miércoles, 28 de agosto de 2013

Pinocho Massa

El domingo 18 de agosto de 2013 Luis Majul tuvo como invitado en La Cornisa, su programa de America TV, otra vez --ya había estado allí una semana antes del 11 de agosto--, al ganador de las PASO en PBA, el intendente de Tigre Sergio Massa. Y contó, mientras lo presentaba, una anécdota, que involucraría a su agasajado. Dijo Majul que, en 2009, “durante el acto de presentación de la Asignación Universal por Hijo”, Massa, "por entonces jefe de Gabinete de CFK", tenía a su cargo el discurso “posterior a los de la presidenta de la Nación y el ministro de Economía” (1).

Y agregó que, mientras Massa hablaba, "alguien le pasó un papelito que decía que ya terminara, que había dicho suficiente, y que lo demás ya había corrido por cuenta de Cristina". Pero que, ante esa situación, el esposo de Malena Galmarini habría hecho un bollo con el papelito, lo habría tirado al diablo y habría seguido con su alocución. Aclaró, Majul, eso sí, por las dudas, que, rememorando ese episodio, no pretendía "pintar a Massa como un héroe", tal vez porque quedaba demasiado obvio que, efectivamente, buscó tal cosa.

Sean cuales hayan sido las intenciones del autor de El Dueño y Él y Ella, igual, que es aquí lo de menos, es bien difícil que eso que relató haya sucedido. Simple y sencillamente porque cuando se instituyó la Asignación Universal por Hijo, Sergio Massa... ya no era más el jefe de Gabinete del gobierno de Cristina Fernández.

Datos simples y asunto cerrado: la AUH fue sancionada por medio del DNU número 1602/09 del día 29 de octubre de 2009 (2), en tanto que el ahora líder del Frente Renovador fue reemplazado en la Jefatura de Gabinete por Aníbal Fernández casi cuatro meses antes de eso: el 8 de julio del mismo año (3).

Todo modo, con sólo escucha el relato de Majul hubiese bastado: porque a nadie más que a alguien con su rango de imbecilidad es capaz de pararse frente a cámara para decir que, en un acto institucional como el que evocó, al jefe de Gabinete le tocaría turno para hablar luego, y no antes, del presidente de la Nación, presidenta en este caso. Pero es sabido que este tipo de comunicadores apuntan a dar mensajes que planeen sobre el descuido respecto del detalle. Como algún otro papanatas que anda por ahí diciendo que un viaje a Seychelles anunciado en un decreto presidencial puede ostentar carácter de secreto: claro, Doña Rosa no va a fijarse en Internet si existe o no ese documento jurídico. Entonces queda como que, y el daño ya hecho. El resto importa nada (4).

El dueño de la editorial Margen Izquierdo obtuvo el dato del panfleto Massa. El salto del tigre, de reciente aparición. Allí, en la página 101 (capítulo VIII, titulado “La relación con Néstor Kirchner”), Pablo De León escribe lo que Majul luego repitió de forma defectuosa aunque no determinante, porque lo que el texto cuenta es que Massa se habría rebelado en una conferencia de prensa que dio junto a Amado Boudou --por entonces todavía a cargo de ANSeS según el propagandista del protegido de Graciela Camaño de Barrionuevo-- al día siguiente de que CFK anunciase la AUH. Falso, de todas maneras, por lo mismo antes dicho: Boudou, además, para el día en que se decretara la AUH, era ya ministro de Economía.

Vale, a modo de cierre, insistir en una frase que lo dice todo, en este caso dirigida a Luis Majul: se nota mucho, demasiado; no lo hagan tan obvio. Parecería ser que en la ancha avenida del medio hay lugar, ya no sólo para tanto buenos como malos, sino, como se ve, también para mentirosos y operadores.

(De paso, Massa podría haber aclarado esta cuestión, que --suponemos-- sabe de sobra. Pero parece que para posar de gil, lo que le lleva no más que mirar a cámara, es mandado a hacer.)







viernes, 16 de agosto de 2013

Hacer de la crisis oportunidad

"Vísteme despacio, que estoy apurado." 
(Napoleón Bonaparte)

Es cierto lo que dice el amigo Ricardo en el más que recomendable blog Los Huevos y Las Ideas: Sergio Massa propone un desafío doble al kirchnerismo; y que, además --esto ya lo agregamos nosotros para completar el concepto--, corren en dos tiempos distintos.

Uno es de furiosa coyuntura, con --por lo tanto-- efecto inmediato en lo electoral y en términos del día a día, basado en la --así llamada-- gestión concreta (¿qué tenés para ofrecerle a la sociedad?, lo resume el bloguero tucumano). El otro, piensa en el mediano o largo plazo --según cómo sea que vaya a terminar procediendo el trámite--, con despliegue sobre el elemento partidario de lo político (¿qué tenés para ofrecerle al peronismo 2015?, abunda el pensador referido). El éxito de la narrativa que predica el massismo respecto de lo primero en relación a la discusión de las urnas, es decir, esto de que resulta posible una gestión del Estado despejada de conflictividad social, parió la derrota del Frente para la Victoria, que hace pedalear su programa sobre una epistemología radicalmente opuesta.

¿El Frente Renovador logró instalar un nuevo tiempo político desde sus todavía escasas dimensiones o simplemente leyó mejor algo que lo antecede y excede? Importa poco eso ahora: en cualquier caso que fuere, empatiza mejor con los vientos que soplan ahorita, y así entonces su triunfo sencillamente decanta. Ya lo dijimos el lunes.

Ahora bien: es conveniente no almorzarse la cena. Ojo, pues: porque la viabilidad del segundo trozo de la apuesta massista se sostiene en los cimientos que le pueda aportar la continuidad del éxito en el primero.  

Para 2015 faltan dos años aún. Una vida entera, para lo que aquí se acostumbra, en lo que tiene que ver con discusiones de poder. Y Sergio Massa se marcha ahora a revistar como uno más entre 257 diputados. Mientras tanto, la presidenta CFK continuará a cargo del gobierno nacional. Y también los gobernadores con pretensiones de dar el salto hacia las grandes ligas. Dependerán de la capacidad que puedan demostrar para sintonizar con una tonalidad distinta. Hay necesidades recíprocas, con todo, que generan el marco de oportunidad necesario para articular el sustento que hará falta para plantarse frente a las embestidas que presumiblemente pueden esperarse a partir de diciembre desde el Congreso de la Nación.

Y no son pocos, así las cosas, los recursos a que pueden echar a mano los perdidosos en las PASO para, si se deciden a actuar a fondo frente a la derrota --y esto supone incluir en la ecuación las demandas que se sienten irrepresentadas por el kirchnerismo y buscan nuevos patrocinantes--, reducir a los triunfadores a la irrelevancia que su porcentual de representatividad en la Cámara de Diputados indica en términos matemáticos absolutos: hay por delante la tarea de traducir esa superioridad numérica en la que importa, que es la de la política. Encima, al Frente Renovador le llegará pronto la hora de cumplir con la fortísima heterogeneidad que lo integra. Y de domesticar las pulsiones ajenas que intentarán conducirle la estrategia a contramano de las recetas que hasta ahora le resultaron, de amor y paz.

Andres Malamud cita al politólogo Ernesto Calvo para, justamente, aventurar que la cuestión durante los dos años que vienen pasará por el bloqueo de candidaturas adversas que hipotéticamente puedan emerger que por la construcción de las propias.

Algo de eso, no todo, habrá. Creemos.

Para Cristina Fernández el desafío pasa por recuperar la memoria del tiempo en que jugó con las reglas de sus rivales y levantó un muerto de dimensiones, a priori, mucho más significativas que las del que por estas horas lo amenaza. Al menos en lo que la formalidad institucional indica. Si se decide a tomar nota de que está transitando ahora en aguas hostiles, y a cambiar frente a tal cuadro los remos con que navega, puede tranquilizar a su tripulación y ponerla a trabajar para que, juntos, intenten evitar un naufragio que los amenaza a todos.

Por ahora, una vez más resulta, bajo determinadas condiciones, arriesgado en extremo pronosticar el fin del kirchnerismo. Si el kirchnerismo quiere que así sea, claro.

lunes, 12 de agosto de 2013

F5: el gatillo de un abismo que asoma peligrosamente

La página Web que el Ministerio del Interior diseñó para el seguimiento de los resultados de las PASO legislativas de ayer contiene un simulador que cuenta la cantidad de bancas con que quedaría cada fuerza en competencia de repetirse esos resultados en el partido por los puntos, en octubre. Y se hizo adictivo, compulsivo, conforme el correr de los minutos y las horas agregaban nuevos cuchillazos a las ilusiones a lo largo y a lo ancho del tablero de provincias, actualizar esa calculadora parlamentaria para ver cómo se podía salvar algo de todo lo que al final se terminaría cediendo, tras ya iniciar una campaña módica en aspiraciones considerando desde dónde se venía.

Fue, así, una noche típica de derrota peronista, por los ingredientes que la aderezaron, comenzando por el clásico depósito de las últimas expectativas que a uno le van quedando en que, quizás, estuviese demorada la carga de los resultados de la tercera: en especial, por supuesto, de La Matanza, la madre de todos los refugios de la desesperanza cuando las urnas son esquivas.

Uno no se quiere dar cuenta hasta que está sentenciado el asunto, pero cuando se recuerda, al día siguiente, habiendo hecho eso, debe necesariamente reflexionar que es el más perfecto síntoma de que por dentro sólo la desesperación evitaba asumir la realidad adversa. Innecesariamente estirada hasta pasada la medianoche de un recuento que ya hacía rato transitaba la senda de la “tendencia irreversible”. Cuando las aritméticas ganan terreno, pues, es porque se ha perdido el partido. Que no el campeonato, claro pero: ¿quién puede pensar en el largo plazo luego de haber sido goleado y bailado? Lo que la política no da, La Matanza no presta.

Y no es un dato menor, ojo, el del apunte numérico: cuando hablábamos arriba de que el partido definitivo es el que está por venir dentro de algo más de dos meses no hacemos un intento de mal perdedor en bajarles el precio a estas PASO. Por el contrario, han organizado la disputa por venir, y son por ello demasiado significativas, toda vez que el clima que opera como punto de partida del match decisivo, con el bruto mamporro que hubo, se ha certificado abrumadoramente negativo. Y lo grave es que en ese medio de eso deberá insertarse el llamado de la próxima búsqueda de votos: dicho sencillo, nadando contra la corriente.

Hasta pasó que Clarín dijo, en el día de la fecha, la verdad, hubo voto castigo. Rigurosa, demoledora, dolorosa, incontestablemente certero diagnóstico. Analizar las razones de ese voto es demasiado complicado. Que la inflación, que la inseguridad, que el cepo al dólar, que el autoritarismo, que la grieta, que la corrupción, que los ataques a la Corte Suprema, que la institucionalidad. La razón del sufragio, por fuera de los ambientes más politizados, se condensa en dos fórmulas mucho más sencillas en su construcción sintáctica, pero no por ello de menor complejidad argumentativa: las cosas están bien o están mal. Es palo y a la bolsa.

Y a esa certeza, que ahora algunos encontramos mucho más extendida de lo que suponíamos, es, cuidado, bastante más difícil de entrarle que a un cálculo econométrico, por mucho que el segundo pueda ser más sofisticado y todo. Ahora te quiero ver para revertirlo. De ahí que a los periodistas que van a cubrir los cacerolazos poco menos que los linchan. Se puede, más vale, discutir ese estado de ánimo; de hecho, va de suyo que desde acá no se lo comparte. Pero para encarar una recuperación hace falta tomar nota del mensaje que se quiere desarmar. Y es ése: que está todo mal. O, si no todo, lo bueno no alcanza siquiera para compensar (lo malo).

La fuga de acompañamiento que se iba temiendo conforme los meses pasaban desde el año pasado parió la aceptación resignada del control de daños: eso es la comparación con 2009, aunque científicamente impecable, y no con 2011. De nuevo: por lo de los humores que vertebran el trámite político. Y están caldeados, a estas horas. Además, contentarse con que el quórum y la mayoría propios en el Congreso seguirán estando no alcanza para un espacio con las pretensiones de funcionamiento que tiene el kirchnerismo. Eso desliza hoy Mario Wainfeld en Página/12. Así y todo, encima nos fue peor aún que en 2009.

Ya alguna vez pudimos leer de José Natanson que el estado de situación del oficialismo post 2009 alcanzaba para no más que administrar. Y si se piensa, en aquel tramo se apuraron leyes con la mayoría vieja que se perdió luego de la renovación legislativa, la AUH se desplegó por vía de un DNU y la ley de matrimonio igualitario se trató de un proyecto que cortó transversalmente a todas las representaciones parlamentarias. Por fuera de ello, no hubo ruido parlamentario ni transformador durante 2010 más que para aguantar los trapos en el área propia, colgados del travesaño despejando centros y aguardando lo que, al final, ocurrió: la implosión opositora. Luego falleció Néstor Kirchner, y entre eso y la previa del 54% se nos fue el otro año de minoría.

Habrá que desempolvar esos manuales, de seguro. No es imaginable mucha épica de acá en más, entonces. Algo así parece aventurar el “no esperen que prometa cosas que después no voy a poder cumplir” de la presidenta CFK en su discurso de anoche. Toca eso ahora.

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La magnitud de la trompada no adquiere dimensiones catastróficas sólo debido a que esta vez el tirón de orejas fue repartido. El único gobernador peronista que ganó bien es tal vez el más afecto a Cristina, Sergio Urribarri. Ese rechazo parejo, con algunos casos históricos que costará asimilar, compensa un tanto los déficits que supone la ausencia de los elementos aglutinantes que evitaron la huida dirigencial masiva luego de 2009: la chance de la reelección de la Presidenta y Néstor Kirchner, por él mismo y como posible figura de recambio; con eso bastó para rehacerse hace cuatro años, ahora no está disponible. Perdieron casi todos, eso quizás evite un inicio sucesorio anticipado y sin la participación de CFK.

Pero: aún resta mensurar cómo y, sobre todo, hacia dónde buscará Massa acrecer el capital político que construyó con su apuesta renovadora. A diferencia de aquel De Narváez, cuenta con gestiones de gobierno que lo sustentan. Por otro lado, el mosaico opositor persiste, lo que impide establecer conexiones entre los numerosos y muy diversos entre sí triunfadores del capítulo desarrollado el 11 de agosto. Y a todo esto, Maurizio Macrì también sufrió un cimbronazo importante en el único territorio que domina, aún por confirmarse pero que agrega incertidumbre, la regla de la hora.

Por todas estas cuestiones, y porque el kirchnerismo ha dado sobradas sorpresas en materia de resurgimiento desde una tumba que se estaba por rellenar cuando ya lo habían acostado en ella, no se puede hablar todavía de su muerte, de fin de ciclo, ni de cosas por el estilo.

Pero el margen es cada vez más estrecho, y sería bueno dejarse ya de insistir tanto y tan seguido en jugar tanto con fuego. Sobre todo, porque el drama que recorre la escena que dibujan el oficialismo y la oposición según quedaron estructurados hace 24 horas es que gana lugar la posibilidad de un próximo gobierno débil para las operaciones de poder que permiten gobernar y no apenas gestionar lo dado, que siempre es poco, más cuando no se está en el paraíso.

Y eso no le conviene a nadie, independientemente de cómo haya elegido el #11A.  

jueves, 8 de agosto de 2013

Sobre el filo de la veda: elegir seguir jodiendo

Como para ayudarnos a reforzar nuestros argumentos de que, finalmente, lejos de representar algo nuevo, Sergio Massa terminaría abrevando en pastos conocidos porque la correlación de fuerzas así se lo impone, en tanto las que cuenta él no alcanzan para organizar un nuevo escenario. Se lee en los diarios de hoy que “Sergio Massa expuso ayer su pensamiento económico ante doscientos empresarios de compañías líderes. Fue un almuerzo en el Hotel Alvear, organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp).”

Asimismo, y también en el día de la fecha, Héctor Recalde, pero varios otros personajes durante la campaña lo habían anticipado en este razonamiento, llama la atención sobre el bache fiscal que produciría la propuesta del Frente Renovador de combinar un aumento del mínimo no imponible del mal llamado (y minúsculo) impuesto a las ganancias sobre los salarios --que además quiere extender “a las PyMES que reinviertan en el país”-- con la eliminación de ciertas exenciones del mismo tributo, en especial el sambenito de la renta financiera, que a esta altura es una de las vedettes de la discusión pública nacional, apta para resolver todas las encrucijadas a las que se enfrenta Argentina en el presente y también a futuro.

Todos ellos coinciden: cobrar impuesto a la renta financiera no alcanza a cubrir ni la mitad de lo que el Estado dejaría de percibir como ingresos si se subiera la frontera del MNI. Y ese bache, ¿quién lo cubre? Y sobre todo, ¿cómo?

Massa no lo dice directamente pero, bien sabemos, todo tiene que ver con todo. Algunas de sus definiciones durante la reunión con el establishment hablan por sí solas: habló de retomar la senda del endeudamiento externo “en un mundo donde sobra liquidez” aunque “el desendeudamiento fue importante”; agregó que “el sistema de capitalización para todos fracasó, pero podría ser un régimen complementario”; y llamó la atención en la necesidad de “un marco jurídico para mostrarle al mundo que en la Argentina se van a respetar las reglas gobierne quien gobierne” para “generar confianza para atraer inversiones”, de terminar con “la idea de querer regularlo todo”, de alcanzar la paz con el agro y de “establecer metas fiscales y monetarias”.

Todo lo que, en suma, se parece bastante, por decirlo de modo suave, a una propuesta de regreso al esquema de financierización con que se gobernó este país desde la asunción del ingeniero Celestino Rodrigo en el Ministerio de Economía durante el gobierno de Isabel Perón y el 20 de diciembre de 2001 sin solución de continuidad.

Hoy Gerardo Fernández recuerda declaraciones de Arnaldo Bocco, que leemos a posteriori del que es el encabezado de este post y ya fuera dicho en Segundas Lecturas antes: Sergio Massa “No tiene pensamiento propio. Entonces ahí se le mete por la ventana la inteligencia entre comillas que es la que le terceriza la administración de la agenda. La agenda se la coloca la inteligencia que compra. (…) Massa nunca pensó en otros aspectos. Termina comprando los hacedores de su agenda, porque no la tiene” y resulta ser que en Argentina hay sectores cuya “concepción es bajar el gasto público, bajar los salarios y una concepción más atada al atesoramiento de dólares”.

Sólo resta atar cabos, para lo que es ineludible considerar que también deslizó a media voz la necesidad de "repensar los socios del país en el mundo"...

Massa mismo asume ser otro más de los tantos espacios al interior de los cuales se disputan intereses del bloque de clases dominantes: “Somos el único espacio donde tienen representación las cuatro centrales sindicales del país, y también el campo y la industria”. Lo cual es cierto sólo en la medida que tengamos en cuenta participación directa de los interesados. En fin que lo más necesario de esto es destacar cómo esa peculiaridad lo introdujo en la dinámica que decía querer eludir y lo obligó a salir de la ancha avenida. Las apoyaturas que expresa dibujan a las claras sus topes sin que hagan falta mayores precisiones de su boca y harán el resto cuando les toque, si les toca, actuar. 

Por las razones que fueren, la apuesta a por la renovación que orquestase una síntesis superadora del pasado y los rencores llorados en la entrega de los premios Martín Fierro ha quedado atrás. Massa toma partido en la disputa que existe y existirá independientemente de lo que a él le parezca mejor. Y, lejos de las aspiraciones que respecto de los bolsillos de payasos tenían algunos de sus seguidores, el FR parece destinado, en el muy probable caso de resultar exitosa su oferta en las urnas, a ser gendarme de los negocios privados a través de las estructuras institucionales del Estado.

En ese marco adquieren su justa dimensión las palabras de la presidenta CFK durante el último acto del Frente para la Victoria en La Matanza: acá no se trata solamente de gestionar y administrar bien, explicó, sino de tener convicciones y agallas. Para discutir el statu quo, se entiende, disenso estructural que se intenta eliminar a partir de la ruptura interna del bloque gobernante que significó el FR, estrategia que siempre desde aquí sostuvimos que sería la preferida del establishment enfrentado con el kirchnerismo, tarea para la que no pudieron contar con Daniel Scioli como inicialmente pretendían.

Se trata de desandar la ruta que sirvió para la elaboración de los inocultables beneficios sociales que supuso la década de gobierno kirchnerista, reconocidos hasta por sectores históricamente refractarios a los protagonistas del elenco que encabezaron Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y para lo que se valieron de un grupo importante de dirigentes que por falta de voluntad para zanjar las rencillas internas políticamente prefirieron derivar al tacho los residuos el mandamiento peronista de que para los hombres corresponde el último lugar de la cola sin tener noción de lo mucho más grande que hay en juego en esta trama cuando se procede con semejante irresponsabilidad. De cualquier modo, nadie podrá negar que Massa jamás engañó a nadie. Bien que su primer spot de campaña rezaba que “todo vuelve”.

A caballo de este panorama se concurre a las urnas, al cabo de un recorrido previo en el que el kirchnerismo ofreció las suficientes garantías de que continúa siendo el único agente revulsivo de la política argentina. Urge dotarlo de las herramientas necesarias para que no deje de serlo pues no tiene reemplazo a la vista. 

lunes, 5 de agosto de 2013

Daniel Scioli: kirchnerista

Daniel Scioli se puso la campaña en la provincia de Buenos Aires al hombro. Tanto o más que la propia presidenta CFK, y mostrándose completamente alineado a la conducción nacional.

La discusión sobre el futuro del kirchnerismo, que en buena medida es la que incumbe a la sucesión de Cristina Fernández --y, también, dato no menor, de la forma en que el trámite vaya a proceder--, desde luego que entonces implica también al que fuera vicepresidente de Néstor Kirchner. Nosotros hemos sentado posición en Segundas Lecturas, sobrada cantidad de veces, a favor del hombre que ahora acompaña a sol y sombra a Martín Insaurralde, Juliana Di Tullio y el resto de los candidatos del Frente para la Victoria en la que es la más importante de las contiendas de las próximas elecciones legislativas.

A esta altura del partido, ya de nada sirve insistir en el intento de descular ideológicamente a Daniel Scioli o en tomarle examen de fidelidad. Que, no jodamos, la ha demostrado. Y de sobra. Varias veces ha tenido condiciones objetivas para romper y provocar serios trastornos al oficialismo. Nunca ha sucedido. Del mismo modo que el fin del ciclo kirchnerista, la ruptura del hombre que se desvela por quebrar el llamado maleficio de Juan Manuel de Rosas debe ser uno de los hechos más veces postergados de la política argentina.

Cada vez que nos referimos a Scioli repetimos que las características particulares de un personaje definen lo menos de un proceso político. Concepto que nos parece central en la cuestión que aquí analizamos, no poco empiojada en la historia de estos diez años.

Lo estructural es, creemos, más rico e importante a la hora del litigio del poder.

El FpV aspira a enmarcar a su interior la totalidad del debate sucesorio, CFK apostó --como bien apuntó Mariano Grimoldi-- a que las candidaturas sean lo más propias que fuese posible, y lo cierto es que se quedó junto a ella la enorme mayoría de la dirigencia del peronismo. Y bien dispuesta a aportar cuanto le esté a su alcance al triunfo en PBA. Por las razones que se quieran atribuir a ello, así es. Las aspiraciones personales son todas legítimas, en tanto no alteren el equilibrio de la ecuación colectiva.

El ex motonauta ha hecho su contribución, no menor, a que el Frente para la Victoria continúe siendo un armado potente. Lo que no deja de ser auspicioso, habida cuenta de lo que expresábamos en nuestro último post acerca de la necesidad de conservar capacidad de acción y autonomía decisoria para las expresiones partidarias, en tanto se trata de consolidar el cuadro de relaciones de poder que ha posibilitado todo aquello que consideran conquistas los que prometen conservar lo bueno y cambiar lo malo, pero sin gritos ni pataleos.

Luego se verá qué podría hacer Scioli como conductor de todo eso, por el momento es un excelente elemento táctico. En cualquier caso, bien también por Cristina en contener a buena cantidad de tipos con votos adentro, para torcer la pulseada hacia los segmentos más comprometidos con su programa habrá tiempo. Eso sería colocar el carro delante de los caballos todavía. Y hay mucho por resolver antes.

Por ahora, lo a nuestro entender principal en estos expedientes, la base, al decir de Bambino Veira, está.  

domingo, 4 de agosto de 2013

¿El triunfo cultural del campo nacional y popular?

Lucas Carrasco plantea hoy en su columna dominguera en el diario Crónica que varias de las cuestiones centrales de lo más ponderable del programa kirchnerista estarán garantizadas al margen del resultado de las próximas elecciones legislativas, porque, argumenta, “ya no sólo Massa sino el grueso de la dirigencia y partidos se muestran a favor de las principales políticas sociales y económicas del gobierno”. Agrega, en apoyo de su tesis, que las expresiones más recalcitrantemente opositoras y las que actúan directamente sus intereses sectoriales no superan el rango de la marginalidad.

Ésa fue nuestra postura, también, al inicio de la campaña. Cuando el surgimiento del Frente Renovador parecía ser el de una apuesta que podía sobrevolar por encima de las internas del bloque de clases dominantes.

Con el correr del asunto, ya lo dijimos también, Sergio Massa y compañía han sido incapaces de sostener la que parecía querer ser su lógica al inicio de la contienda. No tuvo, no tiene con qué salirse de la dinámica de confrontación que rige hoy la política nacional, el litigio entre el kirchnerismo y la cuasi totalidad de la conducción de AEA, la Asociación de Empresarios Argentinos. No cuenta con lo necesario para alterar las condiciones de disputa de poder actuales.

Ha terminado, el massismo, entonces, por ser otra más de las tantas expresiones en cuyo interior se alojan tensiones del establishment en el escenario de la política argentina, y va camino a operar el programa de sus negocios. La superior construcción del kirchnerismo queda evidenciada cuando sus fotos destacan ejemplares de mucho mayor rango que los de cualquiera de sus competidores y despliegue nacional consolidado. Las gráficas que circulan por Internet detallando quiénes de los candidatos en danza votaron las leyes más significativas de la década inaugurada en 2003, dan en el clavo más allá de la chicana del llamado de atención a los que se ausentan o votan a favor de negocios privados.

La fuerza de la presidenta CFK está ocupada en destacar que aquello que se le reconocen como logros han sido posibles a partir de una propuesta fuertemente instalada en toda la geografía nacional. Sólo así ha conseguido torcer las consecuencias "naturales" que ordenarían las comparaciones entre los actores en pugna.

En tanto el drama de lo que se viene en la escena política argentina es el del poder, habida cuenta de la ausencia, por fuera del kirchnerismo, de opciones con potencia institucional para plantarse como lo ha hecho muchísimas veces el Frente para la Victoria, lo que le vale ser tratado como una anomalía histórica, el ramillete de expedientes que según el editor de República Unida de la Soja se han consolidado, lejos de eso, corren grave peligro aún con un triunfo del FpV en 2013 si no resolviera una sucesión a la altura de sus fortalezas de estos días dentro de dos años.

Así como la marcha de las cosas se ha llevado puesto el discurso de buenas intenciones de Massa, suponiendo que lo creyésemos sincero, igual de fácil se puede barrer con conquistas sociales como la Asignación Universal por Hijo y la estatización de la administración del sistema previsional. Pasó en los ’90 con partidos mucho más fuertemente constituidos. Y aún con el kirchnerismo como lo hemos descrito a lo largo de este texto en la cancha, la ley audiovisual y la reforma de los tribunales no rigen; sancionadas en el Congreso y toda la bola.

Ya no se trata sólo de actitud y convicciones ideológicas: es la mera arquitectura de las relaciones de fuerza la que lo determina. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Los mensajes que cuenta una escenografía II

Dijimos que en 2013 se juega gran parte de 2015 a pocas horas de anunciadas las candidaturas. Luego de la presentación formal de las mismas, agregamos que el Frente para la Victoria apuntaba a encauzar su dimensión nacional concentrándola entera en función de la disputa principal, que es la de la provincia de Buenos Aires contra el Frente Renovador de Sergio Massa.

El asunto pasa por consolidar al FpV como espacio al interior del cual se elaborará la sucesión de la presidenta CFK.

Daniel Scioli está interesado en la victoria de Martín Insaurralde porque de ese modo bloquea la posibilidad de que Sergio Massa le quite su boleto bonaerense de la mesa de discusión antes referida; el resto de los gobernadores, porque al ser ésa la pelea a la cual Cristina Fernández dedica sus principales esfuerzos, el gobernador de la provincia más importante del país será el que tendrá su cuota parte más, por así decirlo, intervenida.

En cualquier caso, es el dispositivo de poder institucional mejor consolidado. El único con despliegue nacional ya constituido. El armado que cualquiera de los de la foto de GESTAR quisiera coronar, porque ningún sustento hay superior a ése para una hipotética apuesta presidencial.

Las necesidades mutuas han hecho lo suyo. Los actores supieron decodificar ese mensaje y actúan en consecuencia. Ya habrá tiempo para discutir a quién de todos ellos le tocará. El escenario de ese litigio, en cualquier caso, está listo.

Pero antes hay una parada brava que atender. Y en eso están.

viernes, 2 de agosto de 2013

Lo que se dice futuro

El repudio al supuesto negocio del país dividido se convirtió en un carril muy transitado durante los últimos meses, incluso compartido por gente de muy diversa procedencia.

Nosotros ya nos hemos pronunciado de sobra al respecto: estamos muy lejos de acordar con que se trate, la confrontación, de un ardid. Lejos de eso, es la consecuencia lógica y natural de la puesta en cuestión de negocios concretos muy importantes, que poco tiene de relato, y más bien remite a bolsillos de payaso demasiado importantes como para desmerecer las implicancias que en términos de las conquistas sociales de los últimos diez años han supuesto.

El massismo, al inicio de la contienda comicial venidera, en teoría, venía a recorrer una ruta construida por encima, al margen de esa epistemología. Como si por sí sólo bastase para dejar de lado las tensiones estructurales que afectan la trama del país. Y al margen de que puede ganar las elecciones tranquilamente, porque eso no asegura que así y todo luego logre establecer nuevas condiciones que reemplacen a las actuales.

Lo que hay en juego ya está en marcha, e ineluctablemente exige definiciones a su respecto.

Lo expresado hasta acá se puede ejemplificar de mil maneras distintas, pero el propio Sergio Massa ha terminado por resignarse a esa dinámica, lo que se ha verificado en varios de sus gestos desde mediados de la campaña en curso.

De nuevo ahora con la incorporación de Eduardo Amadeo a su frente, llamado renovador.

Veremos, pues, cómo con esa incorporación, la de un antikirchnerista militantemente confeso, furioso y agresivo, sostiene aquello de la amplia avenida que prescinde de las veredas. Cómo para insistir en la “necesidad de mirar hacia el futuro”. Cómo para convencer de que así se plantea una “agenda de gestión concreta para ‘los problemas de la gente’”. Cómo para esconder que se trata, el suyo, de uno más de los tantos espacios al interior del cual se juegan intereses del establishment.

Finalmente queda claro que no alcanza con el mero voluntarismo para torcer los vientos de la historia.

jueves, 1 de agosto de 2013

¿Quieren pelear?

 “Si ves al futuro, dile que no venga.” (Juan José Castelli)

Dijimos varias veces durante este año que costaba encontrar planteos originales acerca del escenario político nacional en la actualidad. Con el correr de la campaña electoral, especialmente la de la provincia de Buenos Aires por supuesto --territorio en el que se disputa el caldo más jugoso de la hora--, aquella sentencia, creemos, debe confirmarse. No ha sido posible asistir a novedades relevantes. Dicho de otro modo: el Frente Renovador de Sergio Massa, por mucho que discursea lo contrario, reincide en un libreto recitado hasta el agotamiento por cuanto adversario al gobierno nacional con capacidad de difusión existe.

Formulada de distintas maneras, la idea pasa por la supuesta urgencia que existiría en Argentina de liquidar las diferencias entre las distintas fuerzas políticas. Al mismo tiempo, desde luego, se hace pasar al kirchnerismo como culpable de una fractura que recorrería, aparte del terreno político en específico, incluso hasta a las familias argentinas.

Cuando comenzó el año nos referimos a esto, aún antes de que se convirtiese en tópico casi central del debate de las urnas. La única diferencia que se verifica de modo concreto entre el período que Alejandro Horowicz denomina como democracia de la derrota y el que inauguró Néstor Kirchner al asumir la presidencia es la salida hacia fuera del proceso de elaboración de las decisiones de Estado de determinados integrantes del establishment que lo integraban hasta entonces con los resultados, nefastos, por todos conocidos. Ese trayecto está todavía en disputa y no exento de derivar en un cambio de alianzas sin verse alterada en esencia la epistemología que organiza el comportamiento del gobierno del Estado hoy día.

De todos modos, el oficialismo nacional conserva el impulso y la voluntad de pelear para la órbita institucional los resortes decisorios fundamentales.

Pero, y en relación de nuevo a lo principal, habiendo negocios importantísimos en disputa, por la impugnación que de los mismos promovió el kirchnerismo en estos diez años, se hizo, se hace imposible para el massismo mantener la pretendida retórica pacifista, máxime cuando optó por incluir dentro de su propuesta representaciones de algunos de los sectores de la pugna en danza. Y no pasa por una cuestión abstracta: fue ésa la condición de posibilidad de los avances sociales significativos que conoció el país durante la última década. De modo que para la famosa “agenda de la gente” está lejos de ser un expediente ajeno.

La diversidad puede articularse, pero en torno de un liderazgo consagrado, no de uno en, apenas, vías de construcción. Y en veremos, faltaba más.

Y así y todo, resta considerar las tensiones estructurales que desatan las numerosas variables que componen una escena política, social y económica, imposibles de ser contenidas por ningún actor en su totalidad: no pudo Néstor Kirchner luego de revalidar su propuesta ampliamente en 2007, ni Cristina Fernández que lo hizo con mayor margen aún en 2011. Y eso que no tuvieron oposiciones formal y seriamente constituidas que los enfrentasen.

Los litigios referidos son el drama todavía irresuelto de la política argentina. Que a esta altura no podamos hablar de novedades surgidas de la previa de los comicios y, concomitantemente con eso, que el massismo haya iniciado el abandono del lema “a cada agravio, una propuesta” --que no las habido, por otra parte (propuestas)-- da cuenta suficientemente de ello. La dinámica excede en mucho a Massa, y ya se le impuso. Y es el mejor testimonio de que acertábamos cuando nos pronunciamos a escasas horas de conocidas las candidaturas respecto de la central necesidad de operar cambios en la arquitectura del poder real. Lo que, se sobreentiende, no discurre como un cuento de hadas.

Sobre todo cuando no existe, por fuera del Frente para la Victoria, espacio partidario ninguno que no sea la mera reproducción de las internas del bloque de clases dominantes. Ninguno: ni entre los viejos, ni los pretendidamente futuristas.