viernes, 29 de julio de 2011

Sobre el nuevo mega torneo de AFA

Vayamos por partes. Nunca, en este tipo de cuestiones, existe una sola causa que las justifique: son varias y entrecruzadas entre sí. Los (múltiples, generalmente) protagonistas de este tipo de jugadas ven oportunidades y miden costos y beneficios: es política, ni más ni menos que eso.

Esto surge de las intenciones de Daniel Vila de destronar a Don Julio del sillón de AFA (cosa que hay que evitar a toda costa, dicho sea de paso, no por el reemplazado sino por el reemplazante). Vila le contó a Fernando Niembro que el espíritu de este proyecto que, de mala forma, dio a conocer AFA en los últimos días -y que tratará vaya uno a saber cuándo-, es de él, y surgía de su proyecto Ley del Fútbol (engendro si los hay, porque FIFA tiene terminantemente prohibido que los estatutos de las ligas de fútbol de sus países miembro surjan de leyes de Estado).

Vila reconoció que –textualmente, esto- buscó apoyo en River recién descendido –habló, contó, con Passarella en persona-, ya que “son siempre los ‘grandes’ los que presionan por impedir cambios: con River ido, y Boca, Racing y San Lorenzo en riesgo, ví chances de darle volumen a mi proyecto”. Hay que agradecerle a Vila la sinceridad, por cierto. Demuestra que no solamente Grondona y el kirchnerismo actúan por interés político personal. Y no está mal: ninguno de los grandes cambios de la historia de la humanidad no se motorizaron a partir de intereses particulares, y no por eso vamos a desmerecerlos.

En tren de ser sincero, cuando Niembro le dijo que, en ese caso, el proyecto de Grondona era más justo que el de él, pues le deparaba al menos un año en segunda a River; mientras que el proyecto Vila fulminaba, para ahora, los males que aquejan a todos los poderosos, Vila contestó que “como decía Perón ‘para hacer una tortilla, hay que romper huevos”. Honestidad brutal, como Cherquis, pero de Vila no van a decir nada malo porque es amigo y no conviene.

Ante todo, digo: si yo tuviera que votar este proyecto, así como está -y dejando, si fuera posible, de lado el engorde del cachet-, votaría en contra. Sin dudas. Esto no quiere decir que todas las cosas que se están tirando estén mal. Algunas me gustan, a saber:

* Más cupos para el interior, como ocurría con –por ejemplo- los viejos campeonatos nacionales, privilegio al fútbol provincial que, por caso, fue una de las mejores aportantes al cambio revolucionario que imprimió Menotti a la Selección Argentina. Flaco hasta armó una Selección sólo con jugadores del interior -que disputó, sin jugadores de Buenos Aires’s la Copa América del ’75-, que luego aportó varios soldados a la causa en el ’78 (Gallego, Ardiles, Luque, Kempes, Oviedo).

* Para la eliminación de los promedios levantaría, no solamente las dos manos, también mis dos patas. También para que los torneos vuelvan a ser “largos”.

* Un canal de TV para AFA me cierra totalmente, como espacio institucional, como forma de acercarla al público. No veo ni un sólo motivo en contra de esa idea.

* Del mismo modo, que Clarín pierda definitivamente todo contacto con el fútbol argentino es, necesariamente, festejable: vaya casualidad, todas las penurias que hoy arrastran los clubes se inician coincidentemente con el momento en que el Grupo Corneta empieza a meter mano en decisiones de AFA: no nos olvidemos que Grondona era Don Julio y que José María Aguilar, probablemente el mayor exponente/resumen/metáfora del naufragio dirigencial de estos últimos tiempos, era uno de los más protegidos por el periodismo de TyC (de Fantino –que ahora la juega de no sé qué-, por ejemplo, que lo llevaba casi todas las semanas a Mar de Fondo, para que Papada expusiera, allí, toda su florida verba).

* Siempre han habido modificaciones oportunistas, casi ninguna no ha sido en beneficio de alguien importante. De los promedios ya se sabe. Otra fue la de la cantidad de amarillas necesarias para ser suspendido: eran, antes, cuatro; hasta el Apertura ’98, que ganó el Boca de Bianchi (como todos esperaban -todos los pesados, digo- que ocurriera, siendo que tanto la gestión de Macri había sido, hasta ese momento, un altísimo -y costoso- fracaso; cuanto que Boca hacía rato que no ganaba nada). Durante el transcurso de dicho torneo, Boca tenía varios hombres al límite y, de un plumazo, un día se decidió que eran necesarias cinco amarillas para ser suspendido, y se salvaron todos esos que estaban por caer. No necesariamente por ser oportunista el instrumento en sí pasa a ser malo: mala deberíamos considerar, en ese caso, a la Revolución de Mayo, y la verdad que no.

Del mismo modo, Racing Club de Avellaneda existe, hoy, todavía, gracias al poder político que lo salvó allá por 1999/2000 (teléfonos para Chacho Álvarez, Ruckauf y Graciela Fernández Meijide). La cantidad de suplentes se elevó de cinco a siete justamente cuando el Boca de Coco Basile tenía problemas por superpoblación de cracks que no le entraban en el banco de suplentes.

* Pero: CUALQUIER reestructuración de un torneo -que NO NECESARIAMENTE es, de por sí, mala-, conllevará, SIEMPRE, injusticias, bien es cierto, no obstante ello, que estas pueden ser, digamos, morigeradas. Digo: producir semejante cambio para ya, para dentro de un año, no es lógico: debería ser gradual. Dieciséis ascensos, así, de una, es un fenomenal, tremendo despropósito. Por caso, podrían eliminarse este año las promociones, y, en vez de que haya dos descensos directos, que sea uno solito; y que en vez de que los cuatro ascensos sean POSIBLES -porque dos de ellos están, hoy, atados a la Promoción-, pasen a ser SEGUROS.

Podrían determinar que sean seis los ascensos y uno el que baja: de ese modo hasta es muy posible que River suba; y que Boca, Racing y San Lorenzo, sobre todo si eliminan los promedios ya para este año, se queden, y reducen los posibles peligros para grandes (que, igual, grandes para mí son solamente Boca e Independiente, si consideramos que el mote se creó para los equipos que nunca descendieron, pero no quiero entrar en polémicas con esto) a corto y mediano plazo. Así, en un par de año se llega a la cantidad requerida/deseada (de todos modos, treinta y ocho equipos suena a un poco mucho). Implica injusticias, pero menos y no tan graves. No puede ser, asimismo, que esta temporada se juegue por nada. De ninguna manera. Esto es, también, demencial. La forma de presentarlo fue el problema

Acá juega, y muy fuerte, el hecho de que Daniel Vila ciertamente le ha movido el piso a Grondona como pocas veces le ha ocurrido a Don Julio.

Quiero decir que hace rato añoro el retiro tanto de Grondona como del noventa por ciento del Comité Ejecutivo de AFA del manejo del fútbol. Pero, también, que si la alternativa son Vila/Fantino/Pasman/Ruggeri/Anello/Distasio/y Cía., seré el primero en militar la eternidad de Grondona y los suyos en el trono.

Vuelvo: evidentemente, y como nunca, a Grondona se le produjo algún tipo de cimbronazo. Cortó por lo sano (y lo más fácil, no solamente para él): aplica él la idea, y les es más cómodo, esto, a todos los clubes del interior. Lo hacía más vivo a Vila, que le boqueó su idea a un Passarella recién descendido.

Luego, lo de River es relativo: Fútbol Para Todos, desde que el Gobierno, a partir de la Ley de Medios, amplió su intervención, vía AFSCA, en la transmisión de espectáculos deportivos de todo tipo, puede, si lo considera de interés nacional, arreglar mano a mano con Passarella la transmisión sólo de los partidos de River en el Nacional B, y sin que esto traiga mayores problemas que firmar una resolución al efecto.

Más le importa, al Gobierno, sí, que esto le ayuda a darle otro mamporro a otra caja de Clarín. Cosa, reitero, que no tiene nada de malo. Pero, para eso, no necesita “ordenar” –como dice Clarín que hizo- que se arme un mega torneo. Bastaría con “ordenarle” a Don Julio que, como rompió el contrato que AFA tenía con Clarín para la A, rompa el que existe para Nacional B, y más aún: hoy día, en el Nacional B no se permite ingreso de público visitante, lo que conllevaría una tremenda cantidad de público cautivo del Fútbol Para Todos “B” que no tendría otra opción que ver los partidos por la TV público, cosa que en primera división no ocurre.

Clarín chilla por esto último y nada más. El llanto hipócrita de Sergio Lapegue por “el futuro del canal TyC Sports” no convence a nadie: hubieran dicho algo cuando el mundo entero decía que si no se estudiaba periodismo deportivo en la escuela de Niembro –agencia de colocación de TyC, además- no había, casi, futuro laboral posible: situación, esta última, que nos ha significado valores de la talla de Toti Pasman, Martín Liberman, Germán Paolosky, Fernando Carlos, Gustavo López y varios otros que saben mucho de fútbol. No se rían, por favor.

Que sean treinta y ocho equipos, que haya zonas, etc. a mí no me cambia la vida, la verdad. Lo establecido, sólo porque lo está; “lo que se hace en todos los países/lo que fracasó en otros lados” no me resulta un argumento de peso. Discutible.

En fin, por ahora, esto. Veremos más luego, siendo que creo que haber aplazado todo para octubre está destinado a recoger reacciones y definir, en función de ellas, la letra chica del asunto. Veremos. Bueno es que se haya echado luz sobre cuestiones que merecen ser debatidas. Hay ideas piolas: la promoción del fútbol en el interior, cuestión que me tiene casi obsesionado, esta. Es cuestión de darle prolijidad a la cosa. Ojala no quede todo así como está hoy. Porque cambios hacen falta.

miércoles, 27 de julio de 2011

Uruguay enseña (en fútbol)

Uruguay es campeón de América. Paradójico. Porque resulta que es un gran campeón que, al mismo tiempo, no ha hecho nada extraordinario. Así de simple.

Ocurre que, en el contexto actual, que “achata para abajo” (según diagnostican los que determinaron cuál es “el fútbol que le gusta a la gente” –de modo muy antidemocrático, por cierto-), se impone aquel que planifique en función de, básicamente, dos cuestiones: explotar virtudes propias –las que sean, todos la tienen-; desactivar potencialidades ajenas.

Lugano es el ejemplo. ¿Gran central? Sí y no. En el fútbol es (casi) todo relativo. Lugano es un gran central en un equipo que achique espacios hacia atrás –como, por ejemplo, Flaco Schiavi-, que es cuando más vale la capacidad de bancar el roce con el delantero rival; que le evite tener que recorrer muchos metros hacia sus costados, que obligue al rival terminar en el centro –preferentemente cruzado- para que pueda –Lugano- hacer valer su altura.

Milito, en cambio, diametralmente opuesto a Lugano, brilló en el Independiente versión ’02 de Tolo Gallego y –cuando pudo jugar- en los primeros tiempos del Barça de Guardiola: equipos que se defienden con la pelota –tarea para la cual Gaby es muy dúctil-, achicando hacia delante, y que, eventualmente, pueden llegar a tener que cubrir espacios –con equipos, por ofensivos, muy en ataque- grandes, y en retroceso, para lo cual vale como oro su velocidad.

Con todo esto quiero decir que Tabarez hizo algo bastante sencillito: le dio al equipo los movimientos que necesitaban los tipos más importantes que designó –ponele, el 1259, la columna vertebral, tan famosa, de un equipo-, y luego les fue arrimando piezas complementarias, que fueran -también estas- en función de las necesidades de aquellos que, como se dice vulgarmente, “hacen la diferencia”.

Otro ejemplo es que el equipo fue pensado, por Tabárez, para que ataque como mejor les caiga que se haga a Luisito Suárez y Forlán.

Además de todo aquello con lo que machacan –porque es lo más simple de decir, y lo que menos zapping por aburrimiento traerá- los medios: que Tabárez diseñó “un proyecto de largo plazo con las juveniles” (y es cierto, pero cambien la canción a veces, un poco), que corren a full y se matan adentro de la cancha (también es verdad, una corrida –tremenda- de Diego Pérez –crack, también- en el PT, que le posibilitó evitar un corner inexorable, lo demuestra).

El tercer gol resumió todo el concepto de este Uruguay. El de los siete partidos del Mundial y los seis de la Copa América. Cuatro toques ‘justos’; una jugada en la que todos hicieron ‘la justa’.

Uruguay pone un central –Cáceres- de ‘3’ para dejarle el recorrido de cien metros por banda a Alvaro Pereira, mientras del otro lado el costado lo hace el ‘4’ –Maxi Pereira- porque el ‘8’ –‘Tata’ González o Diego Pérez si juegan con tres puntas, como en el Mundial- se cierran a luchar los rebotes con Arevalo Ríos –que de sólo nombrarlo mete miedo-. Eso es lectura quirúrgica del material disponible y de cómo se lo puede exprimir mejor.

Y ahí es donde hay que poner el foco. O, también, en cómo de un saque de lateral o un tiro libre a setenta metros del arco –y de cómo buscan que ocurran una cosa y la otra- te armar flor de despelote: porque, además, te invaden el área con tipo altísimos y que cabecean hasta macetas.

Es juego. Sólo que ya no se trata (solamente) de Tiki-Tiki, lujo y gol. Y es todo –no sólo el Tiki-Tiki, que además deberíamos discutir si eso es ‘la’ belleza, o ‘una’ belleza’- necesario para poder decir que se juega bien al fútbol (y no “a la pelota”).

martes, 26 de julio de 2011

Derrota de Chivo Rossi y sucesión 2015

Con el margen que tiene, por taquillera, Cristina reclama los lugares que puede para sí –la vicegobernación de la provincia de Buenos Aires, por caso; la vicepresidencia, por otro lado, para “inventos” suyos-. En otros lugares, por mucho que se diga lo contrario, se aceptan las dificultades: en Santa Fe se fue a una interna tras la cual el kirchnerismo podría haber ido detrás de Omar Perotti; en Córdoba se aceptó –es cierto que de mala gana, pero se hizo- que el sector de Unión Por Córdoba manda dentro del peronismo (se podría haber apostado a hacer perder a la De La Sota erosionándole voto de base lanzando a, ponele, Accastello o Cantero a una candidatura testimonial a gobernador). Bien.

Resuelta a avanzar de cara a agosto/octubre con su propio caudal –que hasta Poliarquía ha reconocido, no quiero discutir a este respecto- como mascarón de proa, el entusiasmo, el empuje, debe canalizarse a otorgar mayor volumen político al último mandato de Cristina, no tanto en cuanto a cantidad de votos propios, sino a “kirchnerizar” el peronismo y hacerse de hombres propios en lugares conflictivos –el trípode Capital/Santa Fe/Córdoba lo es-: el kirchnerismo no es un proyecto cuya esencia no se limita a administrar, sino que, como bien dijera alguna vez Fede Vázquez, “hincha las pelotas”, con lo cual requiere de otro tipo de acompañamiento, atento las limitantes que al sistema le marcan ciertas estructuras de poder fáctico permanentes de este país: de ahí la lógica que guió la conformación de listas legislativas.

Pero también es cierto que mucho de la gestión venidera se jugará en función del futuro de los que hoy lo tendrían (vale el potencial, Cobos hoy debería estar preparándose para asumir como presidente y no le permitieron ni ser candidato a diputado) a nivel nacional. La discusión por la sucesión de Cristina, porque no sólo será ineludible darla siendo que la hipótesis de reforma constitucional es –y fue y será-, lisa y llanamente, producto de una borrachera: además, hay que comprender que Cristina, porque ella lo quiere así, encarará los que, por el momento al menos, serán sus últimos cuatro años como funcionaria -¿Qué más podría llegar a ser? ¿Gobernadora de la provincia de Buenos Aires, tal vez? Yo no la veo ni retornando al Senado-.

Bien: si ganaba Rossi, el kirchnerismo partía con mucha ventaja a discutir la sucesión al interior del peronismo. Habrían partido, en esa discusión, plantando la bandera del proyecto que ya llevaría doce años en el poder, a mi criterio, aparte de Chivo, Urribarri, Capitanich y Daniel Scioli (sí, Scioli, no quiero sabbatellistas discutiendo la pertenencia sincera del gobernador bonaerense al kirchnerismo, cosa, esa, al respecto de la cual ya hemos machacado mucho acá en Segundas Lecturas). Yo creo que también tendrá ganas –al menos eso- de pelearla Juan Manuel Urtubey, orgánico pero no del riñón como los otros. Muy atrás los veo a Gioja y Alperovich.

De Córdoba están por llegar noticias importantes para este boletín. Nunca saldría de mi boca el deseo de que De La Sota sea derrotado. No solamente porque, aún cuando probablemente no me una a él nada más que el hecho de que ambos damos la misma respuesta a la hora de contestar la pregunta acerca de nuestra referencia política máxima –Juan Domingo Perón, digo-, en definitiva, es un hombre del Justicialismo (de última, tampoco veo a El Hijo de Alfonsín, que se dice progresista, chillar porque su referencia en Córdoba tiene de amistad a Luciano Benjamín Menéndez), sino porque, además, no creo que ni Juez ni Aguad sean –ni vayan a ser- muy distintos a Gallego ideológicamente. Lo cierto es que los hombres a favor de quienes yo apuesto para el futuro al interior del PJ verán su ecuación complicada si gana De La Sota. Eso, simplemente.

Agustín Rossi no ganó, y entonces ni se ha ganado todo el volumen que se pretendía para pasar cuatro años de mayor paz que los anteriores de cara a la relación con determinados enclaves, ni se parte de la abrumadora tranquilidad que sí habría representado contar con un 4 a 2 de propios (habiendo pisado fuerte, con dos de ellos al mando, en provincias “grandes”) en la mesa que necesariamente se vendrá, cerca, antes o después, de 2013 en el peronismo.

Es en este marco, creo, que debe medirse el impacto de las duras derrotas que sufrió el kirchnerismo durante el mes de julio.

lunes, 25 de julio de 2011

Apuntes santafesinos

En Página 12 del domingo Horacio Verbitsky cuenta que en el kirchnerismo nacional, luego de la satisfacción por el acuerdo logrado en el PJ provincial, consideraban que era preferible que el candidato de ese frente no fuera Rossi, el menos apto para pelear voto no enteramente propio. Puede ser, vaya uno a saber, pero la anécdota habla a las claras de lo que es la separación de lógicas entre voto nacional y voto local.

Santa Fe tiene su propia cultura política, muy particular, había que atenerse al proceso de internas: Chivo, kirchnerista pura cepa, ganó, y, efectivamente, vemos ahora, era el que menor acompañamiento ajeno al del propio dentro del frente peronista podía convocar. No sólo no sumó los votos de Perotti y de Lole: tampoco retuvo la mayoría de los que recibió Rafael Bielsa. Pero, insisto, decir esto es, no solamente hablar con el diario del lunes, sino pensar con una lógica totalmente ajena a las que rigen las reglas del juego en Santa Fe.

El kirchnerismo está en camino, tiene de qué alegrarse. (No “todas” las visiones optimistas que hay en la actualidad son malas, ni tampoco “todos” los sectores del oficialismo adolecen de capacidad para separar la paja del trigo, pero hay que matizar, ser prudentes). Se arrancó esta patriada, siendo que siempre se fue minoritario en el trípode Santa Fe-Capital-Córdoba -y más aún lo es (¿era?) al interior de su propio partido en esos lados-, del 9% de Rossi como candidato a diputado nacional en 2009 –producto de que puso, y alguna vez habrá que hacerle un homenaje por aquello, la cara durante “el conflicto del ‘campo’”-. Hoy puede contar una victoria en la interna del PJ –lo destacable de esto es que, luego de haber sido echado de ella, pudo imponer condiciones, a partir del paupérrimo desempeño de 2009, a los vencedores de aquella vez- y buena cantidad de legisladores propios. A partir de eso se puede construir.

A Lole, casi ido, por edad y desperdicio de chances, de carreras electorales a futuro, le queda poco por ofrecer más que el manotazo vengativo que pegó, no sólo al kirchnerismo: también a sus propios hombres (no a todos, vistos los resultados en Legislatura e intendencias), que arreglaron armar dentro del PJ santafesino, con miras a sus propios porvenires, y seguramente sobre la base de esa hipótesis –un Reutemann en retirada-.

Pero la construcción es un camino lento, y que va más allá de solamente pretender replicar los buenos rendimientos que Cristina tiene en La Nación en todas y cada una de las provincias en que se vota –sobre todo si son previas a la votación general- con la sola apelación a que se estará, en la gestión, en consonancia con ella (con CFK, digo). El kirchnerismo, es cierto, está muy enfrascado en grandes debates pero que son visualizados como “nacionales”: cuesta hacer pie a la hora de dar la disputa por los distritos cuya lógica más desconectada de la nación está y que más solitas pueden caminar -por potencialidades propias-. En provincias más “chicas”, donde el kirchnerismo ha reequilibrado las diferencias, en cambio, obtiene grandes resultados: claro que eso es en ineludible detrimento de los grandes distritos, en los que hace sapo rotundamente (ya en ’07).

La victoria de María Eugenia Bielsa –y, más, la obtención de mayoría en ambas cámaras por parte del frente que lidera el kirchnerismo- resume un poco de todo lo dicho, además de hablar de un voto –el de Santa Fe, tanto como dijimos del capitalino, por el espanto que es la boleta única y por el sufragio “cruzado”- complejo, y de la necesidad de profundizar en abordajes nada lineales.

Cristina no necesita nada muy distinto de todo esto que está pasando para competir con fuerza en agosto/octubre. Sí, en cambio, necesitaba de otros resultados en Capital y Santa Fe de cara a la gobernabilidad en el período que hipotéticamente pueda iniciar el 10/12/11; y, más todavía, el kirchnerismo habría necesitado de un Chivo gobernador de cara a la discusión por la sucesión en 2015, pero eso será materia de análisis de otro post que estamos amasando.

Lo que sí, habrá que combatir la construcción de otro clima político –que no es, de entrada, mucho más que eso-, de cara a lo que realmente les interesa a los que lo fogonean (al clima), que es evitar doce años de proyecto transformador, y que no existió en 2007.

Es simplista hablar de fuga de voto peronista hacia Del Sel (no se metan con Perotti), más bien habría que apuntar a que no se ha logrado, todavía, construir discurso y acción en determinados lugares en función de lo que sea necesario presentar como envase, siempre fiel al sentido que a nivel nacional expresa este proyecto, atento a las lógicas particulares de cada lugar.

El socialismo de derecha santafesino y PRO sí comprenden las limitantes de los lugares a los que acotan su capacidad de daño. Y actúan en consecuencia: de allí tanto los éxitos que han obtenido en la ciudad capital del país y en la provincia de Estanislao López, como los posicionamientos que luego adoptan los legisladores nacionales pertenecientes a ambos espacios a nivel nacional, y que hablan de un exclusivo interés por el privilegio de aquellos que sustentan sus hegemonías en sus respectivos terruños, lo cual está muy bien aunque les acote capacidad de trascendencia en sus respectivos despliegues nacionales.

Ya repasamos en posteos previos a esta elección las perspectivas de CFK a nivel nacional, cosa que a esta altura aburre por lo repetitiva. Por otro lado, ayer se cantó que se siente "Macri -y no "otro"- presidente", y esa es una apuesta a 2015, confirmando que, para octubre, Macri también quiere que gane la Presidenta. Para Binner, fue demasiado pírrico, como para apuntar, ahora, más a testimoniar como inicio de algo que se pueda hacerse grande luego que otra cosa.

PRO se limita al desarrollo -importantísimo, sí- de Del Sel, puro personalismo (cero desprecio en esto, prometo). Le queda una base de votos –no de bancas ni intendencias, que ganó pocas y ninguna- para encarar una construcción, pero eso dependerá de cuánta capacidad exhiba de construir entre elecciones, hasta acá su mayor déficit (Macri ha demostrado ser muy hábil para desperdiciar caudal y potencialidad electorales, tanto como para ser enorme material de campaña: exactamente al revés que el kirchnerismo). La apuesta debía ser a ganador, porque ahora cabe dudar de la constancia que pueda demostrar para aceitar su armado a futuro en una elección en la que no ha sumado mucho para sus hombres “por lo bajo”.

El socialismo también salió magullado de la elección, perdiendo votos y bancas. Y por lo demás, respecto a proyecciones varias, cabe remitirse a lo dicho en estos dos posts (1 y 2): de ahí que pretenda reformar la Constitución provincial para licuar el predominio legislativo del peronismo, maniobra que habla de algo que ya se sabía: un partido que se maneja, en el distrito que gobierna, con lógicas no muy distintas a las de “cucos” de la talla de Gildo Insfrán, Hugo Curto o Raúl Otacehé. Ya se sabía, de recorrer el prontuario de Binner (que poco tiene de ese gris que mixtura fanatismo republicano, formalidad y sensibilidad social en un mismo envase -no se ría nadie, por favor- de izquierda) surgía el dato.

No molesta eso, sino la pretensión de vender gato por liebre o de ubicar todos los males en un solo lado, algo no muy distinto al escondido trajín territorial conurbanero de los peronistas PRO en el sur de la CABA, que se exhibe nada en comparación a la sonrisa y dulzura en el habla de la bonita Mariu Vidal, los globos y el baile, en inteligente movida publicitaria.

Todo lo cual habla de un fenómeno eminentemente local, del cual, para lo que se viene de cara al tándem 14/08-23/10, hay para recoger –también hemos hecho mención de esto- que se reafirma esto de que el kirchnerismo es el único movimiento de carácter nacional –no se contará que a El Hijo de Alfonsín lo sacaron, a los insultos y violentamente, del bunker de Bonfatti, de cuya victoria, en un acto de coherencia ideológica, se quiso colgar tanto como hiciera hace dos semanas con el de Macri en la Ciudad de Buenos Aires-.

Entonces, vale cerrar con lo dicho por Chivo Rossi en su muy buen discurso de reconocimiento de derrota: “a partir de mañana, a trabajar para que en las primarias de agosto el triunfo sea para la compañera Cristina Fernández de Kirchner”. Todo lo otro podrá, luego, pensarse, pero sólo a partir de esa ineludible y excluyente premisa.

viernes, 22 de julio de 2011

Santa Fe, con el diario del sábado

Puede que sea, Santa Fe, el distrito más complejo de los que van a elecciones antes de las generales de octubre. Cruzado por múltiples variables.

El candidato del oficialismo, Antonio Bonfatti, escenifica a la perfección lo que representó la fractura del Acuerdo Cívico y Social que existió durante 2009, del cual el gobernante Frente Progresista, Cívico y Social santafesino, que era preexistente y aún le sobrevive, era su metáfora cuasi perfecta. Lo integran, como integraron el extinto reflejo nacional, referentes del actual gobernador de Santa Fe, el conservador Hermes Binner, y también de Elisa Carrió y de El Hijo de Alfonsín. Cada uno puso sus huevos en la canasta de las internas abiertas, prescritas constitucionalmente en la provincia.

No obstante ello, y más allá de que tanto Carrió como El Hijo de Alfonsín ya avisaron que viajarán a buscar colgarse de un hipotético triunfo de Bonfatti, como representante de “la” oposición que es, lo cierto es que se trata de un hombre de Binner –lo hizo triunfar, en la interna, no sólo frente a los candidatos de los otros sectores del frente, sino también superando la interna del propio socialismo-, que es candidato presidencial para octubre, enfrentado, a nivel nacional, con los líderes (bueno, con El Hijo de Alfonsín podemos discutir eso) de los que a nivel provincial aportan a la alianza gobernante. 8,5 % del padrón nacional, Bonfatti es favorito, sus votos, de cara a octubre, aunque mayoritariamente tributarán –claro- a Binner, se dividen entre tres opciones.

Del Sel es apuesta de Macri, que comenzó a dar sus primeros pasos, con esta candidatura y con la del diputado homofóbico y esclavista Alfredo Olmedo en Salta, en el intento de desplegar al PRO a lo largo del territorio nacional en función de la construcción de su propia candidatura presidencial. Apuesta, dado que es difícil penetrar e insertarse, a tipos que crecen por cuerda distinta a la del trabajo territorial, aunque para más luego es siembra en tal sentido. No llegó, finalmente, Macri, y Del Sel quedó sin referencia nacional, más allá de algunos restos duhaldistas que aportan –por ejemplo su candidato a vice- a su candidatura.

Chivo Rossi, finalmente, es el candidato del peronismo santafesino: triunfó, en representación del FPV, en la primaria del PJ provincial tras el acuerdo que hubo entre todos los sectores internos del partido –de tal forma se asumió el FPV- de concurrir juntos a internas y adherir, en octubre, también todos, a la opción presidencial que encabezará Cristina Fernández –en tal sentido, el subcampeón de la interna, Omar Perotti, intendente rafaelino, que ha tenido idas y vueltas con CFK pero también con Reutemann, encabezará la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia en la misma boleta que CFK en octubre-.

Hay que recordar que en el distrito impactó muy fuertemente la crisis que abrió la 125 entre el gobierno nacional y las multinacionales de exportación primaria sin valor agregado. Rossi, detrás de quien se encolumnó, en una postura varias veces ratificada, todo el PJ, fue una de las caras mas visibles durante aquel conflicto, en el que, como correspondía que hiciera como jefe del bloque de diputados de Cristina que es, militó incansablemente la posición del oficialismo nacional, lo que le valió reacciones violentas en su contra y alto descrédito.

De resultas de todo aquello, el kirchnerismo, en las legislativas de 2009, también con Rossi como candidato –a diputado nacional-, obtuvo, al igual que en Capital y Córdoba, los lugares donde más talló la construcción mediática en torno de aquella disputa, un patético 9%. Hoy no hay encuesta que no reconozca que la intención de voto presidencial de CFK en Santa Fe se ubica por encima de la que ostenta Rossi para gobernador, y que, necesariamente, recoge adhesiones de quienes el domingo optarán, localmente, por alternativas al peronismo local.

Situación, la anterior, que también se observa en Capital y Córdoba –menos, por eso allí se dificultó la unidad del peronismo-: el kirchnerismo, en sí, recorrió, en su historia electoral, desde que vio luz en 2003, caminos con suertes muy similares en los tres distritos, tanto en su debut, como en 2005, 2007 y 2009. Para ser elegida presidenta en octubre de 2007, CFK necesitó 35 puntos santafesinos (le ganó, allí, por casi dos puntos a Carrió), su candidato en la elección local ’07 –Rafael Bielsa, que también participó, por el kirchnerismo, de la interna para esta que se viene- había obtenido 42% en septiembre de aquel año.

Lole Reutemann, cuya historia en política se inició de manera similar a la de Del Sel, está muy identificado con el voto del agro –aunque también disputa, en ese espectro, con el oficialismo, que en su momento también se subordinó a los reclamos de las patronales agrarias-.

Se dice que Reutemann labura, por lo bajo, para la candidatura de Del Sel. Cierto es que no declaró a favor de Rossi (y más aún, recordó –es el verbo que corresponde a lo que fue su declaración- que no es kirchnerista sino peronista), el tema es que su carrera política se va extinguiendo, y que su gente avaló el acuerdo para competir con el kirchnerismo en la interna –en la que cayeron mal, y a la que habrán concurrido creyendo que eso era imposible luego del “conflicto del ‘campo’“-, con lo cual hay que ser muy cuidadoso: él tiene un margen de acción mayor al de su gente, cuya suerte está atada, en un sistema electoral híper complejo, a la de Rossi.

Por lo demás, resta, todavía, ver qué nivel de adhesión sigue conservando Reutemann. Seguramente no sea poco, lo que sí es un misterio cuánta capacidad de direccionar voto a favor de otros. La lógica local está bien separada de la nacional en esta provincia, como en las mencionadas Capital y Córdoba, el voto cruzado es fuerte; el eslabonamiento directo, no (menos que en cualquier otro lado).

Todo está por verse. El kirchnerismo, sí o sí, crecerá, porque debe medírselo a partir de lo obtenido en 2009. Pero no solamente por eso, sino porque ha logrado articular –y eso le servirá y mucho en octubre- inserción nuevamente en la provincia a partir de intervenir en la disputa interna del PJ, en la cual logró hacer pata ancha –reitero, siempre a partir de lo que había caído-. Es lo que diferencia al FPV de sus rivales como expresión nacional: que es la única.

El republicanismo institucionalista en PRO

Se ha escrito mucho –y muy bueno y aprovechable, por cierto- al respecto de los por qué del triunfo –rotundo- de Maurizio Macri en el primer turno de las elecciones porteñas, que fue tan abrumador como para decir que ya está dicho que será reelecto. Y es que hay múltiples –y muy diversas entre ellas- causas para explicar una diferencia de tal magnitud, al cabo de cuatro años de (a mi criterio, muy pobre) gestión de un tipo cuyo proyecto político, considerado por fuera de las fronteras en las que tiene despliegue amplio, la CABA, natural, que le cabe por ser oficialismo allí; es bastante minúsculo –dato no menor a la hora de considerar el pretendido eslabonamiento que a nivel nacional pueda tener el comicio porteño-.

Quiero decir, con todo, que existen, de entre todas las mencionadas, dos causas que, a mi criterio, muy poco tuvieron que ver con la poca pelea que se le presentó a Macri: el discurso republicano y de respeto a las instituciones y la forma de selección de los candidatos del FPV por parte de CFK.

El 47,09% de porteños que optaron irreprochablemente hace quince días por el líder de PRO, lo hicieron por un tipo que, por ejemplo, ha batido récords en cuanto a vetos de leyes –mayoritariamente de temática social, muchas de ellas que incluso habían sido acompañadas por su propio bloque en la Legislatura-. Y lo hicieron en detrimento del candidato de la fuerza que, a nivel nacional, está comandada por una presidenta que el 10 de diciembre finalizará su (esperemos que primer) período de gobierno, con el mérito de ser el/la jefe/a de Estado que a menor cantidad de vetos (y DNU) ha acudido desde el retorno de la democracia en 1983.

Asimismo, la que resultó ser electa vicejefa de Gobierno en 2007, renunció a su cargo en 2009 –dos años antes de lo previsto- para disputar la diputación nacional en representación del distrito, con el agregado de que durante su corto período como segunda al mando de la Ciudad incumplió sistemáticamente su obligación –constitucional- de presidir las sesiones de la Legislatura local. Más aún, lo hizo afirmando que, según su interpretación, el sentido del voto que los había depositado a Macri y a ella en sus cargos había tenido que ver con una supuesta autorización popular para faltar a las sesiones legislativas “porque me votaron para que me involucre con la gestión y no con lo legislativo”. De hecho, participaba en las reuniones de Gabinete y reconoció tener áreas “de gestión” –ministerios, secretarías- a su cargo, aún cuando no existe, en los términos de la Constitución de la Ciudad Autónoma, autorización para ello.

Y ya que estoy con Michetti, y en pos de abordar aquello de “el dedazo de Cristina para elegir al candidato en la Ciudad”, hay que hacer notar que, en los días posteriores a la primera vuelta, este planteo se ha refinado –se ve que por lo obvio de que la acusación, siendo que todos los candidatos, incluido el vencedor, fueron consagrados por la misma vía, se tornaba ridícula-. El profeta esclarecido -y ahora ponderado- Alberto Fernández ha dicho que el problema no es que Cristina haya decidido el candidato a dedo, sino que lo hizo luego de una campaña que parecía destinada a una elección interna entre Filmus, Tomada y Boudou.

No olvide, ninguno de los que sostengan esta hipótesis, que cuando aún se trabaja en PRO con la idea de Macri como candidato a presidente, se realizó, también, una compulsa similar a la del FPV entre los que eran los precandidatos hipotéticos a suceder, en Capital, al jefe, que se iba a jugar en las grandes ligas: Gabriela y Horacio (Michetti y Rodríguez Larreta). Ambos se presentaron ante un “grupo de notables” de PRO a “rendir examen”, en especial en aquellos puntos en los que “daban flojo": ella, en gestión dura; él, en lo emocional, puesto que se lo tiene –hombre de empresa, al cabo- por frío, rígido y en extremo estructurado. Y esto podría, incluso, decirse que fue peor a lo del kirchnerismo, puesto que acabó en la nada cuando Macri cambió su nuevo capricho nacional por el viejo capricho local.

Macri se hizo candidato sobre la base de lo que no deja de repetir Durán Barba: “Cristina ya ganó”. Y que, entonces, presentarse para empezar a andar un camino nacional con una derrota ante la Presidenta, siendo que el ecuatoriano dice que en política perder es durísimo siempre, en realidad lo colocaba en una perspectiva peligrosa en la cual, o bien perdía, además de la nacional, el único territorio que gobernaba (porque ni Gaby ni Horacio garantizaban la victoria que él si fue capaz de conseguir –Michetti, cierto que en una legislativa, que es otra cosa, obtuvo como candidata en 2009 quince puntos menos que Macri en 2007-); o bien le surgía una disputa de liderazgo al interior del espacio si alguno de sus hipotéticos sucesores triunfaba y se hacía de la jefatura de Gobierno. Es decir, decidió, básicamente, en función de su propio interés personal.

No seré yo quien critique nada de lo acá expuesto, simplemente estoy haciendo una enumeración, breve, a los fines de demostrar que es el propio relato de la derecha –que se dice republicana y liberal- que ensalza a Macri el que se muerde la cola a sí mismo. No son cuestiones que nos preocupen a los que tenemos otra idea de lo que es el republicanismo institucional y el funcionamiento articulado del Estado y la política, por cierto.

La victoria de Macri fue amplísima, rotunda, incontestable. Yo me he puesto terminantemente en contra de los que repugnaron públicamente de la decisión popular. Y he dicho, además, que el fenómeno de ‘voto cruzado, Macri/CFK’, obliga a pensar más y mejor. Pero no creo que haya que buscar por el lado del institucionalismo hueco, que, a la vista está, no es algo que le preocupe a PRO a la hora de diseñar sus hojas de ruta. Y sin buen diagnóstico, m’ijo…

martes, 19 de julio de 2011

Capítulo 4º (y último, de nuevo antes de tiempo) de la Copa América. Argentina 1 (4) - Uruguay 1 (5). Yo no quiero terminar como terminó Tano Pasman

Yo calculo –no estoy seguro, claro, pero me imagino que es muy probable que así sea- que en Ghana se recuerda como un acontecimiento histórico, heroico, la eliminación de su seleccionado en cuartos de final del Mundial 2010, tras caer frente a Uruguay por penales, luego de igualar 1 a 1 en los ‘120. Y está muy bien que así sea. Aquello fue verdaderamente heroico. Para lo que Ghana representa en el mundo del fútbol.

No corre, lo anterior, para Argentina, que también perdió por penales con Uruguay tras empatar 1 a 1 en los ‘120, también en cuartos… pero de la Copa América. Y, atención, ¡de locales, con las provincias reventando los climas a nuestro favor (Digresión: muy buena la de recorrer el interior del país, quizás lo más rescatable de todo esto)! No valen los eufemismos, la campaña de la Selección fue un fracaso. Rotundo. Injustificable.

Me encanta ver que la prensa hegemónica, luego de haber vendido todo lo que se pudo vender cuando campeaba la ola triunfalista, descubre, ahora, tras una derrota que es de todo menos sorpresiva, todos los males de las estructuras de AFA -que se reflejan en los desempeños del seleccionado-, para vender todo lo que se pueda vender para alimentar la nueva ola, derrotista. Allá ellos.

Son tan lamentables como el proceso de declive de AFA, ese que “descubrieron” en 2009, luego de que la televisación del fútbol pasó a manos estatales, momento hasta la llegada del cual Grondona era considerado algo así como una mezcla entre un piola bárbaro y un sabio.

A mí la cabeza me hizo click luego de la caída –también catastrófica, a mi criterio- en la final de la Copa anterior, ante un Brasil B, por 3 a 0. Aquella vez, al menos al resto de los rivales que se enfrentaron hasta llegar a la final se les ganó, sí que mostrando –a pesar de la historia que se quiere contar- poquito.

Comenzamos sufriendo para afrontar duelos con las potencias europeas. Luego nos empardaron los equipos de segundo orden del viejo continente. Ahora la cosa ha llegado a teñirse de gravedad ante los rivales que enfrentaremos en las Eliminatorias de cara a Brasil 2014: Argentina, excepción hecha de la victoria frente al Sub-22 de Costa Rica, no le pudo ganar a ninguno de sus rivales. Ojala que se pueda clasificar al Mundial: tampoco nadie creía que River pudiera llegar a descender.

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Frente a Uruguay se condensó, en punto a juego, todo lo que preanunciamos en los análisis de capítulos anteriores (a, b y c), a los que conviene remitirse a los fines de ser breves y no repetitivos, más allá del punteo que sí puede efectuarse a modo de resumen:

1) Un equipo que lastimó al rival exclusivamente a partir de lo que pudo hacer Messi, que esta vez estuvo poco ayudado por Gago que estaba demasiado ocupado en la batalla que, lógicamente, planteó Uruguay en el medio (ídem para Di María, que por otro lado estuvo bastante morfón). Higuaín se ganó un lugar, al menos que no se discuta su inclusión entre los 23: buen repertorio de piques al vacío, oferta de recepción, despliegue, fallas –también, sí, varias- con la pelota en los pies, gol de goleador de excelencia. Agüero esta vez apagado: puede pasar.

2) Una defensa patética, de rendimiento catastrófico. Los adjetivos no sobran, en este caso caben todos juntos. No hay forma de explicar que hayan cometido, entre los dos centrales, ¡treinta! foules de espaldas al arco –regla básica: no hacer eso-. Y mucho menos, de que Uruguay haya ganado en absolutamente todos los centros que hizo caer a nuestra área.

3) Mascherano se fue de la Copa como tenía que ser para los defectos que le marqué en el post anterior que venía teniendo. Desubicado, llegó tarde, pegó y afuera. Híper esperable. Luce desgastado en la Selección, incompleto para su función (que no es la que ocupa en su club, en Europa los mediocentro –así les llaman- son de recorrido mucho más largo y con mayor cantidad de responsabilidades a cargo).

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Tampoco es que Uruguay haya hecho cosas extraordinarias. Pero sí sabían el qué y el cómo, por ende todo les salía más natural que a los nuestros, que invariablemente quedaron a la espera de ver qué podían improvisar cuando se cruzaba la mitad de cancha. Así se complica todo mucho más. Las posibilidades de ataque son inagotables, pero, también, defender siempre será una tarea más sencilla, de ahí la necesidad de darle rodaje a las pautas a partir de las cuales se encara el abordaje del rival, según enseña Marcelo Bielsa. A Messi hay que ayudarlo, no puede ser que él sea el pasador pero que nadie lo habilite, ¡nunca en toda la Copa!, cara a cara con el arquero rival.

¿Qué tanto tiene Uruguay? Un chasis que rodea bien a los dos tanques de arriba. Les tiran la pelota a ellos que aguantan de espaldas al arco. Generan faltas y son fuertes para el juego aéreo. Eso, más lo que después pueda surgir en combinaciones cuando el bloque, compacto, de ocho jugadores que hay por detrás de la dupla Suárez-Forlán se suman, acompañan para combinar. Bueno, eso, mínimo y simplón como parece, es mucho más de lo que puede ofrecer Argentina, hoy por hoy. Y se notó. Argentina llegó más, Uruguay llegó mejor. Para no abundar en cómo defienden los del Maestro. Por piedad (¡pobre Messi, frente al escalonamiento!).

Valga Uruguay como ejemplo de las cosas que faltan: acá muchos se han sorprendido por la exclusión de Santiago Silva del plantel charrúa por parte de Tabarez. El delantero suplente es Abreu. En Argentina, durante mucho tiempo, compartieron plantel Batistuta y Crespo. Abreu, aparte de lo que –según reconocen los propios integrantes del cuerpo técnico oriental- aporta en términos de convivencia al plantel, tiene un valor agregado: entrará en caso de emergencia o de mucha comodidad. Suárez y Forlán son titulares con mayúsculas. Saben que no salen. Distinta sería la presión de tener a un tipo de la talla y la actualidad de Silva en el banco. Cuando Batistuta y Crespo convivieron, cuando uno de los dos fue titular con el otro esperando en el banco, sus rendimientos decrecieron. Cuando por alguna razón, la que fuese, uno de ellos no era convocado, era cuando lograban sus mejores performances.

Cualquier similitud con el manejo del affaire Tevez por parte de Batista no es mera coincidencia. Nada como la fidelidad a la propia idea, cualquiera esa sea, garantiza el éxito. No hay recetas únicas. Brasil llevó en 2002 al olvidado Luizao como relevo de Ronaldo. Francia a Henry, Trezeguet, Dugarry y al titular, Guivarc’h (todos de primera línea) para el título del ’98. Pero para el manejo de un plantel es mala señal lo que ocurrió con las idas y vuelta respecto a Tevez.

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Resulta trillado, a esta altura, insistir en que debe delinearse un plan, una estrategia de largo plazo. Lo acertado de esta sugerencia está confirmado por el camino evolutivo de Uruguay, en todas sus categorías, tras largos períodos de fracasos; o de Venezuela, que arrancó en 1999 con Pato Pastoriza a cambiar la cabeza de su fútbol. Otra no queda. Definir un estilo, cualquiera que sea, y arrancar con esa guía a armar todo ya desde el baby fútbol. Que las juveniles jueguen con el mismo esquema que la mayor, por ejemplo, es algo que no se entiende que no ocurra ya. Que Bilardo y Batista convivan en una misma estructura a pesar de las inmensas distancias ideológicas que los separan, es un despropósito, ya desde que resulta incomprensible la presencia de un director de selecciones… que no elige los DT de las selecciones. Pekerman sí fue el que eligió a Bielsa en la primera experiencia de esta estructura.

No me quiero repetir, ya mucho dije sobre esto, que, reitero, no me sorprende, muchas veces, antes y después de cada una de las últimas frustraciones. Creo, por caso, que los ciclos de Burdisso, Milito, Zanetti, Tevez, quizás Mascherano, están agotados. Pero también creo, como dije cuando despidieron a D10s, que los cambios de figuritas no mejoran, per se, nada.

Brasil estuvo 24 años sin ganar mundiales, desde que en México ’70 dijo “adiós” Pelé. Argentina ya superó esa marca. Pero Diego no se retiró tras ese último título, sino ocho años más tarde, en el tristemente célebre partido ante Nigeria en EEUU ’94. Ergo, la meta será, no Brasil 2014, sino Rusia 2018. Manos a la obra, tiro yo una: empiecen por probar pibes atrás.

sábado, 16 de julio de 2011

¡Arriba esos corazones, chiquis!

Existe cierto consenso -¡aleluya!- en que pueden (y, no se por qué esto, pero hasta que "deben") ser divididas en dos packs distintos la serie de elecciones locales que se han venido sucediendo en el país desde que se eligiera gobernador en Catamarca el pasado 13 de marzo, y que culminarán, exactamente siete días antes del voto en las primarias nacionales, con el voto de Córdoba el 7 de agosto venidero.

Así las cosas, y hasta el notable desempeño de Maurizio Macri en las elecciones porteñas del pasado 10 de julio, que le permitió ingresar al balotaje -que se realizará el 31 de julio venidero- con más 47% de los votos, en el que se enfrentará al senador nacional y candidato del kirchnerismo, Daniel Filmus -que obtuvo cerca del 28% de los sufragios-, habían votado otros siete distritos que, sumados, representan el 9% del electorado nacional. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por su parte, representa, ella solita su alma, casi lo mismo: 8% del total del padrón nacional.

En los siete primeros capítulos, pertenecientes a provincias “chicas”, triunfaron, a saber:

- O bien candidatos del riñón kirchnerista (Corpacci, en Catamarca, con más del 49,5% de los votos; Beder Herrera, en La Rioja, con alrededor del 67%; Maurice Closs, en Misiones, con algo más del 75%);

- O bien aliados estables y jugados del oficialismo nacional (Jorge Sapag, del Movimiento Popular Neuquino –quien expresó, textualmente, que trabajaría “a favor de la reelección de la presidenta de la Nación”-, con el 48,5% de los votos; y Fabiana Ríos, del Partido Social Patagónico, en Tierra del Fuego, quien dio vuelta en el balotaje a la candidata del FPV, Rosana Bertone –que la había derrotado en primera vuelta con un 46,73% contra el 38,82% de la actual gobernadora-);

- O bien un hombre de la orgánica del PJ que, aún cuando no puede ser calificado -en jerga massmediática actual- como “kirchnerista puro”, sí está comprometido con el liderazgo que, dentro del peronismo, y a nivel nacional, ejerce Cristina Fernández, y que, con eso, por supuesto que ha adelantado su voto a favor de la opción reeleccionista que la actual primera mandataria encabezará en octubre (el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, que fue reelecto en su provincia con el 59,57% de los sufragios).

En Chubut, que es la elección que resta en el detalle del párrafo anterior, ocurrió algo distinto: no hubo la unidad del PJ que si se dio, por ejemplo, en Catamarca –o en Santa Fe, que aún no fue a las urnas-, y fueron a dirimir la gobernación el delfín del actual gobernador Das Neves –líder del PJ Chubut, pero que luego de haber sido uno de los más enfáticos militantes kirchneristas, desde 2009 decidió manifestarse hostilmente para con la conducción nacional-, Martín Buzzi; y el espacio del FPV por fuera del PJ orgánico (sustentado en candidaturas fuertes a la gobernación –Carlos Eliceche- y a las intendencias más importantes –Néstor Di Pierro, Norberto Yahuar-).

Fue la única elección que estuvo desastrosamente organizada, lo cual arrojó un escrutinio híper dudoso que, recuentos, reyertas y decisiones judiciales a su respecto mediante, terminó por definirse -aunque sin por eso despejar todas las dudas que la rodearon- el día 19 de mayo (es decir, dos meses después de su "primer capítulo"), en unas complementarias que ordenó el tribunal electoral chubutense (a raíz de las incontestables diferencias que se encontraron entre el primer recuento, oficial, y el ordenado a posteriori por el Poder Judicial de la provincia), al cabo de las cuales se aceptó que el ganador final resultó ser el candidato del oficialismo local, pero por el ridículo margen de 0,15% -40,43% a 40,28%-.

Ello no obstante, la victoria, pírrica, de su candidato, dejó herida la imagen de Mario Das Neves, quien quedó marcado como único responsable del desastroso proceso eleccionario que tuvo lugar bajo su administración, y decidió aceptar la candidatura a vicepresidente de la Nación que le ofreció Eduardo Duhalde para competir por fuera del PJ orgánico en octubre. De resultas de ello, el electo gobernador Buzzi decidió romper con el liderazgo dasnevista en Chubut y manifestó que trabajaría, a nivel nacional, por la opción que decidiese el PJ oficial, que es la de CFK.

Es decir que, a (casi) similares niveles de representatividad de los valores locales a escala nacional, del 9% del padrón nacional que primeramente concurrió a las urnas, Cristina recoge apoyo de opciones locales (porque, aparte de las mencionadas triunfantes, hubo, salvo en Catamarca y Chubut, otras opciones kirchneristas, a saber: Wayar, en Salta; Maza Y Lucero –de Nuevo Encuentro-, en La Rioja; Farizano-Parrilli, en Neuquén; Viana, en Misiones; las mencionadas Fabiana Ríos y Rosana Bertone más Adrián Fernández y José Martínez –también de Sabbatella-, en Tierra del Fuego) por un valor cercano al ¡70% de los votos!, concentrados, in totum, en el compromiso con su candidatura de cara a las PASO en agosto y las generales en octubre; en tanto, si bien en Ciudad de Buenos Aires dichos valores se invierten en contra de la opción Cristina, lo cierto es que a nivel nacional no tienen referencia clara y única ni definida.

Y aún el triunfante jefe de Gobierno -que acaparó más de la mitad de ese porcentaje no kirchnerista- y varios de sus hombres han declarado que “la gente nos cuenta que nos votará a nosotros ahora y luego a la Presidenta en octubre”, lo cual ha tenido como consecuencia un descenso en los niveles de hostilidad de Macri para con el kirchnerismo y una prudente prescindencia en la pelea nacional ante la perspectiva de tener que compartir otros cuatro años con… Cristina). Conviene recordar que en 2007, previo a las elecciones nacionales en las que triunfó CFK, sus candidatos perdieron, en elecciones anticipadas, y por amplio márgen, tanto en Capital como en Santa Fe, y en Córdoba no pudo sacar provecho del triunfo pírrico de Juan Schiaretti. De modo que es un escenario, el que se avecina, ya explorado -con éxito- por el kirchnerismo, aunque, es cierto, con el detalle a marcar de que en '07 la cadena de medios no estaba, mayoritariamente, en su contra como sí ocurre en la actualidad.

Debemos tener en cuenta que las lógicas locales no pueden ser trasladadas y copiadas textualmente a lo que será la dinámica de las presidenciales; que, en efecto, los referentes PRO no mienten, pues existe una importantísima manifestación de voto cruzado “Macri jefe de Gobierno / Cristina presidenta”.

Al respecto, el mismísimo diario Clarín -en su edición del día viernes 15 de julio-, el más furioso opositor que tiene el kirchnerismo en la actualidad, publica una encuesta realizada por asesores de la UCR que asignan a Cristina, en Capital, una intención de voto de 39,4% –con Alfonsín secundándola, a casi 17 puntos de distancia, con un 22%: cabe recordar, a este respecto, que para su rotundo holgado triunfo de 2007 Cristina necesitó de un acompañamiento similar al que hoy dice contar Alfonsín, un 23,77%-).

Del mismo modo, la –también opositora al FPV- encuestadora Poliarquía, que es la que más se acercó en la predicción de la magnitud del triunfo de Maurizio Macri en el primer round capitalino, ha dado a conocer, en la última semana, un sondeo que realizaron en la provincia de Buenos Aires (que aporta 40 de cada 100 votos nacionales), que asigna al candidato kirchnerista a la gobernación, Daniel Scioli, una intención de voto del 53% frente a un lejano 20% del binomio radical Francisco De Narváez-Mónica López que vienen corriendo de atrás en segundo término. Hay que tener en cuenta que la UCR acudió a la candidatura del diputado colombiano en la provincia de Buenos Aires a los fines de no salir a disputar la nacional con malos guarismos en el distrito que representa casi la mitad del padrón nacional.

No se conoce que hayan medido la intención de voto de Cristina en dicho distrito, pero cabe dudar de que el corte de boleta pueda llegar a ser de una magnitud tal como para que la actual mandataria no salga airosa de una provincia de la cual le bastó, para ser consagrada en 2007, recoger casi calcada la cifra que obtuvo en el total del país: apenas décimas más, 45,91% local a 45,29% nacional. Ocho puntos de corte en detrimento de la jefa del peronismo nacional, suena quimérico, a primera vista al menos, y teniendo en cuenta el creciente nivel de alineamiento para con la ella –y, algo muy importante, también para con la estrategia de construcción política que ha adoptado- que deja ver Scioli.

Dos cuestiones muy importantes son que, salvo en Catamarca, son los oficialismos de cada lugar los que triunfan, manifestación conservadora no proclive a los cambios de color político, hecho que, a nivel nacional, significaría en la continuidad de CFK al frente del gobierno, por un lado; y un enorme repunte por parte del FPV respecto de 2009, que es el dato con el que deben compararse los desempeños actuales –elección legislativa pero jugada en clave de puesta en cuestión de la continuidad del ejecutivo nacional a posteriori de dicha compulsa-, comparación que resulta en un repunte de casi veinte puntos nacionales (promediados ambos packs), por parte del kirchnerismo.

Además, el dato saliente de las distintas elecciones provinciales que se han venido desarrollando a lo largo del año, es que en ninguna de ellas han tenido competitividad los candidatos que se identifican en cualquiera de las opciones presidenciales alternativas al kirchnerismo que pugnarán en octubre, con todo lo que ello implica en cuanto a “laburar” en los distintos distritos, antes y después del acto eleccionario, la candidatura del referente nacional de un espacio, cualquiera ese sea.

Dato no menor, este último, siendo que el único distrito en que la lógica de tracción territorial pierde peso es, justamente –aunque no totalmente, no en el sector sur del distrito, por caso-, la única que no ha optado por opciones no kirchneristas, que necesitarían, para que pudiera ser empardada la desventajas que el sector anti oficialista exhibe en el primer pack, ser encolumnadas, indefectibles, a favor de una sola de las varias oposiciones al FPV nacional: me permito dudar al respecto.

Habida cuenta de lo expuesto, ni se entiende de qué manera podría generarse algún tipo de cambio de clima de cara a las generales de agosto sólo porque al FPV le vaya mal en tres distritos de buen peso electoral, ni tampoco el creciente nivel de estúpido y agresivo nerviosismo que manifiestan algunos adherentes a la opción CFK 2011.

(Datos electorales obtenidos de http://www.towsa.com/andy/totalpais/index.html)

viernes, 15 de julio de 2011

Sobre el asco

Yo no estoy de acuerdo con lo que dijo Fito Paez. Banco, sí, que los artistas decidan entrar a la jungla, a aportar a un proyecto. Ahora bien, los artistas tienen que comprender que si quieren participar del debate político, no pueden, simplemente, dejarse llevar por "lo que sienten". Hay que aprender a ver la correlación de fuerzas, porque puede pasar, sí, que "ellos" puedan putearnos a nosotros, pero no nosotros a "ellos". Y hay que bancársela. Si no, no se ayuda, y se juega a la política, en vez de hacer política. Hay que medirse y, sobre todo, ser reflexivos. La política es así. Por otro lado, es un ataque, el de Fito, al voto, a la elección democrática. Y esa es una marca imborrable sólo de “ellos”. Que saben -y mucho- de hacerse la paja con la crítica a las decisiones democráticas de los sectores populares.

No hace falta irse al fondo de la historia -con Sammartino, Sábato, Borges o Cortazar, por ejemplo- para buscar expresiones de desprecio contra “los nuestros”. En los últimos tiempos, justamente el tipo cuyo triunfo fue injustamente denostado por Fito, Macri, apoyó, en Salta, la candidatura a gobernador de un tipo como Alfredo Olmedo, quien en su cortísima trayectoria en la gran escena ha sabido de irse al pasto mucho peor que Fito Páez –y, dato que no me parece menor, no contra una mayoría como lo es la que optó por Macri en la primera vuelta porteña, sino contra una minoría sexual-. En los últimos días, Pepe Eliaschev tildó a la Presidenta de la nación de “mocosa de la JP” por algo tan personal e inocuo como su estilo de twitteo; y Pablo Sirven deslizó, también por Twitter, nada menos que Cristina dijo que va a ser abuela “para tapar” el lío que se armó con las declaraciones de Fito.

Y tenemos, sin repetir y sin soplar, y a vuelo de pájaro, además: Mirtha Legrand diciendo que Néstor no estaba dentro del féretro durante su velorio / Susana Giménez calificando de “estupidez” a los DDHH y pidiendo el Estado de sitio / Alfredo Leuco mintiendo una amenaza de muerte que no existió de parte de Lucas Carrasco / De Narváez contando que, supuestamente, “la gente” lo paraba por la calle para agradecerle por –textual- “haberles roto el culo a los pingüinos” o elaborando una teoría de muy buen gusto como que “Kirchner prefirió morirse antes de perder otra elección” / Carrió “revelando” que las exequias de Néstor fueron organizadas por Fuerza Bruta –luego la embarró en el programa de Gerardo Rozín, pidiendo unas disculpas raras, medio que pour la galerie, sin arrepentirse profundamente, que es como todo perdón debería correr, al menos si yo conozco algo de la fe católica que ella dice profesar, sí que muy particularmente por lo que se observa-, tildando a la Presidenta de farsante por llevar luto por la muerte del compañero de toda su vida y confesando que duerme “más tranquila desde que este hombre –por Kirchner lo dice- murió” / Pino Solanas desestimando como “de baja calidad” el voto de las provincias pobres del norte argentino / Ernesto Sanz hablando de una imaginaria canaleta del juego y la droga / Biolcatti y Mariano Grondona riendose acerca de la posibilidad de que la Presidenta de la República pudiera, por alguna razón, no finalizar su mandato en tiempo y formas constitucionales.

Y todo esto para no entrar a recordar que, acá, todos aquellos que ahora saltan escandalizados, aplaudieron hace nada, meses, a un tipo como Mario Vargas Llosa que dijo cosas -por lo menos- similares a las que dijo ahora Fito, en contra del pueblo peronista y kirchnerista, y también de sus propios compatriotas –asimilando a los candidatos Humala y Fujimori, al sida y el cáncer-. Y cuando se le hizo el mismo señalamiento que, con toda justicia, se le hace hoy a Fito Páez, de aquel lado se saltó con una ridícula hipótesis de intento de censura.

De todas maneras, no quiero caer en eso de “si ustedes lo hacen, yo puedo hacerlo también”. No, no es eso. Pero, así como yo el año pasado critiqué a Hebe cuando se fue de boca contra la Corte Suprema y los Tribunales –por las mismas razones que lo hago hoy y que están expresadas en el primer párrafo del presente-, vuelvo a hacerlo ahora con la tranquilidad de conciencia de no tener, a diferencia del 99% de los que sobreactúan su falsa indignación, ninguna desubicación del tipo de las que recorrí párrafos arriba en mi legajo. Pienso que no me da asco el voto de los porteños del otro día, sino tristeza el saber que mucho del voto del sur, por ejemplo, lo regalo –y pelotudamente- el sector por el que me siento representado políticamente. Pienso en que habrá muchos de entre el bendito 47,08% que obtuvo Maurizio que pueden –lo dicen los mismos chicos PRO- votar lo mismo que yo en octubre, y no puedo evitar concluir en que Páez incurre en un razonamiento irreflexivo. Con el voto, no, Fito. Justo con el voto, no. Esa manifestación “cruzada” nos habla de una particularidad social que nos obliga a pensar y ser mejores. A repensar –incluso, hasta de Durán Barba, si es necesario- en vez de hacer berrinche.

Por lo demás, no creo que merezca más que un fuerte tirón de orejas por lo que ha dicho. La operación existe y es evidente, y mucho tiene que ver en esto aquello de “darle pasto a las bestias”. Por eso hablé de no caer en jugar a la política. SI Fito quiere ayudar, y muy bienvenido que es que lo haga, y esto va para todos los que provengan de ese palo, deberán aprender. En esta, así, van mal. Y tiran en contra de lo que yo creo que sinceramente desean.

Así como hay que ser riguroso con lo equivocada de una participación desafortunada (no quiero usar la palabra repudio, me suena igual de fuerte que la palabra asco) de un artista en el debate político, hay que serlo con los que operan: esto no es una crítica del kirchnerismo a los porteños. Lo es de alguien que simpatiza con el kirchnerismo. Son dos cosas distintas. A mí no me hicieron falta las expresiones burlonas del asesor PRO Alejandro Rozitchner para con el pueblo chino o de Abel Posse contra medio mundo para marcar los rasgos xenófobos del casi –y en muy buena ley- re electo jefe de Gobierno porteño: me la sirvió en bandeja él mismo cuando se refirió despectivamente a los hermanos sudamericanos que vienen a trabajar a nuestra patria.

Bueno, de esos, en el kirchnerismo no ha habido ni uno. Miento. En realidad sí lo hubo: Alberto Fernández sí descalificó a los porteños por “votar como una isla”, según la definición del ahora sabio sabedor de todas de la política que huyó ante el primer viento en contra que le sopló al proyecto -que aparece siempre a “cantar la justa” en las patinadas, convocado hipócritamente por los mismos que supieron de repudiarlo duramente mientras fue jefe de Gabinete-, porque Cristina perdió, en 2007, las presidenciales en Capital –y él, como responsable del armado porteño que era por entonces, es culpable de esa derrota, así como de la anterior de Filmus, de la de Rafael Bielsa en 2005 y de, por caso, apostar increíblemente por Luis Juez en Córdoba para gobernador, en vez de por Juan Schiaretti, factura que todavía estamos pagando, como para que ahora venga, Alberto, a querer venir acá a posar de sensato y “yo les dije”: humildad, querido, un poquito, por favor.

Agitar el miedo, el fascismo, la atribución de los dichos de un admirador a los admirados, en fin, instrumentar en función de la obtención de un provecho político, confirma lo que sus fojas de servicios, desprolijamente repasadas con sobrados pero dispersos ejemplos de volcadas peores que las de Fito –porque vienen, no todas pero sí muchas de ellas, de parte de tipos que las vivieron mucho más lungas en política o que, directamente, son dirigentes-, tímidamente preanuncian: que les importan un bledo los valores democráticos cuando las expresiones de irrespeto van dirigidas a quienes consideran sus enemigos de clase.

Hay que criticar una expresión política no acorde, tanto como hay que marcar que las observaciones a esa metida de pata poco tienen de apropiadas: digo, acá poco importa dónde vive el cantautor y compositor rosarino, si son o no muy caras las entradas para sus recitales y cosas por el estilo. Si todas esas cosas fueran exactamente ciento ochenta grados al revés de lo que lo son, igual merecerían mis reproches las expresiones de Fito. No perdamos el punto.

Ahora, ya que estamos en la onda de firmar Moncloas, “con cuatro o cinco cositas en las que estemos todos de acuerdo”, les propongo yo una: no se habla nunca más de la calidad del voto. Pero de nadie: ni por asco y/o falta de swing, ni choris y/o vinos, ni legitimidades segmentadas. Las decisiones soberanas no se tocan, no serán objeto de descalificación. Ninguna: nunca más.

Yo firmo. No me quita el sueño porque, reitero, nunca lo he hecho. ¿Se bancan sumarse a mi propuesta? Espero respuestas.

PD: ¡Filmus! ¡Tomada! ¡Recorran las puebladas! (Y déjense de romper las pelotas de dar vueltas con los debates, por favor, que hoy el compañero Jaime revela que también los engrampó con esa. No me deben nada por reiterarles algo que ya desoyeron en primera vuelta, con los consabidos pésimos y tristes resultados)

miércoles, 13 de julio de 2011

Capítulo 3º de la Copa América. Argentina 3 - Costa Rica 0. Bien, pero hasta ahí nomás...

Sólo para cumplir, porque el rival –cuasi amateur, además de jerárquicamente inferior- no es medida, digo algo. Obstinado, claro, como siempre, en alejarse -al menos un tantito- de las espumas y la efervescencia. Bastó, para ganar y mejorar en juego (porque, es cierto, también se puede ganar dando asco y no fue este el caso) que:

a) Dos tipos –Gago y Di María- se decidieran a interpretar un libreto que, de tan básico que es, da hasta vergüenza citarlo en una nota sobre fútbol –esto sería, tocar e ir a buscar la devolución-, para que Messi pudiera tener, no solamente con quienes dialogar esa partitura –a la que habría que sumar a Agüero: una debilidad de Messi, por otro lado- y libertad para pararse allí dónde hace daño –a escasos metros del área, por todo el frente de ataque según el caso- porque los mentados Gago y Di María se encargaron de que no fuese necesaria su presencia más atrás: además, el juego le llegó más “sano”.

Y no es un decir y nada más, eso: "La cadena de pases sigue siempre una lógica racional, nunca se pasa por pasar sino que cada transmisión del balón, de un compañero a otro, lleva intrínseca la posibilidad de desarticular el engranaje defensivo, o de forma inminente o en futuras maniobras". Esa frase se la robo
-de una columna que escribió para Cancha Llena- a JPVarsky, quien a su vez la tomó prestada de Oscar Cano Moreno, autor del libro El modelo de juego del FC Barcelona.

Cuando se invoque, de acá en más, aquello de que “ningún crack juega ni gana sólo”, habrá que volver, siempre, a la frase de Moreno para nutrir a la sentencia de fundamento. Messi, receptando juego “sano”, lo que recibe es un llamado a participar de un circuito que no depende en su totalidad de su inventiva para tritura a los adversarios, que a menudo encontrará de los cerraditos atrás. Es el juego de pases, más que la apelación única a la gambeta del crack, el que lo permite, además de desarticular los cerrojos rivales, que la magia sea efectiva, productiva.

Su inventiva es infinita, pero siempre dentro de los límites de un juego de equipo, que requiere de su talento individual, no siempre, sino en una situación concreta, para superar un obstáculo particular en el momento específico que lo demande; y en el que “siempre será más fácil destruir que construir”, según diagnostica Marcelo Alberto Bielsa (todos de pie, ¡Amen! Pueden volver a tomar asiento).

b) ¡Vamos las bandas! Zabaleta estuvo siempre, pero siempre, a la altura de Gago-Mascherano para apoyar la salida y oxigenar la escalada en campo adversario. Del otro lado, hubo el ya citado ingreso de Di María al once inicial. El juego, este, es como un acordeón: necesita abrirse y cerrarse para ser armónico. Continuamente. No se debe encerrarse en ir excesivamente por el centro, pero tampoco solamente por los costados. Zanetti apareció más sorpresa, por atrás, cuando al que cargaba el juego estaba atorado cerca del vértice zurdo del área, pero el perfil no lo ayuda.

Lo fundamental, fue, por esto de la magia de la movilidad en un juego de patrón de acción indefinido, tener mediocampistas perforando los costados, cuando –si uno se atenía a lo que marcaba la canchita en la que la TV muestra como va a formar cada equipo- en realidad no los había.

c) Con Agüero e Higuaín hubo más peso ofensivo. Sencillo. Con esto también se liberó a Messi de cargas. Pero Lío aportó lo suyo asumiendo que quizás le toca participar de un mecanismo en un momento en el que todavía restará un paso más antes del último, y que no dará –más que a menudo- la puntada final. Tanto Kun como Pipita ofrecieron un juego de despliegue –veloz- en ataque, piques a la espalda de los defensores para ofrecer alternativas de descarga, cruces entre sí y apoyo –de espaldas- al circuito de pases. Patearon más al arco, aparte.

Por último, hay luces amarillas. Milito no se asienta, está desconocido, lejos del central veloz y capo del anticipo que se conoce; Mascherano desubicado, mal, dejando siempre franjas por el centro desde las que el rival puede edificar; los desajustes defensivos –errores básicos como cierres a espaldas de los centrales, coordinación entre zagueros para definir cuál de los dos sale y cuál espera, coberturas a los del medio, anticipo, juego aéreo- son alarmantes y persisten.

Si aparecieron fallas aún contra un equipo de quinto orden como lo fue el rival del día lunes pasado –es una vergüenza haber tenido que esperar a la última fecha de un torneo que se organiza para clasificarse-, no hay lugar, todavía, para hacer a un lado a ninguna de las (preocupantes) cuestiones marcadas acerca de las dos primeras presentaciones. Aún cuando, es cierto, se mejoró.

martes, 12 de julio de 2011

Apuntes porteños

Bueno, ya está. Macri superó todos los pronósticos, incluso los más favorables (a él), y tiene asegurado el trámite en segunda vuelta. No hay forma de darlo vuelta. Ninguna. Con la tranquilidad de ya haberlo dicho, insisto, la campaña fue paupérrima, enroscados en una estéril discusión sobre “el debate”, que respondía a una lógica en la que PRO se mueve muy cómodo: no le reportó, al Frente Para la Victoria, ningún beneficio haber subrayado en la ausencia de Macri en cualquier debate que no fuese el de TN o en que lo sponsorea Clarín. Ninguno.

Bien. A ver si se entiende de tanto repetirlo: Cristina puede tener altísima intención de voto en un distrito, pero eso no implica (no determinantemente, al menos) la replica de ello en su candidato en el distrito. La campaña en la Ciudad, encarada sobre la base de que se partía de la primacía de Cristina para la presidencial de octubre en el distrito -y por lo tanto en un entusiasmo que, ahora se revela, era desmedido-, en vez del 10% obtenido allí en 2009, eso articulado con el 23% de 2007 –tanto de Filmus en su primer intento, como CFK en el suyo- y el desgaste del “efecto ‘campo’” –que en Capital se sintió, mal-, impide capitalizar los avances, que los hay, sí que módicos por, reitero, la pésima campaña.

Me gusta, de lo muchísimo que leí, una línea argumental que creo advertir que existe entre lo que escribieron
Ezequiel Meler, ayer en su blog; y Mario Wainfeld y Julio Burdman, hoy, en P12 y Perfil, respectivamente. El distrito porteño es complejo y más que multidimensional (supongo que se dice así, el procesador no corrige): ergo, imposible de ser abordado por lógicas binarias del tipo “Estado vs. Mercado” o “Derecha vs. Izquierda” a las que somos, las más de las veces, tan afectos. Con matices, creo ver, en tramos de todos los escritos apuntados, una critica, por no atender ese aspecto, al kirchnerismo.

El PRO, con un laburo territorial en el sur tipo peronismo del conurbano que es bien maquillado (Ritondo); capitalizando cierta simplificación de su figura que hacemos, que impide abordar sus puntos débiles acabadamente; y abarcando bien la necesidad de catch all que demanda la disímil estructura geográfica porteña (cosa que no se entiende que no hayan intentado Filmus-Tomada, tan bien que se le sale al kirchnerismo eso en todo el resto del país). Se complejizó y diversificó a su propio interior, para atender a un lugar atravesado por múltiples y variadas –entre sí- dimensiones. Vale. Y recibió de brazos abiertos la extrema polarización que se dio con el FPV, rumbeando, lo más pancho, a su reelección, consolidando su voto duro y acrecentando su caudal de 2007, ayudado por el hecho de que, en la opción binaria, se le sumó, al pragmatismo que habla de continuidad en todos lados en que se ha votado hasta acá, el clásico “desenganche” que busca Capital de las grandes líneas nacionales, donde en la actual coyuntura prima el kirchnerismo (aparte, claro, del voto anti peronista y anti K natural porteño).

Nosotros, en cambio, hicimos poco, suave y mal en todos esos aspectos. Inclusive en el terreno mediático, en el que, insisto, aún no comprendo por qué entramos a disputar una estéril diatriba de despliegue de la propuesta allí donde nada se iba a lograr de los lugares en los que habría sido más factible lograrlo. Por decir algo: en la sureña comuna 8 (Lugano, Soldati, etc.), se perdió, sí, pero por apenas siete unidades. Eso, con pésima estrategia: ¿cuánto se habría obtenido si se hacía una, al menos, presentable? Justamente allí donde más hacía falta meter pata en barro. Y donde menos se lo hizo. ¿Cuántos habrán visto, allí, alguno de los “debates”? ¿Cuánto habría sido de distinto el 59-18 que clavó Macri en Recoleta si se lograba que fuese a la UBA?

Como River, que jamás tomó en serio que su lucha era contra el descenso, el FPV porteño debió haber bajado los humos triunfalistas, reconocer más la primacía de Macri y aspirar a algo así como asustar a Maurizio, o perder por menos de lo que se perdió en 2007. Un, pongamos, 55-45, habría sido para descorchar champagne. Y se perdió, al menos de entrada, por menos: da bronca porque, quizás, se podría haber aspirado a más. Faltó diagnóstico. Y, claro, si faltó eso, faltó praxis acorde, también.

Si bien se mira, el cuadro no sería para tirarse debajo de un tren (si no fuera, claro, por la demencial expectativa triunfalista que rodeó a una campaña que nunca se esmeró en actuar en función de merecerla): se creció respecto de lo obtenido en 2007, aún después del dueto cuasi mortal ‘campo’/elecciones 2009; en aquella oportunidad, con menos de lo obtenido en este 2011 a Cristina le sobró igual para golear en la presidencial; la intención de voto de Cristina en CABA es más alta que el 28%, cosa que reconoce el propio Macri cuando le baja tonos a sus diatribas anti K, suponiéndose compartiendo otros cuatro años con la misma Presidenta –desapareció de su lenguaje aquello del “ciclo terminado”-.

Y también, ojo, cuando reconoce, Maurizio, que… podría llegar a votar a la Presidenta, bien que influenciado por el hecho de que nadie duda de que comparte clientela con ella en su terruño y en que, después de todo, a él no le convendría que gane alguien que le pudiera discutir mercado electoral en 2015 siendo que Cristina no tiene reelección (eso sería el “hasta podemos llegar a apoyar a Cristina llegado el caso si ‘les conviene a los porteños’”).

Antes de ganar en 2007, además de en Capital, CFK perdió en Córdoba (en realidad fue un triunfo muy pírrico, sospechado de chancho, que no aportó nada, cosa que se comprobó en la general, en la que Cristina perdió allí) y Santa Fe. Claro que aquella vez no tenía el sistema de medios concentrados articulado con el establishment de la oligarquía diversificada en contra viendo cómo hacía, de eso, capital de construcción política anti K, pero tampoco da para asustarse: no tanto, al menos.

Por otro lado, ayer se pierde en un distrito que representa alguito menos, en el padrón nacional, que la suma de todas las provincias que habían votado hasta acá. El FPV ganó en todas estas últimas, con un volumen de votos propios muy superior al obtenido por Macri en Ciudad, que debe dividirse entre una variada cantidad de opciones serias que enfrentarán a Cristina en octubre venidero, incluso ella misma (por serias tengo a El Hijo de Alfonsín, Duhalde –daban penita, ayer, con Carrió, queriendo colgarse de Macri: ¿saben cuánto les va a cobrar, no ya el total, sino uno de sus votos, el alcalde, después de tantos límites que le marcaron?-, Binner y algún vestigio de El Alberto, el resto son testimoniales; en 2007, sólo dos: Carrió-Lavagna). Todo esto, luego de ocho años de predominio nacional, allí donde ese más impacta, por tratarse de, seguramente, la caja de resonancia más importante de unas cuantas que existen –mediática, sobre todo, como en el caso del ‘conflicto con el campo’-.

De todas maneras, vale repetir, no habrá, al menos no ineludiblemente, replicas exactas: el tema está en que solamente Cristina lidera una opción que compite por, a lo menos, un tercio de electorado en todas partes, el despliegue de calidad y competitividad de su armado territorial es muy superior al de todos sus rivales directos, quienes, hasta acá, se han ido al descenso directo en todas las provincias, configurando opciones de corte meramente ejecutivas y nacionales, sin mínima articulación parlamentaria ni provincial con nadie: y de nuevo, pragmatismo del buen momento, conservadorismo, juegan a favor del que, en esos términos, luce, no sólo más competitivo electoralmente, sino más completo a nivel general.

Y a todo esto, hay, sí, una formación militante nueva, consolidada en su pertenencia kirchnerista al interior del peronismo, y muy movilizada. No hablo solamente de La Cámpora, también del Evita y la Corriente Peronista Nacional –cuyas banderas y laburo lucen en todos lados, menos en los flashes mediáticos, en los que sí luce la instrumentación de La Cámpora en elemento de susto para ciertos segmentos medios/altos, burda y roñosa estratagema-. El tema será, de acá en más, articular la consolidación de voto en el distrito –el peronismo de Capital, arriesgo solamente, es casi hegemónicamente kirchnerista- en una opción que piense la Capital. Pero que trabaje en cómo es verdaderamente, no en lo que se aspira a que sea o lo que da bronca porque no es. Sin hacer berrinche, diatriba ni refunfuñar.

La construcción viene marchando, no es que no. Es un tropezón, esto, claro, más vale. Que va a servir para atender que en Capital no hay otra que la doctrina de Mostaza Merlo (y eso que el que firma es fanático de Independiente, estilo Tano Pasman o peor). Va a doler en los que militen en el FPV en Capital, aún con todas las salvedades que ameritó subrayarse en el post, a los fines de dejar sentado que a nivel nacional nada de esto es dramático.

Copio, para el final, sabias, a mi criterio, palabras de Julio Piumato, cuyo sentido –no literal, claro- me gustaría que desparramara: “Lo que opino lo sostengo con mi militancia y la del espacio que represento. No me voy a casa ni me paso de bando, ni cambio de distrito. ¿Está claro?”. A seguir remando… Otra vez. Eso es lo que jode, no saber aprovechar los momentos.

sábado, 9 de julio de 2011

Capítulo 2º de la Copa América. Argentina 0 - Colombia 0. Lógico, cantado, previsible

En economía se utiliza el Índice Big Mac como forma de comparar el poder adquisitivo de distintos países en donde se vende dicha hamburguesa. Yo creo que en fútbol debería utilizarse el Índice Marcadores de Punta como forma de determinar si un país está o no en crisis futbolística. Javier Zanetti es titular en la Selección argentina desde 1994, lo que es decir hace 17 años: yo estaba en segundo grado de primaria, con la señorita Myriam; ahora estoy a un año de recibirme de abogado.

Que Zanetti cuente ya con casi dos décadas de carrera consecutiva en el seleccionado, no sería malo per se, si fuera producto de que le ganó el puesto a todos y cada uno de los que durante dicho período fueron surgiendo y discutiéndole "su" lugar: el tema es que, en 17 años, Argentina, el sistema futbolístico argentino mirado como un todo, no ha sido capaz de generar un jugador a la altura de alguien cuyas producciones futbolísticas, por otro lado, no es que tampoco hayan usualmente descollado, ni mucho menos.

El ejemplo de los marcadores de punta es una metáfora de la crisis por la que transita el fútbol argentino. Gente de mi núcleo cercano suele criticarme porque yo he defendido a Heinze, o racionalizado (intentado racionalizar, al menos) las ideas de colocar marcadores centrales en función de laterales. Criticar a Heinze es quedarse en lo chiquito, en pegarle a un tipo al que es fácil pegarle. Más complicado es entrar en las carencias generales que tiene la Selección. Problemón, complejo y profundísimo: Argentina, démonos cuenta, no tiene, ya, materia prima como para seguir siendo considerada potencia futbolística. Si no se tiene en todos los puestos, no se es potencia, así de sencillo. Y Argentina tiene mucho en pocos puestos; y, viceversa, poco –o más bien, nada- en otros: no tiene defensores (ni laterales ni centrales), ni volantes de juego (los benditos Xavi e Iniesta que tanto necesita Messi), por caso. No-tie-ne.

Hablar del partido ante Colombia en específico, huelga, basta repetir que pasó de todo lo malo que contra Bolivia, pero peor aún. Por lo demás, cabe remitirse, para el desmenuzamiento del no juego del no equipo, a dos muy buenas notas que aparecen en La Nación deportiva del día de la fecha (
1 y 2, una de ellas, como no podía ser de otra manera, firmada por Juan Pablo Varsky; y la otra, un análisis cuasi quirúrgico –no sé si la figura cabe, pero me surgió- de Cristian Leblebidjian).

Parecería que la tengo contra Pupi, pero no es con él personalmente, el tema, para nada. Hoy le decía a varios amigos: uno que “está” en esto del fútbol (qué pedante suena esto, pero el que también “esté” va a entender el sentido de lo que pretendo significar), tendría problemas para, por ejemplo, explicarle, a alguien que no sepa cómo es que pasan los laterales al ataque. En palabras. ¿Y cómo se explica algo que a los que nos desvive el fútbol nos resulta tan natural como el hecho de que pasen el ‘4’ y/o el ‘3’ por el costado y vaya la pelota a ellos, que pasan “vacíos” -¿cómo se explica qué quiere decir “vacío”?- a oxigenar el armado del juego a una zona libre? Lleno de tecnicismos. Y es que es una jugada tan que uno da por sentada que sale o sale, a cualquier equipo (al más pedorro, digamos), que, cuando se ve que a esta selección no le sale natural ni siquiera eso, entonces se toma conciencia de la gravedad del asunto.

Cuando Bielsa estuvo en su peor momento, se le criticaba la excesiva automatización de movimientos de su conjunto. Que lo volvía, decíase, muy previsible. Y algo de cierto había en la crítica, se observó en el Mundial 2002. Ahora tenemos la contra cara, y peor. No sale fácil ni la subida de los marcadores de punta, que por otro lado no los hay. Y estas dos pequeñas cosas re envían a muchos otros temas. Arriba decía que tenemos mucho de poco: me refiero a que en este plantel existen tres tipos que, para mí, sí que con variantes particulares (bien que muy puntuales), juegan de y a lo mismo. Me refiero a Messi, Tevez (cuando juega, no cuando choca) y Agüero. Eso en una posición.

En otra, la de ‘5’, hay, justamente, nada menos que ¡cinco! variantes, de las cuales ninguna (nin-gu-na) encanta, hoy por hoy, y eso que se quedó afuera Bolatti, que perfectamente podría entrar en esa puja. Cuando digo ninguno encanta quiero decir que, hoy en día, dejar sentado a Mascherano en el banco no ameritaría la cuasi revolución social con cacerolazo que provocaba aquel capricho passarelliano de dejar fuera de las convocatorias nada menos que al goleador máximo de la historia del seleccionado, Gabriel Batistuta, para que jugase su pollo Crespo, y tranquilo, sin competidor -o sin uno de peso- en el banco. Otro lugar, el del ‘9 de área’ donde no ha surgido, desde el retiro de Crespo de la Selección, nada: Higuaín es un muy buen jugador, pero no tiene el estilo de cañonero potente que tenían Bati y Crespo.

En defensa, para cerrar, hoy es titular una dupla central de más de 30 años de promedio, ninguno de los cuales ofrece seguridad (ante Colombia regalaron una clara de gol al rival cada uno con salidas inseguras): por demás, Burdisso hace rato no juega de central en Italia –nunca ha sido último hombre, por otro lado, siempre central de choque contra el ‘9’- y Milito no entra en Barcelona ni cuando se lesionan los centrales titulares (está detrás de Piqué-Puyol, los titulares; pero también de Mascherano y hasta de Abidal, al que Guardiola corre de ‘3’ a ‘6’ en caso de necesidad antes que recurrir a Gaby).

Y todo esto sin entrar a hablar de la falta de caudillo(s) del tipo que alguna vez fueran Passarella, Ruggeri o Simeone.

La decadencia arrancó con que “todavía no hemos podido superar el retiro de Maradona”. Hoy hay que decir que, tampoco, se ha superado la ida de Batistuta y Crespo. Ni la de Ruggeri. O las de Ayala y Simeone. Y tampoco hay jugadores de la talla del primer Sorín o de ¡Kily González! O deberíamos decir que pasamos de sufrir para pelearle a los europeos, a que nuestros jugadores prefirieron, en los últimos minutos del duelo con Colombia... asegurar el empate.

La mayoría de los seleccionados que pelearon la última Copa del Mundo tienen volantes de lo que se llaman “de 100 metros”. Están para morder, jugar y definir por igual, los noventa minutos del partido, no se cansan jamás, y asombran por sus portentos físicos, a más de que no les falta ni una pizca de ductilidad atrevimiento en el manejo: Sneijder, Schweinsteiger, Xavi/Iniesta/Xabi Alonso, Muller, Felipe Melo. ¿Cuántos de esos hay en nuestro fútbol?

Y acá, también, se trata del -mal- laburo –o el no laburo- de los clubes en inferiores (qué jugadores se sacan), las pésimas estrategias comerciales de los clubes -más definidas por necesidad y estrangulamiento financiero que otra cosa, motivación que habla de la calidad de las decisiones que se toman en ese ítem-, las apuestas filosóficas de las elites de DT (esto de la falsa dicotomía fulbito y Tiki-Tiki; o pizarrón y pierna fuerte y templada –si no caminan, ambas, de la mano, te quedaste cortísimo como equipo-).

Este post pretende, simplemente, que florezcan mil disparadores, porque abarcar todo ya requeriría una enciclopedia de espacio.

En este marco, sólo a un desprevenido lo puede estar sorprendiendo que Argentina esté esperando a la última fecha del grupo, ¡y de local!, para clasificarse.

martes, 5 de julio de 2011

El concepto de democracia según Norma Morandini

Escuché, en la mañana del día en que Cristina nominó a Boudou para acompañarla en octubre como candidato a vicepresidente por el peronismo gobernante, a Norma Morandini, la candidata a vicepresidenta de Binner, con Tomás Bulat y Débora Plager (yo le doy, ¿y vos?), por Radio 10, hablando de democracia (para criticar al kirchnerismo, obvio, en esa ocasión porque le parecía mal que Cristina designase a su candidato a vice del mismo modo en que lo hicieron todos los otros candidatos, que competirán en octubre, incluso con ella misma).

Dijo, Morandini, algo que me llamó la atención: “un problema que tenemos en Argentina es que no todos tenemos el mismo concepto de democracia, para contemplar más acabadamente la pluralidad y la diversidad” (no es textual la cita). Me resulta curioso el razonamiento. ¿Por qué razón habríamos de lamentarnos por la indeterminación al respecto del concepto ‘democracia’?

Cito (ahora, sí, textualmente) a Ernesto Laclau, quien dice que “(…) el concepto mismo de sociedad no es sino un intento, fallido, por domesticar el infinito juego de diferencias, la insalvable mutabilidad de lo social. Por eso, lo ideológico no debe ser concebido ya, a la manera del marxismo tradicional, como sistema de representaciones que constituye un nivel de la totalidad social o como falsa conciencia, sino –piensa- como el conjunto de formas discursivas a través de las cuales se desconoce, precisamente, la provisoriedad radical de lo social y se pretende fijar su sentido en un absoluto, cualquiera él fuese (…)”. Abundo con Martín Hopenhayn, quien apunta que “Complejidad y fragmentación caracterizan a la sociedad de nuestros días, y ninguna explicación lineal alcanza a dar cuenta de ella.”. Algo parecido decía Derrida, cuando, al hablar de la función de los jueces, se preguntaba “¿Cómo conjugar el acto de justicia que debe referirse a una singularidad (…) con la regla, la norma, el valor o el imperativo de justicia, que tiene, necesariamente, una forma general (…)? Dirigirse al otro en la lengua del otro es la condición de toda justicia posible.”.

Me resulta curioso, porque durante los noventa muy duramente, en Argentina; en Sudamérica en distintos grados, según el caso; y en Europa trágicamente, en los últimos días, se sucedieron explosiones sociales que se llevaron puestas las formas de institucionalidad conocidas hasta entonces, puesto que con el formateo a que las había sometido el neoliberalismo pretendió aludir a sociedades que, como arriba se dice, se complejizaban cada vez más, por medio de un ramillete de postulados absolutistas sobre la base de los cuales se procesaba –se pretendía procesar, mejor dicho, porque a fin de cuentas terminaron sucumbiendo derrotados- la gestión de los Estados nacionales.

(Disgresión: que se entienda bien, el modo en que operaban, quiero decir, y no a las instituciones en sí, aunque el sentido de las mismas, el modo en que las explicaron siempre los postulados del liberalismo clásico, quedaron fuertemente devaluados y corridos a un costado, simplemente porque no daban respuestas a sus representados, fueron incapaces de procesar sus necesidades: de ahí que los procesos de Chávez, en Venezuela; de Evo, en Bolivia; y de Correa, en Ecuador, hayan acudido como primera medida a… reformas constitucionales, a reformatear los esquemas estatales que habían naufragado de previo a la llegada de cada uno de ellos al poder, todos violentamente)

El fin de la historia, la primacía de las reglas del libre juego de la oferta y la demanda, la pretensión de copar por completo las administraciones con gestores técnicos apartidarios (respecto de las formaciones políticas tradicionales, pero partidarios de los valores empresariales), el 1 a 1 entre nosotros. Lo ya conocido detrás de lo cual subyacía la pretensión de los sectores del Capital por recuperar el sitial privilegiado de dominación social que habían perdido a manos del despliegue del Estado de bienestar. En Diario R, Lucas Carrasco (reafirmo mi carrasquismo) acaba de publicar una nota en la que recorre las penurias griegas, provocadas por la sujeción del país europeo a las mismas lógicas que hicieron estallar a Argentina en 2001, y en un párrafo hace referencia, justamente, a que
“el ideal de la democracia siempre está en pugna”.

Cierro las citas con dos de Alicia Ruiz: “(…) una nota esencial de la democracia es la posibilidad del cuestionamiento ilimitado de su organización y de sus valores, que nunca alcanzan un estatuto definitivo (…)” y “Imaginamos una sociedad complejamente igualitaria, cuya complejidad reside en la diferencia de las diferencias relevantes que generan distinciones, muchas veces imprevisibles, con lo que el orden alcanzado devendrá, siempre, inestable. Que de la diferencia no se sigan jerarquías, exclusiones ni discriminación es la condición de una ‘igualdad diferente’ de la que hasta hoy hemos postulado”.

Es necesario que, justamente, se dejen de lado pretensiones como las que desliza Morandini, ideales de fijeza, y que lo único que se solidifique sea el concepto de –robando palabras de Pacho O’Donnell- democracia alborotada, o de democracia radicalizada –esto, según Edgardo Mocca-.

De ninguna forma podría haber mayores garantías de bienestar ciudadano que garantizando la posibilidad de cuestionamiento infinito a todos y cada uno de los valores sociales que pretenden contener al todo social. No habrá pelea por la igualdad si no se interpela a los beneficiarios del privilegio, relaciones de desequilibrio social imposibles de ser delimitadas prolijamente: y en ese entendimiento, la renuncia a fijezas de la que siempre habla Laclau es la que mejor garantiza la libertad de los colectivos sociales y los individuos –según como se quiera mirar la cosa- de procurarse la conquista de derechos y bienestar de los que pueda carecer.

En tiempos en que Argentina se ha abierto un marco de debate público intenso en el que han visto el ocaso de su predominio las otrora más encumbradas estanterías del ideario neoliberal (independientemente de que uno concuerde o no con lo que de eso haya surgido en reemplazo, lo cierto es que la era del pensamiento hegemónico del que, simplificando, podríamos denominar Consenso de Washington, ha pasado), la apreciación de Norma Morandini merece, por lo menos, que se le pidan, si no a ella, al menos al espacio en general, mas precisiones acerca de su definición, que cité en el segundo párrafo, habida cuenta de la triste memoria que el sentido de afirmaciones tales trae a la memoria colectiva y de que sean expuestas sus propuestas programáticas de cara a las presidenciales de octubre, siendo que son parte de la oferta electoral que competirá en dicha elección.

Y, por supuesto, del sugestivo favor mediático con que cuenta el candidato a presidente del espacio, por un lado; y los negocios tan sugerentes con que, en su gestión como gobernador de Santa Fe, ha beneficiado al exponente mayor del establishment comunicacional y están viendo luz en las últimas horas, por el otro.