viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz 2011

Kovadloff hoy en La Nación dice que Cristina no cambiará de rumbo. Y me da el mejor pie posible para el saludo de final de año. Claro, don Santiago, que la Presidenta y Jefa del Peronismo no cambiará de rumbo. Gracias por esa definición/elogio tan certera, sencilla y contundente. Mire, ¿la verdad?, nadie podría haberlo dicho mejor que usted.

Me extraña, eso sí, que usted necesite hacer esa aclaración. Me surge la duda, a qué vendrá tamaño titular para su habitual columna de opinión en la tribuna de doctrina oligárquica. Hay, en esa parte de la sociedad, según se observa en esta misma edición en el editorial central (el rastrero, el reptil, el que no lleva firma), un dejo de tristeza, de desazón, de derrotismo: “Un año que se caracterizó por el incumplimiento de las esperanzas puestas en la oposición”, dicen.

(Disgresión: ¿Se puede hablar de que el discurso del Grupo A, de la derecha, mueve a esperanza? Si tenemos que la esperanza remite a sueños, a sentimiento, me parece que no, no abundan esos valores, según mi interpretación, en ninguna de las propuestas opositoras, ajenas a valores humanistas, guiadas por criterios fríos, de “racionalidad técnica”, desamorados, yo diría que más bien debieron poner expectativas en vez de esperanzas. Por otro lado: ¿Cuáles han sido ellas, se las llame como se las llame?)

Claro que CFK no va a cambiar, desde ya. ¿Qué duda cabía? ¿Y por qué, aparte, debería hacerlo? Si cada vez que, como habitual y vulgarmente se dice, profundizó, ganó. Si creció cada vez que fue fiel a lo propio, y no a ese intento de rancia y berreta socialdemocracia progre que se deja leer en los -últimamente cada vez más habituales- lamentos nostálgicos del poeta Alberto Fernández, el tipo con más ganas de ser opositor al kirchnerismo que existe en este país (y con menos huevos y margen para hacerlo, también).

Este Gobierno es, tan correcta la definición de Artemio, “una modalidad histórica concreta del populismo peronista” (claro que la definición de populismo no tiene nada que ver con la despectiva y peyorativa que quieren propalar el marianogrondonismo y ad láteres).

Así las cosas, no le queda otra que redoblar la apuesta en función de robustecer su identificación con ese corte ideológico y ningún otro más. La apuesta de la derecha, que se sabe perdiendo, es, o bien tentar al kirchnerismo con la hipotética comodidad que le supondría “correrse al centro” (para que se confunda con el resto y descienda la fuerte identificación con la enorme franja social que hoy lo acompaña), o, sino, intentar (posibilidad que arriesgó por estos días Diario R), la construcción de una nueva Unión Democrática, para sumar (o buscar hacerlo) todo el voto derechoso que le sea posible por medio de la más amplia coalición de ese tinte que se pueda obtener. Pequeño detalle: La fórmula Sanz – Michetti, que es la que desliza Diario R que habría, es, tal vez, la más potable para acaparar “voto independiente”, porque son expresiones conservadoras menos radicalizadas, pero plantea muchas dudas de la fidelidad (y efectividad) que tendrían, a la hora de andar la gestión, con la dureza que requerirá un programa como el del establishment (reaccionario y conservador; aparte estarían dejando afuera personajes del “peronismo” federal, lo cual pone en duda qué grado de acompañamiento habría del electorado que se cree peronista pero, al mismo tiempo, adversario del actual oficialismo, lo cual, ya hemos dicho, no existe).

Todo eso no importa hoy. Hagámosla corta. Se termina, como bien dijo Cristina en su mensaje de despedida de ayer, un año en el cual el fuerte contraste que marca el que hayan habido, al mismo tiempo, espectaculares resultados de gestión (seguramente ha sido el mejor año, en esos términos, de CFK) y la enorme tristeza por la pérdida del fundador de este proyecto, se unen en que el mensaje de una y otra cosa, es, sin dudas, la necesidad de profundizar en el izamiento de las banderas que marcan la esencia del peronismo. Así de simple, no hace falta desentrañar ni complejizar demasiado. El que quiera entenderlo, podrá hacerlo.

Y para el año que comienza, atento el desafío que hay por delante, enorme, de lograr un tercer mandato para el proyecto, segundo para CFK (única garantía de continuidad del ideario del mismo), ídem.

Felicidades, nada más. Por el que se va y el que se viene.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Mesiánicos

Premisa 1: Los Kirchner son unos déspotas. Líderes mesiánicos que pretenden que todo el mundo se someta a sus caprichos.

Premisa 2: Los Kirchner se la pasan robando agenda. Ni la Asignación Universal por Hijo ni la Ley de Medios son ideas de ellos, las tomaron por conveniencia, interesadamente, para construir poder.

Digo yo: ¿Puede ser calificado de mesiánico y déspota un líder que se allana a tomar en sus manos una demanda que observa nacer por lo bajo de la sociedad para impulsarla y hacerla realidad, poniendo su poder al servicio de quiénes de otro modo nunca verían sus intenciones hechas realidad?

¿Qué hay de antidemocrático, bajo, inmoral, repugnante o antiético en ello? Más bien, todo lo contrario, hay el reconocimiento de que otro tiene algo que vale la pena acompañar: ¿Existe algo más democrático y menos sucio que eso? Tal vez, pero no mucho, y debe ser difícil encontrar ejemplos.

Apelar, como a menudo hacen los opositores al gobierno de CFK, a jugar de adivinadores o psicólogos (“esto lo hacen porque lo que quieren en realidad es -equis, cualquier cosa; siempre mala, claro-“), es, aparte de una tremenda pelotudez (porque conduce a ocuparse de lo no importante), un sinsentido, y nos pone a inquirir en cuestiones sobre las cuales tenemos nulo soporte argumentativo para expresarnos con ventaja, racionalidad y/o decoro.

Del mismo modo, uno podría decir que quienes se ocupan de discutir acerca de “las verdaderas intenciones que los Kirchner para hacer tal cosa”, son, en realidad, unos perversos, porque apuntan a desviar el foco, en función de no abordar la cuestión principal, la que se pone a debate.

Ejemplo: ¿A qué apuntaron aquellos que dijeron oponerse al matrimonio igualitario “para que la cuestión no fuese utilizada políticamente por Kirchner”, si no a buscar una excusa no tan impopular como lo sería blanquear que de lo que en realidad estaban en contra era de la igualdad de derecho?

Pongamos que los Kirchner utilizaron en beneficio de su construcción de poder personal todas las grandes discusiones de los últimos años –AFJP, Ley de Medios, AUH, matrimonio igualitario-. Más bien, reconozcamos que es así, que buscaron ganar poder con ello. Pregunto: ¿Y? ¿Cuál es el problema con eso?

¿Desde cuando ese tipo de iniciativas son ascéticas? ¿Quién dice que deberían serlo? ¿Por qué?

De lo poco que he aprendido desde que me meto en política, es que no existirá que una demanda social se cristalice si no va acompañada de previa construcción de poder. Caso contrario, romanticismo. Muy lindo, sí, pero se quedará en discursos floreados y gracias.

Si de todo eso, el gobernante se lleva una cuota de poder para su corral, resulta que habrá beneficios para ambas partes, de eso se trata la política después de todo.

Digo yo. Quizás, no sé. De pronto, me parece.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Peronismo = Cristina

Hablar de disputas al interior del peronismo es, si se entiende algo de peronismo, una enorme estupidez. El peronismo es, hoy, Cristina, y quién está contra ella no está dentro del peronismo. Es así de simple y sencillo. Hoy, como poder, no existe ninguno de los dirigentes del “Peronismo” Federal, salvo los tarascones destituyentes, que, con aires de pretendido estadista, pueda pegar Duhalde.

Fuera de eso, los dispositivos de armado territorial, a lo largo y a lo ancho de la Patria, están, en su más que abrumadora mayoría, alineados con la conducción cristinista. Y los mal llamados disidentes, para trascender, dependen de cuán solícitos puedan mostrarse con Magnetto, con el riesgo de que eso atenta, de lleno, contra la esencia misma del peronismo (se ha oído a De Narváez hablar de los conversores de TV en línea con la vieja consigna gorila del asado y el parquet, una de las grandes mentiras de la historia de este país). Vaya encrucijada.

Hete aquí que hay, de un lado, al órgano formal del movimiento y al sector obrero plenamente subordinados a la Presidenta. Y enfrente, un rejunte de exiliados que no tienen ni el discurso ni la praxis (porque son sometidos al establishment) del peronismo.

Y para colmo de males, están atravesados por una subdivisión interna: Entre aquellos que se mojaron los pantalones al ver que el Pueblo prefiere a Néstor y Cristina y no a la Rural, que no ven cómo hacer para ser aceptados de regreso; y otros que quieren llegar vía generación de caos-golpe-bala-"orden", pertenecientes al sector más retrógrado, feudal, reaccionario y conservador.

Ni siquiera tienen sindicatos, la CGT de Barrionuevo es un chiste muy gracioso, pero triste; y Momo Venegas es el único sindicalista en la historia de la humanidad que se lleva bien con las patronales de su sector (a decir verdad, hasta mejor que con sus representados), aparte de ser el tipo cuya gente en peores condiciones trabaja hace bastante tiempo. Maneja, por así decirlo, esclavos, no laburantes.

Juegan, como bien ha dicho Jorge Asís, un picadito cuya máxima aspiración es, como bien ha dicho Lucas Carrasco, forzar a un balotaje al FPV, pero en el cual ellos no tendrán ninguna chance de participar. O sea, ver si logran hacer que el peronismo, que es Cristina, pierda, lo cual cierra la hipótesis planteada al inicio, no hay disputa ninguna.

Hay un problema cuando se intenta abordar la complejidad del peronismo a partir de los relatos periodísticos, como bien dice la Presidenta, los diarios nunca entienden nada. Así puede instalarse que la cercanía a Cafiero, que estuvo debajo de una cama -sin tirar ni un chasqui bum- entre 1955 y 1973, durante la proscripción, como garantía de peronismo.

Que se entienda: Hoy día, Capitanich, Verna, Marín, Urribarri, Alperovich, tienen, cada uno de ellos por sí solos, en tanto se mantengan dentro del proyecto CFK 2011, más poder que Romero, Busti, los Saá, Solá, De Narváez y Das Neves, todos juntos.

El atractivo de la “pata peronista”, esa cosa rara que se inventó a partir de la crisis del “campo”, a la cual aspiran todos los no peronistas, supone que Carrió puede llegar a presidente y el peronismo subordinársele a los pies, solamente porque ella dice que pondría de Jefe de Gabinete a Gerardo Conte Grand.

El equívoco histórico de la Fusiladora, de pretender reducir el fenómeno peronista a solamente el choripán y el vino tinto, determina todas las payasadas que se hablan acerca del peronismo hasta el día de hoy.

Las señales del poder, o sea del peronismo, pasan por otro lado: Por la sumisión total y absoluta de todos aquellos que importan, al liderazgo de Cristina. Y el resto son pavadas de editorialista sacado.

domingo, 26 de diciembre de 2010

2011

La dinámica de los últimos acontecimientos está atravesada, sino determinada, por el impresionante rendimiento que, en todas las encuestas, serias y no serias, oficialistas y opositoras, viene demostrando CFK (para muestra, un botón: todo lo que viene escribiendo Mariano Grondona desde que murió Néstor, parte del reconocimiento de que, si las elecciones fuesen hoy, las ganaría, tranquila, y sin despeinarse, Cristina).

Problemas que, indiscutiblemente, necesitan abordaje de la gestión (y que nadie mejor que el kirchnerismo podrá resolver), se han convertido en material de construcción política por parte de las corporaciones empresariales, que necesitan la extinción del FPV y su manera de conducir el Estado, que no se subordina a los requerimientos de ninguno de los integrantes del establishment –como sí ocurrió entre 1976 y 2003, y como ocurre hoy con el Grupo A-.

Aquellos que fogonean las últimamente muy violentas reacciones a dichas problemáticas (se repite que ciertas), y que, a la vez, son fogoneados por las vocerías corporativas, en indisoluble vínculo de acción, como solución, son, a la vez y paradójicamente, portadores de la ideología que fue causa principal de los males que aún aquejan a gran parte de la sociedad, y de propuestas que no harían sino recrudecer los mismos. Profecías autocumplidas y el perro se muerde la cola.

La búsqueda es, aunque poco sutil, muy bicha: quiere golpear en uno de los ítems más sensibles a partir de los cuales el kirchnerismo construyó el enorme vínculo de afecto que lo une con gran parte de la sociedad, que se patentizó durante las exequias de Kirchner, y que talló más allá de lo meramente material: el tratamiento no violento de las protestas sociales, en lo que el Gobierno apostó mucho capital político, en especial con la clase media, desde 2003.

La Ley de Medios es el eje ineludible de toda discusión de acá a 2011. La mismísima CSJN decidió que la constitucionalidad, o no, de la misma (esto es, el despliegue pleno del 161), será determinada por el vencedor de las próximas presidenciales: Cristina o Clarín. Clarín necesita la derrota oficialista a los fines de poder triturar la Ley de Medios. O más bien cree necesitarlo, porque, en realidad, ella ha implicado, más que nada, su pérdida del papel de factor objetivo, neutral, portador de verdad única e indiscutible.

Es grave, para Clarín, no entender que su derrota no (sólo) se cuantifica en billetes, y trascenderá más allá de 2011. Ya no son un dato ineludible a la hora de discutir poder, y ese es, seguramente, el dato más saliente del post 125, y que, como dice Hernán Brienza, se consolidará si, como todo indica, Cristina se convierte en la primera persona que gana una presidencial sin el concurso del establishment, el poder real y perpetuo de Argentina.

En base a la pérdida de ascendencia de Clarín, vocero y cabeza decisoria y estratégica máxima del poder fáctico, sobre la opinión pública; y del ascenso, allí mismo y en contraposición, de CFK, las señales de la mayoría de la dirigencia con algún poder (esto es, ninguno de los empleados de Clarín, que creen suplir, con su genuflexión, sus defectos de armado) van en contra de las lecturas que pretenden los editorialistas patronales, que están sacados y quieren vender la imagen de un oficialismo que perdió gobernabilidad y se divide internamente, todo esto a partir de la amplificación de situaciones que ellos mismo crean. Nada más lejos de la realidad.

El Congreso del PJ y Scioli absolutamente alineados con la conducción cristinista. Sabbatella que pide ser opción del FPV. Verna en La Pampa, Reutemann en Santa Fe: todos corren detrás de las faldas de la Presidenta. Y eso es un datazo siendo que el peronismo huele poder como nadie. El PJ antiperonista, excepto Duhalde (y sólo para conspirar, liderar algo propio no puede, mide menos que el P”O”), no tiene más peso que un zócalo alarmista en TN.

Las disputas, para el cristinismo, pasan por otro lado: gestionar, primero; luego, por cómo manejará su armado electoral en un marco de adhesiones bastante heterogéneo, pero sin poder prescindir de nadie, porque las necesidades son diferentes según el territorio, y para ganar elecciones se requiere de todo lo que se pueda sumar, sin hacer asco a nada; y lograr, por último, que la base fuerte de apoyos, el “pejotismo”, se comprometa con el “estilo K”, de ir siempre para adelante sin que le importe la conveniencia, sabiendo que no habrá Cristina más allá de 2015.

En eso se está mientras acabamos de despedir a Papá Noel, pidiéndole Cristina 2011.

viernes, 24 de diciembre de 2010

La izquierda de la derecha, en sintonía con su pasado

"¿Sabes quién banca esta huelga, compañero socialista? El diario La Prensa. ¿Qué pasó? ¿Se volvieron socialistas los Gaínza Paz que se llevan la vaca en el barco cuando van a Europa? ¿O será que ciertos obreros, los obtusos como vos, le están haciendo el juego a los enemigos del Pueblo? Una huelga obrera apoyada por el diario de la Oligarquía, pero ¿dónde se ha visto? ¡Hay que ser tarado para no darse cuenta, compañero!". Así, según la película de De Sanzo, le contestaba Evita a un obrero ferroviario que se reconocía militante del "socialismo de Juan B. Justo y de Palacios", esos que, como le retrucó inmediatamente Evita -siempre según dicho film-, fueron a las elecciones de 1946 junto con "los lameculos de la Oligarquía y del yanqui Braden (...) los canallas de la Unión Democrática". Un revolucionario de verdad como lo fue Raúl Scalabrini Ortiz solía preguntarse por qué razón ellos, los militantes de FORJA, que le habían sacado impresionantes radiografías a las estructuras de dominación del imperialismo británico, no tenían lugares de expresión en los diarios de la Oligarquía, como La Prensa, fiel vocero de los monopolios ingleses en Argentina; pero sí, en cambio, había espacio para los dirigentes del PSA y PCA, quienes vociferaban, por esos días, contra el "imperialismo yanqui" (el mismo junto al que, a los pocos meses irían a elecciones en una coalición inmensa que reunió agua y aceite en contra del "Coronel nazifascista", que se la bancó solito y los vapuleó sin despeinarse), que no tenía, como sí los ingleses, intereses creados en Argentina.

Los procesos de subversión de las jerarquías sociales deben, necesariamente, ser nacionales, porque de lo contrario se corre el riesgo de hablar de cosas que no existen en el medio donde deben actuar, a personas que no les entienden una palabra de lo que les dicen. Las contradicciones sociales son, siempre, distintas según el país. Así fue siempre en Argentina. El peronismo fue, a lo largo de la historia -salvo durante la era Menem-, el que mejor interpretó esto: Identificó a los verdaderos enemigos de clase del Pueblo, los combatió y así mejoró 180° las condiciones de vida de las clases sufridas. Enfrente tenía un PSA que despreciaba a la que debió haber sido su masa (recordemos que NorteAmérico Ghioldi aplaudió los fusilamientos de la dupla genocida Aramburu-Rojas en 1956); y un PCA que seguía los lineamientos dictados por Stalin en las internacionales a una vida de distancia de acá, lo que los llevó a absurdos tales como, primero, aliarse con los nazis por vía del pacto Molotov-Von Ribbentrop, para luego terminar por combatirlos en la Segunda Guerra Interimperialista aliados a los norteamericanos que, finalizada la misma, se convertirían en sus enemigos mortales durante décadas; y en Argentina, mientras tanto, actuaban bajo las órdenes del antecesor de Magnetto, Spruille Braden, porque había que “combatir al delegado de Hitler en Argentina”, tal la calificación que recibía (injustamente, porque de nazi no tenía, ni tuvo su gobierno, nada, y de fascista menos, era de formación bien liberal) Perón (y que muchos, hoy, igual de imbéciles que los de aquel entonces, siguen repitiendo), en función del monumental equívoco histórico que siempre fue contar que en la mal llamada Segunda Guerra Mundial hubo buenos y malos, y no, como la realidad se encargó de mostrarnos luego (y a riesgo de utilizar el mismo lenguaje básico de los macristas, el único que pueden entender), todos malos.

Algo parecido pasa hoy, fíjense lo bien tratados que son Altamira y Pitrola en los distintos medios del Poder. Ultraneoliberales de la talla de Ernesto Tenembaum y Alfredo Leuco nos quieren hacer creer que fueron alguna vez militantes socialistas, que se reconvirtieron, porque “comprendieron el valor de la democracia de partidos”, en ese oxímoron llamado “liberalismo de izquierda”, y que a la corporación empresarial manejada por sus patrones de AEA sí les interesan, al revés del “falsamente popular gobierno K”, las clases necesitadas, y por eso los tienen en el plantel a ellos, que llevan a sus programas a los dirigentes del Partido SIN Obreros para que nos pongan en vereda sobre las necesidades de hacer la revolución proletaria (elegantemente vestidos, cómodamente sentados en sillones de lujo y en estudios bien refrigerados con aire acondicionado, muy distintas escenas de las que tuvo que soportar el Che en Sierra Maestra), esa para la cual piden la protección de miles de los efectivos policiales que paga el Estado al cual, dicen, quieren aniquilar. Ríos de coherencia, casi tantos como los que corren por la alianza de Margarita Barrientos y Macri.

¿Habrá algún día algún trabajador que diga que tiene algo gracias a lo que hicieron los dirigentes del Partido SIN Obreros? Pregúntense eso antes de inquirir en las “sucias razones” que pueda explicar los masivos apoyos que concita la conducción de Moyano del Movimiento Obrero Organizado. Porque si los trabajadores formales hoy pueden discutir de nuevo sus salarios no es gracias a Altamira ni a Pitrola ni a Ramal. Cuando Moyano, a través de la brillantez de su gente (Recalde) en el Congreso, va al hueso con el proyecto de participación obrera en las ganancias, no se ve saltar a copar la parada por ese beneficio sustancial que recibirían los laburantes, a ninguno de los pendejos que pintan carteles con consginas pelotudas en la facultad de Sociales o Derecho (la única y escasa militancia del PO, de los cuales, claro está, ninguno es obrero, viven, todos, de los padres, putenado contra el sistema desde la comodidad de los Black Berry que utilizan para comunicarse con otras células revolucionarias), ni a ninguno de los que se dedicaron a violentar con piedras, palos y bombas molotov (que conveniente y espontáneamente, claro, llevaban en sus mochilas, ellos están siempre preparados, por si acaso, para tomar por asalto los medios de producción) en Constitución.

Y que quede claro el punto: Si en Clarín hay lugar para que estos tipos se explayen, es porque en esa vocería patronal hay la seguridad de que semejante carretillada de idiotas no van a poner, jamás, el sistema en riesgo, pero sí les permiten mostrarse amplios ante los, como decía Evita, obtusos. A Moyano, en cambio, se le da duro y parejo porque él y la CGT actual sí representan una amenaza de poder real para sus intereses de clase. Ídem para Pino y su lacra, siempre muy preocupados por la payasada de los recursos naturales desde sus diputaciones por uno de los pocos distritos sin ninguno de ellos, y sin mencionar nunca, claro, que habrá de pasar con la inmensa cantidad de obreros que ven en riesgo sus fuentes laborales porque a Proyecto Sur se le ocurre que la verdadera discusión hoy pasa por beber agua pura. Que nadie se extrañe, si Pino no menciona qué hacer con esos trabajadores, no es raro, es lógico, a ellos poco les importa y poco les ha importado siempre la clase obrera. No es su tema, ellos son la cara fresca de la derecha y a otra cosa. Ahí andan, a su vez, el caradura y sinvergüenza de De Gennaro, el sindicalista preferido de la derechosa Iglesia católica (es íntimo del cómplice de asesinos y violadores de niños, monseñor Casaretto), contrasentido si los hay decirse combatiente mientras se es mimado por la Iglesia, visto está que él tampoco jamás le dio nada a sus representados (en cambio la gestión de Yasky es exitosísima en comparación, por eso mismo también Yasky es vilipendiado) y Pablo Micheli, truchador de elecciones igual que lo fueron los conservadores en el siglo XIX. Y sin olvidar que han acompañado todas y cada una de las protestas de las cámaras patronales golpistas sojeras encabezadas por SRA.

Evita seguía su discurso en aquella película hablando de que, si bien es cierto que la lucha obrera empezó, formalmente, antes de Perón, la obra de Alfredo Palacios (un tipo que apoyó todas y cada una de las dictaduras y proscripciones que hubo en este país: A la UCR verdaderamente radical, primero; y al peronismo, más tarde; el único que nunca fue proscripto fue él, que hasta se dio el lujo de ocupar la embajada argentina en Montevideo en representación de los genocidas de la Fusiladora) se reducía a eso, meras formalidades, leyes que existían pero no se cumplían y que Palacios jamás se ocupó de hacer cumplir, porque nunca le interesó nada de eso. Algo similar a Proyecto Sur, que vota a favor de la Ley de Medios pero no moviliza cuando ve como con artimañas e ilegalidades los monopolios comunicacionales buscan complicidades judiciales que la frenen inconstitucionalmente.

Nada de todo esto implica negar que aún existen necesidades sociales muy atendibles, pero hay que tener bien en claro que nadie sino es este Gobierno se pondrá los pantalones en busca de ir a por esas deudas. La salida del kirchnerismo será por derecha, que es lo único que existe como alternativa real de poder al actual oficialismo hoy en Argentina, cualquier cosa está a la derecha de Cristina, y a los tiros. A nadie se le escapa este dato, por eso los últimos incidentes son acompañados por franjas muy minoritarias. Y que apuntan, armados fogoneados como están, a minar la gobernabilidad de CFK, con lo cual lo primero que hace es reconocer que la tiene, vaya paradoja, y a intentar erosionar su inmenso caudal electoral.

Que se acuerden el día de mañana si llega a ganar alguien de la derecha, los únicos en condiciones de hacerlo, la izquierda paleozoica nunca, por suerte, ganará nada en este país, cuando los estén corriendo a tiros de cualquier lado en el que se manifiesten estos revolucionarios de bar de facultad. Así les pasó después de que ayudaron a correr a Perón, y también cuando apoyaron el arribo de Videla. Porque pocos como ellos están operando para que eso ocurra. A bancársela después.

martes, 21 de diciembre de 2010

Candidata y estadista

Durante diciembre han lanzado su candidatura el hijo de Alfonsín, Carrió, Duhalde, y también, de algún modo u otro, por medio de la reunión en Olivos con todo el peronismo peronista que tenga algún tipo de poder institucional, se ha lanzado la Compañera Presidenta CFK.

Y la sensación que nace luego de haber oído y analizado los discursos de todos ellos, es que, primero, ninguno como Cristina entiende qué es exactamente hoy el mundo, el país, la política y todas las derivaciones que de esos ítems surgen. Guste más o menos, se equivoque en mayor o menor medida, la Presidenta conoce, mejor que cualquiera de todos sus rivales, cómo es el terreno en el que se va a disputar el partido de 2011. Vaya cosa.

Enfrente tiene el republicanismo vacío y pasado de moda de Alfonsinito; los delirios apocalípticos de Carrió; y las mentiras de Duhalde, a quien su más fiel promotor, Clarín, le sostiene hace ocho años el imaginario de que entregó un país pacificado, en camino y una gestión sin muertos (cuando la verdad es que asesinó y que forma parte del coro que le reclamó siempre a los Kirchner dureza ante las protestas sociales -¿por qué las habría en el país saneado y de pie que dice haber entregado Duhalde?-).

Segundo, e igual de importante que lo primero, da la sensación de que, con este discurso, Cristina se ha convertido definitivamente en estadista, y de gruesa talla. Si acaso le faltaba alguna materia para graduarse, las ha aprobado con honores en la cumbre de Olivos asumiéndose, ya definitiva e indiscutiblemente, como Jefa única de ese enorme conglomerado de caciques, históricamente conducidos por hombres, pero que hoy se le someten sin chistar.

Siempre Cristina hace discursos impresionantes. Pero nunca, como frente al PJ que la fue a proclamar candidata para 2011 (lo cual, a un año de votar, siendo el peronismo, quiere decir que roba en las encuestas), se la oyó articular con tanta excelencia movimiento, gobierno y rol del país en la región; pasado, presente y futuro; logros, deudas y rectificaciones; balance, trazo de futuro y convocatoria para lo que falta (y, atención, eso implica reconocer que faltan cosas).

Todo eso habla de una comprensión de las situaciones que la atraviesan en la gestión muy superior a la de sus competidores. Afirmada en las convicciones del proyecto que conduce, por estos días, y pese al vendaval mediático que no para de presionarla, se sostiene en sus trece de que no va a solucionar ningún conflicto social vía garrotazo. Eso, ya es una ventaja, siendo que al resto de los candidatos la agenda se la fija AEA.

Ha dado su versión de lo que debe ser el rol del peronismo gobernante que conduce en el escenario nacional y mundial de la actualidad, lo cual viene a significar que tiene asumido que el paso de este proyecto ha tocado trascendencia (y va por más), tanto que, nunca, como por medio de esta conducción, el predicamento y las posturas del país han tenido tal nivel de importancia y peso.

Se empieza a elaborar un discurso sobre seguridad, y allí hay la profundización de algo que ya se marcó desde Segundas Lecturas, un gobierno que roba banderas por derecha y por izquierda, pero articulándolos en función de un diseño propio, lo que cohesiona y disciplina internamente las dispares individualidades que lo conforman, pero a la vez genera un amplio abanico de acompañamientos entusiastas (por lo de independencia de conducción).

Si hasta ha superado el hecho de nombrar a Néstor, a quien varias veces mentó por su nombre o apellido (ya no más “él”), en función de convocar a levantar alto sus banderas, esas que nos convocan a unos cuantos a enfervorizarnos en la defensa de su heredera en la conducción.

Un discurso impecable (convocante de la militancia y racional para la gobernabilidad –frente al Mercosur habló de cómo la Nueva Izquierda se sostiene a partir de la gestión, bien que ideologizada, del estado-) y un armado de temer abroquelado en torno a su conducción.

De nuevo, hasta que se harte alguno, y confirmado, ahora que nadie discuta ni ponga dudas, “ni lo intenten, el futuro es nuestro”: Cristina 2011.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Estudiantes, Vélez y la política de estado de las dos "efes"

Estudiantes y Vélez avanzan por la senda de afianzar y sostener en el tiempo dos valores que por estos tiempos del fútbol vuelven respetable a cualquier equipo: Fisonomía (las individualidades que conforman el conjunto) y filosofía (la idea de juego que lo inspira).

La génesis de este Estudiantes campeón del Apertura ‘10 puede remontarse al último ciclo de Bilardo, con el afianzamiento de Sosa y Carrusca como titulares; a la era Merlo, con la consolidación definitiva de Pavone como titular indiscutible; o al paso de Burruchaga, cuando se construyó la dupla temible de Tanque con Calderón.

Simeone recogería todo para armar el campeón de 2006, un equipo que atacaba por todos lados. Claro que no son muchos los nombres que se repiten en esta nueva vuelta, cuatro años después, la propia dinámica actual del fútbol como negocio lo impide. La clave está en lograr, como lo han hecho los pinchas, que Alayes le haya traspasado el legado a Desábato (que él le está pasando ahora a Federico Fernández); Sosa a Enzo Pérez; Calderón-Pavone a Boselli, quien luego se lo transmitió a Gata Fernández. Y a todo esto, logró sostener durante todo este tiempo el doble pivote del mediocampo, Braña-Verón, dupla a la cual el habitual “se entienden de memoria” le queda muy chico.

El secreto está en que convivan, al menos por un tiempito, los que están y los que vendrán, para que unos contagien a los otros el espíritu del proyecto. De esa forma, se logra vencer a los ineludibles éxodos de players: Cada vez cuesta más sostener una figura en el mercado local (ni que hablar de cuan temprano se van los valores surgidos de inferiores), cada vez más lejano el ideal de jugar muchos años en un mismo club. Rige la lógica del jugador nómade, y eso atenta contra la posibilidad de armar equipos que duren en el tiempo, y por ende se vuelvan sólidos, confiables y asienten en las bondades de la continuidad la búsqueda del resultado.

Es lo que alguna vez hizo Independiente y le valió su período de gloria. Veinte años -de 1964 a 1984- en los que se afianzaron líneas de sucesión: Rolan, Pavoni, Zurdo López, Trossero; Mura, Pastoriza, Galván, Giusti; Bernao, Bertoni, Barberón; Mario Rodríguez, Maglioni, Ruiz Moreno, Percudani. Y un Bochini, que desde que apareció no se fue nunca. Ídem para el Boca de Bianchi.

Vélez va por el mismo camino. Hablar de que este subcampeón Apertura ’10 es casi el mismo equipo (cambios escasos: Tobbio por Otamendi, Augusto Fernández por Gastón Díaz –que igualmente sigue en el club, es de los primeros y más asiduos recambios-, Silva por RoRo López) que el que se consagró en el Clausura ’09 en la final ante Huracán, lo que es decir cuatro torneos atrás, es hablar de una proeza.

En este estado de cosas, lógico que ante el inicio de cada nuevo torneo surja casi automáticamente la respuesta ante la pregunta de quienes son los candidatos a pelearlo: Estudiantes y Vélez. Al margen de que gusten más o menos las ideas de cada uno de ellos, conviene pararse por encima para explicarse los por qué de éxitos tan perdurables. En este post creemos haber arrojado una hipótesis por lo menos bastante sustentada, claro que discutible.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Soldati: El miedo como estrategia electoral

El voto duro de CFK, supera, a un año vista de las presidenciales, el 40%, cómodamente. Ya no se aspira a la hipótesis "40+10" (que era lo que le garantizaba el triunfo previo al fallecimiento de Néstor), porque no baja, la Compañera Presidenta, de 45% -aprox.- ni en las encuestas de Poligarquía. 65% en el Conu, es casi decir triunfo asegurado; pero, además, puntea en Ciudad, Santa Fe y Córdoba, históricamente reacios al kirchnerismo, triplicando los magros diez puntos obtenidos por el FPV en esos lugares en 2009.

Existe un 20/25% de indefinidos, que igualmente, proyectados, hoy parecen más proclives a bancar una tercera tiranía consecutiva, que el salto al vacío que significa cualquiera de las alternativas de la derecha. El resto, se reparte dentro de un panorama de ofertas amplísimo, más todavía de lo que lo fue en '09, atento las rupturas internas que sufrieron las dos coaliciones clarinistas que enfrentaron al peronismo peronista en aquella oportunidad.

Dado ese marco, es decir, una primera minoría claramente en ventaja, sólida, organizada, contundente y cohesionada; un elenco de indecisos que mira cada día con más cariño al oficialismo; y una sobreoferta opositora que impide establecer con claridad quién representa el contra modelo (si es que los hubiera, el alguien y el qué), se comprenden las dificultades opositoras para acertar en la confección de un discurso alternativo capaz de aunar las distintas vertientes en un polo único capaz de arrimarle siquiera un poco el bochín al oficialismo.

Imposible leer cualquiera de los más resonantes episodios sucedidos después de la muerte de Kirchner si no es teniendo en cuenta la situación arriba descrita, la toma del basural Indoamericano no es la excepción.

Hubo muchas casualidades juntas que apostaron a explotar el único wing por el que puede trascender una opción de derecha como lo son todas las que se oponen al oficialismo: El miedo, el caos, "la situación pre anárquica". Ridiculeces, sí, pero que alguna cabida siempre tienen. Juego sucio. Al discurso xenófobo y racista déjeselo de lado. No fueron más que balbuceos propios de la pequeñez mental, de quien los emitió y de quienes están en aptitud de comprar ese tipo de razonamiento, dada la incapacidad que tienen de afrontar ideas de mediana complejidad, vicisitud para la cual Macri (y todo el fenómeno PRO), con su estrechez semántica, sintáctica, literaria e intelectual, les viene como anillo al dedo. El clásico "tomarlo cómo de quién viene".

Por otro lado, la agitación racista del Intendente (el peor desde que la Ciudad es autónoma) a lo mucho le sirve para galvanizar los (a nivel nacional escasísimos) votos que ya tiene, esos que hace rato vienen soñando con el éxtasis que les produciría ver cómo las fuerzas represivas del Estado rematan en la vía pública a un "negro de mierda de los que nos invaden nuestra ciudad". Pero dudosamente le sirva para ampliar, que es lo que necesita. Por lo tanto, las descalificaciones a ciudadanos de Latinoamérica (esa de la cual Argentina forma parte, lo que impide mentar de extranjeros a bolivianos, peruanos, paraguayos y demás), es lo menos importante del asunto, se perderán en lo intrascendente y hueco del mensaje (y del mensajero y sus receptores, también).

Frente a un Gobierno que no para de recibir noticias como el reciente informe de la CEPAL (que depende de ONU; no de 6, 7, 8) que indica que la pobreza en Argentina bajó diez puntos -nada menos- entre 2006 y 2009; al que todas las previsiones de crecimiento le quedan cortas, y cuyo único déficit, la inflación, a pesar de ser duro no puede con las líneas maestras de un modelo fuerte (tal la opinión de Paul Krugman hace pocos días), y va camino a ser domesticado, pacto social mediante, sólo queda como alternativa, para los poderes fácticos que encabezan la alianza social que enfrenta hace años al kirchnerismo, la radicalización y la confección de un clima social de caos y descontrol.

Ese 20/25% de indecisos es muy susceptible a situaciones tensas como las que se vivieron en los últimos días. Si perciben que quien sea que esté al mando, pierde el timón de la situación, tienden a sentirse desprotegidos –y en todo su derecho están a sentirse de tal modo-. Claro, habría que dejar de lado el detallecito de que, en este caso, el país es muy otro del que era en 2001, ahora hay con qué dar soluciones a problemas que siempre se presentan. Esto sí, por la perversidad de la maniobra, es importante. Aunque muy obvio.

Poco importa quien está detrás, el machaque ridículo a que se asistió en los últimos días alcanza y sobra para comprender que, de mínima, hubo un intento de aprovechamiento de determinados episodios que, además de grosero, cada día se nota más.

La mención a Duhalde surge sola, por cuanto hace desde que dejó su gobierno que se paró sobre un relato que intenta presentarlo como “un piloto de tormentas (calificadas como “generadas” por un no precisamente oficialista como Jorge Asís) exitoso”, que “entregó un país pacificado y ordenado”. Curioso, son los mismos que luego le reprochaban a Kirchner no “poner orden” ante las protestas sociales: ¿Qué protestas sociales caben en un país “pacificado y ordenado”, el casi paraíso que Duhalde sostiene haber construido en una gestión de la cual debió huir siete meses antes de lo que correspondía que lo hiciese?

Y la estrategia de pinzas apuntaba a golpear en uno de los más valiosos capitales del kirchnerismo: La no represión de las protestas sociales. Bien dijo Mario Wainfeld en Página el último domingo, a ese valioso aporte del kirchnerismo, no obstante, le ha llegado un agotamiento, necesita reformularse, porque muchos le han tomado el pulso y se zarpan cada vez más. Pero como también muy bien dice siempre Fede Vázquez, este Gobierno siempre aprende, y en ese sentido, CFK sale, como de todo, fugando hacia delante, y en ese sentido, tal como pedía Escriba hace algunos días, la creación del nuevo Ministerio de Seguridad responde a profundizar en la lógica que mejor entiende este Gobierno: Problematizar, teorizar, politizar al mango todo, y en este caso nada menos que la única institución intocada desde 1983, la cana. Y encima, en manos de un cuadrazo que ya bastante bien hizo con las FFAA.

No importa. El posteriori de todas y cada una de las últimas operaciones, que han apuntado a intentar triturar el renacimiento de la politización de la sociedad/el vínculo afectuoso entre Cristina y la sociedad/la decisión de que el Estado no se violente contra el reclamo por necesidades, que como bien decía una santa, son en realidad derechos/y la gobernabilidad impresionante que el kirchnerismo ha reinstaurado en la sociedad; han redundado en que cada vez el Gobierno luzca mas fortalecido, mejor parado.

De nuevo, “ni lo intenten, el futuro es nuestro”. Cristina 2011.

martes, 14 de diciembre de 2010

La influencia del factor corporativo en el golpe contra Arturo Illia

(Les comparto con mucho gusto lo que fue mi TP para la materia Historia Política Argentina que acabo de rendir durante el cuatrimestre que acaba de finalizar (bajo la tutela del profesor Marcelo Koenig). La consigna era que tratase de algún hecho político acaecido durante el período objeto de la materia, que era 1955-1970. Entre paréntesis o guiones medios, y en modo cursiva, agrego algunas acotaciones que me surgieron luego de releer el TP y antes de publicarlo acá, que omití para la entrega).

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Mediante el presente trabajo se intentará establecer el peso que, en la decisión del partido militar de tumbar el gobierno semi legítimo (favor que yo le hago, debería haber puesto ilegítimo, que es lo que fue el gobierno de Illia, derecho viejo) del Dr. Arturo Illia, tuvieron diversos estamentos de los poderes fácticos. Principalmente el poder económico, pero también la influencia que tuvo en este proceso el marco condicionado en el cual se desarrollaba el juego político, y la renovación que aconteció en los medios de comunicación con la aparición de semanarios gráficos y la posibilidad otorgada a empresas extranjeras de ingresar en la propiedad de servicios de comunicación audiovisual.
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Desde 1955, con la caída del gobierno democrático y constitucional de Juan Domingo Perón (me faltó poner legítimo, lo que no fue ninguno de los que lo sucedieron, hasta su tercera presidencia, en octubre de 1973), la Argentina se vio inmersa en una crisis de ilegitimidad política e inestabilidad institucional. Fuera de toda legalidad, el peronismo es impedido de participar en la vida política. Esto genera que las inmensas mayorías populares que representaba (un año antes del golpe se hicieron elecciones para elegir vicepresidente –las únicas de ese tipo en la historia de este país, sin obligación ninguna de haber tenido que hacerlo, dato este a menudo olvidado por aquellos que viven de socavar discursivamente al gobierno de Perón- y el candidato peronista, Alberto Teisaire, había triunfado con un rotundo 62,5 % de los votos; en medio de lo que luego Raúl Prebisch catalogaría –contradiciéndose con lo que había dicho meses antes en un informe que le solicitó el propio Perón- “momento de crisis del modelo peronista”) no se sintieran contenidas en ninguna opción partidaria. De este modo, se tornaba imposible para cualquier gobierno –sea de fachada militar o civil- mantener el plafond popular necesario para ejercer con firmeza el mando de la república. El peronismo se había vuelto un problema, toda vez que sin el concurso de las mayorías que siempre sustentaron su primacía electoral, era imposible gobernar, al tiempo que, articulado como estaba uno de sus más importantes actores, el Movimiento Obrero Organizado, se dificultaba la implementación de un modelo económico que privilegie en exclusividad los intereses de los factores corporativos, que durante los gobiernos peronistas habían visto retraída su participación en la distribución de la renta nacional a menos del 50% de la misma –razón principal (debí haber puesto única, no hubo otra) por la que se golpeó al “régimen” peronista-.

En ese sentido, Juan Carlos Portantiero va a decir que “la inestabilidad política de aquel período obedece al hecho de que los grupos económicos dominantes no logran transformar en hegemonía política el predominio ya adquirido a nivel económico”. Califica a la situación como “empate hegemónico”, donde cualquiera de los bloques puede vetar al otro, pero no reúne las fuerzas suficientes como para establecer un trazo de gestión que sea de su agrado [1]. Arturo Frondizi había llegado al poder en 1958, pactando el apoyo del movimiento peronista a cambio del levantamiento gradual de la proscripción política. Desconfiado de esto, el partido militar lo desplazó del poder en 1962, ante el temor de que se hiciera insostenible el mantenimiento de la mencionada política represiva contra el partido mayoritario. Por otro lado, Frondizi incumplió su parte del pacto con el peronismo, lo que le significó que nadie quebrara una lanza en su defensa. En ese contexto, ganó las presidenciales de 1963 Arturo Illia, político de escasa relevancia dentro de su partido (designado candidato dada la creencia del líder de la UCRP -su partido-, Ricardo Balbín, de que no había chance de obtener el triunfo) y poco conocido a nivel nacional (provenía del sabattinismo cordobés, referencia política de inspiración yrigoyenista, con fuertes tendencias populares y nacionalistas, que lo diferenció notablemente de la línea conservadora unionista –que igualmente tuvo mucha relevancia durante el gobierno de Illia, por medio del canciller Zavala Ortiz, de las tres facciones radicales, esa, la de Sabattini y “Del Pueblo”, la que más gustaba a los Fusiladores del ’55 era la de Zavala, fervorosos antiperonistas-, hegemónica en el radicalismo, que expresaba Marcelo T. de Alvear, debe su nombre al Gobernador cordobés entre 1936-1940, Amadeo Sabattini, cuya gestión en la provincia tuvo una fuerte impronta industrialista e intervencionista. A posteriori de su muerte, Illia fue reconocido líder de tal línea interna –que terminaría confundiéndose con la de Balbín-). Obtuvo un porcentaje escasísimo de votos en su favor –menos del 25%-, pero pudo ser consagrado por el apoyo de partidos menores en el Colegio Electoral –regía el sistema indirecto de elección presidencial, uno de quienes lo apoyó fue UDELPA, partido que armó el ex presidente Fusilador, Pedro Eugenio Aramburu, quien años más tarde sería ajusticiado por Montoneros, para participar de aquellos comicios-. Esto marcó durante todo su mandato a Illia, quien intentó morigerar su debilidad de construcción política pactando con el mandamás del ejército, Gral. Juan Carlos Onganía, la no reincorporación de oficiales Colorados (sector interno del ejercito opuesto a la conducción de Onganía, herederos del profundo sentir gorila de Isaac Rojas y que habían sido derrotados por el sector Azul –de Onganía- en enfrentamientos armados acaecidos durante la presidencia de Guido, y por ello desplazados de las FFAA, esto pese a que era con Colorados con quienes mayor afinidad tenía la UCRP, en razón de que ambos coincidían en la necesidad de proscripción indefinida del peronismo). No obstante lo cual, ello significó, a fin de cuentas, una mella en el ya de por sí escaso poder de Illia, pues dentro del sector Azu” pesaban fuertes concepciones de liberalismo económico, opuestas a la Carta de Avellaneda, plataforma de gobierno de la UCRP que suscribió Illia para su elección, y que postulaba un rol un poco más activo del Estado en la vida económica [2]. Dice Mario Rappoport, que “Las políticas desplegadas, sin agitar demasiado las aguas, rescataban lineamientos (…) con un trasfondo internacional marcado por propuestas económicas nacionalistas en boga en muchos países del Tercer Mundo. (…) cierta resistencia a las imposiciones del FMI, la concepción de un Estado inclinado al control y la planificación de la economía –como en caso de los productos farmacéuticos-, así como a la atención prioritaria al mercado interno. Se tomó también la decisión de denunciar y anular los contratos petroleros firmados por el presidente Frondizi.” [3].

La decisión de sucesivas administraciones de favorecer la penetración del capital extranjero sin controles adecuados por parte del estado, enhebró un sector empresarial dotado de demasiada capacidad e influencia para intervenir en el diseño y desarrollo de las políticas públicas. El economista Eduardo Gorosito, en su estudio “La odisea de la economía argentina”, marca que el rasgo principal de la política económica de Frondizi (desarrollo mediante ingreso de capitales foráneos), se definió por el temor que tuvo a aumentar la explotación del trabajo, por las revueltas sociales que ello podría significar (de todas maneras, la retracción que sufrió la clase obrera en sus niveles después de la caída de Perón fue enormísima) [4]. Perón había intentado una apertura con restricciones –por ejemplo, al envío de remesas al extranjero, cosa que pretendieron utilizar los sectores opositores para pintar una supuesta marcha atrás de Perón; ridículo, por cierto-, una vez que la ampliación del consumo que provocó el enorme mejoramiento en las condiciones de vida de las masas durante su gobierno (especialmente en el primer tramo del mismo), no encontró debido correlato en la expansión de mercado necesaria. Frondizi, a través de la eliminación de aquellas restricciones, significó un importante giro en las radicaciones de capitales de inversión extranjera, modificaron el escenario [5].

De esto no estuvieron ausentes los medios de comunicación. En virtud de su objetivo de desperonizar el país, fue reformado el marco legal de los servicios audiovisuales en 1957 por Pedro Aramburu, presidente de facto para entonces, mediante la “ley” 15.460/57, que tuvo como objetivo “morigerar el peso estatal en la propiedad de medios”, y que si bien prohibía la participación del capital extranjero en la propiedad de medios, finalmente pudieron hacerlo indirectamente. En palabras de Heriberto Muraro “se creó en el país un poderoso bloque de intereses centrado alrededor del negocio de la TV, compuesto por empresas norteamericanas, comerciales, industriales y terratenientes argentinos, así como uno que otro funcionario estatal ligado al poder militar” [6]. Los factores del poder económico entraban a jugar fuertemente en la disputa por la construcción de sentido. En alianza con el Partido Militar, quisieron incidir en el proceso institucional para detener lo que consideraban un modelo dirigista, de corte ligeramente keynesiano, no tenía malos resultados, tres años de crecimiento del PBI consecutivos-, al que calificaban de inepto y lento, que iba contra sus intereses.

En un contexto mundial nuevo, marcado por la Doctrina de la Seguridad Nacional (y la Doctrina de la Contrainsurgencia, el presidente Illia permitió la entrada al país de los franceses que idearon dicha doctrina militarista), que implicaba el combate –por parte de las FFAA- al comunismo que, se decía, se “infiltraba”, ya prescindiendo de fronteras territoriales, el ejército argentino, atravesados sus más importantes cuadros por este nuevo paradigma, será, de nuevo, el instrumento de las clases dominantes de la economía argentina, pero esta vez para imponer un nuevo orden. De allí que Alain Rouquié la ubique dentro de un nuevo tipo de entre las dictaduras que hubo en Argentina, que denomina “constituyentes”, porque se imponían realizar transformaciones profundas en lo económico y lo social (los cuales estarán plasmados, acaecido ya el golpe, en lo que fue el Estatuto de la Revolución Argentina, que gozó de rango superior a la Carta Magna local; para la Fusiladora el objetivo era otro, simplemente desperonizar, el problema era Perón para ellos, reducían al peronismo a un fenómeno de gobierno expendedor de choripan, vino y pan dulce, y si se lo quitaba del manejo del aparato estatal todo estaría resuelto: Jamás comprendieron el vínculo afectuoso entre conductor y conducidos, que excedía por largo lo material, prueba esta de que se lo echó, se lo prohibió de todas las formas posibles y aún así el reclamo por su retorno al país se mantuvo incólume durante los dieciocho años que duró su ausencia). Siguiendo con Rouquié, el autor va a hablar de un general que llega al poder sustentado en el apoyo de pactos neo corporativistas [7], evidencia, esta, para quien suscribe el presente, de cómo el orden fáctico incide en el arribo de un nuevo gobierno, reemplazado el rol que en ello deberían cumplir las organizaciones políticas que son las que deberían (si seguimos lo prescrito por la Constitución Nacional) ejercer el rol de competidores en pos de hacerse del concurso popular para poder imponer el proyecto de gobierno que ofertan.

En este marco, un nuevo concepto de periodismo emerge, dispuesto a partir de la aparición de semanarios gráficos de opinión que insistentemente se dedicaron a jugar fuertemente a favor del ideario del modelo de “modernidad” que interpretaban las fuerzas del capital frente al “escollo del pasado” que suponía la política intervencionista de Illia [8] (Un documento de la UIA hablaba de “la burocratización total de la vida económica [...] que conduce gradual pero persistentemente a la absorción de la empresa privada por el Estado [...] para las actividades más importantes, casi siempre se resuelve en la obligada transferencia de la propiedad del empresario privado al Estado” [9] y también hubo quejas de la CGE, ACIEL y la Sociedad Rural). Las corporaciones presionaban a todo dar en pos de dirigir el Estado. Y a todo esto, había un gobierno ilegítimo, carente de toda legitimidad para implementar un programa como el que se proponía (ni ese, ni ningún otro, no hay plan de gobierno posible si se parte de lo ilegal), pero a la vez obturado de procurárselos por la amenaza militar que miraba con atención que el juego democrático no sea abierto al peronismo, y/o más bien, a Perón. En definitiva, un poder meramente formal, que no decidía. Mariano Grondona, en Primera Plana, definió claramente la situación, diciendo que Illia debía “incorporar a su gabinete a los sectores dinámicos, modernos a los que el exclusivismo partidario desoye hoy” [10]. Ese tipo de bajadas de línea se hizo muy común por parte del periodismo (otros ejemplos fueron Bernardo Neustadt –desde Todo- y Mariano Montemayor –pluma principal de Confirmado- también participaban del desgaste del gobierno).

La acción fue finamente orquestada. Un poder fáctico (el económico) fuerte, en alianza con el partido militar que se procuraba mantener la institucionalidad condicionada (otro error mio, no existe la institucionalidad condicionada: O hay constitucionalidad o no la hay), se proponía tomar el estado para sí, generar la llegada a su conducción de hombres propios (dado el golpe, lo conseguirán, con Adalbert Krieger Vasena) lejanos a banderías políticas (tradicionales, pero bien conscientes de defender las propias, las del liberalismo económico al que le costaba inmiscuirse con plenitud dentro de los partidos existentes a ese momento), y jugando fuerte en la construcción del debate público por medio de la posibilidad de penetración en los medios que se les fue abriendo.

Y un presidente, Illia, víctima de las reglas de un juego que aceptó pero que a fin de cuentas le terminó cerrando el callejón. Illia participó de un escenario diagramado por quienes luego serían sus victimarios. Haciéndolo, legitimó sus intenciones, los dotó de poder (recordemos que presionó a Brasil para que frenaran el avión que traía a Perón de Madrid en 1964 y alentó la participación de la llamada Unión Popular, a los efectos de generar una suerte de neo peronismo que dividiese y debilitase a la fuerza política por lejos principal, con escasa suerte) y sembró entonces la semilla de su propia derrota. Así se lo haría saber el Gral. Pascual Pistarini, el día que fue a echarlo a Illia de la Casa de Gobierno, ante la acusación de “bandido golpista” que le lanzó el presidente. Contestó que él (Illia) también era un bandido, pues se había valido de quienes lo consagraron en su cargo en el marco de un sistema profundamente ilegítimo; que cuando le sirvieron nada dijo y que sí lo hacía una vez que se le habían vuelto en contra [11].

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Claramente, lo que surge como conclusión del presente trabajo, es que el golpe de 1966 (también está mal de mi parte denominar a la caída de Illia del mismo modo que a las de Perón e Yrigoyen, porque igualaríamos la salida forzada del poder de gobernantes legítimo de aquellos que no lo son; tanto lo de Illia como lo de Frondizi fueron movimientos al interior del propio régimen; en esos términos, existen a mi entender tres únicos golpes de estado en la historia del siglo XX, y no seis como habitualmente se enseña en las escuelas: 1930, 1955 y 1976 –lo de 1943 fue, también, la salida de un gobierno ilegítimo-) fue el resultado inevitable de la conjunción de factores a las cuales fuera sometido por aquellos tiempos el desenvolvimiento de un juego político demasiado intervenido por actores que carecían de legitimidad (no están contemplados en la CN) y representación (partidaria), que encontraron en las FFAA, preponderantes hacía años en la vida política argentina, y muy especialmente desde 1955, el vector de escape ideal para confeccionar una alianza de poder que tomase finalmente el estado para operarlo en su favor. Tomando un trabajo de David Collier, en el cual el autor revisa a Guillermo O´Donnell quien caracteriza el período que se avecinaba en Argentina a la caída de Illia como “autoritarismo burocrático” [12], tenemos que nuestra sociedad se hallaba impregnada, por aquellos días, de una muy fuerte identificación con el peronismo, y estaba, a la vez, acostumbrada a un importantísimo activismo político mediante el cual luchaba por sus derechos en pugna con los sectores dueños de la renta. Del otro lado, los grandes grupos económicos que, vimos, habían desalojado del poder al peronismo para reposicionarse en la puja por la distribución del ingreso, porque venían obteniendo resultados lejanos a sus intenciones, no habían logrado, sin embargo, en casi once años, sentar bases que fuesen capaces de sistematizar legalmente el reparto que consideraban los dejaría satisfechos, en orden a generar un sistema de dominación de clases de permanencia en el tiempo e imposible de ser discutido. Dado que Illia, a pesar de ser un hombre plenamente comprometido con la proscripción del peronismo, tenía, no obstante, como norte, el programa de gobierno de la UCRP, la Carta de Avellaneda, considerada también –por el establishment económico- demasiado estatista (si se consideraba estatista a eso, lógico comprender porque veían necesario exterminar al peronismo), contraria a la concepción de retirar cuanto más fuese posible al estado de la regulación de la vida económica del país. Por otro lado, se consideró a la disputa político-partidaria en sí misma como culpable de imposibilidad de sentar el nuevo orden que se pretendía, y que ya sobradamente se ha caracterizado acá. Y si, por último, tenemos en cuenta que la asfixia a la que se veía sometida la inmensa mayoría del pueblo argentino por medio de la proscripción de su opción política máxima coadyuvó grandemente a que las intenciones de lucha política no pudieran ser canalizadas por las previsiones institucionales y legales normales, sino que explotaran en clave de lucha armada, vino a chocar de frente con la nueva doctrina militar a la que habían adherido nuestras FFAA, se dieron todas las condiciones para que unos y otros –poderes fácticos y militares- comprendiesen que sus necesidades eran altamente complementarias.

Un modelo económico nuevo, que arrancase de raíz los últimos vestigios de peronismo, al tiempo que eliminase la posibilidad de la salida armada que era promovida por la lucha política ilegítima que estaba planteada, sumada a la existencia de partidos políticos débiles, que no gozaban del favor popular para hacerse de la fuerza necesaria para cumplir con uno y otro requisitos.

En cuanto al aporte de Muraro, arriba citado, la interpretación del firmante es que lo allí expresado habla de una fuerte confluencia de intereses -si se lo quiere ver así- o articulación sectorial -otro modo de verlo, no excluyente del primero-. Dentro de esto podemos ubicar a los sectores empresariales cuyos intereses económicos fueron afectados por la anulación de los contratos petroleros y la sanción de la ley de medicamentos. La integración articulada de medios e intereses empresariales –según el relato de Muraro-, con más la llegada de estos sectores a las facciones internas dominantes del ejército argentino tras la victoria del sector azul, devino en una alianza de poder claramente expresada en lo que a posteriori resultó ser la conformación del gabinete económico de Juan Carlos Onganía, expresado en la figura de Adalbert Krieger Vasena, un hombre que contaba con la plena confianza del establishment corporativo de entonces siendo que expresaba en plenitud los ideales de cambio de raíz los paradigmas económicos que gobernaron Argentina desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón. Un trabajo de Vasena, del 13 de marzo de 1967 “apelaba a la necesidad de cambio (…) se promovería activamente la libre competencia y se eliminaría la excesiva protección arancelaria que había provocado tantas distorsiones (…) se intentaría reestructurar las empresas y actividades estatales y racionalizar y modernizar la administración pública, de manera de reducir el gasto y el déficit (…) disminución de los aranceles a la importación, un aumento de los impuestos a las ganancias y otras reformas tributarias, un incremento de las tarifas de los servicios públicos y un incremento de las inversiones en obras públicas. (…) procuró un ajuste del tipo de cambio con el objetivo de estabilizar la moneda y de ese modo terminar con la especulación y estimular la llegada de inversiones extranjeras” [13].

Así las cosas, vemos que en el desarrollo se advierte como fue subiendo el nivel, en cantidad e intensidad, de virulencia con la cual se empiezan a expresar los factores corporativos, lo cual además ya hacen sin intermediación alguna, como vimos en cuanto al aspecto comunicacional, tenemos que se dio una acción política muy directa, clamando, en nombre propio, lisa y llanamente por nuevas bases de organización social, concordantes con las aspiraciones particulares que los guiaban, desde donde se considera sustentada la hipótesis planteada al inicio del presente trabajo.

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[1] Eduardo Gorosito y Paola de Simone. La odisea de la economía argentina. Estudios de su historia desde 1930, Edición 2004, Avellaneda, Ediciones de la Universidad, Pags. 59 a 65.

[2] Miguel Ángel Taroncher. La caída de Illia. La trama oculta del poder mediático, Edición 2009, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, Pags. 21 a 25.

[3] Artículo de Mario Rappoport, en el diario Página 12, publicado el 28 de junio de 2010.

[4] Eduardo Gorosito y Paola de Simone. La odisea de la economía argentina. Estudios de su historia desde 1930, Edición 2004, Avellaneda, Ediciones de la Universidad, Pags. 59 a 65.

[5] Alejandro Rofman y Luis Romero, Sistema socioeconómico y estructura regional en la Argentina, 1974, Amorrortu Editores, en Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado, de Sara Lifsyc, UBA, 2005, Pags. 32 a 37.

[6] Gustavo Bulla en el libro de Guillermo Mastrini. Mucho Ruido y pocas leyes. Economía y política de comunicación en la Argentina (1920-2007), Edición 2009, Buenos Aires, La Crujía ediciones, Pag. 137.

[7] Alain Rouquié, Argentina hoy, Siglo XXI, Buenos Aires, 1982, en Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado, de Sara Lifsyc, UBA, 2005.

[8] Miguel Ángel Taroncher. La caída de Illia. La trama oculta del poder mediático, Edición 2009, Buenos Aires, Javier Vergara Editor.

[9] Artículo de Mario Rappoport, en el diario Página 12, publicado el 28 de junio de 2010.

[10] Miguel Ángel Taroncher. La caída de Illia. La trama oculta del poder mediático, Edición 2009, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, Pag. 91.

[11] José Pablo Feinmann. Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina, Edición 2010, Buenos Aires, Editorial Planeta, Pags. 411/412.

[12] David Collier, El modelo burocrático-autoritario, Historia de América Latina Contemporánea, Nº 31, en Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado, de Sara Lifsyc, UBA, 2005.

[13] http://www.argentina-rree.com/11/11-059.htm

viernes, 10 de diciembre de 2010

Tres años de CFK: Ni un paso atrás

Paradoja constante, clima de épica permanente. Parece ser ese el designio de un gobierno que en los términos formales de la institucionalidad cumple, hoy, tres años, pero que es la continuidad del proceso iniciado el 25 de mayo de 2003, ese que, por su parte, viene a ser el mejor heredero del proyecto nacional, popular y populista concebido por el General Perón en 1945, como síntesis, en forma de esquema de poder formal y duradero, de las mejores experiencias que, abrevando en tal campo ideológico, lo precedieron, sí que de manera intermitente, como lo bien lo señala el último domingo Hernán Brienza en Tiempo Argentino.

2008 fue, a la vez, el año de la derrota frente a la Junta de Comandantes Sojeros de la banda golpista denominada “Mesa de Enlace” (actualmente en vías de extinción para beneplácito de la república democrática a la cual con su accionar mafioso repugnaron por aquellos días); pero también fue el año en que se terminó con el que probablemente haya sido el mega negociado más sucio en la historia del país, las AFJP, recuperando para el Estado la función de administrar el sistema previsional, como manda la CN (por el artículo 14 bis) en lo que constituyó el golpe más importante que se le haya dado al proyecto económico iniciado por Martínez de Hoz en 1976, en los más de treinta años que lleva de hegemonía aún no del todo vencida.

Del mismo modo, en 2009 hubo la derrota de Néstor Kirchner en las legislativas frente a Roberto Peña (el que hizo de De Narváez en Showmatch); más luego hubo la victoria cultural contra los monopolios mediáticos liderados por el Grupo Clarín, quienes a su vez son la cabeza directiva e ideológica del establishment empresarial que se acostumbró a gobernar este país desde Videla y hasta 2003, cuando Néstor Kirchner decidió romper el pacto de gobernabilidad (en realidad imposición) que existía entre ellos y los ocasionales gerentes elegidos desde 1983. También se concibió la creación de derechos ciudadanos más amplia en cincuenta años de historia argentina a través del plan de inclusión social más amplio de Latinoamérica en la actualidad.

2010 parecía que vendría duro con el copamiento del Congreso por parte de os delegados del poder fáctico, el tristemente célebre Grupo A, que anunciaba (y de hecho intentó hacerlo durante todo el año) ir a por la gobernabilidad de la Presidenta CFK y el recupero de las líneas maestras de la matriz socioeconómica martínezdehocista/noventista. Para fortuna del país, protagonizaron uno de los fracasos políticos más grandes de que se tenga memoria.

El Gobierno logró recuperar el ritmo de crecimiento que había descendido en ’09 por culpas ajenas (y que pudo ser peor si Cristina, en vez de las medidas proteccionistas que tomó, se dejaba tentar por los consejos de los voceros de la derecha económica), profundizó en la excelente estrategia de inserción internacional a partir del afianzamiento de las relaciones con Latinoamérica toda (nunca la palabra del país tuvo tanto peso como lo tiene hoy, políticamente hablando, en distintos foros) liderando posturas propias en el G20 y la ONU y encabezando UNASUR, Mercosur y G77, en lo que significa una inédita postura de defensa de la soberanía. Todos los números, sociales y otros también, están bajo control como bien dijo el Nóbel de economía Paul Krugman en su reciente visita al país, y la paz social se despliega como regla casi sin excepciones en todo el territorio.

La ponderación social del oficialismo comenzó a recuperarse sin pausa a medida que sus éxitos contrastaban con el modelo de país que reflejaban todas y cada una de las operaciones e intervenciones berretas movilizadas por “la” oposición, a la orden de las patronales empresariales. Ya para mitad de año cualquier encuesta preveía un cómodo triunfo kirchnerista en 2011, por medio de la regla constitucional de 40% con diez de ventaja sobre el segundo. Y de repente, lo inesperado. Falleció el conductor político, Néstor Kirchner, dejando una huella de dolor imborrable, tanto en la ahora exclusiva Jefa de la unidad Gobierno – Movimiento Peronista, CFK, y en la de todos los militantes de su ideario, para quienes nunca, parece, la felicidad podrá ser completa.

Hoy no hay encuesta en la que Cristina baje del 47% de intención de voto nacional. Tiene más de 65% en el Conurbano, lo cual es ya de por sí casi determinante, y triplica (o más) lo obtenido en 2009 en Córdoba, Santa Fe y Capital. Nada es definitivo, pero la ventaja es importante a esta altura, más cuando se está ante la oposición tan inútil y chata. Y habida cuenta de haber, ya, quedado claro como el eje mediático – empresarial opera siempre en pos de erosionar a la primera mandataria como quedó claro en las recientes mentiras montadas: “coimas para la aprobación del presupuesto” y WikiLeaks.

¿Cómo logró el Gobierno dar vuelta la tortilla si a comienzos de año parecía definitivamente liquidado y –aparentemente- en clara minoría social?

Una hipótesis: Napoleón contaba que las veces que con ejércitos más pequeños numéricamente que los de su rival logró la victoria lo hizo a partir del principio de la economía de fuerzas, que reza aquello de “ser más numeroso y contundente que el rival allí donde específicamente se decide la suerte de la batalla, atento la imposibilidad de serlo en todo el frente de la misma".

Pues bien, a partir de la segunda mitad de 2009, el peronismo peronista de los Kirchner eligió dar las batallas que más le convenían al despliegue de su mensaje, concentró allí todas sus fuerzas, y, claro, logró doblegar a un enemigo (sólo) numéricamente superior. Eso fueron -también- la Ley de Medios y la AUH. Derrotado el cerco mediático que construyó su desprestigio, logró, el oficialismo, que se sinceren los proyectos de país en pugna. Más que oportuno el momento escogido. Quedó claro que a la alianza social que enfrenta al kirchnerismo no la mueve más que intereses de bolsillo. Y entonces el gorilismo que les late profundamente se les hace cada día más difícil de desplegar. Ahí está, agonizando, la junta de Comandantes de la gauchocracia, que, cada día más enriquecida, es incapaz de sostener una sola coma de lo mentido hace más de dos años, en el transcurso de los cuales muchos patrones rurales han caído en que poco negocio es seguir fungiendo de forros de las ambiciones de la Sociedad Rural a la cual otrora le hicieron de fuerza de choque.

Nada de todo esto nació con la muerte de Kirchner. Más bien se consolidó el movimientismo militante que hoy día está más dispuesto que nunca a salir a bancar en la calle los beneficios que recibió en siete años de kirchnerismo. Hay el aprendizaje de no dejarse estar como cuando cayó Perón, historias tan similares a las de estos días, y allí están los errores históricos, para aprender de ellos. Ante la certeza de que cualquier alternativa a lo actual es peor, es retroceso, la muerte de Néstor operó como definitiva galvanización de un escenario en el cual el debate público se ha reconfigurado en clave propositiva: Solamente habrá lugar, de acá en más, para propuestas que vengan a ofrecer más. Ni un paso atrás, como dice el dicho. En eso andan las millones de flores que Kirchner siempre pedía.

Son, además, la fuerza que Cristina necesita, no (parece ya) para ganar, sino para que sea el plafond social necesario para que gobierne los cuatro años que le quedarían pero a la manera que le gusta a su base social. No olvidemos que el hecho de que ya no vaya a tener otra reelección en 2015 será un incentivo enorme para muchas ratas que ya demostraron lo que son durante la batalla con los golpistas campestres, que no bancan, por cobardes, ese tipo de discusiones, que son las únicas que al cristinismo le sirve dar, porque es como una bicicleta, sólo anda si va para adelante.

Por fin, el que pintaba para ser el indiscutido mejor año de los tres que lleva Cristina de gobierno, es el que, a su vez, trajo la peor de las noticias en todo el ciclo. Pero, volviendo a lo positivo, es, al mismo tiempo, el que ve como se ha generado el que quizás sea el mejor escenario a futuro que puede pedirse, por esencia del proyecto y por cual era el punto desde el que se arranca a principios del mismo. Sensaciones encontradas como nunca. Cada quien elaborará en su interior la respuesta para el balance del tercer año de gestión de CFK.

Por lo pronto, gritar, como reza una consigna muy linda, “ni lo intenten, el futuro es nuestro”. Y Cristina 2011.

jueves, 9 de diciembre de 2010

16


Tiembla el pulso. La garganta no quiere saber más nada. El corazón pide un segundo de respiro. Va Eduardo Tuzzio a patear el quinto penal. Si lo hace, Independiente será el campeón de la Copa Sudamericana 2010. El estadio arde, el clima de tensión ya es irrespirable. Tuzzio toma carrera y espera la orden de Oscar Ruiz, de patética labor durante toda la noche. Silencio absoluto. El estadio todo espera. Y de repente, atacan todos los recuerdos. Juntos. En esa espera por el último shot, que se hace interminable.

El equipo gris que pasó ante Argentinos Juniors. La remontada ante Defensor, cuando además de contra la desventaja por la derrota el Centenario de Montevideo, hubo que sufrir porque un imbécil que se hace llamar hincha casi hace imposible todo esto. El empate heroico frente a Tolima y la derrota que fue victoria frente a Liga en Quito, ambas hermanadas por haberse traído dos goles fuera de casa, que en este formato son victorias. Esa primera final maldita frente a Goiás, cuando todo aquello que no debe hacerse en una final, se hizo.

¿Qué tuvo Independiente para ganar esta copa? De juego, poco. No enamora, no enamoró, ni enamorará nunca. Hubo cambios de DT, dos, durante el transcurso del torneo. De Garnero a Chivo Pavoni, de Chivo a Turco Mohamed. Muy irregular, eso afecta a cualquiera. Turco tocó muchas teclas correctamente. El equipo se adaptó bien a la línea de tres, Fredes al lado del cinco de quite se hizo importantísimo, la dupla de ataque Parra-Silvera saca petróleo de cada jugada, se promovió a varios pibes.

3-4-3. Mucho buscar por los costados. Cabrera por derecha, Mareque y Patito por el otro lado. Tuzzio de repente se hizo líbero, no regala una, sale jugando. Battión, recuperado por Turco, hizo pata ancha en el medio como distribuidor, complementándose muy bien con Fredes, que pasó a armar juego, destacándose por lo general. Se valió de muchos de inferiores, y eso siempre vale.


Lo vital pasó por la rebeldía que demostró el equipo para pelear contra las adversidades. Garra, tesón, hombría, amor propio. Nunca bajó los brazos, y eso que le ocurrieron varias durante el transcurso del torneo. Tuvo que sacar adelante situaciones complicadas en todas las series, y todas, absolutamente todas las sobrellevó. No se puede hablar de suerte o de ayudas arbitrales. Independiente fue campeón a lo guapo, y eso hay que saber hacerlo.

Méritos hubo de todos, porque en la mediocridad de juego que iguala a todas las individualidades, situación inmanejable, todos crecieron para no mezquinar ni un solo gramo de aquello que depende de la voluntad, que sí es manejable, porque al talento no se lo puede convocar si no existe, pero el sacrificio no debe ni puede faltar nunca, menos en esos casos. Súmele varias acertadas decisiones estratégicas que vinieron desde el banco, y tendrá un campeón a la medida de los tiempos que corren. Que dio la altura.

No le sobró nada, pero nadie le regaló nada tampoco. Vaya buena parte de reconocimiento por este logro para Tolo Gallego, Acevedo, Piatti, Vella, Gandín, Nuñez, para todos aquellos que hicieron posible la clasificación, sin la cual hoy no estaríamos festejando.

Remontar un 0-2 en una final no es para cualquiera. El gasto que se hizo en el PT, planteo perfecto, el justo y necesario. Demasiados sofocones en el segundo. Un suplementario que nos los puso en la garganta.

Y una enorme convicción para patear los penales, donde habían entrado cuatro de cinco hasta que le tocó a Tuzzio.

Fuerte, arriba, inatajable. Golazo. Merecido por el autor. Locura, alegría, emoción. Quizás en un futuro venga un análisis más profundo. Quizás no tenga mucho sentido tampoco. Es que, justamente, esto se siente, no se explica. El Rey ha vuelto, ¿o es que en realidad nunca se había ido, y sólo se escondía? En cualquier caso, se lo extrañaba. ¡Salud, campeón!

domingo, 5 de diciembre de 2010

De “Braden o Perón” a “WikiLeaks o Cristina” (Y sí, total, parece que vale decir cualquier cosa)

“Lean alguna vez, no siempre, medios del exterior, y como nos ven. Porque les aseguro que de afuera se nos cagan de risa (…) ¿Podemos tener razón siempre nosotros, que estamos en el recontra orto del mundo, y afuera resulta que viven equivocados?”. Esas palabras, en medio de un ataque atroz de xenofilia, eligió Jorge Lanata, hace poco tiempo, para castigar duro al Gobierno nacional. Comentaba, el periodista, una columna de opinión que había sido publicada ese mismo día en el diario El País de España, propiedad del Grupo Prisa que tiene grandes intereses en nuestro país (Radio Continental, y alianza comercial con La Nación, que a su vez es primo hermano del Grupo Clarín, alma máter, este último, de AEA en alianza con Techint), y que mantiene una fuerte enemistad con el gobierno K desde tiempos inmemoriales. El artículo destrozaba con argumentación paupérrima y maliciosa, a Maradona (los autores han de saber de fútbol lo que este comentarista sabe de cricket, o sea nada, vistos los conceptos vertidos en dicha nota), al peronismo, y al actual oficialismo, relacionándolos todavía nos preguntamos en base a qué rebuscado hilo conductor argumentativo.

El País, La Nación y Clarín son tres de los varios “diarios de papel” –como se enorgulleció Kirschbaum- seleccionados por el sitio WikiLeaks para amplificar una de las mayores operaciones que se recuerden. Por la cantidad de información desplegada, por la nula importancia y calidad de la misma, y por la entidad de la mayoría de los actores involucrados en el embrollo. Ni una palabra, eso sí (obvio), del “cable” que los menta como “cautivos”.

“¿Nadie en el kirchnerismo sale a hablar de las ‘revelaciones’ de WikiLeaks? ¡Qué raro! ¿No?”. No, no es raro. Para pelotudeses están los pelotudos. O sea, todos aquellos que están en la empresa de hacerse la paja con este chusmerío de vieja de barrio, que entre paréntesis poco empacho tienen en cagarse de lo lindo en la soberanía nacional. Dicho sea de paso esto último, no vayan a tomar a mal que se les impute colaboracionismo con una opereta del imperio, ¿no? Al fin y al cabo, andan en eso desde Braden para acá (y más también, en realidad: Días pasados se rememoró Vuelta de Obligado, antes tuvimos Invasiones Inglesas, siempre algún apartida hay dando vueltas entre nosotros, ¿por qué va a ser diferente esta vez; alguna vez?).

No hay que sorprenderse por la repercusión que están teniendo “los cables” que “se filtraron” de “la embajada”. O, mejor dicho, por los sectores en los que han tenido cabida.

¿Qué hay de diferente, en esencia, entre este carnaval y el que desataron hace pocas semanas en torno al tema presupuesto? ¿Qué -por poner otro ejemplo- lo diferencia de la denuncia de compra a la senadora correntina que votó a favor de la Ley de Medios, a pesar de que ya se sabía que la misma se aprobaría por goleada?

El mismo rigor informativo, cero. De ese tipo de cosas retorcidas se ha valido toda la alianza social que enfrenta al kirchnerismo hace siete años. Viven de rumores, chismes, sinrazones, falacias, cosas no probadas, en fin. Estupideces en resumen. Cosas que no resisten un examen siquiera livianito.

Cuando no da la cabecita para comprender procesos e ideas políticas complejas, hay caldo de cultivo para teorías antipolíticas, de las cuales esta de los cables es sólo uno de entre mil ejemplos más. Sólo así se explica, por ejemplo, que un tipo como Jorge Lanata sea considerado analista político acá. Lanata es un poco WikiLeaks. Un gordito que se cree gracioso y que pretende explicar política en editoriales de tres, cuatro minutos promedio, justo el tiempo que insume tirar al voleo una denuncia u operación pedorras. Como las de Wiki. “Son todos chorros”, y listo, asunto resuelto, ¿para qué vamos a pensar? La política desmenuzada en la mesa de Mirtha Legrand y, peor, en boca de Mirtha Legrand, elevada a la categoría de voz autorizada. Impresionante.

Lo raro sería que esto de WikiLeaks fuese tomado como lo que en verdad es, un inmenso armado del imperio que no quiere dejar de ser EEUU. Claro que para comprender eso hace falta tener ganas de rascar un poco.

EEUU no para de perder influencia en el mundo hace ya un buen rato. China se les está parando de manos. Van al G-20 a pedir que el resto del mundo se empobrezca para que ellos puedan salir del inmenso quilombo económico en el que están inmersos, y se les ríen en la cara. El BRIC asoma y se afianza. UNASUR otro tanto (sobre todo desde aquella parada de carro que se le hizo a Bush en la cumbre de Mar Del Plata en 2005). Cosas que antes eran inimaginables. Los norteamericanos pierden predicamento a pasos agigantados y acelerados. Eso parecería que es culpa del presidente payaso que tienen desde 2009, quien, pobrecito, ahora se come todas las piñas por el desastre que le dejó la lacra de Bush. Su incapacidad para afrontar la crisis económica mundial más grande desde la de 1930, sumado a su falta de voluntad (y, sobre todo, de fuerza), para poder seguir imponiendo el unilateralismo acostumbrado en Washington, sirvió para que haya surgido esa cruzada de desquiciados ultraconservadores que es el Tea Party, que lo acaba de vencer en las recientes legislativas.

Obama no tiene chances de seguir más allá de 2013, último año de su mandato. Está terminado, y pasará a la historia como el fracaso más grande de los últimos tiempos. Por inútil y miedoso. Pero a esa tendencia hay que consolidarla, y al mismo tiempo preparar el terreno para lo que será la política exterior (que en EEUU no se distingue nunca de la interior) del futuro gobierno de, ponele, Sarah Palin, la ultramontana líder de los híper derechosos fanáticos del Partido Republicano. Que Resto del Mundo haya sido capaz de confrontar, poco o mucho, la política imperialista del norte, es, en buena medida, producto de la profundización de esquemas de integración, tipo BRIC y UNASUR. Esta caterva de chismes grasientos apunta a minar la confianza que existe entre los socios de los diferentes espacios, a los fines de debilitar esas uniones y promover el retorno de las intromisiones non sanctas en todo el resto del mundo, justificados en las “terribles cosas” que se han descubierto por medio de “los cables”. “Divide y reinarás”, “los hermanos sean unidos”, “la unión hace la fuerza”, todo eso.

Quien quiera oír que oiga, está en los líderes de Resto del Mundo no dar pelota. Se complica un poco cuando dentro de tu país manejan los principales oligopolios informativos una tonelada de mal paridos que parecen estar felices por tener material con el que armar bardo, atento, en el caso argentino, a que les es imposible plantear un debate ideológico mano a mano con el cristinismo que se afianza cada vez más en la opinión pública. Entonces, y teniendo en cuenta que el kirchnerismo se nutre del retorno de la política, hace falta enchastrar, romper todo, a ver si “curan” a alguno de entre las trescientas lucas que fueron a despedir a Néstor a la plaza y a dejar sentado que van por más y lo harán con todo (esto último, a más de un mes, tampoco logran explicárselo, ¿ven que no es tan fácil la cosa?).

Y para tener éxito en esa empresa, poco tienen en cuenta los intereses del país, que desde hace bastante no son los de ellos, porque acá lo que a estos tipos les importa es ver en qué forma pueden aportar a que la cuenta del patrón se engrose un poco más el mes que viene, y punto: Eso es el periodismo hoy, y el resto es puro cuento para que los nenes se duerman a la noche. Triste, amargo, lo que quieran, pero la única verdad es la realidad, dijo alguno una vez.

Pobre Hillary, pide disculpas: Deberían pedirlas Morales Solá, Nelson Castro, Magdalena, Fontevecchia, Leuco, Majul, Kirschbaum, VDK, Blank, no ella. La inutilidad no es achacable, sí la perversidad. Y los mencionados son altamente perversos y son los verdaderos responsables de todo esto. ¿Qué tal los campeones de la moral, los que viven dando cátedra? Prendidos en una jugarreta con un violador confeso, Clarin, La Nación, El País, véase.

Un poquito de crispación: ¡Pero, carajo! ¿Tan poco les importa quedar como cipayos y vendepatrias? ¿Tan arrastrado se puede ser? ¿Cómo mierda no reaccionan, loco? Desactivemos crispación.

Cuesta creer que haya personas, y muchas, en aptitud de comerse la galletita de que la info simplemente “se filtró”. Cuestas creer que hay muchos que les van a seguir llevando el apunte. El “lanatismo”, se ve, ha hecho estragos. Allá ellos. ¿Y resulta que desde afuera se nos ríen en la cara? Con qué autoridad lo harán es la pregunta. Pero que lo hagan nomás, eso es prueba de que vamos por buen camino.

¿De qué se sorprende uno, también, no? De 1945 a hoy, llevan 65 años de no haber aprendido nada. Medio como que ya no vale la pena preocuparse por explicarles.

viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Por qué el Barça siempre quiere más?

Barcelona es un re contra equipazo. Juega un fútbol seductor, práctico y efectivo a la vez. Mandamiento numero uno, pelota al suelo. Toque y toque, no está permitido que la bola no vaya a ras de pasto. Movilidad y desmarque, siempre habrá cuatro opciones -mínimo- de pase por cada uno que carga la pelota en el Barça: Por lo general, los dos laterales que suben, los dos wines que bajan; y la lleva el nueve (hoy Messi, novedad) o alguno de los dos internos (Xavi e Iniesta, que cumplen a la perfección aquello de que “es preferible tenerla mil veces durante un segundo que una vez durante mil segundos”, y no se cansan de recibir, tocar rápido y ya estar ofreciéndose de nuevo). Un cincazo como Busquets, al que hemos bautizado “José Nunca Una de Más”; una fiera como Puyol y un elegante como Piqué en una dupla central altamente complementaria. Un lateral como Dani Alves que es tan bueno que si hace falta puede ir de 7. Por si todo esto fuera poco, es efectivo, no solo gana y gusta, además golea, con lo cual cumple el sueño de todo equipo, las tres “G”. Cerremos con que ninguno de sus hombres mezquina sacrificio para recuperarla (poco necesario, se defienden teniéndola ellos, pero vale igual). En fin, casi todo. Y casi sólo porque no hay perfección en este mundo. Calcúlese que hasta chorrean humildad.

Existe familiaridad con el modelo anterior, el equipo que, también con mucho éxito, condujo Frank Rijkaard. Cambios hubo, sobre todo de nombres (aquel gustaba mucho más de apostar al desequilibrio individual que podían aportar Ronaldinho y Messi -wines, ambos, con pierna invertida, ideal para enganchar para adentro y buscar el slalom personal-), pero hay una esencia común, un hilo conductor entre ambos ciclos. Se respeta, en Cataluña, la obsesión por la tenencia de la pelota y el buen trato de la misma a partir de la búsqueda del juego asociado hasta lo que para un hincha promedio argentino sería el hartazgo.

Hay, en todo esto, laburo, e intenso, detrás. No vaya usted, señora, a creer que todo se trata de “dejar a los que saben hacer lo que mejor saben hacer”. Chamuyo. Eso lleva horas de ensayo y laboratorio encima, por raro que parezca, siendo que nos acostumbraron a creer que estética y trabajo van por carriles separados.

Bien, todo eso ya es archi mega híper conocido. Pero, ¿qué es lo que mueve esta creencia casi fanática de los jugadores del Barça, de seguir en la misma senda aún con todo lo por ganar ya obtenido? ¿Qué es lo que evita el tan temido aburguesamiento?

A juicio de quien les habla, la diferencia cualitativa a favor de la versión de Pep Guardiola es que el DT ha logrado convencerlos de que siempre hay algo más por ganar, un nuevo record por batir, otra meta por alcanzar. Innegociable disconformismo del cual bebe el orgullo de los jugadores barcelonistas, y que hace que los veamos en la cancha correr por la pelota y jugar con ella como si se tratara del primer día que lo hacen.

Algo parecido a lo que, individualmente, hace Martín Palermo: Loco siempre está hablando de su nuevo objetivo, aún durante los festejos de alguno que recién acaba de obtener. Un combustible fenomenal convencerse de cuan beneficioso es andar ese camino.

Frente a Real Madrid, por ejemplo, aparte de todo lo que de por sí implica enfrentar al máximo rival, tenían enfrente a Mourinho, el que a principios de este año les quitó el mito de invencibles, cuando dirigiendo a Inter les robó el boleto a jugar por el doblete en la Champions. Fueron a por la revancha, y vaya si la obtuvieron: Ya un 5 a 0 en un clásico no es cualquier cosa, más cuando además hay de por medio alguien con quien se tienen cuentas pendientes (en el buen sentido de la palabra, claro, no es que tengan pica verdadera con Mou).

Pep la ha pegado, sí, con Messi de nueve, Lío le ha agregado movilidad e inteligencia táctica a su virtuosismo individual, sus constantes desmarques y “entrar y salir”, son ideales para que detrás de él llegue el malón (Villa, sobre todo, el otro día Xavi para el primero, cualquiera en definitiva, hay libertad a montones) a invadir el área por sorpresa.

Es cierto eso, y muy importante todo lo dicho en los tres primeros párrafos también, pero lo fundamental acá es el hecho de seguir con el mismo entusiasmo amateur que tienen todos los que entran por primera vez a un verde césped.

El mejor equipo de los últimos treinta años, fácil. Y olé, joder, ¿que tanto? Salud.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Las cosas por su nombre

En septiembre, la Corte Suprema, en un fallo que es técnicamente imposible de cuestionar (pero que, al mismo tiempo, es ajeno -por poco comprometido con la enorme discusión política que genera en su derredor- a la tradición filosófica de esta conformación del tribunal), sentenció que la última palabra sobre la constitucionalidad de la Ley de Medios la tendrá aquel que triunfe en las presidenciales de 2011. El peronismo gobernante (que, como todos sabemos, es un régimen fascista y corrupto, que está en la tarea de quemar las banderas de nuestras mejores tradiciones y del estado de derecho liberal que tan buenos resultados nos trajo cuando bajo su imperio vivimos durante el período 1880-1930) fue advertido desde cuanta tribuna de gente bien hay en este país, de que está obligado a respetar la decisión de los supremos. Por cierto que es así, y de hecho lo hace. Pero el que parece no sentirse conminado a acatar el decisorio cortesano es el juez (ex asesor ministerial del dictador Onganía, designado en su actual cargo por el genocida Videla) Edmundo Carbone.

Es verdad que un juez de instancias inferiores no está compelido a ajustar sus decisiones a lo emanado del máximo tribunal. Hay (o más bien debería haber) un respeto a la “autoridad –moral- del superior” (por decirle de alguna forma), atento la importancia del sostenimiento de una línea jurisprudencial determinada, en pos de la estabilidad de criterios y evitar dispendio procesal. Los pormenores del fallo los explica mejor, como siempre, el blog Saber Derecho (acá, http://www.saberderecho.com/2010/11/ley-de-medios-cautelar-de-clarin-sine.html), el más calificado para hablar de estas cosas (al menos en la opinión de Segundas Lecturas; ¿Quién, si no? ¿Adrián Ventura?). Vale, de su comentario, rescatar el concepto, doctrinario, de pedirle a los jueces buena fe a la hora de dictar cautelares, atento lo laxo de su regulación, de lo que se vale Carbone para hacerse el tonto.

Se le pide eso -buena fe- a quién no la tiene, porque está en la empresa de dilatar el tema lo más que le sea posible, y allí es donde juega lo que fue nuestra crítica al fallo de la Corte de septiembre, cuando decidió no abrir la cautelar que tiene frenado el artículo más importante de la ley, el que desintegra la conformación de negocios del actor monopólico que es el que acapara lo que se requiere redistribuir a los fines de que la competitividad que promueve el resto del articulado pueda hacerse realidad.

Excesivo ritualismo que aplica el derecho sin atender a las particularidades del caso. A eso, a no prestar atención intencionalmente a dónde es que debe intervenir la legislación, amparándose en lecturas zonzas de la ley, sí hizo caso Carbone: Claro, eso sí le fue útil a sus propósitos, curiosamente los mismos que el del monopolio, que mientras tanto gana tiempo de oro para burlar (valga el término) la ley y seguir intentando hacerla estallar pronto, sin que le haya tocado a ellos, justamente quienes más la repugnan, y cuya mala influencia sobre el mercado info comunicacional es generadora de la necesidad en función de la cual tiene sentido la existencia de la nueva herramienta reguladora de los servicios audiovisuales.

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El radicalismo, de su lado, sufre una crisis orgánica (otra más) por la división interna que lo atraviesa, la número mil millones en la historia del “centenario partido”: hijodealfonsinistas versus indefinidistas (cobismo). Desde que los militantes del hijo de Alfonsín incumplieron su parte en el acuerdo (justamente ellos, los adalides de la palabra empeñada) que habían firmado con el diputado cordobés, íntimo del represor Menéndez, Oscar Aguad. En el Senado, y en venganza por aquello, los cobistas han decidido levantar un foco insurrecional, encabezada, por increíble que esto parezca, por el humorista Nito Artaza, a quien no ha podido disciplinar el presidente del partido, Ernesto Sanz, nuevo precandidato radical sponsoreado por Techint (cuando uno observa la capacidad de conducción de Sanz comprende por qué razón es que el tipo le cae bien al establishment).

Y todo sazonado por el desconcierto y la desilusión que invade a sus dirigentes, quienes en algún momento creyeron que serían los inevitables vencedores de 2011, dado el poder de fuego que en los ítems armado y despliegue territorial de base todavía conserva la UCR, posibilidad –aquella- que cada día se les aleja más, reconocido, esto, por cuanta encuestadora jalone lo ancho y largo de la patria. No obstante ello, han dado un paso en pos de la racionalidad. Se hicieron perder ellos mismos a propósito en la última sesión del año en el Senado. Podían haber retaceado quórum, y mantener la “agenda institucional” viva (si se considera que reformar la reglamentaria de DNU, los mal llamados superpoderes y el Consejo de la Magistratura es abonar a la institucionalidad, desde Segundas Lecturas no participamos de ese razonamiento, ya hemos calificado a todas esas iniciativas presentadas por el Grupo A como paupérrimas).

A ver, se sabía de antemano que al FPV no le daba para dar inicio a la sesión, pero también que si la UCR aparecía por el recinto, ganaba el Gobierno todas las votaciones. Los radicales finalmente bajaron, y murieron por un año (o sea, hasta que se elija al próximo presidente) todos esos temas (por suerte para nuestra constitución, vale decir). Tal vez por conciencia de que en el remoto caso de que puedan ganar en 2011, se avivaron que van a requerir herramientas para gobernar, siendo que no llegarán, ni de suerte, a ser mayoría en el Congreso. Tal vez hubo un acuerdo con el Gobierno nacional para que se adelanten un poco las internas abiertas, cosa que viene pidiendo Sanz para frenar un poco el quilombo interno que tiene. Tal vez por ambas. Como sea, el discurso institucionalista hipócrita (armado perversamente para atacar a este, el gobierno más republicano en doscientos años de historia argentina -http://segundaslecturas.blogspot.com/2010/10/contestandole-joaquin.html-) cedió paso a la racionalidad y al cuidado de la gobernabilidad: Enhorabuena.

No desde ahora es que ocurre esto, vale recordar que durante todo el año la UCR se la pasó rosqueando en los armados de listas de jueces y abogados para el Consejo de la Magistratura. Ganaron todas esas elecciones, las que sirven para elegir a los “independientes” (no tienen vergüenza), y muerto que está ahora el bochornoso proyecto de ampliación que promovía Gil Lavedra, si se decía que actualmente los K tenían mayoría en el Consejo (es mentira) en caso de una buena elección para la UCR, más que mayoría será unanimidad de lo que gocen los boinas blancas.

Se van cayendo las máscaras. Al pan llámelo pan, y al rengo llámelo cojo.

Cristina 2011.