sábado, 10 de septiembre de 2011

Cordobesismo y futuro de la gobernabilidad

Menos de un mes duró el Cordobesismo. Lo “fundó” José Manuel De La Sota la noche del 7 de agosto de 2011, mientras festejaba su triunfo en la elección de gobernador cordobés (que ganó, ampliamente); y falleció el 3 de septiembre del mismo año, cuando la conducción del PJ local decidió bajar la lista de candidatos a diputados nacionales que habían armado, al margen de la Presidenta CFK, entre el schiarettismo y el delasotismo. Muere una afrenta a las nociones básicas del federalismo, dicho sea de paso.

Desde que Cristina decidió, allá por principios de junio, allanarse a la supremacía que, al interior del juego del peronismo cordobés, ostenta el sector de los gobernadores saliente y electo, nos veníamos preguntando qué sería del juego del kirchnerismo en el lugar que históricamente más esquivo le había en su historia hasta las PASO del 14 de agosto pasado, cuando CFK le asestó un duro golpe a la pretensión unitaria de DLS, de, por entonces, apenas siete días de vida.

Se me ocurre que lo más sensato –por decirle de algún modo- sea concluir que allí donde mayor preponderancia tenían las lógicas meramente localistas –comicio para gobernador-, el schiarettismo/delasotismo pudo imponer sus lógicas sin necesidad del kirchnerismo, que por otra parte adolece de incapacidad de armar propuestas en aquellos distritos que mejor consiguen autonomizar las discusiones localistas (aunque en realidad De La Sota buscó –sólo que no encontró- vice K: Cecilia Scotto, Pipi Francioni; una no quiso, el otro no podía).

En cambio, cuando entraron a matizar las líneas nacionales –elección de diputados tales del 14/08-, no resultó posible, para Unión por Córdoba, prescindir in totum de la opinión de la conducción de CFK, que ordenó el espacio como no habían podido hacerlo sus hombres en el distrito, compitió frente a UpC, goleó, y entonces, luego de una rara interna, el sector derrotado reconoció la supremacía de la presencia arrastradota de una Cristina que ahora luce taquillera hasta donde nunca lo había sido, aún luego del “conflicto con ‘el campo’”.

Hay, a todo esto, mucho para celebrar: es, éste de la decisión de Unión por Córdoba de bajar la lista de candidatos a diputados nacionales de cara al 23/10, un capítulo más de un recorrido que comenzó a andar fuerte desde que estalló, con el Grupo A haciendo agua en el Congreso -con la bochornosa sesión en la que se investigaron las inexistentes coimas para el presupuesto ‘11 que no fue aprobado como capítulo insigne-; lo que se había iniciado con Chacho Álvarez y la videopolítica de la Alianza –con el ‘que se vayan todos’ del 19/20 de diciembre de 2001 como símbolo máximo de todo aquello-: el retorno de las tradicionalistas lógicas de construcción territorial.

Esto supone un futuro distinto, en punto a acuerdos de gobernabilidad en el Congreso, del experimentado post huida de De La Rúa. Y fundamentalmente, distinto del vivenciado durante lo que fue el gerenciamiento –uso este vocablo no inocentemente, por cierto- de la vida legislativa por parte del Grupo A: el que cerrará el 10 de diciembre venidero, y al respecto del cual no caben dudas que fue el peor de los ciclos parlamentarios desde 1983 a la fecha, se ha caracterizado por el tremendo nivel de irresponsabilidad con el que se manejó una oposición cuyas líneas de acción estuvieron fundamentalmente inspiradas en el espectacularismo mediático, y totalmente desconectada de las necesidades y lógicas de gobernabilidad de cualquiera de los órdenes de gobierno –nacional (al que dejaron sin Presupuesto), provincial (los gobernadores pactaron, con CFK, pautas nuevas de relación económica nación-provincia, llegando, incluso, a “despreciar” los mayores fondos que podían haber significado para sus arcas el reparto del impuesto al cheque que proponía, a principios de 2010, Resto del Congreso, dada la precariedad, amateurismo y graves defectos institucionales de que adolecía la “idea”) y/o municipal-.

Dicho en criollo: Carrió se movió irresponsablemente con el margen que le otorga liderar una fuerza que no cuenta con ningún hombre o mujer con responsabilidades de gestionar algún distrito. Así le fue. Nada malo puede esperarse de que, a diez años vista de su entrada al protagonismo nacional, a partir de fin de año la pérdida de volumen de su figura (política) sea inexorable e irremediable.

Atender las particularidades que la sintonía fina de la profundización ineludiblemente impone de acá en más, requiere, ineludiblemente, de mayor fluidez entre los aparatos partidarios y de los distintos Estados: atención a las demandas puntuales de cada territorio e interpelación de las dificultades que cada coyuntura particular plantea a las fuerzas democráticas.

En ese entendimiento, también, es que debe leerse la nueva relación CFK-Macri (por la extensión de su implantación que está intentando PRO) y el beneplácito con que el kirchnerismo observa el ascenso nacional que, tras las PASO, han experimentado dos caciques territoriales como Binner y El Alberto, conocedores de lo que vale, en política, manejarse con responsabilidad.

Todo lo cual, sumado a que el no kirchnerismo al interior del PJ está representado por dos zorros (Urtubey y De La Sota) que saben bastante de cautela –al revés que Carrió, para seguir con las referencias- porque gobiernan, permite esperar de lo que viene una política jugada con reglas más acordes al respeto institucional y republicano y el planeamiento (por fin) a largo plazo: todo aquello a lo que jamás colaboró el antikirchnerismo furioso a las ordenes del establishment económico que va en camino a morder el polvo de un momento a otro.

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