lunes, 30 de mayo de 2011

Apuntes chubutenses (versión, ahora sí, definitiva), riojanos y algo de proyectados nacionales

Las líneas macro de lo que acá se había dicho al respecto de las elecciones de Chubut el 21 de marzo, día posterior a la votación original, se mantienen intactas:

- Das Neves es un muerto político. Su discurso, entre encendido e insultante, para festejar la ¿victoria? de ¿su? candidato, lo confirma. No tiene futuro visible, anclaje sobre el cual posarse de cara al futuro, extintos ya el “peronismo” federal, su candidatura presidencial y su predicamento en la política provincial, donde su figura quedó, ineludiblemente, y en exclusividad, asociada a la sospecha que envolvió al comicio todo. ¿A quién acusaba y de qué sobre una elección y recuento –incompleto, y en el que todos los "errores" fueron a favor de su ¿ex? delfín- bochornosos, siendo, su responsabilidad sobre ambos, inexcusable? Fue todo una chanchada, las complementarias -sin dateo preciso de nuevo- también y la única culpa la tiene él. Punto.

- Martín Buzzi pinta más para ser de las primeras noticias del libro de pases post octubre que otra cosa. Tiene margen político escasísimo habiendo ganado por tan poco (no es menor que en una crónica haya que escribir los decimales de una cifra, escondiendo cifras y recuento-s-), con sospechas -híper fundadas- de fraude, sin referente nacional y con su sector del PJ pidiendo la escupidera en La Rosada, como ya lo han insinuado varios de sus referentes. ¿Cuánto margen tiene para sostener el belicismo siquiera discursivo de Das Neves, que lo inauguró, luego de ser ultra K, cuando creyó, de él, tener chances presidenciales, y del kirchnerismo, su retirada? Punto final para un “modelo” –así lo llamó Das Neves- que ni siquiera es capaz de hacer un recuento de votos como la gente.

- Bien dijo Eliceche, el FPV obtuvo un triunfo político: tres intendencias importantes, mayoría y quórum propios en la legislatura provincial, anclaje nacional en ascenso (una tal CFK). Para el kirchnerismo, aún con la lógica de amargura de no haber triunfado (de todas maneras, Eliceche seguro sea primer candidato de Cristina a diputado nacional por Chubut y será referente del espacio, es un liderazgo a armar el suyo). No tenía sentido seguirla, aunque había razones valederas para quejarse. Lo que viene es lo importante. Punto, acá, de partida para el kirchnerismo local: confirma –sigue confirmando, por si hacía falta, aún- lo acertado de la estrategia de apuntar, en la medida de lo posible y de lo que sea necesario, a construir una corriente propia para pelear al interior y no por fuera del PJ. Eso es lo que se hizo en Chubut, se hizo bien y dio sus frutos. Hay futuro abierto.

- Con el marco descrito, todo tiene a ser sonrisas para Cristina. Empuja dinámicas locales aún sin necesitarlo en demasía por el fenómeno del voto cruzado (lidera intención de voto a presidente también en Chubut, lo hacía aún cuando Mario DN era todavía candidato) en función de armarse chasis propio y convencido de cara a un mandato sin horizonte reeleccionista de cara a 2015. Muestra chapa de armadora de calidad, ahora que lo necesita. Esto crea clima en su favor, los derrumbes opositores que no cesan lo prueba. En lo que va del año puede anotarse porotos en la adversa Catamarca, Salta, San Juan, las complicadísimas internas de Santa Fe (donde también juntó para liderar), sacar lo bastante ya apuntado en la, al igual que Catamarca, adversa Chubut. Bastante para haber pasado apenas un poquito menos de dos años de lo que se había vaticinado como su fecha de fin de ciclo.

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De La Rioja no hay mucho por decir. Fuerte dinámica localista en la dialéctica con el escenario nacional. Residuos menemistas en casi todas las listas, y cuatro de apoyo puro a Cristina, que entonces suma adhesiones por un total superior en bastante al ¡75%! El chamuyo del ignorantismo mediático habla de pactos Cristina-Menem. No hay tal. Menem no irá de candidato en octubre en la misma boleta que CFK, sí algunos de los suyos colaboraron con Beder, a pesar de que el ex presidente tenía candidatos propios. Eso no se traslada automáticamente al plano nacional, las decisiones de La Rosada no determinan el todo de las realidades locales más allá de lo que se quiera vender, y si Beder optó por armar así no se le puede negar la maniobra, luego lo puede facturar en el Congreso nacional si se le complican las cosas en su terruño. Tampoco hubo desarrollo propio muy profuso, en La Rioja. No era tan necesario, estando, allí, el PJ tan alineado con la conducción nacional del FPV. No es nada mecánico ni poco complejo todo esto.

Cristina va obteniendo lo que necesita del recorrido electoral: espacios, centralidad, buenas noticias, clima. Apúntese que, además de todo, logró ganar la interna a gobernador en el PJ mendocino y definir mucho de la lista en La Pampa. Efectos, todos, de un panorama nacional que la muestra arrolladora. La excepción, única, confirma la regla: la única provincia donde su rendimiento no es despampanante es Córdoba, único lugar, ese, entonces, donde queda espacio para que se le retoben como se le están retobando, aunque no mucho tampoco.

En definitiva, va queriendo el armado de la trascendencia K, cuyo capítulo primero, y (sólo por ahora) más importante, pero de ninguna manera único, último ni definitivo, son las elecciones presidenciales de octubre próximo. La construcción de la trascendencia es lo que está en marcha. Y lo que los pone más nerviosos. Y a nosotros lo contrario, claro.

miércoles, 25 de mayo de 2011

La agonía de La Moncloa

La democracia es, ante todo, a mi entender, desacuerdo, y no consenso. La diversidad de la vida social requiere de la existencia de alternativas que sean fieles reproductoras e intérpretes de dicha diversidad y no que se mimeticen entre ellas. La necesidad de la democracia está dada, justamente, en su capacidad de procesar las diferencias en un marco no violento. La esencia de la democracia es, entonces, diversidad, diferencia y no coincidencia ni mucho menos, repito porque lo vale, mimetización.

Cabe aclarar que, sí, sobre ciertas bases mínimas, que hacen a las reglas de ese juego democrático y –en paralelo- a la consolidación de un contexto de convivencia social que metaforice el proceso electoral –o sea metaforizado por él, tanto da, puede discutirse, pero excede mis propósitos acá- que sustente la posibilidad de expresarse en ese sentido, debe estarse de acuerdo. Pero no mucho más. No debería, sobre todo, haber acuerdo en los modos de interpretar las necesidades materiales de la sociedad, que por lo general son pocos congruentes entre sí.

Hace algún tiempo, José Natanson derribó, un poco, en una nota que escribió en P/12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-129688-2009-08-09.html), lo que él mismo llamó “la falacia de La Moncloa”, esto, tan de moda en gran parte de la derecha argentina, de que “porque en España acordaron todos los partidos políticos entonces salieron adelante”. Natanson matizó, digamos, fuertemente esa idea con el dato de la enorme incidencia que tuvo la cuantiosa ayuda económica que recibió España por parte del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo Social Europeo, el Fondo de Cohesión y el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola, como –al menos- condicionantes de todo lo que fueron los pactos.

No tiene que sorprender lo que ocurre en España. Si la vida política española ofrece, a su ciudadanía, como alternativa a los brutales ajustes que hoy ejecuta el Partido ¡Socialista Obrero! Español, es el Partido Popular, que siente, por identidad ideológica, por igual la esencia de los ajustes del PSOE sólo que más radicalizados aún, luego aquellos que se ven azotados por dichas políticas (que, por otro lado, se han demostrado fracasadas en absolutamente todos los lugares del mundo en los que se las ha aplicado, como implacablemente lo demostró, hace muy poco, y con motivo de la visita a nuestro país de Mario Vargas Llosa, Atilio Borón -http://www.principioesperanza.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1061:atilio-boron-sobre-la-llegada-de-vargas-llosa&catid=103:politica&Itemid=484-) ven que no hay salida, que no tienen opción de cambio por la vía democrática/electoral/partidaria.

Consecuencia, a mi forma de ver, necesaria del corrimiento a la derecha del PSOE que hoy impide ver nítidamente cuál es la real diferencia que existe entre ellos y el PP. Eso, desde que ha sido, parece, más importante, para el PSOE, su fidelidad a un acuerdo de cúpulas, que admito que haya tenido sus bondades en algún momento histórico, pero que hoy claramente no responde a las necesidades de la sociedad española. Las sociedades no cesan de reinventarse, y por ello, de reactualizar y renovar sus demandas, y lo peor que se puede hacer con ellas, entonces, es obturar la posibilidad de discutir a fondo en el marco democrático la vigencia de las más profundas lógicas que las atraviesan. Si, en cambio, se quieren blindar, como pétreas, determinadas concepciones, mal augurio. El sistema democrático/electoral carece de sentido si todos los actores se proponen interpretar el mismo papel.

Y en Argentina también ha pasado. El 2001 es eso. De La Rúa representó la continuidad del menemismo en lo que es importante, la política económica, casi todo el arco político sostenía la necesidad de sostener la convertibilidad (la Alianza decía que sólo achicando “los márgenes de la corrupción menemista” –cosa que por otro lado no hicieron, remember sobornos en el Senado para aprobar el aniquilamiento del Derecho Colectivo del Trabajo- bastaba para solucionar los flagelos sociales), ergo la explosión antisistema no tuvo otra chance de ser canalizada que la que se dio, en forma de combate popular callejero, por sintetizarlo en alguna fórmula que condense –no sin un poco de arbitrariedad, claro- el sentido de lo que se salió a gritar el 19/20 de diciembre de 2001. Si me apuran, también pasa algo así hoy, pero con las derechas, que al no tener expresión partidaria intentan operar por sí mismos en la lucha política: "campo", Clarín. Pero es más discutible. Algo parecido ocurrió en Ecuador, cuando la caída de Lucio Gutiérrez, quien llegara posado sobre un discurso popular, de liberación e indigenista para terminar interpretando las exigencias del FMI; y ni que hablar de la caída de la democracia republicana liberal “perfecta” que representó la Venezuela pre Chávez, la del Punto Fijo (el nombre lo dice todo).

Me preocupa la forma de cubrir el suceso por parte de (no todos, es cierto, vamos a ser, como nos pide Beatriz Sarlo -de reciente brillante participación en 6, 7, 8- de quien siempre es bueno aprender) buena parte de la prensa hegemónica. Me preocupa que quede claro el sentido de la protesta, que va al hueso del esquema económico adoptado por España –esto de “es el sistema el que está contra nosotros”, me pareció impactante-, como en Argentina iba al hueso del modelo de la convertibilidad neoliberal, y no a “la corrupción de los políticos”, porque tengo para mí que esta última forma de presentar las cosas apunta a dejar a salvo una determinada forma de administración económica que es fielmente garante de los intereses y privilegios de ciertos entramados del poder económico de los que las empresas de comunicación más importantes forman, también, parte.

No hay un solo pobre en Argentina que pueda explicarse en función del enriquecimiento ilícito de distintos dirigentes. Es bueno que quede claro sin que esto equivalga a una convalidación de la corrupción, sino en poner el foco correctamente en lo que es más importante discutir, desde mi forma de interpretar la vida pública: la redistribución de los valores materiales que produce una sociedad como debate fundamental de cualquier sociedad.

Y desde ese último entendimiento, me preocupa que se quiera blindar el escenario de discusión que a este respecto ha abierto indiscutiblemente, al margen de que se coincida o no con lo que en ese frente abierto plantea, el kirchnerismo, vía, por ejemplo, esos vagos y vacíos de contenido humano, y ajenos a toda definición sobre disputa de intereses, intentos de “políticas de Estado sobre las que nada se discuta independientemente del que sea electo como gobierno” que pregonan Duhalde y Terragno y que tuvo acogida preocupante en buena cantidad del arco dirigencial de la política argentina, porque eso responde justamente a la lógica de administración social que está haciendo agua en España.

En definitiva, y para provocar un poquito, me da para gritar: ¡Viva el desacuerdo. Mueran los salvajes consensualistas!

martes, 24 de mayo de 2011

Asumir riesgos: internas en Santa Fe

No hay análisis posible si no se incluye algún punto de partida. En el caso de las elecciones 2011, el punto de partida es el discurso de Néstor Kirchner en la madrugada del 29 de junio de 2009 (el reconocimiento de su derrota ante Francisco De Narváez en las legislativas). Más precisamente, el segundo minuto del mismo, cuando dijo “ya estamos en camino”. Ese día, al kirchnerismo lo golearon 9 a 1 en tres lugares: Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. A Santa Fe, justamente, y a sus internas, vamos. Pero nada de lo que hoy ocurre puede no analizarse sino a partir de aquel tropezón, enorme, de 2009 para el kirchnerismo.

La enorme intención de voto de Cristina en Santa Fe determinó la unidad de todo el peronismo de la provincia a efectos de dirimir quién prima al interior del espacio al que el FPV terminó por decidirse a liderar.

Era una opción riesgosa, pero, en política, no hacer eso –arriesgar, decimos- equivale al suicidio. Pregunten, si lo dudan, a Macri, Pino, Das Neves, Sanz, Cobos… Suponía, asumir el riesgo, tener que lidiar con un hombre de Lole durante cuatro años. Otorgarle -quizás- una luz de esperanza a algún intento de recomposición de algo parecido a lo que quiso ser y nunca fue -porque no puede ser-, es decir el Peronismo Federal (no puede ser a menos que se opte por incurrir en la opción Perotti: disputarle las estructuras del peronismo al kirchnerismo, que hoy las hegemoniza).

Rossi apostó a lealtad y a construcción. Militancia y rosqueo, paciente. Y bancó los trapos, además. A la espuma que lo hizo irse a la banquina en 2009, la tomó como lo que era: algo pasajero. Y pasó. Y la construcción, a la larga, paga.

Todo es ganancia para Cristina, no sólo si se tiene en cuenta que, de entrada, uno de sus hombres de mayor confianza peleará en uno de los distritos más grandes, sustentado, ese, en las estructuras del PJ que, hasta ayer, nomás, le hacía muecas de asco a Cristina. Nada menor. Triunfó la tesis de copar el andamiaje partidario y aspirar a conducirlo en función del programa propio. Basta de progresismo light. Y a todo esto, súmesele el fenómeno del voto cruzado, muy fuerte hoy según el “consenso” de los encuestólogos (esto de que aún con derrotas de sus candidatos locales, ella prima en las nacionales de casi todos esos distritos).

Por decir algo: no debe decirse que Perotti hizo campaña sin elogiar a Cristina, sino que no eligió, para la misma, pegarle sin asco, cuando -de nuevo- hasta ayer, nomás, la mayoría de los candidatos no plenamente identificados con la Casa Rosada se pegaban codazos por ver quién insultaba más duro a Néstor y Cristina. No es una diferencia menor.

De cara a las generales, Rossi tiene la tarea de articular como mejor pueda a los derrotados en las internas, cosa que no fuguen hacia afuera del peronismo. Incluso a Reutemann. Las bases para hacerlo (y ya se está haciendo, el rosqueo interno) están desde que en febrero de este año se decidió la unidad del PJ, el homenaje a Néstor y el apoyo a la candidatura de CFK a nivel nacional, en el congreso provincial del PJ santafecino. Y nada hace suponer, hoy, que eso pueda llegar a romperse. El reutemannismo tiene mucho más para perder fuera que dentro del espacio, por lo cual no cabe esperar sorpresas.

El socialista de derecha Hermes Binner, por su parte, jugó, también, muy duro. Y ganó. Tensiona su primacía al interior del Frente "Progresista" de Santa Fe cuando se sube su precio a nivel nacional, y aún se jugó un pleno hasta al interior del mismo socialismo de derecha impulsando a su propio delfín en contra de la candidatura de Giustiniani. Ahora está frente a una nueva disyuntiva: tiene sobrados méritos como para plantársele tanto a El Hijo de Alfonsín y condicionarle su intento de alianza con el colombiano De Narváez. Ni El Hijo de Alfonsín ni el diputado le hacen ni cosquillas a Cristina y Scioli, Binner en cambio gobierna una de las provincias más grandes del país y prima en el espacio que sustenta ese gobierno. (Otro detallito: que gane Binner implica que ganó el que mejor se lleva, en el P"S", con CFK -con quien se ha entendido muchas veces: es la gestión, estúpidos-, en detrimento de las opciones más anti K -a las que tampoco tributa Barletta-: pegarle a Cristina no es negocio, véase como Macri ha bajado unos cuantos cambios ultimamente, si no).

En el marco de la recuperación de los métodos tradicionales de anclaje territorial y estructural como clave de construcción política, en el plano en el que se mueve Binner, el resultado le es importantísimo. Buenas noticias, en este sentido, con la derrota de Giustiniani, tributario a full en el P"S" de la lógica de armado mediático de perspectiva porteñista. De nuevo, todo pasa por asumir, o no, el riesgo. Si se lanza sólo en una alternativa de progresismo light de anclaje en grandes urbes (con Juez pisando fuerte en Córdoba ciudad, Solanas en Capital; y Stolbizer en Bahía Blanca, primer cordón del conurbano y Mar Del Plata, digamos), pone en riesgo la alianza que hasta el día de hoy ha garantizado su primacía en Santa Fe -máxime ante un peronismo que se ha vuelto a reunir-.

Es jugar a 2015, en 2011 ese progresismo light no tendría chances más que de pelear el segundo puesto. Tampoco jugar con Alfonsín, que hasta es superado por Duhalde en las encuestas, es garantía de nada: más aún, habría, Binner, llevado a su partido a una alianza difícil de explicarle a sus bases, como segundo y a una derrota segura, después de ganarse el derecho de mandar en su lugar. Lo otro implica liderar el nacimiento de una alternativa nacional con la que los suyos estarían mucho más a gusto. ¿Desde dónde Alfonsín, que no gobierna ni ha gobernado nunca nada y cuyo liderazgo al interior de la UCR es todo menos seguro, quiere imponerle algo al gobernador de una de las provincias más grandes del país, con liderazgo partidario -con chapa de estratega- ratificado en una jugada táctica que se reveló acertada como lo fue la candidatura de Bonfatti? Desde la lógica TN, y nada más.

Al lado de seguir los consejos de Jaime Durán Barba o de someterse a las bajadas de línea de la prosa precámbrica de Joaquín Morales Solá, lo hecho por Binner es bastante. Le otorga independencia de criterio. Y no sólo para armar: mirando, también, más allá de un comicio.

El tiempo dirá, odio decir esto, pero tampoco es mucho más lo que se puede elaborar estando tan fresquitas las primarias. El futuro está determinado por el presente, que no cesa de reinventarse, jodidamente dinámico e imprevisible por estos tiempos. Vaya que me he puesto serio.

sábado, 21 de mayo de 2011

Filmus-Tomada

Existe, en el espacio del kirchnerismo porteño, un desacuerdo conceptual sobre cómo encarar la campaña. Buscar a los desencantados con Macri –por derecha y por gestión- o los desencantados con Pino –por izquierda y por pasión-.

Yo, particularmente, no me enredaría demasiado en una opción excluyente como la que plantea dicha disyuntiva. El kirchnerismo es un movimiento que enamora ideológicamente, pero que, también, se percibe como capaz de garantir gobernabilidad de modo rotundo. Néstor vivió obstinado en sentar jurisprudencia de que desde un espacio nacional y popular, digamos que “de izquierda” aunque no sea lo más exacto a la hora de hablar de un espacio peronista, se podía “gobernar bien”. Y vaya si lo logró. Así que el kirchnerismo sí significa (y siempre ha significado), entre muchas otras cosas, señores, gestión: de la pura y dura. De la fría y cajera, si se quiere. Qué tanto.

Eso se logra a partir de lograr la articulación de una militancia activa que esté involucrada, comprometida en el rumbo de la gestión. Sólo así hay la garantía de que los colectivos interesados en la aceleración de las contradicciones y la profundización del proceso se formen en tomar parte de la responsabilidad de que la cosa se lleve a cabo. La participación es la clave.

El kirchnerismo hace escuela en eso, desde que se plantea como espacio capaz de ser el vehículo político de demandas sociales que lo exceden y anteceden a la vez que les exige compromiso en la elaboración “por lo bajo” de esas batallas en una mezcla que aporta grosor cultural, político, en fin, un mix variopinto, de dialéctica incesante entre sus múltiples variables (desde ya que no exento de varias y a veces muy fuertes contradicciones internas) administrado por una conducción fuerte que aglutina y ordena divergencias al interior del espacio: en este entendimiento, lo más importante era, y se logró, acentuar la incidencia de CFK, que implica intentar la traducción de su alta intención de voto a presidenta en Ciudad en oferta electoral local. ¿Qué tanto, entonces, de cerrarse, ya sea a izquierda o a derecha? Se puede y se debe intentar una oferta y campaña transversal y abarcadora.

La fórmula Filmus-Tomada representa ese un poco de todo. Filmus tiene un discurso del tradicionalismo localista porteño y Tomada es el que está sustentado por el colectivo militante más potente e identificado con la esencia Cristina (era el candidato de la Corriente Nacional Peronista de nacimiento reciente y que conjuga diversos espacios que se reivindican en la única referencia de la conducción de Cristina). Por demás, dos de los mejores ministros que ha tenido la gestión.

No es negocio, para Macri, seguir echándole la culpa de todo a una tipa cuya intención de voto en el territorio no para de subir en razón de considerarse, su gestión, exitosa. Porque entonces busquemos a la que sí sabe cómo hacer las cosas. Ni es negocio, para Pino, identificarse, como lo está haciendo, con el macrismo, cuyo fracaso de gestión se hace cada día más indisimulable.

No hay que dar el debate por la propiedad de los medios de producción, claro, sino por los baches, la basura y el tránsito: pero, ojo, ojito, ojazo, que eso se puede encarar desde diversas perspectivas: la gerencial ha resultado fracasada, no sólo ya desde nuestros esquemas conceptuales: desde allí, un tipo que insulta a los pueblo hermanos de Latinoamérica jamás sería bien considerado, el tema es que no sale bien parado ni observándolo desde la más rancia de las perspectivas derechistas.

Y entonces, no estaría de más subrayar que los que mejor han gestionado son Néstor y CFK y que ya es hora de tipos de ese palo puestos a afrontar la gestión del lugar de quienes más gestión reclaman.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Valores para el movimiento: voluntad, militancia, lealtad

A las dos horas y diez minutos de la madrugada del 29 de junio de 2009 Néstor Kirchner subió al escenario del bunker del FPV para reconocer su derrota en las elecciones a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires frente al colombiano Francisco De Narváez (y, claro, felicitar al indiscutible vencedor). El clima era, a pesar de todo, de fiesta. Recién dos minutos más tarde de su aparición en escena pudo iniciar su discurso. El grito, la algarabía, los cánticos de la (numerosa) militancia que, incesantes a pesar de todo, estaba ahí, al pie del cañón para acompañar, lo demoraron. Antes de las dos y trece había dicho “ya estamos en camino para retomar la iniciativa, para profundizar la gobernabilidad y construir con todas nuestras fuerzas…”. No pudo acabar la frase, la explosión que siguió al inicio de su alocución fue tremenda.

Sólo él. Sólo Kirchner podía decir lo que dijo en el contexto en el que lo hizo. A partir de ese momento, el kirchnerismo, lejos de replegarse, como le recomendaban “para bien del Gobierno y del país”, desde cuanta vocería corporativa/dirigencial hubiera. Por el contrario, aceleró en, como bien lo definiera Hernán Brienza, la profundización en la ética de las convicciones, para agudizar las contradicciones (Ley de Medios, AUH, su cortísima –pero, también, exitosísima: incluyó la firma de la paz entre Venezuela y Colombia y la veloz reacción de los presidentes del continente cuando la amenaza de golpe a Rafael Correa- gestión como jefe UNASUR trágicamente truncada por su fallecimiento) y colaborar a la puesta en escena de un escenario en el que la confrontación de dos proyectos de país contrapuestos. Eso por un lado. Y en el octubre venidero, como probablemente no había ocurrido desde el retorno de la democracia en 1983, se batirán, en duelo electoral, dos visiones antagónicas, generando por fin una verdadera opción.

Es transversal el reconocimiento de que uno de los capitales fundamentales de Néstor fue su voluntad inclaudicable. Y es que no existe dirigente ni movimiento político posible sin ese ingrediente. En la escena del reconocimiento de la derrotan se conjugaban el líder que se nutría del combustible de su construcción que no lo abandonaba para emprender la recuperación. Voluntad y militancia. Una recuperación, vale decir, en la que sólo él y pocos más creíamos. Ya lo dijo Perón, la organización vence al tiempo. Y a los estamentos corporativos, también, habría que agregar en esta versión actualizada. Kirchner y la Presidenta (más ella que él, hay que decirlo) sostuvieron a rajatabla lo innegociable de la conservación principio de autoridad en exclusiva para la Casa Rosada y el resto de los poderes del Estado. En el escenario actual, en Segundas Lecturas venimos machacando y mucho con esto, los valores tradicionales de construcción política han recuperado hegemonía a la hora de discutir candidaturas y poder. No se renunció, en definitiva, a hacer política de la alta.

Cerca de un año y medio después de aquella escena de derrota, Néstor moría siendo, nuevamente, jefe del peronismo, diputado nacional (asumió a pesar de que se decía que no lo haría), secretario general de UNASUR y candidato a presidente para 2011 (increíblemente –para los sectores de la derecha, corporativa y partidaria-) con excelentes perspectivas de triunfo. A casi dos años, de los tres supuestos presidenciables que había proclamado aquel comicio (Reutemann, Cobos y Macri, variado el menú), dos de ellos –Lole y el traidor mendocino- se bajaron por muerte natural –nada hicieron para conservar lo que nada habían hecho para obtener-; y el tercero, el alcalde porteño, abandonó ante lo irremediable de que su postulación era una quimera de aquellas. Néstor Kirchner jamás tuvo en cuenta esas cuestiones para decidir en política (sólo él creía en su victoria en 2003, ya dijimos de que fuera posible recuperarse del traspié de medio término).

Contrario sensu, aquellos que mayor lealtad guardaron a la construcción orgánica que mejor sustento se procuró desde la crisis partidaria que legó 2001, han recogido su cosecha. Daniel Scioli, principalmente, que tiene casi asegurado su bis como gobernador bonaerense; Lucía Corpacci, que no dudó en asumir como senadora del FPV durante el estrellato del Grupo A(EA) y a partir de diciembre próximo gobernará Catamarca; o Carlos Eliceche, aquel que recibió a Kirchner en su ciudad, Puerto Madryn, a pocos días de la derrota, cuando Néstor daba los primeros pasos del camino de la reconstrucción de la fuerza, lo que provocó la ira de Das Neves, al que parece que hay que preguntarle para visitar la provincia: hoy día, Das Neves, aún si se confirma el triunfo poco decoroso de su delfín en Chubut, está acabado políticamente, y Eliceche posicionado inmejorablemente tanto a nivel local como nacional.

Néstor jamás paró de andar –y por eso, dicen, se fue- la construcción, de rosquear las vetas posibles para encarar la “sintonía fina” del modelo. De apostar a las orga, los MMSS, los clubes de barrios y demás. Todo empezó a tomar cuerpo en aquél Ferro de inicios de 2010, cuando nació la herramienta orgánica del sujeto social kirchnerista, que lo hay, por cierto: trabajadores, juventud, ponele. Y por pensar a largo plazo, el kirchnerismo se permite paladear una cada vez más probable victoria en las elecciones venideras, cuando se lo juzgaba hace poco, hace nada, en irremediable retirada. Ha dado sus frutos pensar en la sustancia y no sólo en el envoltorio de una idea de país que ha traído beneficios indiscutibles para las mayorías. Antes de su fallecimiento, la recuperación de la ponderación social del proyecto nacional y popular era indisimulable. La muerte de Néstor solamente radicalizó a una sociedad que vio la necesidad de asumir la defensa de aquello cuya referencia máxima había, trágicamente, desaparecido.

Hoy Cristina se posiciona como la jefa de un conglomerado vastísimo y, sí, heterogéneo, que le permite asumir demandas y cristalizar logros de gestión capaces de captar votos horizontalmente que permiten soñar con una victoria rotunda que habiliten, al mismo tiempo, una gestión cómoda y la construcción de una opción de recambio para Cristina en 2015 que garantice la continuidad, la trascendencia del proyecto por encima de sus fundadores y referencias máximas. Para eso, al margen de las ya consabidas y repetidas hasta el hartazgo consignas programáticas que han significado crecimiento económico, redistribución del ingreso y avances culturales como no se vieron desde el primer peronismo en el país.

Pero para consolidar y acelerar en las asignaturas pendientes materiales (y para esto, como dijo Feletti, avanzar en la modificación de estructuras de propiedad y captación de renta -sin por ello tener que caer en la dictadura del proletariado, claro-), habrá, también que generar una alternativa de sentido que sea capaz de sustentar en varios aspectos –de nuevo, cultural y también jurídico, por caso- las acciones concretas a llevar a cabo. No se trata solamente de un nuevo relato, que por otro lado ya está instalado, sino de algo mucho más importante: renovar los esquemas y categorías de análisis de “la realidad”. Salir de lógicas ajenas de interpretación para evitar a futuro quedar entrampados en discusiones bizantinas. Y eso sólo se puede poniéndole el cuerpo a fatigar el rosqueo a más no poder: con todos y cada uno de los interlocutores -ya sean propios o ajenos-, en todos y cada uno de los escenarios -sean o no amigables-. El mejor legado de Kirchner es haber enseñado que la suya era la forma correcta de hacerlo.

Cristina, con lógica y derecho, reclama para sí la centralidad y exclusividad de la conducción en sentido político tanto como de gestión, y el acompañamiento sin chistar del amplísimo arco de voluntades infatigables que la sustenta(mos): desde la Corriente Nacional de la Militancia al Movimiento Obrero Organizado pasando por las estructuras tradicionales del PJ –próximas a pronunciar su alineamiento con la jefa única del espacio-. Sólo así se puede en un esquema populista –que no es, el populismo, lo que dicen Grondona, Aguinis y MVLl que es- como el del kirchnerismo.

Y por otro lado, vamos, es lo que ha dado resultados. Y dice el dicho que “equipo que gana…”.

viernes, 13 de mayo de 2011

Cristina: Es… tratega, Es… tadista, Es… un lujo

No hay que hacer tanta bulla. La política es así, tiene estas cosas. Acá nos han hecho creer que en el resto del mundo la política se procesa tomando el té. No es así. Tiene que existir Víctor Hugo Morales para que nos haga oír en radio las barbaridades que se dicen los líderes de la centroderecha y la ultraderecha española (Rodríguez Zapatero y Rajoy) o los integrantes del parlamento de la Unión Europea.

Urge utilizar el método Wainfeld que destacaron hace poco en La Barbarie. Diseccionar bien la cosa para no caer en generalizaciones/sobresimplificaciones/absolutizaciones erróneas.

Cristina lanzó una señal al interior del peronismo. Necesita disciplina. Rosqueo, sí, pero ordenado, y siempre teniendo presente que la última palabra es y tiene que ser ella.

Escriba dice, en Artepolítica, que “algo tiene que hacer la Presidenta con el 80% de imagen negativa de Moyano”. Depende, para mí. Sí, si Moyano pretende extenderse por fuera de lo estrictamente gremial. Va de suyo que sí, quiere. Es absolutamente válido, legítimo y hasta –para mi forma de ver- saludable que el Movimiento Obrero Organizado desee y puje por “lugares en las listas”, cargos y demás. De hecho, Facundo Moyano, Omar Plaini, Héctor Recalde, Juan Carlos Schmid, Julio Piumato, tienen, todos ellos, mucha mayor densidad política, argumentativa, formativa, que el 95% de los integrantes del Grupo A (por no decir el 100%, derecho, viejo). Dicho de otro modo, si Macri es jefe de Gobierno, Michetti aspira a serlo, y Patricia Bullrich, Morán, los agrodiputados, Pinedo, la hija de Rucci, Amadeo, Giudice y/o Fernando Iglesias son diputados, cualquiera de los mencionados cegetistas también pueden. Pero, detalle, eso sólo lo lograrán colgados de Cristina, y no porque se hagan más o menos paros, con los cuales, por otro lado, Cristina dijo, ayer, no sólo que poco se ayuda cuando los encabezan quienes manifiestamente más se han beneficiado con el modelo (cuyo aporte será redefinir los métodos cuando se pueda perjudicar al Gobierno justamente ahora que no hay el enemigo en la Rosada), sino que justamente operan en contra de las intenciones que tienen: no solamente porque ponen de culo a la gente que detesta los paros (excepto los del "campo", claro), sino porque debilitan su identificación con CFK, la clave de sus éxitos.

Pero, también, es necesario que sea Cristina la que tenga la última palabra. Porque es la taquillera, su imagen la portadora del éxito que se augura en octubre: así, en Capital se ha optado por darle el mayor volumen posible a su ingerencia en la decisión del candidato. Pero también la que conoce el cómo, el manual para hacerlo.

Yo relativizaría, relativamente, salvo en casos específicos, el aspecto clasemediero, digamos, del hecho. Esto de que “Cristina necesita el voto de la clase media, por eso le pega a Moyano”. Es cierto que sobran espacios a diestra y siniestra, que hay que captarlos y sin despreciar nada porque todo suma. Pero hay también ciertos resabios de visiones atadas a lo porteñista que amplifica el microclima de la Ciudad como si se tratara del país todo.

El “Universo K” es heterogéneo, y está bien que así sea. Le otorga volumen, diversidad, riqueza. En ese esquema, Cristina surge como elemento insustituible de la administración de las tensiones, lógicas, que se generan en un espacio como este. Por otro lado, los cuatro años que se vienen requerirán de mucha frialdad para encauzar una gestión que se propone profundizar (más) el rumbo actual, que genera casi a diario tensiones mayúsculas (no hay forma de que no lo haga, perdería su esencia), teniendo en cuenta el dato de que, al mismo tiempo, habrá que planear la sucesión (en la que la CGT querrá tener parte, insisto, con todo derecho).

En este último sentido, Cristina da en la tecla: nada debería poner más nerviosa a la conducción del Movimiento Obrero que el hecho de que Cristina pudiera llegar a declinar su candidatura. Puede que de Cristina vayan a recibir poco: de los demás, recibirán nada. Y, del mismo modo, nadie, dentro del kirchnerismo, garantiza la victoria ni la continuidad como ella. A tenerlo en cuenta.

Es un esquemita muy simple a tener en cuenta, para cualquier discusión, de acá en adelante: TODOS, INCLUSO el compañero Hugo Moyano y la CGT, son IMPORTANTES para el proyecto. Pero NADIE, EXCEPTO ella, la compañera presidenta CFK, es IMPRESCINDIBLE. Cristina conduce. Cristina decide. Y nada se hace sino a partir de ella, y en torno a ella. Y a la continuidad y profundización del modelo. Que a estas alturas, vienen siendo, más o menos, la misma cosa.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ciudad de Bs. As.: especificidades y proyecciones

Si Macri se bajó es porque sabe que no tiene ni mínimas chances de ganarle a CFK. No se puede hacer un análisis sin partir de esa base. Pino Solanas, ídem.

No podemos más que repetirnos:

1) Asistimos al final de la política jugada con lo mediático como dato clave de construcción de candidaturas. La catarata de "bajados" no tenían, en sus haberes, cuando se lanzaron, más que la espuma de los medios de Capital promocionando tipos que, apenas se cruza la General Paz, con suerte si se les conoce el rostro. Macri y Pino se han formado, crecido y sostenido en base a esa lógica de armado. Para Capital, les ha alcanzado. Una presidencial es otra cosa. Ahí talla el que cuenta, en todas y cada una de las veintitrés provincias del territorio, siquiera un club de barrio que en sus puertas tengan un cartelito de chapa bancando la candidatura del sujeto. Hoy, eso, solamente Cristina y alguito de Alfonsín (volveré sobre el radicalismo y sus dificultades de armado más adelante).

2) En 2009 podía aceptarse que se perfilaba un escenario similar al de Menem 2003: el kirchnerismo ganando claramente la primera vuelta, pero yendo, irremediablemente, al balotaje, y ahí se le iba a hacer, ineluctablemente, muy cuesta arriba. Eso desincentivaba la unión de la oposición, porque era seductor aspirar a un segundo puesto por el que había que hacer muy poco y que garantizaba una segunda vuelta en la que una avalancha podía optar por el voto anti K. Ya en 2010 eso murió: el día anterior a la muerte de Kirchner, él o CFK se perfilaban para ganar, en todas las encuestas, las presidenciales en primera vuelta, en la variante 40 + 10. De la muerte de Néstor en adelante, hasta hay osados que pronostican arriba de 50% para la Presidenta. Moraleja: en Argentina existe, todavía, sí, antikirchnerismo, pero ya no alcanza ni siquiera para forzar un balotaje. Y no alcanza, entonces, para que cualquier trasnochado sueñe con candidatearse sólo en base a los aportes de los punteros mediáticos de TN.

Asistimos, también, y por suerte, a la recuperación de los espacios tradicionales, hasta hace poco denostados, como dato clave de la construcción, el despliegue territorial. Hay, cómo no, vestigios del sentido de la anterior ley de radiodifusión, que no era ley. El microclima capitalino dominante como supuesto reflejo exacto del todo nacional: ¿habrá habido algarabía en Tierra del Fuego cuando Sanz lanzó su candidatura? ¿Se sabía en Corrientes que Das Neves se soñaba en la Rosada? ¿Cuántas unidades básicas del PJ en Jujuy estaban dispuestas a salir a bancar la candidatura de Macri? Porque, vale el aviso, se necesita, para ser presidente, y aunque a Pino le moleste, de los votos de todos esos lugares también. Además, seguir a ciegas los consejos de Durán Barba. Y... Gracias a eso, ahora Majul, después de pasarse meses intentando presentarlo como la mejor opción posible, ahora lo llama político del montón. Esa coherencia de sostener las cosas que se dicen, siempre, presente como nunca.

Véase, si no, lo que ocurre con el armado alfonsinista. Ya lo habíamos dicho acá, ¿a cuento de qué los intendentes radicales del interior de la provincia de Buenos Aires aceptarían ceder espacios en sus concejos deliberantes a "referentes" del "denarvaísmo"? No sólo se trata, la negativa de Binner a acordar con De Narváez, de una cuestión ideológica, que también, pero, fundamentalmente, tiene qué ver con privilegiar a los propios en los espacios y lugares que le son propios. Y Macri necesitaba, también, de otros para tener llegada nacional y por ende aspirar en serio a la grande. Y le pasó lo mismo. La incapacidad para leer ese dato permite que un tipo como Pepe Eliaschev diga pavadas tales como que si Macri buscara abrirle al peronismo elegiría, como candidato a vice, a... Diego Santilli. ¿Realmente se creen esas cosas, lo de la pata peronista? A ver, ¿cuántos legisladores formoseños son santillistas? ¿Cuántos sindicatos lo bancan? ¿Y a Conte Grand, la "pata peronista" de Carrió? No existe eso, no hay chances de pelear peronismo por fuera de las estructuras formales del partido. Alfonsín incurre en un error en creer que DN le podría aportar algo de eso, por fuera de lo que mediáticamente significa su figura, en lugares acotados por demás. Y por añadidura, le genera problemas con los propios en "lo bajo", que son mucho más potentes de lo que es él "arriba".

La clave para el kirchnerismo, que está en condiciones inmejorables de hacerse de la Ciudad de Buenos Aires, estaría en hacer quedar a Macri y a Pino como similares, para capitalizar en su favor el descontento para con el jefe de gobierno actual, que no es terminal, pero sí importante, y va en ascenso. Bastante está haciendo, por eso, Pino mismo, cuando descalifica "la calidad de voto de las provincias más pobres", en una parábola que se parece en todo a las descalificaciones que Macri hizo de bolivianos, peruanos y paraguayos.

Ambos, Macri y Solanas, están hechos a la medida del distrito al que irán ahora a competir como premio consuelo (otra cosa en la que les convendría machacar a Filmus/Boudou/Tomada -¿Qué festejaban, a propósito, los "bajados"? ¿El arrugue?-). Buena parte del electorado porteño desprecia los métodos de despliegue territorial. Macri y Pino se parecen cada vez más. Esto es muy difícil de disimular cuando son, ambos, tan bien tratados por Grondona y Magnetto. Pero no por eso en sí, sino por lo que hay detrás del hecho: el desdén por las formas tradicionales de construcción política. Como allí la potencialidad de la amplificación mediática pesa de verdad, pues no es mala idea brindarse por entero a las pantallas oligopólicas. De ahí a que eso mismo sirva para apuntar a gobernar el país todo, son veinte pesos aparte.

La forma en que llevaron adelante la "interna" los tres precandidatos del FPV, por otro lado, fue digamos que a la medida de la necesidad del espacio. Sin exabruptos entre ellos en un distrito que repugna de ese tipo de gestos; y sumando todo lo posible en términos de ensanchar la base en torno del que sea que termine eligiendo Cristina.

El hecho de ubicar a Cristina como decisora última no es antojadizo ni para “asesinar la democracia interna” en el FPV. Es otra cosa, más sencilla: Cristina tiene, en la Capital, mejor imagen e intención de voto que Macri. No obstante eso, el traslado al candidato que elija, va de suyo, no será mecánico, pero no está de más que se le asigne, a la conductora del espacio, y cuya identificación con el espacio significa dotar al mismo de todo cristinismo que parece ser lo más atractivo que tiene a mano hoy día.

Por ahora, nada más. Pero estamos a la espera de novedades.

domingo, 8 de mayo de 2011

Lanata, las casitas de Hebe, los DDHH y las peleas de fondo por un país para muchos

De entre varios, todos muy buenos, celebro especialmente este tramo del reportaje que Andy Kusnetzoff le hizo a Jorge Lanata la semana pasada:

“Creo que el laburo de los Derechos Humanos tiene que ver con los Derechos Humanos y no con construir viviendas sociales que nadie sabe bien cómo gastan la guita”.

Esa es una visión que sincera fielmente el tributo de todo un sector, que Lanata representa muy bien, a la tristemente célebre teoría de los dos demonios: de acuerdo, todos ellos, con juzgar a “los milicos del proceso”; pero siempre aclarando que “los montoneros también estuvieron mal, y además empezaron ellos”.

¡No, señor! No “la empezaron” los compañeros de las organizaciones revolucionarias, que por otro lado también los había no peronistas: la lucha armada fue una modalidad concreta en un período histórico determinado del reclamo y la lucha por el retorno al país del general Perón, a cuyo desalojo del gobierno constitucional que encabezaba, en 1955, le siguieron dieciocho años ininterrumpidos de dictadura –y de ilegalidad y antidemocracia total y absoluta-, en tiempos encabezada por militares, en otros por civiles actuando farsas democráticas en las que veían burlados sus derechos cívicos y políticos más del sesenta por ciento de los ciudadanos.

La opción armada le siguió a la (a mi juicio mucho más heroica) llamada de la Resistencia Peronista, inorgánica. No fue Perón desde Madrid quien urdió la guerrilla, y poco me importan las citas bibliográficas que me puedan enrostrar: es un absurdo demencial suponer que una persona pueda con el detallismo que requiere una organización como la de Montoneros a la distancia del país que se encontraba Perón.

Fue el antiperonismo el único culpable de que haya habido guerrillas en Argentina. El bloqueo al juego político normal bloqueó la posibilidad de canalizar las expresiones por otro medio que no fuera el de la violencia armada. No se trata de justificar a nadie. Justificará, si existe, Dios. Se trata de explicarse un fenómeno político que muy lejos está de haberse tratado de la pelea de dos hordas de dementes con la sociedad en el medio de ambos pagando los platos rotos.

Esa es la versión que sostuvo el Nunca Más en la equivocada (sin maldad, pero errónea al fin) idea ordenadora de su prólogo original. Lo que le valió, por otro lado, a Alfonsín, tener que soportar dos levantamientos armados.

Cuando Lanata dice lo que dice, acá, y cuando habló, antes, del asesinato del dictador genocida Pedro E. Aramburu, opta por una versión cómoda.

Que, por un lado, esconde el papel de todos y cada uno de los sectores de la sociedad civil que estuvieron detrás de las rupturas de 1955 y 1976. Si la culpa es “los locos de los milicos”, quedan en la nebulosa todos los que, por atrás, reclamaron, financiaron y sustentaron los golpes. La Sociedad Rural, por caso. La Iglesia Católica, por caso. No me hace falta ni siquiera empezar por Clarín (igual, que vayan a contarle a otro que si en la venta de Papel Prensa hubo firmas de Videla y Massera, la cosa fue limpita, como pretenden, algunos, hacer creer, que no es casualidad el ocultamiento del informe de la SIP –tan ponderada, ahora- de 1978).

Y, por el otro, esconde la discusión de concepciones que hubo detrás del peronismo-antiperonismo, que se reproduce hasta nuestros días: la pelea –simplificando, pero sin faltar respeto a la esencia- entre un país –aún con todas sus falencias- pensado para todos, el de Perón; y otro, concebido apenas para sus dueños, los que lo habían manejado hasta el advenimiento del peronismo, los que lo recobraron entre 1976 y 2001 cuando resolvieron con balas y exclusión social (lo que resistió, de diversas formas, durante dieciocho años y algo más, el sentido fuertemente instalado en la sociedad de que el Estado de bienestar era conveniente), y los que forman parte de la cada vez más reducida alianza social antikirchnerista y combaten el proyecto que encabeza CFK.

Las casitas para los pobres son la concreción que Hebe lleva adelante de los sueños por los que cayeron sus hijos y el resto de los treinta mil desaparecidos. Ir en contra de las casitas es un eslogan detrás del cual se esconde la opción por un país que deje en el olvido a los más necesitados. Poner en tela de juicio "el origen de los fondos", lamentablmente, se parece mucho a algo que dijo ya, mejor que yo, Luis Bruchstein en P12 al respecto de la visita de Vargas Llosa: eso de que los golpes en Argentina siempre se hicieron, por ridículo que hoy nos pueda parecer, "en defensa de la democracia y en contra de la corrupción". Atacar las casas deshistoriza, descontextualiza, quita pulpa a lo que fue el sentido de las luchas "guerrilleras", independientemente de mil otras discusiones que puedan aceptarse a su respecto. Y es lo que Lanata (y quiero dejar sentado fuertemente que no creo que lo haga con mala intención) defiende cuando toma la postura que toma respecto de la batalla cultural que hay dando vueltas en torno de la política de Verdad, Memoria y Justicia, que no se puede agotar en el juzgamiento de sus ejecutores castrenses y que está muy fuertemente conectada con la otra que Cristina, casi a diario, nos recuerda a los que abrevamos en el pensamiento peronista y afines: que si las corporaciones quieren conducir al Estado, y tomar las decisiones, tienen que, de una vez por todas, presentarse a elecciones.

sábado, 7 de mayo de 2011

Evita



"Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad. Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores y los descamisados. El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros sí. Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol. Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros. Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!" Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?",

Eva Perón, Mi Mensaje.



domingo, 1 de mayo de 2011

Un análisis frío ahora que hace un frío de cagarse

La UCR terminó en El Hijo de Alfonsín, ante las deserciones de Sanz y Cobos: junto con el multitudinario acompañamiento popular de la muerte de Néstor, otra enorme prueba de lo poco que en términos de construcción pueden las corporaciones, ambos desertores eran apuestas únicamente del establishment. La tan agitada "revalorización de la política" tiene su correlato en la caída -como no sea para apretar y condicionar- de los poderes fácticos. Mueren, por ahora, los candidatos de laboratorio, de mesas empresariales prolijas y lejanas del barro y el calor popular. Alfonsín terminó subordinado a una estrategia no propia.

En ese entendimiento, la bajada de Macri. ¿Cómo, en estos tiempos, iba a poder ser candidato a presidente un tipo que no es capaz de poner un candidato a gobernador en cada elección provincial que se sucede? Otro elemento que recobró vitalidad gracias al kirchnerismo, es la capacidad de incidencia de "los armados/aparatos" (unidades básicas, centros cívicos o cómo se les quiera llamar). Macri llegó a la política basado en una lógica que es la antítesis misma de la que hoy predomina: el desdén por los instrumentos clásicos de construcción territorial. Se pasó su época, llegó tarde.

Pino Solanas baja a la Ciudad de Buenos Aires haciendo una pésima lectura del pasado reciente y del presente, supone que parte de su 24% de 2009, cuando su masa de adhesiones respondía, en ese entonces, y responde en la actualidad, a la ola antikirchnerista que ha pasado a ser marea baja. Hoy, como entonces, Pino divide votos con la derecha (por eso fatiga TN, por eso denuesta a los salteños, por eso señala el "clientelismo político"), sólo que una derecha con capacidad de fuego reducida y, por ende, lógicamente -como toda expresión política en declive- más ideologizada: malas noticias para Pino, la derecha más convencida, para hacer derecha, difícil que opte por él teniendo uno de la casa como lo es Maurizio.

A partir del instante mismo en que se instaló en el Congreso el Grupo A, se terminó la era de predominio del antikirchnerismo como dato determinante de construcción electoral. La imposibilidad de asumir el programa de las corporaciones que los dirigen en forma explícita (sí que se lo descubre en todas y cada una de las reacciones que tienen ante todas y cada una de las propuestas del Gobierno), provocó una disfuncionalidad operativa al interior del variopinto conglomerado (así les fue con el quórum, que mayoritariamente fracasó por culpa de ellos y no del bloque oficialista: incapaces de sostener al interior de sus espacios, muchos de ellos, las demandas empresariales) y, además, permitió correr el velo del "odio a los Kirchner" que en realidad era un subproducto del verdadero odio, que es al sentido de lo que Kirchner lideran y representan: un modelo de país inclusivo y diametral, sustancialmente distinto del que imperó en el país entre 1976 y 2003 y que es el eje rector del pensamiento de cualquier oposición actual.

Como dijimos acá varias veces, los distintos integrantes del Grupo A estuvieron y están en un callejón sin salida. La crisis de 2001 arrasó, cultural y concretamente, con los dispositivos de armado político territorial. Frente a eso, solamente queda, para las dirigencias opositoras a los Kirchner (quienes, contraculturalmente, optaron por dar la batalla por la recuperación de un sentido que posibilitase nuevamente sustentarse en los aparatos tradicionales injustamente denostados), buscar refugio corporativo -principalmente mediático, ante la conformación de conglomerados oligopólicos cuyo nacimiento estuvo dado en paralelo al ocaso de los partidos- para alcanzar el despliegue nacional necesario. Hoy se ve como sólo CFK tiene candidatos propios (y a veces más de uno) en las distintas elecciones provinciales que dieron inicio al año electoral.

En la UCR, no es exactamente eso lo que ocurre, sino que desde la huida de De La Rúa en helicóptero por sobre los más de 30 cadáveres cuya ejecución ordenó, las conducciones provinciales del partido de desentienden de las estrategias seguidas a nivel nacional, siguiendo un camino similar al que siguieron los Kirchner: por eso en 2003 obtuvieron seis victorias locales mientras Moreau sacaba un 2% de los votos en las presidenciales; por eso 5 de esos 6 gobernadores ataron, en 2007, su suerte a la del kirchnerismo, mientras a nivel nacional Morales y Sanz se refugiaban en un extrapartidario; por eso hoy se ve como en las distintas internas provinciales del radicalismo los candidatos de las internas nacionales ni asoman (en Neuquén arman con Parrilli, en Río Negro gana uno que dice que va a votar por CFK). Por eso, como ya dijimos, Alfonsín cuenta, para su candidatura con la adhesión de… cero cantidad de gobernadores.

Así las cosas, suena complicada la amalgama electoral que intentan con De Narcováez en provincia de Buenos Aires y con el intendente de Ciudad de Buenos Aires. Tributarios, y hasta se diría que fieles o máximos exponentes de la modalidad de armado que venimos apuntando que ha llegado a su fin, y siendo nula la capacidad de las conducciones nacionales radicales de bajar línea en el interior, parece difícil que vaya a tener suerte que se consolide una opción que aplique una lógica de construcción y acumulación que cabalgan sobre elementos caducos. Porque, aclaremos: acá no se trata de hacer un reproche ético o moral a Alfonsín y la UCR por buscar al colombiano. Desde ese costado la cosa es total y absolutamente irreprochable. Acá se trata de apuntar los defectos de una amalgama que en una primera mirada luce insustentable desde todo punto de vista. Y eso sin entrar a inquirir en el recuerdo que pueda quedar en el llano de lo que fue la experiencia de la Alianza, cuya similitud con esto buen esfuerzo tendrán que hacer desde ambas partes para desterrar.

Se trata de la incapacidad (diría que histórica) del no peronismo en confundir táctica y estrategia: porque, vamos, Morales dice que Cristina acordó con Saadi, y eso no sólo que forma parte de su incapacidad para comprender las dinámicas locales como dije arriba: además, que Morales le vaya a contar a otro que Saadi va a tener alguna relevancia, mínima siquiera, en las decisiones que vaya a tomar CFK en su segundo mandato (si lo obtiene).

La construcción del Grupo A supuso que un elemento transitorio como el antikirchnerismo furioso que hubo en , y que se sustentaba en bases débiles –la promoción mediática- sería eterno y que podría pasar por alto que (salvo cuando la amañada pelea por el reparto de la renta agraria extraordinaria) no encarna en ningún votante en concreto, sino en los mitos liberales que la militancia kirchnerista destrozó a través de las nuevas formas de comunicación y del debate por la sanción de la nueva Ley de Medios.

El kirchnerismo, muy por el contrario, se propone como espacio de vehiculización de cuanta demanda social de larga data quiera tener a bien interpelarlo (pero a la vez como garante de gobernabilidad y orden como partido capaz de manejar la configuración del Estado que dejó el catapum de 2001 a la vez que batalla por ampliar sus capacidades en orden a torcer la historia), en paralelo que suma esos segmentos a su construcción -que, por personal, es enfervorizada, difícil que una persona se entusiasme con pelear por la seguridad jurídica para las inversiones extranjeras, el copamiento corporativo del Consejo de la Magistratura o el pacto Duhalde-Terragno-: por eso, una de las mas feroces críticas que le hacen sus detractores -correcta lectura de ellos, por cierto- es la de que se roba tal o cual bandera (sea Ley de Medios, matrimonio igualitario o AUH). La realidad es otra, el buen líder político no es el que idea mejores inventos de gestión, sino el que mejor conduce las demandas del llano, que es lo que, además de tender puentes de representación, le permite discursear mejor su gestión, atento que encuentra eco en todos aquellos que pueden dar fe de que un gobierno efectivamente los acompañó en tal o cual pelea. Y encima, exhibe capacidad de conciliación entre los bandos: demasiado como para que un arco bastante variopinto no reclame por igual su candidatura (o confiese más o menos públicamente que no hay otra cosa que no sea ella).

(Disgresión: además, bueno sería que Carrió deje de decir que ella inventó la AUH, so pena de comerse un juicio por derechos de autor de parte de Carlos Salinas de Gortari, el presidente mexicano en cuyo gobierno nacieron los planes de transferencia de renta condicionada -otros, menos, dicen que fue el Brasil de Cardoso-).

Los distintos exponentes del antikirchnerismo, así las cosas, poco tienen de propio para mostrar, y de lo que tienen nada les aporta en suma de votos más de lo que ya culturalmente nunca acompañaría a Cristina. Sentadas las bases para sentarse a la mesa de una discusión programática, resulta que en ella el único que parece dispuesto a participar de la misma es el kirchnerismo, que así las cosas termina hasta captando los votos de los que no soportan la anomia y se refugian en quien al menos garantiza gobernabilidad por coherencia frente a la nada misma que se le opone (yo una vez leí que cierta clase media que es estructuralmente antiperonista es más que eso anti ingobernabilidad, y que, ante eso, en algún momento terminarían razonando que tan mal no les fue en estos ocho años).

Para terminar, aparte, tengan en cuenta que este es año de CRIS's: CRIStian U, en Gran Hermano 2011; CRIStina, en las presidenciales. Así que ni lo intenten, el futuro es nuestro.