sábado, 28 de abril de 2012

Tres pistas de cara al futuro (sobre los mensajes del acto de CFK en Vélez)

Dijo, Cristina, no textual, entre otras cosas, lo siguiente, como más importante a mi criterio: 1) "No somos eternos, estamos viejos, ustedes tienen que ser la custodia de todo esto de acá en más y no permitir que se de un sólo paso atrás". 2) "Hay que pensar nuevas formas de intervención del Estado, adaptadas a los tiempos modernos, pero dejando en claro que para siempre el Estado va a ser el que conduzca". 3) El agradecimiento --por segunda vez en pocos días-- a las fuerzas legislativas opositoras que decidieron acompañar el proyecto de expropiación de YPF.

Podemos creer que ninguna tiene que ver con la otra; o podemos --yo quiero hacerlo-- hacer el esfuerzo de suponer que a todas ellas las une un hilo conductor. No voy a insistir en abundar con mi convicción de que la dimensión de estadista de la Presidenta Cristina Fernández se puede rastrear en su capacidad de articulación de distintas variables en función de la construcción de un trazo proyectivo que las vertebre.

Tengo ganas de robar cada palabra de un texto que escribió Hernán Brienza para Tiempo Argentino el 3 de julio del año pasado. O de otro, también de Brienza, éste último dos días después de las PASO.

Copio y pego algunas cositas, nomás, a los fines de no abusar del recurso de la cita:

* “La síntesis es la tentación de todo movimiento político nuevo que aparece en la política. Tiende a verse a sí mismo como una superación dialéctica de los antagonismos existentes, ya sea como negación de una de las partes o como entrelazamiento de los viejos sectores antagónicos. (…) La Unidad Nacional en cambio funciona no como síntesis sino como superación de los antagonismos por el acuerdo de las diferencias circunstanciales. (…) La presidenta Cristina Fernández ha hablado mucho de "unidad nacional" en los últimos meses. Intuyo que ha de ser el desafío más importante que tendrá el modelo nacional y popular en los próximos años: no ya volverse hegemónico -producto de la síntesis, si se quiere- sino dar un paso más: convocar a la unidad nacional, incluir a lo diferente -no antagónico, claro- para enfrentar a lo Otro: a las corporaciones, a lo no legitimado por las mayorías, es decir, al capitalismo que tracciona a lo monopólico, concentratorio, monocultivista. (…)”.

* “El 50% obtenido ayer por la presidenta la convierte en la única personalidad política que tiene una relación personal y afectiva con el electorado. Y sin dudas es sólo el piso. Si en estos meses Cristina continúa con su convocatoria a la unidad nacional y profundiza su estilo equilibrado entre la ética de la convicción y la moderación, ese porcentaje se ampliará aun más el 23 de octubre, porque además habrá que sumar el natural voto a ganador que funciona en las sociedades. Ese margen de acumulación política le permitirá a la presidenta ponerse no sólo por encima de los demás políticos sino también, en términos simbólicos, como la personificación misma del Estado. Es decir, esa voluntad general funcionará como poderoso equilibrador entre los distintos intereses de la sociedad. Por primera vez, quizás desde 1973, un político -Juan Domingo Perón, con el 63% de los votos- no acumula tanto poder para lograr imponer un pacto social y político a los grupos de presión de la sociedad argentina. (…)”.

* “(…) un tercer período consecutivo del proceso kirchnerista consistiría en un tendido de puentes hacia varios sectores de la sociedad. Definida como la etapa superior del kirchnerismo, sus principales componentes sería la institucionalización de sus transformaciones, la profesionalización de su aparato burocrático, la consolidación política de sus cuadros, la profundización de sus medidas tendientes a la defensa de los intereses nacionales -propiedad, trabajo, producción y exportación- y populares -redistribución de la riqueza, protección social, inclusión laboral y mejoras en las condiciones de trabajo- y la instalación de un aparato cultural que permita construir un cuerpo de ideas y valores para la acción. Es decir, constituirse como bloque histórico hegemónico y para ello es prioritario superar la lógica de las partes e instalarse por encima de las facciones en pugna. Es hegemónico un proyecto político cuando logra colocarse como un todo por encima de las partes y sus rencillas mínimas, cotidianas, circunstanciales. Se es hegemónico cuando algo se metaforiza como un todo y tiene la capacidad de opacar a las demás partes.
  
Hasta acá, Brienza. Aviso que no está todo en orden. Ojo: en Segundas Lecturas, con menos gracia claro, hemos dicho muchas cosas parecidas a estas, creo, desde que una reelección de Cristina se empezó a vislumbrar como posibilidad cierta. A saber:

* “Cuando, en los primeros tiempos de su mandato, CFK demostró que iría por la sintonía fina de un modelo que hasta allí no se había mostrado sino a grandes rasgos, y apuntó a agudizar las contradicciones proyectivas con la resolución 125, que quería jugar en pos de la diversificación productiva a los fines de liberar al país de la fuerte dependencia que todavía hay con el agro (lo cual otorga a las patronales rurales la posibilidad de incidir fuertemente en la conducción nacional), quedó claro que la interrelación operada a partir del “Proceso” (trama de intereses que siempre se intenta mantener oculta e incide determinantemente en cada discusión por la definición del proyecto de país), estaba vigente como siempre, el establishment no se había amansado y la disputa no estaba (ni está) resuelta ni mucho menos.” (Digresión: no lo recordaba yo, pero ya el 12 de enero de 2011 hablé de sintonía fina. Sorry por mi capacidad de anticipación. Hecho el apunte narcisista, volvemos).

* “Y cuando desde nuestras filas se clama por profundizar, modificar estructuras jurídicas actuales si se convierten en impedimentos para encarar el trazo fino de un modelo de crecimiento, acumulación y distribución, debería figurar primero. Pero también, machacar culturalmente con qué hacerlo no es un pecado, forma parte de las posibilidades democráticas darnos instituciones distintas de las que hoy tenemos si se considera necesario hacerlo, que no todo termina en el constitucionalismo liberal y las visiones conservadoras respecto de la economía, lo social y lo político. Porque será difícil si no se empieza por aquí.”. (Del mismo 12/01/2011). 

* “Cristina elige, correctamente, encarar una de las últimas épicas que le faltaban: morder en el hueso de la economía para construir la perdurabilidad del proyecto en el tiempo e independientemente de la propia conducción de Cristina (ya construyó políticamente, consolidando al kirchnerismo como línea hegemónica al interior del peronismo –de lo cual ya hablamos a principios de año-; culturalmente, donde ya mejor que yo ha dicho lo suyo Beatriz Sarlo, se viene logrando una reconfiguración de las categorías de análisis). Ahora, se termina de cerrar el círculo, articulando la constitución de su sustento político en un proyecto de gestión que reforme estructuras en profundidad.”. (Del 14 de abril de 2011, en ocasión de comentar la decisión de la Presidenta de hacer ingresar directores para representar al Estado en las empresas de las que heredó tenencias accionarias en virtud de la reestatización del sistema previsional).

* “(…) nuestra sociedad no es la misma. Cada uno califique cómo más le plazca al kirchnerismo, lo indudable es que la sociedad se ha vuelto mucho más compleja, heterogénea a su interior -y contradictoria- como producto de los avances sociales experimentados en ocho años. Como alguna vez comentara sobre los dramas que vive Chile en la actualidad, las sociedades jamás dejan de demandar, sí sus requerimientos se reactualizan. Y hete aquí que la discusión está mal encarada desde el vamos. Reducir la misma a un planteo de términos conocidos (presidencialismo vs. Parlamentarismo), no es lo más conveniente. Claro está, a mi entender, que los esquemas conocidos de diseños institucionales de Estado ya no responden a lo que son las demandas sociales en la actualidad: la forma en que explotan las revueltas populares en el mundo árabe, España, Grecia, Israel, Chile, ahora EEUU, no son casuales y hablan, en algún punto, de lo mismo: los gobiernos de todos esos países cuentan con herramientas que lucen estériles para afrontar lo nuevo en términos de reclamos ciudadanos. Las protestas estallan de la manera en que lo hacen porque el sistema es incapaz de enmarcarlas. Así de simple. (…) Hay, sí, que pensar un nuevo Estado. Así lo han hecho, insisto, Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde los gobiernos populares emergentes de las crisis estructurales del republicanismo liberal pusieron en agenda, ante todo, la readecuación de sus Constituciones como ofertas de campaña a los fines, claro, de hacerse eco de las demandas de sus ciudadanos, imposibles de ser canalizadas por las instituciones obsoletas del statu quo anterior. (…) No se trata de despreciar la institucionalidad –de lo que habitualmente se acusa simplonamente a los populismos (categoría de la que nuestra “academia” sabe muy poco)-, sino de darse una nueva. Por decir algo, hasta renovadas formas de propiedad han alumbrado esos países. Y lo principal, desde ya, pasó por desarrollar estructuras jurídicas que aseguraran la incorporación al sistema de los emergentes sociales. Las reelecciones indefinidas, por mucho que se diga, no son lo principal allí: por caso, en Bolivia no existe. (…) Urge discutir hasta nuevos esquemas de limitación de los poderes de gobierno (no sólo del Ejecutivo). De relacionamiento entre ellos. Dar lugar a nuevas formas de expresión política, de agrupamiento económico. Cómo se garantizará a todo lo nuevo que será parte del Estado de Derecho. (10 de octubre de 2011).

* “No obstante ello, y como venimos diciendo hace un buen tiempo, Cristina no será eterna. Es necesario, entonces, desparramar el nuevo sentido de gestión en construcciones institucionales a lo largo y a lo ancho del país –para atacar, también, las desigualdades territoriales-. Construir Estado (expandirlo, desplegarlo por todos los resquicios de la sociedad) que, vía gestión concreta, impregne de estabilidad y proyección los nuevos tiempos; o sea, la verdadera garantía de continuidad del modelo.” (Última, del 18 deoctubre de 2011).

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Con, de nuevo, las disculpas del caso por la extensión del texto y la abundancia de citas, vamos a por lo nuestro, en concreto y específico, sobre el sentido del mensaje dado en Vélez por la Presidenta.

Cristina ha comprendido, creo, que la reconfiguración institucional del Estado se hace imprescindible. Para que lo mejor de lo actuado hasta el momento no termine cayendo en saco roto. Un legado sobre cuya aceptación, su esencia, hay que rastrear en dos pronunciamientos populares en serie en dos meses a valores históricos en 2011atento a lo que habían sido los cuatro años de mandato. Y, además, de que en los hechos se trataba de la inédita tercera posta consecutiva de un proyecto político de programa de gobierno popular. Con el agravante de que se trataba de la primera elección en que la decisión de las urnas no se correspondía con la voluntad del poder fáctico (real, permanente) por cuyas voluntades habían pasado las directrices nacionales ininterrumpidamente desde 1976 y hasta 1983.

La construcción del marco de oportunidad, mérito y conveniencia para comenzar a encarar un tema que se vuelve impostergable. Nada que pretenda para sí el título de proyecto o de modelo puede quedar librado a la suerte de una única persona. Porque puede ocurrir, también, que pierda una elección. O que, sencillamente, no quiera seguir. Y mil imponderables más, feos, que por tanto ni vale la pena mencionar. En definitiva, Cristina actúa, con gesto de estadista, en función de la inteligibilidad del futuro. Así las cosas, hay la obligación, para la militancia, de construir liderazgos capaces de tomar la posta. Sencillo.

Hace bien en la Presidenta convocar a la construcción de la fuerza popular que sostenga y promueva en las calles lo que luego simplemente habrá que traducir en normas. La correlación de fuerzas, que se le llama. Pero una reforma constitucional, que, por lo dicho por Cristina (y no sólo hoy: ya van muchas), no incluirá su continuidad más allá de lo actualmente permitido, no puede prescindir del llamado a los sectores que no se sienten comprendidos en el kirchnerismo.

Se trata de conseguir cimentar los términos de discusión que mejor le sienten a los intereses del programa de gobierno de las clases populares, el que se viene desplegando desde 2003. Obturar la posibilidad del retroceso en términos de derechos ante la hipótesis de un cambio en las urnas. Pero a partir de la seducción, del planteo de la conveniencia trasversal de la profundización de este rumbo a quienes no forman parte del espacio (pista 2), descartando que cualquiera de esas intenciones pueda tener que ver con intereses personales (pista 1) y sin mezquindad (pista 3).

Cristina apeló, según yo entiendo, a la unidad nacional para construir un nuevo marco, porque existe la necesidad de acudir a ella frente a un mundo que no será el mismo, frente a los límites concretos que, en diversos sentidos, enfrenta la profundización del trazo proyectivo inaugurado hace ya 9 años y frente a los que “acosan” a la continuidad de la fuerza en cuestión en el gobierno.

Primeros aportes a un debate, que, creo, deberá entrar en letra chica pronto, y cuyo acaecimiento observo indetenible. Que así sea. Lo creo saludable.   

viernes, 27 de abril de 2012

Kirchner presidente


Un día como hoy, hace ya 9 años, Carlos Menem y Néstor Kirchner ocupaban el 1º y 2º lugar, respectivamente, en las primeras elecciones presidenciales post debacle neoliberal de 2001. Y con ello, por ende, obtenían sus correspondientes clasificaciones a participar en el balotaje que se había previsto para el 18 de mayo siguiente.

Hay tontos que, todavía, dicen: "A pesar de todo lo que hizo, Menem ganó en 2003": falso. No es así, bruto error. Uno más, de los tantos que cometen a menudo aquellos que carecen de formación: para ser elegido presidente en Argentina hace falta obtener, por lo menos, el 45% de los votos; o bien, el 40% si la diferencia con el segundo es de 10% o superior. Si ninguna de esas hipótesis se verifica, se hace necesario efectuar una nueva elección entre los dos candidatos más votados. Esto último fue lo que ocurrió aquella vez con Menem y Kirchner.

Es importante hablar con corrección, porque de lo contrario se pierde de vista el motivo único por el cual aquella segunda elección no se realizó: las encuestas, todas, le vaticinaban a Menem que, en el mejor de los casos, perdería por 70% a 30% contra Kirchner. No quiso soportar semejante papelón y se retiró de la escena. Pero había más.

El objetivo del sector del establishment económico-empresarial que estaba detrás de la candidatura de Menem (y también de los hombres de negocios que, por Duhalde, bancaban a Kirchner aunque con muchísimos reparos --olfato no les faltaba--) era que asumiera un presidente débil, sin respaldo popular confirmado en las urnas, porque creían que así podrían manejarlos a gusto y piacere. Erraron, en esto último, muy feo.

Tenían listos, a punto nomás de firmarse, dos fallos de la Corte menemista con el que desde el vamos intentarían condicionar a Kirchner: la dolarización de la economía y la convalidación de las leyes de impunidad que habían servido para dejar libres a los genocidas del Proceso (esto último, como símbolo fuerte de dónde se pretendía que siguiera el eje de la alianza de poder real argentino, el que se había instalado allí en 1976 y que evocó Videla hace muy poquito). Dos sectores del empresariado se disputaban las instituciones en función del salvataje de sus intereses: los que pugnaban por la dolarización de la economía --Menem-- y los que aspiraban a profundizar la devaluación de salarios y la pesificación de deudas privadas --Duhalde--.

Kirchner, como comprobaríamos luego, les hizo pito catalán a ambos: optó, sí, por el verde caro, pero a cargo y cuenta de retenciones altísimas (contra la patria devaluadora) y licuación casi completa del peso del sector financiero en la construcción de las decisiones nacionales (contra la patria financiera), con más la recuperación de la discusión salarial y el pago de deuda externa a partir de la acumulación de los dólares aportados por los devaluacionistas, a los que el "favor" les terminó saliendo caro. Entre muchos otros elementos y herramientas redistributivos. Que lo son, a la vez que de riqueza, de dignidad y de poder político.

Y se decidió a encarar el primer y único programa de gobierno favorable a los intereses nacionales, populares, federales y latinoamericanistas que se desplegó en Argentina desde la caída de Juan Perón en 1955 --salvo el breve lapso de su tercer gobierno--. A partir de la construcción de una nueva matriz instrumental que permitiera acumular el poder popular como sustento, ése del que no le habían permitido hacerse en las urnas.

Más o menos. No fue tan exactamente así, pero la idea, la base, está.

Hace 9 años, entonces, se iniciaba el proceso que desembocaría finalmente en el que ha sido el segundo mejor gobierno argentino desde el retorno de la democracia en 1983. Después del de Cristina, claro.

sábado, 21 de abril de 2012

El castigo de El Mundo


Los productores españoles de biodiésel hace ya un tiempo que le venían solicitando a Rajoy que no importara más dicho producto desde Argentina (pero es Polémico Moreno el que está loco, claro). El FMI dijo que no se va a meter. El G-20 ya de hecho no se metió, y México, que preside dicho organismo e inicialmente apoyó explícita y enfáticamente a España, no quiere llevar allí la discusión. La suspensión parcial de ventajas arancelarias a la importación de productos argentinos que pidió el Parlamento Europeo, además de que aún está por verse si se concreta, de todos modos iba a producirse en 2014 (pues, a pesar de que está todo mal, ya no se considera a Argentina como país en vías de desarrollo). El Banco Mundial y demás órganos de la UE: bien, gracias. EEUU se hace el sota, habida cuenta que, ante todo, prefiere esto a la posibilidad de que sea China quien finalmente ingrese a YPF (y, con ello, ya definida y fuertemente a variables geopolíticas de sintonía gruesa en la Sudamérica, foco de mayoritaria resistencia a la tutela yanqui). Brasil (posible futuro apoyo estratégico en YPF, en el marco de la profundización de la integración de unasureña) y Uruguay, apoyan. El CIADI falla siempre a favor de las multis, pero le da largas --demasiado largas-- a este tipo de asuntos. Los intercambios comerciales con España y con la UE toda, en medio de la crisis económica mundial que a ellos afecta más que a nadie, no será variable de ajuste: sencillamente porque Europa no está ahora en condiciones de que así sea.

En definitiva, el panorama internacional no presenta mayores dificultades. ¿Alguien creyó que la Presidenta no evaluó todas estas dimensiones a la hora de manejar los tiempos de la decisión de expropiación de YPF? Es válido no coincidir con ella. Pero a esta altura del partido, es inverosímil insistir con hacerla aparecer como una arrebatada e/o insensata (atento a los parámetros de sensatez que baja el establishment a través de sus vocerías mediáticas).

¿A qué viene, entonces, que uno de los más fuertes --si no el más-- argumentos que conforman la represalia mediática contra el Gobierno en torno a la cuestión YPF, tenga qué ver con las posibles "represalias que puede adoptar 'el mundo'", del que además "estamos cada vez más aislados (aunque Obama ya haya solicitado tres bilaterales con la Presidenta, entre mil otras cosas)", más allá de lo colonizado y xenófilo de sus lógicas y esquemas ideológicos (y de sus intereses económicos, sobre todo, claro)?

No lo sé. Pero es así. Supongo que apuntan al mercado de lectores al que mayoritariamente se dirigen, que es muy susceptible a caer ante las apelaciones al temor. Y a creer que todo cuanto venga de afuera es mejor y que uno debe hacer seguidismo acrítico a ello, subordinarse. 200 años de construcción de pensamiento antinacional. Que es hegemónico en el sentido común de la discusión pública, por cierto: las famosas zonceras de Jauretche. Cuesta entender que prefieran reforzar lo que Artemio López ha denominado como audiencias redundantes (los que ya son antikirchneristas furiosos y nunca dejarán de serlo), en vez de explorar la posibilidad de la ampliación de fuerzas.

A fin de cuentas, una buena cortina de humo para no sincerar que se es partidario de la defensa de intereses extranjeros. O que se privilegian las disputas internas con un gobierno al que han llegado a detestar como a ningún otro.


viernes, 20 de abril de 2012

España

El PSOE ha obrado el milagro de correr por derecha al PP. Esto se repite bastante en Argentina en las últimas horas.

En realidad, ya el gobierno de Aznar había estado (y muy) a la izquierda del de Felipe González (uno de los gobernantes más vendehúmos, cínico y corrupto que yo haya conocido). Quedó la sensación opuesta por la insanía psíquica con más trastornos maniático/genocidas de Aznar. Y por la miopía de que adolecen los medios de comunicación (los argentinos, sobre todo) para la lectura política en general: dicen, por ejemplo, que El País es un diario progresista, y otras pavadas del mismo estilo.

Así las cosas, la actual posición del PSOE, perdón: P"S""O"E, sobre la cuestión YPF, mal puede sorprender a los que alguna vez le hayamos prestado algo de atención a la política española. Rajoy, por su parte, no está ni a la derecha ni a la izquierda de Zapatero, por simple razón de que Zapatero fue un completo cero a la izquierda. Tipo De La Rúa, pero con mejores asesores que los Sushi. Tanto que, igual que De La Rúa, terminó huyendo antes de tiempo.

En definitiva, en España no existe una democracia verdaderamente profunda. La noción de opción programática es, en la Madre Patria, ilusoria. Ya acá lo hemos dicho varias veces. Gobierna, en España, el Pacto de La Moncloa, que implica comprar empresas en Latinoamérica y repartirse los directorios o gerencias de las mismas entre ambos partidos. Vigilados por Su Majestad, Juan Carlos, alias trompita.

Se puede advertir, lo anterior, y con mucha facilidad, a partir de la observación de la virulencia que están ganando en España las protestas sociales ante los ajuste brutales (que opera el PP, pero que también hubiera practicado el P”S””O”E: de hecho, lo sacaron a Zapatero mientras estaba en eso). El sistema no es capaz de procesar la representatividad, de canalizar demandas, con éxito. Lógico, atento a la inexistencia de diferencias de lógicas políticas entre los partidos mayoritarios.

Del marco arriba descripto no se le permite salir a ningún político español que pretenda tener éxito. Vienen con gobiernos cortados por la misma tijera desde hace 30 años. Todavía no les ha aparecido un Kirchner por allí. Aunque se está creando el marco de oportunidad para que una ruptura de esas características, finalmente, irrumpa.

Y encima, cargan con la manga de vagos ésa de la monarquía (en pleno siglo XXI: y todavía les queda vergüenza para hablar de defectos republicanos Sudamérica a los cararrotas) gastando fangotes en cazar elefantes. Todo eso mientras se derrumba el castillo de naipes que durante un buen rato sostuvo el combustible financiero que la Unión Europea dispone a favor de cada nuevo ingresante al marco de integración.

Que nadie se extrañe, pues, porque la clase política ibérica, toda, chilla por YPF. Al revés que Cristina cuando Chávez --con toda justicia-- estatizó Techint. Se quedó callada: primero, porque ella no está para defender intereses privados; y segundo, porque las decisiones soberanas de los países no deben ser materia de opinión para otros jefes de Estado (al menos no para aquellos que se precien de respetar la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho).

En España gobierna algo parecido a un estudio de abogados de empresas. Ésa es la viga maestra que sostiene un sistema que está a punto de irse al demonio. Y que encontró en la cuestión YPF un distractivo muy conveniente.

martes, 17 de abril de 2012

YPF: otra vez, la sana costumbre de la estadista

La cuestión YPF expone, de manera brutal, lo enorme de la distancia que, en todo sentido, separa a la presidenta Cristina Fernández de sus competidores (y también de los propios que puedan, hipotéticamente, a futuro, querer adversar con ella). Aún cuando no pasa por sus mejores momentos. Como, de hecho, está ocurriendo ahora: en efecto, Cristina no viene bien. No todo lo que uno preveía, esperaba y quisiera, por lo menos. Y sin embargo…

Hace bastante tiempo, ya, que desde este teclado se insiste en la idea de que la hipótesis de la re-reelección de la Presidenta casi que decanta, estructuralmente, como una consecuencia sistémica necesaria. Ello, atento al panorama sombrío que, a futuro (cercano, para peor), ofrece el estado de situación político institucional del país: al arco dirigencial y a la renovación que pueda ofrecer --y darse a sí mismo, también-- es que me refiero.

Urtubey es otra decepción más de tantas (no hablo de cuestiones ideológicas ni programáticas, es más sencillo: su proceder posterior al fallo de la Corte sobre aborto es altamente despreciativo para con instituciones y procederes democráticos). Capitanich otro tanto. Urribarri anda tropezando, también. Lo salva (y hasta por ahí, nomás) su pertenencia a la Corriente Nacional de la Militancia. Chivo Rossi no pudo ser gobernador de Santa Fe. La Cámpora es muy lo que se dice “gente de la conducción” (no se le observa voluntad ni capacidad de generar la alternativa propia diferenciada del ala protectora de la Presidenta).

Por el lado de la oposición, el menú conocido: Macrì anda y seguirá andando a los tumbos en tanto gobierne a partir de las encuestas que encarga Durán Barba (porque gobernar implica, a veces, no hacer exactamente lo que las encuestas marcan), que sirve para ganar elecciones pero no para andar el día a día de la gestión. Binner, ensalzado por ciertas voces porteñas/metropolitanas --pretendidamente serias, puras, republicanas y progresistas, bla-bla-bla…-, que lo venden estadista y que no diferenciarían fotografías de Santa Fe de otras de Entre Ríos, le dejó a Bonfatti una herencia en rojo fiscal por… ¡$ 1.000 millones!...

La oposición (¿?), entonces, ante la puesta en agenda del tema, balbucea, apenas. Binner volvió sobre sus pasos, advirtiendo que en la interna que de hecho se ha desatado al interior del socialismo, Bonfatti se lo está fumando en pipa, al tiempo que lo deja en evidencia. Durán Barba, en tanto, por boca del jefe de Gobierno porteño --procesado judicialmente por escuchas ilegales en doble instancia--, Maurizio Macrì, salió a chocar de frente con el proyecto. Está necesitado de generar algún escenario de confrontación frontal con la Presidenta. Para figurar e intentar encabezar el sentido común establishmentero/antipolítico, que no encuentra esta vez cómo tirar algún cable a tierra con una sociedad que no parece proclive a recrear adhesiones como las de ’08 a las patronales sojeras. El balbuceo de siempre: ¿por qué no lo hicieron antes? / ¿Por qué cambiaron? / la Kaja / La Kámpora / el aislamiento internacional / las inversiones / la seguridad jurídica.

La gran habilidad evidenciada por Cristina para la construcción del escenario de oportunidad, mérito y conveniencia justo para encarar la reestatización parcial de la petrolera (que además en torno de sí parece ser capaz de acaparar consenso trasversal, justo cuando más hacen falta alianzas estratégicas), es, simplemente, un capítulo más en la historia de su audacia, su talento táctico y estratégico y su vocación para conjugar las distintas variables en un marco jurídico conciliable con la sanidad institucional (traduciendo en estabilidad --legal--, pues, el marco fáctico de correlación de fuerzas, que siempre es previo a la ley escrita).

Dijo Hernán Brienza sobre el tercer Perón, que “hay en ese Perón una clave que nos permite entender ciertas notas que se repiten en la historia: la torpeza de los apresurados, la mala intención de los retardatarios, el desafío a la conducción de Perón por algunos sectores, la dinámica centrífuga que llevó a que izquierdas y derechas se tocaran y sabotearan el proyecto nacional”. Véase si no hay para sacar conclusiones hoy de lo dicho entonces por Brienza (teléfono para Moyano, por ejemplo).

Esto no era nada fácil. Además del frente externo, estaba la no menos peluda cuestión local: la mesa de gobernadores petroleros consagrada por la reforma constitucional de 1994, pequeña gran arma con la que Kirchner no contó cuando en 1992 el menemismo motorizó la privatización a caballo de un clima de época muy distinto y de presiones mafiosas de diverso calibre sobre las provincias (hacer sujetos concursables a las sociedades en las que tenían participación, por ejemplo). Era demasiado complejo manejar eso. Con intereses contradictorios, heterogéneos. Necesidades diversas. Cristina concilió, y los hizo parte: también responsables de lo que vaya a suceder. Y la acusan de no dialogar, de no articular…

Una vez más, aparecieron sus dotes de estadista, las que desplegó para articular una estrategia que incluyó la acción de varios gobernadores. Y para posar la conducción como un todo que pese por sobre la suma de las partes. Una vez más, vertebró la estrategia en función de una visión de Estado que incluya pasos previos y herramientas de gestión e institucionales varias.

Sobre lo anterior, me dijo hace poco, en una charla en Facebook, el amigo Mariano de Yendo a Menos, sobre la posibilidad de que esto se pague con ‘la plata de los jubilados’: “ANSES está cambiando de a poco el criterio de sus inversiones. Por ejemplo, comprar YPF tiene que ver con un criterio estratégico de desarrollo del país, no con una forma de maximizar el rendimiento financiero para mandar la plata cobrada en comisiones a las casas matrices de los bancos dueños, en España o EEUU. Sacar plata de plazos fijos en el exterior y aplicarla a créditos productivos (que es lo que se hizo hasta ahora) también modifica el criterio. Porque se piensa que la rentabilidad de ANSES está ligada directamente a los niveles salariales y de empleo, y no al rendimiento financiero avalado por las calificadoras de riesgo. Más trabajo y mejores salarios, más aportes y mejores jubilaciones. Entonces, ANSES invierte con ese criterio (de apoco). Al FGS le chupa un huevo si sus inversiones son bien calificadas por Fitch o Goldman Sachs, porque no tiene que presentarle balances a la CNV ni tiene el respaldo de bancos multinacionales que emiten acciones que valen de acuerdo a cómo les califican sus carteras.”.

Cristina saca un conejo de la galera. Pone en hilera una serie de actores de alto calibre con mala reputación local, para recrear su capacidad de generar hechos, marcar agenda y consolidar primacía (Moyano y Scioli no tuvieron margen para otra cosa que encolumnarse, dicho sea de paso). Al mismo tiempo, reconstituye épica, porque le hizo pito catalán a una serie de poco elegantes amenazas que le propinaron públicamente los integrantes de la trama multisectorial que estaba detrás del manejo de YPF por parte --sólo principalmente-- de Repsol. Reconforta una jefa de Estado que no hace caso cuando se le ‘recomienda’ pasar a retiro su programa de gobierno.

Y a todo esto, clava un mojón invaluable en el camino de la reconstrucción de una idea de país con desarrollo a partir de recetas caseras, que privilegie intereses ídem y con criterio profundamente federal. Todo eso con, apenas, un proyecto de ley.

Insisto: va a ser el pueblo el que termine reclamándolo a los gritos por la calle.

domingo, 15 de abril de 2012

'Te lo gano con la camiseta', capítulo mil millones; y lo que sigue de acá en más

Nunca, lo digo siempre, hay que sacar conclusiones muy terminantes de un clásico. O pretender enmarcar los análisis previos del mismo a partir de las líneas generales que vienen desplegándose en torno a uno y otro protagonistas. ”Es un partido aparte”, se dice, y es cierto. La atmosfera, en esos casos, implica mayor número de cuestiones emocionales que lo ‘normal’, y, por ende, rompe la epistemología desde la que se piensan los duelos habituales.

Distinto es el caso del Independiente-Racing de ayer, 14 de abril de 2012, que, calculo, estará entre los más recordados de la historia --al menos moderna-- del duelo, por varias buenas razones (muchas de las cuales se agregarán al ya atiborrado kit de récords que acumula el Rey de Copas en el historial versus su rival barrial tradicional, ¿aún clásico?).

Independiente consiguió, a partir de la prolongación de sus mejores cartas exhibidas a partir del cambio de Díaz en la dirección técnica del equipo, digámosle, normalizar el partido, si no en su totalidad, por lo menos en la mayoría de los aspectos. Y, a la vez, le ofreció a su DT un menú de certezas que, de ahora en más, irán a plantearle problemas. A la hora de la conformación del equipo, digo. De los problemas comúnmente llamados lindos en el fútbol.

Sólo pensando al 4 a 1 de ayer desde la lógica arriba explicada se logra entender la sensación de enormes distancias que marcaron los de rojo en el campo, en un partido en el que, fríamente analizado, dígase desde las matemáticas, no hubo tanta superioridad. En cuanto a llegadas al arco rival, por caso. Claro: no es así que debe descularse el fútbol. Y entonces la cosa se complejiza bastante. Por suerte, lo fácil no divierte.

Vale repetir, entonces: quien haya visto el partido completo necesariamente debe haber tomado nota de que en todo momento hubo la sensación de que la victoria de Independiente aparecía inevitable. Cómo fuera, salvo los imponderables que demasiadas veces aparecen en esto. Si el merecimiento se construyera siempre a partir de cuál de los equipos se adueña de la potestad de dictar el tempo de las acciones.

Racing lució maniatado todo el tiempo, incapaz de vertebrar partitura futbolera ninguna, dejando, entonces, su suerte librada a la posibilidad, incierta, de éxito de alguna de sus individualidades en algún arresto ídem que pudiera producirse. Y sin siquiera poder acudir a la fibra combativa, de la que, salvo el enorme Pelletieri, carecieron los albicelestes. Tan es así que el gol se lo regaló su rival, y el resto de sus llegadas tuvieron qué ver con el abuso de pelotas aéreas o nuevas distracciones ajenas. Muy pobre. Demasiado. Pero provocado.

Independiente, de su lado, siempre estuvo seguro de lo que, mucho o poco/bueno o malo, iba a desplegar en el campo. Pero, fundamentalmente, desde el concepto. Porque supo abstraerse de las dificultades propias de lo que un partido como el de ayer genera siempre en el clima previo y del durante; y, fundamentalmente, sobreponerse a la catarata de lesiones que le atacó la estructura (que todavía está queriendo definir) en las últimas semanas.

Habiendo rendido tal examen, pues, varias cuestiones que se venían apenas presumiendo ya van definiéndose como tendencia y certeza.

El nivel de selección Julián Velázquez, aún fuera de puesto, y su gradual conversión a caudillo. La competencia que se vendrá entre Argachá, que crece y sorprende, y Ferreyra, que ayer jugó su mejor partido desde que llegó al club. El despliegue y la versatilidad de esa gran aparición que es Monserrat. El atrevimiento innegociable de Villafañez y Pato Rodríguez, que igualmente debe (en ambos casos) hacerse menos esporádico. Parra que no deja de meter goles importantes al tiempo que encuentra cómo explotar virtudes y esconder falencias.

Y volverán Fredes, Farías, Tuzzio. Se está poniendo bien Pellerano. Busse sería titular en muchos equipos del campeonato. Y, entonces, bueno, lo conocido: el contagio que genera el fútbol, aquello que Diego Maradona inmortalizó con la frase “cuando todos tocan, toca hasta el más burro”. Y que pasa también en las malas. Cuando hasta Avispa Velázquez le erraba a los cruces y Pato Rodríguez no lograba, para decirlo bien callejero, pasarse ni a un cono.

Cristian Díaz ha conseguido mejorar las individualidades. Y hacerse de un compromiso por parte de sus dirigidos que se nota en el sudor que riega, desde la victoria frente a Boca en adelante, cada camiseta roja de las once que el entrenador circunstancialmente designa para que salten al campo.

Convertir lo que ayer se terminó de definir como buen momento en una estructura consolidada, que logre ser inmune a los vaivenes lógicos del talento, prolongar las variables positivas en un conjunto confiable, en el que la suma de las partes sea menos que el todo. Eso es lo más difícil del caso.

No era lo más urgente, obvio, y por eso bien vale el elogio al conductor, porque es de sabios saber advertir esos tiempos en un equipo. Pero a la tarea de edificar alguna trascendencia lo están llamando las oportunidades. Queda en él no ser recordado simplemente como alguien que ganó algunos partidos importantes.

Tiene, parece, el material. Pero, se insiste en esto, dibujar el plano del edificio es, siempre, más difícil que conseguir los ladrillos, la arena y el cemento. Que el árbol, pues, no tape el bosque.

viernes, 13 de abril de 2012

Esa maldita costumbre de construir épica

Los ideales de lo nacional, lo popular, lo democrático, lo republicano, lo federalista y lo latinoamericanista, siguen encontrando su representación más cabal en el colectivo social que conduce Cristina Fernández de Kirchner.

La Historia, los ideales y la continuidad de las banderas del Mayo revolucionario (Moreno, Belgrano, Castelli, Monteagudo), de San Martín (y Bolívar, claro), de Dorrego, Rosas (y los demás caudillos federales), de Yrigoyen y de Perón y Néstor Kirchner, se sintetizan y pasan por los surcos que abre, incesantemente, la compañera Presidenta.

Son momentos raros, pero no nos confundimos. Que ni lo intenten los profetas del odio, porque jamás nos vamos a apartar del rumbo que actualmente transitamos. Incompleto, inacabado e imperfecto. Pero nuestro. El mejor que supimos conseguir, construir y en cuya defensa no nos guardaremos una sola gota de sudor.

Hay, siempre, motivos para sonreír. El que fuera mi profesor de Historia Política Argentina, mi compañero y amigo (yo, al menos, lo siento así) y un referente para el pensamiento popular, Marcelo Koenig, fue designado director en la Escuela Nacional de Gobierno. Y siempre es una gran noticia que esa calidad de cuadros y verdaderos baluartes de la militancia a pulmón (además de la inconmovible pertenencia y persistencia en un mismo rumbo).

Algunas definiciones que tira son para coleccionar: "La técnica nunca es neutral. Y el Estado, tampoco. Y, desde la técnica, o lo organiza el establishment en favor de sus intereses; o lo organizan los sectores populares para defender los propios. (...) En los '90, buscaba formar cuadros del Estado y funcionarios, pero, en lo concreto, tuvo un sesgo elitista (...) Cuando se entra a complejizar y se cree que es sólo para unos pocos tipos iluminados que pueden entenderlo, lo que se está haciendo es partir de una matriz elitista. (...) nuestro objetivo es generar un conocimiento que sirva para transformar la realidad, no desde una matriz elitista. Muchas veces, el conocimiento técnico se plantea a sí mismo como neutro, pero no lo es. Siempre está cruzado por una cosmovisión, por una idolología, por una concepción política ante el mundo. Puede que un conocimiento técnico no sea partidario, pero lo que no puede es ser apolítico. Siempre es político.".

Esto es la profundización del modelo. Que construye sus posibilidades de continuidad más allá de los protagonistas que lo componen circunstancialmente. Que echa raíces profundas en los cimientos del Estado, que consolida sus mejores valores en práctica concreta de gestión en defensa de los intereses populares. Una delicia, un soplo de aire fresco.

Y está La Cámpora --no sólo, pero principalmente-- como cantera de formación de cuadros políticos, especialmente en el sector juvenil. En función de ellos se están vertebrando las nuevas líneas de la arquitectura de gobierno. Y encima, como bien dice Lucas Carrasco, a partir del crecimiento como tales en paralelo al despliegue y desarrollo plenos del cambio de época.

Hay con qué y de qué ilusionarse. Estoy seguro. Tengo confianza. Néstor debe estar, allá arriba, en este mismo momento, sonriendo.

jueves, 12 de abril de 2012

¿(Y)a está? ¿(P)odemos (F)irmar?

Dos cositas sobre YPF, antes de saber cómo intervendra la Presidenta al respecto (si es que, finalmente, llega a intervenir de alguna forma). Luego, a la noche, una vez que se defina la cuestión (si se define), quizás ampliamos.

a) Que España se guarde las amenazas en el bolsillo. Porque: 1) No están en condiciones de dictarle cátedra a nadie; 2) Debería caérseles la cara de verguenza a los que quieren apelar a la seguridad jurídica, cuando, en los hechos, incumplieron cualquier parámetro mínimo aceptable de compromiso de inversiones en la privatización en cuestión (sin mencionar el detallito de que le quieren tirar la oreja a una república en serio --nosotros-- los que todavía andan dando vueltas con monarquías).

b) Cualquier tipo intervención que eventualmente se decidiera sobre YPF, no, reitero con énfasis, NO está vinculada con la cura de ningún pasivo fiscal ni de otro tipo. Aunque se aceptara que existiesen (no lo estamos aceptando). Sería, simplemente, consecuencia necesaria del avance en el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas que se viene desplegando en el país desde 2003. La necesidad de cerrar una estrategia proyectiva abarcadora, con posibilidades para el Estado de ganar capacidad de decisión nacional en definiciones de arquitectura a dichos respectos, independientemente de asuntos de costos y financión. Una lectura mucho más global y compleja, por encima de coyunturas, con miras futuristas.

Insisto: esto por ahora. Luego veremos, si es que llega a haber algo para ver.Ver más

martes, 10 de abril de 2012

Sobre Boudou y otras yerbas

La trama Boudou-Ciccone-Vandenbroele es complejísima. Y la inocencia de Boudou está en los detalles de esa complejidad, a los que sólo le presta atención el público más metido de lleno en la cosa. Que somos minoría. (Basta, para darse cuenta de esto, con leer lo escrito tanto por Verbitsky como por Wainfeld en Página 12 del último domingo, que por cierto no ahorran las críticas --las necesarias-- para con Boudou y la Presidenta)

La cobertura mediática adversa al kirchnerismo basa sus estrategias en sobresimplificar las cosas y banalizarlas. Y analizar a partir, justamente, la sobresimplificación y la banalización que construyen, en vez de sobre los datos concretos y las redes relacionales que detrás de ellos se van tejiendo. Que condicionan a la política y, con ello, a las instituciones republicanas y a la democracia toda.

El kirchnerismo, que siempre les molestó (no es para menos cuando se advierte que entre los adversarios del Gobierno están los que escribieron los 200 años de historia nacional: el kirchnerismo reivindica a Rosas y a los caudillos federales del siglo XIX), ahora ya los aterra, porque en las últimas elecciones ganó hasta en las clases medias y en los grandes centros urbanos. Y tiene, con eso, muchas chances de dejar sentado jurídicamente todo eso que de su significación como proceso político histórico les hace ruido.

Van a buscar recrear alguna trinchera social desde la cual resistir a una posibilidad de continuidad que va más allá de la permanencia de Cristina o su reemplazo por Boudou en 2015 como entiende Verbitsky que sucede. Artemio López habla de audiencias redundantes, con la intención de significar que el impacto de todo esto se dará, apenas, en sectores metropolitanos y que ya adversen al actual oficialismo. Allí donde el kirchnerismo hizo apenas el 30% de su última elección.

El caso Boudou les sirve para, al margen de la realidad, construir la sensación de "son todos chorros", desde la que intentarán hacer pie en todas las discusiones sin necesidad de sincerar los intereses --repugnantes a lo popular, nacional y federalista que guían el andar del kirchnerismo-- que defienden. Lo reconoció Fontevecchia (él, con claridad; y del resto de los editoriales “independientes” que se vienen leyendo sobre el tema se puede interpretar lo mismo) en Perfil del domingo, y hay que agradecerle que lo haya hecho explícito.

Aclaración: cuando hablo de simplificación me refiero, no a algo que no se pueda comprender, y no esté al alcance de la mano de cualquiera. Sino a cuestiones cuya composición implica una cantidad de elementos tal sin los cuales sí se torna complicado dimensionar en su totalidad.

En buen criollo: estamos hablando de una investigación en el marco de un proceso penal. Pues bien: ¿qué demonios tiene que ver en todo esto si Cristina consultó o no con alguien para designar a Boudou como vice? ¿Quién sí lo ha hecho, de sus competidores en octubre pasado, siendo todo el tema pasaría porque “‘Ella’ decide todo encerrada entre cuatro paredes con su hijo”? ¿Con quién consultó al interior de la UCR El Hijo de Alfonsín la designación de González Fraga –que buena cantidad de dolores que buena cantidad de dolores de cabeza le trajo con los ? ¿Con quién Binner al interior del… sí, digámosle “grupo” ese que… sí, digamos que “conduce”?

En ciertos sectores cuaja eso de acusar a Cristina de no haber consultado, en este caso la designación de su vice, “y, entonces, por no haber consultado, mira el quilombo en que nos metió ahora”. Ahí uno puede advertir la intentona que significa una interpretación política de mala fe, válida aunque así de todos modos, pero que nulas consecuencias puede llevar al proceso penal en cuestión y desde cuya --no abordada-- trama se quiere hacer nacer varios otros ítems institucionales: hasta llegar nada menos que a poner en duda la permanencia del vicepresidente en su cargo.

No es menor la tergiversación, entonces, si con ella se pone en tela de juicio el devenir de las instituciones por una disputa política a partir de… nada. Boudou se fue un poco de mambo, es cierto. Está verde para estas cosas, aunque bueno sería saber cuántos podrían conservar la calma tanto en medio de intencionalidades tan manifestadas en su contra. En lo que sí acertó es en exponer las telarañas que se tejen detrás de cada decisión política. A todo esto, acá en Argentina hay un jefe de Gobierno procesado en doble instancia, que también cuando se enteró de tales cosas vituperó a medio mundo públicamente… que anda lo más pancho por la vida, incluso reelecto en su cargo en medio de todo ello. Acá se juegan cosas más allá de las causas en sí, entonces, cómo que no.

“El meollo no es el vínculo entre el ex ministro de Economía y Alejandro Vandenbroele sino si de esa relación se derivó una negociación incompatible con los deberes de funcionario público o una malversación de caudales públicos que sería la figura extrema (…) No hay nada en materia de quiebras que pueda considerarse excepcional (…) si la AFIP aceptó el pago, no hay irregularidades. Nadie ha atacado el levantamiento de la quiebra, los que podrían haberlo apelado no lo han hecho (…) Habría conducta ilícita si por medio de algún negociado se perjudicó el erario público y si allí intervino Boudou. Si Ciccone recibió órdenes de impresión de billetes y el valor de esa orden de compra o prestación de obra es normal, no hay delito (…)”, dice Eduardo Barcesat.

Acá se pone el carro delante de los caballos: se investigan responsabilidades antes de saber si hay de qué responsabilizar al investigado. Todo bajo la bandera de una supuesta búsqueda de pulcritud republicana en función de la cual las garantías constitucionales del debido proceso, a mi criterio, se ven vulneradas, y todo sólo porque cierto consenso social ha establecido que un político es culpable hasta que demuestre lo contrario. Y un manejo de la investigación, no por Rafecas (que, al menos, estuvo ímprobo, aunque Boudou se haya excedido: el cochino, sí, es el fiscal televisivo que dirige el tema), por lo menos, desprolijo.

Entre los datos está lo concreto a partir de lo que nace todo el despelote actual, que lleva a tragos amargos como la renuncia de Bebe Righi, que a nadie que sinceramente pertenezca ideológicamente (o más) a este proyecto puede alegrar ni dejar tranquilo. Pero estas cosas pasan a medida que se avanza en la agudización de las contradicciones por mero efecto del avance del proyecto de gobierno, independientemente de si se considera que es evolutivo o no.

Lo predijo Néstor Kirchner allá por 2010, con toda la clarividencia que siempre lo caracterizó. En realidad, siempre ha pasado, históricamente. No es lindo, es lo que es, y cada uno decide si se banca las cosas que, inevitablemente, pasan. Políticamente.

El resto es aire. Y paisaje.

martes, 3 de abril de 2012

Malvinas como política de Estado y la dimensión de estadista de Cristina

Tengo para mí que el día que la presidenta Cristina Fernández anunció la institución de la Asignación Universal por Hijo cerró el círculo de su conversión en estadista. En el preciso instante en que firmó el DNU que hace realidad tangible el plan de redistribución social de riqueza más amplio de Latinoamérica definió el para quién, el para qué y el cómo de su gestión, que es lo que, en mi entendimiento, define a un presidente como estadista. La concreción de una idea de Estado que organiza y vertebra en un trazo proyectivo único una serie de distintas medidas de gobierno.

José Pablo Feinmann dice, en el primer volumen de su libro sobre el peronismo --al comentar los nexos que, a su criterio, existen entre el asesinato de Valle y el fusilamiento de Aramburu--, que no existe necesariedad en el curso de la historia, pues lo contrario implicaría la fe en la continuidad lineal --que elimina la incertidumbre, y por tanto la singularidad de lo imprevisible en la lucha política-- de la misma. Se para, pues, y a partir de lo enseñado por Michel Foucault, en las antípodas de la inmanencia de la dialéctica hegeliana-marxista que sustentó las ilusiones que alguna vez existieron en el inexorable tránsito de la humanidad al socialismo.

Descarta, Feinmann, entonces, el significado más comúnmente extendido del término teleología (de unos hechos se siguen necesariamente otros, que van tramando un relato con sentido finalista, del más antiguo al más próximo), por otra visión según la cual un relato histórico debe rastrear su significado hacia atrás, es decir, buscar la explicación del hecho anterior a partir del hecho posterior.

Al hacer efectiva la AUH, CFK otorgó sentido a buena cantidad de acciones precedentes del kirchnerismo, la más común de las cuales (según ha definido la propia jefa del Estado) tiene que ver con la renacionalización de la administración del sistema previsional. Y hasta lo extendió a la designación de Amado Boudou como su acompañante para la reelección, en tanto el fue quien le recomendó ir a por la finalización del sistema privado de jubilaciones. R supuesto, todo en el marco de la siempre presente recordación de a favor de quiénes --los más necesitados-- es que se gobierna actualmente. Y en cuánto ayudan a ello los pilares del modelo económico (superávits gemelos, desendeudamiento), que no están porque sí (cual si fuesen valores en sí mismos, como, dijimos, parecería creer Alberto Fernández), sino para algo. En la capacidad de orquestar todo ello, están los fundamentos de CFK como estadista. Y de la Asignación, a su vez, como política de Estado, en tanto está contenida en una trascendencia superior y anterior.

Apuntamos, en diciembre pasado, en oportunidad de comentar la reasunción de la primera mandataria, que nos interesaba “señalar la capacidad de la conducción de ponerse por sobre las particularidades, y ordenarlas en un mapa en el que cada una de ellas, al mismo tiempo, otorgue sentido a la anterior y a su vez a la que le sigue o al menos le es concomitante (…). Y de construirlas en función de que ninguna de ellas tenga sentido aislada de todas las otras. (…)”.

La conceptualización sobre la explicación histórica elaborada por Feinmann es la mejor arma con que cuenta la Presidenta a la hora de responder a las acusaciones de oportunista que se le hacen a cada rato por cualquier paso que da, en tanto, se nos advierte, muchas de las conquistas realizadas por el kirchnerismo “no formaban parte de su programa inicial de gobierno”. No está claro por qué sería mejor que así fuera (es decir, por qué habría sido mejor la AUH si el kirchnerismo “hubiera querido ir a por ella desde un principio”). Como si no fuera cierto aquello de que, en realidad, “se hace camino al andar”. Más parece la hábil estratagema de quien se quiere poner en la vereda de enfrente de un programa de transferencia social de ingresos, sin tener coraje para asumirlo (cosa que tampoco se entiende, porque sería también muy válida una discusión ideológica al respecto).

Analizado desde la perspectiva democrática, entendiendo como tal el gobierno para el pueblo, cabría remitir la búsqueda de dicha respuesta a los beneficiarios de las realizaciones materiales en cuestión: no se hace, uno presume, porque ninguno de ellos le dará demasiada importancia a la predeterminación programática de una mejora material concreta y significativa en sus vidas.

Me da la sensación de que en la aceleración de las acciones en torno a la cuestión Malvinas que han tenido lugar en los últimos tiempos, hay mucho de lo anterior. De nuevo, Cristina Fernández parece ir articulando varias realizaciones a un mismo fin, y en este caso aún más todavía que en las cuestiones arriba enumeradas, porque estaría conjugando cuestiones que remiten a consensos sociopolíticos, culturales, históricos, jurídicos y de políticas de Estado que la anteceden en el tiempo y la exceden en cuanto a derechos de autor, en función de dotarlo de mayor volumen político ampliando sus capacidades de acción. Una idea común de Nación que trasciende fronteras partidarias.

Alejandro Horowicz, el lunes en Tiempo Argentino, expuso algo al respecto, por cuanto rastreó en las motivaciones históricas que determinaron a las FFAA a la decisión de la guerra --más las implicancias que el naufragio de su programa de gobierno sumaba a ello--, el aporte jurídico en que se enmarcara el reclamo argentino (camino que fue desestimado por los militares) y las cuestiones actuales que, en punto a necesidades “internas” de los países en disputa (que son más que sólo Argentina y Gran Bretaña), movilizan al retorno a primera plana de la discusión.

(Digresión 1: siempre me hizo, me hace y me hará gracia aquello de la “necesidad de no mezclar los asuntos internos en el desarrollo de la política exterior”. Por mucha academia con que se me pueda tirar por la cabeza al respecto, nadie logrará convencerme de la posibilidad de que ello ocurra, discutiré cada uno de los ejemplos históricos que me quieran citar en contrario y también las bondades supuestas que así sea --es decir, de la separación tajante de ambas esferas--, convencido como estoy de que se entrecruzan, unas y otras, constantemente)

En el impulso actual de un reclamo argentino que entiendo reconfigurado convergen, al mismo tiempo, la política de alianzas de corte latinoamericanista, la prosecución de un camino diplomático cuasi inalterado (y enmarcado como obligación constitucional) desde el retorno democrático, la reformulación del relato histórico acerca del verdadero sentido del Proceso de Reorganización Nacional, la vuelta al marco jurídico construido a partir de la consecución de la Resolución 2065 de ONU (y aún más, porque aquel logro no pudo contar con el concurso político de un peronismo que estaba proscripto, lo cual supone ganancias actuales en cuanto a pluralidad de la iniciativa) y hasta, también, la disputa con el programa de gobierno neoliberal, cuyo alumbramiento tuvo lugar con los dictadores en el poder en 1982, y que --por fracasado-- tuvo que ver con la definición bélica de hace 30 años.

(Digresión 2: el consenso social respecto de las motivaciones que llevaron al golpe de Estado de 1976 se extienden cada vez más en el sentido de la consigna Memoria, verdad y justicia, sumada a la más actual “los GG.EE. también fueron la dictadura”. A mediados de marzo un fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo reformuló el concepto de prescripción en materia de reclamaciones resarcitorias civiles, haciéndolas, igual que las de acción penal, imprescriptibles, en el entendimiento de que el aprovechamiento económico de los privados es inescindible del accionar asesino del Estado de facto. La Corte lo tiene a resolver en forma definitiva próximamente. Se verá)

Incluso analizando tribunas opositoras al actual gobierno (no de los supuestos intelectuales que deploran el reclamo, que desde el vamos erran en Derecho Internacional Público, lo que invalida sin más la “inteligencia” de su postura), como lo columna de un crítico hábil como Carlos Pagni, también del lunes, en La Nación, en la que advierte sobre un posible avance de Cristina sobre YPF. Horowicz también incluyó la cuestión petrolera en su análisis, claro que en sentido totalmente opuesto al que le otorga Pagni, como definitorio en todo esto: casi como si lo hubieran propuesto, desde veredas enfrentadas se expusieron brutalmente dos ideas contrapuestas de país, y cómo en torno a ellas se articulan los distintos capítulos de una gestión de Estado determinada.

En cualquier caso, la confirmación de que en la definición de los cursos de acción a adoptar, incluso a la hora de encarar un reclamo de soberanía, el primer lugar en el podio de lo que cuenta se lo llevan las definiciones ideológicas y de proyecto de país. Y la posibilidad de la misma de dotarse de grosor social, político, jurídico, etc., detrás de sí como sustento.