lunes, 28 de mayo de 2012

El tiempo y Clarín nos han dado la razón

La semana pasada subí, acá --y también a Artepolítica--, un post en el que comenté lo que fue la --a mi criterio-- payasada desesperada de lo que denominé La Banda Queremos Preguntar; el grupo de periodistas que fue al programa de TV de Lanata a exigir conferencias de prensa y entrevistas.

Como era de esperar, en AP, mereció, el post, una serie de insultos, pero de carácter personal; hacia el autor. Uno podría liquidar la cuestión rápido y fácil, diciendo que si necesitan de agraviarme a mí, en tanto individuo, es porque no tienen cómo rebatir la idea central del escrito. Pero a partir del fallo de la Corte del martes pasado sobre la vigencia de la cautelar respecto del art. 161 de la ley de medios, me sirve, dar respuesta, para hilvanar algo acerca de lo decidido por sus señorías.

El comentarista ZXC, por ejemplo, que habla desde la valentía de su anonimato, me llamó estalinista y fascista, dijo que elogio a la censura y expreso y chorreo odio, en especial a la inteligencia. No le faltó nada. Agregó, luego, que entre los periodistas que participaron de la puesta en escena por mi ridiculizada, hubo "varios que tienen familiares directos desaparecidos y que han sido valientes peleadores contra la dictadura en tiempos en que la lucha no era matar animales enjaulados y viejos para luego sacarse la foto". Bueno, eso no es cierto.

Con familiares desaparecidos, no había ninguno; y que hayan luchado contra la dictadura, como afirma ZXC, menos, aunque eso no es algo que sea criticable a mi juicio: jamás me he subido al carro de los que reclaman hoy valentía a los que vivieron aquellos tiempos, sencillamente porque comprendo lo que es el miedo. Eso sí: una cosa es no haber peleado activamente contra el Proceso, cuestión, insisto, no reprochable en absoluto; y otra, muy distinta, es haber fomentado, propagandizado y aportado a la construcción y el sostenimiento del gobierno genocida. La distancia es, entre una y otra actitud, inmensa. Aquello de que no fue Videla el que eligió a Martínez de Hoz, sino al revés.

Y entonces, si realmente hubieran asistido a la paparruchada personas con familiares desaparecidos, pues, entonces, habrían sido ellos mismos los irrespetuosos para con las memorias de sus seres queridos víctimas del genocidio, siendo que uno de los que "pudieron preguntar" fue Joaquín Morales Solá. Que durante la última dictadura ejerció casi que de secretario de prensa de Antonio Domingo Bussi, en Tucumán --fue cronista principal, y elogioso por supuesto, del Operativo Independencia--, en primera instancia; para luego pasar a confeccionar panoramas políticos privados, y en exclusiva, para el último presidente procesista, Reynaldo Benito Bignone, tal como lo denunciara Pablo Llonto en su libro La Noble Ernestina.

Morales Solá, como tantos otros, fue parte activa del bloque de clases que alentó la llegada al gobierno del ex-general Videla, que sustentó (en el más amplio sentido) su desarrollo y en defensa de cuyos intereses se desplegó la maniobra genocida que garantizó la implementación del programa económico anunciado el 2 de abril de 1976. Más acá, fue Jorge Lanata el que acusó a Ricardo Kirschbaum, uno de los cráneos editoriales de Clarín, de haber hecho pasar los crímenes de la última dictadura por enfrentamientos. Y el Wikileaks-gate dejó muy mal parados a unos cuantos en lo que hace a las pretendidas neutralidad e imparcialidad.

Y lo que yo quise decir en mi post anterior, entonces, es que lo reclamado respecto de la atención al periodismo perteneciente a empresas en infracción a la ley de medios, lejos de ser inocente, está directamente relacionado con la disputa que por el programa de gobierno ejerce la trama de intereses económicos en que se desarrollan las principales empresas infocomunicacionales, que exceden lo periodístico y que envilecen la discusión, necesariamente. Si alguien quiere pensar que la decisión de qué se pregunta y quién lo hace no influye en la construcción de la agenda del debate público, que lo haga, allí está la libertad de expresión --que no depende, para su existencia, de entrevistas y conferencias de prensa, sino de que cada uno diga lo que se le canta, como de hecho ocurre-- para hacerlo.

Tanto envilece la cuestión todo esto que, a fin de cuentas, al cabo de 9 años recién cumplidos de kirchnerismo, hubo agresiones verdaderas (no mariconeadas) contra un solo periodista… oficialista, militante. La brutal golpiza al equipo de 6, 7, 8 durante la marcha que, “casualmente”, fue convocada para el mismo día que salió el fallo liberador de la 26.522, para “reclamar por justicia independiente” (debería decirse: exigir el desprocesamiento de Maurizio Macrì en la causa por escuchas ilegales). Así como, también “casualmente”, el año pasado se armó una operación berretísima en contra del tipo más valioso del universo jurídico argentino, Eugenio Zaffaroni, a la sazón a cargo del primer borrador del fallo dado a publicar el martes 22 de mayo. Denuncia que fue ampliada, “casualmente”… dos días después de conocida la sentencia, el jueves 24. La gente de PPT, cuyos productos el firmante no consume mayormente, así y todo, no reaccionó de la forma histérica y desaforada en que lo hacen siempre los integrantes de Queremos Preguntar cada vez que se les insulta por la calle, que es lo más que se les ha hecho: o sea, nada.

(Podríamos agregar que al único tipo que se lo dejó afuera de un medio por preguntar es a Reynaldo Sietecase, de América, por voluntad de De Narváez, tal como sus socios dejaron afuera del diario La Capital de Rosario a los laburantes de dicho periódico que se expresaron a favor de la ley ahora liberada) 

Yo tengo otra idea, y creo que la puesta en cuestión de las lógicas que sustentan a la matriz de intereses que el Gobierno discute en lo económico, naturalmente ha necesitado darse otra forma de comunicación; alejada de la que ha sido tradicional para las empresas hoy dominantes en la materia y que, se insiste, son parte de núcleos económicos que se sienten interpelados por el programa de gobierno desplegado desde 2003.

Lo que me apena, en cierto sentido, y ya entrando a lo que dijo la Corte, es que Clarín se burla de todos los que de buena fe adhieren a la versión de que la libertad de expresión está en peligro en Argentina, lo que sostiene dicha empresa con mucha fuerza desde que discutió la ley de medios en 2009... en el bla bla de las emisiones de sus propias empresas. Y gracias.

Porque resulta que el considerando 10° del fallo firmado el martes pasado por la Corte ha sido claro y contundente: no se trata de que no han podido probar semejante disparate; ni siquiera se han preocupado por alegarlo, ni --mucho menos-- probarlo. Se entiende: una cosa es ladrar, de local y con el árbitro a favor, un disparate; y otra, muy distinta, es tener que probarlo en sede judicial. Ahí no se jode. La Corte no habla porque sí, no es inocente lo que remarcó. Se puso, blanco sobre negro, qué es lo que se discute: guita. Como se dijo en el post insultado.

Una maravilla: casi tres años, desde sancionada la ley de medios, debatiendo lo que, a fin de cuentas, es la nada misma. Porque resulta que los generaron la discusión (nótese que no digo que hayan definido la opinión de nadie; sí que motorizaron la instalación de una temática, que, de otro modo, no habría existido), a la hora de la verdad, no hicieron, en palabras de la propia Corte, mas que "una mención al tema", sin "ningún elemento probatorio que demuestre de que modo resultaría afectada (la libertad de expresión)”. Un par de palabras que demuelen, en segundos, un rascacielos de arena (y de desconcepto) armado durante años.

“(…) en todo el derecho comparado existen normas de organización  del mercado en el campo de los medios de comunicación, sin que su constitucionalidad haya sido cuestionada de modo genérico”, dicen los cortesanos en otro de los pasajes recomendables de la acordada.

De lo que se trata, en definitiva, es de otro capítulo en la disputa, que lleva 9 años y contando, por el reparto de poder en la sociedad. Y de la voluntad, por parte del Estado, de disciplinar, en función de ello, a los integrantes de las elites económicas. Proceso a cuyo devenir el pleito referido a medios de comunicación no le significa un más que una mera posta en el camino, pero en el que en modo alguno está en juego la libertad de expresión en tanto derecho constitucional en sí mismo, bien que las empresas cuestionadas en la materia han subordinado dicho valor al porvenir de sus estrategias comerciales cada vez que les ha sido necesario, en las más diversas formas que se puedan imaginar. 

Y no lo dice este bloguero, que en última instancia es nadie en este lío. Lo dijo el propio Grupo Clarín en su escrito de demanda. En un sincericidio que cierra, al menos en lo que a mí respecta, ahora sí definitivamente, cierra una etapa, histórica. Punto final. Basta para mí. Prometo dar vuelta la página en esta historia. Ya no valen la pena, de última.   

viernes, 25 de mayo de 2012

25 de mayo de 1810/2003/2012

Leemos a Norberto Galasso:

“Nosotros tenemos la interpretación tradicional que ha dado Mitre de que el movimiento de Mayo se trataría de un movimiento surgido independentista; es decir, dirigido a romper vínculos con España, como consecuencia de un fuerte odio a lo español que, implícitamente, estaba relacionado con el comercio libre. (…) ¿Y por qué la independencia se declara seis años después? ¿Por qué el día 26 la Primera Junta jura por Fernando VII? La explicación que se dio en otros tiempos era que fue una “máscara”, una farsa dirigida a esconder el propósito independentista, “que estuvo desde el principio”. Yo estoy convencido que la interpretación más correcta es la que da Alberdi: él dice que al producirse la Revolución Francesa, ésta conmueve a la sociedad española; de una manera paradojal, porque Napoleón invade España y los españoles enfrentan a Napoleón constituyendo Juntas populares. El pueblo español se levanta contra los invasores, pero también con un reclamo contra la inquisición, contra los grandes hacendados; es decir, la lucha contra Napoleón, a partir del 2 de mayo de 1808, se convierte en una especie de revolución española análoga a la francesa del ‘89. Alberdi dice que cuando las juntas populares se organizan en la Junta Central de Sevilla, una de las primeras cosas que decide es considerar que las tierras americanas no son colonias, sino provincias; e incluso hay comunicados diciéndoles que deben eliminar los virreyes y darse juntas populares como en España. La revolución española se prolonga en Hispanoamérica y la de Mayo es un detalle o un momento de la revolución hispanoamericana.

(…)

Es tradicional decir en los colegios que French y Beruti repartían cintas celestes y blancas; pero resulta que los testigos de esto dicen que ellos repartían cintas blancas y rojas, y que los últimos días --el 24 y el 25-- eran rojas, únicamente, en señal de amenaza de sangre. Y además repartían estampitas con la efigie de Fernando VII. Esto era lo mismo que estaban haciendo los revolucionarios españoles en España, porque habían tomado a Fernando VII como lo más rescatable de la familia real y como el posible modernizador de España. Hoy se está reconociendo que lo de la máscara fue un invento, porque se juró por Fernando VII en Chile, en México, en Nueva Granada. No es que se pusieran de acuerdo, sino que sería una prueba de que la revolución en América sería una prolongación de la revolución española. La clave sería, entonces, que en Buenos Aires se desplaza al Virrey, elegido por el absolutismo de una monarquía fundamentada en el derecho divino, por una junta popular donde, por ejemplo, hay españoles; tendría una gran semejanza con la Revolución Francesa. Esto desmentiría lo que dice Mitre de que la Revolución se hace en contra de España, se hace en realidad contra el absolutismo español, que no es toda España.

(…)

España recién envía fuerzas militares a Latinoamérica en 1814. Hasta entonces, la lucha es entre los Virreyes y los sectores reaccionarios contra los sectores revolucionarios. Por ejemplo: hasta 1814 ondeaba la bandera española en el Fuerte, y cuando nace la hija de San Martín, en 1816, él la declara como española. Ahora, la Revolución española se acaba en 1813, 1814, cuando se derechiza toda Europa: se impone la Santa Alianza, vuelve la monarquía y vuelve la Inquisición. San Martín, a partir de 1814, empieza a presionar por la independencia, y esto explica que ésta se haga en 1816. Hay un texto de la gente del Congreso de Tucumán que se refiere a estas cuestiones y dice que lo que se hizo en América se hizo de buena voluntad hacia Fernando VII, esperando que se democratizase España, en cuyo caso no habría habido separatismo ni política independentista. Como España vuelve al absolutismo, no hay otra solución, para no caer bajo el régimen medieval o de la nobleza, que declararse independientes y levantar las ideas de la participación popular, de la democracia.

(…)

Si uno considera la Revolución de Mayo desde esta perspectiva, lo que ve es que no es un fenómeno aislado del resto de América latina, porque se produce en abril en Caracas, en mayo en Buenos Aires, en setiembre en Santiago de Chile y en México; y antes, en 1809 un frustrado intento en La Paz. Es decir, forma parte de un proceso donde, entre 1809 y 1811, toda América hispana se levanta. Y se levanta con una fuerte participación popular. Se ha dicho que los que estuvieron en el Cabildo Abierto eran nada más que los propietarios de Buenos Aires, ahora se sabe que los revolucionarios hicieron tarjetas truchas, entonces había muchos que no eran “vecinos respetables”. Cisneros se escandaliza y en una comunicación con España dice: “votó gente que no era nadie”. Y además, estaban allí algunas de esas figuras que cuando se produce una crisis en la sociedad dejan su vida doméstica y se convierten en revolucionarios. Como French, que era cartero y se convierte en un agitador de primera línea; o Beruti, que era un empleado del Estado; o Donado, que era un gráfico; o Pancho Planes --un pariente de López y Planes--, que es quien en el Cabildo Abierto, cuando algunos decían que el virrey se tenía que ir, dice: “el virrey tiene que ser ejecutado, porque fue el que reprimió a nuestros compatriotas en 1809, en La Paz”. Personajes que han sido escamoteados porque la versión del poder es una versión liberal conservadora. Llamémosle revolución democrático-burguesa, llamémosle revolución de liberación nacional, llamémosle revolución modernizadora, lo cierto es que fue un salto de la sociedad argentina a nuevas formas de participación, crecimiento económico, distribución del ingreso, derechos del trabajador. Todo esto está en ciernes en estos sucesos. Hay que verlo como una larga lucha que no ha terminado y que hay que continuar.

(…)

San Martín viene a Buenos Aires porque él era un oficial del Ejército español que como tantos otros, como por ejemplo Alvear o Chilavert que vienen con él en la fragata Canning, estaban influenciados por las ideas de la Revolución Francesa y estaban apoyando a la Junta Central de Sevilla en 1810. Cuando esa Junta es desplazada por el Consejo de Regencia, lo que fue una derechización del proceso español, ellos se dan cuenta que lo mejor es seguir luchando por esas ideas de libertad, igualdad y fraternidad -lo que San Martín llama el Evangelio de los Derechos del Hombre- en América. Venía a luchar por esas ideas, no contra lo español, porque lo español estaba escindido en dos bandos: había liberales revolucionarios y había absolutistas. La única manera de explicar que San Martín no es agente inglés es explicar que la Revolución tiene un contenido distinto del que planteó Mitre. Lógicamente es muy difícil polemizar y discutir porque, como decía Homero Manzi, Mitre es el único prócer que dejó un diario de guardaespaldas.".

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Digo yo: el sentido estrictamente revolucionario de Mayo de 1810, pues es cierto que hubo quienes actuaron por la mera conveniencia de sus intereses comerciales, deseosos de terminar con el monopolio que en tal sentido ejercía España (impidiendo la vinculación con la Gran Bretaña que determinaría la estructura atrasada productiva y socioeconómico de los 202 años argentinos); no está sino en los legados de Castelli y Monteagudo, de Moreno y Belgrano. La proclama de Chuquisaca --que señala a la libertad y la igualdad--, de Castelli y Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII, de Monteagudo; el Plan Revolucionario de Operaciones --que sentó las premisas instrumentales básicas para hacer realidad lo primero: esto es, redistribución de la riqueza e intervencionismo estatal en la economía--, de Moreno; el Reglamento para los pueblos de las Misiones, de Belgrano, uno de los primeros antecedentes de nuestra Constitución Nacional, y que iba en similar sentido al de los antes mencionados.

Dije hace un año: “Hoy está más presente que nunca la necesidad de resignificar las banderas históricas del 25 de mayo de 1810, que no son otras que las de Castelli, Moreno y Belgrano, reelaborarlas en acción concreta en el presente, porque así lo requiere la tarea más dura a encarar de cara a lo que se viene: la redistribución de los valores materiales que produce nuestra sociedad --en aras de llevar, con ello, las mejoras de ocho años de kirchnerismo a todos aquellos a los que todavía no se ha alcanzado--, que no será si no va acompañada de una previa --o, al menos, paralela-- relectura de las perspectivas, categorías, esquemas de análisis y sentido sobre los cuales se estructuran los actuales patrones de privilegio de nuestro país --los mitos del imaginario de la Iglesia, el Ejército y el Campo que, como bien enseñó el ruralista de CRA Néstor Roulet, ‘son los que hicieron la Patria’--.“.

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"No debemos ni podemos conformarnos los argentinos con haber elegido un nuevo Gobierno. No debe la dirigencia política agotar su programa en la obtención de un triunfo electoral sino, por el contrario, de lo que se trata es de cambiar los paradigmas de lo que se analiza el éxito o el fracaso de una dirigencia de un país. (...) Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias; me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a las que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada. (...) No he pedido ni solicitaré cheques en blanco. Vengo, en cambio, a proponerles un sueño: reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación; vengo a proponerles un sueño que es la construcción de la verdad y la Justicia; vengo a proponerles un sueño que es el de volver a tener una Argentina con todos y para todos. Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros, de nuestra generación que puso todo y dejó todo pensando en un país de iguales. Pero sé y estoy convencido de que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos. Vengo a proponerles un sueño: quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero, además, quiero un país más justo. Anhelo que por estos caminos se levante a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación: la nuestra. Muchas gracias. ¡Viva la patria!", Néstor Kirchner, 25 de mayo de 2003.

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Cristina no hace como anteriores presidentes, que aburrían los 25 de mayo contando, como si en vez de presidentes fueran historiadores, lo que pasó en 1810 (encima lo relataban con la versión mitrista de la Historia; o sea, la falsa). Cristina reactualiza el debate sobre el sentido de lo que hace 202 años ocurrió articulándolo con el repaso de cuánto, a través de su propia acción en el gobierno, hizo para cumplir con los postulados más progresivos del programa revolucionario político y socioeconómico de Moreno, Castelli y Belgrano. De otro modo, serían sólo palabras. Ahora, es acción. Leyendo a Galasso uno se pregunta si no habrían existido, en 1810, quienes, si se posaran sobre similares estructuras intelectuales que las que se utilizan hoy desde las tribunas opositoras para criticar al Gobierno, quienes dijeran: ¿Por qué tardaron 6 en darse cuenta de la necesidad de la Independencia? ¿Por qué antes estaba todo bien con Fernando VII y ahora está todo mal?

Claro, uno exagera, y debe, siempre, decir que “salvando las diferencias históricas”. Pero hay una discusión que atraviesa toda nuestra Historia. Y es la de separar lo esencial de lo accesorio. Lo que está, a mi criterio, muy presente a la hora de repasar y vincular con el presente a la Historia. Y el sentido progresivo de la misma del que no lo es. Qué lo representa en cada caso, en cada coyuntura. En función de las condiciones en que se despliega la acción de los protagonistas. En Mayo de 1810 lo progresivo estaba en Mayo, aún cuando todo aquel programa hoy nos parecería nada, pues son derechos adquiridos, asumidos. Entre las pocas cosas que me parecen útiles tomar de José Pablo Feinmann, he dicho que recojo su versión de la teleología en la Historia: descarta el significado más comúnmente extendido del término (de unos hechos se siguen necesariamente otros, que van tramando un relato con sentido finalista, del más antiguo al más próximo); por otra visión, según la cual un relato histórico debe rastrear su significado hacia atrás; es decir, buscar la explicación del hecho anterior a partir del hecho posterior.

Una articulación necesaria entre esta lectura de Feinmann y lo que marcábamos arriba respecto de separar las aguas entre --valga la reiteración-- lo esencial y lo accesorio, son los que otorgan al kirchnerismo merecimientos a la hora de discutir su enrolamiento entre los espacios políticos que pertenecieron a la progresividad en el devenir histórico argentino. Los logros de 9 años, ya abundante y profundamente discutidos. Y que quienes le discuten no son capaces de posarse en el núcleo de esos debates, y por eso entran a ellos desde cuestiones secundarias. Cristina hoy pidió recordar por qué peleban los revolucionarios de Mayo, para no perder de vista el sentido de todo aquello; así como Néstor pidió, en 2003, resignificar los paradigmas calificadores de éxito gubernamental.

Porque sería, de otro modo, imposible ocultar la esencia regresiva de las refutaciones históricas del kirchnerismo. 

viernes, 18 de mayo de 2012

La simplificación de lo complejo y la inocencia perdida


Jorge Lanata fue a Angola a cubrir la misión comercial del Gobierno. Allí interpeló al Canciller por la decisión oficial de comerciar con un país cuyo gobierno está acusado --con justeza-- por comisión de violaciones a los DDHH. Bárbaro.

No deberíamos, desde ese entendimiento, comerciar más con ningún país que violente los DDHH, entonces. Para ser parejos.

Con EEUU, por ejemplo (salvo que se crea que Guantánamo es un parque de diversiones acuático). Ni con China, tampoco. Y nos meteremos, entonces, toda la soja, en montaña, en el tujes.

Como consecuencia de lo cual, los actores principales de Expoagro, ponele, feria rural cuya propiedad es, en parte, de Clarín y La Nación (y donde anualmente se cierran negocios por más de 300 millones de dolares), quedarían en pampa y la vía.

Por eso, y por ninguna otra cosa, Lanata pregunta por Angola y no por China, y ni que hablar EEUU, de cuyas entrañas proviene la banca de inversión Goldman Sachs, propietaria del 18% de las acciones del Grupo Clarín. Sencillito.

La composición de las empresas infocomunicacionales está repleta de este tipo de redes cruzadas. De guita y varias otras tantas cuestiones “familiares”.

Balances, libros de acciones. Hojas de papel, si se lo quiere ver así, que representan cuestiones muy pesadas que influyen, y enormemente, en la determinación del escenario en el que discurre la discusión de la agenda del debate público por la gestión de los intereses del Estado, nada menos.

La política internacional, de su lado, incumbe dimensiones también muy complejas, densidades conceptuales muy alejadas de lo lineal del discurso en que se maneja el periodismo, y que la lógica desde la que Lanata ejerce no se interesa en comprender. Nótese que digo que no se interesa en hacerlo. Hay voluntariedad en omitirlo. Es decir, una cuestión que, por cierto, no es ascética.

Lo sencillo es describir y exponer las variables que determinan tal desinterés, en función de la defensa del éxito empresarial propio (propio de Clarín, decimos en este caso).

Y la derrota de la pretensión de inocencia de todo lo que se dice desde este tipo de plataformas informativas es uno de los mayores éxitos y capitales simbólicos de este proceso histórico.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Derrotados


Se pretendió establecer un paralelo con lo que fuera el episodio badubu dubudía, de Tato Bores. Ni punto de comparación. Aquella vez sí se trataba de una censura previa de veras. Distinto de hoy, en que cada uno dice cuantas barbaridades se le ocurre. Uno es un ejemplo. Los Kirchner son los gobernantes argentinos más insultados, a nivel personal, de nuestra historia democrática reciente.

¿A qué respondió, entonces, el “¡Queremos preguntar!” desaforado con que se despacharon algunos cuantos periodistas autotitulados independientes en el programa de Lanata del último domingo, en aparente combate contra una dictadura totalitaria y censuradora; hecho, encima, desde el canal --dicen ellos mismos-- de mayor rating de la TV abierta; y un programa --agregan también los mismos reclamantes-- que bate récords de audiencia históricos?

Se trata de guita y de poder, de valores culturales simbólicos. La construcción de la agenda, aunque más no fuere.

El comentarista, éste, cree que el éxito de los nuevos soportes comunicacionales que han ido apareciendo es, en tiempos del kirchnerismo, casi necesario. Lógico, inmanente, natural, indetenible. En el que ha jugado, y juega, obvio, una decisión gubernamental. De repartir distinto la baraja. ¿Y qué con ello?  

Son las consecuencias de la Ley de Medios. Construir un nuevo paradigma comunicacional va más allá, por mucho, que sólo la reconfiguración de la propiedad de las empresas del rubro. Se trata, además, de forjar una nueva lógica. Horizontal, descentralizada, informal. Dispersa y desparramada, fue el sincericidio en que incurrió Francisco De Narváez el día en que se presentó el proyecto allá por 2009: cuya vigencia, recordemos, aún tras haber sido sancionado por márgenes históricos, está, todavía, en veremos. De esa irregularidad se trata, también.

Un gobierno que ha conmovido las estructuras más profundas del orden material anterior, regresivo, no podía no favorecer, en paralelo, un nuevo correlato cultural que estuviera en consonancia. Lo hasta aquí conocido en materia periodística ya no será más.

El poder está, siempre. Lo que se altera, en todo caso, puede ocurrir o no, es su ubicación. Y la postura que, frente a dicha opción, tome el Estado. Y así como hoy el Estado pone en la sobre la mesa valores o criterios de los que el mercado, porque es de su esencia hacerlo, puede prescindir, y de hecho prescinde; del mismo modo, a través de la Ley de Medios y otras acciones en similar rumbo, viene a extirpar de las lógicas del devenir de la oferta y la demanda a la información.

Así como antes hizo, o intenta hacer, con los alimentos (retenciones), la moneda (nueva Carta Orgánica del BCRA) y los hidrocarburos (antes, regulación tarifaria y también retenciones; hoy, YPF y subrogación de la actividad entera al interés público); ahora el Estado, Constitución Nacional y ley en mano, les quita a los personeros del poder económico --que eso son, en definitiva-- que conforman la elite periodística el privilegio de seguir domesticando toda la actividad bajo su exclusiva impronta, porque hace falta poner en la agenda de las discusiones públicas cuestiones que esa elite en decadencia que cacareó el domingo pasado sencillamente no puede concebir siquiera pensar en hacerlo, en tanto son parte integrante e imposible de ser disociada de la orden cuestionado en lo material.

El patético “’¡Queremos preguntar!” es el grito desaforado de quienes se aterran porque ya no gozarán del trato preferencial de otrora, ni del poder que ello significaba. Lo nuevo tampoco pasa por encumbrar a Página 12 ni a Tiempo Argentino, quienes tampoco “pueden preguntar”. No es para nadie, ya, el derecho de interrogatorio. Esa jerarquización. Un esquema en el cual la categoría “líder de opinión” deviene vetusta. No encaja.

Después, en el gritito histérico están, también, algunos kioscos que se caen. Porque ya tampoco hay más dato preferencial anticipatorio para nadie. Ni los directores de departamento les atienden ya los teléfonos en privado. Como cualquier hijo de vecino, las novedades de Estado deben ir a consultarlas al Boletín Oficial. Qué loco esto de la igualdad. Los papers reservados, entonces, las charlas y conferencias ante círculos empresariales varios, son curritos que se debilitan, peligran. Los siguen haciendo, igual, aunque a la hora de la apuesta fuerte pesan muchísimo menos. Leuco en UATRE, hay varias de Pagni que se pueden ver en You Tube, Wikileaks destapó otras tantas. Cobran por eso. Roban, diría el firmante, porque lo cierto es que la pegan más bien poquito. Casi nunca.

El marco de exclusión social, paradójicamente, a ellos los contenía. En tanto, simbólicamente, se correspondía con la imagen de 4 tipos acaparando toda la data, y cuya posesión, encima, era, en punto a legalidad, bastante dudosa, precaria.

Pero en tanto fueron partícipes voluntarios de todo aquello; de los nuevos tiempos que asoman, en cambio, en que se reparan, crean y amplían derechos, que no esperen nada. Desde que la solidaridad es una ruta de ida y de vuelta. Cuya parte, estos tipos, a su debido momento, mezquinaron. De allí, además, que deviene ridículo pretender el sostenimiento de que puedan ser portadores de reclamos populares, de mediarlos: están, ahí como en casi ningún otro punto, arando en el mar.

Fue el grito de los que aún no han aceptado la derrota política. Lo hubieran pensado antes de entrar a disputar en un campo ajeno, en una acción que, además, siempre se encargan de tachar de incorrecta, improcedente. Ahora, ya es tarde.

Todo puede, claro, cambiar algún día. Pero es tal la soberbia que los emborrachó que ni esa incertidumbre aceptan. 

domingo, 13 de mayo de 2012

Apuntes para construir la sucesión y cuidar las conquistas a futuro


Prefacio. Como bien dijeron varios, con especial (y acertada) renovación de énfasis en los últimos días, Eduardo Basualdo expuso en forma excelente la trama de intereses que tejió el proyectoeconómico del Proceso. El esquema de negocios que operó como sustento material y político de la última dictadura; más aún: que le dio origen. El sujeto social en defensa de cuyos intereses Martínez de Hoz --como vocero y representante de dicha clase social en el gobierno-- diseñó el programa de económico que anunció el 2 de abril de 1976, y que se prolongó, casi intacto, hasta el 25 de mayo de 2003.

Interesa, sobre todo, destacar que todavía influyen, aunque cada vez con menor intensidad --pero mayor visibilidad y ruido mediático--, como factor condicionante de la capacidad de dedición estatal. O intentan hacerlo: en uno u otro caso, igual de antidemocrático.

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1) Cada nueva decisión que toma la presidenta CFK en función de consolidar el programa de gobierno tres veces consagrado en las urnas desde 2003 como proyecto de Estado --o sea, con miras a trascenderla a ella misma en sí--, dispara resistencias cada vez más virulentas por parte de sectores que observan que sus privilegios están en peligro de extinción. Articuladas, incluso, con factores de interés en el extranjero, atento a la transnacionalización que, como dato adicional, legó el proyecto neoliberal-conservador al país. Que determinan alianzas de poder con encadenamientos infinitos.

El de la última dictadura fue, en efecto, un proyecto de país acabado y de largo alcance. Y eso significó la posibilidad, para los beneficiarios de tal diseño, de confundirse en (y con) la estructura jurídica del Estado, modificada a la medida de sus placeres.

(Digresión: la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo dictó, en marzo, en los autos “Ingegnieros, María Gimena c/ Techint SA”, un fallo histórico por el cual dispuso la imprescriptibilidad de la acción de responsabilidad patrimonial contra la empresa, en tanto entiende que “Los delitos de lesa humanidad (…) tuvieron por objeto directo la implantación del plan económico anunciado el 2 de abril de 1976. La utilización de la prescripción por parte de las sociedades que resulten cómplices del delito de genocidio en acciones resarcitorias como la presente importa reconocer el provecho tenido en mira para actuar en complicidad con la dictadura genocida por parte de las organizaciones empresarias. (…) la mayoría absoluta de los detenidos-desaparecidos del período eran trabajadores con inserción sindical. De nada valdría condenar a los ejecutores si los beneficiarios de las políticas de genocidio no debieran responder por las consecuencias civiles de sus actos.”.

Lo mismo lo podría haber escrito, aunque con valoración diametralmente opuesta, Videla. De hecho, así lo ha expresado el genocida recientemente. Interesa destacar, acá, la elaboración, por parte del Estado, por fin de una correcta lectura del marco socioeconómico que envolvió a todo aquello, que permite, a futuro, redefinir muchas líneas de acción a los fines de revertir lo entonces actuado.--1 y 2--)   

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2) Desenredar esos nudos no es tarea sencilla. Requiere de mucha capacidad de lectura de no sólo lo que términos concretos implica en lo específico de la temática a que nos refiramos según el caso; sino, y sobre todo, de las derivaciones que en similar sentido o en otros pero igualmente capaces de afectar el normal desarrollo de la gobernanza. Alfredo Zaiat, también el domingo pasado en Página 12, trató, en una columna bastanteprofunda, el tema, de un proceso al que denomina como disciplinamiento de elites.

El amigo Mariano, que siempre nos ilustra, decía, sobre la tarea, que se trataba del “objetivo de ensanchar la base productiva como mecanismo de inclusión social y desarrollo económico deberá asentarse, ya no sobre la recomposición de márgenes de rentabilidad (carcomidos parcialmente por la apreciación cambiaria) de empresas tradicionales, sino disciplinando a las mismas y abaratando sus productos (insumos) para uso productivo de otros ascendentes sectores empresariales con capacidad para la generación de empleos bien pagos”.  

En efecto, en tanto el kirchnerismo supone la contradicción más acabada del proyecto neoliberal-conservador, se requiere, a los fines de terminar de definir y consolidar una estructura similar, de signo opuesto, articular acciones, pero también actores e intereses lesionados por el estado anterior de cosas, en derredor de un trazo común y cuya referencia de conducción sea la misma. O sea, la de Cristina. Para equiparar el marco de correlación de fuerzas, que no es un dato menor, por mucho que se pretenda mentir en contrario.

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3) Es lo que venimos diciendo, acá, respecto de que la habilidad de Cristina para haberse convertido en un factor tan dominante del tablero político, reside, principalmente, en que cada vez perfecciona con mayor completitud la vinculación de los diferentes capítulos históricos del kirchnerismo en un rumbo que los ordena en forma vertebral. Horacio Verbitsky, en un pequeño agregado a su columna del domingo 6 de mayo enPágina 12, lo recorrió, resumidamente pero con brillantez.

Y como elemento novedoso, a partir del capítulo YPF, de todo lo hasta acá enumerado, la herida que sufrió la alianza que, en los hechos, se verificaba entre los integrantes del llamado bloque de clases dominantes, en crisis, y los sectores políticos adversos al oficialismo. Que redefinirán, en adelante, los términos, categorías, esquemas y lógicas de los análisis de situación.

A partir de estas cuestiones, podemos; y, más: creo yo, debemos, pensar el tema de la sucesión de la Presidenta.

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4) Empardar la iniciativa, la voluntad, pero, sobre todo, la habilidad de la actual conducción para sostener el rumbo, no será tarea sencilla. En tanto desde este espacio entendemos que el sostenimiento de tal rumbo requiere de avanzar en desactivar definitivamente cualquier vestigio y posibles derivaciones del esquema anterior, al tiempo que se definen los nuevos, propios, estándares de intereses a atender: vale decir sintonía fina, la definición que la Presidenta tomó de este post anticipatorio.

Al respecto, el director de la Escuela Nacional de Gobierno, mi amigo Marcelo Koenig, tiene una definición que a mi criterio resume todo el sentido de lo que pretendemos expresar (desconozco si es de él, pero a él se la escuché primero): “El kirchnerismo”, dice, “es como una bicicleta: si no pedalea para adelante, se cae.”.

El asunto es el siguiente: uno puede discutir muchos nombres en particular. Acá lo hemos hecho muchísimas veces. Y no se observa, al menos desde este espacio, que existan, al interior del kirchnerismo, elementos que vayan a promover una regresión conservadora, un saldo de cierre del proceso histórico, en términos vulgares, “por derecha”. Ni siquiera Scioli. El sostén político de la mayoría de los dirigentes que pudieran legítimamente aspirar a suceder a CFK no podría, a partir de las conclusiones que se pueden extraer de las últimas presidenciales, ser otro que el mismo que hoy conduce la actual presidenta. Habida cuenta de que, por fuera del kirchnerismo, en términos estrictamente políticos, no hay nada.

Lo anterior determina los límites de acción que definen, y acotan, las posibilidades de cualquier otro dirigente kirchnerista. Y cada vez más, de los que no pertenencen al kirchnerismo, también. Un piso, en términos de derechos y realizaciones materiales concretas, del que uno observa que sería muy difícil retroceder.

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5) El tema está en el dispositivo en sí. Que encierra la posibilidad de su propio, digamos, auto derrumbe. En tanto no insista en identificar las necesidades que existen de reconfigurar estructuras jurídicas y blindarlas con la construcción de un sujeto social de magnitud que pueda actuar en su defensa. O sea, la trascendencia, que le llaman. La estructura que se perfeccionó en Vélez, es capaz de hacer ganar a otro/a que no sea CFK --quizás no tan abrumadoramente--. No hay riesgos, a hoy, comparativamente analizando las cosas. Y aún luce inimaginable un hueco por el que pueda crecer alguna alternativa tradicional en condiciones de competir, en tanto no han todavía articulado agenda a tal fin. El tema es cómo se gobierna a partir del 11/12/15.

Cristina ha elaborado respuestas a la medida de la dificultad aludida, sobre todo, a mi criterio, a partir de dos medidas: reestatización de los fondos previsionales y designación de directores por el Estado en empresas privadas como consecuencia de lo anterior. Así se mete a operar de lleno, y en persona, sobre las necesidades que reseña Mariano más arriba. Al tiempo que desactiva tanto el poder de los bancos sobre las variables económicas tanto como los vicios de una clase empresaria incapaz de vincularse con proyecto de desarrollo nacional integrado alguno.

Así sale, el kirchnerismo, a vincularse con el mundo, a partir del manejo firme que hace de sus variables económicas, planteando un modo de integración internacional con muchas mayores potestades autonómicas. Y con creación de márgenes para hacerlo, claro. En un movimiento que, antes, supuso la necesidad de desendeudarse. Ello, luego de haberse fortalecido de caja. Y al tiempo que la impronta reparadora vinculaba a los agredidos por el Proceso, generaba nuevos paradigmas de Estado y fortalecía una impronta cultural con renovadas intenciones reivindicativas, “mano de obra”, por decirlo groseramente, de la empresa.  

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Epílogo. ¿Existen dirigentes con esa capacidad de lectura y análisis y con similar voluntad y capacidad de iniciativa y decisión? Antes que eso, a mi criterio, debe ser la militancia la que se forme para dicha tarea. Consolidar una estructura que ya no sólo sea capaz de determinar el mínimo aceptable del marco de la discusión, sino de algo mucho más importante en este estado de las cosas: generarlo. Construir la agenda, motorizarla. Y prepararse, porque se requiere de mucha formación intelectual para encarar semejante empresa haciéndolo seriamente, asegurando gobernabilidad al tiempo que se transforma. Detectando los nichos a interpelar.

Es la mejor forma de cuidar las conquistas, pero también de lograr que perdure en el tiempo este esquema de gobierno. Todo esto viene antes de discutir los nombres propios de 2015. Que surgirán sin dramas si primero se aborda la discusión acá propuesta.

Y sobre todo, sin peligros para la continuidad, que va más allá de la suerte del inmenso cuadro político que ha sido artífice de esta situación tan favorable: Cristina. Que por cierto, nos ha pedido que nos hagamos cargo. A las cosas, pues. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Un cambio?

Primero, el Estado debe decidir los objetivos de su política. Luego, las herramientas con las que irá a por ellos.

Ese sería el esquema base.

La cuestión YPF nos ofrece con claridad este marco de análisis. El kirchnerismo decidió, no ahora: desde hace rato, ya, desde que asumió el gobierno en 2003; una cosa muy sencilla de comprender para los que no somos muy avezados en economía: desacoplar la política hidrocarburífera de las lógicas de administración que impone el mercado. Una discusión política e ideológica, previa a cualquier otra definición en particular. 

Más aún, fue, esa forma de administrar los hidrocarburos, según dicen los que dicen saber sobre el asunto, lo que generó el problema. “Porque los márgenes no dieron más”. O, porque como lo sinceró Enrique Szewach brutalmente en Perfil --en una nota que comentamos acá, la semana pasada--, “porque no da lo querríamos que diera, lo que da en otros lados”. Si “no da” más; o, mejor dicho, si “no dio” más, el negocio, tanto que se hizo necesario intervenir, en el mismo entendimiento pero con mayor profundidad, en la actividad, fue porque así lo decidió el Gobierno. Éste, el de Cristina Fernández, tanto como antes lo había hecho el de Néstor Kirchner. Por medio de la regulación tarifaria, entre otras cosas. O de las retenciones a la exportación de petróleo.

Es lógico, en la lógica de Repsol, lo que pasó. En cierta forma. Buscaron maximizar ganancia, aunque acá no perdieran, porque en otros lados el negocio es más tentador. No importa por qué eso es así, cada caso debe ser un mundo. Y en todo caso, las necesidades del esquema de desarrollo argentino requerían, y siguen requiriendo, de que el Estado no permita que lo que es el normal devenir mercantil impacte en el esquema energético.

Porque al modelo económico argentino, sustentado en la rueda consumo interno-generación de empleo, le haría bastante mal que el mercado definiera como mejor le pareciese el cuadro tarifario: porque eso impactaría de lleno en la capacidad de consumo de los que se necesita que consuman para que pueda haber la generación de empleo que se necesita que haya… Bueno, es un circuito en el que sería largo abundar, y, además, tampoco viene (tanto) al caso.

Lo que interesa es que las herramientas, no los objetivos de la política, son los que caducaron. En esta, cómo decirlo, fase del despliegue del modelo económico. Nada que debiera resultar tan dramático. Lo que venía resultando eficaz hasta ahora, a los mismos fines, ya no lo es tanto. Y entonces, a favor del sostenimiento de esas mismas banderas (para decirlo en forma más militante), se decide una reconfiguración de los instrumentos con que se interviene en tal sentido.

Antes de seguir: claro que yo creo que YPF debe ser administrada por el Estado, siempre. Pero entiendo que puede no necesariamente ser así, aún si uno está --como está el Gobierno, y con lo que yo acuerdo-- detrás del objetivo de, de nuevo, desacoplar de las lógicas de mercado la administración de la política energética, la hidrocarburífera sobre todo. ¿Pueden haberse agotado determinadas herramientas, haber explorado su límite o, lisa y llanamente, fracasado? Sí. Pero eso no implica una contradicción en la política de fondo del Gobierno en la materia.

Más aún: diría yo que, más que la expropiación por causa de utilidad pública del 51% de las acciones de Repsol en YPF en sí, lo más contradictorio para con las estanterías culturales que sustentaron al programa de gobierno liberal que rigió desde la caída de Perón en 1955 y hasta 2003, es la definición que hace el artículo 1º del proyecto votado por el Congreso la semana pasada: que declara “de interés público nacional y como objetivo prioritario de la República Argentina el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos, así como la explotación, industrialización, transporte y comercialización de hidrocarburos, a fin de garantizar el desarrollo económico con equidad social, la creación de empleo, el incremento de la competitividad de los diversos sectores económicos y el crecimiento equitativo y sustentable de las distintas provincias y regiones.”.

O el 2º, que reza: “El Ejecutivo nacional arbitrará las medidas conducentes al cumplimietno de los fines de la presente, con el concurso de los Estados provinciales y del capital público y privado nacional e internacional.”. Y los restantes artículos hasta llegar al que dispuso la expropiación de la empresa. Es decir, de manual: el Estado, que desde que llegó el kirchnerismo al gobierno determina la economía en vez de ser al revés, define los objetivos de la política en el sector de que se trate, cualquiera ella sea. Y actúa en consecuencia, según las dificultades que le opone el marco para determinar los medios, pero no el fin. No en este caso, al menos.

Para muestra de lo que decimos, basta un botón: esta nota de Clarín, en la que los empresarios del sector, lejos de centrarse en el cambio de propietario de YPF, se preocupan por cómo los afectará a ellos los cambios que disponen los artículos citados y los restantes hasta el tratamiento que hace la ley de la propiedad de YPF en sí. “(…) quedaron a tiro de cualquier cambio regulatorio que decida concretar el Gobierno por decreto o resolución.”, dicho con tono de preocupación. Ahora se hace explícito, se legitima, lo que en la práctica ya era una realidad, eso es todo. 

En eso estamos, en que se termine de comprender, desde el sector privado, dónde es que se toman las decisiones de política económica, ahora. En función de cuáles objetivos y en beneficio de qué intereses. Eso es profundizar el modelo. Porque hace al reparto de los recursos, por los que pugnan los distintos actores sociales, algunos con mayor capacidad de disputarlos que otros. Y el Estado definiendo para dónde se moverá la balanza.

No es, el energético, el único sector en el que se ha movido en ese sentido este gobierno. Ahí está la cuestión alimentaria, las retenciones y todo el desparramo que generó todo aquello. Eso también era, es, desacoplar una actividad de la lógica de mercado. ¿Cómo votaron muchos de los opositores que hoy tanto se golpean el pecho y/o presumen de haber anticipado “todo lo malo que iba a suceder y terminó sucediendo” --por distintos motivos según pertenencia ideológica--, cuando se discutió la 125 en el Congreso?

Piénsese en esa pregunta y luego respóndase quién es que, en verdad, cambió. 

lunes, 7 de mayo de 2012

La contradicción principal

En lo inmediato, lo más palpable, concreto, tangible que se puede sacar de la cuestión YPF, no pasa por la recuperación de la soberanía hidrocarburífera (ése es un camino que recién comienza y que va a demandar demasiado tiempo, esfuerzo y dolores de cabeza) en sí.

El país ha ganado en punto a profundización de la democracia y de la institucionalidad republicana. Y eso porque la oposición (nótese que esta vez, para sustentar el punto, no hago ninguna acotación cuando la menciono, de ningún tipo) ha decidido abordar fuertemente el recupero de su soberanía táctica y estratégica. Ésa que había concesionado al establishment corporativo, con Héctor Magnetto a la cabeza, al que, ahora, han expropiado.

¿Qué posibilitó todo eso? Varias cuestiones. El discurso de Agustín Rossi (que, simbólicamente, será recordado como apertura de otra etapa, o al menos como parte de ello, creo) las recorrió, un poco, a todas. Nunca son monocausales estos fenómenos. Es difícil precisar un punto de partida y una razón principal. El marco que se abrió definitivamente como capítulo histórico a partir del instante en que Julián Domínguez cantó los 208 votos que acompañaron, en forma trasversal, el proyecto de expropiación de YPF, fue producto, en realidad, de un proceso largo.

Probablemente podría decirse que encuentra sus primeros embriones en la obstinación de Néstor Kirchner que, apelando a la ética de las convicciones, optó, luego de la derrota de 2009, por doblar la apuesta en vez de aceptar el nuevo pliego de condiciones que le ofrecían --similar al de Escribano antes de asumir en 2003-- a cambio de una capitulación (programática) pacífica para él y Cristina, en forma de Pacto de La Moncloa o nuevo Acuerdo de San Nicolás: hablamos de la ley de medios, la AUH, Unasur.

Desde luego, no podemos obviar en todo esto el elemento popular movilizante que se empieza a observar con fuerza a partir del acto del Evita en Ferro en 2010 (que tuvo capítulo II en Huracán ’11 y tercero ahora, en Vélez ’12), va ganando en intensidad muy especialmente durante los fastos del Bicentenario y las exequias del fundador del actual oficialismo y se termina de consolidar en incontables ocasiones del electoral año pasado y se define como sujeto vertebrado en el ya mencionado encuentro en Vélez de hace diez días.

Ello, digo, como elemento aprobatorio del curso de acción adoptado por el Gobierno luego de la reprobación electoral sufrida en 2009, que antes había sido dato sociológico cuando se perdió en las calles durante la sedición agrofinanciera de 2008.

En tanto el kirchnerismo personifica y conduce un nuevo tiempo político, en que la gestión del Estado se entiende ahora en términos de creación/ampliación/recuperación de derechos y/o conquistas materiales concretas, y ello es merecedor de un guiño ciudadano --que se formalizó con dos pronunciamientos populares masivos en las urnas en dos meses el año pasado--, se abre un nuevo espacio para la acción política y la confección programática, una vez que la oposición, aventuro, tomó nota de las enormes distancias que los separó de la triunfadora.

Elementos culturales varios que hablan de lógicas intelectuales y sociales distintas y novedosas --la militancia como dato decisivo, la juvenil sobre todo-- a las que, se ha comprobado, es difícil abordar, interpelar y/o convocar desde las narrativas y cursos de acción sectoriales que guiaron la discusión política hasta el año pasado, y cuya máxima expresión fue el Grupo A en el Congreso, obligan --si se quiere ser exitoso-- a un correlato institucional distinto.

Atento a que la Constitución Nacional promueve, como tutela preferencial del sistema jurídico que bajo su imperio instituya, la plena realización de la ciudadanía, y no de aquello cuya conformación no proviene de la voluntad cívica; tarea, además, que deposita en los representantes legitimados y en nadie ni nada más, no puede menos que llegarse a la conclusión de que, contrariamente a lo que muchos pretenden sostener, la legalidad en Argentina se ha profundizado a través del capítulo YPF.

Esta nueva etapa se abre, también, a partir de la voluntad política de Cristina puesta en función de ello. De convocatoria a juntar fuerza institucional en función de engrosar el sujeto social que sea capaz de actuar la contradicción con lo corporativo y el statu quo ante, a los fines de dar relleno al nuevo programa de gestión del Estado que se viene desplegando como trazo proyectivo alternativo desde 2003. Porque, como venimos diciendo, es necesario abrirle paso a la posibilidad de alumbrar una nueva institucionalidad que termine de blindar todo lo actuado.

El 18 de noviembre de 2010 decíamos, a propósito de la no aprobación del Presupuesto General de la Nación por obra y gracia del accionar del Grupo A en Diputados, que el cachetazo de Graciela Camaño a Kunkel había significado el inicio del fin del ciclo de la antipolítica, y con él del proyecto del bloque de clases dominantes que en ello encontró sustento cultural para expresarse. La trama de intereses que se descubre aprovechándose del Estado en cada decisión es enorme y comlejísima. Y se expresa, claro, mediáticamente, porque hasta allí llegan las derivaciones de sus posesiones mercantiles.

Identificábamos, como responsables de aquel bochorno, a los actores de micro partidos cuya participación institucional estaba sobre representada, como marco de posibilidad, “quizás, el más propicio momento desde la caída de la Alianza para establecer un pacto entre los sectores políticos organizados, a los fines limitar la influencia de aquellos que no son más que monoemprendimientos, partidos vecinales, agrupaciones estudiantiles. No para la cantinela de ‘armar políticas de estado que duren dos mil años’, sino para restablecer las reglas de juego y los códigos que tan bien manejaba el injustamente denostado Jaroslavsky”.

Véase cuáles han sido los espacios que acompañaron la movida del FpV: UCR, FAP, PSur, bloques, todos ellos, con mayor organicidad estructural, histórica y programática --aunque aún en reconstrucción-- que los que repudiaron --excepto PRO, que es el intento concreto del conservadorismo por actuar políticamente dentro de la democracia--. Y que es desde las vocerías del poder fáctico que se denuesta lo que nosotros calificamos de avance democrático. Y cómo lo hacen: ridiculizando las plataformas y tradiciones, o los acuerdos partidarios.

La UCR puso especial énfasis en desmentirle a Morales Solá que no votaron a favor a cambio de la posibilidad de nombramientos en el Congreso. Yo creo, de hecho, que no fue por eso. Pero aún si así hubiese sido, valdría el aplauso: eso es, precisamente, un ejemplo de acuerdo político. Como también lo fue el Pacto de Olivos, al que, al margen de algunos contenidos, también reivindico, en cuanto instrumento de empoderamiento de la clase política significó. Porque, como bien se ha dicho, el poder nunca desaparece, simplemente cambia de manos. Y este firmante, al menos, prefiere que esté en las de aquellos que se someten al escrutinio popular.

Y aún esto es superior, porque la participación popular, se insiste, está mucho más presente. En cualquier caso, ha sido todo ganancia para la representatividad ciudadana. Y eso, como punto de partida de cualquier política que se quiera practicar, siempre es destacable. Se abre, en perspectiva, el horizonte de un juego político más razonable, una disputa más sensata. Entendiendo por razonable y sensato que la cuestión sea disputada entre los partidos haciendo caso omiso de las agendas de sectores privados.

Ya Agustín Rossi puso blanco sobre negro respecto de cuál era, es y sigue y seguirá siendo la contradicción principal de la política argentina.


martes, 1 de mayo de 2012

Lo principal, lo accesorio y la coherencia


"Le propongo el siguiente test: usted gana $ 10 mil pesos y gasta nueve mil. Lo que gana le alcanza para vivir y hasta puede ahorrar mil pesos. Suponga que alguien le ofrece 15 mil para hacer el mismo trabajo en otra empresa. Usted se dirige a su empleador y le plantea que, o le aumenta el sueldo a $ 15 mil, o se va, y su empleador le responde: ‘¿Por qué te voy a aumentar el sueldo, si con lo que ganás te alcanza, y encima te sobra el 10%?’. Todo lo demás igual. ¿Usted qué haría; cambiaría de trabajo, o no? Apuesto a que respondió que sí. Bueno, el Gobierno argentino intenta hacer lo mismo que ese empleador ficticio: para los hacedores de política económica, las empresas no tienen que maximizar sus ganancias, deberían conformarse con ganar ‘lo suficiente’ y entregar el resto al Gobierno, a los consumidores, o a otros empresarios que usan su producto o servicio como ‘insumo crítico’. (...) En el caso de la energía sucedió algo similar. El Gobierno pretendió  aislar a la Argentina de la suba de los precios internacionales del petróleo y derivados. Para ello, les congeló los precios a los productores y pagó, con fondos públicos, a los generadores y distribuidores de electricidad y gas, la diferencia entre el precio congelado a los consumidores y los aumentos de costos --salarios y otros rubros diferentes al del combustible--, lo mínimo necesario para mantener el servicio funcionando. Al igual que los productores de carne o trigo, aquellos productores de petróleo y gas que pudieron, decidieron invertir en otro lado. Hubo otros productores locales que, como no pudieron irse a otro lado, ni tenían capital o tecnología, no hicieron nada, a la espera de revender las concesiones cuando los precios mejoraran, o hicieron lo que pudieron. Todo esto con la connivencia y aceptación de las provincias que dieron las concesiones. Y con la presión del Gobierno central, que favoreció a sus amigos en este negocio.".

Extractos de la columna que escribió, el pasado domingo 22 de abril, en Perfil, Enrique Szewach, exponente típico de la ortodoxia económica. Y hay que agradecer que este tipo de cosas, tan explícitas, se escriban en Argentina. Aquí sigue radicando el espacio en el que centrar la discusión. Lo que Szewach describe tiene que ver con un proceso económico que puede o no aceptarse como natural. Todo depende de que defendamos o no la posibilidad de que el Estado sea gestionado en pro de la consolidación de ese devenir ‘lógico’, ‘natural; o, en su defecto, que se operen acciones de gobierno tendientes a torcer o, por lo menos, morigerar las consecuencias que pudieran suponerse o aceptarse como previsibles.

Los escollos que puede presentar lo que llamamos realidad, mutan, varían. Y las capacidades del Estado no son, tampoco, hoy, las mismas que eran hace nueve años. De ahí que no pueda acusarse al kirchnerismo de contradicciones en materia energética. El objetivo estratégico --esto es, el fondo, lo general, lo más abstracto si se quiere-- siempre fue y sigue siendo el mismo. Está en función de sostener la capacidad de crear trabajo del esquema económico. Las herramientas tácticas --más particularistas, concretas--, en cambio, pueden variar. Y lo que ayer fue bueno (o lo que se pudo, en este caso: la administración tarifaria), hoy ya no serlo o estar agotado. Simple y sencillo. Pero la discusión política es otra: si debe o no hacerse algo. Pero no tiene que extrañar que hoy haga falta readecuar instrumentos de intervención. La contradicción sería dejar de considerar que deben imaginarse nuevas formas de intervención en los procesos socioeconómicos. En tanto sobre esto último siga habiendo acuerdo, podemos estar tranquilos con nuestras conciencias.

Decía Jauretche: "Si el país no hubiera crecido extraordinariamente en los últimos diez años, no existiría hoy problema alguno de energía. Como en todo proceso de crecimiento acelerado la necesidad se ha anticipado al recurso destinado a satisfacerla. (...) Los recursos no se movilizan sino en función de necesidades ya existentes y en la medida en que lo permite el propio ritmo de desarrollo. (...) La situación actual no es sino el transitorio desajuste que se produce entre la demanda y su satisfacción, en razón de que mientras la primera crece en forma continuada, los recursos destinados a satisfacerla lo hacen a los 'saltos' (...) estos desajustes no son exponentes de una crisis económica, sino por el contrario son la negación de aquella. La crisis económica, al reducir la producción y el consumo, elimina todo problema de déficit energético.".

Más claro, echarle agua.