jueves, 30 de mayo de 2013

Las repercusiones de un festejo en Plaza de Mayo

Independientemente de la cantidad exacta de personas que hayan asistido, la convocatoria del kirchnerismo en Plaza de Mayo provocó movimientos en la tensa calma que suponía estar atravesando el arco opositor casi desde iniciado 2012.

Ya desde la mismísima mañana siguiente el Partido Clarín acusó el golpe e intentó operar sobre el hecho político a través de la tapa del diario al que alimenta con el papel de una empresa mal habida. “Cristina propuso otra década de kirchnerismo”, mintieron, además de esconder las fotos que habrían evidenciado la masividad del acto. El comportamiento dista del que adoptaron en otras manifestaciones mucho menores, como las que sucesivamente lideró durante el año pasado Hugo Moyano, que fueron en declive hasta acabar en la testimonialidad raquítica del 20 de diciembre último en que media Plaza de Mayo le quedó enorme al ex secretario general de la CGT.

Lejos del encabezado clarinista, la presidenta CFK dijo, textualmente, no ser eterna ni querer serlo, lo que resulta de una obviedad tal que la aclaración estaría de más de no ser porque el teatro soporífero que monta a diario el sector del duopolio informativo que conduce el contador Héctor Magnetto logra enrarecer la marcha del debate público, por cierto que ayudado de declaraciones imprudentes surgidas de las bocazas de algunos de los exponentes de menor densidad del oficialismo, que procesadas por el tamiz de la mala intención de quienes las difunden masticadas terminan por hacer no otra cosa que dar pasto a las fieras, que lo necesitan, habida cuenta de la esterilidad de quienes los expresan institucionalmente.

La primera mandataria, muy por el contrario, ofreció demasiadas señales durante su discurso en sentido diametralmente opuesto al de su propia continuidad en la jefatura del Estado nacional más allá del 10 de diciembre de 2015, que sólo a partir de la deliberada intención de intervenir políticamente a través del periodismo pueden leerse de otro modo. A la desautorización expresa del lema de la eternidad agregó el llamado a su militancia a organizarse en función de defender ninguna otra cosa que lo que el partido de gobierno entiende que han sido las mejores producciones de su programa en diez años de mandato.

Cambio de gobierno no necesariamente debería equivaler a fin de ciclo histórico, expresó Cristina Fernández, y con ello pateó inteligentemente el balón hacia campo contrario: si la cosa discurriera con un nivel de honestidad intelectual distinto al actual, la discusión política exigiría, por parte de quienes pretenden demostrar independencia de acción respecto de la línea política de los exponentes del poder real, definiciones concretas acerca de cuestiones básicas del proceso inaugurado hace una década.

Asignación Universal por Hijo, nacionalización de la administración del sistema previsional, juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, desendeudamiento, por sólo referir algunas. Ninguna de ellas, por mucho que se quiera insistir en lo contrario, ha recogido unanimidad al interior del arco dirigencial; y todas involucran intereses concretos de vastos sectores sociales que merecerían otro tipo de certezas de quienes se quieren sus futuros representantes. Por fuera de expresiones minoritarias, y que además no han superado el rango de la generalidad, los términos de la casi totalidad de esos expedientes ingresan a zona de nebulosa por fuera de la propuesta del Frente para la Victoria.

El diario La Nación, que cada tanto parece ofrecer reflejos de sana práctica periodística, reaccionó de modo distinto el domingo 26.

Más allá de ser ése el día en que se publican las columnas de delirantes escleróticos como Joaquín Morales Solá y Mariano Grondona, quienes militan la burla que Lula Da Silva dedicó a la prensa durante su última visita a nuestro país --cuando irónicamente se mostró extrañado de personajes que parecen escribir desde un inverosímil exilio interno--, en principio, no escondieron el éxito de la concentración, a lo que se sumó un reconocimiento a que el clientelismo es una variable muy secundaria cuando de movilizaciones a favor de CFK se trata (“Una fiesta que incluyó a los no partidarios. Muchos manifestantes sin banderas ni pecheras se acercaron al acto; varios eran familias y jóvenes que tienen afinidad con el Gobierno y deseaban manifestar su apoyo a Cristina Kirchner”, escribieron).

La intención, de todos modos, es clara: bajarles el precio a los elementos más dinámicos de la coalición oficialista, depositarios de la tarea de trascender a la conducción.

Ello no obstante, no dejaba de ser un ejercicio de rigurosidad celebrable, que, sin embargo, duró lo que un suspiro: con el correr de la semana siguiente a la concentración oficialista recobraron su habitual nivel de desvarío, y por medio de sus tradicionales editoriales sin firma acusaron al kirchnerismo de estar emulando el proceso que a partir de 1933 en Alemania derivó en el nazismo, lo que se viene a sumar a otras recurrentes e igual de desorientadas comparaciones que a propósito sufre La Cámpora, en las últimas semanas en razón de las iniciativas para llevar a cabo el control de los precios acordados. (Lo que no deja de sorprender en los socios del matutino fundado por un confeso fascista como fue Roberto Noble.)

La magnitud de los disparates, que suceden a maniobras previas de desestabilización desinfladas en torno del dólar ilegal o el supuesto proyecto de intervención del Grupo Clarín --"por ahora suspendido", dicen--, permite elaborar dos conclusiones: ante todo, que la situación política del oficialismo, por fuera de lo que engaña de tanto en tanto la humareda cacerolera, es sólida.

De cara a una elección en la que no juega demasiado, porque tanto la posibilidad de conseguir el marco necesario que pudiera habilitar la segunda reelección de CFK como la pérdida total del control del Congreso dependen de resultados de proporciones atípicas para elecciones legislativas; y frente a un escenario por lejos superador del de su única derrota (2009, cuando llegó al cabo de una destrucción de un punto de empleo y una caída del PBI de 3% que hoy no se verifican), las construcciones opositoras, con toda lógica, demoran en definirse frente a lo poco edificante que resulta enfrentar en ese contexto a una formación consolidada como es el FpV.

Pero, sobre todo, conviene entender que, a caballo de distraer con ese tipo de ridiculeces, nadie recoge el guante del desafío que sobre definiciones programáticas planteó Cristina Fernández el 25 de mayo cuando interrogó a qué referiría la finalización del kirchnerismo, más allá del mero recambio en el Poder Ejecutivo estipulado constitucionalmente. Indagar a qué se debe tal elusión, qué trazo proyectivo subyace tras ese silencio. 

Para el oficialismo, así las cosas, se trata de no más que evitar sumar demasiadas abolladuras a la calesita, para lo que es mandado a hacer cuando no se ve amenazado con fuerza.

lunes, 27 de mayo de 2013

De estos 10 años y en adelante

Aquí no somos amigos de definiciones tales como la de década ganada.

Entendemos, por nuestra parte, que la complejidad de la política, sobre todo en tiempos en que las estanterías políticas, socioeconómicas y culturales sufren conmociones e ingresan en el territorio de la tensión interpelante, implica un recorrido a través de carriles sinuosos, no exento de contramarchas.

No es lineal la traza de un proyecto político, pues ella discurre por entremedio de las complejidades que dictan las contradicciones que se imponen a partir de los márgenes caprichosos que se dibujan al interior de las disputas propias de la vida misma, en general; y de la lucha política, en particular.

Todo lo cual supone una riqueza que la trocha gorda de una fórmula semántica tal es incapaz de abarcar en su completa dimensión.

Ahora bien, si en cambio elegimos encarar el análisis a partir de los sujetos sociales concretos en que se encarnan los procesos políticos, nos encontraremos con que a la hora de la pugna concreta y real por la hegemonización del poder del Estado --que no es ni debe ser per se una mala palabra jamás-- el kirchnerismo cuenta de su lado con la mayor parte de los mejores elementos de la sociedad en orden a la consolidación de un programa de gobierno con eje la promoción de los intereses populares.

Se pudo comprobar que la vitalidad y el entusiasmo del kirchnerismo, teóricamente en declive, están intactos. Era necesario, a la salida de unos cuantos episodios en los que movimiento cacerolero financiado por los fondos buitre había mostrado las uñas de un bosquejo opositor vertebrado como inicio de una refutación histórica del ciclo actual, que fuerzan un clima de derrotismo y final de etapa en apariencia inexorable e irreversible.

Y el dato más alentador es el carácter sólido y articulado de ese colectivo en torno de la conducción de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de un racimo de las mejores decisiones de gobierno que ha conocido este país en más de medio siglo --que ya huelga enumerar-- como sustrato cultural identificatorio; más precisamente, desde el derrocamiento del general Juan Domingo Perón de la presidencia de la Nación el 16 de septiembre de 1955.

Así las cosas, pues, cada cual analizará, a la luz de su escala de valores, sea que se nutra ella de una perspectiva individual o bien colectiva, si el que se inició el 25 de mayo de 2003 y finalizó hace cuarenta y ocho horas fue un período positivo o no en términos de conquistas ya efectivizadas, errores, defecciones, cuestiones que quedaron en el rango de lo promisorio y deudas pendientes, y lo que surja de la ecuación que ofrece esa coctelera.

Interesa más ahora enfocar en lo que inicia a partir del día de la fecha, y conviene para ello entonces insistir en que la caja de herramientas disponible, la movilización popular imponente y decidida que se observó en los festejos por la recordación de la Revolución de 1810 en Plaza de Mayo, supone un elemento formidable a los fines de operar en el gobierno nacional las reinvenciones que se requieren para cubrir aquello que fungía de combustible del accionar de Eva Perón.

El peronismo se justifica "mientras haya un pobre en la patria", en tanto ello significará siempre que restan aún desafíos por interpelar.

En buen romance, en adelante resta empujar los topes del kirchnerismo --y los, por así decirlo, sistémicos todos en sí mismos-- lo más que sea posible hacia la radicalización de la epistemología de que se alimentaron sus mejores momentos, al tiempo que se galvaniza la construcción de las redes que contengan cualquier hipotético y futuro intento de regresión retardataria. De otro modo, la concentración del sábado, tanto como cualquier otra similar que venga --y puede, vale reiterar, haber muchas más como ellas, de seguro--, habrá sido en vano.

Se trata de interpretarlo más como punto de partida que como balance.

sábado, 25 de mayo de 2013

Argentina ha resuelto darse gobierno por diez años


Néstor Kirchner asumía como presidente de la Nación hace diez años bajo amenaza de durar apenas 365 días en el poder. Diez días antes del traspaso de mando el doctor Carlos Menem renunció al balotaje que debería haberlo enfrentado con el entonces gobernador santacruceño el día 18 de mayo de 2003, consagrando así a su oponente. Los integrantes del bloque de clases dominantes, el poder extra institucional, respondieron al día siguiente en tapa del diario La Nación a través de una editorial firmada --y sólo eso-- por el vicedirector del diario, el doctor José Claudio Escribano, como quien dice, un gorila de pelo en pecho.

“Argentina ha resuelto darse gobierno por un año. (…) el problema de la gobernabilidad argentina es anterior al espectáculo ofrecido por el doctor Menem (…)”, anotaba Escribano.

Algunos días antes de conocerse, y a sabiendas de que Kirchner triunfaría en la segunda vuelta con holgura, Escribano lo visitó con la pretensión de imponerle un pliego de condiciones, en cuya defensa, agregó, “seremos inflexibles”. Se recuerda: subordinación respecto de EEUU en materia de política exterior, finalización de los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad que se habían reavivado desde la confesión de culpas de Adolfo Scilingo en 1994 y reivindicación de aquella actuación de las FFAA, privilegio para el empresariado en cuanto a contactos directos con el futuro presidente, repudiar a Cuba y dar rienda suelta a las fuerzas de seguridad en cuanto a la lucha contra el delito.

Kirchner desechó en su totalidad el planteo demencial de Escribano. Que lo era no sólo por su contenido: hoy día parece inverosímil que un presidente debiera aceptar semejantes pretensiones verbalizadas por un periodista, hasta entonces era moneda corriente. Sólo se gobernaba, desde recuperada la democracia formal a la salida del Proceso, si era en acuerdo con determinados elementos del establishment. Ése es ya de entrada un mérito que corresponde anotar en el haber del kirchnerismo: recuperar el poder de fijar la agenda pública, tarea que pareciera nunca acabar.

La jugada era clara: la renuncia de Menem, que había formado parte del pacto de gobernabilidad de dos décadas de duración, intentó amputar a Kirchner el respaldo masivo que le darían las urnas según era unánimemente reconocido, a fin de sostener el esquema de la democracia de la derrota, ciclo durante el cual se elegían administraciones pero no programa. Frente a un candidato cuyos gestos de campaña generaban dudas, asomaba una disputa de poder.

“No puede ser que no haya recibido a los empresarios”, le reprochó Escribano en el encuentro; además de las referencias a Kirchner respecto de su rechazo a que la economía la manejasen economistas, invariablemente representantes del llamado poder económico con escasa o nula pertenencia partidaria desde 1983. Diez años después cosas de todos los días, entonces implicaban frases altamente disruptivas para lo que se consideraba debían ser las relaciones entre las instituciones y los elementos del capital.

Por otro lado, la escena argentina de 2001/2003 era idéntica a la que había experimentado Venezuela alrededor de diez años antes con el Caracazo y posterior ascenso del comandante Hugo Chávez al poder por las urnas --y que por entonces también eran el paisaje ecuatoriano, que se prolongarían durante un par de años más aún, hasta la llegada de Rafael Correa a la presidencia--. El pliego era, pues, curarse en salud, ante la posibilidad de que alguien intentara capitalizar el margen para un quiebre sistémico. Al menos en lo que hizo a pronóstico no se equivocaron.

Kirchner no se limitó a la respuesta en privado del desayuno con el periodista operador. Durante su discurso inaugural llamó nada menos que a reconfigurar los paradigmas desde lo que se mide el éxito o el fracaso de un gobierno.

Con ello ofrecía pruebas de haber comprendido el agotamiento del ciclo durante el cual parecía que bastaba con que los gobiernos durasen mientras se sostenían los pilares básicos del proceso de acumulación de capital elaborado desde la última dictadura, intocado por veinte años y que le significó al país estallar por los aires el 19 y 20 de diciembre de 2001 con los peores indicadores sociales de su historia, al cabo de una recesión que destruyó un cuarto de la economía y la totalidad del tejido social que durante el primer peronismo lo había hecho ejemplo regional.   

En el discurso embistió directamente, además, contra la epistemología de gobierno hegemónica hasta su asunción, que no iba más allá de “la mera administración de las decisiones de los núcleos de poder económico con amplio eco mediático”. El drama argentino hasta 2003 se fundaba en la dualidad que implicaba que el poder efectivo no radicase en las instituciones de la república, según la acertada definición de Lucas Carrasco. Néstor Kirchner construyó poder, así las cosas, a partir de la novedad --hace diez años lo fue-- de que la reconfiguración de paradigmas citada implicó la consagración de las personas como variable central de las decisiones de gobierno.

El bloque social que intenta ser la refutación histórica del kirchnerismo tiene poco que ver con lo que se conoce, con una expresión que nos desagrada pero a la que se debe apelar para que se nos comprenda, gente de a pie. Al estar el Estado, hasta Kirchner, dedicado al gerenciamiento de las necesidades del bloque de clases dominantes y no de la ciudadanía, la política había caído en el descrédito, merecidamente. Fue la resultante del programa enunciado por José Alfredo Martínez de Hoz el 2 de abril de 1976, previstas con brillantez por la carta abierta de Rodolfo Walsh.

Néstor Kircher puso en crisis aquella historia que parecía interminable. No era retórica ni épica la convocatoria a un sueño que formuló hace ya una década. Tenía la dimensión de la tarea a encarar. Tan inmensa que no ha terminado, y de ahí que siempre parezca que se está inaugurando el asunto. No es menor la tarea, habida cuenta de que se trata de ir contra una matriz que anduvo intacta durante más de un cuarto de siglo. Insistimos en lo dicho en el último post, más que de las conquistas, ya sobradamente enunciadas, se trata de entender a partir de qué fue posible sustentar unas decisiones en vez de otras. Y sortear las amenazas con que amaneció este nuevo tiempo.
 
Es en la capacidad de expresar demandas populares lo que permite eludir las embestidas de lo viejo que se resiste a morir. Y en la voluntad de sostener esa tensión que se encontrará el mejor combustible para reinventarse como articulador de lo nuevo que quiere consolidarse.
 




Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política, como quien dijera. 








jueves, 23 de mayo de 2013

Extraños conservadores


Hace poco dijimos que la frecuencia de posteo había disminuido considerablemente en la blogósfera. Que costaba encontrar planteos originales sobre la coyuntura actual, también por los canales tradicionales. Cabe repetir, acá y ahora, aquel diagnóstico, creemos.

El gobierno nacional rehúsa con fiereza y, todo debe decirse, también mediante la ingesta de batracios varios --en muchos casos de porte grueso, como ser el famoso nuevo blanqueo de capitales--, afrontar los desafíos que suponen las limitaciones que experimenta el programa económico inaugurado en 2003 --conforme recorre sucesivas etapas en su despliegue-- a partir de recetas ortodoxas que supongan como variable de ajuste única el bolsillo asalariado, cuyos resultados nos son históricamente familiares. La heterodoxia consentida tampoco ofrece rutas alternativas aceptables.

Que a diez años vista de iniciado un proyecto político se avisten fronteras tales no debería extrañar, así es esto, menos aún cuando la mayoría de ellas son resultante de las conquistas sociales que se elaboraron durante una década.

Ya se ha dicho hasta el cansancio, las encrucijadas, otras, que amenazaban en 2003 no permitían un margen de acción amplio; se hizo, así, más lo que se pudo que lo que se querría en situaciones ideales, que aquella no lo era. Las inconsistencias que se arrastran desde aquello, pues, son un precio menor a las opciones de pretendida sensatez académica desde las que se reprocha al kirchnerismo "por su deriva populista". Que haya tenido y aún tenga que ver en todo esto una ciertamente inexplicable apuesta oficial al intento de recrear una burguesía nacional no obsta a la idea organizadora dominante aquí enunciada.

El litigio central de la hora se expresa en toda su dimensión en pocos lugares mejor que en la participación de Guillermo Moreno y Axel Kicillof en la asamblea de accionistas del Grupo Clarín. La información es un combustible esencial a la hora de la toma de decisiones de gobierno, y el kirchnerismo cuenta con un bagaje interesante de ello desde que en 2011 concretó su participación en los directorios de varias empresas privadas de las que heredó tenencias accionarias en virtud de la re nacionalización del sistema previsional de 2008.

Y sobre todo, a partir de semejante movida, que implican una sana sofisticación de la caja de herramientas de intervención estatal, las perspectivas para operar el programa económico son muy otras.

Decía nuestro amigo Mariano Grimoldi cuando se anunció esta innovación: “El kirchnerismo nunca ha puesto en cuestión los mecanismos de acumulación sobre los que se asienta el sistema capitalista. (…) Sin embargo, la postura mencionada (tema directorios-ANSeS) se inscribe en algo para lo cual el kirchnerismo mostró un atisbo de posicionamiento ideológico y estratégico, que es la disputa por la libre disponibilidad de las utilidades empresariales. Todo el esquema económico está asentado sobre este pilar, que es ideológico y que no puede entenderse sin aceptar la existencia real del sistema capitalista como dominante en el ámbito de la generación de riquezas.”

Y cerraba así: “(…) el tema adquiere volumen cuando se trata de ver quiénes y con qué criterio y en qué marco de libertad pueden disponer de los excedentes de la economía. (…) la imposibilidad de ver el cuadro completo está dada en la aceptación de un dato real pero no todo lo significativo que se cree: el crecimiento de la facturación de las grandes empresas. Pero no dice nada eso, si no sabemos qué se puede hacer con esa facturación (…) En fin, una serie de cuestiones que complejizan mucho los pormenores de la disponibilidad de excedentes y los usos públicos y privados de los mismos, que hacen del kirchnerismo un elemento revulsivo más por factores reales que simbólicos.”

Guillermo Moreno preguntando en Clarín por los honorarios que percibe el canciller del holding, Jorge Rendo, significa una cuestión inaceptable para los más encumbrados elementos del capitalismo argentino, que se acostumbraron durante demasiado tiempo a operar en el secretismo y a desestimar la variable de la responsabilidad social del capital en la ecuación de sus respectivos giros comerciales. 

Desde iniciado 2013, el gobierno nacional encara la corrección del nivel de inflación de la economía nacional. La novedad, esta vez, pasa por el dato de que ya no son los salarios y las transferencias de ingresos desde el Estado los que, en exclusiva, cargan sobre sus espaldas con las cuentas del asunto, como otrora era descontado. Eso son el congelamiento y la vigilancia de precios, la revisión de la estructura de costos empresariales (como hacía Moreno en la asamblea del Grupo Clarín), la Moreno Card , las intervenciones en las opciones de ahorro e inversión privados.

Ciertas plumas desencantadas con el oficialismo no dudan en tratarlo, desde hace un tiempo, de conservador porque, dicen, ya no va más allá de repetir la cita de logros de años pasados. Conviene entender, frente a eso, que la condición material de posibilidad del sostenimiento y la profundización de ellas, las razones que supusieron el éxito electoral oficialista, se cifra en el antecedente ineludible de la relación que elaboró el gobierno nacional con el establishment: si bien no rupturista, sí distinta de lo antes conocido, esto es, la mera convalidación indiscutida de negocios privados sin beneficio de inventario por parte del Estado.

Es cierto, entonces: la cuestión principal no pasa por la enumeración de mejoras como las que la presidenta CFK anunció para la Asignación Universal por Hijo y otras similares. Sí que cuesta expandir la reinvención de metas cuando ya se parte desde la concreción de beneficios. Antes bien se trata de discutir qué es lo que permite que no se deba recurrir a recortes en esas áreas, o directamente a eliminarlas, al tiempo que además el país se desendeuda con recursos propios --por citar razones que hacen a un país serio, y no sólo las que caracterizan a los regímenes demagógicos--, cuando se requiere de reconsiderar ciertos aspectos del rumbo general de la marcha.

Y luego de ello, observar a los competidores. Indagar en cuál de ellos logrará sostener esta tensión, por capacidad y voluntad. Así se podrá, quizás, revisar mejor la calificación de conservadora que ha merecido la actual experiencia de gobierno.

domingo, 19 de mayo de 2013

Tiene razón Lanata: todavía queda mucho de Videla

El jefe de operaciones del grupo de tareas del Partido Clarín, Jorge Lanata, dice que Cristina es igual a Videla. Y que, entonces, aunque haya muerto, aún queda mucho del genocida presidente de facto entre 1976 y 1981.

Tiene razón, debemos admitirlo aunque nos duele hacerlo, Lanata: todavía cargamos con varios residuos del paso de Videla por la presidencia de la Nación.

Según el precario texto que firmó Lanata para el diario propiedad de empresarios que en su momento estamparon sus nombres en gigantescos negociados con el dictador fallecido, el kirchnerismo es lo mismo que Videla porque conduce el proyecto nacional y popular y el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, sigue diciendo, se pensaba anterior a la nación. Ocurre que, para desgracia del fundador y quebrador del diario Crítica de la Argentina, a la hora de hablar de historia y de establecer comparaciones en dicha materia interesan menos las cuestiones formales y los plazos institucionales que la composición social de intereses en nombre de los que se gobierna.

Que la política, en última instancia, es representación institucional de intereses: sociales, económicos, culturales, etc.

La asimilación histórica que se intentó en Argentina entre el nazifascismo y el peronismo nunca superó el rango de la precariedad. El fascismo gusta de los grandes actos de masas, el peronismo también; ergo, el peronismo es fascismo, fue lo más elaborado que alguna vez haya podido leerse al respecto.

Alguien que no proviene del peronismo como es Alejandro Horowicz (de filiación marxista) rebatió aquella estupidez mejor que nadie en el clásico Los cuatro peronismos.

Muy resumidamente, Horowicz explica allí que el nazismo y el fascismo fueron fenómenos de clases medias sustentados por las burguesías nacionales de sus respectivos países, que, al no tener representación política/electoral --pues a diferencia de las burguesías revolucionarias francesa e inglesa pactaron con la vieja clase dirigente italiana y alemana en vez de apoderarse de los canales institucionales--, desdibujaron los contornos del republicanismo liberal. Nada de eso pasó con el peronismo, un instrumento de clases bajas combatido por la burguesía argentina que jamás abandonó en lo sustancial el esquema constitucional clásico de 1853.

A caballo de una epistemología similar, entonces, podemos discutir nosotros el paralelismo que intentó el ex actor del Maipo entre la presidenta CFK y el ex general presidente al que sus patrones insisten en aludir como ex dictador.

Y resulta que el bloque social que se benefició con la política del mal llamado Proceso es hoy el antagonista principal del gobierno de la presidenta CFK. Aquella dictadura tuvo víctimas y beneficiarios. A estos últimos, sistemáticamente ocultados --a partir de la teoría de los dos demonios-- se los encuentra más claramente que en ningún otro lado en la nómina de AEA (Asociación de Empresarios Argentinos), cuya vicepresidencia ejerce el Grupo Clarín. Ese entramado de clases dominantes fue impulsor del diseño económico que Martínez de Hoz impuso a sangre y fuego a partir de 1976, el de la valorización financiera que los articula casi como un todo único e imposible de ser disociado, y que se mantuvo inalterado hasta 2003.

A partir de la asunción de Néstor Kirchner como presidente ese ciclo histórico ingresa en crisis: con éxito en algunos casos, como ser la ley de medios o la nueva carta orgánica del BCRA; y sin tanto en otros, pues la ley de entidades financieras permanece intocada. Y otro tanto sucede con Papel Prensa, negociado arquetípico de la alianza que vertebró al ciclo histórico que se consolidó desde el desplazamiento de Isabel Martínez de Perón de la presidencia de la Nación.


Más adelante en su columna Lanata se pregunta “¿El sueño de Onganía de gobernar veinte años difiere en sustancia de la reelección indefinida?”. En el voto de la ciudadanía que convalidara las hipotéticas reelecciones; a diferencia de Onganía, que no fue nunca sustentado en las urnas por nadie. Pero es cierto que lo electoral es para quien denunciara a Clarín por lavado de dinero una cuestión menor: en el panfleto propagandístico que le hizo escribir Luis Majul, el conductor de PPT dice que a su entender la democracia es "el sistema con que el Estado incide para que las mayorías no le pasen por encima a las minorías".

“De ahí a los regímenes ‘democráticos’ dónde las minorías pasan por encima de las mayorías no parece haber una distancia insalvable.”, replicó a esa definición el periodista Juan Salinas, quien fuera compañero de Lanata, en su blog.

Es, la definición de Lanata sobre democracia, el tipo de afirmaciones que prueban que “la cultura autoritaria del Partido Militar aún sobrevive y atraviesa la historia argentina del siglo XX y el actual”. Y que “Falta que pase mucha agua bajo el puente hasta que Videla esté definitivamente muerto.”, según cierra su columna el empleado principal de Héctor Magnetto. Bien que de una inteligencia tal se nutrió cuanta interrupción del sistema democrático hubo en Argentina.

Un buen paso adelante sería que Clarín finalmente decidiera acatar las leyes de la república. Difícil: se hizo lo que es a través de la arquitectura jurídica procesista.

viernes, 17 de mayo de 2013

El DNU de Macrì en contexto


El jurista Gustavo Arballo advertía sobre la ley de medios, en un post de su blog, el 25 de septiembre de 2009, que los actores grandes del mercado de medios audiovisuales iban “a iniciar una guerra de guerrillas contra la Administración, litigando en sede administrativa y luego en sede judicial los mecanismos de transición. Cosa muy complicada, la cirugía bucomaxilofacial de la hidra de mil cabezas va a llevar tiempo y un pallet de anestesias y cautelares. (…) El cronograma y las bazas de esa transición no la puede controlar absolutamente el gobierno, no porque no pueda ser mayoría en la autoridad de aplicación, sino porque hay algo que se llama ‘control judicial’, que va a ser aquí persistentemente requerido y monitoreado, y uno piensa, prestamente ejercido.”

Y concluía: “Esto ocurrirá así con independencia del plazo nominal que use el legislador para ‘apurar’ el proceso” (énfasis del original).

Estas citas resultan ser, a casi cuatro años vista de escrito aquello, la mejor guía conceptual para entender el movimiento que intenta desde hace algunas horas Maurizio Macrì, el jefe del desgobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en derredor del expediente, en vías a tornarse batalla y eterna, por el cumplimiento efectivo y completo de lo dispuesto por la ley de servicios de comunicación audiovisual (LdSCA), en el que ha intervenido por medio de un DNU local que se pretende “en defensa de la libertad de expresión”.

El operador del diario La Nación Joaquín Morales Solá puso blanco sobre negro al día siguiente del mamarracho firmado por el intendente porteño: “(…) el trasiego de planteos por la jurisdicción será largo y seguramente terminará en la Corte Suprema de Justicia”  (énfasis nuestro).

En efecto, habida cuenta de la muy probable --y, sobre todo, próxima-- convalidación que de la LdSCA puede llegar a establecer la Corte Suprema de Justicia, el Grupo Clarín, cuyos intereses gerencia cabalmente el ex presidente de Boca Juniors como fiel exponente del bloque de clases dominantes que nunca ha dejado de ser, apuesta, ahora por medio del DNU porteño, a aferrarse de la que ha sido su táctica predilecta desde siempre: el paso del tiempo, a expensas del cual pueda operar políticamente una modificación de escenario en el que le sea posible esterilizar las pretensiones reguladoras de las instituciones de la república.

Dicho de un tirón: en la hipótesis de que la LdSCA fuera declarada constitucional en su totalidad --y no por partes como ocurrió con el fallo que a estos respectos firmó en abril último la Cámara Cautelar de Apelaciones en lo Clarín y Rural--, la sucesión de trámites que se harán necesarios a efectos de disponer la concreta aplicación de lo dispuesto en su articulado será de todo menos sencilla. Y cada nuevo acto administrativo en tal sentido abriría una numerosa cantidad de posibles litigios que operasen en función de insistir en la paralización de la actividad del órgano administrador del Estado (esto es, el Poder Ejecutivo).

Lo antedicho fue parcialmente solucionado por el Estado a través de una de las seis leyes que integraron el primer paquete de la reforma judicial, por medio de la cual se corrigió el abuso de medidas cautelares de que se servían los distintos elementos del establishment. Bloqueada esa posibilidad, Clarín podrá ahora acudir al salvavidas de la sobrejudicialización que a partir del conflicto de competencias generó Macrì con el DNU local que acaba de presentar, de evidentes pretensiones electorales y que presta enorme atención de las vicisitudes que alega el multimedios conducido por el contador Héctor Magnetto.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como cualquiera de las 23 provincias de la organización federal establecida por la Constitución Nacional, conserva para sí la competencia regulatoria en materia de libertad de imprenta. Ello es así desde la reforma constitucional de 1860, fue una de las condiciones que puso el entonces Estado de Buenos Aires para aceptar la reunificación nacional con la Confederación. Temerosos los dueños de los diarios porteños del siglo pasado de posibles represalias que pudiera querer cobrarse con ellos el general Justo José de Urquiza, líder de la Confederación, por el trato denigrante que recibía en sus páginas.

La definición, entonces, rastreada en su sentido histórico, está clara: es sobre prensa escrita que no puede establecerse la jurisdicción federal. Así y todo, las estipulaciones de la ley de medios no requieren de ser abordadas a través de analogía ninguna, tienen regulación específica en la CN artículo 75, inciso 19, párrafo cuarto, que establece como atribución del Congreso, entre muchísimas otras enumeradas en el mismo artículo, la de “Dictar leyes que protejan la identidad y pluralidad cultural, la libre creación y circulación de las obras del autor; el patrimonio artístico y los espacios culturales y audiovisuales.”

Doctrina, por otro lado, compartida también por una serie de fallos de Corte Suprema de Justicia, el último de los cuales es del año 2012, en un caso en que la provincia de San Luis demandó contra las potestades del Estado nacional en materia audiovisual.  

El DNU PRO-Clarín, así las cosas, confunde --por supuesto que de manera intencional-- las competencias entre el orden federal y el local, por un lado, además de, en virtud de la excesiva cantidad de facultades que se auto atribuye en su articulado, pasar abiertamente por encima de otra legislación nacional (la ley de quiebras, por caso, con una prohibición al desapoderamiento de bienes, y también el derecho de huelga de los trabajadores de prensa) y aún constitucional (exceptuando a un tipo particular de empresas, las de medios, de la posibilidad de expropiación, lo que a su vez conlleva problemas en términos de igualdad).

Y nunca estará de más recordar la voluntad desesperada de Macrì por colocarse a resguardo de sus propias desventuras judiciales, está procesado en doble instancia por los tribunales federales en la causa por escuchas ilegales. Ésta será una de tantas bengalas que a que pueda acudir como excusa si ese asunto se le complica cuando le llegue la hora de victimizarse mintiendo persecuciones que atribuirá a su condición de opositor al kirchnerismo.

De todas formas, interesa poco adentrarse en la especificidad de la amplia gama de cuestionamientos legales que es posible señalar del esperpento jurídico firmado por Macrì. El bloque que integra el jefe del desgobierno porteño ya ha reconocido expresamente que es secundario para ellos el territorio argumentativo, tan es así que se está en medio de una suerte de psicosis social a partir de la especie de una hipotética intención por parte del gobierno nacional de intervenir el Grupo Clarín, que a esta hora no ha superado el rango de las formas verbales condicionales.

A pocas horas de anunciado el blanqueo de capitales por el equipo económico de la presidenta CFK, fracasó un nuevo intento de corrida bancaria, tanto que ahora el precio de la divisa ilegal desciende raudamente. Se hacía necesario generar una nueva línea de condicionamiento al oficialismo: el cuidado de la salud de Clarín, teóricamente en riesgo, es la respuesta. En momentos en que la confrontación del grupo dominante del mercado infocomunicacional argentino con la legalidad ha ingresado en tiempo de descuento y con pronóstico reservado.

Justo en la semana en la que se cumplieron 10 años de la amenaza de José Claudio Escribano en tapa de La Nación al entonces recién consagrado presidente Néstor Kirchner. El pliego de condiciones al que debía someterse si no quería que su gobierno durase apenas un año. Que así, después de todo, se había manejado siempre el establishment con los gobiernos consagrados desde 1983: sólo se gobernaba si era en acuerdo con el bloque de clases dominantes, al que los diarios Clarín y La Nación expresan y organizan; y si no, no. Por ese pliegue intenta ahora Macrì erigirse antagonista refutatorio del presente ciclo histórico: que la política vuelva a ser mera instancia de convalidación de negocios privados.

A la luz de lo sucedido en estos 10 años, cada cual podrá sacar sus conclusiones respecto de si finalmente Kirchner accedió o no a las amenazas que le formularon. No fue uno, como pronosticó Escribano. Ya van 10, serán 12 y quién sabe si no más. Hoy el pliego de condiciones se denomina “cotización del dólar blue” y “amenazas contra la libertad de expresión”. A partir de lo aprendido en una experiencia de la que fue protagonista principalísima, sabrá la Presidenta cómo responder a las bravuconadas de los mafiosos de 2013, según Néstor lo hiciera con los de 2003.

Sabe cuál fue el camino que permitió a su espacio dejar en ridículo por decuplicado a quienes creyeron que podrían maniatarlo. Se trata no más que de reincidir en lo que ya ha sido exitoso.

lunes, 13 de mayo de 2013

Néstor Kirchner, la película II


El 6 de enero comenté acá, luego de haber podido finalmente verla, la película sobre NK de Paula De Luque. Reiteramos lo entonces dicho al respecto: es pésima.

Ahora pudimos ver la de Adrián Caetano: tampoco me satisfizo.

Dije entonces: "Lo cuentan plano, lineal, predestinado. (...) Néstor jamás eludió --se lo puede ver en You Tube, el día que fue como invitado a 6, 7, 8-- lo que significó Duhalde como capítulo de su historia: asumió, con absoluta naturalidad, que pactó, por necesidad, con él; y con eso lo sinuoso de los carriles por los que discurre, no exenta de contramarchas, la traza de un proyecto político, por entremedio de las complejidades que dictan las contradicciones que se imponen a partir de los márgenes caprichosos que se dibujan al interior de las disputas propias de la vida misma, en general; y de la lucha política, en particular. Todo ello implica una riqueza que la película de De Luque, pintada con trocha gorda, elude, en tanto elige desatender las particularidades de, justamente, lo humano, rugoso por definición."

Caetano sí elude el endiosamiento de un Mesías que Néstor Kirchner obviamente no fue; entiendo que más bien intentó subrayar cierta coherencia histórica, sostenida en su accionar gubernamental en distintos ámbitos a través de largos años de carrera política y del énfasis dedicado a ciertos rasgos de una personalidad común, sencilla.

El amigo Lucas Carrasco, quien en su blog me caracteriza correctamente como “fervoroso kirchnerista” (de paso, agradecemos la mención, como siempre), dijo alguna vez, en un reportaje que le hicieron pocos días después del fallecimiento de Néstor Kirchner, que el kirchnerismo concitaba adhesiones multitudinarias debido a que, habiendo expuesto que el drama argentino hasta 2003 se fundaba en la dualidad que implicaba que el poder real no fuera el de las instituciones de la república, aportó la novedad de que se hacía posible la rebeldía desde el oficialismo.

Allí está el meollo que ninguno de los dos films supo abordar con acierto, en especial el de De Luque.

Demasiadas veces uno hace abuso del término complejo sin estipular con exactitud a qué hace o quiere hacer referencia.

En el caso de Néstor Kirchner, lo esencial pasa, más allá de su trayectoria particular, por la comprensión del proceso histórico de resignificación política que desató un personaje que, formado durante la frustración del tercer peronismo y habiendo escalado a la vida pública como elemento integrante estable del elenco dirigencial de la democracia de la derrota (ciclo 1983/2001), llegó a la presidencia como resultante de nada menos que el estallido del sistema político/institucional cuando la caída de Fernando De La Rúa; la más grave crisis que en la materia haya atravesado este país. Y cuya resolución, ojo, aún está en disputa.

En definitiva, y poniéndonos muy marxistas, cómo hizo un dirigente burgués para, interpelando con armas sistémicas a los topes que enmarcaron la dinámica política nacional, poner en crisis el statu quo vertebrado en veinte años de democracia post dictatorial. Uno que hizo de la, apenas, instancia de convalidación legal de negocios privados. La reversión (cuando menos los puntos suspensivos) de aquello parió el único espacio con sujeto social, militancia, capacidad de convocatoria y movilización y entusiasmo, en tanto devolvió a la política su sentido de instrumento del mejoramiento concreto de la vida de la sociedad.

Un personaje vale históricamente por su trascendencia colectiva, no por sus especificidades personales, que explican en lo menos los procesos políticos.

Ese trazo todavía está a la espera de, vaya paradoja para el kirchnerismo, un relato que lo evoque acabadamente en toda su dimensión.        


domingo, 12 de mayo de 2013

Blanqueo y renovación del litigio político esencial de la hora actual

Alfredo Zaiat explicó el sábado en P/12 que la gran diferencia entre el blanqueo actual y anteriores es la aplicación prefijada específica de éste.

No hubo entre las voces más emparentadas con el oficialismo nadie que se abstuviera de criticar, ya sea desde la perspectiva de la ética o bien a propósito de su sesgo inequitativo, lo cual desmiente, una vez más, aquello de la imposibilidad de disentir al interior del espacio kirchnerista. No es la primera vez que esto ocurre, ya había ocurrido antes; por caso, a propósito del engendro que supone la nueva ley de riesgos de trabajo.

De la amplia gama de contratos privados que admite el sistema jurídico argentino el único intervenido en términos de oportunidad, mérito y conveniencia es el convenio colectivo de trabajo. El Ministerio de Trabajo puede negarse a convalidar un acuerdo salarial, que se reitera es de carácter privado. Simplemente porque le parece mucho. Desde siempre. Bajo el pretexto de que impacta, por precios, en el bienestar general.

Resulta que en el desarrollo de su giro comercial, un empresario firma una cantidad enorme de contratos también de carácter privado, además del de sueldos. Logística, alquileres, servicios financieros, por caso. Y lo cierto es que, aunque menos, todos impactan en los costos. La realidad es que desde siempre el Estado ha querido tener bajo su control el conflicto social, combustible del Derecho del Trabajo.

Eso fue así hasta que, control de precios mediante, el gobierno nacional ha dicho que se revisarán todos los costos de la cadena, y ya no sólo el salarial. El financiero, con la famosa Moreno Card, por caso, también. El gobierno nacional corrigió en parte ese sesgo antiobrero de la juridicidad argentina.

Mariano Grimoldi explicó, sencillita, la alternativa posible al rumbo económico actual. Y lo quedó más claro de todo es quién pagaría esa otra opción.

El kirchnerismo está para salvar a los sectores asalariados del desarrollo “natural” de los esquemas económicos que seleccionan de modo arbitrario ganadores y perdedores, pero presentan teñidas de legalidad y naturalidad esas decisiones.

En el análisis de las disyuntivas económicas hay un buen auxilio para la toma de decisiones políticas. 

martes, 7 de mayo de 2013

Lo que oculta la desmesura


Cuesta por estas semanas encontrar planteos analíticos originales acerca del escenario político actual. Cada vez se tarda menos en leer los diarios, por cuanto toda nueva edición parece una repetición de la anterior. Ésto, independientemente de la línea editorial que se quiera considerar. Las diferencias no van más allá de la exageración con que cada medio procede, en lo que lleva la delantera, y claramente, el Grupo Clarín, cuya confrontación con la legalidad ha ingresado en tiempo de descuento y con pronóstico reservado.

La desmesura comentada responde a las carencias argumentativas, o bien a la imposibilidad de asumir en su completa dimensión las razones con que se cuenta.

La ausencia de novedades, por su parte, puede que indique que las líneas dominantes que organizan el cuadro de relaciones de fuerzas no se han alterado significativamente desde octubre de 2011, última referencia disponible, dato --por cierto-- no menor: las posibilidades de que ocurran alteraciones considerables en la composición parlamentaria en una elección en la que el kirchnerismo jugará lo obtenido cuando su peor desempeño (2009) son escasas. En un contexto, aquél, además, y de lejos, peor, por la previa que lo rodeó y por el resultado final, el oficialismo elaboró el 54,11% de la reelección de la presidenta CFK.

En ese marco, la foto que agrupó a Hugo Moyano, José Manuel De La Sota , Francisco De Narváez, Roberto Lavagna y otros levanta expectativas desmedidas, habida cuenta del escaso anclaje que en términos de poder político pueden exponer los mencionados.

Moyano ha perdido peso de manera alarmante hasta en la que fuera, otrora, su cancha natural, la calle, pasando de convocar 500 mil personas en la 9 de Julio para pedir la reelección de la Presidenta --en nombre, recordemos, del descanso en paz de Perón, Evita y Néstor Kirchner--, hace dos años, a la testimonialidad raquítica de un pellizco de Plaza de Mayo el 20 de diciembre del año pasado y otro tanto de Plaza Congreso para repudiar la reforma judicial hace pocas semanas. 

De La Sota cabalga con habilidad sobre la fractura política post 2001: juega sus fichas a la hipótesis de un armado nacional para el año 2015, que por el momento no supera ese rango, en medio de un juego en el que, a excepción del Frente para la Victoria, sólo existen confederaciones de armados provinciales. Requiere, sí, de algún impulso extra para conservar la primacía en su territorio, toda vez que, como ya hemos dicho aquí, le ha costado el triunfo cuando no fue a las urnas acompañado del kirchnerismo. Pero no juega mucho (Córdoba elige diputados, no senadores, en 2013; se gana más fácil), no pondrá el cuerpo él mismo (lo hará alguien de su riñón, Schiaretti, figura también fuerte de la política local) y, lo más importante de todo, tiene reelección como gobernador a mano ante cualquier improvisto.

De Narváez sólo fue depositario del clima anti K de 2009, y Lavagna aspira al voto porteño, que lo es de por sí (opositor acérrimo al kirchnerismo), independientemente de coyunturas. Una elección de tamaño consorcio y sin contrincantes en la interna del PJ Santa Cruz fue presentada como derrota abrumadora de La Cámpora y la Presidenta.

El oficialismo carga con las dificultades propias de todo expediente sucesorio, pero a la hora de rastrear la posición y alineamiento políticos del PJ nacional, el peronismo que gobierna realmente, se encuentra con que la Presidenta consigue que se mueven gabinetes provinciales durante algunas horas a los fines de consagrar en el Congreso nacional el acuerdo con Irán, y que el partido documenta, de puño y letra, su adhesión a la figura presidencial y a sus lecturas situacionales, aún la provincia de Buenos Aires y a, apenas, dos años vista del fin de un mandato sin reelección.

Entonces, ¿qué es lo que subyace detrás de tanta humareda?

El kirchnerismo ha sintetizado la posibilidad de que la política sea otra cosa que la convalidación institucional de la expansión de la rentabilidad empresaria sin límites y a cualquier costo. No se han reconfigurado las estructuras de propiedad de modo decisivo, sí se ha discutido la captación de rentas por parte del Estado con mucha mayor fortaleza; esto es, ha existido un programa de modificación de las decisiones políticas --siempre arbitrarias, y también modificables-- que convalidan la transformación a privado del dinero para mutarlos en públicos y operar una redistribución en función social, que arroja --a la fecha-- saldos, de lejos, mejores que los existentes al año 2003.

Apenas eso, podrán reprochar desde los extremos del imposibilismo épico; lo cierto es que para Argentina ha sido bastante, considerando el pasado más inmediato y las ronchas que eso acusado de escaso levanta en sectores de privilegio. Las principales variables tarifarias y otras de distintos mercados a posteriori de la megadevaluación de 2002, libradas al dictat “natural” de la oferta y la demanda habrían implicado una herida social aún peor que la muy grave que por entonces ya se vivía. Y allí estuvieron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández para repartir las cargas de un ajuste que no habían elaborado ni compartido (Kirchner se negó a ser jefe de gabinete de Duhalde porque no acordaba con la pesificación asimétrica).

Cuando se observan las manifestaciones de AEA, el bloque de clases dominantes nacional, hace muy poquito a propósito de la discusión sobre los tribunales --su refugio último contra las pulsiones del populismo reformista--, la disputa queda clara.

Clarín recorre otras rutas epistemológicas: la Cámara Federal de Apelaciones en lo Civil y Comercial sentenció que quedan a cargo de la libertad de expresión los elementos más potentes del negocio comunicacional, al disponer que no cabe la regulación estatal en mercados potencialmente ilimitados en su tamaño, lo que en concreto equivale a la posibilidad del actor dominante (Clarín) de expandirse ad infinitum; y que prensa independiente y autosustentación económica son sinónimos. De esa inteligencia penden hoy sus relajados topes.

Mario Wainfeld dijo este último domingo en Página 12 que la expresión programática alternativa no es condición sine qua non del triunfo electoral para ninguna oposición. Ése es el hilo invisible que sostiene la unidad entre armados partidarios adversos al de la presidenta CFK y poder real. El PRO lo hace más sencillo: promete explícitamente una devaluación de 40%, mete tiros y palos en el Borda y a otra cosa. Por eso es también que Maurizio Macrì no logra salir de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y que no se lo invita a las fotos de familia, algunos de cuyos integrantes se le despegan sutilmente.

La imposibilidad de asumir electoralmente un relato como el de la lógica que vertebra el fallo Clarín en una sociedad transformada en profundidad en cuanto a la conciencia de sus derechos en 10 años y las múltiples posibilidades de presentar una derrota de Cristina Fernández que permite una elección legislativa de medio término hacen el resto. Al margen de lo que dispongan las urnas en términos institucionales, lo que urge a Clarín es comprar el tiempo que frene la dinámica cuestionadora de que el rumbo los negocios privados funcione como eje rector de la sociedad. 

El Congreso '09/'11 no logró sancionar ni una sola ley: el empate del establishment del que hablábamos en el último postY dos años son demasiado tiempo para que una república democrática los pierda en función de la vigencia de la estructura de negocios de nadie.