió? ¿o, más bien, "pifió"?). Las ventajas de ser el caballo del comisario mediático: que no te escruten la palabra con lupa. 

Pero vale la pena darle una vuelta adicional a lo que subyace detrás de la queja infundada del intendente de Tigre como pronóstico de acción de gobierno.

Conectar Igualdad, se insiste entonces, no se cubre con las rentas que generan las inversiones que ejecuta ANSES a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), la masa de recursos que recuperara el Estado con la nacionalización de 2008. Dinero que habían aportado los antiguos afiliados al régimen de AFJP --que lo administraban en la timba financiera--. Ésa, se ha dicho hasta el hartazgo ya, no es, pues, “plata de los jubilados”, cuyos haberes mensuales se sustentan a través del descuento al salario de los trabajadores activos actuales y no del stock antes descripto.

Horas antes de las PASO, Massa ya había deslizado, llevado que fue a rendir examen de disciplinamiento ante destacadísimos ejemplares del establishment, que el sistema previsional podría, él en el gobierno mediante, explorar nuevamente territorios de la economía privada.

Que, a estos respectos, equivale, más específicamente, a hablar de los bancos.

El futuro, de esta forma, significa el retorno a una economía que deje de pensar sus excedentes en función de la rentabilidad social para derivarlos al desarrollo de la financierización. Lo que más bien tiene olor a pasado. Uno demasiado fresco: abrir segmentos de los negocios públicos a la intervención en el gobierno de ellos a las decisiones mercantiles particulares organizadas según la epistemología que dibujan oferta y demanda desatadas a su libre albedrío.

Después de todo, se trata de mantener lo malo y corregir lo bueno. ¿No era así, acaso







(Cambia, todo cambia. Massa, cuando elogiaba, hace muy poquito, 
en 2010, el programa Conectar Igualdad)

jueves, 26 de septiembre de 2013

La sutil diferencia entre un arquitecto y un albañil

En su columna de opinión del lunes último en La Nación, Carlos Pagni dibujó un concepto similar al que organizara nuestro último post, claro --nunca está de más advertirlo-- que con una valoración distinta de la aquí sostenida al respecto.

Dijo, el analista calvo, lo siguiente: “Sería incorrecto, sin embargo, atribuir la evolución del actual proceso electoral a los aciertos o los errores de las campañas. Massa es el beneficiario de una situación objetiva difícil de corregir. Con mayor o menor lucidez, está parado sobre dos males que el Gobierno no puede solucionar en el corto plazo: la inseguridad y la inflación. Consciente de esa ventaja, se presenta como un político interesado en resolver problemas tangibles. (...)” (Destacado nuestro).

Decíamos nosotros: “Se trata de relativizar el impacto de la derrota oficialista a través de la promesa de ‘conservar lo bueno’. (…) juzgamos inocuo el compromiso, sea discursivo o de otro tipo, que puedan decir ofrecer los adversarios del kirchnerismo, pues son en todos los casos depositarios de un clima de época en cuya construcción no han participado. Refutatorio de la experiencia kirchnerista, vale decir. Esa correlación de fuerzas determina la incapacidad de explorar fronteras afuera del conflicto que de modo dominante organiza la disputa política argentina actual: kirchnerismo, sí o no. (...)” (Misma aclaración que párrafo anterior).

Interesa, aquí, fundamentalmente, que ambos destacamos como determinante que Sergio Massa ha estado ausente en el proceso de construcción del disyuntiva central de la hora.

A confesión de partes, relevo de pruebas: Omar Bojos, referente massista, sostiene que “Argentina había experimentado cambios en lo económico en los últimos 20 años que debían, en algún momento, empezar a reflejarse en la estructura política”. 

Massa, pues, apenas se ha insertado en un esquema edificado previamente, y al que sólo le faltaba la coronación de una candidatura taquillera. En ese marco, pues, sus posibilidades de gobernar, lo cual supone --como ya dijéramos acá-- la construcción de las variables que van a organizar los movimientos (propios y ajenos), se reducen; y se deriva en la mera administración de un programa de arquitectura ajena, es decir, se opera sobre lo dado. A menos, vale reiterarnos arribados a esta instancia, que decidiera, Massa en este caso --bien podría ser cualquier otro--, luego, quebrar esos topes para ganar márgenes de maniobra. Y el debate entonces pasará a ser el de sus apoyaturas a tales fines. 

Por ahora al menos, la definición de su espacio pasa por constituir la refutación del ciclo histórico en curso. Habida cuenta que esto último no supera todavía el rango de hipótesis, más útil resulta inquirir en lo que podría deparar, proyectivamente hablando, un poskirchnerismo.

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El amigo Ricardo, responsable del ineludible blog Los Huevos y Las Ideas, entiende que no será posible una antítesis del trazo grueso de la década kirchnerista: “(…) la política económica K no llevará a la economía argentina a implosionar. Justamente eso permitirá que muchas de sus bondades (y algunas de sus taras, por supuesto) sobrevivan más allá de 2015 (…)”. Pero en el mismo post sostiene que, en cambio, puede esperarse “un periodo para descomprimir tensiones generadas por el kirchnerismo”. Por nuestra parte, notamos entre ambas afirmaciones, una contradicción.

Veamos: ¿qué se entiende por “tensiones"? Buscaremos, a tal efecto, el apoyo, siempre recomendable, de Mariano Grimoldi. El editor de Yendo a Menos opina que por fin de ciclo debe entenderse el “final del proceso de irrupción de nuevos actores con ánimo de disputa en el seno de las facciones dominantes del capital, al reordenamiento de los flujos que el kirchnerismo revolvió para histeria de quienes acusan al proceso político abierto en 2003 de haber sido puro relato”. 

Y detalla, más adelante: “Puesta en caja del gasto público, reordenamiento de los subsidios cruzados para volverlos al plano de invisibilidad que les otorga el orden jurídico (…) corrección de desfasajes en ciertos precios como las tarifas de servicios públicos, moderación de las expectativas en materia de ingresos, y mayor previsibilidad en materia monetaria con tasas de interés que equilibren los agregados, de manera tal que se pueda operar una devaluación del tipo de cambio (sin ingresar en una espiralización inflacionaria) que signifique la transferencia de ingresos a lo Hood Robin que reponga una situación anterior a la dada por la ‘inexistente’ modificación de la estructura de apropiación de la renta social que supuso esta década.” 

Y si no coincidimos con Ricardo se debe a que consideramos la posibilidad del ‘ismo’ de este período a partir de que se ha tratado de la representación política de intereses de un determinado sector social. Que ahora va en camino a ser el pato de la boda. Porque resulta contradictorio con las necesidades de quienes han aportado al Frente Renovador, no sólo a consideración del firmante, la oportunidad de ingresar a la escena nacional a partir del gerenciamiento de sus demandas --las que, justamente, motorizan a explorar nuevos rumbos--. Lo que quedará claro a la hora de cumplir los favores y compromisos de campaña.

La noción de representatividad política/institucional se comprende con mayor nitidez cuando se la examina, dicho en forma por demás precaria, de abajo para arriba. Por mucho que se quiera corregir sólo lo malo, prometiendo que lo bueno quedará a salvo, todo tiene su costo.

Gobernar se trata, entonces, de determinar quién lo paga. Ahí queda todo más claro.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La izquierda de la derecha

“Vienen de otras provincias, vienen paraguayos y bolivianos, ¿no? (…) Pero básicamente son de las provincias argentinas. Acá hay barrios enteros de chaqueños, tenemos cuatro barrios extraordinariamente grandes enteramente de tobas (…)" Dijo Hermes Macri. Digo: Mauricio Binner. Perdón: Hermes Binner. Ahí está. No me salía. Es que lo confunden a uno con las coincidencias. Que parecen, apenas, ser sólo semánticas. Y no más que eso. Parecería.

Le dicen, a esto, 'la izquierda'. Le dicen, a Macri, 'la derecha'. Y yo no logro advertir las diferencias sustanciales entre uno y otro. Y eso que no hizo falta indagar en los compromisos del jefe socialista con el programa revolucionario de la Sociedad Rural Argentina y acólitos.

"Como el mundo es redondo se aconseja no situarse a la izquierda de la izquierda, pues, por esa pendiente, el distraído suele quedar de pronto a la derecha.", dijo alguna vez Armando Tejada Gómez.

Tan justas palabras para comentar estas declaraciones de Macri. Digo: de Binner. 

Otra vez me confundí...

lunes, 23 de septiembre de 2013

La sutil distancia entre (decir) querer y poder

Lucas Carrasco escribió varias veces en los últimos tiempos que la derrota del Frente para la Victoria lejos está de constituir un fin de ciclo, pues entiende que buena parte de lo mejor del ideario programático que empuja la presidenta CFK --y que juzga abandonado por ella, lo que motiva su actual encono contra el oficialismo-- es compartido no sólo por Sergio Massa, sino ya por el grueso de la dirigencia y los partidos opositores. Lo llama el triunfo cultural del campo nacional y popular. En una columna en el año 2010, Carlos Pagni decía algo similar, claro que, en vez de festejar --como Carrasco--, chillaba por ello: “Parte del poder de los Kirchner se asienta sobre el consenso precapitalista de una porción relevante de la clase política argentina.”

Se trata de relativizar el impacto de la derrota oficialista a través de la promesa de “conservar lo bueno”. Del lonardismo sui generis. Que ya se sabe cómo termina, como terminó eso cada vez que se intentó.

Por nuestra parte, no creemos en tal análisis. Básicamente, porque juzgamos inocuo el compromiso, sea discursivo o de otro tipo, que puedan decir ofrecer los adversarios del kirchnerismo, pues son en todos los casos depositarios de un clima de época en cuya construcción no han participado. Refutatorio de la experiencia kirchnerista, vale decir. Esa correlación de fuerzas determina la incapacidad de explorar fronteras afuera del conflicto que de modo dominante organiza la disputa política argentina actual: kirchnerismo, sí o no. Es lícito pretender en público que se quiere saltar por encima de esos litigios, pero la realidad lo coloca a uno donde quiere ella y punto.

Al menos inicialmente. Salvo que se tenga la voluntad política de pujar en contrario: Kirchner, por caso, lo hizo.

Como bien dijera Mariano Grimoldi, “En las condiciones actuales (…) la neutralidad no existe. Y la superación tampoco. (…) La guerra entre los bloques de poder sólo termina con la disolución más o menos total de uno de esos bloques de poder, con la conformación de una nueva correlación de fuerzas. La síntesis dialéctica sólo es posible en ese escenario. Y el que pretenda surgir como el garante de la síntesis, lo hará impulsado por uno de los bandos en pugna.”

Conforme avanzó la campaña, y a posteriori de las PASO, fue quedando claro que los dueños del poder real no tienen ninguna intención de otra cosa que no sea una vuelta a fojas cero. El prekirchnerismo, se diría. Pasando todo lo actual a rango de fallido histórico.

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En cierto sentido, que el Frente Renovador deposite sus energías más en el encono que verbalizan contra Daniel Scioli que en la propia Cristina Fernández, vendría a aportar elementos que sustenten nuestras conclusiones del primer tramo del post.

Confirmada la extinción de la hipótesis de continuidad de CFK más allá del 10 de diciembre de 2015, nadie duda de que se abrirán para Scioli muchas oportunidades de capturar la estructura en que hoy se sustenta el kirchnerismo para intentar su camino en el nuevo escenario que, cuidado, no se define de la nada a partir del 28 de octubre próximo sino que habrá que construirlo. Si el gobernador de la provincia de Buenos Aires pretende intervenir en ese marco a través de un armado que contemple mucho de la dinámica actual del Frente para la Victoria, y por ende con un programa condicionado según tales topes, por mucho que con él en particular no constituya un elemento crítico, deberá afrontar intentos de veto.

Dicho sencillo: a nadie pueden caber dudas de la falta de audacia del ex motonauta para con un programa de transformaciones, de lo que se trata en cambio es de liquidar la posibilidad de extensión de la capacidad del kirchnerismo de influenciar en la política nacional. Y por ende, de cualquier variable que pueda contener o expresar institucionalmente siquiera lo que puedan ser restos del actual programa de gobierno. La expresión fin de ciclo, de tan dominante que se ha vuelto, resulta esclarecedora para establecer el carácter de disfraz del mensaje lonardista.

Queda así al kirchnerismo como tarea para el hogar el examen que corresponde a la determinación de la conveniencia de centralizar sus aspiraciones futuras sólo en la figura de Scioli o si puede además sumar la apertura de nuevas sendas alternativas.

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Para peor, el crack político de 2001 legó una única estructura nacional real que es a su vez adversada por varios liderazgos provinciales incapaces de trascender esas limitaciones. La curiosidad sobre la cual circula este trámite es la de espacios estancos, y recíprocamente incapaces de penetrarse. Ello conlleva el riesgo de que 2015 elabore un gobierno nacional con poca fuerza institucional, sobre todo parlamentaria; que, necesitado de negociar en demasía para poder funcionar, suponga un freno en seco en las operaciones de poder sobre la escena del statu quo.

Conviene recordar que la Unión Cívica Radical gobierna hoy apenas en Corrientes y que el PRO está, recién ahora, a seis años de asumido Maurizio Macrì en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cerca de sumar sus primeros senadores nacionales. No casualmente algunas voces, digamos, autorizadas del massismo bloguero comenzaron a enunciar la hipótesis de un gobierno de coalición para dentro de dos años y nostalgias por cierto consenso bipartidista que caracterizara los primeros veinte años post dictatoriales.

No se vive, en definitiva, sólo de buenas intenciones.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La sangre y el tiempo

El gesto de paz del general Perón mientras se desarrollaba el golpe gorila de 1955, renunciar para evitar el derramamiento de sangre amenazado por el Ejército --prometían bombardear la destilería de YPF en La Plata--, la histórica decisión en la disyuntiva entre la sangre y el tiempo --según lo resumiera él mismo--, donde eligió evitar el sacrificio de vidas obreras a cambio de su continuidad en el gobierno nacional, aunque eso a la larga trajo asesinatos lo mismo --algo sobre lo que no se podía discernir en medio de la asonada--, constituyó uno de los hechos políticos de mayor nobleza en nuestra historia.

Perón apostó entonces a la política, con racionalidad de hombre de Estado en las circunstancias del caso. Privilegiando a la ciudadanía como eje central de su accionar. Salvando las enormes distancias con que corresponde matizar la comparación, fue algo similar a lo que hizo el comandante Hugo Chávez cuando intentaron derrocarlo de la presidencia de Venezuela en 2002. Felizmente, en aquel caso, para Venezuela tanto como para la región, con final exitoso inmediato.

Milcíades Peña, historiador y político trotskista, cuando se inició la acción militar, crítico furioso del peronismo y todo como era, pidió armas en la CGT para aportar a la defensa del gobierno con que era tan duro. Porque, contaría luego, más allá de sus diferencias con Perón, no tenía dudas respecto de que lo que lo adversaba y se venía era peor para aquellos cuya vida dedicó (Peña) a defender. Dicho sencillo: captó dónde estaban las contradicciones políticas esenciales. Es decir, en la dicotomía peronismo/antiperonismo. No había, no hubo, sin embargo, armas para los trabajadores. Lo que motivó que se enojara aún peor con el tres veces presidente de la Nación --con razón o no, juzgará cada cual--.

La distancia que separa a un estadista, que produce cambios concretos en la realidad de los pueblos, de un idealista, que son necesarios y valorables pero no superan el rango del horizonte intangible.

Merece Perón una reivindicación por todo aquello.

Bien, pues, por la presidenta CFK, que lo ha destacado hace instantes. Ha sido, hasta acá, lo mejor que se pudo extraer de los reportajes que le ha hecho Hernán Brienza a la primera mandataria, a nuestro criterio.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Lo que cuenta la soledad de Clarín

Tengo en mi biblioteca cuatro libros que tratan sobre el Grupo Clarín. La Noble Ernestina, de Pablo Llonto; Diario de guerra. Clarín, el gran engaño argentino, de Claudio Díaz; Pecado original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, de Graciela Mochkofsky; y Clarín, el gran diario Argentino. Una historia, de Martín Sivak, según orden de aparición a la venta. Que pueden ser agrupados de distintas formas.

Dos de ellos, además de estar muy bien escritos, son rigurosos, metódicos y están sustentados en profusa documentación (el de Llonto y el de Sivak --que es una verdadera joya, la única del cuarteto--); otro, el de Mochkofsky, es bastante flojo tanto a nivel redacción como en cuanto hace a soportes; y el restante (Díaz) es apenas un panfleto insultoso: se comprende por la situación personal del autor al momento de concebir el texto y por la forma en que fue corrido de su puesto en el diario. Pero, aunque va de suyo que este comentarista comparte la esencia del mensaje que transmite, en honor a la verdad, lo cierto es que no daba para libro.

Tanto el de Pablo Llonto como el de Martín Sivak se iniciaron antes de estallar la pelea entre los Kirchner y Magnetto y compañía (el primero, por completo, aunque una edición posterior incluyó un capítulo extra sobre la batalla que se inició en concomitancia con el “conflicto con ‘el campo’”; el segundo, se desarrollaba cuando alumbró el litigio). El de Claudio Díaz y el de Graciela Mochkofsky, en cambio, empezaron y terminaron en pleno apogeo del asunto.

Llonto y Díaz ejercieron su oficio en Clarín, y ambos finalizaron sus vínculos de modo conflictivo (el también abogado, con motivo de su actuación gremial representativa; el militante peronista, a causa de su opinión sobre la postura editorial de sus patrones frente a la reacción agraria contra el Estado por las retenciones móviles a la soja). Sivak y Mochkofsky, en cambio, desarrollaron sus respectivas carreras por entero fuera del conglomerado empresarial con posición dominante en el mercado multimediático.

Pero hay, con todo, un detalle de mayor interés que cualquier otro de los hasta aquí anotados, a nuestro criterio.

La mitad del póker (Llonto y Díaz) son especialmente condenatorios del rol que ha ocupado el autodenominado "gran diario argentino" como actor socio-político en la historia argentina; los restantes, por su parte, logran con bastante éxito equidistancia e imparcialidad respecto del objeto de estudio en cuestión --lo que corresponde muy especialmente reconocer acá, dado nuestro escepticismo acerca de la posibilidad misma de existencia real de tal cosa (la neutralidad)--.

Y pendiendo de esto último, pues, circula lo que por lejos nos resulta lo más llamativo.

No es para nada menor que en un país en que la mirada desconfiada y enojosa para con la política es de rango cuantitativamente crítico, y que cuenta con un considerable y consolidado sector de clase media --no sólo por ingresos: sino y fundamentalmente cultural--, por tanto sensible a temáticas como la libertad de expresión --aún cuando no hay quien en su sano juicio pueda creer que esto es lo que se discute hoy día, ni los propios abogados de Clarín--,  en medio de una puja que ha escalado a niveles nunca antes vistos entre un gobierno nacional y el holding por posiciones de poder --otro ítem (el poder) que genera tirria en amplias franjas sociales--, nadie que no esté vinculado laboral o comercialmente en la actualidad a la empresa impugnada salga a decir que es ésta la que tiene razón.

Algo que también se pudo observar durante las audiencias públicas que convocó la Corte Suprema de Justicia como último trámite previo al dictado de la sentencia que hay pendiente sobre la causa que inició Magnetto contra la constitucionalidad de la ley audiovisual, en la que sólo hablaron a favor de la actora quienes tienen alguna ligazón dineraria con ella. Esto sí es probable que se pueda apuntar en el haber del kirchnerismo como triunfo cultural, tanto que se clama por uno de ellos --a nuestro juicio con exceso-- desde los sectores no peronistas del espacio que conduce la presidenta CFK.

Alejandro Horowicz suele decir que el primer peronismo cayó por su “incapacidad de dar batalla fuera del hemiciclo parlamentario”. Ahora da la sensación, respecto del disciplinamiento de Clarín, de ser distinto. Resta ver si la Corte Suprema comparte y recoge esta tesis.  

martes, 17 de septiembre de 2013

Apuntes correntinos

Como toda elección provincial, la de Corrientes del domingo último se jugó sobre el territorio de una dialéctica entre las especificidades locales y el impacto nacional que, a la vez, implica. Una tensión que varía en proporciones según el caso, esta vez puede que haya pesado lo segundo más de lo habitual. Por el clima político de la hora actual y por la apuesta de CFK y del peronismo en tal sentido.

Así las cosas, la victoria del radicalismo se inscribe en la tonalidad de época, adversa al kirchnerismo, que se expresó en las PASO hace alrededor de un mes. Y que está en el apogeo de su despliegue. Se podrá luego indagar en las cuestiones exclusivamente correntinas que elaboraron la primacía de Colombi, a tono con la ventaja de los oficialismos provinciales en elecciones ejecutivas verificada desde 2011. Pero, también, ojo, en los matices que corresponden a cualquier episodio de éstos.

Lo que está fuera de cualquier lógica es la proyección que intentó de estos comicios la UCR: a partir de haber logrado la conservación del único gobierno local que cuenta sobre el total de 23 que integran el país --con un triunfo de escasos 5 puntos de diferencia por sobre el segundo--, en una provincia cuyo padrón representa el 2,42% del total argentino, de la mano de un dirigente que supo coquetear con el kirchnerismo y que encabeza una alianza distrital bastante amplia y heterogénea, dicen estar en condiciones de pelear la presidencia de la Nación en 2015.

No se trata de negar que el radicalismo tenga posibilidades de vencer dentro de dos años. Pero en modo alguno se puede colegir semejante cosa apenas a través del resultado de Corrientes.

Mínimo, voluntarismo. Mínimo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Un ministro de Economía más fuerte

Detrás del pedido por un ministro de Economía “con mayor fortaleza” que realizó hace pocos días el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, subyace la nostalgia por las formas en que se tramitó la política argentina desde 1983 hasta 2003.

Distinto sería discutir sobre las cualidades profesionales de Hernán Lorenzino para el desempeño del cargo que hoy ocupa, y en tal caso desde aquí probablemente estaremos más cerca de Méndez. Pero el jefe de los industriales no eligió circular sobre el eje bueno/malo, sino sobre el nulo peso político propio con que cuenta el actual titular del Palacio de Hacienda, similar al de todos sus antecesores desde que Néstor Kirchner eligió remover de ese lugar al doctor Roberto Lavagna.

Lo que, por cierto --no por obvio deja de ser necesario remarcarlo--, lejos está de ser accidental. Por el contrario, es una de las mejores escenificaciones de las rupturas que ha intentado el kirchnerismo con el ciclo histórico que lo precedió, y que estalló junto con el país en 2001.

Recordemos, Lavagna fue una de las cláusulas que el ex senador a cargo interinamente de la poder ejecutivo nacional entre 2002 y 2003, Eduardo Duhalde, y Néstor Kirchner pactaron en el acuerdo que llevó al segundo a la presidencia de la Nación. Cuando, luego de las elecciones legislativas de mitad de mandato que el Frente para la Victoria atravesó con éxito en 2005, Kirchner validó en las urnas su capital político acumulado de hecho, entonces estuvo en condiciones de reformular los términos de su espacio, y por ende de su gobierno.

Duhalde ocupó el último tramo de la denominada democracia de la derrota, tiempos en que la política, lejos de la ausencia --como equivocadamente pregona la intelectualidad no peronista del oficialismo--, se trataba de, apenas, la instancia de convalidación institucional de decisiones que se elaboraban fronteras afuera de los ámbitos formales que estipula el Estado de Derecho. Y condujo la transición hasta los tiempos del kirchnerismo, que llegó a poner en crisis ese paradigma sin todavía haber completado la consolidación de un orden nuevo.

El drama del poder, que no lo era, intervenido desde afuera, donde los gobiernos recibían su potestad de acción donada en vez de preocuparse por construirla en la dinámica de la representación ciudadana, se expresaba en elencos ministeriales que permanecían en sus lugares independientemente del color político de las ocasionales administraciones que se sucedían: así, Domingo Cavallo, quien había sido presidente del BCRA durante la última dictadura, fue luego también ministro de Economía de Carlos Menem y luego de Fernando De La Rúa.

Lo que no varió durante más de 25 años fue el plan económico ejecutado, inmutable desde el arribo de José Alfredo Martínez de Hoz a Economía hasta el 20 de diciembre de 2001. La capacidad decisoria era, así, pues, la de sostener el programa, de nefastas consecuencias en lo que a rentabilidad social se refiere, al margen de los vaivenes electorales. Y los ministros, que provenían de distintas vertientes del bloque de clases dominantes --constructor, sustento y beneficiario del continuismo aquí comentado--, operaban el mandato de sujetar cualquier asunto a los dictados de la economía. Y más aún, a la de una que no concebía morigerar, siquiera, los efectos de la dinámica oferta/demanda.

El repaso sobre los hechos de nuestra historia reciente es el mejor auxilio de que podemos echar mano para establecer las significancias que evocó Méndez.

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El massismo es el depositario electoral de la impugnación programática al kirchnerismo que tiñe la hora actual. Quedó claro cuando Sergio Massa fue examinado por los empresarios previo a las PASO: por el reparto de roles (quién estuvo a cargo de la convocatoria y quién de ir al pie) y por las definiciones a que allí se pudo asistir. Mientras los teóricos massistas insisten en disfrazar de lenguaje (pretendidamente) sofisticado, vagas exhortaciones a mirar para adelante, chicanas y ABL lo evidente, cada vez que abre la boca algún representante del establishment se ocupa de dejar sentado que el fin de ciclo está lejos de implicar una mera paranoia oficial irrealizable tanto como de abarcar apenas la extinción constitucional de un mandato presidencial.

Días pasados se leía desde esas huestes que el futuro pasa por la necesidad de garantizar las condiciones necesarias a la inversión privada “con seguridad jurídica  garantizada por un gobierno creíble y confiable para que cierre el acuerdo”. Una melodía que suena conocida y hace juego con los deseos que salieron de la boca de Héctor Méndez. La dinámica del conflicto que necesariamente abrió la irrupción del kirchnerismo para detener la reproducción ineluctable del statu quo se ha llevado puestas de forma irremediable las intenciones de sólo "corregir lo malo, conservando lo bueno".

La política domesticada, y el peronismo resignado más precisamente, asoman dispuestos a poner la mesa del retorno de los dueños del país, que hace poco comenzaron a reclamar su devolución. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Tevez a la Selección

Ahora que parecería que Alejandro Sabella tiene, aparte de abrochada la clasificación, ya también definida casi la totalidad del plantel argentino que disputará el Mundial de fútbol del año que viene, se reavivó la polémica en torno de Carlos Tevez. Ya que, parece, no habrá Cristo que vaya a mover al DT de la Selección Argentina de su decisión de no contar con Apache en la nómina que disputará Brasil 2014.

La versión que de modo dominante se maneja para explicar la decisión del ex DT de Estudiantes de marginar al delantero de Juventus es que, parecería, "el grupo no lo quiere". O más precisamente, Messi y, en menor medida, Agüero, preferirían que siguiese (Tevez) afuera. Esto no debería sorprender a nadie. Pasa seguido. Un tal Diego Maradona también tuvo, cuando futbolista, su lista negra. Bilardo acataba eso: no por subordinación sino para contentar a su as de espadas. Entonces, se perdió el Mundial '86 Ramón Díaz, quedando el equipo con, apenas, Pedro Pasculli y Sergio Almirón para el caso que Valdano no pudiera actuar. Y no pasó nada grave, ello no obstó a que Argentina fuese campeón del mundo.

De todos modos, y sin ánimos de discutir la veracidad del rumor aquí replicado, hay también razones futbolísticas en las que, seguramente, Sabella podrá encontrar mejores argumentaciones para justificar la exclusión de Tevez. Que yo, por cierto, comparto (la decisión y las razones que la inspiran).

Es sencillo: un Mundial es un torneo muy corto para el cual se cuenta con un plantel ídem. De manera que lo inteligente, a la hora de las designaciones, es, entiendo, equiparse con variantes; es decir, que los suplentes tengan características distintas a las de los titulares. Porque, de lo contrario, uno corre el riesgo de quedarse sin herramientas para enfrentar adversidades que puedan variar durante el transcurso del torneo. Tevez es demasiado parecido a Messi y a Agüero: son, los tres, ejemplos de delanteros que arrancan tirándose atrás, cargando la pelota desde tres cuartos de cancha en adelante; y antes de eso, también. Existen, por supuesto, ciertas disimilitudes entre los tres, no existen dos players idénticos.

¿Esto significa que no hay que “llevar a los mejores”? No: simplemente, que, creo, hay privilegiar la posibilidad de contar con alternativas.

¿Resulta entonces que Palacio es mejor que Tevez? En lo que hace Palacio, lo que hizo contra Paraguay, sí. Fue al choque y al barullo todo el tiempo contra los defensores guaraníes, liberando espacios a la explosión, cayendo a los vacíos abiertos por el actual delantero del Inter italiano, de las figuras de Barcelona y de Manchester City. Eso Tevez no lo hace: no puede, no quiere y ya se ha demostrado las veces que compartieron equipo. Carlitos es mejor en otros rubros del juego, claro; incluso, probablemente, seguramente más valiosos en la ecuación general de un equipo que los que puede aportar Palacio. Pero para esos ya están Lío y Kun: y ellos dos sí son muy superiores a Apache, a mi criterio.

¿Esto quiere decir que nos arriesgamos a que si Messi y Agüero se lesionan temprano y no pueden disputar el resto del Mundial quedaríamos sin lo que ellos específicamente aportan? Y… sí. Es así esto. Se trata, también, de correr riesgos. Pero, de igual forma, hay que pensar que si en algún partido lo que ellos dos están haciendo no sirve, y se necesita algo fuera de manual, de lo previsto, menos inteligente sería privarse de ello. En el fútbol, como en la vida, hay que elegir.

No obstante todo, hay que decirlo: no está de más pensar en la armonía grupal. También ocurre que así se haga, y mucho. Que nos vengan a contar a los hinchas de Independiente si convenía o no al futuro de cualquier jugador en la institución caerle bien a Ricardo Bochini: podrían consultar esto con, por ejemplo, Alberto Brailovsky, quien llegó al Rojo proveniente de All Boys a inicios de los ’80 y tuvo que marcharse rápido, tras un paso sin pena ni gloria, porque a Bocha no le simpatizaba: sobre todo, la superposición; se trataba de un ‘9’ que se tiraba muy atrás, del tipo de estos petisos de la actual Selección Nacional que acá estamos comentando.

Igual que su admirador Maradona, Bochini siempre prefirió compañeros de inferior calidad técnica, por cuyos desempeños siempre sacó la cara a base de fútbol del más puro y lujoso que hacía figura de un, por ejemplo, Norberto Outes, alias madera, y con eso está todo dicho.

Esto requiere sencillamente de pensar el fútbol, no como una suma de individualidades, sino como un rompecabezas. Donde el éxito está en encontrar las piezas que mejor encastren entre sí. Ésa es la idea de colectividad que se debe privilegiar.

Y que Sabella lo tenga claro, al menos en lo que a los delanteros se refiere, es alentador.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Poniendo la jeta

En mi último post incurrí en un acto de deshonestidad intelectual. Critiqué allí la táctica de agitar la posibilidad de una segunda reelección de la presidenta CFK sin computar también que yo mismo la había suscripto, varias veces.

En efecto --y vayan, con estas líneas, las disculpas del caso por la omisión--, así fue.

Hecha, entonces, esa aclaración, pertinente e ineludible, resulta no menos apropiado agregar que además postulé siempre la necesidad de acompañar la utilización de la hipótesis re reeleccionista junto con la construcción de un escenario al interior del cual la transición sucesoria resultase favorable a los segmentos que mayor compromiso demuestran al interior del vasto espacio oficialista con el programa inaugurado en 2003.

Y ocurre que al kirchnerismo le faltó esta segunda parte del asunto.

Si bien, y vuelvo aquí a girar en esta especie de zigzagueo argumentativo, tampoco yo entendía que fuese aún tiempo de otorgar pistas sobre la transición. Que, siempre es bueno aclararlo, no equivale a tener ya mismo asegurado el nombre propio de la designación.

El peor de los errores fue, así las cosas, confiar excesivamente en la nada que había por fuera de lo propio. Lo que condujo a un quietismo excesivo y desaconsejable en términos de acción política. Y si bien ese vacío es constatable en cuanto a formalidades partidarias, algo (ojo) que no ha variado con el resultado de las PASO, quedó, sí, fuera de la órbita de las prevenciones la probabilidad de que se registrase una mutación en el clima de época respecto del abrumadoramente favorable sobre el que se deslizó con suavidad la locomotora del triunfo 2011. Para lo cual no hacía, no hace, no hizo falta de acción opositora según los formatos tradicionales conocidos.

Es decir, un nuevo marco situacional que favoreciera las chances de una derrota a manos de cualquiera que tuviese aptitud para, navegando sobre la ola de esa alteración estructural, operar el sencillo expediente de venderse como mejor intérprete de aquello que no dependió de su actuación ni de su voluntad. Y que, por tanto, no controla ni conduce, al menos por el momento, quien apenas juega a rellenar un hueco que genera/n otro/s.

Las condiciones de disputa política, pues, variaron de dos años a esta parte. El massismo advirtió eso, se insertó allí como propuesta de representación mejor que nadie y por tanto venció. Ése es su mayor mérito y capital político en la hora actual. También será el corset de su capacidad de acción a futuro, si no se decide a valerse de las fuerzas que hasta aquí lo impulsaron como en el judo, reconfigurándolas detrás de movimientos de intelección propia.

Pero eso suponiendo que desee abandonar algún día el rol de gerente más calificado del establishment que hoy ostenta. Lo cual es todo menos seguro, según lo visto hasta ahora.  

jueves, 5 de septiembre de 2013

La arquitectura que subyace detrás de algunos sinceramientos

El esfuerzo que hacen las distintas espadas con que cuenta el massismo en la red de blogs para disfrazar de otra cosa lo evidente es admirable. Con una prosa que se pretende sofisticada, pero que a fin de cuentas dice tanta nada como el propio Massa, a la hora de mover las piezas en la cancha grande, sin embargo, emergen los hilos del círculo rojo que organiza los topes del trámite.

El FR es, apenas, el armado de que se valieron quienes elevaron la categoría ‘territorio’ a las cimas del altar en el análisis político.

Y no es que sea un elemento menor la territorialidad, pero la sobrevaloración del mismo pone de relieve a qué rango de insignificancia pretenden limitar la discusión pública. Alejandro Horowicz supo decir que el bloque de clases dominantes argentino tiene para el país un programa apenas de country: vivir de rentas, mejorar servicios y poquito más. Compárese eso con los discursos opositores actuales, y del análisis razonado de las variables se obtendrá el partido que está jugando ese sector de la clase dirigente.

Si no augurara conflictos indeseables para el país, sería gracioso asistir al momento en que Massa se debiera poner a cumplir con la enorme cantidad de contradicciones que ha insistido en alojar al interior de su dispositivo electoral. Nadie con él al mando pagaría, según va prometiendo en diversos mostradores, impuestos. Así se revela, mejor que de cualquier otro modo, el retorno a una política amanuense del establishment que en verdad propone Massa para reemplazar a un kirchnerismo que intentó hacer política con aquél.  

La presidenta CFK corrigió en parte el delirio que suponía la iniciativa del FR en materia de Ganancias, aunque sin dejar de implicar una jugada regresiva en materia fiscal. Pero demostrando que, a fin de cuentas, si en este litigio se trata de comprobar quién gestiona mejor también en ese aspecto ella supera a su ex jefe de gabinete: por el agregado de que ella aportó sustentabilidad al movimiento, estrechando márgenes a la tentación del retorno a los mercados de deuda como método de financiación del gasto corriente, una melodía conocida. Todo vuelve.

Cristina tiene para con el futuro el deber de articular su mejor entendimiento de lo macro con el impacto que eso puede suponer en “la agenda cotidiana de la gente”.

* * *

Cuando a Maurizio Macrì se le escapó que ni él ni Massa gobiernan siquiera sus propios juegos políticos, no hizo más que completar la metáfora que sobre titulares y suplentes había lanzado CFK tres días después de las PASO. Y es bastante evidente que eso suceda si uno aspira a administrar un recetario que no vaya más allá del ABL. Mariano Grimoldi advirtió que la realidad lo pone a uno donde le da la gana, haciendo ilusorio el deseo de saltar por encima de los conflictos estructurales abiertos por los bloques de poder si no se cuenta con las relaciones de fuerza necesarias para torcer esa dinámica, desatada con independencia de voluntades particulares.

El problema político que en esto tuvo el kirchnerismo fue afrontar semejante cuadro sin agitar opciones potables de continuidad en el poder, porque esa finitud marcó el límite de su capacidad para extender las disputas en este punto. Dicho fácil: si el kirchnerismo eligió al menos intercambiar golpes con algo que con razón llama poder permanente, debió advertir lo disfuncional que a propósito resultaba el “Cristina eterna”, en el que ni el FpV creyó jamás.

Todavía está a tiempo de superar ese callejón. Más le/nos valdrá. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Final de juego

Luego de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre la ley de medios --si es que se la convalida--, para hacer operativo el llamado --de manera exagerada-- desguace del Grupo Clarín S.A. hará falta todavía encarar una enorme cantidad de otros trámites que lleven a cabo cada una de las disposiciones previstas en el articulado de la norma en discusión. Que abrirán, además, cada una de ellas, otra numerosa cantidad de oportunidades de impugnación de todos esos asuntos para quienes se sientan afectados por sus derivaciones.

Lo decía el jurista Gustavo Arballo, en un post de su blog, el 25 de septiembre de 2009: los actores grandes del mercado de medios audiovisuales “van a iniciar una guerra de guerrillas contra la Administración, litigando en sede administrativa y luego en sede judicial los mecanismos de transición. Cosa muy complicada, la cirugía bucomaxilofacial de la hidra de mil cabezas va a llevar tiempo y un pallet de anestesias y cautelares. (…) El cronograma y las bazas de esa transición no la puede controlar absolutamente el gobierno, no porque no pueda ser mayoría en la autoridad de aplicación, sino porque hay algo que se llama ‘control judicial’, que va a ser aquí persistentemente requerido y monitoreado, y uno piensa, prestamente ejercido.”

Y concluía: “Esto ocurrirá así con independencia del plazo nominal que use el legislador para ‘apurar’ el proceso” (énfasis del original).

La desinversión de Clarín que ordena la 26.522, entonces, consumirá, hasta agotarse por completo, no sólo todo lo que resta del mandato de la presidenta CFK --que, inexorablemente, finalizará el 10 de diciembre de 2015--, sino, además, más que muy probablemente también el de quien resulte ser elegido para sucederla hasta el año 2019.

Dicho sencillo: no habrá, al menos por largo tiempo, y esto es casi indiscutible, posibilidad de articular aprovechamiento político con la puesta en regla de Clarín. Lo cual, por otro lado, supone una contradicción por parte de quienes enuncian probables peligros a dichos respectos: si se critica al kirchnerismo cuando atribuye sus desventuras a los mensajes mediáticos adversos, resulta, pues, incoherente que, a renglón seguido, se pretenda atemorizar con que se puede llegar a beneficiar (el espacio político conducido por la Presidenta o cualquier otro que la reemplazare) de una hipotética reconfiguración mediática a favor de su prédica. Otro tema, igual. No vale la pena abundar allí.

Así las cosas, la Corte se encuentra en esta instancia frente a la enorme posibilidad de, con el fallo que --parecería-- está a punto de dictar, domesticar a Clarín, liquidando su capacidad de influir en los procesos políticos, sociales, culturales y económicos del país, como lo ha hecho en forma determinante, y sin pausa, desde su fundación en el año 1945, en una acción de Estado con largo aliento a futuro, que salte por encima de la coyuntura política actual, si es que ése (la denominada politiquería) es --como dicen algunos/as-- el problema. Vale la pena, a efectos de verificar lo que aquí se dice, pegarle una leída a los trabajos de Graciela Mochkofsky y Martín Sivak sobre el que el doctor Roberto Noble dijo que era su hijo macho.

“Clarín va a marcar el ritmo de la política nacional”, arriesgó alguna vez Noble a través de Luis Sciutto. Pavada de pronóstico, que cumplió.

No sólo el kirchnerismo ha denunciado a Clarín en ese sentido; sí, en cambio, es el único que se decidió a llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias. Con altísimas probabilidades de legar a las futuras conducciones del país una herramienta que desinfecte de intrusiones extra republicanas sus potestades legales.

Un salto de calidad institucional, que indudablemente será enorme en más de un sentido.

Si los gobiernos deben ser juzgados por lo que dejan como herencia, al menos en este territorio el kirchnerismo habrá contribuido con un aporte gigantesco.