jueves, 30 de septiembre de 2010

Irse a la mierda

Voy a hacer algo que no me gusta para nada. Ya lo estoy haciendo. O sea, hablar en primera persona. En el post pasado dije que siempre fue norma en este país pedirle pulcritud en las formas a los procesos nacionales y populares –léase, el peronismo- pero no a los restantes partidos políticos. Algo de esto me surge como reflexión de lo que fue el acto en Plaza Lavalle para pedir la liberación de la Ley de Medios.

Quiero ser enfático, porque días pasados me acusaron de ser poco autocrítico: A mí, a Pablo Daniel Papini, no me gustó un carajo nada de lo que Hebe les dijo a los integrantes de la Corte. ¿OK? Un carajo. Eso que quede claro. Implicó el típico error de jugar a la política, en vez de hacerla verdaderamente. Pero, ¿saben qué? No puedo terminar de ser autocrítico del todo: Una semana antes de que decidiera en el Senado la suerte de la 125, en 2008, el vicepresidente de CRA, Ricardo Buryaile, dijo que si se aprobaba el proyecto del Gobierno, al Congreso había que disolverlo. Basta googlear “Buryaile + cerrar el Congreso” para verificarlo, si es que acaso alguien está falto de memoria.

Del mismo modo, en la previa de las elecciones del año pasado, el entonces candidato y hoy diputado por el Acuerdo Cívico y Social, Jorge Chemes, dijo que había que “cortarles las manos a los K” y, “como en la guerra, ir matando a los de la primera fila y seguir”. Yo puedo suponer que se refería a nosotros, los kirchneristas (porque yo soy kirchnerista), ya que estamos en la onda de andar haciéndose cargo de amenazas últimamente. También esto puede googlearse.

Todo esto pasó, y ninguno de todos los que ahora gritan horrorizados por los “ataques” a la “justicia” (debería decirse tribunales), a la institucionalidad, a la república, a la democracia, a la propiedad privada y al “periodismo independiente” dijo ni un cuarto de todo lo que están rompiendo ahora por lo que ciertamente fue una ida al pasto de Hebe. ¿Y Macri preguntándose "¿que habrán hecho?" los integrantes de la cámara que confirmó su procesamiento? ¿Y aquella vez que CFK fue increpada por ruralistas en un aeropuerto de Entre Ríos? ¿Y las cartas de Carrió a las embajadas? ¿Y Grondona y Biolcatti riéndose de la posibilidad de una renuncia anticipada de CFK -"eso te quería escuchar decir", dijo el dirigente patronal al ex colaborador de Onganía- para que asuma el vicepresidente Cobos (Biolcatti también alguna vez llegó a llamar a "descabezar" la gobernación de Buenos Aires)?

Tampoco escuché decir que fuera una presión al parlamento el acto de la Iglesia Católica en la Plaza de los dos Congresos el día anterior al debate por el matrimonio igualitario para casi exigirles a los senadores el rechazo al proyecto de Vilma Ibarra y Silvia Augsburguer (viene bien recordarlas porque mucho, demasiado, se insiste con que ese fue un proyecto K, cuando no era así, simplemente se utilizó la etiqueta para estigmatizar la iniciativa y que entonces resultara más fácil ponerse en contra de la misma con argumentos berretas como fue aquello de que había que esperar un poco más, para que los K no lo capitalizaran, bien que toda la vida se les va en evitar cualquier triunfo de los Kirchner –no se pudo oír, en todo el proceso de debate, una razón convincente de alguien que se opusiese-). ¿Y De Angelis exigiendo a los legisladores votar "en favor de la patria", confundiendo a esa, un todo, con su propio interés económico?

Ir a la calle está perfecto, es un derecho, en buenahora que se pueda hacer uso de él (también si es para reclamarle cosas a CFK, que vaya si se lo ha hecho en casi tres años de gestión), después de tanto que estuvo prohibido y/o estigmatizado hacerlo (ya salieron unos cuantos inteligentes a hablar de “gente arriada”, llevada –supuestamente- por los intendentes del conurbano en micros, lo cual resulta bastante raro en boca de quienes hace bastante vienen diciendo que los famosos barones han abandonado a Kirchner a su suerte). Los minúsculos intelectos de los suplicantes mediáticos insisten en no comprender que esta lucha, la de la Ley de Medios, trasciende, excede y antecede al oficialismo.

Tener una ley suspendida es a todas luces inconstitucional. Los perjuicios que los grupos mediáticos dominantes pudieran llegar a sufrir por tener que atenerse al plazo de desinversión de un año, todavía están pendientes de ser demostrados: Bien puedo suponer que como no saben como hacerlo, por eso acuden al híper cautelarismo.

Bueno en fin, se me hizo muy largo, y entonces ya me fui yo también al pasto. Y es que a todos puede ocurrirle eso alguna vez. Solo que parece que algunos no lo tenemos permitido, nada más.

Estoy un poco enojado: Recién vengo de jugar al fútbol y perdí. Y además estoy triste porque se murió Romina Yan, que marcó toda mi niñez y fue uno de mis primeros platónicos. Ustedes disculpen.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Ricardito Alfonsín y la historia del artículo 14 bis

Se discute en Argentina la participación obrera en las ganancias, manda incluida en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional argentina. Días pasados, el diputado nacional Ricardo Alfonsín sostuvo que a ese artículo “lo pusimos nosotros” en la carta magna. Es, cuanto menos, llamativo, que el hijo del ex presidente Raúl Ricardo se haya expresado en esos términos. Porque no suele hablar chabacanamente y por el recorte de hechos de que adoleció su apreciación. Las cosas fueron un poco más profundas y complicadas.

La convención constituyente que reformó la Constitución Nacional de 1853 -matizada por las pequeñas reformas que se le hicieron en 1860, 1866 y 1898- que por entonces regía el país (siendo que, en un hecho sin precedentes -y que, por suerte, no se volvió a repetir-, se había derogado por medio de una "proclama" la constitución aprobada en 1949), fue convocada por un poder ilegítimo, inconstitucional, represivo y antidemocrático.

Gobernaba la Argentina, para 1957, la dictadura de la Revolución Fusiladora, en nombre de la cual presidía el país el Teniente General Pedro Eugenio Aramburu, secundado por el Almirante Isaac Rojas. Habían desalojado del poder, dos años antes, al gobierno constitucional y democrático de Juan Domingo Perón, eran los inicios de lo que serían dieciocho años initerrumpidos de dictaduras en el país. Era asesorado, ese poder de facto, por la denominada Junta Consultiva, integrada por partidos políticos de relevancia histórica nacional, representados en figuras preponderantes del escenario dirigencial de entonces, tales como Américo Ghioldi, Oscar Allende y Alicia Moreau de Justo.

Arriba del sesenta por ciento de la población argentina (tomamos datos de 1954, un año antes de la caída del "régimen", las elecciones vicepresidenciales que Perón abrió a todos los partidos políticos –hecho único en la historia argentina-, en las que el c
andidato justicialista, Alberto Teisaire –luego traidor a Perón; y mendocino, vaya dato-, había ganado con el 62,5% de los sufragios, esto en medio de lo que luego Raúl Prebisch describiría como momento de crisis del modelo peronista, en un informe que efectuó, a pedido de La Fusiladora, cuatro meses después de haber firmado otro en el cual afirmaba exactamente todo lo contrario) tenía, al tiempo de efectuarse la reforma, 4161 mediante, sus derechos cívicos, políticos y sociales conculcados.

Dicho gobierno se había propuesto “desperonizar” -según sus propias palabras- el país, intentando algo similar al proceso de desnazificación llevado a cabo en Alemania post segunda guerra interimperialista, cual si ambos procesos políticos se trataran de la misma cosa.

La declaración de necesidad de la reforma de la constitución de 1949 había sido bastante cuestionada: Se votó, tal la postura del peronismo, con los dos tercios de los legisladores presentes en la sesión en que se debatió el tema y no con los dos tercios de la totalidad de los miembros del Congreso, como querían las distintas facciones opositoras. Planteo aquel que, de haber prosperado, hubiese puesto en un serio brete la institucional toda del país, ya que todas las leyes de declaración de necesidad de reforma anteriores (1860, 1866, 1898) habían sido sancionadas, igual que la de 1949, con dos tercios de los legisladores presentes en sesión, con lo cual también aquellas deberían haber caído.

Por lo demás, la reforma de 1860 se llevó a cabo pese a que en el texto originario estaba prescrito que no se podría hacer el primer retoque hasta pasados diez años de la sanción originaria, y habían pasado siete. Todo lo cual prueba cuanto más laxa puede ser la exigencia de respeto a la ley cuando va dirigida a los sectores oligarquía, inspiradores de nuestras primeras leyes fundamentales, bases legales de la instauración de un modelo de autoritarismo exclusivo de las mayorías, que cuando se trata de los sectores nacionales y populares, que no hicieron, en 1949, otra cosa que recoger el legado del constitucionalismo social que por entonces iba haciéndose lugar en el mundo.
En el marco del avance de los estados de bienestar, se ampliaba para los ciudadanos la esfera de derechos con normas referidas a lo social, cultural, laboral, salud y económico (en Argentina se conocen como "derechos de segunda generación"; se incluyeron en la CN bajo el título de "derechos del trabajo, la familia y la ancianidad"), como consecuencia de la acción de las organizaciones obreras que venían pujando por la inclusión de los mismos en los textos legales, como pacto capital-trabajo, garantía de continuidad de un capitalismo más inclusivo. Y la redefinición, además, del papel del estado en la actividad económica, ganando mucha mayor preponderancia. Para 1949, esta era una realidad cuasi total a nivel mundial.

Haber sido regidos por una constitución nacida de la voluntad de un gobierno de facto es otro ejemplo de la distinta vara con que siempre se ha medido a los procesos populares, y en cual también se repara poco, a comparación de cómo se discutieron en su momento detalles como cuantos diputados y senadores votaban por entender necesaria la reforma. El profesor de derecho constitucional Daniel Sabsay, por ejemplo, ha afirmado que la constitución de 1957 surgió de un gobierno, atentos a esto, “revolucionario”. Eso, en boca de un hombre encargado de la formación de abogados en Argentina, integrante del cuerpo docente de la UBA, para peor.

Retomando aquello de la desperonización, al tiempo de convocar elecciones de constituyentes, había comprendido la Fusiladora que su único objetivo, el de arrancar al peronismo del sentir social de las inmensas mayorías populares que lo sustentaban (en pos del cual no dudó en aliarse a Gran Bretaña, el mismo Churchill dijo alguna vez, que después de vencer a Hitler, lo mejor que había hecho era haberse cargado a Perón), se le hacía de cumplimiento imposible, y entonces buscaba una salida política al tema, no sin antes promover la confección de una herramienta legal que le permitiese seguir condicionando el juego político e institucional.

Ese, y no salvar toda la legislación social que se había ido al tacho con la derogación de la CN de 1949, era el objetivo de Aramburu y Rojas. Las elecciones de constituyentes fueron ganadas por nadie (el voto en blanco, del peronismo, ocupó el primer lugar), seguido por la UCRP y la UCRI, respectivamente, que habían partido el radicalismo al medio (pour le gallerie, por el modo en que se definiría la elección del candidato a presidente para 1958; pero, en realidad, se debió a la postura que unos y otros tomaron con respecto al peronismo).

La UCRI (liderada por Frondizi y Allende) se oponía a la reforma, no quería participar de un juego promovido por la dictadura, jugaba en eso la cercanía que estaban tejiendo con el justicialismo proscripto. La UCRP (y el resto de los partidos como el Socialismo, el Demócrata Cristiano y el Demócrata Progresista), en cambio, sí estaban en la onda de participar en la orquesta reformista, por cuanto compartían con La Fusiladora el profundo sentir antiperonista.

Pero además, aún dentro de la UCRP existían divisiones: Por un lado, los unionistas, liderados por Miguel Ángel Zavala Ortiz, máximo favorito de los fusiladores para la sucesión de Aramburu, luego fue canciller de Illia, y donde militaban Perette, Sammartino –aquel del aluvión zoológico-, Tamborini, Mosca, Mor Roig, representaban el más puro gorilismo, tanto que su nombre lo debían a su reivindicación de la Unión Democrática; por otro, los sabbatinistas, conducidos por el cordobés Amadeo Sabattini, representaban el residual sector de centroizquierda nacional y popular del partido –un poco herederos del yrigoyenismo, no tan lejanos a Perón, Sabattini hasta recibió la propuesta de ser vice de Pocho en 1946-; y, por último, el sector de Balbín, con una postura intermedia entre ambos, abiertamente antiperonistas como los unionistas, pero no del todo renuentes al legado social del texto de 1949 (sí eran refractarios del modelo económico que las había sustentado).

(Digresión: Bueno sería que R.A 2.0 dijera a cual “nosotros” se refiere, siendo que, como se ve, radicalismo, para entonces, había varios)

Reunida la convención constituyente, la UCRI y otras fuerzas menores plantearon la nulidad de la misma, sustentando la postura –correctamente- en el vicio de origen que implicaba tal convocatoria, por medio de un presidente de facto y tras la derogación de la CN anterior por medio de un decreto, se retiraron de la misma, entonces, comprometiendo el quórum. El resto de los partidos permaneció en sus lugares, postura que Alfredo Palacios fundó en un supuesto “derecho a la revolución”, incluido vaya uno a saber en que texto legal.

Lo gracioso de todo, es que, una vez asegurada la puesta de nuevo en vigencia del texto retrogrado de 1853, quedó claro que no había ganas de incluir ventaja social ninguna en el futuro ordenamiento.

Gracias a la acción de algunos de los legisladores de los bloques que quedaron presentes en la convención (particularmente importante fue la tarea de Crisólogo Larralde, jefe por entonces de la UCRP), se hizo lugar, finalmente, a reunir algunos de los derechos sociales que se habían extinguido en el artículo 14 bis, aunque en forma por demás desordenada y desprolija, muy lejos de la calidad y armonía de que supo hacer gala la constitución peronista.

Asegurado el 14 bis, los sectores de la derecha más rancia que integraban la convención decidieron retirarse la misma (“para terminar haciendo lo mismo que Perón, mejor nos vamos”, aunque no era exactamente así como para decir lo mismo). El engendro quedó sin quórum, y así, la jugada antidemocrática intentada por La Fusiladora no pudo, felizmente, quedar plasmada en nuestra constitución, bien que sí continuó en los hechos.

Esa es la historia del artículo 14 bis, que a pesar de todo lo dicho arriba, es valorado por quien esto escribe como un gran avance respecto del estado anterior de cosas, no sea cosa que se lo identifique a uno con un comunista. Dentro de él se inserta la participación obrera en las ganancias, cuya reglamentación el empresariado en su totalidad, los grandes medios -que son lo mismo- en general, y la enorme mayoría del Grupo A, pretenden desconocer y obturar.

Desde Segundas Lecturas siempre hemos reivindicado la figura de Raúl Alfonsín, en tanto rosquero, hombre los partidos políticos, orador de conceptos duros y acérrimo enemigo de las corporaciones antiinstitucionales y condicionantes de los poderes constituidos. Asimismo, reconocemos en Ricardito a alguien que sabe, a veces (muy pocas, cada vez menos), marcar matices respecto de sus compañeros de la Unión Democrática 2.0.

Y quien escribe, para seguir con las referencias personales, ha sido, es, y será, partidario inveterado de la subjetividad, por cuanto a la objetividad la ubica en la misma categoría que Papa Noel, los reyes magos y el conejo de pascuas: Simplemente, no existe. Pero una cosa es eso, y otra muy distinta es consignar los datos con una falta de honestidad intelectual tal como el “lo pusimos nosotros” denota. Es un parecer, nomás. Vaya uno a saber.

Posdata: Del mismo modo, sería bueno que Ricardo Alfonsín tenga una charla con su correligionario Oscar Aguad, quien ha calificado al proyecto de reglamentación del reparto de ganancias entre los obreros de Recalde como “ridículo y voluntarista, que espantará las inversiones”, y que ofrezcan a la sociedad una postura más unificada de la postura que asumirá el partido en el debate, no sea cosa que pensemos que tras más de cincuenta años no hayan cambiado tanto las cosas en el partido de Alem.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Un punteo, así, de pasada

1. Las cámaras patronales se reunieron y elaboraron un documento. En él proponen que Argentina siga viviendo en el irrespeto al artículo 14 bis de la CN. Poco importa lo que ellos opinen, el artículo es claro, y acá se discute si un proyecto de ley que ha ingresado en la cámara baja es constitucional o no. Lo es, no hay más nada que discutir entonces, que se vote, y que cada uno se haga cargo de las decisiones que toma. Se sabe, por informes de economistas buena leche, que los empresarios que ayer se quejaron están ganando, todos, mas plata que nunca. No importa, la angurria siempre los ha podido, para eso no hay invocación a las instituciones, a la república, al consenso, que valga. Por otro lado, y sobre todo, más allá de números y dinero hay un trasfondo cultural en los choques que vienen fogoneando los “hombres de negocios” (que viven de subsidios, de reclamar un intenso activismo estatal, pero en beneficio propio, claro): Que los obreros vean que se cumple el mandato constitucional de participación en las ganancias, supondría un avance del poder relativo del sector trabajo en la disputa que se juega en estos tiempos, la de ver quien tiene mayores capacidades de imponer condicionamientos a la confección y diseño de políticas públicas. Reparto más equitativo de guita y poder simbólico: Eso es lo que se juega, y el resto es chamuyo puro.

2. El periodista de derecha Alfredo Leuco (José Lugar Común, un hombre que dice en sus columnas cosas muy elaboradas, tipo “hay que respetar la Constitución siempre”, “los poderes de la república son tres y están divididos”, “en una democracia hay que oír a las minorías”, todo con mensajes profundos, hay que romperse la cabeza para interpretar esos significados ocultos), que milita en medios de ultraderecha como Continental y Perfil, es un miserable, un canalla. Ya se ha dicho demasiado de todo este episodio, solo queda como moraleja que el episodio revela en que forma opera hoy en día el periodismo argentino: Un post en joda en un blog, y que ni siquiera iba para quien se ocupó de armar con él una burda opereta, mereció tapa en el matutino de mayor circulación de Argentina, bajo el argumento –encima- de que la amenaza se debió a la no subordinación de Leuco al kirchnerismo. Mejor ejemplo que este de cómo se inventa, habrá que buscar con lupa. De yapa: Se pidió demasiado por la despenalización de las calumnias e injurias, y gracias a CFK y los legisladores (salvo los de PRO que votaron en contra) se consiguió que no haya más delito de opinión. De allí en más, Magdalena le ha iniciado acciones legales a Hebe, y Leuco va por su tercera amenaza de juicio (antes de Carrasco, hubo para Timerman y Verbitsky). Deplorable administración de la conquista, por el momento. Pero por otro lado, pone de manifiesto como la elite comunicacional siente que merece trato privilegiado: Es sólo su palabra la que merece protección, y si es cuestionada, entonces ellos sí pueden defenderse con las armas que en otros casos deploran. Patético. El expediente “Leucowicz, Alfredo –en sede judicial va a tener que decir su nombre real- c/ Carrasco, Lucas s/ amenaza de muerte”, va camino al rechazo in limine (cuando se rechaza sin siquiera entrar a analizarse). Ningún juez va a perder tiempo y prestigio en analizar una denuncia basada en la impresión de una página web. Es más, si se quisiese, se le podrían iniciar acciones a Leuco, por falsa denuncia, y, por supuesto, un daños y perjuicios. No vale la pena, ni eso, ni seguirla, ni, vamos, Leuco mismo. Es un mediocre. Nunca ha tenido la menor relevancia, ni la tendrá, aunque lo intente, con este escandalete. Se nota mucho, Leuco, demasiado.

3. (Este quedó viejo pero vale igual) En CTA confrontan dos proyectos muy distintos entre sí, disputa que puede mirarse desde varios prismas diferentes. Desde el primero, quiere copar la central un sector que, al revés de lo que indica el sentido del sindicalismo, está en alianza con las grandes patronales. Micheli, De Gennaro son aliados de Hugo Biolcatti a través de Eduardo Buzzi. En la Mesa de Enlace manda la SRA y FAA es meramente el aportante de mano de obra para los piquetes agrarios, los planteos históricos de la entidad nacida con el Grito de Alcorta, no tienen la menor relevancia, tanto que cada vez que plantean siquiera tímidamente retomar alguna de las banderas históricas, Biolcatti y Llambías ponen el grito en el cielo en TN, y Buzzi se disciplina inmediatamente, como corresponde a quien no manda, sino que es empleado. Pero también, y ya desde una mirada mucho más cruda, se enfrenta el sector interno de CTA que nunca logró nada para la central contra el sector de Yasky, que ha logrado darle a CTA un nivel visibilidad, peso, participación tal que nunca ha tenido en su historia: participación en paritarias, en el consejo del SMVyM, acompañamiento al Ministerio de Trabajo a las reuniones anuales de OIT. De un lado, falsos maximalistas, no valoran ninguna conquista relativa, convocan a emprenderla contra el gobierno que devolvió las paritarias y lo hace de la mano de quienes proponen eliminarlas para cortar de cuajo con los “costos laborales” y que invocan el retiro del estado de la vida económica. Del otro, quienes cuando vieron que se daban las batallas que históricamente reclamó dar CTA, acompañaron, con claro sentido de donde debe el sector del trabajo establecer sus alianzas sociales en un marco de disputa como el actual: Yasky marchó con Moyano cuando asesinaron a Fuentealba; De Gennaro estuvo en el monumento a los españoles bancando que se deslegitime la captación de recursos por parte del estado para propender a una efectiva distribución del ingreso. Cada cual podrá sacar sus propias conclusiones. Pero los trabajadores esperan de un líder mucho más que el libreto básico De Gennaro: Aparición en los medios o en películas que hablan de los dramas sociales para discursear contra el capital (al que después termina aliado), comiéndose las eses para parecer del pueblo, en definitiva, mucha cámara, pero nada de resultados.

4. La nueva designación de Mercedes Marcó Del Pont en el BCRA es un gol gritado en la cara del establishment. Su llegada, en Enero, se dio en medio de la batalla por el uso de las reservas para pagar deuda externa, frente a los partidarios del ajuste y el nuevo endeudamiento. Fervorosa defensora de la medida de CFK, el tiempo, como a Marcelo Bielsa, le dio la razón. Se saldó lo previsto para este año –ni un peso más-, y, al revés de lo que decía el partido que comparten los grandes medios y el Grupo A, no se desfondó el Central, sino todo lo contrario, exhibe su mayor nivel histórico de reservas. Eso es en gran parte mérito de Marcó Del Pont. Y como siempre, la derecha se equivoca y/o miente. Es cada día más lindo poder enrostrar el no cumplimiento de los apocalipsis pronosticados a sus malintencionados autores. Pone de manifiesto, además, como el marco de discusión pública actual requiere de un nivel de intelecto del cual carecen. Por otro lado, todo aquello, tanto la insubordinación de Redrado a la ley bancada por el Grupo A, como la oposición al uso de reservas y el intento de truncar la asunción de Mercedes, formó parte de una burda estrategia desestabilizadora del poder institucional de CFK. Este segundo período de la única presidenta del Central no alineada al poder financiero que ha tenido la institución en su historia, es la imagen viva de cómo todo aquello fracasó.

5. Nueva muestra de impericia de la Unión Democrática 2.0. Intentarán por todos los medios que no se apruebe el proyecto de presupuesto 2011. Con ello, lejos de poder hacer efectiva su promesa de controlar al poder ejecutivo, le otorgarán mayores márgenes, siendo que habrá de prorrogarse el Presup. 2010, que rige actualmente, y que fuera aprobado en base a proyecciones de crecimiento híper modestas, siendo que recién se salía de la crisis mundial. Verificado que fue que el país pasó intacto por el chubasco, y que se retomó la buena senda rápidamente, las estimaciones fueron amplísimamente superadas (de 2,5 a más de 9% de crecimiento de PBI). Para el Gobierno es hasta mejor que le rechacen la ley de leyes: Ganará en discrecionalidad para diagramar el gasto y podrá mostrar como efectivamente en “la” oposición rigen intenciones obstructivas.

P.D.: El kirchnerismo nunca tuvo mayoría en el Consejo de la Magistratura. Y jamás resultó un obstructor de las decisiones del execrable órgano, como lo ponen de manifiesto las estadísticas que dicen: "(...) en el período 2007-2009 se aprobaron 163 ternas por unanimidad y sólo tres con votos en disidencia, ninguno de los cuales del oficialismo. Además se resolvieron por unanimidad 1307 expedientes en materia de disciplina y juicio político y sólo 19 con disidencias. En siete de esos 19 casos, el oficialismo votó con los consejeros de la oposición y de los abogados y en contra de los tres consejeros magistrados, que se oponían a la sanción contra colegas; en cuatro la disidencia sólo versó sobre la magnitud de la sanción a imponer y en tres los votos del oficialismo se dividieron entre mayoría y minoría. En un solo caso los consejeros del oficialismo votaron solos contra todos los demás, y quedaron en minoría. No hay un solo caso en el que los consejeros del oficialismo, votando en bloque, hayan impuesto una decisión" (
ver acá). Tras sucesivos actos eleccionarios en diversos estamentos corporativos, el poder político ha perdido aún más fuerzas. El representante de los jueces, y los de los abogados capitalinos y del interior, son ahora claramente opositores (anche han llegado en listas sustentadas por alianzas entre partidos políticos y residuos del procesismo/martinezdehocista, con lo cual eso de que no intervenga el poder político, a contárselo a otro, todos llegaron lanzando críticas al kirchnerismo, por otro lado: Sean sinceros. No es que no quieren tipos politizados, lo que no quieren es que estén politizados). Suponemos desde acá, conocida nuestra militancia anti existencia del Consejo, que al órgano le espera un período de excelencia de gestión: Los estaremos observando con lupa, así que no se manden ni media.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Sumando al debate sobre el Pacto de Olivos

Días pasados se discutió, acá y acá, sobre algunos aspectos cuestionables de la reforma constitucional de 1994. Vale decir, ante todo, que quien esto escribe piensa que la actual versión de la CN es infinitamente superior a lo que era la anterior, versión 1853/60 (atemperada por la ilegítima modificación impuesta por la Fusiladora en 1957, tendiente a validar en derecho lo que en los hechos era la proscripción política del peronismo y el silenciamiento y violencia física total y absoluto al que se sometía al más de sesenta por ciento de población que adhería al movimiento; y que por terminar, en el medio, recogiendo –de forma desprolija, claro- algunos de los aspectos de la que fue la mejor constitución que tuvo este país, la de 1949, vio truncado sus objetivos de máxima).

La superioridad de nuestra actual carta magna por sobre su antecesora (base legal sobre la que se asentó un modelo de autoritarismo de mercado excluyente, muy lejano al liberalismo, y atravesado por la violencia contra las masas populares), es casi indiscutible.

Hay, sin embargo, un par de cuestiones que deberían salvarse. Varias fueron mencionadas en los posts citados, el presente quiere tomar dos y abundar un poco más sobre ellos.

- - -

Era -sigue siendo- sana la idea original de los constituyentes del `53, en cuanto a que sean las legislaturas provinciales las que designen a los representantes de las provincias en el Congreso Nacional. El Senador debe(ría) funcionar como agente del Gobernador en el plano nacional, el hecho de que no sea designado en forma directa no hace mella en la voluntad popular, que después de todo es la que consagra a los legisladores locales.

En la actualidad, se dan situaciones ridículas: Santa Fé, Córdoba, Corrientes, La Pampa, Salta, son representadas, todas, por senadores que se identifican como opositores; Misiones, por todos oficialistas; Macri no tiene hombres propios que defiendan su gestión en el Senado; Urtubey y Schiaretti, tampoco; Reutemann y Giustiniani, compiten en sus respectivos pagos, pero son aliados a nivel nacional (ídem pasa con Verna y Marino –compiten por La Pampa-, Juez y Mestre –por Córdoba-, Torres y Viana –por Misiones-, Nito Artaza y Juez –por ser el payaso del grupo-).

Hay que reconocerlo, la innovación -nacida de la cabeza de Alfonsín para reservarle bolsas de trabajo a los correligionarios- ha hecho agua, es (atento a sus objetivos, tanto los declarados -ya expuestos aquí-, como los no declarados -que el radicalismo preservase lugares de poder-) un rotundo fracaso.

Volver al esquema anterior, o bien encontrar alguna reformulación que tienda a consolidar el predominio de los grandes partidos, ayudará a encuadrar mejor los posicionamientos políticos. Hoy en día, la Cámara es un archipiélago indescifrable, plagada de minibloques -circunstanciales en su mayoría, y otros más duraderos-, interbloques, acuerdos estilo UTE (Unión Transitoria de Empresas). Senadores que se pasan de bando: Sobre todo del kirchnerismo hacia la oposición, siete de los actuales senadores fueron electos como kirchneristas y hoy revistan en Resto del Senado (Basualdo, Romero, Escudero, Pérez Alsina, Rached, Verani, Bongiorno).

El único bloque más o menos bien conformado, y que a la sazón es mayoría por organicidad y cohesión puertas adentro, es el del FPV, y el Grupo A pretende ignorarlo.

Se ha hecho imposible, desde hace tiempo y se acentuó durante 2010, elaborar acuerdos políticos (y que encima, cuando se dan, son bastardeados de corruptos). Que haya un berenjenal en la cámara baja, vaya y pase: Es allí donde están los representantes del pueblo, y es aceptable que refleje la mayor diversidad que efectivamente hay en la sociedad. La cámara alta, en cambio, que es donde se juega la suerte de las gestiones locales, donde se desarrolla el juego político propiamente dicho, está pidiendo un cambio de lógica.

Desde acá, sugerimos volver al sistema anterior.

- - -

Sobre el Consejo de la Magistratura ya varias veces ha sentado su postura Segundas Lecturas. Nada que implique despolitizar las decisiones de estado será acompañado desde este espacio.

Antes de la reforma los jueces eran designados por medio del visto bueno de la comisión de acuerdos del Senado, y el voto del pleno de la cámara. El político se involucra con esa decisión, y eso puede ser sopesado a su debido tiempo por el votante, como uno de los ítems a incluir en la evaluación que se hace del desempeño del mismo.

El motivo para crearlo fue que era necesario desinvolucrar de la selección de los jueces los favores políticos. Como si los jueces no hiciesen política.

Por otro lado, nada de lo que se proponía logró, ni con la conformación actual –la resultante de la reforma de 2006-, ni mucho menos con la anterior.

No existe razón alguna que justifique el hecho de que la corporación de jueces y la corporación de abogados tengan voz y voto en la designación y remoción de Sus Señorías. Años se ha pasado la teoría rompiéndose la cabeza para ver como se hace para acercar más al único poder no electivo del estado, el judicial, al pueblo. El Consejo de la Magistratura, tira todo ese recorrido al demonio.

La obra de Montesquieu no implicaba, como muchos pretenden, la división de poderes, porque el poder es uno, lo que se dividen son las funciones. Y así y todo, ello no significa que deban operar como compartimientos estancos. Hay interconexión: el poder legislativo ejerce funciones similares a las del poder judicial cuando lleva a cabo el juicio político; el poder ejecutivo es colegislador, y tiene a mano la potestad del decreto, como función naturalmente legislativa.

Y se ha previsto la vigilancia interconectada: el legislativo revisa los DNU; el ejecutivo tiene que prestar su acuerdo a las leyes, en virtud de su función co legislativa, mediante el veto o la promulgación.

Los jueces, Consejo de la Magistratura mediante, no son vigilados por ninguno de los otros dos poderes, se controlan a sí mismos.

Desde acá, sugerimos ídem que el apartado anterior.

- - -

Feliz primavera atrasada para todos.

martes, 21 de septiembre de 2010

Vamos a ver quien manda

Apenas asumida Cristina, desde diversos sectores casi se le exigía el cumplimiento de una serie diversas medidas, se le quiso imponer una agenda distinta de la que tenía pensada.

Enfriar relaciones con la Venezuela chavista, acercarse a EEUU, arreglar con el Club de Paris, poner en caja a Moyano, enfriar la economía, frenar el incentivo a los aumentos salariales. Decisiones, todas ellas, que implicarían una deformación del kirchnerismo.

Todo eso haría del país un lugar “más serio”, aunque nunca se explicaba por qué sería así.

CFK, lejos de subordinarse, eligió emprender una batalla política contra uno de los sectores emblemáticos del establishment local con la adopción del sistema de retenciones móviles. Se impuso, en estos casi tres años, dar la “sintonía fina” al modelo, luego de que Néstor Kirchner lograra sacar al país del coma, restituir la autoridad de la política por sobre el poder fáctico, agrandar los márgenes de acción del estado, dar autonomía a la política económica, redefinir en clave sudamericana la inserción internacional del país y, lo más importante claro, mejorar enormemente todos los indicadores sociales.

Una vez que se observa con mayor nitidez el sentido del proceso, surgen también más claras -e inevitables- las contradicciones entre sectores que el mismo implica. Así las cosas, se han venido parando de manos incesantemente la patronal AEA, donde pesan Clarín, Techint y la Mesa de Enlace, y últimamente –desde la asunción de Héctor Méndez como su jefe- se sumó también la UIA (muy beneficiada por las políticas implementadas desde 2003, por otro lado).

Con una oposición muy dispuesta a fungir de gerencia política de los reclamos empresariales, pero absolutamente incapaz de maniatar a un gobierno que en aptitud se los come crudos (a pesar de que el Grupo A es mayoría en el Congreso), de un tiempo a esta parte han salido los propios interesados a pugnar en pos la construcción de un relato que opere como sustento del reclamo por un modelo en el que no tengan que hacer más ninguna concesión, ni siquiera las mínimas que hoy les son amablemente requeridas.

No les bastó con estar equivocados en cuanto al tema uso de reservas/desendeudamiento, ni con los miles de cataclismos anunciados y finalmente no acaecidos, ellos igual insisten.

Es en ese marco que deben leerse las declaraciones de Méndez en contra de hacer cumplir el artículo 14 bis de la CN (participación obrera en las ganancias), y las de diversos representantes del poder financiero que salieron a atajarse ante rumores de que se pondrán límites al jolgorio que significa hoy su actividad (responsable, ella, de la crisis mundial de 2008/9, a pesar de la cual Argentina igual crece), y de la posibilidad de adecuar el BCRA a lo que es todo el mundo: que funcione en sintonía con el resto de la actividad económica, se ocupe más que solo el valor de la moneda, no sea copado por los grandes financistas.

En buenahora que por fin se esté viendo quien está detrás de cada proyecto.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Derrota en la Davis: Otra vez, los cinco que faltan pa´ la ensaladera

Argentina volvió al grupo mundial de la Davis en 2002. De allí en más, nueve participaciones consecutivas: cero eliminaciones en primera rueda, tres en cuartos -`04 vs. Belarús (0-5 como este fin de semana); `07 vs. Suecia (1-4); y `09 vs. República Checa (2-3), todas de visitante-, dos subcampeonatos -`06 de Rusia (2-3), de visita y `08 de España (1-3), acá- y cuatro eliminaciones en semifinales -`02 vs. Rusia (2-3); `03 vs. España (2-3); `05 vs. Eslovaquia (1-4); y la presente, 2010, durísimo 0-5 ante Francia, todas ellas afuera-.

Paradójica como es esta competencia –siempre se ha dicho eso acá, y hemos de sostenerlo-, la derrota de hace horas ante Francia es, por resultado, la más dura de todas las que hubo en semifinales en estos nueve años, pero a la vez la menos reprochable de ellas.

A principios de año, a este equipo, que se coló entre los cuatro mejores de la competencia (en etapa de recambio generacional, renovación de menor riqueza individual de lo que hubo años antes), se lo imaginaba yendo al repechaje. No se podía exigir lo que al final terminaron construyendo. Más allá de que, una vez allí, era inevitable la ilusión, máxime porque, de pasar, la final era sí o sí adentro, como en 2008 -checos o serbios-, aunque la localía, lo sufrimos en carne propia ya, no es garantía de nada.

Da para estar satisfechos, para ilusionarse con un camino a andar que recién parece estar empezando. Sigue faltando lo de siempre, una segunda confiable para David (aunque él también perdió en esta ocasión), afianzar un doble confiable (en eso se está).

Y suerte, por supuesto. Todo campeón la tiene, siempre. En este ciclo exitoso, siempre alguien que no estaba en lo planes se hizo héroe ante Argentina (Beck en `05, Tursunov en `06, Verdasco-Feliciano en `08, el increíble Llodra de 2010).

Se está por la buena senda. El capitán, Tito Vázquez, demostró estar a la altura, más allá de decisiones menores de alguna serie en particular.
Material, con dos singlistas espectaculares como David y Delpo -a los que nunca se ha podido reunir estando ambos en pleno-, no falta. Falta consolidar la amalgama.

Será cuestión de seguir remando, sabiendo que hay un excelente piso, y un techo cada día más cercano.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Que no copen la parada Reloaded (Sobre Papel Prensa v. II). La discusión que sí hay que dar.

Es, la de Papel Prensa, una historia que reenvía a discutir muchos otros ítems, varios de los cuales han sido materia de debate en los últimos años, los de gobierno K. A fuerza de conciliar con la sinceridad, todos, pero en especial alguien que, como quien esto escribe, es estudiante de derecho, deberíamos abstenernos de emitir juicio respecto de actuaciones judiciales que no hayamos examinado exhaustivamente. No obstante ello, varias de las cuestiones que hacen a la problemática madre trascienden lo estrictamente legal y nos interpelan a todos los que siempre hemos estado interesados en el debate político, siendo que en esta historia convergen, también, muchas implicancias en ese sentido.

Es, para empezar, objetivamente indiscutible que la pareja presidencial ha convivido durante mucho tiempo en paz con aquellos a quienes hoy se imputan crímenes aberrantes. Pero ello no debería fungir de “sí, pero” a que finalmente sea colocada en agenda la investigación sobre la venta de la papelera. Cabe recordar, cuando se oyen este tipo de argumentaciones, que no es porque sí que para los delitos de lesa humanidad se haya previsto la imprescriptibilidad. Parece una perogrullada, pero las víctimas de tales aberraciones no pierden sus temores apenas derribados quienes los oprimieron. No todos, al menos. Y no suena muy noble dudar de las motivaciones que haya podido tener para declarar quien se conoce que, efectivamente -sea antes o después del traspaso accionario en cuestión-, sufrió secuestro, tortura y vejaciones varias, sea cuando sea que la confesión se haya producido. Sentado ello, uno supone que debería haber, al lado, una reflexión acerca del papel de la sociedad civil durante la dictadura, de las relaciones de todo tipo que con los jerarcas establecieron varios de los más importantes estamentos corporativos del país, y de las implicancias que, a posteriori, todo eso significare para la salida democrática. Porque es innegable que el golpe no llegó porque sí, sino que vino precedido de sonoros reclamos que, en pos de la llegada del poder armado, hicieron las más pesadas y aun vigentes entidades empresariales. Ese reclamo (y, más luego, también apoyo) fue bien retribuido por los milicos. Hay círculos que cierran en todas estas historias. Era, fue, un ida y vuelta permanente. Porque a renglón seguido, vale la pena rastrear cual fue el papel de los grandes medios durante los años de plomo, y habrá que concluir que no cabe otro calificativo que el de lamentable. A ver, acéptese que era difícil para la prensa contar todo lo que en materia de violaciones a los DDHH ocurría. Anda por allí un imprudente llamado Robert Cox que puede decir lo contrario, pero igualmente tómese por válida la premisa, siquiera a modo de hipótesis de trabajo: No era fácil informar, de acuerdo. Pero una cosa es eso, y otra muy distinta es haber editorializado o mentido acerca de determinados procedimientos que emprendió el ejército contra la ciudadanía –sobre todo contra la porción de aquella que no estaba involucrada en militancia ninguna, lo cual viene a echar por tierra la estúpida teoría de los dos demonios, el enorme engaño que encerraba aquello de que “los militares llegaron porque había una guerrilla desbocada”-. Del mismo modo, nada puede justificar haber hecho propaganda de un oprobioso modelo económico que perpetró el genocidio (y fue condicionante supremo) a lo largo de los posteriores veintisiete años de democracia (y contando) que llevamos.

¿No hay lugar a pensar que si se hacía lo uno –bancar el relato procesista- era porque había lo otro –en este caso la obtención de la papelera, más otras cuantas concesiones que hubo-? ¿Cómo puede uno poner tan fácilmente en el banquillo de los acusados a una víctima de terrorismo de estado, pero le cuesta tanto asumir que es justo intentar determinar las vinculaciones civiles que tuvo el golpe?

Es un debate muy necesario. Papel Prensa es quizás el más claro ejemplo de cual fue la alianza social que sostuvo al Proceso, con un estado obteniendo legitimación de su accionar, mediante la construcción de sentidos que ejercieron los que, a cambio de ello, obtenían frondosos negocios. Y esto tiene reminiscencias en la actualidad. Porque todos los que en su momento pujaron por instaurar lo que finalmente no fue más que una herramienta para la consecución de un modelo de negocios que lo beneficiase indefinidamente –que, vale reiterar, es la única razón por la cual hubo el golpe de de 1976-, siguen allí donde estaban, a pesar de que el instrumento pasó: ese, el ilegal, pero también otros legítimos que nunca supieron, quisieron o pudieron ponerse firmes para dejar de ser gendarmes empresariales en lugar de serlo del pueblo que los consagra. Y siguen en pie no de cualquier manera, sino insistiendo en fórmulas que fueron el fracaso de varias generaciones de una sociedad.

Ya no pueden fogonear salidas armadas, pero sí han condicionado todos los gobiernos que hubo desde 1983 a la fecha. No es este, claro, un fenómeno que únicamente ocurra en Argentina. Este comentarista considera oportuno traer aquí una reflexión del senador chileno Carlos Ominami, de la Concertación, quien le dijo a José Natanson en el libro “La Nueva Izquierda” (una especie de biblia para quien esto escribe, vital para el entendimiento del actual proceso político sudamericano), que el problema chileno sigue siendo la desigualdad, y que se hace difícil combatirlo dado el poder que continúan acumulando los sectores privilegiados de por allí. Menciona, entre otras cosas, la llegada al poder mediático de los fulanos (quienes, ¿casualmente?, empezaron a hacerse duros durante el pinochettismo) como factor de presión. El regimen de Pinochet y el Proceso de Reorganización Nacional fueron hermanos gemelos. Debería llamarnos a la reflexión.

“Se discute poder, esta es una pelea por ver quien la tiene más larga”. Vaya novedad. Claro que es así, y en buena hora que lo sea. Para que la disputa pueda ser saldada, de una vez por todas, en favor de la política, único modo que tiene la sociedad de empardarse con los poderes fácticos. Nunca, por otro lado, los cambios surgen de otra cosa que no sea la disputa de intereses. No existe que los procesos de renovación se den en calma. Puro chamuyo para atemperar las cosas de parte de quienes nunca quieren que nada cambie.

Aquí no está en discusión ni en juego, la libertad de expresión. Dirimir el poder que, sin ningún derecho, disputan los dueños de lo que bien denomina Eduardo Aliverti como “megacorporaciones que, entre otros negocios, manejan multimedios”, no equivale a poner en jaque las libertades cívicas, ni mucho menos, hasta más bien absolutamente todo lo contrario (viene bien tener presente la distinción que hiciera Raúl Degrossi entre periodistas y dueños de medios). Libertad de prensa no es sinónimo de andar presionando por nuevas posibilidades de hacer dinero, aún si esas presiones son receptadas. Porque el poder fáctico, hasta donde se sabe, no está entre los mencionados por la Constitución Nacional en su parte orgánica.

No Néstor ni Cristina Kirchner, sino Raúl Alfonsín, fue destinatario de un “me lo hacen mierda” de parte de la señora Ernestina Herrera de Noble, cuando el extinto líder radical dijo, a grito pelado y con su pulgar en alto, que Clarín era “un ejemplo vivo de contra qué tienen que luchar los argentinos”.

No Néstor ni Cristina Kirchner, sino Carlos Menem, oyó como Héctor Magnetto le decía que el de Presidente de la Nación es un “puesto menor”, cuando el riojano acusó al CEO clarinista de querer usurpárselo.

No Néstor ni Cristina Kirchner, sino Adolfo Rodríguez Saá, supo decir que a él lo habían barrido Duhalde y Magnetto, cuando se opuso a efectuar una brusca devaluación como la que luego vino, y que en una semana de gestión debió reunirse con el RRPP del grupo, Rendo, nada menos que tres veces.

No Néstor ni Cristina Kirchner, sino Eduardo Duhalde, se dice que habría recibido una dura advertencia apenas asumió: "La tapa del domingo puede venir con nafta o con agua". Se le pedía devaluación y licuación de deudas, a cambio del guiño. Es solamente un trascendido, pero ha de haber funcionado, a juzgar por el posterior tristemente célebre "La crisis causó dos nuevas muertes".

No Néstor ni Cristina Kirchner, sino César Jaroslavsky, dejó para la posteridad la frase “Ojo con Clarín, que ataca como partido político y se defiende con la libertad de prensa”. No Néstor ni Cristina Kirchner, sino Ricardo Lafferiere (ex senador de la UCR durante el alfonsinato), fue quien sufrió el castigo de tener que finalizar su carrera política, simplemente por haber propuesto una ley de derecho a replica.

Jorge Fontevecchia, a quien nadie podría catalogar de kirchnerista, supo escribir (en la edición de Perfil posterior a la media sanción de la Ley de Medios, ): Se discute quién manda en la Argentina y, aunque no lo parezca, para algunos legisladores es la segunda parte del “que se vayan todos” de 2002. Desde la perspectiva de ciertos políticos, los grandes responsables del fracaso de la Argentina que desembocó en la salida explosiva de la convertibilidad son quienes tuvieron el poder en los 90, que no eran los políticos sino las grandes corporaciones. Y Clarín es su quinta esencia porque influye determinantemente sobre AEA, la Asociación de Empresarios Argentinos, y a la vez encabeza la corporación de la comunicación.

Con todo eso, ¿como hay el coraje de ponerse del lado de quienes se dicen guardianes de la palabra cuando en realidad no hacen y han hecho siempre con ella más que tenerla de instrumento de presión para sumar nuevos negocios? Si Clarín, como se dice (y es cierto), antes arreglaba con los K, y ahora no lo hace, ¿qué era lo que daba a cambio en el tal arreglo? ¿Callarse cosas que ahora sí dice, tal vez? Entonces resulta que el amor a la libertad se negocia según convenga. Y es que el concepto mismo de periodismo, en el marco actual de las conformaciones empresariales en las cuales se desarrolla, es muy cuestionable, pues ha trocado lo que debería ser fidelidad a la honestidad profesional e ideológica y coherencia, por fidelidad a los patrones de sus empresas.

Volviendo a Robert Cox, fue vivado por la corporación mediática por haber dicho que Chávez era un dictador. Pero nada se dice de que también destacó el momento actual de la Argentina como el de mayor libertad de prensa que él haya visto, que era lindo que se pudieran discutir libremente todos los temas, que Magnetto siempre, para él, anduvo “detrás de algo”, que son necesarias leyes para frenar las corporaciones comunicacionales porque son dañinas, que es un problema que los medios tengan vinculaciones con empresas comerciales, que él mismo hubo de estar en listas negras de LN, que el papel de los socios de PP durante la dictadura fue el que fue porque ellos estaban del lado de los militares. En fin.

Un simple repaso como este (burdo, torpe, desprolijo, liviano si se quiere), dice muchas cosas. La principal, seguramente, es que está la posibilidad para quienes no se sientan seducidos por el kirchnerismo de no estar al margen de la disputa que se abre. Porque bien se ha dicho por estos días, que a este gobierno se lo puede cambiar. De hecho, se han cambiado los gobiernos que han hecho falta cambiar. Pero Clarín ahí está. Que no le hace ningún bien a la democracia que siga así como está. Y que sí hay la posibilidad de cambios en la vida de cada uno si se modifica su capacidad de influencia, porque de hecho hubo cambios -para mal- a partir de que la adquirieron.