jueves, 23 de agosto de 2012

Contando porotos

En la actualidad, existen, a mi criterio, dos vertientes capaces de pelear poder al interior del peronismo, que es el espacio donde va a tramitar la sucesión 2015.

Por un lado, está el kirchnerismo; por el otro, hay un grupo de gobernadores, intendentes y senadores (también algunos, menos, diputados) que han gobernado --y quieren volver a hacerlo--, todos los cuales, sin haber participado de lo que fue la experiencia del “peronismo federal”, tampoco sacaron nunca los pies del plato.  

El kirchnerismo y ese sector coinciden en un punto: garantizan gobernabilidad, uno de sus objetivos innegociables. Esto es, el programa es evitar la parálisis administrativa permanente de 2001/2002; la imposibilidad de pagar sueldos, el feriado bancario permanente, la autoridad estatal o gubernativa evaporada.

Lo actuado desde 2003, acepta el, llamémosle, no kirchnerismo, es cosa juzgada, no puede volverse atrás respecto de ello. Eso es lo que lo diferenció del “peronismo federal”, en tanto tuvieron la lucidez de advertir que el retroceso a una escena previa a 2001 equivale, justamente, a perder la capacidad, la legitimidad que sustenta la legalidad de mandar.

El kirchnerismo sólo perdió tropa en el Congreso cuando durante el conflicto agromediático la escena se pareció, por momentos, bastante a la de detención administrativa en el tiempo, por cuanto no se lograba tramitar salida ninguna. En ese entendimiento, no sería demencial suponer que, constatado que la fuga era previa al voto no positivo del entonces vicepresidente contra el Gobierno --que él integraba--, se forzó la situación de derrota legislativa, a los fines de poder recomponer de alguna forma, desde algún punto, pero sin haber aparecido cediendo.

La crisis de la 125 tuvo su correlato en las elecciones de 2009, y ya se sabe. El kirchnerismo superó los dos años que debió atravesar en situación de gobierno dividido sui generis --en clara minoría en Diputados, en empate permanente (y desgastante) en el Senado, pero sin mayoría alternativa consistente y unificada capaz de adversarlo-- con un programa defensivo: apenas trabando las iniciativas de los distintos fragmentos opositores en el Senado, operando las grietas internas del Grupo A y las jurídicas de sus proyectos, que se sustentaban en un imaginario de recorte de potestades y recursos del Ejecutivo.

El peronismo no kirchnerista que gobernaba provincias a que hacíamos referencia, Urutubey y Schiaretti por ejemplo, tuvieron entonces mayor protagonismo. A nadie convenía una retirada vergonzosa del gobierno que reposicionó a la política en la cúspide del sistema de decisión nacional. Menos si ello venía en combo con la poda de los pilares instrumentales que hicieron posible el proceso. Dato no menor es, a todo esto, que el salto masivo de legisladores kirchneristas a la oposición que se pronosticaba a posteriori de las legislativas de 2009… nunca sucedió, cuando sí sucedieron, y varios, episodios de ese tipo.

Néstor Kirchner probablemente, y yo diría seguramente, negoció tramitar las internas que envolvían, y aún con él fallecido envuelven, al Justicialismo pateando la pelota para adelante; mientras se controlaban daños, se reinventaba el gobierno nacional, y el resto con aspiraciones podía armarse en paz: eso dio en llamarse Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, PASO.

Carlos Verna fue quizás el mejor ejemplo de ello: operó como bisagra en el Senado entre el Grupo A y el oficialismo, mientras negociaba diferentes expedientes de su provincia (La Pampa) como campaña para su retorno como gobernador, que buscaba para el año pasado. Así funcionó hasta que la correlación de fuerzas de la interna cambió, y sobre esas bases Cristina buscó modificar los términos del acuerdo: Verna se negó, Cristina insistió, y todo terminó con un gobernador de La Pampa potable para el kirchnerismo (el reelecto Oscar Jorge) y con Verna navegando ahora en la intrascendencia en el Senado, tanto que hasta ha perdido a la que era su alter ego allí, la senadora María Higonet.

Pero las PASO tienen también la virtud de acotar, un poquito, la posibilidad de alquilar las bancas al mejor postor, toda vez que la participación misma en las elecciones depende de superar ese trámite, aún para candidaturas legislativas.

Bueno, todo esto está muy bien, pero, ¿y; qué, con todo ello?

Da la sensación que Cristina no hizo, cuando pobló las listas legislativas del año pasado de tropa propia tanto como pudo y más, otra cosa que prever la interna de 2015. Organizó a partir de ello su juego a cuatro años vista, tanto Scioli como De La Sota (cero coma cero, tanto en la Alta, alguito apenas de DLS en la Baja) carecen de fuerza alguna en el Congreso nacional, y es muy menor la que pueden llegar a cooptar, la PJ no K.

Desde eso se robustece la posición de la Presidenta, y la del kirchnerismo puro, de cara a la sucesión; los contornos de esa partida son los que dibujó 2011, en tanto en 2013 hay que superar un techo muy bajito pero, a diferencia de entonces, con AUH y ley de medios operando, no a la salida de derrota política significativa alguna y sin clima dominante de derrota.

En ese orden de ideas, y habida cuenta que se estaría frente a dos dirigentes que, a más que cuentan con nada en el escenario nacional, tampoco tienen en la palma de sus manos sus propios terruños, exagera demasiado cierto kirchnerismo, con un pavor que ya es histérico, frente a amenazas que lo son más por lo que se dice de ellas que por sus presencias concretas en el terreno de juego.

Y concomitantemente con ello, con no tener otra idea que la de una reforma constitucional.    

lunes, 20 de agosto de 2012

San Martín

A 162 años del paso a la inmortalidad del general San Martín, conviene hacer un repaso de su historia, para poder ensalzarlo sin necesidad de recurrir a la falsificación, innecesaria, habida cuenta que su obra, de cualquier modo, fue inmensa.

San Martín fue, durante gran parte de su vida, un español. Argentina no existía como tal y las ideas independentistas menos todavía cuando don José emprendió el retorno al territorio del que había partido a sus 5 años de edad. San Martín era, además de capitán del ejército español, dirigente político del partido liberal en la madre patria.

Los liberales sostenían, por aquellos tiempos, duras rencillas internas contra los partidarios del absolutismo en España. Querían enrolar a su país, España, en la senda abierta por la Revolución Francesa: y esto era, en su caso, división de poderes y autonomías de las colonias; es decir, institucionalidad republicana. En ese orden de ideas, y no en el de ir preparando lentamente una independencia que no estaba por entonces en la cabeza de nadie, se hizo acá la Revolución de Mayo de 1810. Se confiaba, en las filas liberales, en Fernando VII para encabezar el tránsito de España hacia el republicanismo, manteniéndose el rey sólo en el ejercicio del Poder Ejecutivo.

San Martín, sabiendo de los levantamientos revolucionarios en Sudamérica, emprendió el retorno para torcer la disputa contra los virreyes, eslabón fundamental y partidarios en su mayoría del absolutismo --ante cuyo desplazamiento ellos, sencillamente, se volverían inútiles--.

A San Martín no le "tiró" una tierra que no sentía aún como propia, de entrada, ante todo porque nadie aún la sentía parte diferenciada de España; por ende no buscaba tampoco la liberación de las colonias. Apenas, la autonomización de las mismas como parte del programa liberal; es decir, que lo que hoy conocemos como Argentina pasara de colonia a provincia de la corona.

Y no es para que se nos pinche el héroe: en ese marco, significaba una revolución inmensa el programa liberal/Mayo/sanmartiniano.

Sólo cuando Fernando VII, una vez retornado al trono, y al contrario de lo que se suponía, se pronunció por la continuidad del absolutismo, los revolucionarios de Mayo, entre los que ya se contaba San Martín, comprenden que para sostener el programa republicano era, ya entonces sí, necesario separarse de España. Quizás muchos que hoy parlan porque el aire es gratis se habrían preguntado entonces por qué nuestros próceres cambiaron de opinión después de seis años, o que había detrás del súbito viraje. Sin segundas intenciones digo esto, no vayan a pensar mal.

Reiterando y resumiendo: revolución e independencia fueron, cada una a su turno, no más que herramientas; el objetivo final no era ninguna de ellas en sí misma, sino el diseño de una república de corte liberal inspirada en el 1789 francés. El aporte de San Martín a la gesta fue, igual que el de Bolívar, Dorrego, Artigas y otros tantos, la comprensión de que si el movimiento no se extendía al subcontinente entero, la obra sería incompleta.

De ahí que el Congreso de Oriente, que declaró la primera y verdadera independencia nacional --comandado por un íntimo de San Martín como era Artigas--, tanto como el de Tucumán --en el que San Martín, gobernador de Cuyo (San Juan, San Luis y Mendoza) en 1816, y porque era factótum de todo aquello, digitó: presidencia del mismo (Laprida, sanjuanino), director supremo de las Provincias Unidas del Río de La Plata (Pueyrredón, de San Luis) y voz cantante entre los diputados (Godoy Cruz, mendocino)--, declararon libres a los pueblos de Sudamérica, y no sólo a Argentina. San Martín requería de ello para colocar en situación formal de invasores a los ejércitos virreinales en Chile y en Perú.

El otro ingrediente que pesó en la decisión del Santo de la Espada para retornar fue puramente personal: siendo español, pero nacido en colonia, era ciudadano de segunda clase, por lo que no le estaba permitido llegar más que a la capitanía en el ejército ibérico. Incluso para provecho propio, requería, el a la postre libertador de América, el desplazamiento de los valores que sustentaban el orden absolutista: el liberalismo proponía aniquilar tales distinciones entre ciudadanos.

San Martín, en suma, fue, antes que un militar, y más que sólo ello, un dirigente político excepcional, de primer nivel, que por esa vía (por medio de la política) lograría tomar Lima... sin disparar un sólo tiro. Su vida la pasó operando las fallas del orden al que combatía, para evitar, en cuanto le fuera posible, llegar a tener que recurrir a la lucha armada.

¿Algo de todo lo dicho hace de San Martín menos héroe, porque no se trató del ser celestial que pintó la historiografía nacional originaria fundada por Mitre, y casi irreal, porque no era, decíase, dominado por ninguna de las pasiones mundanas que nos hacen imperfectos a los hombres y a las mujeres?

No. Más bien, yo diría que todo lo contrario: la obra adquiere dimensión aún más gigantesca cuando advertimos que se trató de alguien, prima facie, como cualquiera; y que, entonces, pensar la política en clave revolucionaria y epopéyica no es mero infantilismo, sino que está al alcance de la mano de quien se lo proponga y sea virtuoso a tal efecto.

Precisamente lo que quisieron evitar Mitre y sus secuaces, que se apropiaron de San Martín y de otros tantos a los que en su juventud combatieron sus antepasados (los del mitrismo), fue que surgieran cuestionadores de los ocasionales statu quo; disconformes con las tesis que sostienen que la Patria ya está hecha, y que sólo resta administrarla, matriz clásica de las derechas en todo el mundo.

Alguna vez leí que San Martín era "tan grande" --hablan de una grandeza que jamás desmenuzan-- que había liberado al país "pese a que éste lo exilió". Estupidez importante: ante todo, difícil que haya sido ‘a pesar’ del exilio, por cuanto la independencia vino primero.

Pero, además, a San Martín no lo exilió "el país": lo exiliaron Rivadavia y los suyos; el mismo Bernardino que según el mitrismo fue "el más grande hombre civil que dio el país". Deberían haber aclarado que fue también el que dedicó su vida a venderlo --encima de modo corrupto-- y a debilitarlo políticamente, cuestión que al cabo de sus intervenciones públicas había pasado de colonia española a inglesa. Y para mucho peor: no en vano Belgrano supo decir “o el viejo amo o ninguno” durante las invasiones inglesas, cuando se negó a jurar fidelidad a la corona británica --único funcionario del virreinato que procedió de tal forma--.

Durante muchos años, San Martín y Rivadavia fueron exhibidos juntos, porque también ocultar las luchas que entre ellos hubo, que fueron intestinas, era necesario para el relato que sustentó la continuidad del proyecto rivadaviano --luego unitario, luego mitrista-- de inserción argentina en la división internacional de la pobreza como chacra de Gran Bretaña --para lo cual hasta se llegó a la ridiculez de hablar de San Martín como un "agente inglés", que buscó apenas cambiar concesionario del país--, cual si el Coloso de Los Andes hubiera acordado alguna vez con ello: dudoso, dada su adhesión a los morenistas de Mayo, autores del Plan de Operaciones, de corte fuertemente intervencionista.

En orden a justificar el dominio inglés sobre nuestra capacidad de decisión nacional en todo sentido hubo tanto la tergiversación del Mayo de 1810, el supuesto repudio a lo español, como de la historia de San Martín, cuya partida al exilio, definida por los pro británicos, nunca fue explorada en detalle, y hasta se atribuyó a Bolívar, con el que desde que Sarmiento lo visitara en Francia quisieron enfrentarlo para operar en contra de la unidad sudamericana en sintonía con los intereses ingleses.

Reinterpretar la Historia es válido y necesario. , otra muy distinta. Ponerla en sus justos términos, necesario, porque, como dijera Jauretche, quien hace mala Historia hará también mala política. Es, en ese entendimiento, muy necesario dejar bien sentado el carácter de convencido y rabioso militante político del general José de San Martín.

sábado, 18 de agosto de 2012

El dolor de ya no ser (a propósito de Macrì y los subtes)


A contrario sensu de lo que, dado lo extremadamente precario de su formación cultural e intelectual, apenas logra balbucear, fue en realidad el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Maurizio Macrì, quien dedicó enormes esfuerzos a inflar el conflicto por los subtes, con el objetivo de resurgir como candidato presidencial para 2015.

Esto dicho luego de advertir que, en determinado momento, comenzaron a brotar de boca del alcalde porteño definiciones sobre política nacional, por ejemplo con referencias al inexplicablemente vilipendiado presidente venezolano, Hugo Chávez, y al peligro de que el kirchnerismo pudiera llegar a devenir en unicato totalitario. Frases taquilleras pero sin mayor sustento que la letra que puede diseñar Jaime Durán Barba para que reboten en un núcleo muy minoritario de mentalidades afiebradas y, por supuesto, por demás embrutecidas.  

Curioso comportamiento, habida cuenta que se está frente a un conflicto de carácter estrictamente local, a cuya administración escapa Macrì, quien irrumpió a la política en medio de un mar de imprecisiones y vaguedades, pero bajo la sí clara promesa de que el suyo sería un gobierno dedicado a gestionar prescindiendo de la dialéctica --lo cual, se sabe, es pura utopía--.

El juego presidencial de Maurizio Macrì no ha hecho más que complicarse desde que el intendente quedó seriamente comprometido por tres instancias distintas de los tribunales federales, acusado de ser el jefe de una asociación ilícita dedicada a practicar escuchas telefónicas ilegales a distintos ciudadanos a través de las estructuras del gobierno que encabeza. Las decisiones referidas fueron aprobadas hasta por la ex política ultra antikirchnerista Elisa Carrió, lo cual fulmina sin más el programa macrista válido para cualquier ocasión: aludir siempre a supuestas y jamás probadas conspiraciones montadas por el kirchnerismo contra el jefe PRO.

Como Quico con Don Ramón

El fuego que han debido reavivar en PRO ahora que se toparon con dificultades en torno al ejercicio de la administración de los subterráneos que el Congreso dispuso en perfecta paz con la letra constitucional --no se trata en este caso de transferencia de potestades propias de una jurisdicción a otra distinta, por tanto no corresponden reasignaciones presupuestarias--, esta vez ha ido demasiado lejos, y burdamente. Acusar de kirchnerismo a los metrodelegados, aparte de constituir persecución ideológica, constituye una mentira de un calibre tal del que se sabe con changüí de complicidad para con sus dichos.

Aún cuando se verificaran lo que Macrì entiende que constituyen denuncias considerables, ello no lo eximiría en modo alguno de tener que ejercer sus deberes de funcionario público, también sobre quienes lo adversan. La realidad, al margen del relato duranbarbista, indica una situación diametralmente opuesta: el de los metrodelegados es un cuerpo de mayoritaria adhesión al trotkismo, enfrentado a la conducción de la sí oficialista UTA por cuestiones de personería gremial, y que ha sabido tener encontronazos con la presidenta CFK cuando era el gobierno nacional el que administraba el servicio. Capítulos, por cierto, que incluyeron fortísimas acusaciones por parte de Cristina, por motivos mucho más justificados, pero jamás renuncia a las potestades y obligaciones que la incumbían en tales expedientes.  

A mediados de 2011, Macrì desistió de su por entonces ya anunciada decisión de competir por la presidencia porque su asesor estrella, también ahora procesado judicialmente, en este caso, por campaña sucia contra Daniel Filmus en 2011; en una de cuyas artimañas, paradójicamente, se hacía referencia de modo negativo a Hugo Moyano, sobre quien a Macrì se le han oído elogios desde que el secretario general de CGT decidió enfrentarse a la que hasta hace nada reivindicaba como su jefa política... las vueltas de la vida.

La intromisión del alcalde en esos asuntos, que no lo incumben, habla a las claras de quien busca recuperar protagonismo en la escena nacional en forma desesperada, lo que le es esquivo. La recomendación de Durán Barba, sensata, se basó en lo que luego se comprobó como el diagnóstico certero de lo inevitable: la reelección, y con carácter de contundente, de Cristina. Así las cosas, diagnosticó la conveniencia para su cliente de un juego a la defensiva, retrocediendo de su objetivo inicial. A lo utópico de su apuesta presidencial, se sumaba que la encuestología no le garantizaba que ninguno de sus delfines pudiera retener el único distrito que gobierna y a… la necesidad de fueros.

Las tramas que envolvieron a las motivaciones que esgrimió Macrì para permanecer en la Ciudad allí siguen, y lo condicionan fuertemente en su apuesta máxima. Artemio López estimó que tal decisión (la de bajarse) fue errada porque lo privó de dar inicio al proceso de construcción de un armado nacional presentable, del que aún carece más allá de expresiones salpicadas y mayormente marginales, vertebradas ineludiblemente en derredor de su figura, presuntamente taquillera pero aún carente de implantación territorial considerable en punto a competitividad electoral.

Hay que sumar a lo anterior que la aparición de las PASO le impidieron al hijo de Franco especular con la testimonialidad local para luego pelear en lo nacional, algo que también analizó y desechó en 2007. Aquella vez, hay que recordarlo, el kirchnerismo recién anunció la candidatura de CFK cuando se confirmó la victoria de PRO en el primer balotaje. Esta vez, en cambio, la legalidad de las candidaturas primarias, situadas en medio de la campaña porteña, modificó el escenario.

No es lo que parece

La protección mediática con que cuenta Macrì en el duopolio Clarín-La Nación es, aunque no asumida, burda, evidente e impúdica. Pero no se trata, en este caso, del apuntalamiento de un candidato por parte del eje articulador del establishment --como pesadamente machaca el ya soporífero 6, 7, 8--. He aquí el cambio de situación que ha fundamentado la reconfiguración programática de PRO en forma de radicalización.

El jefe de Gobierno ha perdido el favor de la tropa de negocios, de donde proviene, toda vez que la ya inocultable incapacidad que demuestra para la administración pública hace pensar en que a cargo de la presidencia arruinaría hasta a quienes en algún momento lo alentaron a lanzarse a la arena política, bajo la consigna soñada del Estado atendido por sus propios dueños, él (MM) y su familia entre ellos.

Ya el año pasado Verbitsky hablaba de una “compleja ingeniería electoral que desde mediados del año pasado (Nota de autor: se refiere al año 2010) propone la primera línea de la Asociación Empresaria (AEA), que debería haber conducido a la conformación de las fórmulas Scioli-Urtubey y Ernesto Sanz-Gabriela Michetti. (…) Las reuniones tendientes a este resultado comenzaron a realizarse a mediados del año 2010, a instancias del directivo de la transnacional italiana Techint, Luis Betnaza, en la sede de la Unión Obrera de la Construcción. (…) En la media docena de encuentros realizados hasta ahora también participaron Michetti, Sanz, Urtubey, Alfonso de Prat Gay y el secretario general de la UOCRA, Gerardo Martínez. Dentro de las previsiones del grupo figura la ascensión de Martínez a la secretaría general de la CGT, en lugar de Hugo Moyano, y la de Betnaza a la presidencia de la UIA, por Héctor Méndez. En esas reuniones se discute la coyuntura económica, con proyección de filminas, y se postula un pacto político y económico del tipo del celebrado en La Moncloa al concluir la dictadura española, que implicó el trueque de democracia política por economía neoliberal. Un experimento similar realizó en la Argentina Carlos Menem, aunque sin la ceremonia y las formalidades del acuerdo europeo. En realidad, la inspiración más directa es el pacto social italiano, con sus capítulos de 1993 y 1996, dirigido a frenar el nivel de los salarios.”.

Aquella construcción buscaba la exclusión del kirchnerismo del sistema político, pero, atención, también de Macrì. Por decirlo de algún modo, la eliminación de las posiciones más extremas del arco dirigencial, y el afincamiento de las discusiones en torno de opciones que pudieran llegar a, si se quiere, confundirse más entre sí, de forma tal que cualquiera de las formulas vencedoras se mantuviera pivoteando alrededor del radio marcado por el acuerdo, en la idea de generar una estabilidad proyectiva de largo/mediano plazo.

La tendencia parece reforzarse, la apoyatura de Macrì en el mundo de los negocios no va más allá de Hugo Biolcati, que está próximo a abandonar la Sociedad Rural Argentina, en una retirada general de escena de los exponentes antikirchneristas más duros de la conducción de la cámara patronal agraria.

Es el PJ, estúpido

El análisis de los resultados de 2011, además, ofrece un dato claro e indubitable: el justicialismo es el único espacio aún capaz de incidir en forma determinante a nivel nacional. Las cuestiones sucesorias de cara a 2015 tramitarán, por ende, concomitantemente con el expediente de la interna peronista, que amenaza con abrirse más pronto que tarde. No casualmente Cristina no desautoriza ámbitos de agite reeleccionista, en tanto ello le sirve para planchar una discusión que la desgastaría, con más de medio mandato aún por delante, toda vez que pesa sobre ella una restricción legal fulminante para participar en tal.

Menos inocente es que Macrì haya decidido revirarse en clave post 125 casi inmediatamente después del espacio que ganaron en la agenda pública los gobernadores de Buenos Aires y Córdoba, Daniel Scioli y José Manuel De La Sota, sobre el primero de los cuales operan, sí, y como ya se ha dicho en este mismo espacio, quienes no desean ninguna forma de continuidad del proceso político que encabeza CFK en 2015. O que aspiran a, por lo menos, encontrar un justo medio con algún sector del Frente Para la Victoria, conveniente todo en términos de costos.

La sobreestimación en que se prendió Macrì respecto de la incidencia nacional que pueda generar una gestión de gobierno municipal como la suya, artificialmente amplificada mediáticamente y, encima, pésima, lo encierra en un marco con escasísimas posibilidades de proyección alguna allende las fronteras de lo distrital. Macrì cabalga sobre un imaginario repudiado en el interior, el de la angurria porteña, cuando pretende que el resto del país pague por lo que sólo se consume en CABA.

Por si todo ello fuera poco, lo anterior ha significado la muerte de su histórica apuesta de máxima en orden a superar su déficit de despliegue territorial: la hipótesis de un PJ no K yendo a sus brazos, en lo que significaría la confluencia de necesidades entre un armado sin cabeza, y viceversa. Descartadas ambas, la encerrona de Macrì alcanza a esta altura niveles críticos.

Clarín, con pretensiones ridículas de señal nacional cuando en verdad opera no más que en el radio porteño, agrandó un conflicto de magnitud muy menor, que incide sólo sobre su ámbito de pertenencia, en la suposición de que con eso sólo logrará erosionar a una presidenta cuya legitimidad de asienta en doce millones de votos sustentados en razones de mayor peso que un viaje en subterráneo. Mella en la imagen de Cristina que jamás ha ido más allá de encuestas siempre alejadas de los tiempos de urnas y que preanunciarían el fin que nunca llega --entre otras cosas, porque hace falta, para ello, algo más que sólo desear con fuerza que suceda--. Interesa aquí el carácter instrumental de Macrì en el asunto.

Clarín, en todo caso, interviene haciendo del alcalde apenas una herramienta de sus propias cuitas con Cristina.

Náufrago

Lo que busca el hijo de Franco disparar, a partir de una diferendo sobre transporte local, casi una discusión por la esencia misma de la Patria, a más que resulta tan ridículo como la leyenda del parquet para el asado y los lavarropas para el clericó, es colarse en un debate al que, desde luego, no logra acceder por méritos propios, pero al que tampoco consigue que lo inviten. En ese entendimiento, sobreactúa vociferando sobre cuestiones que no comprende, como república, federalismo y pensamiento.

El intento de Macrì por volver a las fuentes de hacer pata ancha en lo más rancio del imaginario social antiperonista, entonces, intenta la coincidencia con la estrategia que, antes, desde que conoció que los tiempos lo corren de cara al 7 de diciembre próximo, decidió Clarín para confrontar con el kirchnerismo a fin de evitar la desinversión que le espera, y que recorre capítulos tales como las salidas transitorias de presos “para actos políticos”, lo actuado por el Gobierno en materia previsional y educativa o la participación de La Cámpora en actividades en escuelas. Por demás, y como bien dice Ezequiel Meler, antagonizar con el kirchnerismo garantiza visibilidad.

El asunto expone que, como bien dice siempre Artemio López, la ideología es un valor que no se debe sobredeterminar a la hora del análisis político, por cuanto no define todo. La posibilidad de producir transformaciones concretas en la sociedad es un asunto más amplio y complejo que la mera enunciación del soporte intelectual que lo sustenta.

Contra lo que podía temerse, Macrì ha demostrado ser un incapaz absoluto en el intento de construir una alternativa de derecha con resultados concretos en un espacio en el que tal cosa supondría bajísimos costos. De La Sota, en cambio, en un marco por lejos más complejo, la hace fácil: corta el hilo por lo delgado, difiere los aumentos jubilatorios. Guste o no, va y actúa. Macrì está de vacaciones desde asumió en la Ciudad el 10 de diciembre de 2007; nadie puede plantear con seriedad que haya habido un sólo cambio notorio y palpable por su gestión en Capital. Bueno o malo: nada.

Las malas noticias para él llegan a partir del surgimiento de opciones con aptitud y actitud de cargar sobre sus hombros la tarea, y que plantan un dilema al interior del peronismo; un combo casi irresistible que condena a Macrì a la nada misma. No era posible imaginar que se llegaría a la costa sin mayor esfuerzo que colocar la vela en la dirección de los vientos. Ahora que han, los vientos, cambiado, él es un náufrago. Nada que deba sorprender demasiado.

jueves, 9 de agosto de 2012

En defensa de Milagro Sala

Milagro Sala es, por estas horas, una vez más, víctima de una campaña que se inscribe en el más profundo y reaccionario racismo y odio social de clase. Sin vueltas.

Pero, en esta oportunidad, es distinto, pues todo viene acompañado de un elemento, que en el trazo general de la escalada de ataques que ha sufrido en los últimos tiempos es adicional; pero que es fundante a efectos de descular la monumental radicalización que ha adquirido en las últimas horas --por la multiplicación del mensaje, y por quién es el emisor del mismo--.

Carlos Pedro Blaquier, empresario dueño de la azucarera Ledesma, ha sido procesado hace un par de meses por los tribunales federales, acusado por comisión de delitos de lesa humanidad en calidad de partícipe. En Ledesma, durante la última dictadura militar, la patronal 'vendía' a los obreros más combativos a los elementos de la represión militar.

Ledesma no solamente se dedicó, durante aquellos años, a entregar personas que, a la postre, engrosarían la lista de detenidos-desaparecidos; además, y fundamentalmente, fue parte del entramado empresarial que solicitó, impulsó y sustentó al gobierno del llamado Proceso de Reorganización Nacional, que, al cabo de siete años, pulverizó el Estado de bienestar construido por el peronismo entre 1945 y 1955, tarea para la cual era imprescindible deshacerse de los trabajadores reivindicativos, custodios de aquel legado.

Aquella dictadura dejó sentadas las bases de un nuevo modelo económico, diseñado en función de construir y perpetuar pobreza como política de Estado planificada a conciencia, que se extendería, inalterado, hasta el estallido de 2001, dejando como saldo 54% de pobreza, 30% de desempleo, 25% de indigencia y una estructura jurídica soldada con solidez a los fines de que no fueran interpelados los intereses consagrados por el Proceso, tal como lo denunciara con impresionante capacidad anticipatoria Rodolfo Walsh en su carta abierta a la Junta de Comandantes, que le significó su desaparición, que se prolonga hasta la fecha.

La puesta en cuestión de aquel modelo, inaugurada en distintas fases desde el 25 de mayo de 2003 --especialmente con la derogación de las leyes de 'obediencia debida' y 'punto final'--, tiene su capítulo judicial ya en marcha firme --e indetenible, es política de Estado-- con los juicios a los que fueran integrantes del Ejército durante aquellos años. En lo sucesivo, resta dilucidar también las incumbencias civiles; porque, se insiste, fueron parte activa fundamental en todo aquello. Habida cuenta de que los "hombres de negocios" decidieron y definieron la asonada militar para que fuera posible alumbrar un nuevo Estado, que sirviera a sus mezquinas voluntades.

Colocar en el banquillo acusatorio al empresariado beneficiario como sujeto social del programa concebido por Martínez de Hoz, será fundamental, desde lo suyo, a los fines de discutir y exponer la necesidad de la definitiva consagración de un nuevo modelo de país, inclusivo, distinto de aquel, asesino de mayorías populares en cuotas aún hasta nuestros días.

Clarín tiene también mucho para perder en esos expedientes, pues su actual mega estructura de negocios reconoce como punto de partida y dato de mayor importancia, la "adquisición" de Papel Prensa, "contrato" que lleva estampadas las firmas de Videla y Martínez de Hoz, lo que habla, sin necesidad de más, de la pureza e inocencia de aquella operación.

Milagro Sala, con su organización Túpac Amaru, es un elemento molesto para las lógicas de negocios que manejan los Blaquier y Clarín y sus socios de clase, pues se dedica a la construcción de viviendas populares y de centros de salud o de recreación, entre muchísimas otras cosas, a costos por lejos menores que los que ofrecen las empresas tradicionales de dichos rubros. Porque la finalidad de la Túpac no es la rentabilidad que surge de la tensión entre oferta y demanda, sino la social, producto de la posibilidad de extender beneficios a mayor cantidad de personas a precios bajísimos o nulos.

Como se observa, interfiere, molesta a los circuitos de reproducción del capital --y a los de "retornos" a expensas del Estado bobo--, hermanándose así con la impugnación abierta por los juicios de lesa humanidad respecto de las relaciones entre negocios de Estado y establishment.

Por otro lado, y como varias veces han expuesto integrantes de la organización, también la Túpac estuvo entre los más duros denunciantes de Blaquier, pues, dicen, están comprometidos con Madres, Abuelas e H.I.J.O.S. Es, en gran parte, gracias a ellos que fue posible enjuiciar al dueño de Ledesma.

Expuesta, entonces, las líneas pretendidamente invisibles que unen en intereses a Blaquier con Clarín y todo un extensísimo entramado de poderes, todos los cuales esperan sentados, cuchillo y tenedor en mano, la caída de Milagro; de ahí, pues, surge el repentino interés de Lanata por exponer a Milagro Sala brutalmente en una operación que fue de todo, pero, fundamentalmente, burda, obvia, evidente.

A esa matriz sirve hoy día Lanata. Pobre, qué triste final para su carrera.

martes, 7 de agosto de 2012

En defensa de Víctor Hugo Morales

La chanchada que, por órdenes de Héctor Magnetto, ha montado el empleado de Clarín Jorge Lanata contra Víctor Hugo Morales, me hizo recordar, en un primer momento, a un concepto que alguna vez le oí a Lucas Carrasco. Mecánica estratégica clásica de la derecha, decía Lucas, la de querer llevar a su misma mugre a aquellos con quienes adversa.

Por ejemplo, cuando se reabrieron los juicios por delitos de lesa humanidad, lo que surgió, por parte de familiares y afines de los implicados en ellas, como contestación, fue el intento de armar causas contra la denominada guerrilla. Lo que vulgarmente se conoce como "memoria completa"; o bien, "no mirar la historia con un sólo ojo", tanto da. En cualquier caso, versión renovada, pero impotente, de lo que fuera la nefasta teoría de los dos demonios, que pretendiera, en los ochenta, equiparar las acciones de las organizaciones revolucionarias armadas con las del Estado terrorista.

(Digresión: de lo que tuvimos, el último domingo, buenas noticias, contadas por Horacio Verbitsky: "quince magistrados de distinta formación, ideología y antigüedad en la justicia, coincidieron en que no era posible la persecución penal por un hecho realizado tres décadas antes sin intervención de lo que el Procurador General llamó “un ejercicio despótico y depravado del poder gubernamental”).

En esta oportunidad, ello se cruza con otro elemento, decisivo: la radicalización de Clarín en sus embestidas contra el poder institucional, especialmente el Poder Ejecutivo, a partir de que la Corte Suprema de Justicia fijó el 7 de diciembre venidero como fecha límite para que la empresa, dominante en el mercado infocomunicacional, adecue voluntariamente su megaestructura de negocios a las pautas fijadas por la ley de medios.

El Proceso de Reorganización Nacional produjo el hecho fundamental en la transformación de Clarín en megacorporación, a partir del expediente Papel Prensa. Y Víctor Hugo Morales es tal vez el más serio y duro impugnante de lo que significa ese consorcio de negocios, eje de la matriz de intereses beneficiarios del neoliberalismo en Argentina, esquema que también comenzó a vertebrarse a partir de lo actuado por el último gobierno de facto; resulta evidente, pues, qué une a Clarín con aquella historia, y con la concepción de Estado que al cabo se engendró.  

Equiparando los términos, se pretende quitar legitimidad al adversario ("vos qué hablas, si hiciste lo mismo"); no es casual, entonces, que la acusación verse sobre supuestas relaciones non sanctas entre el periodista charrúa y la milicada que gobernara su país casi en simultáneo con la última dictadura argentina. Con ninguno de ambos gobiernos de facto, vale recordar, Clarín mostró otra cosa que complacencia y colaboracionismo; más aún, en el caso argentino fue, junto a otros socios de clase, factótum del golpe y sustento principalísimo de la continuidad del mismo en el tiempo.

El propio Víctor Hugo ha reconocido su cambio de postura respecto del Gobierno, conforme éste decidió que se encontraba en aptitud para romper con una tradición de Estado concesivo para con el establishment. Luego, uno podrá estar o no de acuerdo con que un periodista subordine su mirada acerca de un gobierno, cualquiera que sea, a cómo ése administra sus relaciones con un multimedios equis. Pero nadie podrá negarle coherencia en su lógica.

Ahora bien, lo cierto es que VHM se ha convertido en referente de un espacio de opinión que se nutre de un tiempo cultural desatado por el kirchnerismo. Y, como ya se ha dicho acá, una de los carriles por los que transita el programa de resistencia de Clarín a la desinversión que lo acecha es, justamente, el de la negación del proyecto liderado por la presidenta CFK.

Basta con leer cualquier ejemplar del diario de las últimas semanas: no hay en ellos crónica ni columna de opinión, casi, que no contenga la palabra 'relato' o afines para referirse al oficialismo. Para mayor morbo, el uruguayo es, además de periodista, relator deportivo --el mejor de dicho gremio, a criterio del firmante--.

Es el más viejo antiperonismo, que insiste en reciclarse como constante histórica: desde que el diario Crítica, en su edición vespertina del día 17 de octubre 1945, acusó a los obreros que comenzaban a invadir Plaza de Mayo para pedir por la liberación del coronel Perón de no ser representativos del "auténtico" sentir del proletariado argentino --como si Crítica hubiese sido palabra autorizada para extender certificados de validez al respecto--, la cuestión de la autenticidad del peronismo fue siempre puesta en tela de juicio.

Como si tal cosa interesara en verdad; casi más que los procesos sociales que, efectivamente, favoreció como fenómeno en la historia nacional el peronismo como consecuencia de su intervención, cuestión que ya esclareciera magistralmente Alejandro Dolina.

Ocurre que complica discutir el programa del peronismo por derecha, imaginario en el que se inscribe Clarín, de modo que hay que correr el eje para evitarlo.

Precisamente, de desviarse de lo central, la necesidad de acabar el rol del partido Clarín como factor condicionante del normal desenvolvimiento institucional del país, se tratan las amenazas mafiosas que el Grupo pone en pantalla contra aquellos que se atreven a ponerlo en evidencia.

sábado, 4 de agosto de 2012

El PJ, ¿un freno a la profundización de los cambios?


Lo enganché, en la trasnoche del miércoles, a Claudio Lozano en un mano a mano con no sé quién en Metro. Algo que dijo, durante el mismo, acerca del ciclo abierto por la fractura de 2001, me disparó la necesidad de escribir acerca de la decisión de Néstor Kirchner de recostarse principalmente sobre el PJ a partir de 2008.

Lozano discurría, como suelen hacerlo los integrantes del FAP y también el sabbatellismo --es decir, el llamado progresismo--, acerca de la “caducidad de las estructuras del PJ y de la UCR para ser canales de cambio” que, según entiende Lozano, se pidió a gritos en 2001 --tema, el significado programático, si lo hubiera, elaborado durante aquellas jornadas, que daría para discutir un rato más, y que escapa a los propósitos y al espacio del presente--.

Agregó que, a su criterio, Néstor Kirchner “supo leer bien” las enseñanzas del posneoliberalismo, “en los primeros tiempos”, y que, luego, al decidir liderar el PJ, los intereses y acuerdos de dicha orgánica le marcaron un límite el avance, que --aún reconociendo, Lozano, que “en cierta medida” ha existido-- juzga insuficiente, escaso e incompleto, y por lo que responsabiliza, se insiste, directamente a la dirigencia, digamos, más añosa del PJ, de entre la cual eligió como ejemplo --como no podía ser de otra manera-- a “los barones del Conurbano”.

En nuestro entendimiento, Lozano le pifia feo. Historiográficamente analizado, pierde por goleada. En efecto, acá somos de la opinión de que las iniciativas más profundas tuvieron lugar  precisamente a partir de 2008; cuestión, además, con la que nos parece extraño que Lozano no concuerde, habida cuenta que varias (la mayoría) de ellas contaron su respaldo, mediático tanto como en el Congreso, de lo que (a contrario sensu de lo que sostuvo en el reportaje) no se registra antecedentes en el período 2003/2007, y que, por otro lado, varias veces le significó duros reproches periodísticos.

Digresión: no casualmente, creemos, desde las cadenas mediáticas integrantes del establishment empresarial se suele calificar mejor al gobierno de Néstor Kirchner que al de Cristina Fernández. El de NK estuvo dedicado a apagar incendios, evitar el naufragio, reparar heridas urgentes; el de CFK, en cambio, ya sí se encargó de la afectación concreta de intereses, necesaria a efectos de operar la redistribución que ineludiblemente requiere un programa de reconfiguración del statu quo.

Tampoco se trata de sostener que ha sido sólo gracias al apoyo de los, así denominados, elementos ortodoxos del PJ que ha sido posible el desarrollo del catálogo de realizaciones 2007/2012, tantas veces enumerado; pero sí que en forma alguna ha operado como barrera de ningún tipo, ni cosa por el estilo. Más bien, ha colaborado en la tarea de la construcción del marco de correlación de fuerzas a favor del programa con cuyos capítulos más importantes, se reitera, Lozano ha coyunturalmente confluido. El recorrido histórico fue marcando condicionalidades y posibilidades de realización de un despliegue gradual, sí que zigzagueante, pero nunca hasta ahora detenido. 

El diputado del FAP concluyó que el marco de alianzas en que se sustenta el gobierno de la presidenta CFK equivale, a futuro, a la resignación de una agenda de cambios “verdaderamente” --no podía faltar el ‘relato’ en el medio-- sustancial. Vale decir, respecto de esto, que ya varias veces se ha anunciado el ‘hasta acá llegaron’ de los Kirchner en la voluntad de cambio, y siempre, finalmente, resultó que hubo un paso más que dar: después de estatizar las AFJP, vino la ley de medios; después de eso, la AUH; luego, YPF; y así…

Con lo que le recomendaríamos a Lozano, especialmente en tiempos en que los archivos están tan afilados a uno y otro lado del mostrador, que se lo pensara dos veces antes de sentenciar de esa forma tan terminal. Ahí lo tiene, para pedirle consejos al respecto, a Jorge Asís, inclaudicable predicador del siempre postergado derrumbe del kirchnerismo.

Por lo demás, culpar a Alberto Descalzo, Raúl Otacehé, José Luis Gioja o Gildo Insfrán por lo que juzga con incompletitud del programa que teóricamente sí lo dejaría satisfecho, parece un poco mucho; especialmente, cuando él no ha hecho a favor de ello más que discursear bonito en estudios de TV porteños. 

viernes, 3 de agosto de 2012

El niño Maurizio y su capricho tribunalicio



¿Así que Macrì tiene ¡hace 3 años! a la 'Corte' porteña funcionando con 4 de 5 ministros que debe tener, porque le rebotaron a la candidata que proponía para cubrir la vacante, y, entonces, como buen caprichoso hijo de millonario que es, se empacó y dejó pasar todo este tiempo sin efectuar la propuesta de reemplazo correspondiente?

No la sabía, ésta. ¡Mirá qué bien! Hay que tener cara, con estos antecedentes (además, está, el intendente, procesado en doble instancia por los tribunales federales, acusado de ser el jefe de una asociación ilícita que utiliza las estructuras del gobierno porteño para espiar gente), para, después, acusar al kirchnerismo de que "ofende a la calidad institucional".

Además, dice La Nación, "en septiembre de 2010, el gobierno porteño derogó el decreto 1620 del año 2003. En él se establecían mecanismos participativos que preveían un procedimiento público para la designación de los candidatos. El gobierno de Macri argumentó que 'la herramienta procedimental' no había 'resultado útil', a la luz de lo ocurrido con su candidata.". Es decir, Macrì no permite, en Capital, que la sociedad civil opine acerca de las postulaciones que él formula para las designaciones en cargos judiciales.

De nuevo: hay que tener el rostro de piedra para, luego, cacarear que el oficialismo no tolera opiniones distintas a la propia. Macrì derogó el 1620 enojado porque, gracias a dicha norma, se puso en tela de juicio a la candidata que había propuesto para completar el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad.

El mecanismo había sido dispuesto, para el puerto, por el entonces intendente luego destituido Aníbal Ibarra, quien quiso, con ello, emular la iniciativa que, meses antes, había decretado el por esas épocas recién asumido presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner, quien así jerarquizó y democratizó radicalmente los procesos de selección de funcionarios judiciales: el famoso decreto 222/03, que significó ni más ni menos que una autolimitación por parte del Poder Ejecutivo en el uso de las potestades que a efectos del nombramiento de magistrados de la Corte Suprema le confiere el artículo 99, inciso 4º de la Constitución Nacional, toda vez que aquella pasó a ser pasible de interpelación ciudadana. 

La faena se completaría en 2006, cuando, luego de completarse en forma procedimentalmente intachable el proceso de destitución por medio de juicio político de los integrantes de la Corte menemista, NK se abstuvo, por medio de un proyecto de ley presentado por la entonces senadora bonaerense, doctora Cristina Fernández, de ocupar los dos lugares que habían quedado vacíos en el máximo tribunal, producto de las remociones mencionadas, volviendo la integración del mismo a su número original de cinco miembros.

Como nota de color, cabe mencionar que en la doctrina de la filosofía del Derecho uno de los temas más profusa y profundamente discutidos, sobre todo por lo apasionante que resulta, es el que tiene que ver con el denominado carácter contrademocrático del Poder Judicial; esto es, el rastreo del fundamento del deber de obediencia a lo dispuesto por funcionarios que no son puestos en sus lugares por el voto popular. Ríos de tinta se han ido en buscar formas de democratizar la intervención ciudadana en los procesos de designación de los jueces. Y no es que uno vaya a cometer la osadía de decir que Néstor solucionó, de un plumazo, un debate tan añoso como aquel, pero al menos hizo un aporte novedoso y desafiante al respecto, del que no se tenía memoria en el país.

Meses más tarde, en el mismo sentido, y también por iniciativa de la actual presidenta de la República, se reconfiguró la conformación del Consejo de la Magistratura, elevando la cantidad de representantes electivos en la integración del mismo. Todo lo cual (el 222/03 y el renovado Consejo de la Magistratura), combinado, redundó en un reequilibrio de tensiones dialécticas favorable a la participación ciudadana, y que significó un funcionamiento más armonioso del sistema judicial, como lo ponen de manifiesto las cifras, inapelables, quedemuestran que el Consejo se ha manifestado en forma unánime en casi la totalidadde las oportunidades en que le ha tocado intervenir.  

Gracias al 222/03, finalmente, fue que el ex candidato de la actual presidenta CFK para la procuración general de la Nación, doctor Daniel Penoso, pudo ser expuesto públicamente en forma contundente, masiva y cuasi unánime, lo que resultó decisivo a efectos de que Cristina reviera su propuesta inicial, solicitando al doctor Penoso su renuncia a dicha postulación --habida cuenta que estaba cantado el rechazo de su pliego en el Senado nacional--, y reemplazándolo por la actual candidata, ésta sí de excelencia profesional y académica, doctora Alejandra Gils Carbó, próxima a ser confirmada con facilidad por cámara alta. 

Una actitud, la de Cristina, por lo veloz de la misma, diametralmente opuesta a la de Macrì.

Habida cuenta de todo lo expuesto, cada cual podrá elaborar sus propias conclusiones respecto de quién es que verdaderamente irrespeta la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho en la dirigencia política argentina.

* * *

Foto: doctores José Osvaldo Casás, Ana María Conde y Alicia E. C. Ruiz, quienes integran, junto al doctor Luis F. Lozano, el Tribunal Superior de Justicia.

(P.D.: saludos a la señora que aparece vistiendo de negro en la foto, doctora Alicia Ruiz, actual integrante del TSJ y que fuera profesora de este servidor en UBA Derecho, en la materia Lecturas contemporáneas acerca del Derecho, durante cuya cursada, por cierto, me cambió la cabeza, profesionalmente hablando; a pesar de que me hizo sufrir bastante, excelencia indiscutible, y muy disfrutable, por lo didáctica, entretenida y provechosa --igual, me terminó aprobando, con 6--)

jueves, 2 de agosto de 2012

Córdoba 2013 y los que hablan sin saber

De un tiempo a esta parte, a mucho esbirro, cachafaz y papagayo que anda suelto dando vueltas por ahí, le ha dado por jugarla de peronólogo. Y la verdad, que no les da. A lo sumo comentan la rosca de algunos dirigentes justicialistas opositores internos a la conducción de CFK. De ahí a ser capaz de descular el peronismo, que más allá de su dirigencia es una identidad social representativa, hay un mundo. Todavía se aguarda por la estampida masiva que, en el Conurbano, supuestamente preanunciaba el pase de Jesús Cariglino al duhaldismo, en 2011.

Joaquín Morales Solá es un gran ejemplo de pretendido, y por supuesto rotundamente fracasado, ejercicio de peronología. El pasado domingo, dio por sentado, en La Nación, que tanto Daniel Scioli como José Manuel De La Sota armarán sus propias listas en de candidatos a diputados nacionales en representación de las provincias que comandan el año que entra. Y que Cristina nada podrá contra ello, a menos que decidiera someterse a los términos que dispongan, según el caso, tanto DOS como JMDLS. Mira vos qué fácil es la cosa.

¿Es realmente tan así? ¿Tan lista está la cosa para la presidenta CFK ya? Sobre Scioli ya hemos venido diciendo varias cosas aquí, se trata de un tipo que no ha elaborado identidad diferenciada del kirchnerismo, y que tanto en 2007 como en 2011 obtuvo como candidato a gobernador menor cantidad de votos que Cristina en la categoría presidente. Pero no es, hoy, Daniel, el motivo del post.

* * *

Vamos a referirnos, como varias veces lo hicimos el año pasado (1, 2, 3, 4), a Córdoba. Y a su acual mandatario. Repasemos: fue, Córdoba, el sitio más esquivo para el kirchnerismo durante su recorrido histórico, con resultados entre paupérrimos y catastróficos en 2003, 2005, 2007 y 2009. En 2011, en línea con su magnifica prestación a nivel general, triunfó Cristina como candidata presidencial, con holgura (34,35% en las PASO, 37,29% en la general; El Hijo de Alfonsín, con 17,69%; y el conservador Binner, con 23,39%, segundos, respectivamente. En cualquier caso, amplísimos triunfos de la Presidenta).

Una semana antes de las PASO, habían tenido lugar las elecciones a gobernador provincial. De La Sota obtuvo entonces su tercer mandato, no consecutivo, con trece puntos de ventaja sobre la candidatura de mero anclaje urbano territorial y segmentos medios/altos socialmente hablando (42,60% a 29,58%). En aquel entonces, se editorializó la victoria de De La Sota como una derrota de Cristina. Falso: hubo allí un acuerdo; a DLS le habría costado horrores el triunfo si la Presidenta hubiera decidido plantar candidatura propia por fuera de la de Gallego, aunque más no fuere que para pelearle el bronce al candidato radical amigo del dictador Menéndez, Oscar Aguad.

En 2009, Juez ya había hecho una elección parecida a la de 2011: 30,65%; enorme mirada con sentido común, magra para sus delirios de grandeza. Sólo pudo triunfar gracias a la división entre delasotismo (26,14%) y kirchnerismo (8,74%) de entonces, lo cual demuestra lo certero de nuestra hipótesis respecto de la no hegemonía de De La Sota, aunque sí se acepta que prima en la dinámica interna. En el mejor de los casos, hay un espacio en disputa. Desatendiendo lo anterior, el por entonces ya reelecto gobernador decidió, para la elección primaria de siete días después, que él sí dividiría el PJ de cara a una elección en la que esa vez pesaría más la lógica nacional que la local.

Así las cosas, triunfó la lista de candidatos a diputados que respaldaba únicamente la candidatura presidencial de Cristina --el delasotismo dio “libertad de acción” para optar entre ella y los extrapartidarios Duhalde y Rodríguez Saá-- por 29,42% a 6,79%: es decir, paliza. De cara a octubre, el PJ Córdoba dio de baja la lista derrotada, aún cuando estaba legalmente habilitada a competir, y otorgó apoyo a la bendecida por la Presidenta. El porcentaje de votos obtenido en octubre por la lista allí sí única del peronismo (34,97%), habla de una traslación casi mecánica de votos --apenas algo más del 1% de diferencia con la suma de los votos de agosto--. Ídem si se observan los votos 2009.

Extrañó lo de De La Sota, porque antes había procedido de modo muy diferente: buscó a tres kirchneristas para que lo acompañaran en la fórmula para la gobernación (Cecilia Scotto, rectora de la Universidad de Córdoba; Fabián Pipi Francioni, que encabezaría la lista de diputados nacionales vencedora luego de ser reelecto como intendente de Leones; y Eduardo Accastello, candidato a senador kirchnerista cuarto cómo en 2009 y que también renovó como jefe comunal, de Villa María). Tras sendas negativas, finalmente eligió a Alicia Pregno, lo que disgustó a Cristina, que decidió entonces participar con abstención.

Es decir, calibró mal DLS: primero, reconoció la necesidad de unificar el sector como clave para triunfar, y tuvo razón; luego de vencer, se sintió dueño exclusivo del asunto… y entonces falló. El famoso cordobesismo, que nació el 7 de agosto triunfal de De La Sota, y murió cuando debió asumir su error y retirar la lista legislativa propia.

Hemos dicho, entonces, y reiteramos porque no creemos que la guía conceptual haya variado: donde pesa más la dinámica local, prima el delasotismo; cuando entran a jugar variables nacionales, el kirchnerismo hace valer lo suyo. Pero se insiste: el de Córdoba es, a la fecha, y visto lo hasta acá acontecido, un marco no definido, en el que el triunfo será para el peronismo sólo si marchan unidos el espacio local con el nacional; resolviendo puertas adentro, pero sintetizando a fin de cuentas. Nadie está en condiciones de cortarse sólo. Ni sola.

* * *

A mi criterio, De La Sota agitará la posibilidad como carta de negociación para los expedientes que tiene irresueltos con Nación, por un lado; pero, sobre todo, para pararse con ventaja de cara al trámite sucesorio, en el que lógica y legitimante querrá tener parte. Aunque inteligente, la idea es débil: Cristina jugará, el año que viene, no contra el 54% de 2011 --como se intentará instalar desde el periodismo militante (opositor) para poder hablar de derrota cualquiera sea el resultado que se obtenga--, sino frente al esperpéntico desempeño de 2009: 9,09% de la lista de diputados nacionales, apenas una banca.

Es decir, Cristina tiene menos para perder que Gallego, que requerirá de construir alguna fuerza legislativa propia de cara a su hipótesis presidencial de 2015. El desempeño de 2011 le reportó al peronismo 4 diputados; si la fuerza fuera dividida, aun con De La Sota punteando la Presidenta estaría muy cerca de renovar lo que tiene, en tanto para el gobernador 3 legisladores son nada para pretenderse jugando en las grandes ligas --donde tiene el antecedente de haber tirado la toalla por impotencia--. 

* * *

Después están las pavadas: Cristina es, parecería, la peor y más feroz dictadora en la historia universal. Eso sí, no tendría nada que hacer en una elección de diputados nacionales por Córdoba. Eso para empezar. Y continúa: la conducción nacional del espacio PJ, nada menos, la única corriente interna sólida, cohesionada y estructurada internamente, no tiene derecho, dicen, a pedir espacios propios en las legislaturas provinciales; pero, ahora, más aún: tampoco en las listas nacionales, en tanto se difunde como dictatorial que la Presidenta pretenda intervenir en ellas en 2013, haciendo valer la fuerza de sus votos, bastante más que los de cualquier otro compañero. ¿Dónde no molestaría, pues, que la Presidenta meta la cuchara?

Mi opinión, diría el operador Andres Oppenheimer: a) habrá negociación, y todo lo que moviliza estas especies se pateará para 2015. Lo cual, si bien se mira, es ni más ni menos que lo que pretende Cristina para evitar desgaste en medio del dilema del pato rengo; pero de lo que también sacará ventaja el resto, porque a nadie conviene que se apure el tranco con candidaturas precoces que luego mueren antes de nacer (Cobos), como pretende el establishment al que los tiempos sí lo apuran; b) hay que hablar con datos en mano, chamuyar menos. 

(* Datos electorales Córdoba aquí: http://towsa.com/andy/totalpais/cordoba/index.html)