sábado, 31 de diciembre de 2011

De balances y proyecciones

Se va un año que quizás haya sido el más duro en la historia de lo que llamamos kirchnerismo. Digo esto que llamamos, porque su significado completo, todavía, y por suerte, está en disputa. Y agrego que por suerte porque esa indeterminación mueve, ni más ni menos, que a hacer política. En este caso, en la pugna por establecer el recto sentido del actual proceso histórico y del rumbo que despliega.

Siempre, en realidad, el que se deja atrás es el año más difícil para el kirchnerismo de todos los de su ciclo histórico, ya anotado entre los largos en doscientos años de vida patria, porque las batallas emprendidas cada vez fueron más arduas. Tiene que ver con la sintonía fina del modelo, que nunca se detiene porque en eso anida la esencia de esta experiencia. Pero esta vez existió, claro, un detalle. No menor, por cierto. Fue el primero, completo, ya sin la presencia de Néstor Kirchner. Co-conductor de este proyecto político.

Y nada menos que en un año electoral. Que depositó a la vencedora en un nuevo período presidencial, ya sin horizonte reeleccionista. Ergo, que la coloca en el deber de resolver lo más peludo que puede existir en política: la sucesión. Un coctel explosivo en el que pelearán la herencia, a saber (en una enumeración no del todo exhaustiva): PJ, movimiento obrero organizado, organizaciones sociales.

Y, desde luego, la juventud que se ha incorporado a la política a partir del kirchnerismo. Y que lo hace, y hay que celebrarlo, con voluntad de pelear poder en serio: sea por cargos en la estructura institucional del Estado, sea por la gestión concreta del mismo y la redefinición jurídica que lo sustenta para consolidar los cambios a largo plazo. Eso, frente a elementos, insisto, que si bien son tan parte del armado político como ellos --y que han sido valiosos a la hora de sostener el poder--, son de raigambre más conservadora.

Todo eso al mismo tiempo que debía gestionar el día a día. De lo que el kirchnerismo ha hecho credo fanático desde 2003. Y no escapa a nadie que ante un horizonte de futuro muy incierto: orque no existe nada como alternativa al kirchnerismo ya hoy día, porque su interna está muy complejizada y, finalmente, porque su socia fundadora supérstite impedida constitucionalmente de continuar.

No debe escapar a nadie que, frente a ese escenario, se complica definir mucho en concreto de lo que se quiere hacer. Porque no es fácil lograr el compromiso de todos los que, a diferencia tuya, sí deberán seguir peleándola en 2015, si vos planteas patriadas que comprometen mucho el tablero de la disputa de poder a futuro. Sobre todo a la hora de evaluar que se iba a la disputa por primera vez con los sectores dominantes del poder fáctico permanente argentino operando en contra, claramente en la vereda de enfrente.

En el contexto, además, de una sociedad que, verificados importantes niveles de reparación, al contrario de sosegarse, cada vez exigen, no necesariamente más, sino mejor: y entonces, por complejo, que puede significar a la vez contradictorio al interior de tu propio dispositivo y heterogéneo al evaluar el todo social.

Ello influyó en que 2011 seguramente no vaya a ser recordado por conquistas de la talla de la reestatización de las AFJP, la Ley de Medios o el matrimonio igualitario, por citar algunas con cuyos nombres podrían condensarse años anteriores del Gobierno.

Se requería, para recobrar fuerzas, y margen político de acción para volver a acelerar en el sentido que ha caracterizado a este proceso histórico: la ampliación, construcción o reparación en términos de derechos e intereses materiales concretos. Lograr que, por un tiempo al menos, todo se mueva en torno a Cristina en modo determinante. Y se logró, con la mayor votación lograda por un triunfador presidencial desde 1983: por volumen propio y distancia sobre sus competidores. Bloqueando, con ello, ciertas discusiones. Disciplinados --y subordinados-- todos (y todas).

Frente a semejante cantidad y complejidad de desafíos, ya sin la compañía de su ladero de toda la vida y socio y compañero político máximo y en un contexto, como vimos, por demás convulsionado, que se preveía ya desde el año pasado, muchos dudaban de las capacidades de Cristina para llevar adelante todo ya en soledad.

Yo creo, a modo de corolario del año que se va en horas, que podemos concluir en que, por el contrario, entendió y obró, en todo, por lo menos teóricamente, en forma por demás satisfactoria.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El retorno de la escribanía

Uno de los últimos ataques que se lanzó sobre el primer gobierno de CFK tuvo que ver con lo que se denominó como “baja productividad del Congreso”. Sustentado, claro, y como siempre, en la ignorancia o la mala fe (queda a consideración de cada uno). Tanto del que escribe como del que lee. La “baja productividad” fue por culpa, faltaba más, de la Presidenta y del bloque legislativo que, como en toda democracia seria que se precie de tal, le responde. Las cosas, como siempre con lo que opina el “sentido común” sobre política, son bien distintas. Veamos.

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Poco importa la cantidad de leyes que se sancionan. Es, el cuantitativo, un dato que dice nada. Lo que cuentan son los intereses que defiende y/o afecta el Congreso. Bien me dijo alguna vez Marcelo Koenig que lo que define la tipología de un fenómeno político, cualquiera ése sea, es la composición social de intereses que lo sustenta: por eso, concluye, sólo un idiota o un mala leche puede equiparar al fascismo (representación de clases medias en peligro de descenso social) con el peronismo (fenómeno de clases bajas que buscaban ascenso ciudadano). Volvamos a lo nuestro.

La “baja productividad”, ante todo, corresponde sólo a la segunda mitad del mandato de CFK (‘09/’11), luego de que perdió la mayoría en las elecciones de medio término de 2009. Hasta ese momento, el Congreso, con mayoría kirchnerista (‘07/’09), había producido cuantiosos y profundos cambios, siempre en beneficio de las mayorías populares y desvalidas: movilidad jubilatoria, reestatización de la administración del sistema previsional, Ley de Medios, etc. Esto porque, mal que les pese a algunos, son (y han sido, serán, ojala sigan siendo y está perfecto que sean) los bloques parlamentarios mayoritarios los que cargan con la responsabilidad del funcionamiento de las Cámaras legislativas.

Para más, el Grupo A repartió, los espacios en Comisiones de ambas Cámaras en forma totalmente desconsiderada para con lo que eran, a ese momento, las magnitudes de las representaciones políticas en “el pleno”. Esto es, se atribuyeron en Comisiones un número de sillas porcentualmente superior al que les hubiera correspondido de haber procedido como es regla en el Congreso: trasladando calcado el proporcional del pleno a las Comisiones. En cambio, y valiéndose de una mínima ventaja, avanzaron hasta parecer que poseían mayorías muy superiores a las que realmente detentaban.

Ello produjo una disfuncionalidad operativa importante: los proyectos obtenían dictamen con una rapidez y facilidad que hacían presuponer un consenso superior al que realmente se comprobaba cuando llegaba la hora de debatirlos en sesión, por divergencias al interior del bloque mayoritario, heterogéneo y contradictorio, artificial e inconvenientemente unido (pegado con moco, en realidad). Eso fue lo que ocurrió, y no un supuesto “bloqueo K al Congreso”, que no existió. Al bloque K no le correspondía aportar al quórum, por cuanto nada se le permitía decir acerca de los distintos proyectos de ley. Como hubiese correspondido que ocurriera, si era tan necesario el bloque del FPV para que se garantizara el funcionamiento de las Cámaras.

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Antes y después del período durante el cual hubo la hegemonía (en varios sentidos) del Grupo A --que le significó al país que por primera vez en 28 años de democracia recuperada no se haya sancionado Presupuesto--, con Cristina, por el contrario, el Congreso fue la plataforma ideal de la puesta en escena de grandes debates en la sociedad que hasta entonces parecían vedados siquiera de ser mencionados. Una verdadera metáfora de lo que ha sido el kirchnerismo como proceso histórico socio-político.

En los últimos quince días, en sesiones extraordinarias convocadas por la Presidenta, y merced a la recuperación de fuerzas legislativas que le significó su rotundo triunfo del 23 de octubre de 2011, el Congreso se sacudió la modorra que lo tuvo adormecido durante todo el año y logró sancionar la friolera de doce leyes. Altísima productividad cuantitativa que, ahora, se critica. Prueba de que no era por el cuánto si no por el qué que se criticaba antes y se critica ahora.

Vale recordar que todos los proyectos que el Congreso manejado por el Grupo A pretendió sancionar apuntaban directamente a revertir el proceso de recupero de las capacidades de decisión estatal inaugurado en 2003. Tanto por el lado del financiamiento: reparto inconstitucionalmente reformulado del “impuesto al cheque” y ley de quiebra del Estado mal llamada “82% móvil”; como por el de las potestades del Ejecutivo en sí: desnaturalización del sentido constitucional de los DNU, entrega del Consejo de la Magistratura a las corporaciones de jueces y abogados quebrando así el equilibrio representativo que manda la Constitución nacional y garantiza su actual composición.

Casi un intento, sí que burdo, de reformular por vía legislativa el régimen presidencialista consagrado constitucionalmente para, de ese modo, esterilizar la reconstitución de autoridad presidencial en función de garantizar que el Estado volviera a ser gestionado a partir del programa del bloque de clases dominantes, hegemónico entre 1976 y 2003 (bien que una democracia condicionada fue la clave para que todo aquello fuera posible), y no, como ha sido siempre durante el kirchnerismo, respetando la noción de gobierno representativo que opera el programa electoral consagrado democráticamente por la soberanía popular.

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¿Qué ha cambiado, operativamente hablando, para que ahora sí funcione el Congreso? Ante todo, es un dato poco explorado que el presidente, en nuestro régimen constitucional, es titular del Poder Ejecutivo pero también participa del proceso de formación y sanción de leyes como co-legislador. Esto significa que es, en los hechos, como si se tratara de un legislador más, con el que necesariamente deben acordarse los proyectos a tratarse. Si se pretende desatender ese detalle, se requiere, para el partido opositor al de gobierno, la mayoría agravada -dos tercios de ambas Cámaras-- que permite eludir la facultad del veto, acordada constitucionalmente al presidente.

Segundo: la agenda de temas a discutirse en el Legislativo corresponde que esté integrada, mayoritariamente por las iniciativas que promueven los Ejecutivos. Así ocurre, incluso, en los países cuyo sistema de gobierno es parlamentario, tal como apunta Gianfranco Pasquino en su recomendable obra Los poderes de los jefes de gobierno: en Suecia las leyes que se sancionan se originan en un 96% en el Ejecutivo; en Irlanda, el 98%; en Alemania, 76%; Francia, 81%; Italia, 75%; Gran Bretaña, 92%; España 92%. En Argentina, sin embargo, se desmerece con el mote de “escribanía”, lo que no es más que el funcionamiento normal que uno encuentra en legislación comparada a nivel mundial. Agrega, Pasquino, que por buenas razones: cumplir con el programa de gobierno, para lo cual nadie está más (ni mejor) capacitado que el Poder Ejecutivo.

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Hace, también, a la coherencia. Flor de berenjenal implicaría que todos y cada uno de los 257 diputados y 72 senadores que componen nuestro Congreso se soltaran generando proyectos propios: unos creando impuestos, otros eliminándolos, por caso. Por demás, una lectura bien intencionada de nuestra Constitución dispone que así sea. La primera parte del texto fundamental se rige por la máxima de que para los ciudadanos “todo aquello que no está taxativamente prohibido, está implícitamente permitido”. En lo que hace a los poderes orgánicos, es exactamente al revés: y los poderes instituidos no puede explorar más allá de donde les está explícitamente permitido hacerlo.

Muchas veces me han dicho, por ejemplo, “en ningún lado dice que está prohibido que un diputado presente un proyecto de Presupuesto”. Ocurre que no hace falta, sino que, por el contrario, no pueden porque no se dice textualmente que puedan. Y porque la CN no fue pensada para imbéciles ni malintencionados, además.

Ergo, debería inferirse, si se pone buena voluntad, que el Congreso no puede inmiscuirse en cuestiones de gestión cuya conducción está expresamente asignada al Gobierno (incluso hay Comisiones de labor parlamentaria que se denominan “de gobierno”, cuya conducción y mayorías tradicionalmente se asigna a los oficialismos, excepto entre 2009 y 2011): por ejemplo, nadie, excepto el presidente, puede presentar proyectos de Presupuesto, el único que puede tratarse es el que confecciona el Ejecutivo. Y lo mismo podría decirse, por caso, de la política en materia impositiva.

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Resulta que lo que hasta ayer era malo, esto es, la inactividad del Legislativo; hoy que se ha revertido es un exceso. Lo cierto es que la totalidad de los proyectos convertidos en ley dormían hace rato en los cajones de Diputados y del Senado, y que solamente se trató de dar un corte definitivo a las estrategias de bloque a la gobernabilidad operada en el bienio anterior. No se obturó el debate en ningún caso ni cosa por el estilo.

Ocurre, sencillamente, que hay que decir eso porque resulta muy complicado oponerse por oponerse a: dar al Gobierno las herramientas de gestión que todos los presidentes históricamente han tenido, desmonopolizar el mercado de papel de diarios, ampliar los derechos de los trabajadores rurales --los asalariados que, por lejos, en peor situación se encuentran en términos de derechos laborales del país-- y liquidar la caja de financiamiento electoral espurio del “peronismo” “federal” (el RENATRE, que siempre administró mal “la plata de los jubilados” rurales) o limitar las posibilidades de adquirir tierras por parte de extranjeros.

Es decir, tiene mala prensa oponerse a normas que amplían el proceso de creación o reparación en términos de derechos de toda clase operado a partir de 2003 y recientemente refrendado por nada menos que el 54,11% del electorado. Como lo son las sancionadas en los últimos quince días. Entonces hay que poner excusas basadas en “lo formal”. Que no son más que eso: meras excusas.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

¡Vamos, todavía, compañera Presidenta!

Se lo pido a Dios, si es que acaso existe. En nombre de otros casi doce millones de argentinos, que puede que incluso sean más en esta. Casi un ruego, de corazón. Ya te llevaste a Néstor. A Cristina, por favor, dejala acá. La necesita nuestro pueblo. El pedazo grande de Patria humilde y laburante, que tiene en Cristina a su única e ineludible garantía para alcanzar la victoria definitiva. Esa que sólo llegará el día que no quede una sola persona con hambre sobre el suelo argentino. Ese huracán incontenible que es Cristina, rara pero perfecta mezcla de ovarios de acero y talento político y de gestión inconmensurable, no se va a dejar caer así nomás. Como no se dejó caer cuando pasó lo de Néstor, cosa que sin dudas le dolió mucho más que esto, así que calculo que recuperarse será un trámite para ella. Estuvimos, estamos y estaremos. Pero es imposible no dejarse invadir por la bronca, la amargura, algo de tristeza, mucho de impotencia, toda la incredulidad ante tantísima mala leche. Siempre, no obstante, triunfará, entre nosotros, la esperanza y la polenta para sobreponernos. De muchas, no digo peores pero sí muy fuleras, hemos resurgido. El abrazo desde acá para nuestra compañera Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Ahora, más que nunca, soldados fanáticos e incondicionales de su causa. Ni un paso atrás. Nunca menos. A militar, a gritar, a argumentar, a pelearla como si fuera la última del partido. Y tratemos que sea con una sonrisa, aunque cueste. Que nada grande puede hacerse con tristeza, como dijera un sabio. ¡Siempre!

martes, 27 de diciembre de 2011

Estrategia, falsedad, kirchnerismo y oposición

Reflexionaba, yo, un rato antes de escribir esto, acerca de la oposición. O mejor dicho, acerca de los problemas de la oposición. Las dificultades enormes que tienen para lograr que su discurso entusiasme. No digamos para construir un sujeto social propio, que ya sería una demasía. Y se me ocurrió el tema de la impostura. Porque ha sido, y al parecer sigue siendo, muy común que los opositores recurran a ella para atacar al kirchnerismo.

En realidad no les importan los DDHH. En realidad no confrontan contra el establishment económico. En realidad no les interesa la redistribución progresiva del ingreso. En realidad no les importa la democratización de los medios de comunicación. Y así sustantivamente, diría El Chavo del 8. Se dice desde la oposición. Editorializada por Magnetto.

Cierto es que Kirchner, durante su período como gobernador de una provincia que tiene cinco diputados nacionales, tres senadores (desde 1994, antes eran menos) y representa la imponente cifra del 0,8% del PBI y 0,9% del electorado nacional, debería, desde allí, haber impulsado y liderado un movimiento --incontenible desde esas fuerzas, claro-- que reparara los déficits del Estado nacional para con la política de DDHH, que por otro lado es de su competencia.

En eso estamos todos de acuerdo, ¿o no? No haber hecho nada por los DDHH durante los ’90 invalida y tiñe de falsedad todo lo que hayan hecho --y lo quieran hacer de acá en más-- los K en dicha materia. Sarcasmo off.

Podría preguntar, yo, por qué los represores enjuiciados por delitos de lesa humanidad, como los beneficiarios de la concentración mediática --que nadie niega que existe en el país: sólo dicen que ahora “ya está, hay que dejarla como está, porque el kirchnerismo la generó, o ayudó a inflarla”-- o el empresariado nucleado en AEA se la pasan gastando cuerdas vocales y muñeca en despotricar contra el kirchnerismo. Si, total, a fin de cuentas, en realidad, “no está contra ellos”.

Lo concreto acá es que el período kirchnerista ha significado:

a) La reconciliación cuasi plena del Estado argentino para con los compromisos asumidos con la comunidad internacional en términos de protección y plena vigencia de los DDHH, que le ha merecido reconocimientos mundialmente.

b) Una fuerte reivindicación de la noción de gobierno representativo, por cuanto hoy día no se ejecuta, desde el Estado, otro programa de gobierno que no sea el que consagró la soberanía popular en elecciones democráticas libres e incuestionables; a diferencia de otras épocas en que se subordinaban las potestades de decisión nacional a lo “sugerido” por intereses de estamentos del poder económico privado.

c) El proceso de reversión del deterioro en los índices socio económicos (pobreza, indigencia, desempleo, crecimiento, desendeudamiento, etc.) más importante en cincuenta años de historia argentina, en virtud del despliegue de políticas activas de gestión concretas y específicas, y no por ningún “viento de cola” (que no existió, como acaba de demostrar impecable y contundentemente Eduardo Di Cola).

d) La sanción de una ley de servicios de comunicación audiovisual que, a más de haber sido consagrada por medio de amplísimas mayorías legislativas, ha merecido ponderaciones desde tribunas imposibles de ser sospechadas de oficialistas, como por ejemplo la relatoría de Libertad de Expresión de la ONU, por medio de su titular, Frank Le Rué.

Esos son los datos. Las "verdaderas motivaciones profundas” que hayan podido mover tanto Néstor como Cristina Kirchner para proceder en tal sentido, ni lo sé yo ni nadie, y para el caso poco importa en tanto las cosas se hagan. El análisis político que se centra en la individualidad del protagonista del tiempo histórico es propio del liberalismo. Y por ende limitado, desde ya: como cualquier cosa que provenga del liberalismo. Eso de suponer que todo puede ser determinado por una sola persona.

Como ocurre con el “viento de cola”, a nadie que tenga una inteligencia superior a la de un alumno de preescolar se le escapa que ningún proceso social histórico no se explica monocausalmente: ni por un solo hecho, ni por una sola persona.

Vamos, señores. ¿Qué discusión es esta de si los Kirchner quieren de verdad lo que enuncian querer? Seamos serios. Es un hábil, aunque estéril, intento para eludir el ingreso de lleno al núcleo de cada debate. Ya lo intentaron con el primer peronismo, y no lograron más que hacer crecer la devoción popular para con el General Perón.

Y hete en ello que entramos en la esencia de esta idea, y también en el cierre de la misma y del post: la noción misma de la impostura implica un engaño hacia el que opta por el impostor. Que pasaría, entonces, a ser un engañado (el que elige a los Kirchner, digo). Y es bastante ofensivo para con el electorado pararse desde el lugar de supuesta vanguardia esclarecida que viene a develarles, a la masa de ignorantes, lo que no son ellos mismos capaces de advertir. Que es capaz de, por ejemplo, saber mejor que Abuelas y Madres de Plaza de Mayo si las demandas que sostienen tanto unas como otras están siendo debida y sanamente atendidas.

El menosprecio, deberían irse dando cuenta, no garpa como estrategia política/electoral. No genera adhesión. Ni mucho menos cariño popular, claro. Se trata de que ofrezcan algo mejor, superador --idea versus idea, vamos--, si es que lo tienen. So pena de ser considerados culpables del desequilibrio político/institucional que, efectivamente, hoy día existe en Argentina. Cuando uno compara los logros del Gobierno, algunos pocos de los cuales he mencionado arriba, frente a la nada del que encima subestima intelectualmente a la masa a la que pretende capturar electoralmente, el resultado que se obtiene es 54,11% con más 37 puntos de ventaja por sobre el segundo. Simple y sencillo.

No va más así. Pero es por culpa de “la opo”, y no de Cristina.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Té de tilo --parte III de III-- (sobre Papel Prensa)

Clarín citó, en la tapa de su edición del domingo 18/12 --blanca por segunda vez en un año--, el artículo 32 de la Constitución Nacional. Que reza, textualmente, lo siguiente: “El Congreso federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal.”. Se mencionó, también, en medio del debate por el proyecto de ley que quiere la declaración de interés público la producción, comercialización y distribución de papel para diarios, el artículo 13 de la Convención Americana de DDHH: “No se puede restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares de papel para periódicos (…)”.

Vayamos a los bifes de una: ¿de qué manera algún artículo de la nueva ley colisiona con tales principios? La forma de establecer la inconstitucionalidad de una ley --que no puede declararse sobre un proyecto, sino una vez que sea sancionado y en un caso en concreto con sola validez para tal-- pasa por la comparativa entre el artículo de una ley con alguno de los postulados constitucionales y la colisión que de ello surja. En toda la discusión (que por cierto lleva más de un año, no nació hace cinco minutos), no han podido, ni Clarín, ni quienes acuerdan con su postura; sustentar la postura que se desprende de la tapa del 18/12. Ni lo ha intentado, siquiera. Quizás porque no se trata de ello. No se puede, bajo ningún concepto, establecer como sinónimos “regulación” (lo que pretende el proyecto de ley) y “restricción” (lo que prohíbe la CN). Así de fácil, con la sola literalidad del articulado, podría liquidarse la cuestión. Porque también vale mencionar que si de algún lado provienen restricciones es de los actuales propietarios mayoritarios del paquete accionario de PP: que establecen cupos, cuotas y precios diferenciados sobre los consumidores que son, además, sus competidores en otros mercados. Cubre los costos de su materia prima con la venta que hace de la misma a sus competidores. Proyectan, Clarín y La Nación, su posición dominante en el mercado de producción de papel para diarios, sobre otros mercados.

También pasa con Cablevisión, que en muchos lugares, por ser única oferente de servicio (lo que justificó el pedido, por parte del PEN, de bajas o eliminación de aranceles en tales sitios como condición de aprobación de la fusión, por cuanto pueden compensar con el engorde de la cartera de clientes en otras latitudes), decide con que canales compite las señales de cable del grupo económico al que pertenece. Federico Bernal en Tiempo Argentino documentó la excepcionalidad mundial de que provean papel los mismos que compiten en el mercado gráfico. Se las verían en figurillas para negar la afectación del interés económico general, por cuanto necesariamente alteran la ecuación económica del competidor, con perjuicios, entonces, para los consumidores. Ya dijimos que acá no se castigan monopolios per se, sino perjuicios derivados del ejercicio de tal posición. Y no sólo por el lado de los costos viene la cosa. Porque es ridículo sostener que la empresa compite con la importación con arancel cero, cuando importar tiene complicaciones que van más allá del precio en sí. Son, todas, situaciones denunciadas desde mucho antes de la llegada del kirchnerismo al poder y sostenidas hasta el día de la fecha por un diario muy poco oficialista como Ámbito Financiero. Y que importó el copamiento, por parte de Clarín, de muchos medios del interior y la liquidación de competidores.

El 32 nació de la incorporación de la provincia de Buenos Aires a la Confederación. Como los diarios de Buenos Aires se deshacían en insultos para con Justo José de Urquiza, y frente al temor de que el vencedor de Cepeda (Urquiza) se tomase venganza, la provincia de Buenos Aires, en ocasión de hacer sus propuestas de reforma a la CN 1853 en virtud de lo acordado en San José de Flores en 1859, solicitó sustraer de la jurisdicción federal en la materia. Desde allí se puede observar que el sentido del mismo hace a los contenidos, que no son tocados por esta ley, como no fueron tocados por la Ley de Medios en 2009. Damian Loretti escribió en Página 12 que en EEUU, de cuya primera enmienda a su propia CN se nutre el espíritu de nuestro artículo 32, se sostiene el mismo criterio, y cita abundante jurisprudencia que sustenta su postura en cuanto a que no está prohibida cualquier tipo de regulación sobre la producción de papel para diarios. Cuando se discutió la Ley de Medios, Alberto Rodríguez Saá pretendió enmarcar tal discusión en el artículo 32. Ridícula posición, por cuanto tal regulación, por imperio del hoy artículo 75, inciso 19, está puesta en cabeza del Parlamento (le confiere la potestad de dictar leyes que “regulen los espacios culturales y audiovisuales”). Además, ya antes existía un recorrido jurisprudencial efectuado por nuestra Corte Suprema estableciendo la potestad del COMFER en materia audiovisual en varios casos en los que disputó tal competencia con las provincias.

En cualquier caso, hay nulo cuestionamiento institucional de carácter --por llamarle de alguna forma-- técnico. “Altísima exposición y transparencia, diálogo de poderes.”, dijo, sobre el proyecto, ya el año pasado, Gustavo Arballo. En definitiva, un marco regulatorio bastante suave, como ya lo fuera el de la Ley de Medios (más permisiva que otras normativas en la materia en el mundo); y plagado de instancias de control, participación y revisión por parte de variadas instituciones y actores de la vida cívica del país: una bicameral permanente conformada por senadores y diputados; una Comisión Federal Asesora, donde confluirán representantes de los diarios privados de todo el país que no formen parte del capital accionario de la empresa --y no guarde ningún tipo de relación con ellos-- y representantes de los usuarios y consumidores y de los trabajadores (gráficos, prensa y canillitas); y un Registro Nacional de Fabricantes, Distribuidores y Comercializadores de Pasta Celulosa y Papel para Diarios.

Y por si faltara algo a todo esto, el mismo proyecto enuncia la necesidad de cubrir la cuota total de papel que insume el mercado local. Y que debe, para ello, procurarse un plan de inversiones que aumente la producción de Papel Prensa. Porque además, el Poder Ejecutivo puede, en el marco de sus facultades constitucionales, impulsar el cese de la necesidad de importar cualquier producto, entre ellos el papel para diarios, y disponer lo necesario a los fines de reemplazarla por producción nacional. Si porque los accionistas privados no quieren aportar lo necesario a tal fin, ¿Qué culpa tendría el Estado? ¿De parte de quien vendría, entonces, la restricción si los accionistas privados se negaran a aportar para cubrir la totalidad de la necesidad nacional de insumo de papel, y se manifestasen contrarios a establecer precios y tratamiento de cupos y cuotas igualitarios?

Mucho se oyó de lo que “podría hacer” el Gobierno, en adelante, siempre malo, con una ley “como esta” en sus manos, siempre presta a “castigar voces críticas”, según sostienen sus críticos. Su pasado lo condena, concluyen. Si fuera por ello, hay que decir que hablamos del gobierno que impulsó la despenalización del delito de opinión cumpliendo con un fallo de la Corte Interamericana de DDHH. Y cuya iniciativa reguladora en materia audiovisual mereció halagos de la mismísima relatoría de libertad de expresión de la ONU, por iniciativa de su titular, Frank Le Rué.

La de Papel Prensa es la historia de la piedra fundamental en la construcción de Clarín como monstruo del negocio info comunicacional en Argentina. Y como actor político ineludible, también, por cuanto fue el negocio que selló la alianza que trabó el grupo con el Proceso, que inaugurar, en 1976, el programa neoliberal de gestión del Estado en Argentina e inició el derrotero de la aniquilación de las capacidades estatales de regulación.

En definitiva, se trata de la instrumentalización del valor libertad de prensa como herramienta del avance los esquemas de negocios ampliados, complejizados y profundizados de que forman parte los integrantes de tales conglomerados. Que operaron, históricamente, en directa colisión con los intereses de las mayorías populares, y cuya domesticación y limitación es necesaria si se pretende encarar una política de reconciliación con la dignidad de aquellas. Los últimos días se celebraron los diez años del estallido del neoliberalismo atendido por sus propios dueños en Argentina. Proceso del que el bloque de poder arriba mencionado fue directo beneficiario, en buena medida porque el crecimiento de sus negocios lo fue también el de su poder de lobby con el que minaron la capacidad de decisión del Estado. El senador Marcelo Fuentes (el mejor, a mi criterio, del bloque del FPV) dio, durante la sesión, cátedra a estos respectos. Y Aníbal también, enfatizando sobre el papel de bobo que hizo el Estado durante 28 años, poniéndola toda sin poder decir ni “a”.

Ergo, es al revés de lo que se dice: para reestablecer la plena vigencia de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho, es necesaria la reeducación de Clarín que será también la de una forma de operar en política de vastos factores extrainstitucionales de la trama de poder socioeconómico nacional.

Y ahora sí, basta para mí.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Té de tilo --parte II de III-- (sobre Clarín, Vila-Manzano y Cablevisión-Multicanal 2 de 2)

Importa señalar el doble estándar de Clarín, que es permanente. Y que, justamente por tratarse de tratamiento informativo, pone de manifiesto que no se trata, nunca en su caso, de la defensa de la libertad de prensa. Lanata habló, luego de su defensa a Clarín en Clarín (él que es, insisto, un anti Clarín), en Radio Mitre, y dijo que el kirchnerismo inventa de enemigos a los diarios porque es más fácil hacer eso que pelear con “el poder real” como, por ejemplo, dijo, “las multinacionales ceraleras”. Como si Clarín fuera sólo un diario. Como si no se tratara de un conglomerado que reúne entre sus pertenencias a la radio por la que hablaba y a la operadora de cable que ayer fue intervenida por obra y gracia de una mala decisión judicial a instancias del pedido de un antiguo aliado de Clarín frente al actual oficialismo en discusiones que fueron cruciales por el momento en que se desarrollaron (a la salida de la derrota en las Legislativas de 2009: “Hasta K”, rezaba la pulsera con que Daniel Vila peregrinaba por distintos ámbitos despotricando contra la Ley de Medios).

Se puede revolear al aire que el Grupo Vila-Manzano tiene relación el kirchnerismo sólo en base a las cifras de publicidad oficial, o se puede probar con argumentar de verdad. Y a propósito: nunca van a tener razón, los medios dominantes, con el sinsentido que discursean respecto de la publicidad oficial. Si es cierto que los más reciben de ella son los que menor audiencia tienen, pues está todo perfecto en la materia. Porque el Estado está para corregir desequilibrios y guardar, en el caso concreto, la pluralidad: si Clarín genera sus fondos porque es muy leído, visto y/o escuchado, pues no necesita, como sí aquellos a los que “nadie vé”, auxilio ninguno. So pena de caer en la conclusión que sólo quien tenga “independencia económica” merece circular. Pero volvamos a la amistad.

Daniel Vila es un tipo con aspiraciones e intereses concretos por fuera del campo estrictamente mediático. Quiere, por ejemplo, también ser presidente de AFA. Tanto que ha puesto a operar en función de ello a todo su multimedios, que es infinitamente más pequeño que Clarín (y es por ello, y no por una amistad inexistente, que no ha sido desmontado como solicita Lanata en la columna que publicó en su “enemigo” Clarín. Además de en razón de que la Ley de Medios, que serviría para practicar el “desmonte” de un grupo de medios menor). Por caso, tiene montado un circo, conducido por Alejandro Fantino, que pasa todos los domingos por la medianoche no con otro objetivo que el de denostar a Julio Grondona, que claro que lo merece y cuya salida de AFA es deseable, pero no para poner en su lugar a un nefasto como Vila en su lugar.

Todo ello incluyó capítulos memorables como un inverosímil proyecto de “ley de fútbol”, para que sea el Estado el que regule la vida institucional y deportiva de AFA, que Vila presentó en el Congreso nacional, pese a que es un mecanismo que FIFA tiene terminantemente prohibido, lo que habla a las claras de la seriedad de su propuesta para conducir la entidad. Y al que el oficialismo parlamentario no acompañó. Del mismo modo, hubo cámaras ocultas armadas en contra de Grondona que incluían acusaciones serias a integrantes del gobierno nacional y una pantomima lamentable de elección presidencial ampliada, también por vía de un oportuno forum shopping judicial por medio del que Vila pretendió la modificación del estatuto de AFA y que lo convirtió, según él y con Clarín aplaudiendo de pie y entusiasta (tanto como la cámara oculta), en nuevo presidente de la casa del fútbol nacional.

Hete aquí que el Gobierno sí mantiene vínculos, y muy fuertes, con Grondona, a través de Fútbol Para Todos. Que motivó la ruptura sentimental que hasta que se firmó el FPT Y que el único programa político con que cuenta el Grupo Uno en América TV es, precisamente, el de Majul. Que no se destaca, por cierto, por sus elogios al kirchnerismo, sino más bien todo lo contrario. Y que le ha dedicado hasta un Martín Fierro en público a Vila, lo que pone de manifiesto el grado de arrastre al que es capaz de llegar Majul. Es cierto, el espesor intelectual de su discurso sólo prende entre aquellos cuyo intelecto y capacidad de raciocinio es menor a la un alumno de jardín de infantes, y por tanto poco puede asustar a un gobierno como el de la presidenta CFK. Pero no cambia el concepto.

Hace poco fue despedido Mariano Closs de radio La Red, en razón de que no quiso (Closs) sumarse a las operaciones anti Grondona de corte ridículo a las que sí se sumó Fantino. Igualmente hizo Vila en 2009 con los periodistas del diario La Capital de la ciudad de Rosario (que también le pertenece al Grupo Uno), porque aquellos decidieron publicar una solicitada en respaldo a la Ley de Medios. Y con Reynaldo Sietecase porque Francisco De Narváez, el socio restante de Uno, se molestó porque él porque en un reportaje no se la pasó cabeceándole a la Luis Majul a todas las pavadas que suele desplegar el diputado colombiano cuando se lo invita al programa de TV que conduce el firmante de libros de 500 páginas de redacción ajena. Está muy bien que así sea. Que el novio de Pamela David pueda echar a quien no se subordine a la línea editorial que marca como conductor del Multimedios. Basta, para evitar la gravedad del asunto, con que el despedido tenga vasta cantidad de alternativas laborales a su disposición además de la que ocupó hasta haber sido despedido.

También se dice que el multimedios de Hadad es oficialista, y sin embargo ha sido despedida de él la periodista Alicia Barrios en represalia porque decidió (Barrios) firmar una solicitada a favor de la Ley Papel Prensa. En general, son neutrales en los temas Gobierno vs. Clarín. Ni se mencionan, casi, ninguno de los capítulos, ni en Radio 10 ni en C5N. Excepción hecha, un tantito, quizás, de Marcelo Longobardi, que en general le pega con un garrote al kirchnerismo.

Fue delicioso seguir la cobertura on line de Clarín sobre la “invasión” a Cablevisión. La cantidad de veces que cambiaron el copete bajada del título tamaño catástrofe nacional, sobre todo; conforme avanzaba la ridiculez de su impostado tono tremendista al ser cotejado con los hechos. Acusando, entre otras cosas, la presencia de cámaras de TV de 6, 7, 8 y de Canal 7 durante el operativo de Gendarmería ordenado judicialmente. Cosa que no probaron, ni ellos ni La Nación ni Perfil (por citar otros medios opositores al kirchnerismo), con ninguna foto, de entre las muchas que suelen acompañar coberturas como esas en los sitios Web. Ridículo que quieran hacer creer que nadie haya podido registrar semejante cosa, siendo que no fueron pocas las imágenes tomadas al respecto. Sobre todo cuando uno se entera que los que supuestamente llegaron junto con los gendarmes, en realidad están de vacaciones.

Y ya que se habla de De Narváez, podemos entrar a las grandes multinacionales cerealeras, de que habló Lanata, que ahora se especializa en plagiar columnas (encima, una de Pablo Sirven: ¿no había uno bueno para copiar?). De Narváez tiene intereses en el mercado agropecuario, a partir de su propiedad, sí que poco clara, respecto del predio ferial de Palermo ocupado por la Sociedad Rural Argentina. Que integra la Mesa de Enlace. Y el Grupo de los Seis, desde donde se extiende, a través del también empresario agrario Cristiano Ratazzi, a la UIA y a AEA, entidad de la que es conducción fundamental el Grupo Clarín. AEA sacó un comunicado castigando el Proyecto sobre Papel Prensa, y Clarín lo publicó cual si se tratara de una entidad neutral y caída del cielo a la que no pertenece.

Lo que se observa es un bloque monolítico que se rompe a partir de que algunas de sus partes deciden no pelearse con el clima social imperante. Una pelea entre dos que en algún tiempo fueron socios. Clarín y el Grupo Uno. Por mera inteligencia empresarial y de conveniencia. Pero al que el kirchnerismo sí enfrentó, cuando el debate por la Resolución 125, contrariamente a lo que dice el ex actor del Maipo y quebrador serial de empresas. Y que se confirma cuando uno observa cómo gastan tinta en comunicados ferozmente críticos para con el oficialismo.

Y todavía le falta un capítulo a esta trama novelesca…

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Té de tilo --parte I de III-- (sobre Clarín, Vila-Manzano y Cablevisión-Multicanal --1 de 2--)

Resulta lastimoso --y muy enriquecedor, a la vez-- asistir al in crescendo de la desesperación del Grupo Clarín, ante la esterilidad de los manotazos de ahogado que cada vez con mayor desesperación, intenta desplegar ante la inevitabilidad de la llegada de los nuevos tiempos. Una batería de operaciones que gana cada vez más en histeria, falsedad y pretensiones antiinstitucionales por parte del conglomerado de medios mayor del país. En derredor del proyecto de ley que quiere la declaración de interés público la producción, comercialización y distribución de papel para diarios y de la disputa tribunalicia que sostiene Clarín con el Grupo Vila-Manzano a partir de la fusión Cablevisión-Multicanal, se pueden observar los últimos capítulos de la capacidad de inventiva clarinista en sus incesantes embestidas antikirchneristas.

Es todo muy gracioso. Daniel Vila encabezó una feroz resistencia contra la Ley de Medios de la democracia mientras duró el tratamiento legislativo de la misma en 2009. Llegó a decir que tal discusión constituía la más grave afrenta sufrida por las instituciones democráticas desde el golpe de Estado de 1976. Del mismo modo había actuado, algunas semanas antes, cuando Fútbol Para Todos daba sus primeros pasos porque le pareció mal que el Estado pretendiera cobrarle por la emisión de los partidos por América TV si su intención era hacerlo con publicidad propia (la transmisión es gratis en crudo, virgen como viene de Canal 7).

Una vez aprobada por el Congreso nacional la nueva herramienta reguladora en materia audiovisual, intentó, a través del diputado mendocino por el “peronismo” “federal” Enrique Thomas --una de sus espadas legislativas--, y consiguió la primera de las medidas cautelares que paralizó la totalidad del imperio de la 26.522. “La Justicia Federal de Mendoza nunca debió intervenir en este caso: no es competente para resolver sobre actos del Congreso Nacional cuya sede está en Buenos Aires.”, dijo, al respecto de aquella decisión judicial, el constitucionalista Gustavo Arballo. Apuntó, Arballo, en el mismo post, otras nueve irregularidades conceptuales respecto de la misma sentencia. Y destacó, el abogado y editor del blog Saber Derecho, además, el vital papel que en todo ello cumplió la maniobra de forum shopping, la posibilidad de golpear todas las puertas hasta encontrar el juez más favorable. Estrategia tramposa tan común en el mundo jurídico, y a las que Vila-Manzano-De Narváez son tan afectos, parecería, siendo que ahora han incurrido en similar tesitura para obtener la definitiva partición de Cablevisión-Multicanal, independientemente de lo que se opine de ella.

El fallo que benefició a Vila-Manzano (y no sólo), vaya detalle, fue firmado por la jueza Olga Pura de Arrabal, y luego confirmado por la Cámara Federal de la provincia de Mendoza, uno de cuyos integrantes es el hoy prófugo del Poder Judicial argentino, acusado por delitos de lesa humanidad, Otilio Romano. Lo interesante del caso es que ahora Clarín presenta, catarata de insultos de por medio, al grupo mediático de Vila y Manzano, cuyas acciones contra la Ley de Medios y el programa FPT tanto festejó y ponderó, como su más nuevo enemigo y presunto “aliado del kirchnerismo”. Ataca, también, a la jueza Pura de Arrabal, a la que elogió como valuarte democrático frente a las intenciones chavizantes de la dictadura K cuando sirvió a sus intereses frenando inconstitucionalmente la Ley de Medios. Además, ahora se permite de señalar los pecados de Otilio Romano, luego de meses de protegerlo y presentarlo como si se tratase de un perseguido político de un gobierno totalitario. En buena hora esto último, independientemente de cuáles son los intereses (convenencieros) que mueven a Clarín a hacerlo.

Éramos pocos. En todo este teatro de revista no podía faltar, claro, un ex actor del Maipo como Jorge Lanata. Que fue por la suya, la de siempre, la que ha sido una constante a lo largo de toda su carrera: apelar al saber de Doña Rosa --o sea, a la incultura-- para bajar el nivel del debate en función de llevar el aguar de los desprevenidos (que seguramente sean los más en temas tan complejos como estos) para su molino. Los “argumentos” de Lanata, el hombre que estuvo (por convicción, el sí verdaderamente, no lo olvidemos nunca) contra Clarín antes que ningún otro (cómo no: aunque ahora, cuando verdaderamente da la correlación de fuerzas para traducir en acción concreta, y con posibilidades reales de efectivizarse, todo lo que en su momento denunció, acude en ayuda de los que antes tildaba de delincuentes), fueron destrozados por Mariano, en Yendo a menos.

En efecto, el perro se muerde la cola toda vez que, como bien apuntó Mariano, en los ataques que se desplegaron en contra de la plena vigencia de la Ley de Medios, anida el huevo de la serpiente. Lanata habla de Clarín como “el monopolio que el kirchnerismo ayudó a conformar”. Hacerlo vende bien como chicana barata al relato oficial en la materia, que, y pese a las ridículas consideraciones que esgrimen aquellos que se espantan ante la argumentación profunda --la tropa que lidera y a la que apunta como clientela Lanata--, hay que reconocer que ha pecado de simplista en ciertos aspectos. La legislación argentina en materia de Derecho de la Competencia no penaliza la existencia per se de monopolios, sino el perjuicio que de la constitución de tales puedan derivarse para el interés económico general (según dispone nuestra ley de Defensa de la Competencia, que sigue el modelo europeo en detrimento del americano, que fulmina de antemano cualquier intento de fusión o concentración empresarial).

Y en este tema, ha habido, por cierto, los mencionados perjuicios, como lo ponen de manifiesto algunos brutos aumentos tarifarios que fueran dispuestos por la nueva empresa post autorización de la fusión Cablevisión-Multicanal. Dicha operación fue, sí, autorizada por Kirchner (y hay que criticarlo, no así con la extensión temporal de las licencias televisivas que, de no haber existido, habría llevado a que Clarín copara aún más canales de TV cuando se re licitaran las licencias caducas), pero no de cualquier forma. Siempre en base a las posibilidades que contempla la Ley de Defensa de la Competencia, la operación fue enmarcada en el imperio del artículo 13º permite tanto la autorización (inciso ‘a’), así como la denegación (inciso ‘c’) o subordinación de la misma (inciso ‘b’) a determinadas condicionalidades.

En coincidencia con el espíritu no censurador de las fusiones empresariales que guía a la 25.156, fue la última la opción por la que se optó en el caso Cablevisión-Multicanal, autorizada en tanto y en cuanto se cumpliera, desde la empresa, con determinadas pautas establecidas por el Poder Ejecutivo nacional, conforme las atribuciones que la LDC le confiere en orden a que vigile lo que decidió en función de garantizar que no se perjudique el interés económico general. Por ejemplo, brindar servicio gratis en determinadas zonas, atento que puede compensar con el engorde de su cartera de clientes por efecto de la concentración operada. Ante el no cumplimiento de las exigencias del PEN, el gobierno nacional viene insistiendo, sin suerte, ante Tribunales para que se dé marcha atrás con la autorización, que en virtud de todo lo dicho es de carácter precario en caso de incumplimiento de lo solicitado por el PEN a efectos de autorizar la operación. En el mismo sentido, de subsanar el perjuicio para el interés económico general, va el decisorio del juez Bento a favor de Vila-Manzano, que es, no obstante, reprochable por cuestiones de competencia.

En mérito del espíritu del sistema en que se inspira nuestra legislación anti monopólica, pues, la nueva Ley de Medios no prohíbe toda integración, sea vertical, sea horizontal, sino que limitó (con bastante prudencia, por cierto: mucho más suavemente que en EEUU o Europa, por ejemplo) la extensión ridícula a que había llegado tras los sucesivos emparches que le practicarán Menem y De La Rúa al texto que habían firmado, en 1980, Jorge Rafael Videla, José Alfredo Martínez de Hoz y Albano Harguindeguy. Por buenas razones.

Pero que nos las diremos ahora. Porque esta historia, continuará…

martes, 20 de diciembre de 2011

De 2001 a 2011 y lo que hemos cambiado

El contraste entre la lógica con que operan los tiempos políticos actuales y la que llevó a la salida de De La Rúa del poder de manera anticipada es abrumadora. Y muy edificante recorrer una y otra época en forma comparativa, para comprender los cambios acontecidos en diez años, en especial a partir de la llegada del populismo peronista en su fase kirchnerista al poder.

De La Rúa fue, para Argentina, el eslabón final de una cadena en la que lo precedieron Alfonsín padre –el inteligente y talentoso políticamente- y Menem, cuya característica principal es la de haber ejercido la primera magistratura del sometimiento de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho a los planteamientos de distintos sectores empresariales de la vida socioeconómica de nuestro país a sus planes de negocios particulares.

La más mínima noción de gobierno representativo, durante los años que fueron de 1976 a 2003, fue totalmente aniquilada. A partir del golpe de Estado perpetrado por el grupo genocida del Proceso, se consolida un esquema jurídico dispuesto a los fines de consagrar por tal vía (la jurídica) un sentido de gestionar el Estado en beneficio únicamente de los intereses de lo que Eduardo Basualdo denominó como oligarquía diversificada. Durante aquel período, los ocupantes de turno de los distintos espacios institucionales no decidían por sí ni ejercían los programas de gobierno que consagraba la soberanía popular, por cuanto los márgenes de acción eran mínimos –por obra y gracia de las sucesivas reformas legales que se le practicaron al Estado para ponerlo a operar en función del bloque de clases dominantes: lo que es muy distinto a la tan agitada como incorrecta versión de la “desaparición del Estado- y la voluntad política para construir la correlación de fuerzas necesaria en función de subvertir tal situación, inexistente.

El estallido final de la Convertibilidad (que significó poner un moño de regalo a la entrega de lo poco que ya quedaba de capacidad de decisión estatal) se produjo en medio de la puja de dos conglomerados del poder económico, que perseguían objetivos distintos. Ninguno de ellos, faltaba más, tenía en miras la resolución de los dramas sociales que la instalación del modelo económico financiero neoliberal había legado, sino la definición de un nuevo patrón de acumulación que resolviera sus dilemas dinerarios particulares; básicamente, si tenían nominadas sus deudas en pesos o en dólares: esto fue, dolarizadores versus devaluadores, siempre con el descargue de los costos sobre las espaldas de los sectores asalariados (los pocos que iban quedando y desprotegidos de la sociedad) como variable de ajuste de la posibilidad de instalar uno u otro.

Así se caminó hasta las elecciones de 2003. Néstor Kirchner desechó la oferta de ser jefe de Gabinete de Eduardo Duhalde puesto que discrepaba con la decisión del entonces presidente interino de hacer frente a la recesión a partir de la creación de pobreza más rápida y profunda de la historia nacional. Eso es, en concreto, lo que significó el detalle de la pesificación asimétrica en la decisión, necesaria, que se tomó de devaluar y poner punto final a la economía de valorización financiera para pasar a otra que anclara en los sectores productivos. Claro que sin el agregado que haría Kirchner a partir de 2003: encarar la inclusión social y el pase de facturas por los desastres socioeconómicos a los causantes de los mismos. Clave, esto último, en el surgimiento de mayor involucramiento militante, especialmente juvenil, que ha madurado en estos tiempos, fundamentalmente a partir de la convicción de que hoy se puede creer en que un proyecto político interpretará los sentires populares y que entonces a partir de ellos es posible pensar en algo distinto al "consenso" que reinaba, presuntamente incuestionable, en lo previo.

De resultas de su cambio de postura, hubo, en veintiocho años de recuperación democrática, el único ciclo de reducción sostenida en los niveles de pobreza (caída del 54,7% al 22,3% de 2003 a 2011), indigencia (reducción del 27,6% al 5,7% en igual período) e inequidad (la brecha entre ricos y pobres se redujo de las 31 veces al año 2003 a 17 veces actuales). Quizás la mejor muestra de las distancias que separan a uno de otro modelos.

Hace falta observar con un poco de ganas, nomás, al actual período de sesiones extraordinarias del Congreso de la Nación para darse cuenta, a partir de las voces que se alzan en contra de las distintas iniciativas que van tratando los representantes del pueblo en estricto cumplimiento de las promesas de campaña de la recién reelecta presidenta CFK, del cambio de época que, en cuanto a gestión de intereses materiales concretos, todo esto supone. Que son las quejas de los mismos que se beneficiaron con el orden anterior solamente en razón de que ahora no se legisla más a la carta (de ellos). No sin olvidar, en el ir y venir epocal, las recientes presiones y operaciones periodísticas montadas desde diversos sectores del poder fáctico en pos de que se designaran operadores de sus propios intereses en el nuevo gabinete de ministros. La respuesta de Cristina a todo ello fue la especialidad de la casa: ni bolilla a nadie.

En buen criollo, decidió la Presidenta, como corresponde en virtud de la letra y el espíritu constitucional. Lo que no ocurría en otros tiempos, cuando los Gabinetes, especialmente el económico, los ocupaban representantes de diversos grupos de interés. En el caso de De La Rúa, recordemos, batió récords de economistas en la función que fuera: José Luis Machinea, en la propia cartera económica, luego reemplazado por Domingo Cavallo; Adalberto Rodríguez Giavarini, en Cancillería (aceptable, era tradición, triste, pero tradición al fin, designar economistas allí); Juan José Llach, ¡en Educación!; Ricardo López Murphy, ¡en Defensa! Más tarde llegaría Chrystian Colombo a la jefatura de Gabinete, que casi pasa a Interior entrando Cavallo a su puesto luego que De La Rúa descartara el regreso allí de Chacho Álvarez para mantener a López Murphy en su puesto –no se sostuvo, al final-. Bien que lo sabemos, ahora no hay presidencia de las corporaciones. Ni para ellas tampoco.

Por último, vale reiterar lo que acá ya he dicho varias veces, hoy que estamos de recuerdo, respecto de Hugo Moyano. Que en aquellas épocas se paró de manos contra el sistema que destruía ciudadanía social. Y denunció el pisoteo que las instituciones sufrían por haber asumido el papel de gendarme de la rentabilidad empresarial. Pero, fundamentalmente, y porque estaba por la correcta estratégicamente, no por las formas chanchas, sino porque todo aquello se hacía a costa de los intereses de la clase trabajadora argentina, que ya por entonces caminaba rumbo al estado vegetativo.

Confiemos en que el aniversario del estallido del esquema de empobrecimiento planificado contra el que combatió con valentía y éxito lo hagan recapacitar, justamente, respecto de los contrastes con los tiempos presentes, y del rol distinto que, entonces, le cabe en todo esto.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Desensillar hasta que aclare

“La contradicción principal es entre el proyecto financiero neoliberal y el proyecto nacional, popular y latinoamericano, y eso se expresa en la antinomia política kirchnerismo-antikirchnerismo. ¡Nosotros sabemos de qué lado estamos!”, Facundo Moyano, 15 de diciembre de 2011.

‎"Es hora de levantarse, querido. ¿Dormiste bien?", Carlos 'Indio' Solari, Los Redonditos de Ricota, en Lobo suelto/Cordero atado (1993).

"¿Cuál es el rol que hoy tenemos que cumplir los trabajadores? Reconocer la figura trascendental del compañero Néstor Kirchner y además apoyar, con todas nuestras fuerzas, a la presidenta de la Nación, CFK (...) para que siga profundizando el modelo económico que le dio la dignidad a los trabajadores (...) que no lo vamos a olvidar porque los trabajadores somos agradecidos con quienes nos devuelven la dignidad y nos dan las herramientas de lucha (...) después de Perón y Eva Perón nadie le dio a los trabajadores tanto como Néstor Kirchner (...)", Hugo Moyano, 27 de octubre de 2010.



El Ingeniero dice, en Facebook, que los nuevos tiempos vienen complejos. En efecto, así es. Y por cierto, tal cosa no debe asustar a nadie que así vaya a ser. No definen, dichas dificultades, per se, nada. Ni para bien, ni para mal.

Hace un par de semanas dije aquí que existe, entre la compañera Cristina y el compañero secretario general de la CGT oficial, un nivel muy alto de desprecio, soberbia y subestimación. Recíproco. Dañino. Innecesario. Que se debe, a lo que interpreto como una disputa, al interior de un espacio compartido, por la conducción del mismo. Disputa que, prima facie, no me asusta, en tanto transcurra por los carriles de la racionalidad. De la rosca, en buen romance. Y con códigos (los de barrio). So pena de verme en la imperiosa necesidad de calificarlos, a ambos, y con respeto de la investidura de la compañera señora Presidenta, de zonzos.

Dije, también, que soy devoto de la historia de lucha contra el neoliberalismo y en pro del bienestar obrero de Hugo Antonio Moyano. Y lo sostengo y reivindico. Aunque, agregué, su derrota, en caso que decidiese parársele de manos a la Presidenta, sería, aun cuando triste, deseable. Lo lamento, compañero Moyano, pero acá somos defensores fanáticos de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho. Valores que son, hoy, representados, en virtud de la soberanía popular, por Cristina Fernández.

Yo identifico, en todo esto, dos cuerpo de cosas. Principal, pero no exclusivamente, porque cada una de esas dos cosas pueden abrir, a su vez, mil y un disparadores más.

Moyano, tanto como sus laderos al interior de la CGT, quieren, hace rato, jugar ellos mismos en política. Y fuerte. No puede, todo aquel que se precie de ser peronista, menos que celebrar tal cosa. El empoderamiento de la clase trabajadora es el fin último del peronismo. Es, entonces, una discusión muy válida y, vamos, deseable que se la dé. Habla de una sociedad más democrática, siendo que hay chances de tales ascensos para el sector trabajo.

Lo que creo, también, es que a Moyano no le da, no le está dando al menos, la talla para encararla. Así de sencillo. No de otra forma puede entenderse su más que torpe reclamo de lugares en las listas para octubre pasado. Que lo había, por cierto, para los varios buenos cuadros con que cuenta la CGT moyanista. Algunos de los cuales, tonta y por demás apresuradamente, despreciaron lo que se les ofrecía. Juan Carlos Schmidt y Julio Piumato, dos cuadrazos a mi criterio, por caso, quienes hoy, de no haber sido por sus reacciones destempladas (y faltas de timming), serían diputados. Y agregarían mucho espesor ideológico y conceptual al debate en el Congreso. Allí adonde ha llegado el menor de los Moyano, Facundo, y por suerte que así haya sido, porque ese es otro cuadrazo.

Estuvo bien Facundo, por cierto, con sus declaraciones, citadas al inicio del presente. También los integrantes del Gobierno en no contestar, todavía: no son, estos, tiempos de ver quién la tiene más larga. Moyano tiene razón en muchos de sus reclamos. Especialmente, en lo que respecta a muchos, al interior del Frente Para la Victoria, que pretenden correrlo –no importa si por izquierda o por derecha: no tienen con ni por qué correrlo a él por nada-. Nadie, excepto la conducción, ha acumulado mayores méritos que Moyano y la CGT desde 2003. Bancaron todas, aún las peores y más duras. Ocurre que no es el tiempo ni las son los modos de plantear las cosas. Cristina está, y se nota, todavía muy dolida, y haciendo esfuerzos enormes por seguir adelante.

La Presidenta no tiene la culpa de que Moyano tenga pésima imagen pública, lo que hace que carezca de condiciones las subjetivas necesarias para encarar sus ambiciones políticas. Cristina está en la tarea, reitero, de construir la supervivencia del proyecto, y con él de las conquistas materiales que conlleva y que el propio Moyano se ha cansado de reivindicar. Esa es la mejor (si no la única) garantía de poder para los trabajadores. Y tiene como condición sine qua non, para arraigarse más allá de las propias fronteras del movimiento nacional y popular, la conducción del proceso en cabeza de Cristina. Son los términos que impone la correlación de fuerzas actual. Moyano, que habló y muy bien de peronismo ayer, parece, sin embargo, haber olvidado aquello de "todo en su medida y armoniosamente". Y de la visión a futuro.

Pero, además, hay otra cuestión. Muy atendible. Demasiado, diría. Cristina construyó, claro que no el mejor, pero sí quizás el más ampliamente consolidado capítulo del peronismo en el poder en toda su historia. Profunda, convencida, entusiasta, y orgullosamente antiliberal como soy, no analizo, pues, individualidades. Más bien bloques sociales en constante puja de poder (cuya existencia, insisto, no es pecado ni indeseable). Descreo de los seres capaces de determinar todo y no ser condicionados por nada de los tiempos históricos que le toca protagonizar. Ahora bien, eso no quita que no exista algo que se llama conducción. Cuya repartija es, institucionalmente hablando, muy compleja. Sobre todo en el peronismo. Cuya base social en nadie se identifica más ni mejor que en la gestión de CFK.

Digo, ¿Moyano pretende buscar legitimidad electoral? Pues empezó mal, habida cuenta que ha cosechado hasta acá, apenas, el apoyo de impresentables de la talla de Luis Barrionuevo, Momo Venegas (un sindicalista pro patronal como pocos hubo en la historia de nuestro país) y Pablo Micheli. Llamó al PJ relegado por la hegemonía kirchnerista inaugurada en 2003. Da la sensación que fue más el encierro político que otra cosa. Y justo en la hora en que al interior del partido de gobierno, aunque, insisto, claro que por debajo de la conducción, puede ser parte de una construcción mucho más amplia, y desde ya, potente y consolidada. Dicho en criollo, y a cuento de lo que apunté respecto de los logros de Cristina en materia de peronismo, el proyecto de poder de Moyano no tiene otra alternativa para poder desplegarse que al interior del kirchnerismo.

¿Dónde cree Moyano, acaso, que tendrá más vida, políticamente habando? ¿Quién cree lo va a recibir con los brazos abiertos? ¿Macri, Binner, Magnetto –que es el que, a fin de cuentas, tiene la última palabra en la oposición-? Queriendo ampliar sus fronteras, en cambio las encoje. En cantidad e, insisto, en calidad. Por eso hablo, más arriba, de incapacidad en Moyano.

Luego está el tema del bolsillo. El de los trabajadores. Ese que mi muy respetado Omix dice, y con razón, que es lo único que debe interesarle a la clase obrera. Aunque luego agrega, y acá no comparto, que Moyano se cubre ante la exigencia del Gobierno de que aporte en un ajuste para el año que viene. Porque no creo, y ya a esto lo dije también, que vaya a haber un ajuste. Si uno pensara mal del jefe de la CGT debería decir que se quiere cubrir ante posibles descontentos por el desarme del esquema de subsidios, si llegara a haberlas. Sería, en tal caso, una deslealtad de parte de la CGT. No creo, igualmente, que vaya por ese lado, la cosa.

Ahora bien, la agenda cargada de reclamos materiales que desplegó el líder camionero ayer, tienen que ver, a mi criterio, con la disputa interna de la CGT, ante la cual Moyano necesita relegitimarse: y eso, en materia sindical, se hace con conquista de derechos. Pero eso no puede mezclarse con la disputa por la conducción del proceso general. Y además, de nuevo, ¿Macri, Binner, etc., son, serán, mejores para los trabajadores en términos de bienestar material? Fue Moyano el que colocó al kirchnerismo en el podio dentro de los corazones obreros, detrás de Perón y Evita. Y son los otros los que más le han ladrado, no Cristina.

Por ahora, esto solito, pues está cantado que habrá más noticias para este boletín, pero mientras no tengo otra que, parafraseando, reconocer que, por el momento, sólo sé que no entiendo nada de lo que está pasando. O casi.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Reasunción de CFK y consolidación del cambio de lógica institucional

Por medio de la casi totalidad del discurso de reasunción de Cristina de ayer, se puso de manifiesto una vez más la discusión sobre el sentido de la democracia, la república y el Estado de Derecho. Un debate que, a mi entender, y por su capacidad movilizadora de estanterías culturales, es lo que determina que el kirchnerismo haya marcado un antes y un después en la historia de la democracia en Argentina, de cuya recuperación ayer se cumplieron 28 años. Y de lo que por estos días Europa nos ofrece contrastes enormemente aleccionadores.

El repaso cualitativo, más que el de las cifras, es el que interesa de lo que fueron los 70 minutos de alocución presidencial. Y su capacidad de hilvanar el todo por sobre la suma de las partes, en lo que significa una construcción potente de lo que es una idea de Estado, además de los ya tantas veces agitados proyecto/modelo productivo de acumulación, con matriz diversificada e inclusión social.

Es decir, un hilo conductor en el que cada nueva posta conduce a la siguiente como una derivación de sentido. No, claro está, una derivación “lógica”, en la cual lo hecho aparezca como lo “natural” o “ineludible”, y de lo que no habría podido apartarse nadie que hubiera estado en el lugar que les tocó ocupar a Néstor Kirchner y CFK. No adherimos, se sabe, a la teoría del viento de cola.

Lo que intento señalar es la capacidad de la conducción de ponerse por sobre las particularidades, y ordenarlas en un mapa en el que cada una de ellas, al mismo tiempo, otorgue sentido a la anterior y a su vez a la que le sigue o al menos le es concomitante (insisto: suponiendo que eligiéramos la cronología como método de ordenamiento de los hechos). Y de construirlas en función de que ninguna de ellas tenga sentido aislada de todas las otras.

Un ejemplo, decía Perón, suele aclararlo todo: Cristina dijo, en algún pasaje del discurso, que las reservas acumuladas en el BCRA serían, si no hubiesen existido desendeudamiento y corridas bancarias varias, de algo más de 88 mil millones de dólares. Últimamente, además, se han puesto en cuestión los fundamentos del esquema económico: superávits gemelos, acumulación de reservas, desendeudamiento: todo, en orden a operar la distribución del ingreso, que primeramente opera el mercado de modo regresivo. ¿Y para qué querría, uno, cualquiera, todo eso (los superávits, las reservas, etc.)? En la discusión del para qué están las respuestas a todo lo que hasta acá vengo planteando. Al respecto, la Presidenta ilustró con aquello de que lo verdaderamente importante no es el que Congreso sancione muchas leyes, sino buenas y a favor de los que las necesitan.

(Digresión: por otro lado, resulta, al menos, bastante hipócrita que se queje de la baja productividad legislativa de estos años justamente la conducción real -o sea, la mediática y empresarial- de los bloques legislativos que conformaron el Grupo A, únicos responsables del no funcionamiento regular del Congreso desde que asaltaron inconstitucionalmente el funcionamiento del mismo en 2009)

Este escriba a sueldo acaba de cursar en la Facultad la materia Derecho de la Integración, cuyo objeto es, vaya las casualidades de la vida atento los acontecimientos de los últimos meses, la legislación de los espacios comunitarios, en especial Mercosur y Unión Europea. El Dr. Cristian Cao, bajo cuya tutela me adentré en el examen de los instrumentos jurídicos de dichos espacios comunitarios, dijo, en algún momento de la cursada –mientras criticaba las limitaciones que establece el proyecto de Ley de Tierras que el kirchnerismo envió al Congreso durante 2011 a la compra de las mismas por parte de extranjeros-, que la medida de la utilidad de un proceso de integración está dada por su capacidad de generar derechos ciudadanos. Y en general, agrego yo, la de cualquier texto de organización institucional o jurídicamente derivado de él.

No será difícil, para el observador medianamente informado, advertir las profundas contradicciones que existen entre lo apuntado tanto por Cao como por el lúcido firmante del presente, y las recientes decisiones adoptadas por el Consejo de jefas y jefes de Estado de la UE. No solamente porque por medio de ellas quedaron casi totalmente desdibujadas, tanto la más mínima noción de soberanía nacional –cuya relativización es lógica en todo proceso comunitario, pero no al extremo, como hoy ocurre con la UE-, así como la funcionalidad de la institucionalidad comunitaria estatuida por el Tratado de Lisboa (en buen romance, porque las mismas no dan un paso si antes no hay los guiños de Merkel y Sarkozy). Además, es fácil adivinar en quiénes se descargarán los costos de las decisiones de ajuste fiscal –para recomponer competitividad empresaria- dispuestas por Alemania y Francia.

Apunta, hoy, Hernán Brienza, en su habitual columna de los domingos en Tiempo Argentino, que la reasumida Presidenta ejerce un “republicanismo furioso”, porque no es “el inocuo de las formalidades, sino el sustantivo de la voluntad popular”. En el mismo sentido Mario Wainfeld ha venido subrayando en varios lados en la potencia transformadora que ha adquirido la discusión democrática a partir de la llegada del kirchnerismo, en términos de generación de derechos de varias –y diversas entre sí- generaciones: movilidad jubilatoria, AUH, por un lado; matrimonio igualitario, muerte digna, identidad de género, por otro.
Y sobrevolando todo, y como bien recordó Eric Calcagno –también en Tiempo, también mencionado por CFK en su discurso-, el rol que en todo ello han jugado lo que él mismo denominó como “distribución del conocimiento”, a partir de la creación del (y la vital importancia que se asignó a su actuar) ministerio de Ciencia y Tecnología y la inversión récord en educación o la creación de nuevas universidades en territorios socioeconómicamente golpeados; y “distribución de la palabra” que se operó por vía de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

A cuento de lo opinado por Calgagno, Beatriz Fontana, destacada jurista laboralista, en un apunte llamado Nociones de Conflicto y Negociación Colectiva. El conflicto y la negociación colectiva en el origen del Derecho del Trabajo, ilustra sobre los aportes con que “las ideas de Carlos Marx y la Doctirna Sociald de la Iglesia iniciada por la encíclica Rerum Novarum” contribuyeron a dar “soporte ideológico” al “cuestionamiento de la organización del Estado Liberal” por parte de las coaliciones y movimiento de trabajadores que hacia fines del siglo XIX recién nacían.

En tal sentido, entonces, deben pensarse las aportaciones operadas por la ciencia y tecnología, la educación y la nueva Ley de Medios al proceso de reconstitución social que exhibe, a ocho años de iniciarse, progresos notables en materia de desempobrecimiento y reducción de las brechas de desigualdad social. Y en el mismo entendimiento, pues, lo que al principio decíamos respecto de la imposibilidad de pensar, pongamos, recuperación de las discusiones paritarias, elevación de los mínimos salariales y jubilatorios (con más la participación activa que en ello han tenido las organizaciones representativas de los sectores beneficiados, promocionado por el Estado como también ocurrió en los casos de institucionalización de derechos cívicos para las minorías), sin la existencia, al mismo tiempo, de la distribución de la palabra y el conocimiento.

El kirchnerismo ha dado la pelea por el establecimiento de un nuevo sentido de institucionalidad republicana y de Estado de Derecho, orientando ambas nociones en función de ampliar el bienestar poblacional. Pero que sólo fue posible porque al mismo tiempo el Estado al que le toca conducir desde 2003 se ha decidido a acumular poder (sumemos, acá, reestatización de las AFJP) y monopolizar su ejercicio a la hora de conducir la gestión, modificando –por vía de todo lo enumerado hasta acá- la lógica de democracia tutelada por intereses corporativos (los de los grupos económicos) que rigió durante los veinte años de democracia que transcurrieron entre 1983 y la asunción de NK. Y que hoy se expone en su faceta más brutal en Europa, donde se gestiona y legisla a partir de los deseos del sector financiero, responsable y beneficiario, a la vez, tanto del desastre económico que vive el viejo continente, como de las ¿soluciones? que a todo ello se intenta por estos días. Gracioso ver, hoy, cómo desde los medios dominantes se advierte que, en realidad "tener poder" es un pasivo para el Gobierno. ¿Quién, si no el representante de la voluntad popular, debería tener "el poder"?

Raúl Alfonsín diría, durante la Asamblea Legislativa que procesó institucionalmente la huida de De La Rúa – de la que dentro de unos días se cumplirán diez años- del poder, que todo ella era producto de lo que denominó “pérdida de capacidad de decisión nacional. En la que el Estado se ha debilitado. Porque decisiones fundamentales se toman afuera del país. Y porque los lobbies empresarios del capitalismo concentrado, a veces, durante muchos años, han tenido más fuerza que todo el gobierno representativo”. Brillante descripción, salvo por la cuota de responsabilidad que a él mismo le tocaba en tal flagelo antidemocrático. A todo eso lo revirtieron Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Y es la razón principal por la que les va también: el que se vaya la tercera y que haya estabilidad ministerial récord no puede ser sólo por “ausencia de alternativas serias”.

Todo el cambio de época a estos respectos fue lo que permanentemente se dejó ver detrás de cada enumeración de la Presidenta, y se resume en la frase que para mí fue más potente de entre todas las que dijo: “Que se den por notificados, que yo no soy la presidenta de las corporaciones. Soy la presidenta de los 40 millones de Argentinos”. Brienza también dice bien hoy, en orden a todo esto que venimos exponiendo, que Cristina versión 2011 es la primera vez que “en democracia asumió el Poder Ejecutivo una persona –mujer, a la sazón– que no sólo no contaba con el apoyo de los medios hegemónicos si no que tenía al Grupo Clarín –y a Héctor Magnetto– en contra; el día en que por primera vez la mayoría del pueblo pudo elegir la continuidad de un gobierno de la línea nacional, popular y democrática por un tercer período consecutivo”.

Siendo que nada de todo lo muy bueno que nos está legando el kirchnerismo podría haber sido posible –es bueno recitarlo, como manual de conducta- sino por el camino de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho, no podía, la jornada de ayer, ofrecer como imagen más potente otra que la de el retiro de la vida pública del tipo que más ofendió todos esos postulados en 28 años de democracia recuperada: Julio Cobos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Una reasunción que es nuestra

Mañana, finalmente, se hará realidad aquello por lo que desde este espacio, Segundas Lecturas –que es de las pocas cosas que verdaderamente me pertenecen en pleno en mi vida-, peleé, cómo pude, desde el 2 de julio de 2009. Y que fue, también (e inalterable) desde aquél día –días, aquellos, de tristeza, amargura, incertidumbre, zozobra-, mi lema. Mañana, por fin, habrá Cristina Fernández de Kirchner 2011 (y hasta 2015).

Luego de dos años, tres meses, ocho días y doscientos noventa y siete posts (sin contar al presente), en la casi totalidad de los cuales no pensé en otra cosa que en cómo se podía hacer para aportar un granito de arena a que todo esto pudiera hacerse realidad. En especial, insisto, por el momento: el más dramático (por entonces, peor sería, después, y por otros motivos, la muerte de Néstor Kirchner) en toda la historia, enorme en varios sentidos, del kirchnerismo.

Y es en estas fechas, precisamente, y a la hora de tener que ponerme a llenar la hoja del procesador, que me invade la incapacidad de expresar con precisión los motivos por los que pude, en algún momento, dejar que llegara a afectarme tanto todo esto. ¿Por qué dejé que la política, y más específicamente un fenómeno político en particular, se adueñara, más allá de mis razones, también de mis pasiones? No lo sé. ¿Con exactitud? No te sé decir.

Porque, en serio, yo en 2009 tuve, no digo temor –no quiero caer en eso, que es un capital político invaluable para ustedes, los que nos adversan a nosotros, los inútiles, estúpidos, insensatos e incorregibles kircheristas-, pero sí me pasó de ponerme a pensar qué sería de mí cuando todo esto se terminara, si finalmente resultaba que terminaba todo para el… demonio.

Calculo que es justamente en la indeterminación que radica el elemento sentimental que me une a todo esto. Parecerá, la frase anterior, un tremendo chamuyo, pero acá estoy hoy contando sentimientos, y no elaborando ninguno de todos esos argumentos tan profundos y complejos con que habitualmente -y esto dicho con toda humildad-, los deleito.

A mí todo esto que ha desatado el kirchnerismo me gusta. Y quiero que siga existiendo. Y hago –e hice y haré-, muy poco, pero todo lo que está a mi alcance para que se extienda en el tiempo. Lo más que sea posible. En la incomparable sensación de vivir militando las convicciones y no calculando lo conveniente.

Por eso al comentario posterior al triunfo de octubre lo titulé El triunfo que construimos entre todos, y confesé que lo había pensado más de un año antes. Ahí tenemos un elemento diferencial, una ventaja comparativa tremenda. ¿Somos más? No sé, pero estamos todo el santo día pujando y transpirando y sufriendo por lo mismo. Como un demente capaz de, más de un año antes de las elecciones y cuando no pocos creían una quimera hasta la posibilidad de competir decentemente, pensar la posibilidad del triunfo. No me digan.

Sería largo enumerar todo. El clima de irreverencia, las discusiones que se han desatado, los doscientos setenta mangos para que coman los pibes. Las peleas con el statu quo ante, para ponerme en docto. Con la estantería cultural liberal y conservadora. Que vuelvan los cabecitas negras, los humildes, los laburantes a ser protagonistas. La juventud como sujeto político dispuesta a entrar a comerse la cancha y cambiar la correlación de fuerzas para construir la capacidad de fijar las condiciones de lo que vendrá en adelante.

Que un presidente, presidenta en este caso (y acá ya hay otra cosa que logra enamorarme), sea capaz de decir en voz alta que a su criterio el país perdió con Caseros: gesto enorme, que tendrá encandilado por un buen tiempo, todavía. Que lo hayan llevado a mi amigo Marcelo Koenig a Venezuela la semana pasada en la comitiva oficial, en vez de sólo a los mismos jetones de siempre. De los que, de todas maneras, aún no se puede prescindir.

No hemos llegado a tanto, tampoco, y no tenemos por qué avergonzarnos por ello: de última, si no fuera porque creemos que faltan cosas por hacer, todavía, no estaríamos poniéndole el pecho a lo que será la primera vez que en la historia de nuestro país que un proyecto nacional, popular y democrático inicia su tercer período de gobierno consecutivo.

Que se atajen a sí mismos los que me quieran acusar de devoto de tiranías porque no me estoy refiriendo a la continuidad de Cristina más allá de 2015. Ya les dije que de lo que sí soy verdadera y fanáticamente militante es de (vamos, a ver, todos juntos con el estribillo) la plena vigencia de la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho.

Se trata de otra cosa: acá hay un atmosfera cultural, espesa, que requiere, para poder ser correctamente interpretado, interpelado y combatido (les estoy dando, a ustedes, nuestros adversarios, si me lo permiten, un consejo) de algo más que de los manuales que los europeos escribieron para que nosotros, los brutos que todavía andamos en cuatro patas, comprendiéramos de qué la va todo esto de la política.

Este entusiasmo va más allá de la perfecta comprensión de dimensiones sociológicas, lo que requiere un país para ser “serio y jurídicamente seguro y previsible” o el clivaje derecha/izquierda. Entusiasmo, justamente, qué buena palabra. Logramos pasar de ser la minoría intensa a ser la mayoría entusiasmada.

Me banqué tantas cosas en el transcurso de estos cuatro años. Leo que Lucas Carrasco escribe, en su muro de Facebook, que soportamos, los más pibes, las “burlas, el ninguneo, la soberbia de los campeones de la impotencia. Los profetas del fracaso.”. En efecto. Me han agredido y ofendido, muchos, muchas veces. Insultado, lastimado, etc. Sin que yo les haya hecho nada para merecerlo.

No me importa. Yo ya tengo lo que quería. Hoy es autorreferencial porque hoy nos toca, porque nos lo merecemos. Hoy es para nosotros. Ya tengo Cristina 2011. ¡La puta que valió la pena!

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Las novedades del Gabinete

¿Así que la noticia es que no hay noticia? ¿Así que resulta que no es novedad la conformación del nuevo Gabinete de Cristina, que no es, en realidad –ahí sí dicen bien-, nuevo?

La estrechez de miras que sufre la militancia periodística opositora frente a un gobierno para cuya interpelación analítica carece de categorías y esquemas de análisis adecuados (porque no se han preocupado por construirlos, sino que -intentando acomodar la cabeza al sombrero- quieren hacerlo entrar en sus pre moldeados conceptuales, en vez de, como deberían, hacer al revés y proceder a pensar a partir del fenómeno), es, ya, desesperante. Para ellos, claro.

No deja de llamar la atención, por ejemplo, que se insista en cuestiones tales como que la Presidenta elige “subordinados”, a lo que contraponen el adjetivo de “capaces”. Es decir, el leal no puede, según esta buena gente, ser, a la vez, un tipo/a formado/a.

Por otro lado, no aceptan que ahora existe una conducción de Estado que ejercerá, de manera innegociable, sujeta a (con esto voy a insistir bastante en lo sucesivo) lo estatuido por la legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho. Es decir: los ministros son secretarios del Poder Ejecutivo: o sea, auxiliares, que deben, que se entienda, asesorar y no sentenciar sobre las cuestiones de gobierno, que es ejercido por la Presidenta de la Nación, en cuya cabeza, y la de nadie más, reposa la potestad decisoria última en el diseño de las políticas de Estado. Por mandato constitucional, además de popular –único escrutinio, éste último, de sus decisiones-.

El berrinche, hay que decirlo, responde a motivos precisos. E históricos: son los residuos de lo que fue una época durante la cual a los distintos gobiernos se le imponían los ministros desde distintos sectores de interés del poder permanente, que sobrevivió a los distintos ocupantes de la Casa Rosada –a los que, previamente, maniataban a su gusto y conveniencia, acumulando cada vez mayor poder de lobby-: al ministro de Educación lo decidía la Iglesia; al de Defensa, el Ejército; al de Economía, los empresarios; al de Justicia, el Colegio de Abogados. Y así.

Por estos días, en Europa a los pueblos no se les permite participar nada menos que en la elección de sus gobiernos. Haciendo de sus reiteradas chácharas institucionalistas y de la propia legalidad europea -sea nacional, sea comunitaria-, un chiste; porque lo que cuenta es atender a los intereses del sector financiero, verdadero poseedor de la soberanía decisoria allá. Eso son Monti y Papademos.

En Argentina pasó algo, si no idéntico, casi, con la Alianza, que batió récords de representantes ministeriales del sector financiero especulativo (Machinea, Llach, López Murphy, Rodríguez Giavarini, Colombo); y que, tras la exacerbación de tal fenómeno hasta el paroxismo con el retorno de Cavallo (se lo quiso de jefe de Gabinete manteniendo a López Murphy y llevando a Colombo a Interior; acabó en Economía una vez que a Perro se le hizo imposible continuar: en definitiva, gobernó claramente por encima de la figura de De La Rúa, lo cual motivó un ¿furcio? memorable del Alfonsín respetable al respecto), acabaría por hacer quebrar la economía real y el sistema cívico y social en 2001.

Hoy que no ocurre eso, es decir, hoy que se respeta la Constitución, y entonces la Presidenta elige colaboradores a su gusto y decide, por sí misma, los cursos de acción de la misma forma (evitando que se le entrometan gendarmes de intereses privados a gobernar en reemplazo de la soberanía popular), se quejan.

Cristina selecciona lealtad, aparte de capacidad: para que ofrecezcan alternativas de entre las que pueda elegir; y para que ejecuten las mismas. Y mal no le ha ido, a decir verdad: lidera el proyecto más duradero y que exhibe los mejores resultados en el ítem que se quiera considerar. Los rumores exponen lo que es la permanente puja por la posesión de poder en Argentina. Y en la que CFK ha decidido no dejarse maniatar. Por eso los "misterios", el "factor sorpresa" y la "centralización absolutista" de la decisión, en la que no hay espacios para nada más que ella... casualmente, la depositaria del mandato popular: o sea, única dotada de autorización en tal sentido.

Ni Abal Medina es un guiño a La Cámpora, ni Lorenzino un gesto a “los mercados”. A propósito de este último, ¿no era que Boudou ya estaba muerto en la consideración, y por eso habían bajado sus chances de ser ministro; en tanto la estrella de los “industrialistas/desarrollistas/acuerdistas” (Giorgi, Marcó del Pont, De Vido) brillaba alto ya que ahora la Presidenta giró y privilegia a los sectores del empresariado expresados en De Mendiguren? Cosas que pasan cuando nadie en un gobierno te atiende el teléfono, no obstante lo cual vos tenés que escribir o parlotear lo mismo, porque hay que llenar espacio. Mandando fruta.

Vaya, entonces, si ha habido cambios en este país. Novedades. Expresados a partir de la confirmación de casi todos los miembros del Gabinete de Cristina en sus cargos para continuar a partir del próximo sábado. Hay ministros que van por récords, y se confirma que el kirchnerismo no cambia, no sólo por el futbolero “equipo que gana no se toca”, sino porque lo hace sólo en caso de estricta necesidad –calificada, ésta, según el leal saber y entender del jefe, en este caso jefa, de Estado-: buen augurio, además, pues.

El fusilamiento 'al' Dorrego

Ha causado revuelo en las tropas liberales la decisión del gobierno nacional de crear el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (por decreto, encima: ¡horror al cuadrado!). Me parece oportuno, ante todo, decir que a mí no me gustan ni Pacho O’Donnell ni Felipe Pigna. Del primero, si yo fuera mal pensado, diría que es un panqueque; y si no, que tiene algunos problemitas de encasillamiento ideológico. El segundo me parece, lisa y llanamente, marketing --aunque Algo habrán hecho me gustó bastante, y reconozco que ha logrado despertar interés por la historia en vastos (y diversos) sectores sociales--.

Pero lo que me interesa subrayar no pasa por las particularidades personales de los integrantes de una y otra escuelas. Me llamó, sí, la atención el que una de las críticas que se le efectúa al llamado revisionismo pasa por las, así denominadas, cuestiones metodológicas. Que el revisionismo, según sus críticos, no respetaría. Como sí lo hacen sus “oponentes”, los mitristas, llamados, con mucho de caradurez, “profesionales”. Y por supuesto descriptos como independientes, imparciales, neutrales y sarasa-sarasa.

Los métodos, que de ellos hablamos, que utilizan los historiadores mitristas, serían ascéticos y habrían surgido natural, inocente y espontáneamente. Sin que estén atravesados por interés alguno. Eso los haría mejores que estos otros, los revisionistas, que simplemente quieren contar una historia de buenos y malos. Que no respetaría (el modus operandi del revisionismo) la rigurosidad metodológica que hace falta para la investigación histórica, cosa que –faltaba más-- sí hacen los mitristas.

El relativismo epistemológico, que rechaza el fundamento único para el conocimiento científico (fijo e invariable), y pone el énfasis en la diversidad de elementos que lo condicionan/determinan, entre ellos, claro está, las disputas por intereses que se suceden en una sociedad, y que subyacen a cualquier producción discursiva social: la Historia lo es, por ejemplo; el Derecho también (y del relativismo epistemológico nacen las Teorías Críticas del Derecho, de las que varias veces he hablado, que cuestionan el absolutismo de fundamentación que proponen tanto el Iusnaturalismo –el orden social justo que provendría de la divinidad- como el Positivismo –la cadena de fundamentación que provee la norma superior desde la hipótesis consensual abstracta de la que parte en adelante-).

Iba a dar lata con citas sobre relativismo epistémico en este texto, pero mientras lo escribía Mario Wainfeld citó en su habitual columna de los domingos en Página 12 una reflexión de Guillermo O’Donnell que resume, desde tribunas opuestas a la militancia ideológica de este espacio, todo lo que quiero decir a estos respectos: “Uno siempre escribe desde algún lugar, desde alguna circunstancia social y contra alguna interpretación de ese lugar. Salvo para los que creen equivocadamente, aunque hoy no sean pocos, que el conocimiento de lo social puede ser una ciencia aséptica uno siempre está, conscientemente o no (y mejor que lo esté conscientemente) en algún debate, en alguna lucha de ideas. Esta es al menos mi experiencia personal y, que yo sepa, la mejor de las ciencias sociales y la historia latinoamericana.”.

Tulio Halperín Donghi (“nuestro historiador máximo según las más variadas opiniones”, dice de él Beatriz Sarlo en La Nación, y yo pregunto: ¿las opiniones de quiénes?), escribió –según cuenta Feinmann--, que el año 1956 “transcurrió con un rumbo político impreciso”. Feinmann dice que ello forma parte de una ausencia “determinada por la ideología del historiador”, un enfoque freudiano (que dijo que lo que se dice habla de aquello que oculta –por medio del signo-) o foucaultiano (para quien el poder se hace tolerable con la condición de ocultar la parte que hace al aspecto de dominación).

Donghi escribió eso del año en que se perpetró el secuestro y desaparición del cadáver de Evita y los fusilamientos de Valle y sus soldados, que se habían levantado en pro del retorno de la institucionalidad republicana al país, quebrada desde septiembre del año anterior y hasta el 25 de mayo de 1973 sin solución de continuidad.

Lo grave es que Sarlo crea que a “las reglas que definen su disciplina” (a la de los historiadores) no las atraviesa ningún tipo de interés o intencionalidad. O que –como intuyo—no crea eso, sino que sepa bien que, efectivamente, eso no es así, pero deliberadamente acepte que ningún otro interés que el que define las estructuras que han guiado los trabajos del mitrismo merezca ser oído.

Por lo demás, el rigor metodológico del mitrismo todavía nos está debiendo explicaciones acerca del Plan Revolucionario de Operaciones de Moreno, la Proclama de Chuquisaca de Castelli, la declaración a los pueblos del Paraguay de Belgrano y los elogios –regalo de sable corvo incluido-- de San Martín (“el mejor”) a Rosas (“el peor”).

Sin adherir, yo, a ninguna de las corrientes en pugna, lo contado por los mitristas (de quienes tengo más materiales que de sus rivales) me suena que en algunos ítems tiene bastantes baches. Poco de rigor. Casi como Sarlo, quien exigió rigor argumentativo de 6, 7, 8 el día que participó del programa como invitada (y lo bien que hizo, buena falta le hace a ese programa, además de complejizar y profundizar más las cosas), pero se dio el lujo de decir que todas las corrientes del revisionismo histórico (nacionalistas de imitación, marxistas, nacionalistas autóctonos y trotkistas) forman parte de un mismo pack.

En realidad, sabe que no es así pero conoce bien la Ley de Goldwin, y que asociar a O’Donnell, Brienza, Anguita y Pigna con aduladores de José Felix Uriburu, el primer golpista moderno de Argentina, puede producir un efecto demoledor en Cristina, siendo que es ella la que ha decidido que el Estado esponsorice la iniciativa.

Por lo restante, bien que es cierto que el Estado debe garantizar que se escuchen todas las voces, que se conozcan todas las posturas, y siendo que ello debe operar en el plano de lo concreto, que nos indica que la doctrina histórica clásica ya tiene todos los espacios que demanda su correcta difusión pública, no cabe discutir, tampoco, aquello de que “lo que está mal que el Estado no haya llamado a todos, sin distinción de banderías”.

En buenahora que desde el Poder Ejecutivo, y en línea con haber logrado el mayor presupuesto histórico para Educación y creado –e invertido en- el ministerio de Ciencia y Tecnología para posicionar a la construcción de conocimiento en la matriz productiva, haya preocupación por la diversidad de material para las cátedras y los alumnos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La reasunción presidencial

Ante todo, una aclaración: Julio Cobos no estará, como vicepresidente saliente, encargado de ‘tomarle juramento’ a la presidenta reelecta Cristina Fernández y el vicepresidente electo Amado Boudou. Le corresponde a un vicepresidente saliente, como anfitrión que es en la ceremonia de asunción de nuevas autoridades, ‘invitar a tomar juramento’ a los funcionarios que inician sus respectivos mandatos. Sutil la diferencia, más no menor.

Distinto a lo que ocurrirá a posteriori en Casa Rosada, cuando Cristina sí ‘tomará’ juramento --preguntando-- a sus ministros, tanto ella como Boudou leerán por sí mismos sus respectivas fórmulas de juramento (respetando sus creencias religiosas --si las tuvieran--, de desempeñar con lealtad y patriotismo sus cargos, observando y haciendo observar fielmente en cuanto de ellos dependa la Constitución Nacional, conforme lo dispuesto por el artículo 93 de la misma). Desconozco lo que hace a colocación de banda y entrega de bastón presidenciales. En 2007, Scioli invitó a jurar y Néstor hizo lo segundo. ¿Cobos deberá reemplazar a CFK en el traspaso de atributos? Oímos a expertos en protocolo, si los hubiera.

Suficiente como para concluir que no es sino Cobos el que debe invitar a la Presidenta a tomar juramento el sábado próximo. No hay, ni debería haber discusión al respecto de este punto. Es lo que constitucionalmente corresponde que ocurra. Por allí leo --no recuerdo bien dónde, ni tampoco importa, no es cuestión de señalar a nadie específicamente-- que impedirle a Cobos participar de la ceremonia de reasunción de Cristina es la mejor forma de sancionar lo que su desempeño, sí que reñido con las más elementales nociones de república: con pocas cosas he estado más en desacuerdo desde que tengo participación en debates políticos. El escarmiento ya ha tronado: para Cobos, hubo el rechazo de la UCR Mendoza hasta a su candidatura a... diputado nacional; para la oposición, que lo usó a Cleto como mascarón de proa en sus embestidas antigubernamentales, el resultado de las elecciones presidenciales: ninguna de las opciones opositoras logró juntar siquiera uno de cada ¡cinco! votos.

Jorge Lanata dice que el Gobierno tiene odio por Cobos porque el actual vicepresidente “cometió el ‘pecado’ de pensar distinto sobre la aplicación de un impuesto” y que entonces optó por “inventar un reglamento” para que en su lugar pueda estar Beatriz Rojkés de Alperovich (presidenta provisional del Senado a partir del 10 de diciembre próximo). Ni una cosa ni otra. El ‘pecado’ de Cobos es haber ejercido oposición desde un lugar que ha sido constitucionalmente dispuesto para actuar oficialismo. Tan sencillo como eso.

La justificación para las cosas que hizo Cobos --el ‘no positivo’ a la 125 y su aprobación a la Ley de Quiebra del Estado (eufemísticamente denominada ‘82% móvil’), ambas decisiones en contra de la postura política elaborada desde el Poder Ejecutivo al cual pertenece y al que debe representar en el Legislativo-- es peor aún que aquellas en sí: “Cobos tiene derecho a pensar distinto y a actuar con autonomía”. Desvirtuando absolutamente la noción de mandato sobre la cual se asienta nuestro edificio institucional, según la cual el funcionario público es elegido para desarrollar la plataforma política en cuyo nombre se postula a elecciones democráticas. Ni siquiera concuerda, el firmante, con aquellos que postularon que debía (Cobos) haber renunciado, pero a posteriori del 'no positivo' (ni valentía para decir 'negativo' tuvo). Esa postura también subraya, incorrectamente, la individualidad y no, como corresponde que se haga, el sistema.

Por otro lado, es costumbre del juego parlamentario que los legisladores electos juren sus cargos y dispongan cómo serán la institucionalidad y lógicas de funcionamiento interno de las cámaras antes de la fecha de asunción de los mismos en las bancas que obtuvieron --siempre conforme las disposiciones constitucionales y reglamentarias internas del Congreso--.

De hecho, ocurrió, bueno es recordarlo, hace poco --hace nada, casi, aunque parezca que fue hace una eternidad--. El 3 de diciembre de 2009, siete días antes de asumir, la Cámara baja que hasta dentro de unos días dominará el Grupo A tuvo su sesión preparatoria en la que juraron los diputados cuyos mandatos expirarán en 2013 (además de imponer las autoridades y el reparto inconstitucional e ilegal de las comisiones de labor parlamentaria sin respetar la proporcionalidad de las representaciones políticas). En aquel entonces, la militancia periodística opositora obviamente no criticó lo mismo que hoy sí reprocha. En cualquier caso, no es ningún invento reglamentario del kirchnerismo.

No es un secreto que exigir rigor en lo que hace a soporte argumentativo a personas como Lanata y afines (pero con Lanata a la cabeza: su libro de historia, por caso, es un atentado al saber, una profesora de Teoría del Estado me dijo alguna vez que si ella se llegaba a enterar de que yo estudiaba de ese material me echaría de la clase), que han hecho de la apelación al “saber” de doña Rosa y don Ramón (que desprecia la profundidad y la complejización) la base de su éxito en la época de reinado de la antipolítica, es un exceso de nuestra parte. Así las cosas, se consigna como despótico o monárquico (entre otros sinónimos de autoritarismo y antirrepública o irrespeto por la institucionalidad) el que la Presidenta de la Nación ejerza su legítimo derecho y potestad constitucional de determinar quienes serán sus ministros (y cuándo y cómo hará el anuncio) o su vicepresidente.

(Digresión: recuerdo fuertes críticas a Néstor Kirchner cuando el ex presidente recordó entre risas en un discurso que su esposa solía reprocharle por “el vicepresidente que me pusiste”. Eso demostraba, en la particular interpretación de la militancia periodística opositora, que CFK no era en realidad la presidenta del país, puesto que “ni siquiera ha elegido a su vice”. Otro caso de distinta vara, dirían en 6, 7, 8 --que cada día, por cierto, está peor--.)

Hay que salir a discutir estas cuestiones con precisión, porque son los discursos que determinan el sentido común de lo popular respecto de las instituciones de la república. O sea, nada menor. No llama, pues, la atención que tipos que dominan y oligopolizan esos discursos (y que además serían aplazados en un examen de nivel básico sobre Derecho Constitucional: el contexto propicio para que un tipo como Cobos haya podido actuar como actuó) se vean incapaces de procesar y afrontar analíticamente los procederes de un gobierno que, justamente, ha hecho de la sujeción de su accionar a lo consagrado por la legitimidad y legalidad democrática, la institucionalidad republicana y el Estado de Derecho profesión de fe casi fanática.

Sobre todo, entonces, por respeto a ese legado, que debe provocarnos orgullo a quienes militamos en defensa de esta administración, es que no se debe contestar con la misma moneda al tipo que le pegó más dura patada en el hígado que se recuerde a las nociones institucionales estatuidas en nuestra Carta Magna (aunque técnicamente está mal decirle así, tema para otro día) en los 28 años que han transcurridos desde la recuperación de la democracia

Por lo demás:

a) Me resulta inverosímil y estúpido que se haya gastado tiempo, espacio y neuronas en discutir si Cobos debía o no presidir la primera parte de la ceremonia de reasunción de Cristina. Analizándolo desde cualquier ángulo. Demuestra que Cristina está rodeada de varios pavos además de bastantes cuadros muy destacables. Y de cuán nocivo puede resulta querer ser más papista que el Papa. La Presidenta necesita que se la ayude: no se cómo se hará, pero esta seguro no es la forma.

b) Aún mirado desde el costado más berreta: ¿qué podría ser más lindo que ver cómo el sábado que viene Cobos será testigo privilegiado, en primer plano, del acto institucional del que siempre soñó formar parte: sólo que con los roles invertidos, a pesar de lo mucho que intentó, sin suerte, para que así ocurriera? ¿Qué otra cosa mejor que colocarle la banda y entregarle el bastón a Cristina para restregarle en la cara su fracaso, fin de carrera e impotencia?