lunes, 31 de enero de 2011

Trascendencia K, volumen III

1) En base a los términos institucionales sobre los cuales se asienta la política argentina, la discusión “kirchnerismo como peronismo o progresismo”, no tiene sentido. Hoy la conductora es Cristina Fernández de Kirchner, política y partidariamente: ella conduce la gestión y el partido, y es, entonces, al mismo tiempo, la candidata y armadora (decisora) táctica y estratégica del espacio de cara a 2011.

2) El kirchnerismo es, sí, lo que dice Artemio López que es: una modalidad concreta del peronismo. Y entonces, retomando, el diseño presidencialista de nuestra constitución, y la forma en que, muy en sintonía con esa constitución, históricamente se ha manejado el poder dentro del peronismo, hacen que hoy la discusión resulte medio estéril, dado que está Cristina, y estando Cristina, elemento aglutinador del acompañamiento heterogéneo que la sustenta (que no importa si nació antes o después de la toma del poder en 2003), no hay discusión posible.

3) Scioli no va a intentar desplazarla: si a futuro es discutible que pueda asumir la herencia de lo que inexorablemente (en los términos de la actual constitución) se acabará en 2015, en el presente es, lisa y llanamente, utópico.

4) Scioli no rajó ni durante la protesta patronal sojera/esclavista, ni tras la derrota de 2009 (como si lo hicieron Cobos y el extinto radicalismo K, pero, ojo, también las Liebres del Sur, por ejemplo Victoria Donda, o Humberto Tumini, que la noche de la 125 en el Senado andaba puteando a Cobos, nervioso y a los cuatro vientos, haciéndose el ofendido, como si él fuese diferente a Cleto: abandónicos hay por todos lados), momentos mucho peores que el actual. Nada racional habilita pensar que lo vaya a hacer ahora que Cristina está por las nubes en la consideración pública, y su gestión híper valorizada por cualquier analista serio (o sea, cualquiera que no pertenezca a Clarín, LN, Perfil).

5) Scioli es, para mí, un excelente aliado táctico, pero, a la vez, me plantea, igual que a los compañeros progresistas, dudas sobre cómo sería como conductor máximo. Ok. El peronismo tiene características movimientistas, así que pretender ordenarlo internamente como no sea en torno a la reivindicación del conductor, en este caso conductora, es no entender el peronismo. Ahora bien, ojo, ojito, ojazo, que, muerto Perón (que hubo, de esos, uno sólo), con el peronismo solamente no alcanza. Y allí comienza el péndulo, hacia dónde orientar la proyección de alianzas. Kirchner dio vuelta lo que fue la opción neoliberal menemista, y reposicionó al partido de cara a los sectores populares.

6) Hay, sí, dentro del apoyo al actual gobierno, peronistas ortodoxos que acompañaron el giro menemista. Pero, aún cuando se acepte que Boudou sea un “ultraneoliberal, que se graduó en el CEMA y estuvo con la UCeDe (aún cuando nadie ha podido demostrar su pasado como militante en esa fuerza)”, ¿quién puede sostener que ello haya determinado un giro en el rumbo estratégico del kirchnerismo? Que se sepa, Boudou ha sido el precursor de la reestatización de la administración de los fondos previsionales. Y, también que se sepa, si de algo se acusa al kirchnerismo es de que Néstor fue ministro de economía y un tozudo que no cambió nunca de opinión hasta su muerte. Por algún lado no cierra. Y es que mientras estratégicamente la conducción se pueda abstraer de las particularidades de los distintos elementos tácticos que la sostienen en otros aspectos, no hay de qué temer.

6.1) Pero (porque siempre hay peros, todo es relativo y paradojal), hay que tener en cuenta algo: que Cristina, y antes Nestor, hayan tomado las decisiones que tomaron, conllevó el elemento, sí que no decisivo, de que Scioli, y la enorme mayoría del peronismo ortodoxo también, bancaron (le pusieron el cuerpo) al Gobierno.

6.2) Yo oía, hace poco, el debate entre Gerardo Fernández, Hal y Fede Vázquez: se preguntaban si Scioli hubiese tomado las medidas que tomó el kirchnerismo desde 2003 si en lugar de Néstor y CFK hubiera sido él el presidente. Y es buena la pregunta. Pero, también, uno puede inquirir si muchas de las más profundas medidas de las cuales hoy nos enorgullecemos hubiesen sido posibles si Scioli y el resto de los acusados, hubiesen mezquinado o retaceado el lomo.

7) Todos queremos que Cristina siga, y que tenga el plafond que varias de las cosas que queremos que haga requiere. Pero, para eso, no se puede, hoy al menos, repugnar de Scioli, de los barones del Conurbanos, de los gobernadores. Digamos, mientras sea Cristina la cabeza del movimiento, no hay por qué temer del rumbo, pero, a la vez, tampoco se puede prescindir de la construcción táctica que tiene por detrás.

8) Que el movimiento trascienda, es que, aún sin Cristina en el poder formal, perdure la esencia de la obra del proceso iniciado en 2003 en lo real. En ese sentido, lo importante a mi entender, no pasa por si apoyar o no a Scioli en octubre, sino por tener la capacidad de construir una línea interna capaz de condicionarlo, si es que se considera que, una vez en el gobierno (en 2015), puede llegar a poner luz de giro a la derecha: que le resulte atractiva como elemento táctico, pero que ese apoyo se otorgue, y se mantenga, si, y solo si, Scioli hace kirchnerismo del más puro, o sea, que negocie en condiciones desfavorables.

8.1) De lo anterior depende, no solamente que el período 2015-2019 no implique una regresión al pre kirchnerismo, sino también, y yo diría que fundamentalmente, la posibilidad de que para 2019 vuelva a ser candidata Cristina si aún a esa altura (tendría 66 años) le queda hilo en el carretel.

8.2) Además, y en el caso de que lo último que haga Cristina sea su segundo mandato, que terminará el 10 de diciembre de 2015, potenciar una línea interna implicaría construir un candidato propio (Chivo Rossi, ojala; Urribarri, mismo Sabbatella), y, en todo caso, pelearle la preponderancia a Scioli también desde allí.

9) La versión que del peronismo ha vendido el liberalismo trucho (ese que cuando de ajustar se trató jamás cuestionó los DNU y vetos que para esos menesteres se dictaron indiscriminadamente), es que los dirigentes peronistas se venden al mejor postor (esto, no sin, hay que reconocerlo, buena ayuda de muchos que hicieron todo lo posible para volver potable esa visión). Esto, hoy, pasa por alto que el kirchnerismo ha dado una vuelta de tuerca: un compromiso que no tiene nada qué ver con la conveniencia: de allí que no se haya producido una huida en forma de estampida tras la derrota de 2009, sino, todo lo contrario, una radicalización del movimiento; no tanto, tal vez, por la convicción de los que no se fueron – no de todos, al menos-, sino porque hubo, por parte de ellos, comprensión de que el poder de base necesario para emprender cualquier cosa en política, no estaba, en realidad del lado de los peronistas de derecha, vencedores en aquella ocasión, sino que persistían con Kirchner.

10) Esto ha tomado organicidad en la Corriente Nacional de la Militancia, de la que ya hablamos acá en Segundas Lecturas, que nuclear a buena cantidad de organizaciones menores que apoyan la conducción cristinista, y que es la pata más pura del kirchnerismo hoy en día. Las palabras de uno de sus referentes, Marcelo Koenig, del Movimiento Peronista Revolucionario –y profesor mío de historia el cuatrimestre pasado, un cuadrazo e intelectual del palo-, lo dicen todo: “el kirchnerismo es un proyecto que es como una bicicleta: sólo se sostiene si pedalea para adelante”.

10.1) El desarrollo de este grupo como herramienta de construcción política, en función de ganar espacios de poder al interior del peronismo que le permitan hegemonizarlo para impedir que lo vuelva a capturar el neoliberalismo y tergiverse su sentido histórico (y no caer en mera declamación retórica), implica generar acción política, negociar, pelear, y todo eso no solamente se hace en zapatitos blancos: ¡atención! Desde ahí se le pelea a Scioli, pero el sentido de pelear, no es pegarle una patada en el traste y echarlo, sino domesticarlo, estructurarlo, siempre partiendo de la base de que no lo esté de por sí.

Trascendencia K, volumen II

Retomo algo que comencé en el post anterior, acerca de la trascendencia, cuando di cuenta de la posibilidad de un Scioli acercado a la versión más pura del peronismo peronista, o sea el kirchnerismo.

El politólogo Joseph Nye, de la Universidad de Harvard, creó una distinción ya clásica entre el “poder duro”, aquel que se vale de la fuerza o la presión económica; y el “poder blando”, que descansa en la persuasión cultural o ideológica.

La trascendencia del kirchnerismo en el tiempo, entonces, dependerá de su capacidad en dos aspectos: por un lado, de sostener un relato, que, a su vez, tenga la habilidad de mantener vivo un clivaje sobre el cual pueda asentarse la oferta de continuidad del proyecto conducido por Cristina como lo más conveniente (esto sería lo blando). Sobre este aspecto, esencialmente, asentó sus veinte años (sí, ¡veinte!, así, con signos de exclamación, para que la coman los que se dicen adalides del republicanismo berreta y ensalzan el modelo chileno como ejemplo de tal cosa, aunque sin jamás hacer mención de las senadurías vitalicias que allá existen, o de una constitución nacional, que duró hasta hace poco, diseñada por militares genocidas): el “Sí – No” del plebiscito de 1988, que terminaría con el reinado del asesino Pinochet.

Y, por el otro, que perdure su habilidad de asegurar gobernabilidad, lo que vendría a ser su mayor capital político hoy en día: el kirchnerismo ha demostrado enorme habilidad para administrar las muchas tensiones del entramado político – institucional argentino (federalismo, presidencialismo, autonomías provinciales, intendencias, puerto, sindicalismo, piqueterismo, entramado productivo, etc…) con sobrado éxito: la paz social ha sido durante ocho años, y sigue siendo, a pesar de amplificaciones de conflictos mínimos, regla enormemente mayoritaria.

Enfrente, y siempre a partir del esquema de Nye, hay un conglomerado opositor que se para sobre un discurso de republicanismo liberal/consensual que, aparte de ser desmentido por la foja de servicios de absolutamente todos sus dirigentes, tiene dos problemas: uno coyuntural, por cuanto es incapaz de penetrar en el sistema político e institucional actual para encarar la resolución de los problemas de gestión que se plantean; y otro discursivo, pues no es capaz, ese discurso, de hallar un sujeto social capaz de sostener un gobierno, que se sienta involucrado en las disputas que propone como eje de sus relatos y programas. Tan sencillo como eso.

(Esta historia, continuará… O capaz no, veremos si se me ocurre algo mejor)

sábado, 29 de enero de 2011

Trascendencia K

La enorme distancia que CFK le saca, hoy por hoy, a todos sus competidores, determina, a la vez, la opción del justicialismo, en pleno, de alinearse con su candidatura, a la vez que los movimientos del establishment.

Incapaces Duhalde, Sanz y Macri, los hombres de mayor confianza del empresariado, de hacerle frente a la Presidenta, la apuesta venía por el lado de Scioli. A la traición, primero; a que se convierta en un heredero aceptable (para el mundo de los negocios) del kirchnerismo, tras la muerte de Kirchner.

Pero, para que Scioli pudiera ser el heredero del kirchnerismo hacen falta dos cosas: primero, que Cristina no quiera ser candidata; y, segundo, que el kirchnerismo quiera que Scioli herede la conducción. No existiría otra forma de apostar a Scioli cómo posibilidad rendidora, pues su rendimiento viene dado por su pertenencia al proyecto oficial: candidatearse por el “Peronismo” Federal, por su parte, es apostar a perdedor, pues se trata de dirigentes sin peso hacia el interior del partido. El kirchnerismo tiene indiscutible predominio, hoy ya casi hegemonía, en las disputas internas del peronismo: la enorme mayoría, por no decir casi totalidad, de agrupaciones que componen la vida del partido, están con el kirchnerismo, y las que están con algún otro candidato son insignificantes. El capital político de los “peronistas” federales pasa, casi en exclusividad, por el beneplácito que puedan obtener del eje del complejo empresarial, la corporación infocomunicacional: eso, alcanza para ganar una legislativa, pero no para gobernar.

Dicho de otro modo: Scioli no tiene como competir contra Cristina, a no ser que Cristina decidiese alejarse del kirchnerismo, algo, creemos, bastante improbable.

De allí que desde los medios opositores al último salvavidas que se apuesta es a una más que improbable deserción de la Presidenta de la competencia de octubre. Está la creencia de que con Scioli podrían negociar. Ahora bien, este último razonamiento requiere de atender a las características personales del hombre en cuestión, el Gobernador bonaerense. Detalle: eso es algo que nunca, jamás debe hacerse en política. Esto es, suponer que las particularidades definen el todo.

Y es cierto, Scioli es portador de características que habilitan a que el establishment lo suponga potable a sus intereses. Pero así como debe reconocerse eso, no menos cierto es que no se trata de ningún boludo, y, vamos, tampoco un todopoderoso capaz de torcer los procesos políticos a partir de su sola intención de hacerlo.

Digamos, Scioli hoy tiene peso a partir de su pertenencia al proyecto de Cristina, que lo supera en intención de voto, aunque sea, también, es cierto, bien visto por el “electorado independiente” o de derecha. Pero, se insiste, no es idiota. Y sabe que, de llegar, necesitará de una estructura que lo sustente: ha estado varios años al lado de Kirchner, y por algo debe ser que no abandonó el barco, ni durante el conflicto con la Junta de Comandantes de las patronales sojeras, ni tras la derrota en las elecciones legislativas de 2009: la única estructura capaz de sostener políticamente un proyecto de gobierno, hoy, es el kirchnerismo, y, a eso, Scioli lo sabe de sobra.

En ese sentido, su aparición en el plenario de la Corriente Nacional de la Militancia, es el dato político, hasta acá, más saliente del año.

1) Confirma que Scioli irá, en 2011, por otro mandato como gobernador, acompañando la boleta, también ya confirmada, presidencial, de CFK. El dato ya venía asomando, ahora está plenamente consolidado.

2) Eso, no surge de la nada: teniendo en cuenta que el peronismo sabe de oler sangre como pocos, que Scioli opte por acompañar otra opción presidencial que no sea la suya, cuando él mismo era mencionado como opción, no tiene que ver con otra cosa que con la íntima convicción de que la victoria de Cristina asoma indiscutible. Lo contrario implicaría arriesgar demasiado su futuro personal: algo a los que Scioli no acostumbra.

3) Pero, atención a algo: Scioli fue a pedir acompañamiento, a mostrarse alineado. Las condiciones de negociación asoman desfavorables para él. Tomó nota, Daniel, del dato que tiró Perro Verbitsky en P12: el riesgo que le representa, de cara a 2015 (carrera, esa sí, que no correrá Cristina), de ganar por menos que la Presidenta (lo cual reconfirma que está ganando la jefa del peronismo). Necesita de todo el volumen que pueda sumar en torno a su candidatura de cara al futuro (el suyo): todo indica que les fue a ofrecer el sillón de la vicegobernación.

4) Ahora bien, atención: la Corriente Nacional de la Militancia no es un espacio de acomodaticios. Aspira a ser, en palabras de sus propios miembros, la “tercera pata” del proyecto nacional y popular, al lado de la estructura formal del PJ y el Movimiento Obrero Organizado. Está, como ellos, conducido por Cristina, pero es mucho más comprometido, ideológico: es la más pura representación del kirchnerismo dentro del peronismo.

5) Apuntar las características de la Corriente, no es ocioso. Implica atender que Scioli no obtendrá gratis su apoyo. Tendrá que comprometer fidelidad a las convicciones del proyecto que sustenta la existencia de la Corriente. Esto es una buena noticia, tanto para los que planteamos como una preocupación la sucesión de Cristina para 2015, como para los que dudan de lo que podría llegar a hacer Scioli si pasa de ser lo que es hoy, una línea táctica, a ser conducción estratégica. Asoma la construcción de la trascendencia tan anhelada.

Todo lo anterior es una patada al hígado del establishment. Por eso todo esto, que es tan importante, tuvo menor repercusión que los lanzamientos de Duhalde y Sanz, que garantizan un diez por ciento de intención de voto, sumados ambos.

viernes, 28 de enero de 2011

"Nunca menos", el homenaje a un grande entre los grandes, Néstor Kirchner

Lágrimás que riegan, todo el suelo en primavera / de tu mañana azul / que llora y rie / nombre que se talla, para siempre en la madera / de los que, sin estar / están y viven.

Voces que te nombran, y se aferran al color / de esa insolencia alegre / que inventaste / ríos, muchedumbres de un subsuelo que volvió / para quedarse acá / para quedarse.
¿Será verdad / que te fuiste con la historia / o será que aún no despertamos / y que con una antorcha nueva / en cada mano / vas a volver / cubriéndonos de gloria?
Nada más al sur, de esa indómita armadura / hecha de ayeres / blindada de ausencias / mágica, de amores y de sueños que perduran / sin arrumbarse / en ninguna puerta.
Todas esas risas, que viniste a restaurar / desde un recóndito / rincón dormido / hoy cubren las paredes, que no pueden derrumbar / los que sin luz, ni sol / están perdidos.
¿Será verdad / que te fuiste con la historia / o será que aún no despertamos / y que con una antorcha nueva / en cada mano / vas a volver / cubriéndonos de gloria?
Y esos mil jirones que dejaste en el camino / serán retazos, sí / de una bandera / marcas imborrables en el cuerpo / que elegimos / llevar hasta el final / y nunca menos.
CORO MURGUERO
Nunca menos / que ese fuego en la mirada / que las voces acalladas / retomando la canción. / Nunca menos / que tu nombre en las banderas / que tu plaza, siempre llena / de esperanza y de pasión. / / Nunca menos / que pañuelos en tu casa. / Nunca menos / que justicia sin perdón / Nunca menos / que el paisaje repetido / de este sur tan aguerrido / y diciendo, al fin, que no. / / Nunca menos / que esas risas desdentadas / aguantando la parada / que supieron conquistar. / Nunca menos / que un enjambre de morochos / arruinandoles la foto / a los que no vuelven más. / / Nunca menos / que los pibes en el centro. / / Nunca menos / que vivir con dignidad. / Nunca menos / que la Patria que soñamos. / Nunca menos. / Ni un paso atrás.

http://www.youtube.com/watch?v=cfjeTz1LEAA

jueves, 27 de enero de 2011

¡Tres meses, carajo! Estamos... Estaremos...

Hacen, hoy, tres meses de la muerte del tipo que me enseñó a creer en la política y la militancia. Ese al que no conocí, y frente a cuyo cajón no tuve valor de pasar a despedirme, sobre todo, porque no quería verla llorar a ella.

Ella, que habrá de cosechar todo esto que él dejó sembrado. Tallos que mañana serán robles que la rodeen.

Para defenderla, para acompañarla. Levantamos, juntos, codo a codo, la bandera, que ahora tiene tres caras (la del General, la de la abanderada de los humildes, y la de él).

Porque, ojo, ella es fuerte, pero uno la ve así, tan linda, y no da la imagen de lo que en verdad es. Ese vendaval incontenible, que tanto les molesta a algunos, que la ven y no pueden creerlo. Mejor así, porque esa imagen es el combustible, maravilloso, que potencia todos nuestros sentimientos.

Ella, que cada vez que habla me genera algo en el pecho, que me hace tener ganas de pararme, aplaudir, gritar, cantar, alentarla. Lo mismo me provocaba él.

La tarea es enorme. Pero si él hubiese podido dejarnos su última voluntad, sin dudas nos habría pedido que siguiéramos adelante. Con ella.

Y acá estamos, nomás. Que no se diga que no hemos cumplido, que no estuvimos a la altura.

Pero, cada tanto, cada mes, más precisamente, un rato, un ratito, podemos parar y recordarlo.

Este año, Cristina, cuando el jueves 27 de octubre se cumpla un año de la partida de él, ¡la puta, que vas a tener sensaciones encontradas! Harán, ese día, a la vez que un año de su paso a la inmortalidad, apenas cuatro días de tu triunfo en las elecciones presidenciales, las que te otorgarán el derecho a ser, por otros cuatro años, la presidenta del país.

(Y empezar a dejar al mandato de él al borde de caerse del podio, porque este tuyo que está por terminar es el mejor desde 1983 para acá, y no me caben dudas de que 2011-2015 será mucho mejor, así que el de él quedaría tercero. Je… Je…).

Y, que se yo, sólo vos misma vas a saber como te sentirás ese día. Pero, tranquila, de una cosa podes estar segura: al lado tuyo vas a tener a unos cuantos, como yo, que estaremos dispuesto a ponerte el hombro. Para gobernar, para que llores, o para lo que vos quieras. Pero vos mira para un costado, y allí me, y nos, vas a encontrar. Sabelo.

Néstor, te extrañamos.

Cristina 2011.

No levantarás falso testimonio ni dirás mentiras: Independiente 2 - Deportivo Quito 0

1- Vimos un equipo que parte de una premisa muy saludable, pone la pelota en el piso y trata de armar sociedades para progresar en el campo. Pero, falta audacia: que los jugadores más aptos para la gambeta se decidan a hacerse más dueños del equipo. Battión, muchas veces, se queda sin más opciones que la apertura hacia las bandas o un traslado excesivo, porque a Defederico, durante largos tramos del partido, se lo vio excesivamente arriba, entregado a marcas pegajosas, y, para peor, recostado sobre la derecha, lo que devenía en que cada vez que tomaba la pelota debiera enganchar, para su pierna hábil, hacia el medio, donde se hacía fuerte y duro el núcleo del embudo defensivo (sustentado en groseras y arteras patadas que el árbitro, pésimo, en su mayoría, avaló con su tibieza) que plantearon los ecuatorianos, contentos con el cero a dos que se llevaron. Al 9 le falta hacerse dueño del juego.

2- Tuzzio es una garantía: sobrio, luchador y expeditivo. Es el mejor jugador, hoy día, del equipo. Gana en todos los aspectos de la marca y, además, se convierte en salida, hasta ha pisado el área. Julián Velázquez, diamante en bruto, pichón de crack, es durísimo en el mano a mano, las divididas, e igual que Tuzzio, tiene buena salida con pelota dominada. Le veo dudas, aunque no muchas, tampoco, en el juego aéreo. Matheu es el que peor desempeño viene mostrando. Duda en casi todas, arriesga en demasía con la pelota, está desatento. Le faltan los atributos del líbero: eficacia en el juego aéreo y los cruces a espaldas de los marcadores. Y aunque en el mano a mano, mayormente, no tiene problemas, luce más apto para ocupar el lugar que hoy detenta Tuzzio; y Eduardo, viceversa.

3- El juego por las bandas es otro déficit. Si bien tanto Cabrera como Mareque suelen ser excelentes para desahogar el juego cuando Battión tiene que hacer el primer pase, porque se desmarcan con acierto del medio para atrás, luego hay dificultades. Mareque no es rayero y arriesga con tanto traslado. Cabrera no desborda ni acierta en los centros (que, o le quedan cortos o largos, o los tira con la marca excesivamente encima). Para colmo, Maxi Velázquez fue salvajemente golpeado y no se lo pudo ver en acción el tiempo que hubiera requerido para ver si se convierte en variante.

4- Vale la pena machacar en esto: es importante que Defederico juegue más cerca de Battión, que lo oxigene, que descongestione, pelota al pie conduciendo los ataques, las zonas complicadas que, entre tres cuartos y tres cuartos, vendrán a plantear, en su enorme mayoría, los equipos que visiten el Libertadores.

5- Arriba es donde mejor se ve al equipo. La dupla funciona, siempre uno salva al otro, generan peligro y sacan petróleo de cada cosa que tocan, ítem valioso si tenemos en cuenta lo expresado en el punto 4. Solamente les faltaría probar más de afuera, y tiene, también, aún, algún déficit en lo físico, que les juega, tanto a Parra como a Silvera, en contra para los mano a mano, pero lo vienen supliendo con inteligencia como para que el hambre no se note.

lunes, 24 de enero de 2011

Regla de tres simple... (cada día más simple)

El establishment se expresa a cada paso. Inventaron, en diciembre, que el país era un caos, sobre la base de: un par de hectáreas olvidadas en el olvidado sur porteño tomadas por personas necesitadas llevadas allí por las promesas del iletrado Intendente de la Capital; y menos del uno por ciento, en el total del país, de los cajeros y estaciones de servicio desabastecidas y de barrios sin luz.

Luego, promocionaron, casi en cadena nacional, el lanzamiento presidencial del ex senador Duhalde, el que huyó siete meses antes de lo que correspondía de su interinato presidencial por haber ordenado asesinar personas, hombre de los empresarios si los hay, y que viene sincerando discurso derechoso a rabiar. Esto fue muy ridículo: ¿en qué cabeza cabe promocionar tanto el lanzamiento de un tipo que no tiene más del 4% de los votos en ninguna encuesta?

Más tarde, metieron la cuña en la interna radical, para joder al hijo de la democracia (no sea cosa que salga medio rebelde, como el padre), y ante la caída en desgracia del timorato vicepresidente antirrepublicano, con el lanzamiento del hombre de los empresarios en el radicalismo, Ernesto Sanz (¿Quién? Un senador mendocino por la UCR, ex jefe del bloque y del partido de Yrigoyen), otro, como Duhalde, con pinta de estadista (si por estadista tomamos la definición que Nelson Castro quiere transmitir, o sea, una equivocada). Y esto fue más ridículo que lo anterior: suponer que podrían vender que puede gobernar el país un tipo que fue incapaz, a lo largo de 2010, de hacerle ganar, al Grupo A, una sola votación en el Senado, aún teniendo, como tuvo, mayoría, y aún promoviendo, como promovió la UCR, el reparto ilegal e inconstitucional de comisiones parlamentarias, aparte de incontables violaciones a todas las leyes, reglamentos parlamentarios y a la propia Constitución Nacional durante doce meses, con el apoyo de la opinión mediática y de los constitucionalistas berretas a sueldo de las corporaciones (Sabsay, Ventura –suponiendo que sea abogado, no se le nota, y bastante mal se habla de él, por cierto, en Figueroa Alcorta-, Loñ, ejemplos).

Desde este humilde y rentado espacio (desde el cual se alienta la división de los argentinos y el espanto a las inversiones y los mercados), venimos, hace tiempo, sosteniendo que, hay, sí, más peronistas que aquellos que militan en el PJ oficial, que comanda Cristina. Pero, también, que resulta imposible hacer peronismo por fuera de lo que es esa estructura. Bien, es en base a ese dato que deben analizarse las posibilidades de que CFK sea, o no, finalmente, candidata del sello en 2011. De allí que se insista con la duda respecto de la candidatura de la compañera Presidenta, una duda que no existe, porque todo mundo ya tiene claro que encabeza y encabezará ella.

El despliegue del kirchnerismo como línea interna del PJ es amplio y furioso, tanto que, ante esto, que torna ilusorio que alguien le dispute a la Presidenta la hegemonía en el partido, algunos han tenido que armar una cosa rara que ha dado en llamarse PJ Federal, con sede, ya no el histórico edificio de Matheu 130, sino en la redacción de la calle Piedras, y bajo el comando de Héctor Magnetto (Duhalde ejerce de segundo al mando –al mando de Magnetto-).

Se trata de uno más de los tantos intentos que ha hecho el establishment por encontrar un portavoz y ejecutor del programa de gobierno que auspicia el retorno de la derecha, graciosa, y mentirosamente, llamada nueva derecha )en realidad está más rancia que nunca).

Les falló. Deberían haberse dado cuenta de lo ridículo de suponer que cualquiera puede acaparar voto peronista sólo porque se hace del concurso de algún muñeco que se dice devoto del General. Lo hizo Carrió en 2007, cuando decía que buscaba el voto del "autentico pueblo peronista", a partir de la incorporación de… ¡Gerardo Conte Grand! (¿Quién?, dirían en el programa de Juan Pablo Varsky). Un minuto de silencio para Carrió celebrando (en un restaurant, obvio) un aniversario del primer triunfo de Perón en febrero de 2007. Bueno, volvamos.

Desesperados, ante la esterilidad de todas sus acciones, se han jugado, ahora, en enero, demasiado rápido, y mal, el supuesto ancho de espadas: un nuevo lock out patronal de la Junta de Comandantes de las patronales agrofinancieros (a ver si la cortamos con decir “paro del campo”; paro, muchachos, hacen los trabajadores, no los patrones). No fue, al final, tan “paro”, porque siguieron, en su enorme mayoría, vendiendo como si nada, lo cual da cuenta de la nula representatividad de la Junta de Comandantes sojeros (aparte de lo que mostró Página sobre los que roban del Estado -ellos, los que más chupan, en esta sociedad, de la teta del Estado, tienen subsidiados hasta los pedos los sinvergüenzas-, en varios lados del mostrador).

Claro: es poco atractivo ir a cocinarse debajo de los más de cuarenta grados de sensación térmica ruteros sólo para levantar algunos millones más de los muchos que ya levantan en pala mecánica. El fracaso, aparte de simbolizar que han perdido la ascendencia social que otrora tuvieron, y que los convirtió en actor articulador fundamental de las coaliciones de derecha que triunfaron en ’09, conecta con algo de lo que ya hemos hablado en Segundas Lecturas: el fin de la antipolítica.

La Junta de Comandantes sojeros exige, vaya uno a saber con qué derecho, que el Gobierno deje de intervenir en la configuración de la política de comercialización sectorial: cual si fueran ellos, y no el representante del pueblo (o sea, Cristina), los que tienen la potestad de diagramar tales cuestiones. Eso, y no otra cosa, se buscó con este último lock out. Digamos: ¿quién se creen que son para decir como deben ser los mecanismos de comercialización y demás ítems de la política agroalimentaria, por caso determinar que debe resignarse soberanía nacional en ese aspecto?

Los productores han visto cada vez más satisfechas sus exigencias a partir de la creación del Ministerio de Agricultura, lo cual implicó que la solución de las cuestiones vino gracias a la politización de la problemática. Y este reclamo, hay que repetirlo, no es por un Estado que impida ganar, sino por retirarlo de la escena, justamente lo que se ha acabado: el del consenso sobre el Estado malo.

Hemos, también acá, comentado que la configuración del escenario de disputa de cara a las presidenciales venideras es el que más le conviene al peronismo, que es comandado por Cristina: no hay lugar sino para propuestas que vengan a por más de lo mucho que ya hecho el peronismo kirchnerista. Esto representa un problema para los “dirigentes opositores”: si proponen retroceso, y el retiro del Estado de la vida económica lo es, juegan el partido equivocado, pierden votos; y si no lo hacen, pierden respaldo establishmentero (grupo del cual forma parte la Junta de Comandantes sojeros), vital para ellos, carentes (a partir del quiebre que, en los partidos, significó diciembre de 2001) de estructuras partidarias que garanticen el despliegue de sus propuestas a lo ancho y a lo largo del país.

El mérito del kirchnerismo, la diferencia cualitativa respecto del eje ‘Retenciones `08 – Junio `09’, es, precisamente, haber cambiado el escenario sobre el cual se asienta la discusión de país, proceso que se inició con la Ley de Medios, se profundizó con la AUH y la renovada política de comunicación, a través la aparición de nuevos actores que rompieron el discurso único que supo ahogar la palabra oficial (aparte de lo mucho malo que el propio Gobierno hizo en ese terreno, por su anterior pacto de no agresión con Clarín, sabiamente ya roto, y por la estupidez, aún irresuelta, cometida en el Indec), se patentizó cuando los festejos del Bicentenario (donde se rompió el mito del país crispado y temeroso, y que odiaba a la “clase política”), y se galvanizó durante la multitudinaria despedida de los restos de Néstor Kirchner. El kirchnerismo entiende otro modo de operar el Estado y la CN: conectar con las necesidades concretas a partir de un fuerte crecimiento de las capacidades estatales, sostenido, esto, en el despliegue de un discurso que plantea gruesas disputas ideológicas. Esto posibilita que sea el único "ismo" que existe: ¿o acaso existe sanzismo, ricarditoalfonsinismo, michettismo, macrismo, en fin, embanderamiento con algún otro actor político del arco dirigencial actual?

Ergo, para 2011 tendremos una regla de tres simple bastante sencilla: más distancia saque Cristina en las encuestas (como ocurre, hoy, en todas, serias y no serias, oficialistas y opositoras), más señales de sumisión a ella habrán por parte del PJ, y mayores, por su parte, los niveles de emoción violenta y operacionalismo (se dice así, increíble, Word no lo corrige) en su contra en el establishment, principalmente en las empresas de comunicación.

De yapa, retornado de la Costa, más precisamente de Santa Teresita: repleto está, no sólo de gente (no se puede caminar por ningún lado), cuanto de pintadas de diferentes agrupaciones políticas, que sostienen, en ellas, el recuerdo de Néstor y el apoyo furioso a la candidatura de Cristina. Señales, que le dicen.

miércoles, 12 de enero de 2011

Profundizar

Argentina vivió, tímidamente desde la caída del segundo gobierno de Perón, y de manera mucho más fuerte y decidida a partir del 24 de marzo de 1976, un impresionante proceso de destrucción social y económica, casi sin precedentes a nivel mundial. Lo que Juan Carlos Portantiero supo denominar como “empate hegemónico” entre sectores contradictorios de la vida nacional en la disputa por la preponderancia de uno u otro de ellos en la construcción del proyecto de país (industrialista mercadointernista vs. agroexportador financiero), se resolvió, tras veinte años de disputa (1955/1976), con la última entrada militar, a sangre y fuego.

Ahora bien, todo aquello que posibilitó el aniquilamiento de lo que supo ser, por las profundas transformaciones que efectuó el peronismo, el país más integrado e igualitario de América latina, se dio en medio de un asombroso quietismo y resignación social. No fue azaroso que una sociedad, que supo ser reivindicativa y movimientista como la que más, se sentara, pacientemente, a ver cómo le rebanaban, una detrás de otra, todas las conquistas que dio el General en forma de derechos ciudadanos. Y, sobre todo, cómo se reemplazaba el esquema que había hecho posible todo aquello.

Aparte del temor a terminar igual que alguno de los treinta mil, jugó, y fuertemente, el hecho de que los sectores del capital, ideólogos y sostenedores de la toma del poder en 1976 (porque fue por ellos y para ellos que siempre entraron a escena los militares, meras herramientas del verdadero poder, pero muy especialmente en el “Proceso”, versión argentina de lo que fue la solución final del nazismo), se ocuparon muy bien de no dejar cabos sueltos en su empresa. El modelo Martínez de Hoz -por llamarlo de algún modo- no hubiese sido posible (ni ese ni ningún otro, en rigor de verdad) si no había, primeramente, la consolidación de un trasfondo cultural que fungiese de soporte argumentativo, desparramando, en la sociedad, la convalidación de aquello que comenzaba a orquestarse desde un Estado que ahora era manejado, como graciosamente se dice, “por sus propios dueños”.

La venta del modelo que estalló en mil pedazos el 19/20 de diciembre de 2001, de exclusión social y económica, y autoritario en lo político, fue de la mano con la edificación de nuevas estructuras jurídicas que posibilitaron la confección de un nuevo esquema, armado a la medida de los intereses del sector del dinero, travestidos en los del todo de la población. Se sabe: la (por suerte ya difunta) 22.285 de radiodifusión, por un lado; BCRA y Ley de Bancos afines a los especuladores y no a los sectores de la producción, ley de administración financiera, por el otro, pero pegaditas; en fin: no un Estado ausente, como habitual y equivocadamente se dice, sino definido a estar del lado equivocado, esto es, jugando, como dijo CFK el día de su asunción que no haría, a ser el gendarme de la rentabilidad empresarial (por lo mismo, aquel Estado se cansó de pegarle palos a los pobres, hasta que a partir del 25 de mayo de 2003 se decidió terminar con esa tesitura).

La permanencia de tal andamiaje legal hizo de cada gobierno asumido desde 1983 hasta la asunción de Néstor Kirchner, un rehén de los poderes fácticos. Por las trabas que tuvo cada presidente para ejercer su poder en plenitud (como no fuera que, como Menem -que claudicó sus promesas de campaña cuando entendió que el mensaje de los saqueos que terminaron de sacar a Alfonsín eran, en verdad, una amenaza para él, para que se dejara de joder con eso del “salariazo y revolución productiva”-, De La Rúa y Duhalde, se decidiera a servirle de peón), por la indecisión a revelarse contra esa situación, por falta de capacidad o ganas de torcer la historia (dígase Alfonsín padre). Pero, por sobre todas las cosas, porque existía un “consenso”, o, mejor dicho, una bajada de línea abrumadoramente mayoritaria y dura que presentaba a lo que se hacía, el modelo neoliberal de mercado, como “lo correcto”, “lo único posible”, “lo ineludible”, “lo racional”, “lo que hacen los países serios”.

Durante su mandato, Kirchner convivió con todo esto. Y si no sufrió niveles de extorsión similares a los que debieron padecer sus predecesores, fue porque durante el estallido de 2001 también el establishment se vio cuestionado por la revuelta popular: aquella pintada “nos mean y Clarín dice que está lloviendo” y el tristemente célebre titular “La crisis causó dos nuevas muertes”, significaron, el primero, la primera interpelación pública seria a los poderes fácticos, sindicados, a la par de la dirigencia política, como responsables del fracaso nacional; y el segundo, el desconcierto de los mismos para afrontar tal situación.

A Kirchner se le concedió mucho mayor margen de maniobra, las condiciones coyunturales le jugaron a favor: asumió con más de ochenta por ciento de aprobación social (más que ningún otro de sus antecesores, y transversal, por sobre todas las cosas); el suyo debía ser el mandato del resurgimiento del país (Kirchner mismo reconoció, cuando visitó 6-7-8, que él gozó del acompañamiento de sectores contradictorios, entre sí, y con la esencia del kirchnerismo, en razón de que salir de la crisis les convenía a todos); era menor el espacio de maniobra para hacer a partir de la mencionada identificación de la relevancia de los sectores del empresariado con la definición de las políticas públicas que devinieron en la catástrofe que hizo eclosión en el argentinazo. El error de Kirchner consistió en suponer que ello era, en realidad, otra cosa: un disciplinamiento, por fin, de los poderes reales a la autoridad democrática y constitucional, que no los incluye.

Ya en la campaña previa a las elecciones de 2007 se anunciaba que eso no era así. Se llamaba a que Cristina “normalizara el país”. En una nota en P12, a poco de asumida la Presidenta, Nicolás Casullo ya alertaba que “aparece con claridad el eje que organiza la escena política: la disputa entre el Ejecutivo y los grandes medios por imponer, desde perspectivas diferentes, la agenda de 'continuidad' o 'cambio' que definirá el rumbo nacional (…) No sólo un derrotero a cumplir, sino una instalación de la Argentina 'conveniente' (alejarse -esto es nuestro- de Chávez y Moyano, renovar el gabinete a fondo, renovar relaciones con EEUU, alejarse de Kirchner, modificar las lógicas con que operaban Economía y Defensa), un estado de los valores, una bucólica y “neutra” estampa informativa, una fabricación del país verdadero, un puro presente sin pasado histórico, la imposición de un léxico, una neutralización de los nudos que hacen a la política, la instauración de una mirada analítica conservadora, un curso de tesis políticas sobre la comprensión del mundo. Podría decirse que en la gestación de un relato, este, lo menos importante es la superficie escrita, el copete, la frase del tecnócrata autorizado, si no ese inestimable mundo de sentidos callados que la narración derrama por debajo de sí misma como el efectivo estado de las cosas. El relato es la disputa por la historia nacional (…) -negritas nuestras-.

Cuando, en los primeros tiempos de su mandato, CFK demostró que iría por la sintonía fina de un modelo que hasta allí no se había mostrado sino a grandes rasgos, y apuntó a agudizar las contradicciones proyectivas con la resolución 125, que quería jugar en pos de la diversificación productiva a los fines de liberar al país de la fuerte dependencia que todavía hay con el agro (lo cual otorga a las patronales rurales la posibilidad de incidir fuertemente en la conducción nacional), quedó claro que la interrelación operada a partir del “Proceso” (trama de intereses que siempre se intenta mantener oculta e incide determinantemente en cada discusión por la definición del proyecto de país), estaba vigente como siempre, el establishment no se había amansado y la disputa no estaba (ni está) resuelta ni mucho menos.

Y resulta que los mayores escollos que tiene el kirchnerismo para funcionar provienen (aparte de que le falta lo que sí Perón tuvo el acierto de hacer con la estupenda CN del ’49, es decir, una modificación del escenario jurídico en el cual debe actuar la gestión) de un imaginario social, de derecha, para decirlo vulgarmente, que hay muy arraigado en la sociedad y que es el mayor aliado que tienen aquellos que nunca quieren que nada cambie para lograr, justamente, que ni siquiera se pretendan impulsar intenciones de cambio, porque generan la sensación de que jamás es conveniente ni necesario hacerlo. Así pasó con las AFJP, la nueva Ley de Medios, las discusiones paritarias (este es, quizás, el mayor cuestionamiento que ha hecho el kirchnerismo al esquema montado por el neoliberalismo), el pago de deuda con reservas, el paso a un modelo de BCRA atento más a la producción que a la especulación.

Pero no es fácil. Si es duro plantear la necesidad de cambiar algunas cosas, siquiera, mucho más lo será la empresa de buscar nuevas formas de reparto social y/o la apertura a confrontar agendas cuando hasta hace poco eso no era ni contemplado como posibilidad. De inmediato se hacen sentir voces que, furiosas y a todo volumen, plantean que nada debe cambiarse, porque no y ya. Lo que no aclararán jamás es por qué hacerlo implicaría desviarse de un rumbo que ninguno de ellos puede explicar por qué es el correcto, cuándo lo fue, dónde lo es, quién ha sido que lo definió y estableció que debía mantenerse para siempre inalterable, y cómo se conjuga todo eso con el sostenimiento de un relato que se pretende defensor de valores democráticos.

La concepción conservadora está muy arraigada, aún en los inconscientes de muchos que reconocen que muy probablemente en octubre de 2011 votarán por Cristina (por caso, un habitante de Lugano hace poquitos días, que se reconoció, ante las cámaras, como “kirchnerista hasta las bolas”, y clamaba por “mandar a todos estos bolivianos vagos de mierda que están ocupando acá”). Y no hay, en contrapartida, cultura de debate, lo cual viene a ser una gran paradoja, porque es de lo que más se queja el antikirchnerismo que el Gobierno no permite, cuando es, justamente, lo contrario, porque es en realidad desde el discurso opositor que provienen sentencias taxativas que buscan obturar cualquier intento de aportar una visión favorable a políticas opuestas al conservadurismo liberal o neoliberal.

Y cuando desde nuestras filas se clama por profundizar, modificar estructuras jurídicas actuales si se convierten en impedimentos para encarar el trazo fino de un modelo de crecimiento, acumulación y distribución, debería figurar primero. Pero también, machacar culturalmente con qué hacerlo no es un pecado, forma parte de las posibilidades democráticas darnos instituciones distintas de las que hoy tenemos si se considera necesario hacerlo, que no todo termina en el constitucionalismo liberal y las visiones conservadoras respecto de la economía, lo social y lo político. Porque será difícil si no se empieza por aquí.

Todo esto es muy viejo. O no tanto, tal vez. Pero Segundas Lecturas no quería quedarse sin gritarlo alguna vez.
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Nota: Este es el primer post del año, después de varios días sin publicar ya que no teníamos nada qué decir, y alguien nos enseñó una vez que, si no se tiene algo importante para decir, mejor no decir nada. Del mismo modo, avisamos que entramos en vacaciones hasta el 25 de enero. Tras el retorno, de Santa Teresita, para más datos, retomaremos, y con novedades. Buena vida a todos.