sábado, 12 de noviembre de 2011

Vindicación del compañero Daniel Scioli

Leía, recién, el último post de Mariano, en el que le hace “Un guiño a Mancuso”, a Daniel Scioli. Catalogado, por muchos, como el “enemigo interno” del kirchnerismo. A principios de año se me dio por escribir en defensa de Scioli, deplorando la estrategia de habilitar la colectora de Martín Sabbatella, postura que reafirmo en los resultados de octubre. Se buscó, dijeron, que CFK obtenga más votos que Scioli. Ridículo: eso ya había ocurrido en 2007, tal como impecablemente demostró Horacio Verbitsky.

Y, por otro lado, como, también en forma contundente, estableció Artemio López, nunca es la boleta de gobernador la que arrastra a favor de la de presidente, sino al revés; y, además, la supuesta discusión entre liderazgo nacional y provincial es conceptualmente inexistente. Lo contrario es una teoría tirada de los pelos para operar las contradicciones al interior del frente oficialista e intentar establecer una supuesta dependencia del kirchnerismo de lo que pueda rendir Scioli, propia de la ignorancia y/o la mala intención de los que adversan a la Presidenta.

Sabbatella dice que Scioli está con CFK porque ahora el viento sopla a favor de ella y entonces le conviene mostrarse fiel. Notable, siendo que lo dice alguien que el 28 de junio de 2009, a diferencia de Scioli –que estaba parado al lado de Néstor, igual que al día siguiente cuando renunció a la presidencia del PJ-, festejaba porque había llegado al Congreso.

A mí no me molesta que Sabbatella se quiera sumar, aunque sea él, en realidad, el que lo hizo cuando los vientos dejaron de soplar en contra del kirchnerismo. Pero, que quede claro: Scioli estuvo siempre en el mismo lugar desde 2003. Sabbatella, en cambio, viene llegando. Y es desubicado es que quiera asumir el papel de policía ideológico. Que le queda grande, visto su legajo.

En la campaña para las legislativas de 2009, Sabbatella planteaba que el kirchnerismo proponía resignarse, conformarse con lo que hasta aquel momento se había logrado. Eso, a pesar de que hacía unos pocos meses se le había dado el golpe más duro a los residuos que el neoliberalismo le dejó como lastre al país con la nacionalización de la administración previsional. Scioli, por entonces, se sumó a las testimoniales. Jugó capital político, no especuló. Y así actúa siempre. Sabbatella, en cambio, que aquella vez fue por las suyas, siempre buscó armar del modo que mejor le resultase a su deseo de sumar kioscos en el Congreso. No me parece mal que lo haga, pero así es.

Más aún, a posteriori de aquella derrota, en los que se suponían que eran los últimos momentos del kirchnerismo, Scioli tenía todo a su favor para darle –al kirchnerismo- el toque de gracia, rompiendo y postulando su propia candidatura para 2011, para lo que contaba con el respaldo de buena parte del PJ y el establishment mediático y empresarial.

Me pregunto, no pocas veces, cuántos gestos son necesarios que haga un tipo para con un proyecto político para que no se lo considere como traidor. Tengo, para mí, que el Gobernador no hace otra que continuos gestos de alineamiento. Siempre. Cedió la vicegobernación y cederá lugares de su gabinete a Cristina. “Le conviene”. “No tiene otra”. ¿Y? Negocia. Hace política. Que es mucho más que sólo dar definiciones ideológicas para las cámaras.

“Scioli romperá el día que sus intereses se vean afectados, tal como ocurrió con Alberto Fernández y con Redrado”, se dice. Ese día que siempre llegará pero que nunca llega. Discutir sobre supuestos. A mi criterio, “condiciones objetivas” para romper, ya las tuvo, y muchas. A mi modo de ver, claro. ¿Qué hubiese sido de todo esto si el día “llegaba”? Scioli, por más que a muchos le duela, ha sido parte, y fundamental, de "todo esto". Y más que Sabbatella, por lejos.

Quizás Scioli no haya roto nunca porque desea que todo decante, algún día, en que no haya otra alternativa que nombrarlo heredero en la conducción de todo esto, y que entonces por eso es paciente. Estaríamos inquiriendo en cuestiones sobre las que nunca tendremos certezas, esto es, el fuero íntimo del personaje, cuestión, por otro lado, que nunca es plenamente determinante de un proceso histórico en política.

Insisto en algo que dije a principios de año: en todo caso, si se desconfía del rumbo que Scioli le pudiera llegar a dar a todo esto –y está bien discutir el futuro, que incluye la discusión sobre Mancuso, claro-, la solución no pasa por la confrontación con un tipo cuya importancia táctica –y también estratégica- para el proyecto no puede ser discutida. Preguntarse a quién beneficiaría una ruptura. Ocúpense –los que dudan de Scioli, no yo, que no dudo- de construir la correlación de fuerzas necesaria a los fines de ganarse el derecho de ser quienes determinan el rumbo proyectivo a futuro. Es decir, hacer política.

A mí el progresismo no me dice nada. No ha hecho nada, nunca. Y lo que hizo, lo hizo mal. Por eso soy peronista. Igual que Cristina. Igual que Scioli.

1 comentario:

  1. Bueno te comento que yo tengo el rumor de que Cristina bajo la orden directamente de que ahora vamos todos contra Scioli .
    Encima si vemos que otros presidenciables son Capitanich hay que contsruir un candidato del palo para 2015 porque sino vamos muertos

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