miércoles, 28 de julio de 2010

Contrapuntos

Ayer, 27 de julio de 2010, fue un día tristísimo, quizás de entre los más tristes, para la democracia. Hoy, 28 de julio de 2010, todo lo contrario.

Ayer, los máximos referentes del sector de derecha de “la” oposición se dio cita en el predio que tiene en Palermo la Sociedad Rural Argentina –cuya propiedad, por otro lado, está bastante flojita de papeles-. Fueron a pedir instrucciones, a recibir órdenes. Sus patrones, los millonarios empresarios rurales, les han indicado ir con los tapones de punta a por la desfinanciación de las arcas del estado, eliminando la mayoría de las retenciones y bajando enormemente las de la soja.

En el panel destacaban tres personas: el periodista de TN y La Nación, ex propagandista de Bussi (con s) y cronista del Operativo Independencia, y actual defensor de Buzzi (con z, pero que defiende el mismo modelo de país que el de la s), Joaquín Morales Sola, quien, vaya uno a saber en virtud de que, oficio de “moderador” del “debate”; el Profesor de Derecho Constitucional (la especialidad constitucionalista no existe), cuya cátedra de dicha especialidad es considerada la peor de las que hay en oferta en la Facultad de Derecho de la UBA, Daniel Sabsay; y el agrodiputado salteño Alfredo Olmedo, apodado “El Rey de la Soja”, famoso por promover desmontes indiscriminados en su provincia y por haber sido parte visible de la oposición a la extensión de derechos civiles a los ciudadanos homosexuales -es autor de la frase “tengo la cabeza cerrada y la cola también”, envidia ella de escritores, poetas y novelistas-, pues se dice defensor de la familia a pesar de haber sido visto varias veces consumiendo prostitución en conocidos cabarets porteños. Es, Olmedo, prototipo del hombre de campo. Regla y no excepción. Una remake, más risueña –aunque solo a un imbécil puede causarle risa sus dichos- pero no menos brutal, del violento cortador de rutas profesional Alfredo De Angelis.

El objetivo es provocarle una crisis de gobernabilidad al kirchnerismo, de modo que ella los precipite al poder sin necesidad de preocuparse demasiado por ofrecer una alternativa proyectiva, que no la tienen, son simplemente representantes de una o varias fracciones del establishment, entre ellas la agraria.

Da vergüenza ajena que tipos que son elegidos por el voto popular y que tienen en sus manos el poder que esa legitimidad -de origen- les confiere, sean tan arrastrados de ir al pie de una corporación a preguntarle que es lo que necesita. La imagen de una decena de dirigentes que provienen de variadas agrupaciones políticas subordinando sus potestades de generar iniciativas respecto de las políticas públicas a los deseos de una minoría acomodada y egoísta, de historia sucia encima, es la más grande afrenta que se puede hacer a las instituciones de la república. ¿Qué tenían que hacer llegándose hasta allí, arrastrados casi como trapos de piso? ¿Hay necesidad de ser tan servil?

Hoy, en cambio, CFK anunció aumentos a los jubilados –que están previstos en la ley de movilidad cuya autoría le pertenece-, de las asignaciones universales –que llegan actualmente a 3.700.000 chicos-, advirtió a los empresarios que ninguno de estos anuncios tiene por que tener impacto en los niveles de precio porque los mismos son solventados por el estado, y la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil –otra creación del kirchnerismo-.

Las diferencias son cualitativas, no cuantitativas.

De un lado, están los que fueron a oír órdenes del empresariado, rural en este caso. Del otro, están quienes ponen su angurria en evidencia públicamente.

De un lado, están los que van a ofrecerles cosas a tipos que nada necesitan. Del otro, están quienes dedican el tremendo crecimiento del país, que en el primer semestre ha alcanzado la increíble cifra del 8% -aún con crisis mundial y toda la bola-, a los sectores más necesitados de la sociedad.

De un lado, están todos aquellos que cuando tuvieron responsabilidades de gobierno no hicieron más que desquiciar el sistema previsional y cortar el hilo por lo más delgado –descuento aliancista del 13% a las jubilaciones y salarios públicos- en lugar de ir, como va este gobierno, contra uno de los sectores que más nada en dinero de la sociedad. Del otro, están quienes aumentaron más de 500 % el mínimo a la clase pasiva, promovieron una ley que desengancha los aumentos a la misma de la voluntad del mandamás de turno y la ancla a la participación en el éxito económico del país, al tiempo que convirtieron a la cobertura jubilatoria argentina en la más amplia de América Latina.

De un lado, están los que jamás pusieron interés en solucionar el drama de la niñez –más bien se dedicaron a crear esos problemas-. Del otro, están quienes les dedicaron el plan de atención social más importante de América Latina.

De un lado, están los que incoherentemente han presentado múltiples proyectos tendientes a recortar ingresos a las arcas del estado al tiempo que promueven otros con supuestas intenciones de extender beneficios sociales. Del otro, están quienes van promoviendo la integración de los distintos estamentos de la sociedad, de modo que los sectores interrelacionen, entre ellos, éxitos y necesidades, con el estado como articulador.

De un lado, están los que no supieron gobernar, y por lo visto no han aprendido todavía. Del otro, están quienes sí saben.

Y a ver ahora si se animan a impulsar todo lo que tenían pensado. A ver si les dan las agallas. A ver.

martes, 27 de julio de 2010

Un futuro nada promisorio

Lo echaron sin decirle estás despedido. No se sostiene decirle a un DT que se puede quedar, si quiere, pero que le va a ser armado su cuerpo técnico. Del mismo modo, Maradona debería haber renunciado cuando quiso sumar a Ruggeri y no se lo permitieron.

Y no se trata aquí de que Maradona pueda o no hacer lo que quiera, sino de que un DT, cualquiera sea, tiene que trabajar con quien más cómodo se sienta. Si hay un problema con alguien de su cuerpo técnico, pues también lo hay con él, y entonces mejor que se vayan todos.

Lo que pasó con Diego, cuyo ciclo tuvo –como él- muchas idas y vueltas, y fue –igual que él- contradictorio por demás, nos pone en vereda de la crisis que vive el fútbol argentino, tema del que ya hemos hablado en Segundas Lecturas, y que venimos, sin éxito, pidiendo que se encare desde los más altos niveles.

Como en lugar de eso, se habla de "la equivocación de Maradona en visitar a Chávez", de si estuvo bien o mal cuando mandó a los periodistas a mamársela, o de que tipo de relación mantiene con "La Claudia", pues entonces seguirán habiendo los mismos problemas que exceden y anteceden a Maradona, que fueron la causa del fracaso en Sudáfrica 2010, como lo vienen siendo de los fracasos de los que la Selección no escapa hace más de veinte años y lo serán de los próximos, que seguro los habrá a montones, en tanto se persista en tan equivocada línea.

Ya se está buscando nuevo DT, y el proyecto de largo plazo (esa frase con la que a muchos les gusta llenarse la boca), bien gracias. Mientras, sigue sin haber laterales como la gente, sigue sin haber volantes centrales como aquellos a partir de los cuales Alemania nos pintó la cara y España se hizo grande, y solo siguen (y seguirán) saliendo jugadores de metro veinte de estatura, entre otros tantos males que nos aquejan.

Pero claro, el componente snob de mucho periodismo/dirigente/espectador bienpensante, se sentirá satisfecho de que se haya echado (pero sin hacerse cargo de haberlo hecho) a un tipo con toda la sintomatología del “negro de mierda”. Y creerán que con eso, con echar a alguien que se instaló que “no puede dirigir nada” (a pesar de que fue quien hizo la mejor campaña de la Selección en mundiales desde Italia `90), estará todo solucionado. Allá ellos.

En Segundas Lecturas fuimos y vinimos con Diego. Lo puteamos al principio; reconocimos sus mejorías, luego; al final, asumimos su defensa casi que contraculturalmente, en el peor de los momentos, conscientes de que a ninguno le hubiese ido mucho mejor, porque la podredumbre es bien profunda.

Por eso, cabe concluir que, si todo se remite a un simple cambio de figuritas, pues nada bueno cabe esperar de una decisión que, encima, se toma de una manera por demás cuestionable. Que así no sea.

lunes, 26 de julio de 2010

Evita, más que solo palabras

No se me ocurre, Evita querida, que decirte.

Me hubiera gustado conocerte, vivir tu historia en vivo y en directo. Me hubiese encantado cagar a trompadas a esos hijos de puta que te escribieron “viva el cáncer”, cuando vos te retorcías de dolor, y tu fuego se apagaba por esa enfermedad hija de puta.

Pero, seguramente, eso los califica a ellos, y no a vos. ¿Cómo puede nacer tanto odio dentro de una persona? No era contra vos, Evita querida, o en todo caso no solamente. En vos, simplemente, descargaron todo lo que siempre fueron –y siguen siendo-.

Nos odian a todos los que no nacimos entre ellos. Y por supuesto, mucho más desde que vos te decidiste estar a favor de quienes necesitaban a alguien a su favor. Ese “viva el cáncer”, que los pinta de cuerpo y alma, es el vómito de quienes se vieron impedidos, por tu obra, de proseguir en la construcción de desigualdad.

Ellos odian pero dicen que aspiran al no odio. Dicen una cosa, pero hacen otra. Claro, ellos son, fueron, y siempre serán, mero palabrerío.

“Viva el cáncer”, es en realidad “viva la desigualdad”. Y fue la desigualdad la que te mató, porque vos eras su mayor enemiga. Necesitaba asesinarte.

Pero no tuvo en cuenta que vos habías sido algo más, bastante diría, que Evita. Eras más que la puta; “la actriz”, dicho despectivamente; la que alguna vez vino de Junín a probar suerte a la salvaje Buenos Aires, sin pensar que no te irías de ella sino para pasar a la inmortalidad por la huella que dejaste; la mujer que estuvo al lado del hombre; la del tono benditamente crispado; la del reto al dudoso, el castigo al desleal, pero la caricia al constante y al humilde.

Y dejaste tu semilla. Para creer que te matarían o que podrían hacerte olvidar, había que ser ingenuo, estúpido. Basura, en definitiva.

Fuiste más que una fundación que regalaba juguetes, sabanas y pan dulce. Fuiste la que vino a hacer, de una vez por todas, realidad lo que decían unos papeles: que todos somos iguales, que teníamos derecho a unas cuantas cosas que otros no querían reconocer. Un baño de ciudadanía para el pueblo, como alguna vez leí definirte, a vos y al peronismo, que son la misma cosa.

Como fuiste vos es que hay que ser. Seguís siendo una guía, un ejemplo, un modelo.

¿Cómo no te iban a odiar, pues, con todo lo que fue tu obra y todo lo que dejó impregnado en forma indisoluble en la piel viva y en la memoria de tu pueblo? Si no te odiaran, Evita querida, es porque algo, entonces, habrías hecho mal.

No se hace lo que vos hiciste sin que se enojen aquellos a los que no les hacías falta. Son tus detractores los que determinan tu grandeza, eso tiene que quedar bien claro.

Yo se que te debo mucho, demasiado. Y me gustaría agradecértelo. Pero la verdad, no se como, porque no se, Evita querida, que decirte.

Quizás sea eso símbolo de que algo me dejaste. Porque Eva, Evita querida, no se dice. Porque vos no dijiste, vos hiciste.

viernes, 23 de julio de 2010

Desconcertante

Siempre fue, a juicio de este bloguero, una gran mentira eso del “diálogo y consenso”. Del que plantea -cabe aclarar- “la” oposición, que intenta, prácticamente, eliminar toda diferencia entre las distintas fracciones políticas que integran la vida pública del país, que es de lo que se nutre y da fundamento a la democracia.

Los distintos partidos políticos no son más que la expresión de la diferencia de intereses que existe dentro de una sociedad. O, más bien, el reconocimiento de esas divergencias: como es imposible satisfacerlas todas, se procesan a través del juego de construcción de mayorías y minorías. Perogrullada, pura perogrullada. Pero muchos parecen ignorarlo.

Ahora bien, hay un punto donde todo se vuelve, digamos, demasiado. Con el demasiado, sin otro calificativo, alcanza para graficar la sensación que a uno lo invade cuando ve determinadas cosas.

Desde principios de año se le reclama, casi se le impone, al kirchnerismo, “diálogo y consenso”. Construir nuevas mayorías para que entonces, respetando el nuevo escenario parlamentario, pueda seguir promoviendo leyes para gobernar, pero que estén nutridas de diferentes puntos de vista. Gestos de distensión para con los dirigentes opositores que “ayuden a bajar la crispación”. Más o menos así dice la canción.

¿Cómo entonces una simple foto entre el hijo de Alfonsín y la Presidenta de la República provoca casi un escándalo nacional? ¿No es eso, acaso, lo que se pedía casi a los gritos? Era un homenaje al padre de Ricardito, ex presidente, ¿qué pretendían? ¿Qué el propio hijo no fuese? ¿O que, yendo, se negase a la foto con CFK, la Presidenta? ¿Cuál fue el pecado de Ricardo Alfonsín? ¿O es que alguien cree que si De Vido es tan corrupto como dicen que es, la simple y sola presencia del honesto hijo de Alfonsín junto a él lo legitimará?

Y resulta que después lo llaman, casi indignados, Magdalena Ruiz Guiñázú (¡Magdalena!, que con dificultad dice cinco palabras de corrido sin tartamudear) y Edgardo Alfano (¿Quién? Uno que sale por TN a la tarde también), por teléfono, para pedirle explicaciones, para retarlo, reprocharle. ¿Pero que explicaciones les debe a ellos, que son nadie, un tipo que encima, según se cuenta, puede que este por ser candidato presidencial?

¿Donde mierda llegó la democracia que los tipos elegidos por el voto popular tienen que rendirle cuentas a los voceros de las corporaciones? ¿Entonces es cierto que no son dueños de sus actos los integrantes de Resto del Congreso?

Ya había pasado cuando Pinedo saludó con un abrazo a Willy Polémico Moreno. Se torna inverosímil que un abrazo sea noticia.
¡Un abrazo! Uno a veces se pregunta si esto está pasando de verdad.

Vamos al consenso.

Cuando se discutió en el Senado la ley que autorizaba el uso de reservas para el pago de deuda externa, su autor, el opositor Carlos Verna, fue vituperado de arriba a abajo por Gerardo Morales. El oficialismo consiguió apoyo de nueve senadores ajenos a su bloque para lograr la aprobación de dicha ley. Los tres aliados estables: Horacio Lores, neuquino del MPN; José Martínez y María Díaz, del ARI fueguino; más otros seis: María José Bongiorno, rionegrina, llegó al Senado colgada de Pichetto hasta que un día se borocotizó –pero sin condena pública ni mediática por haberlo hecho-; Roxana Latorre, santafesina, a la cual Reuttemann echó casi a las patadas de su bloque porque cuando en 2009 se discutía la prórroga de las facultades delegadas ella “osó” firmar, aunque en disidencia, el dictamen que permitió que el tema baje a discutirse al pleno, donde votó en contra de la iniciativa K –Reuttemann ni fue a sesión aquel día-; Graciela Di Perna, chubutense, cuñada de Das Neves; Samuel Cabanchick, porteño, ex Coalición Cívica que renunció a ese partido acusando a Carrió de autoritaria, lo que mereció bastante poca repercusión; y, obviamente -siendo que eran los autores del proyecto, no obstante lo cual Morales los acusó de “venderse”-, los PJ disidente pampeanos, Carlos Verna y María Higonet.

¿Para que se pide negociación si cuando esta tiene lugar va a ser torpedeada por todos los wines? ¿Contribuye ese tipo de actitudes a crear un clima tendiente al fin que supuestamente se quiere promover? ¿O acaso todo forma parte de una excusa, porque con lo que en realidad se está en desacuerdo es con el fondo y no con las formas, y una vez que estas quedan satisfechas simplemente se busca correr el eje?

¿Quién es realmente el que crispa? ¿Quién es realmente el que no promueve la convivencia? ¿Quién es que promueve mensajes descalificadores, sectarios, autoritarios?

Entonces, ¿hay oposición o hay ya definitivamente, y jugada, la representación patente del gorilismo al mejor estilo Rojas y Aramburu, y el kirchnerismo ha sido declarado enfermedad contagiosa?

Podrían ponerse de acuerdo, estos pibes de “la” oposición: tanto los que mandan –Clarín y Cía. del establishment- como la tropa –los dirigentes de los partidos no K o anti K-, simplemente a los efectos de no desorientarlo a uno.

jueves, 22 de julio de 2010

Dime como argumentas y te diré como resuelves

Dice el discurso opositor –dirigentes o del periodismo, ya es imposible distinguirlos- que el kirchnerismo ejerce presión sobre los jueces desde el Consejo de la Magistratura. Pero si uno va a las estadísticas –que, curiosamente, nunca forman parte de las intervenciones en que se bastardea al gobierno en ese ítem-, resulta que parece haber una realidad bien distinta: "(...) en el período 2007-2009 se aprobaron 163 ternas por unanimidad y sólo tres con votos en disidencia, ninguno de los cuales del oficialismo. Además se resolvieron por unanimidad 1307 expedientes en materia de disciplina y juicio político y sólo 19 con disidencias. En siete de esos 19 casos, el oficialismo votó con los consejeros de la oposición y de los abogados y en contra de los tres consejeros magistrados, que se oponían a la sanción contra colegas; en cuatro la disidencia sólo versó sobre la magnitud de la sanción a imponer y en tres los votos del oficialismo se dividieron entre mayoría y minoría. En un solo caso los consejeros del oficialismo votaron solos contra todos los demás, y quedaron en minoría. No hay un solo caso en el que los consejeros del oficialismo, votando en bloque, hayan impuesto una decisión" (ver acá).

Dicen que el oficialismo agita la división de la sociedad argentina. Pero resulta ser que fue desde los cerebros de “la” “organización” opositora, la iglesia católica argentina, que se promovió el mantener apartados a una categoría de ciudadanos, los homosexuales, del amparo del estado. Y por medio de una serie de discursos nutridos de un lenguaje que de conciliador tuvo poco y nada, más bien remitió, por lo incendiario, a los tiempos de las cruzadas (
ver). Los jerarcas de la iglesia católica argentina milita contra todo lo que representa este gobierno como solo lo había hecho contra Perón a partir de su segundo gobierno, tanto que fue la columna vertebral, en 1955, de la más masiva marcha contra la democracia que hasta entonces se hubiese visto. ¿No hay ningún punto de conexión entre aquella movilización de Corpus Christi y la convocada frente al Congreso nacional el día anterior a la sanción en el Senado de la ley de matrimonio igualitario? Este bloguero pudo oír a un manifestante en la marcha anti homosexualidad –y solo por elegir uno de entre muchos discursos que dieron miedo- decir que “estos políticos está claro que quieren la destrucción total de la Argentina, del ideal Dios, Patria y familia que desde chicos todos arraigábamos muy bien”. Patético.

Dicen que el gobierno se vale del apriete de la llamada “kaja” (aberración lingüística creada a los fines de denostar la política de parar al país sobre sus propios recursos por la que optó el kirchnerismo desde 2003), del “ahogo financiero a las provincias”, para torcer la voluntad de legisladores. Pero, por ejemplo, Horacio Lores y los fueguinos ex ARI
votaron contra la 125. ¿Qué pasó aquella vez? ¿No había entonces capacidad de presión? ¿Tanto empeoraron, en tan corto tiempo, las situaciones de Neuquén y Tierra del Fuego, que ahora el gobierno les puede robar alfiles legislativos? En paralelo a esto, se acepta como normal que soldados de la iglesia católica hayan tenido el tupé de llegarse hasta el parlamento para intentar sumar voluntades en favor de su postura en torno al debate por el matrimonio igualitario. O peor, que integrantes de colegios religiosos hayan amenazado, como lo hicieron, con retirarles la beca y echar de sus establecimientos a aquellos pibes cuyos padres se negasen a aportar firmas en contra de la igualdad de derechos.

Dijeron, a principios de 2010, que utilizar reservas del BCRA para pagar deuda externa casi
significaría el vaciamiento de la casa monetaria. Pero si uno bien mira, a la fecha de adopción de la medida que instrumentó dicho pago, las reservas monetarias ascendían a algo más de 46.000 millones de dólares. Y desde ahí hasta este julio que empieza a terminar, se pagaron 2.700 millones de dólares. Y aún con eso, el día 15 de julio de 2010 se llegó al récord histórico de dólares acumulados en el BCRA: 50.604 millones de dólares. Falló un poco ese pronóstico. Decían, también, durante aquella que fuera bautizada “la crisis de las reservas” (deberían haberla bautizado "intento de golpe de mercado"), que el problema no era con el fondo sino con la forma en la cual se tomó la decisión, por ser por medio de un DNU, y no como según ellos debía ser, a través de una ley formal del Congreso nacional. Pero al tiempo, el 4 de mayo de 2010, el Senado se abocó a tratar una ley (que no promovió el oficialismo, sino uno de los integrantes menos radicalizados del Grupo A, Carlos Verna) a efectos de liberar las reservas y subsanar los supuestos defectos formales, que no fue acompañada por los 72 senadores en ejercicio (sino por 41, varios de ellos trasversales, contra 29, o sea paliza), como debería haber sido si tan cierto fuera que todo el embrollo se debía a cuestiones reglamentarias y no de sustancia. Se le llama coherencia.

Decían que la conformación resultante del Congreso tras los comicios de 2009 daría mayor actividad al mismo –se sancionarían más leyes, parece que hasta 2009 se sancionaban pocas-, y traería la calidad institucional –porque parece que faltaba-. Lo primero no pasó, solamente hubo un festival de medias sanciones. Lo segundo, tampoco: así fue con la inconstitucional media sanción de la “ley del cheque” (eso a juicio de los insospechados de kirchneristas
Arístides Horacio Corti –especialista en Derecho Tributario, recomendamos enfáticamente leer ese hipervínculo- y Eduardo Barcesat –especialista en Derecho Constitucional, quien alguna vez denunciara la estrategia de las candidaturas testimoniales-), y el mamarracho jurídico que hubiera representado que se sancionase el ridículo proyecto de reforma de ley reglamentaria de los DNU, promovido por Margarita Stolbizer, que intentaba recortar por ley la facultad de veto que la propia Constitución Nacional asigna al Presidente de la República, que por suerte no pasó tal cual se pretendía de entrada. Ambas medias tintas duermen, hoy, el sueño de los injustos.

La pregunta es: ¿Se piensa, cuando se habla, desde que punto se parte; si correcto o incorrecto, si argumentado o meramente efectista? ¿O solo se tira por tirar, para generar mierda y enlodar el clima?

Porque ahora se ha puesto en el tapete, en esta tendencia insoportable de ir tirando temas uno tras otro únicamente a los efectos de generar cortinas de humo, la necesidad de llevar las jubilaciones al famoso 82% móvil. Y la verdad que es un tema, el del sistema previsional, que ciertamente pide una reorganización aún tras la acertadísima medida de estatizar la administración del mismo, demasiado delicado como para andar jugando. Incumbe a la vejez del hoy, a la cual se engaña con una promesa que así como está presentada es inviable, y a la del mañana, cuyo futuro sustento puede verse seriamente comprometido si la cosa no se hace con la seriedad que merece.

Primero, otro tipo que de kirchnerista tiene poco, Ruben Lo Vuolo, ha cuestionado que esa cifra, que parecería ser el número mágico (aunque, como de costumbre, nadie es capaz de profundizar por que de ello), sea la que efectivamente sea capaz de solucionar todos los problemas: "(...) Los economistas Laura Goldberg y Rubén Lo Vuolo estimaron que el valor de la jubilación mínima debería ser calculado en base al piso mínimo de la pobreza para las personas en edad pasiva, lo que requiere de un adecuado cálculo, descartando el que se define en términos generales. Las asignaciones monetarias indirectas (por caso, beneficios sociales del PAMI) y una canasta de bienes más complejas (mayor gasto en medicamentos) exigen una estimación particular. Goldberg y Lo Vuolo señalan, además, que el beneficio es individual, por lo que una pareja en edad de jubilarse gozaría de dos haberes, constituyendo un hogar con un panorama un poco más desahogado (...)" (
acá).

Segundo, porque de financiación se ha hablado nada. Es una obligación legal hacerlo, porque la
ley de administración financiera, en su artículo 38, establece que “Toda ley que autorice gastos no previstos en el presupuesto general deber especificar las fuentes de los recursos a utilizar para su financiamiento”, y de aprobarse, el proyecto opositor representaría un gasto no previsto en el presupuesto 2010. Y es, además, necesario, siendo que los estudios previsionales en general marcan que se necesitan 2,5 aportantes por cada jubilado, una proporción que en la Argentina se ubica en tan sólo 1,52. Esto tras que Néstor Kirchner decidiera, en su mandato, la inclusión de 2.300.000 jubilados (40% de la clase pasiva actual) que de otro modo hubiesen quedado olvidados de la vida previsional, no por culpa suya, por cierto, sino de todos aquellos quienes durante décadas se dedicaron a desquiciar el sistema previsional argentino –privatización, recorte de aportes patronales y descuento del 13% a los haberes mediante-, para querer ahora convertirse en los adalides de los pobres viejos. La propuesta de Lozano, de volver los aportes patronales a los niveles previos a 1993 cuando el recorte de Cavallo a los mismos, va por buen camino. La del resto del Grupo A, en el que también milita Lozano, no. Y no es el de Lozano el sector mayoritario en Resto del Congreso, sino el de la derecha, de quienes cabe dudar que tengan ganas de subirse a la onda de subir los aportes patronales a quienes no son sino sus propios patrones –más aún, a algunos de ellos les quieren bajar las contribuciones que hoy pagan, en alto contrasentido-. Más bien hay que pensar en que se busca forzar un veto impopular, el estallido mismo del sistema previsional o la aniquilación de la fenomenal herramienta que tiene a mano el estado para dinamizar la economía, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, de donde no se pagan los haberes, para el día de mañana, si es que llegan al gobierno, chillar por la mala herencia recibida.

Por último, cabe recordar que los firmantes de la propuesta de llevar las jubilaciones al 82% sin mención a como se financiará, aparte de todo lo ya mencionado, vienen con el pésimo antecedente de la discusión, acaecida en 2008, por la ley de movilidad jubilatoria. En aquella oportunidad, oficialismo y oposición presentaron distintas fórmulas de movilidad. Si bien ambas resultaron, a la sazón, insuficientes, la que promovían los opositores hubiese otorgado apenas algo más de la mitad de lo que ha otorgado hasta el día de hoy la que logró hacer sancionar el kirchnerismo (
ver). Y eso a pesar de que, por supuesto, se denostaba, desde la oposición, la fórmula que impulsaban los bloques legislativos oficialistas (ver).

Por eso, es una obligación, desde luego, dar la discusión por atender las necesidades de los jubilados, que la verdad que no son pocas. Pero tiene que ser de un modo más serio que simplemente lanzar al voleo una cifra que hasta se asume que será igualmente insuficiente –o sea, se propende realizar un gasto enorme para terminar por no dejar completamente satisfecho a nadie-. Y, sobre todo, cabe esta vez valerse del ad hominem, porque luce totalmente justa la descalificación de los promotores del proyecto en razón de sus antecedentes.

Bien dicen, después de todo, que un mal diagnóstico deviene en un pésimo tratamiento.

jueves, 15 de julio de 2010

Te quiero un poco más que ayer, pero ojala menos que mañana

14 de julio, se aprobó la posibilidad para la comunidad homosexual de contraer matrimonio. Justo en la fecha en que se recuerda, “igualdad, libertad y fraternidad”, un nuevo aniversario de la Revolución Francesa.

Dos hechos que remiten a luchas distintas e iguales a la vez. La lucha por los derechos, de cualquier tipo que sea, pero que en el fondo están atravesadas por la misma pelea: la equiparación de derechos ciudadanos, que se conquistan una vez que, a través de la lucha, se pone en evidencia que solamente se trata de reconocer su existencia.

Los seres humanos creemos nacer iguales. Así debería ser, en rigor de verdad. Distintas circunstancias operan en detrimento de ello más que muchas veces. Existen algunos más iguales que otros.

La decisión del Senado va en dirección a reducir dichas desigualdades, y más, porque se ha asestado, también, un duro golpe a determinados corporaciones que se exceden en sus cometidos e intentan que las instituciones satisfagan sus intereses propios, cuando ellas están llamadas a ser el necesario contrapeso que equipare las diferencias a que arriba se hace referencia.

Y nunca estos procesos se dan en calma, paz y tranquilidad. Se interpela al poder fáctico, porque es él quien en su etapa de predominio logra imponer su verdad relativa como verdad absoluta. Es lógico, así las cosas, que salten, y que, conmovidas estructuras sociales presuntamente bien asentadas, intenten sostener su predominio.

Así fue cuando las dos veces que se sancionó el divorcio vincular, cuando se equipararon los derechos de los hijos matrimoniales con los que no lo son, cuando se le dio a la mujer el derecho al voto: siempre el poder fáctico en contra de las masas que clamaban ser incluidas. Y, también siempre, agitando los peores fantasmas, jamás subiéndose a discusión ninguna.

Pioneros, como tantas otras veces, los primeros en Latinoamérica en ampliar este tipo de derechos, esto se trata de que se pudo plasmar lo que tantas veces desde la dialéctica cuesta poner en concreto, como para tener la certeza de que para algo sirve estar movilizado.

Lo más triste de esta historia: la forma en que se intenta atemorizar a quienes apoyan los cambios pero quieren, de buena voluntad, que ello ocurra sin la tan mentada crispación, agitada en este caso por parte de la jerarquía eclesiástica, que no dudó en mover a los suyos a agitar –y por boca propia también- a peleas que se nutrieron de conceptos por demás aberrantes, insustanciados y que traen a lo jurásico.

En definitiva, hoy la democracia es un poco mejor que ayer, porque incluye a mayor cantidad de ciudadanos de lo que lo hacía, y porque ello se dio con instituciones liberándose de presiones inaceptables a esta altura en un estado de derecho.

Y triunfó la democracia porque se dedico a ponerse, con su accionar, del lado y en favor de quienes, se supone, es que ha sido concebida su creación: sus ciudadanos, todos, no solo una parte de ellos.

Bien fue dicho en la sesión de ayer que las diferencias entre las personas no pueden sustentar desigualdades de derecho. Y es por eso que no podía aceptarse nada que no fuese incluir a todos en el mismo instituto, como a nadie se le ocurrió, en su momento, nominar de otro modo al voto femenino a pesar de las diferencias existentes entre un hombre y una mujer.

Todos somos diferentes entre nosotros, pero el estado no puede pretender marcar tendencia en cuestiones que hacen a un plan de vida privado, cuestión alrededor de la cual desde hace bastante existe la certeza de no requerirse más que la voluntad de cada individuo para ser determinado.
Cada vez más, rige en Argentina una sola ley: la nacida de los órganos populares de gobierno, menos elitista, menos influida por intereses particulares, una ley a traves de la cual es cada día más posible pensar en que sirva para igualarnos a todos.

Los derechos de cada uno terminan donde empieza el del otro, frase trillada si las hay, en este caso a nadie afecta la ampliación de derechos más que a la muy discutible moral cristiana que no puede ni debe tener más ninguna preponderancia en un estado que es laico y que no debe preferencias a nadie en la sola razón de su credo.

Y uno entiende y respeta que haya personas que estén en contra de lo anoche aprobado. Lo que no se justifica es que senadores que cumplir y hacer cumplir en cuanto de ellos dependa la Constitución Nacional, no hayan sido capaces más que de balbucear dogmatismos o convicciones personales, que no es precisamente a lo que deben fidelidad como funcionarios de la ley que son, y la cual no tienen porque imponer a los demás, sobre quienes tienen la potestad de hacerle nacer o no un derecho, nada menos.

Da cierta bronca como se manejaron los que se oponían a este tema: por la descalificación; por el uso que hicieron de los pibes, por los que poco se preocupan cuando son violados por los tipos a quienes siguieron ciegamente en pos de negarle derechos a sus prójimos; porque son, en gran medida, quienes se llenan la boca con diálogo, amplitud y consenso, para terminar burlando reglamentos, argumentando la nada y descalificando a más no poder.

En aras de saciar su odio irracional contra esto que interpretaron y pretendieron vender como si se tratara del fin del mundo, se agarraron del odio que muchos de aquellos en quienes calan hondo los mensajes eclesiásticos tienen por Kirchner. Esto no fue ninguna ley K, y si lo hubiera sido, de todas formas eso no tiene nada de malo, porque acá lo importante era, es y seguirá siendo la ampliación de derecho.

Si acaso Kirchner llega a capitalizar algo de todo esto, será eso pura y exclusiva culpa de quienes tuvieron la brillante idea de elegir por contrincante a quien esta vez no estaba subido al ring (o no encontraba como hacerlo hasta que le entregaron la oportunidad servida en bandeja). Mientras se ocupaban de pegarle a Kirchner, los verdaderos ganadores de esta contienda –los organismos que, desde abajo, como siempre se hicieron las cosas grandes- se ocuparon de fatigar cuanto espacio pudieron para construir el famoso consenso, y entonces muchos se dieron cuenta de que los argumentos estaban en otro lado.

Lo único que se puede decir del kirchnerismo es que es el movimiento que, bien o mal, guste o no, propició el retorno del debate político. Y que sin eso, no hubiese habido esto. Jamás se dio un cambio en procesos que negasen a la política como instrumento que posibilite el mismo, para resolver los conflictos cuya existencia uno simplemente debe reconocer, porque que existen, existen, no somos todos amigos, no nos queremos todos entre nosotros: los partidarios del fanatismo católico se encargaron de dejar eso bien en claro.

El valor simbólico de lo vivido por estos días abre un espacio enorme para ir a pelear todos los días por más cosas, porque claro que faltan muchas cosas, pero ahora está la cancha abierta, y el camino es salir a jugar el partido.

De cualquier forma, y por lo menos para quien escribe, hay en Argentina, desde ayer, una democracia mejor, fortalecida. Y eso se dio gracias a la lucha –en el buen sentido de la palabra-, y en razón de quienes fueron los que la llevaron adelante. Y sobre todo, por quienes fueron los verdaderos interesados en que nada de esto sucediera: la democracia se liberó de ellos, de sus presiones, que flaco favor le hace a la institucionalidad.

Pablo Daniel Papini cree que desde ayer vive en un país un poco mejor que ayer, y que este proceso marca el camino de cómo hacer que sea mejor mañana.

martes, 13 de julio de 2010

Muchos debates, el mismo debate

Entre las más importantes cuestiones que tiene a evaluación el Congreso por estos días (82% móvil, Consejo de la Magistratura, eliminación de los superpoderes del Jefe de Gabinete, supresión de las facultades delegadas, disminución de las retenciones, matrimonio igualitario), y por loco que suene por las diferencias existentes entre todas ellas, subyace una misma intentona: poner en cuestión el papel del estado como regulador y arbitro de las relaciones sociales.

Luego de desechado, por su rotundo fracaso, el paradigma neoliberal que logró reducirlo a la más mínima expresión de que se tenga memoria, actualmente el estado interviene más, con mayor diversidad e intensidad, y –aunque, es cierto, no todo lo que uno quisiera- mejor.

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Se plantea la necesidad de llevar de un saque los haberes jubilatorios desde el monto actual al famoso 82% móvil (¿por que esa será la cifra mágica?), sin hacer referencia a la fuente de financiamiento –o dejando picando las ganas de hacer volar por los aires la administración recuperada de ANSES, o quitándole al gobierno la herramienta que representa el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, de donde no se paga ni nunca se pagaron las jubilaciones, se lo mismo-.

Algún sector de Resto del Congreso ha planteado cubrir el bache –o sea, reconocen que lo habrá- por medio de la suba de los aportes previsionales al nivel que tenían en 1993. Pero mueve a la risa creer que la derecha del Grupo A acompañará en esa al sector que juega a que es de izquierda, si uno recuerda como se hicieron en los pantalones cuando la rebelión de la corporación agro-mediático-financiera en la disputa por la 125.

Tanto como mueve a la risa que esto lo propongan quienes cuando fueron gobierno se ocuparon de desquiciar el sistema previsional, lo privatizaron, se negaron a re estatizarlo, o que, directamente, cuando se vieron en la supuesta necesidad de hacer un recorte, por lo primero que fueron fue por el haber jubilatorio (el 13%).

Todo esto, al tiempo que se busca desfinanciar las arcas nacionales de lo que percibe por derechos de exportación –consagrado, mal que le pese a muchos, en el artículo 4º de la Constitución Nacional, y no por CFK-, y se quiere atar de pies y manos a la administración nacional con la imposibilidad de reasignar partidas por un monto escasísimo, moviéndolas allí de donde no están siendo usadas, para destinarlas adonde llaman las necesidades.

“O forzamos el veto impopular, o estalla todos por los aires mientras ellos pagan el costo político”, es el pensamiento de cualquiera de los gerentes que las corporaciones del establishment tienen alquilados y que están anotados en los diversos “partidos” del Grupo A.

Así las cosas, de un lado tenemos a aquellos que lograron para el estado mayor capacidad de acción -y con eso, grandes resultados: baja de la pobreza, de la desocupación, de la deuda externa, la mayor cantidad de aumentos de la mínima, llegar a la cobertura previsional más amplia de Latinoamérica-.

Y del otro, quienes promueven un imposible porque está ausente el amplio debate que merece la reformulación del sistema previsional todo –hoy in sustentable, aquí y en todo el mundo-, a pedido de las corporaciones agro-mediático-financieras que desean tener a mano ellos el dinero que hoy bien se invierte para alimentar el circulo virtuoso del crecimiento económico –que lleva siete años consecutivos, y contando-, como hace días se reveló hizo Clarín, en lo que constituyó, eso sí, una verdadera estafa al sistema previsional.

Vale la pena recordar que vivimos en un sistema presidencialista, en el cual es el ejecutivo el que genera el proyecto de gobierno, el cual el Congreso debe limitarse a aprobar o no, más nunca a elaborar uno alternativo y en contra de lo consagrado como potestad al ejecutivo.

De lo que se trata, es de un estado sometido. En este caso, en el plano económico.

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Segundas Lecturas ya varias veces ha sido claro al respecto del Consejo de la Magistratura: aquí se está en contra de la existencia misma del órgano. Repugna la sola idea de que haya minorías elegidas por nadie decidiendo al respecto de cuestiones institucionales. Esa es y debe ser tarea únicamente de los representantes del pueblo, en honor al escrutinio popular y al principio de control entre los poderes: pareciera que los jueces tienen el derecho de controlarse a sí mismos, mientras para los poderes políticos rigen los controles cruzados.

Años ha perdido, en el buen sentido de la palabra, la doctrina jurídica en buscar la forma de cómo involucrar lo más posible al pueblo en la elección del menos representativo de los poderes, el de los jueces. En ese sentido, el Consejo de la Magistratura, el K o el de “la” oposición, va en contra de toda lógica de sustentabilidad popular del mismo.

Lo ideal sería promover una reforma constitucional en la que se retorne al sistema anterior de designación y remoción de jueces. Mientras tanto, el proyecto que tiene media sanción del Senado, incrementa la participación corporativa de organismos que, encima, prestaron inestimable colaboración durante las distintas dictaduras que se sucedieron.

Las argumentaciones esgrimidas por las facciones de “la” oposición para sustentar la supuestamente impostergable necesidad de reforma del Consejo de la Magistratura, reflejan la canallada de que se trata: desde acaecida la reforma K de 2006, en un porcentaje superior al 95% las decisiones tomadas por el órgano lo fueron en forma unánime.

Estado dominado por las corporaciones, aquí en el plano institucional.

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Lo más aberrante que este comentarista haya visto desde que tiene memoria es la cruzada entre asquerosa y vomitiva que han emprendido los sectores más retrógrados de la sociedad, en contra de la igualdad de derechos para las parejas homosexuales movilizados por la iglesia de Bergoglio –no solo, pero sí mayoritariamente-, quien sabe mucho de ocuparse de convocar a guerras “de dios”, desprestigiar a los poderes constituidos, o calificar como representantes del diablo a quienes a él se le ocurra, pero poco de ocuparse de la pedofilia en que incurren sus secuaces, o, por poner otro ejemplo, del trabajo en negro que promueven sus socios de la UIA y/o los caporales la Banda de Enlace.

Basta ver el manifiesto cuasi martinezdehozista que Bergoglio (que sería de entre los sacerdotes moderados, ¿como serán los duros, pues?) se dio el lujo de ofrecer a la sociedad en compañía de la plana mayor de las fracciones más reaccionarias de esta sociedad, representados por Roberto Dromi: impresionante. Da miedo solo de leerlo. Uno se reafirma oficialista ante la sola imagen de tanta basura, y encima fracasada, toda junta.

No se han oído razones respetables para sustentar el rechazo, por fuera de apelaciones a cuestiones retrógradas, cuestiones supuestamente naturales, tradiciones precámbricas, negaciones de la realidad, defensa de una familia que ya no existe como tal –al menos no únicamente-.

Ok, cada cual puede pensar lo que le de la gana. Lo que resulta a todas luces inadmisible, es que la iglesia, de cualquier credo que sea, se arrogue el derecho de ir a apretar legisladores como ya tienen por costumbre sermonear presidentes en esa ceremonia entre monárquica y esperpéntica que son los Tedeum.

¿Quiénes creen ser Bergoglio y los suyos para darse el lujo de mandonear a los representantes del pueblo? ¿Y pueden estos ser tan pelotudos de dejarse? ¿Todo esta presión y creación de clima beligerante -creado por la iglesia, que quede claro, no el gobierno, que encima ni es autor del proyecto- por una palabra de mierda?

Es la historia de este país, en el que la iglesia católica, en un estado laico, se ha opuesto, sucesivamente, a la integración de la unión marital al Código Civil, a la primera inclusión de la posibilidad de divorciarse sancionada durante el primer peronismo, a la equiparación de los hijos matrimoniales con los extramatrimoniales, a la segunda sanción de ley de divorcio, durante el alfonsinismo. Todo, como es de rigor y costumbre, anunciando catástrofes nunca cumplidas: en general la destrucción de la familia y la sociedad.

Rige la confusión entre lo que es la ley de la iglesia y la ley civil, de ahí que se hable del matrimonio como “sacramento”, cuando lo que aquí se trata es de modificar un acto jurídico propio del derecho de familia. Que sean homónimos, poco importa. En todo caso, con o sin ley, la iglesia podrá persistir en su negativa a tratar a todos por igual y negarle la entrada a la casa del santísimo –a pesar de que este jamás se haya pronunciado en contra de la homosexualidad-. Lo que no puede es pretender tener al estado haciéndole sus caprichos.

El Grupo A en su casi totalidad –más allá de la teatralización radical, con un par que juegan a que están de acuerdo- y los alfiles mas conservadores del Frente Para la Victoria están muy con la postura de las jerarquías eclesiásticas.

Parece mentira que haya que explicar que extender la protección jurídica del matrimonio a los ciudadanos homosexuales no creará más de ellos: de lo que se trata es de operar sobre una realidad a la que el estado, a diferencia de la Iglesia, no puede darle la espalda, las miles de personas que están borradas de la protección legal de que sí gozan los heterosexuales, discriminación a todas luces irrazonable, en tanto el estado no debe ni siquiera sugerir un modelo de vida a seguir, este camino es de libre opción para la ciudadanía.

Mucho menos se puede sostener que sea posible legislar la posibilidad con un nombre distinto, el engendro de la unión civil, que encima no contemplaba, como se decía, los mismos derechos que el matrimonio. Significa que el estado acepte diferenciaciones en base a criterios demasiado discutibles, no es exagerado compararlo con el apartheid sudafricano. El colmo de la barbaridad fue la propuesta de plebiscitar la ley: bien justo para que la mayoría sepulte a la minoría que clama ser atentido legalmente. ¿Como era eso de lo aberrante de llevar gente en micros a los actos públicos?

Al final, minga de diálogo y consenso cuando de defender la posición de privilegio se trata. Y menos de respeto por las opiniones diferentes: al que esto promueve lo manda el diablo, y si nos lleva la contra se va para afuera de la casa, como le pasó al sacerdote cordobés.

Estado maniatado por corporaciones, ahora en cuanto a derechos y libertades.

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Uno cree que en esta etapa, bastante particular por cierto, de la historia, todos los debates están atravesados por la misma disyuntiva: profundizar el modelo democrático y ponerse del lado de un poder consagrado popularmente que sirva de contrapeso del poder de los actores más poderosos de la sociedad. O nos resignamos a someternos a la cadena de la dominación y tomarla como perpetua, natural, racional, y otras tantas… verdades más.

lunes, 12 de julio de 2010

Un campeón a la medida del nuevo fútbol

Justo en el peor mundial de la historia (en cuanto a nivel de juego y/o disfrute de los partidos, cabe aclarar), sale campeón el mejor equipo (también en lo que a estética se refiere) desde aquella Francia campeón 1998, y aún lo supera. En realidad, vienen siendo malos los mundiales desde Italia `90 -antes, generalmente, fueron todos muy satisfactorios-, y cuesta no asociar el descenso en el nivel de juego con la ampliación de participantes que la FIFA ha ido disponiendo -de 16 a 24 primero, de allí a 32 hasta el día de hoy- en razón de que sus distintos presidentes paguen los favores que países menos desarrollados le hacen votándolos período tras período, países, la mayoría de ellos, no aptos para la gran cita.

El mundial en sí, dejó poco y nada. Mayormente se jugó feo, aburrido. Pero no necesariamente mal, porque hubo equipos con planteos interesantes y bien desarrollados, lo cual es justo destacar: además del campeón, Alemania, Holanda, Uruguay, Paraguay. Es decir, pusieron en práctica un plan que pudieron llevar a cabo en cuanto tenían previsto. Eso es jugar bien. Si gusta o no, ya pasa a un plano subjetivo de la discusión, desde el cual nadie merece ser interpelado. Hay que decirlo: cualquier sistema sirve si está bien ejecutado.

La mayoría de los jugadores llamados a ser las figuras de este torneo que acaba de terminar, fracasaron: Rooney, Cristiano Ronaldo (estos dos decepcionaron muy por sobre todos), Kaká (muy golpeado físicamente), Messi (hizo hasta donde pudo fuera de su puesto, hasta que enfrentó a un rival que le hizo sentir el estar lejos de la zona donde mejor rinde), Niño Torres (este zafó porque al menos levanto la copa, pero no pudo festejar ningún gol, tal cual el nueve titular de Francia campeón modelo `98, Stephane Guivarc´h).

Entre todos ellos, hay un denominador común: por una u otra razón, estaban requeridos de ser “héroes”, tipos que sacaran a relucir sus virtudes individuales cuando los funcionamientos de sus equipos cayeran. Salvadores, en definitiva.

Y por el contrario, destacaron jugadores que fueron útiles como parte integrantes de una estructura que era más importante que cada una de sus piezas: Muller –que dejó la posición de mediapunta por el centro, para ir al extremo derecho-, Sneijder –jugador de toda la cancha, ataca y defiende con una intensidad que asombra-, Forlan –se sacrificó varias veces a dejar el área, hizo jugar a los suyos-, Schweinsteiger, Xavi e Iniesta –vitales todos ellos en el primer toque, por eso son mencionados juntos-, David Villa –igual de útil como puntero por izquierda metiendo la diagonal, que como nueve arrastrando marcas-.

Esos fueron los más destacados, y hubo otros que merecen menciones honoríficas, por sus muy loables sacrificios de brillantez propia (la que demuestran en sus equipos) al servicio de una causa superior, el andamiaje de la cosa: Dirk Kuyt –muy por sobre todo el resto, tipo que juega siempre de lo que ponen y nunca por debajo del aprobado, bien que tampoco será figura seguido-, Lucas Podolski –corre a los rivales cual si fuera el primer defensor-, Luis Suárez –primer marcador uruguayo, incansable generador de espacios-.

Otros a mencionar y destacar son los arqueros Casillas y Neuer –de Alemania-; los defensores Ramos, Puyol y Piqué de España (cada uno en la suya: Ramos por juego y proyección; Pique por su solvencia y sobriedad; Puyol por su fiereza), el brasilero Maicon (el mejor lateral derecho que vio este comentarista en su vida), otros buenos laterales como el uruguayo Fucile y el alemán Lahm (como extraña argentina laterales siquiera de estas módicas habilidades); Los mediocampistas defensivos Diego Perez de Uruguay –sabe todo, marca y juega, una especie de Sneijder uruguayo-, Khedira –un cincazo que Alemania sacó de sus juveniles- y Sergio Busquets –José Nunca Una de Más-.

Del repaso de los nombres que fracasaron y de quienes triunfaron, surge el nuevo paradigma que se impone en el fútbol: el todo por sobre la suma de las partes; el colectivo por sobre lo individual; la maniobra de conjunto y asociada por sobre la aventura del crack. Incluso el holandés Robben, más de llevarla pegadita al pie y buscar la gambeta hacia adentro, encontró contención en el armado y supo encajar: por ejemplo, su gol de cabeza a Uruguay, Martín Caceres ese día le controló bárbaro cada pie a pie que propuso el zurdo de Bayern Munich. Todo eso no porque sí. Llegó el 4-2-3-1 como número telefónico para el dibujo inicial -lo usan campeón, subcampeón y tercero-. Esto permite juntar varios hombres ofensivos y de buen pie: uno de los dos volantes centrales, los tres hombres de enlace y el punta de referencia (Xabi Alonso, Xavi, Pedro, Iniesta y Villa en España; Van Bommel, Robben, Sneijder, Kuyt y Van Persie en Holanda; Schweinsteiger, Muller, Ozil, Podolski y Klose en Alemania). Requiere, además, un cinco limpia parabrisas, casi libero delante de la línea de cuatro del fondo, de la cual parten los laterales constantemente para apoyar el juego en los costados de la mitad del campo. Para sumar tanta gente que piense más en el arco de enfrente que en el propio, para albergar dentro del mismo once tanto atacante junto, hace falta que todos y cada uno de los elegidos, sean capaces de servir a un ideal superior. Cumplir una función complementaria, si fuera necesario, cuestión que posiblemente conspire contra su lucimiento personal. Entonces vemos delanteros corriendo a su marcador cuando es necesario que así sea (Bielsa lo planteó ya en su ciclo con la orden a Ortega de perseguir a Roberto Carlos), mediocampistas de toda la cancha, "5´s" goleadores, centrales como Pique y Puyol, que apoyan y oxigenan el armado de juego.

Así las cosas, el fútbol que se vio en Sudáfrica 2010. Así las cosas quien ganó este mundial. España llena el formulario descrito en el párrafo anterior la perfección, y más también, porque agrega a la cuestión táctica/estratégica una partitura futbolera de desarrollo agradable, al menos a los ojos de este bloguero –uno a veces cae en la tentación de calificar como bueno lo que es meramente un gusto-. El tema está en que España utiliza eso en función de algo y no como mero Tiki-Tiki. España tiene en su buen trato del balón y paciencia para hacerlo como medio y no como fin. Le falta profundidad, a veces se entretiene más de lo conveniente, pero sacó una luz de ventaja sobre el resto, en cuanto que su idea siempre logró maniatar a la de sus rivales.

Otro ítem que queda como enseñanza es la conveniencia de la apuesta a largo plazo. España mantuvo su idea desde obtenida la Euro 2008, pese a que cambió a Aragonés por Del Bosque en la banquilla; Alemania y Holanda son casi las mismas de 2006 (los teutones arrancaron su proceso en 2002, con subcampeonato; y ahora llevan dos bronces consecutivos; y hoy su plantel está formado por un tercio de valores surgidos de sus seleccionados juveniles). Brasil, a pesar de la increíble derrota que sufrió contra Holanda en cuartos de final (luego de jugar lo que, a juicio de este escriba, fueron los mejores 45 minutos de un equipo en este mundial, bailaba a los naranjas y le ganaba 1-0, que bien pudieron ser tres o cuatro), sembró la semilla de cambio por la misma senda, relegando un poco jogo bonito, apostando a sus juveniles.

Teléfono para todo el fútbol argentino, no solamente para Diego Maradona, al que ahora todos quieren endilgarle males que le exceden y anteceden.

Las enseñanzas que deja Sudáfrica 2010 pueden ser el punto de partida de la refundación del fútbol argentino, si se toma en cuenta el ejemplo para trazar un camino nuevo. Mal empezamos si pretendemos buscar un único culpable, o si buscamos las causas de la frustración –la menor, de todas formas, desde el mundial `90- en donde no van a encontrarse, como en las supuestas peleas de los jugadores: Boca campeón del mundo versión 2000 casi tiene una pelea a trompadas entre sus jugadores y sin embargo a las veinticuatro horas se consagró igual. Se trata del juego, los proyectos, el planeamiento, estúpidos –no va esto ni para los veintitrés del plantel ni para el cuerpo técnico-.

Nos guste o no, cada vez más esto se ha vuelto elaboración, estudio, planeamiento, interdisciplinar. Y sin embargo, puede aparecer alguien que alegre la vida, como lo hizo el ahora campeón del mundo.

Salud, joder, ¡y olé!

domingo, 11 de julio de 2010

Un equipo acorde a la competencia

Está claro que la Copa Davis nunca pudo -ni nunca podrá- analizarse con la lógica que rige en el circuito abierto. En ella, el tenista más pintado se le anima a hacerle (y de hecho le hace) partido a otros que arriban precedidos de mejores desempeños coyunturales y mayor trayectoria en sus carreras individuales. Siempre ha sido así. La localía, la presión de la gente que se encolumna detrás de su equipo nacional en toda gesta deportiva, las superficies poco habituales, en fin. Un sinnúmero de cuestiones inciden en cada serie que se disputa.

Hoy, a diferencia de otros años, Argentina tiene menor cantidad y calidad de jugadores a los cuales acudir para formar su equipo, muy lejos de aquellos días en que los cuartetos los integraban cuatro top ten. Y sin embargo, ha obtenido sendas victorias ante Suecia y Rusia como visitante, sorprendiendo a muchos, porque en ambos casos iba de punto.

A pesar de todo esto, no deja de sorprender el triunfo de Argentina frente a Rusia en los cuartos de final de la edición 2010 que acaban de disputarse en Moscú este último fin de semana, en el que, más que festejando lo que sin dudas es un triunfo histórico del equipo de tenis (le quebró a los rusos un invicto de quince años como locales en Davis, logrando el sexto arribo a semis en nueve años desde el ascenso en 2002 al grupo mundial), uno suponía estar comiéndose las uñas con la selección de fútbol en los últimos días de competencia mundialista.

Con un David Nalbandián soberbio (ganó sus dos singles), sobre quien ya huelga abundar en mayores elogios de los que se le han hecho cuando se habló del triunfo en primera ronda ante Suecia. Su compromiso innegociable con el equipo de Davis, un fenómeno contracultural (le importa más eso que su carrera individual); su talento, una constante; su espíritu amateur, conmovedor; sus huevos, grandes como la ensaladera de plata.

Con un capitán, Tito Vázquez, que se revela muy pillo para armar las estrategias para afrontar cada serie, mover las fichas de que dispone (administra la mayor escasez de talento y ranking individual desde el retorno del equipo a la elite), e infundir a sus elegidos la necesidad de sentirse igual de importantes que sus competidores de mejores andadas en el circuito.

Vázquez piensa en un equipo, una estructura, en la cual todos puedan aportar algo: he allí la idea de armar un dobles sin David. Es muy necesario eso, no se puede ganar esta competición sin el concurso de los cuatro elementos que componen el equipo, solo con Nalbandián no alcanzará jamás. Valga como ejemplo que, igual que en esta serie, en la final de 2006 también ante los rusos, y en el mismo escenario, David ganó igual que ahora sus dos singles. La diferencia fue, esta vez, que hubo otro/s (Zeballos-Schanwk, los integrantes del dobles; como ante Suecia lo había sido Leonardo Mayer en uno de los singles del primer día), capaces de aportar el granito de arena que faltaba, que faltó aquella vez, los cinco centavos pa´l peso que vienen negando el sueño de la ensaladera.

Tan paradójico es todo en materia de Copa Davis, que teniendo este año un sorteo mucho menos favorable que en aquel fatídico 2008 -todas las series de local-, aquella vez no hubo ningún triunfo tan cómodo como pudiera pensarse, y se perdió la final contra España luego de haber hecho cambio de sede y superficie para complicarle la vida al rival en aquella serie (cosa que, pese al resultado, fue correcta, nadie podía prever la lesión de Nadal, en contra de quien se elucubró la maniobra principalmente. Ferrer, el otro singlista, sufrió a lo perro el primer single, no así Verdasco y Feliciano, más aptos para pistas rápidas). Y este año, en cambio, con todos los astros que parecían en contra de Argentina, por mandarla a todas canchas cerradas y rápidas, de repente los cáminos se empiezan a abrir: una nueva camada sin tanto miedo a las frías carpetas, por ejemplo.

Ahora vendrá Francia, nuevamente de visitantes, como en todas las series de esta edición 2010. Puede que reaparezca Del Potro, sumará jerarquía para el single número dos (el uno, independientemente de lo que digan los ranking, es David Nalbandián). Habrá que ver, pero de todas formas, vale decir que este presente en la Davis, se parece mucho más a la estructura de un equipo copero, independientemente y más allá de lo que específicamente dice la inmensa trayectoria en el ítem de su cada vez más soberbio (en el buen sentido de la palabra) as de espadas.

miércoles, 7 de julio de 2010

Y a pesar de todo… (Reflexiones acerca del primer aniversario de la derrota oficialista en las legislativas del 28 de junio de 2009)

Un poco por falta de tiempo y otro poco por decisión propia, el análisis en torno al aniversario de la derrota kirchnerista del 28/J/09 se retrasó una semana. Hay un tercer motivo para esto: los escasos o nulos resultados obtenidos por las distintas coaliciones triunfantes en aquella elección legislativa en el año que transcurrió.

Pugnaban dos lecturas respecto del resultado los comicios por aquellos días: la que directamente decía que el gobierno no llegaba a 2011; y otra que sostenía que “había que hacerlo llegar”, entendiendo lo entrecomillado por “te podes quedar, pero haciendo lo que se te dice” (porque muchos han sostenido que la única voz que hay que oír es la de 2009 y que la de 2007, que consagró presidenta a CFK, no interesa nada).

Pero, ¿por qué en el primer párrafo se habla de nulos resultados? Bueno, por partes. Los distintos candidatos opositores poco profundizaban en la campaña de 2009 en cuanto a propuestas y oferta de trazos alternativos al kirchnerismo. Hablaban de la “calidad institucional” –que supuestamente falta(ba)-, el “aislamiento internacional” –el más evidente de todos sus ardides- y los problemas que –siempre en el plano de los supuestos-, tenía (o tiene) “el campo”. Pero todo muy superficial.

Así que como no fuera por inferencia o deducción del real significado de los mencionados postulados/slogans de campaña o por alguna línea que se tiraba desde los editoriales de Clarín y/o La Nación; con más un par de prudentes ejercicios de revisionismo histórico respecto de las trayectorias de los postulantes, en concreto había poco y nada. Más nada que poco.

Lo que sí, jugado el partido en el terreno mediático y con las cadenas corporativas del establishment operando fuertemente en contra del oficialismo, todo lo que el gobierno advertía respecto de sus adversarios (incurriendo en un error de campaña, nunca se debe apelar al caos, por más que el otro ciertamente lo represente), fue hábilmente disfrazado.

Pasadas las elecciones, y hasta la asunción de los triunfadores de junio –que se produjo en diciembre en virtud del adelantamiento eleccionario- con facilidad, y a partir de allí hasta hoy con mayores dificultades, el gobierno retomó la iniciativa: de gestión sobre todo (ley de medios, futbol para todos, Asignación Universal por Hijo, pago de deuda con reservas, refinanciamiento de deudas provinciales, designación de Marcó Del Pont, entre muchos otros); y también política, donde empezó a rosquear más y mejor (asados varios, con empresarios, con el sindicalismo, con la tropa legislativa propia, con gobernadores que lo quieren mucho, poco, poquito y nada).

Un oficialismo golpeado, pero galvanizado internamente, sólido, estructurado, cohesionado en torno a un liderazgo y con un proyecto -sustentado en acción y archivo- que ofrecer; frente a una oposición fragmentada, sin unicidad, organicidad ni conducción (hecho que le valió la denominación de Resto del Congreso –de Diputados o del Senado, según el caso- por parte de Segundas Lecturas, por las tan numerosas como distintas entre sí fracciones que lo componen: PRO, PJ de derecha, UCR, Proyecto Sur, Libres del Sur, Socialismo de derecha, CC, GEN –agua y aceite, Pino y Pinedo-).

Por si todo ello fuese poco, le cuesta a “la” oposición (entre comillas porque hablar de eso como si se tratara de un todo orgánico, sería demasiado antojadizo) sincerar voluntades, siendo que prometió en campaña tanto no llegar para poner palos en la rueda al gobierno, cuanto no representar el retorno al neoliberalismo o la restauración conservadora.

La verdad es que en todas y cada una de las discusiones que se dieron desde el 28 de junio, tanto las ya mencionadas que promoviera el gobierno cuanto el festival de medias sanciones que a duras penas ha conseguido la oposición (ley del cheque, ley reglamentaria de los DNU, Consejo de la Magistratura en base a mentiras –de esto hablaremos en un pronto post-, dictámenes de reforma del INDEC y del 82 % móvil para los haberes jubilatorios), se dejó ver, y muy a las claras, que los fantasmas agitados en la campaña, de fantasmas tenían poco. “La” oposición es la derecha, por mandado encima, y santas pascuas.

Obligar al oficialismo a ajustar, retroceder en la tarea de desmontar el modelo construido a partir de 1976, olvido y perdón para los genocidas del proceso y sus aliados civiles, freno a la redefinición del rol del estado interventor, intento de instalación forzada de un país crispado y aislado. Todos las deseos que, con dificultad, intentan promover los esperpénticos representantes del archipiélago opositor para contentar a la Corpo mediática que los instruye y sin la cual no tendrían cabida alguna en la escena pública (cuesta creer que Silvana Giudice, Patricia Bullrich, Oscar Aguad, Fernando Iglesias, pudieran figurar como no fuere por su servilismo al establishment agro-mediático-financiero).

Esto se vio patente en el fallo por medio del cual la CSJN liberó la ley de medios de la ridícula e ilegal suspensión que sufría: los cortesanos mandaron –claro que muy elegantemente- a freír churros a un diputado que acudió a estrados en representación y defensa de los señores de los poderes fácticos (Wainfeld dixit). “Que vengan ellos si quieren algo, ustedes están para otra cosa”.

El rejuntado sucumbió una y otra vez, porque le costaba (le cuesta) pararse en las discusiones. Por incapacidad política (el peor de los hombres del oficialismo le pinta la cara sin la menor dificultad al opositor que sea que se le pare enfrente, remember Boudou vs. Morales) y porque no atina a encontrar un relato que le rinda: que no lo muestre impopular por todo lo funcional que es al verdadero antagonista del modelo K, o sea el establishment agro-mediático-financiero (con la guía principal, aunque no única, de Clarín) y todo lo que representa; pero que, al mismo tiempo, le sirva para mostrarse como alternativa no repugnante al piso construido por el kirchnerismo, con algo más que los discursos vacíos de “la calidad institucional, el diálogo y consenso”, que no mueven el amperímetro ni le cambian la vida a nadie. Menuda tarea. Sin eso no hay política.

En resumen: el kirchnerismo está, a un año vista de lo que se creía su episodio final, bastante mejor de lo que imaginaba. Tanto que hasta los mismos que el año pasado lo anunciaban muerto, ahora advierten sobre sus chances ciertas de triunfar en 2011, dato no poco significativo: ¿de cuántos otros movimientos políticos se ha sabido que tengan semejante expectativa, con dos mandatos, siete años y varias peleas deslegitimadotas cargando sobre el lomo?

He allí, en las ciertas posibilidades que tiene el kirchnerismo de seguir dando pelea, la semilla de la aversión que genera, hoy desatada a niveles demenciales más por parte de las corporaciones comunicacionales que otra cosa cual se apreció en los festejos por el bicentenario, en los que cayó el mito de “una Argentina crispada” (y que, justamente por eso, da lugar a que el periodismo dominante invente persecuciones, ataques, escraches, censuras y otras tantas mentiras, justo en el período de mayor libertad de prensa –si por esto entendemos cantidad de lugares en los que se putea contra el gobierno- que se recuerde).

Con todo, hay algo no menor de lo que alegrarse (al menos quienes, como uno, siguen creyendo en el kirchnerismo). Y es que si genera dificultades para el arco anti K mostrar una alternativa real a esto que se vive (que no es mucho, pero es más que lo que se haya visto desde 1983 a la fecha), es porque debe haber la certeza de que bastantes de las cuestiones que promovió este gobierno ya han sido internalizadas como buenas por el grueso social. Pavada de logro, ¿no creen?

lunes, 5 de julio de 2010

Prueba Nº 5. El dolor de ya no ser. Argentina 0 - Alemania 4

Las cosas son más profundas de lo que parecen. Sí, ok, acá se pide desde que empezó el mundial privilegiar y valorar la presencia de Verón. Y el hecho de que Mascherano estuviese muy solo el sábado, y que Schwensteiger y Khedira tuvieran diez segundos cada vez que la agarraban para pensar la jugada, uno intuye que otorgan la razón a Segundas Lecturas.

Pero eso, a lo sumo, hubiera aportado otro episodio como el de la derrota de 2006 por penales. O si en penales se ganaba, un placebo si no se tomaba como punto de partida de las necesarias mejoras que se requiere encarar. Con la tranquilidad de haberlo dicho hace ya unos meses (
acá), se reitera, la Selección Argentina tiene problemas que exceden en autoría y anteceden en el tiempo a Maradona y a cualquier otro DT que uno quiera poner en su lugar.

Diego y cualquiera de sus antecesores asumen para lidiar con numerosos problemas, que uno nunca hubiera imaginado que tendría que afrontar un DT de selección argentina. Bastante hizo llegando a cuartos con todo el lastre con el que debe cargar cualquiera que ocupe el cargo. A otro no le hubiese ido mejor. No seguramente, al menos.

A ver, un ejemplo siempre lo hace todo más sencillo. Argentina no tiene un marcador de punta confiable por ninguno de los dos costados. No hablemos de un Maicon o un Dani Alves, prodigios de la naturaleza. Hablamos de un Lahm, que es un jugadorazo por concepto y oficio, aún sin todas las cualidades técnicas de los mencionados brasileros.

Estuvimos discutiendo si Zanetti sí o no. Pupi, un tipazo, tiene 37 años, edad de DT en muchos casos, y hace largo rato ya que no juega de lateral, sino de mediocentro en Inter. Eso ya marca algo, y nada bueno. Ahí Diego, como antes Pekerman, tuvo que improvisar con marcadores centrales, porque la cruda realidad es que no quedó nadie fuera de la lista que te rompa la cabeza, en ese como en otros puestos.

Si no tenés dos buenos laterales, no tenés ningún equipazo. Así de simple. ¿Que culpa tiene Maradona de que acá no salga un marcador de punta desde hace tantos años? Y no sólo eso: no tenemos otro Verón, no tenemos Podolskis ni Mullers (o sea, volantes que hagan los cien metros, confiables, que jueguen y marquen con igual categoría).

Messi, Tevez, Agüero. Todos mediapuntas de un metro setenta. Juegan un montón, de acuerdo. Pero no pueden estar todos juntos en cancha, y en otros sectores de la misma no tenes ni uno solo que de la talla. Cortamos clavos para que Mascherano ni se resfríe.

Habrá que empezar todo de nuevo, de abajo literalmente. Que en inferiores de diversifique la demanda, de puestos y de físicos. No hay que tener miedo a contar con Mertesackers, Alemania tiene varios e igual nos pintó la cara. Después de todo, uno de los mejores nuestros fue Gabriel Iván Heinze (dicho su nombre completo a modo de merecido homenaje a su performance mundialista, que lo reivindicó ante público y medios que siempre le dieron duro injustamente).

Hay que encarar una tarea larga, fundacional. Con o sin Diego, el debate pasa por otro lado. La selección tiene que volver a ser prioridad, juveniles y mayores, todos bajo la misma guía, la misma idea rectora.

Urge abandonar posturas facilistas, que quieren simplificar lo que irremediablemente se ha complejizado, al margen de que nos guste o no. Asimismo, aquellos que se suben siempre de modo oportunista a la crítica porque tienen la pala y el cajón preparado según convenga al negocio: Fantino se acuerda ahora de pegarles a los dirigentes del futbol argentino, como si esto no se arrastrara desde mas o menos cuando él empezó a ejercer de periodista –si se puede concederle que lo sea-.

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Brasil se ha enriquecido, Alemania también. Unos eran el jogo bonito, la libre inspiración, hacer un gol más que el rival, jugar sin defensores. Los otros eran pura disciplina, rigor táctico y disciplinario, tipos inclaudicables que nunca se daban por vencidos (de allí aquello de que el fútbol “es un juego de 11 vs 11 donde siempre gana Alemania), pelotazos para los dos tanques.

Hoy los dos han sumado lo bueno que tenía el otro. Crecieron sin perder el capital con que ya contaban. Un Brasil con un mediocampo formado por un lateral y dos 5 era hace años tan impensado como una Alemania con casi cuatro delanteros como está en este mundial. De allí que sigan en la pelea. Es cierto, Brasil también se fue temprano, pero por otros motivos, Dunga ha plantado la semilla de la necesaria refrescada que se debían los verdeamarelhos.

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Con todo el dolor del mundo, varias cosas de las que ocurrieron el sábado ante Alemania, lo de Verón lo expresamos en el primer párrafo, las anunciamos en el post de la victoria vs. México. Casi como una expresión de deseo, titulábamos “Para seguir creciendo, observar las luces amarillas” (
ver).

A partir de la victoria ante Alemania en el amistoso de febrero, Diego aprendió casi de golpe, o mejor dicho se animó a ejercer de DT (
ver , ver, ver, ver y ver). Puso los pies sobre la tierra de que corría en desventaja. Armó una base sólida con la que logró llegar con expectativas al mundial.

Una vez allí tomó la sabia decisión de agregar a Tevez, la facilidad de los rivales de primera fase lo permitía, no tenía sentido desplegar el esquema probado en febrero desde el debut ante Nigeria. Hasta envolvía al equipo con una siempre necesaria dosis de saludable entusiasmo que de afuera se le brindaba por la alegría que contagiaba su apuesta ofensiva.

Maradona parecía demostrar capacidad de leer en cada partido las complicaciones que el rival de turno presentaba. Contra Nigeria mete a Maxi y a Burdisso y cierra el siempre necesario triunfo inicial. Ante Corea lo define con el ingreso de Agüero que despabiló el ataque. Frente a Grecia preservó lo que debía preservar. Ya post griegos pedíamos a gritos por Verón, Diego optó por persistir en el golpe por golpe contra México. Ante los aztecas también acertó con Otamendi por Jonás, que venía no dando pie con bola como 4. También post México nos preguntábamos si frente a Alemania era lógico seguir en el golpe por golpe.

La dura realidad, muy a pesar de todos, nuestro incluso, algo de razón nos dio. Hubiese preferido este comentarista, mil veces, tenerla adentro y ahora estarse desdiciendo de todas las advertencias. Fueron hechas de buena fe. Uno entiende que el partido del sábado, era muy similar al de 2006. Aquella vez, Argentina controló perfectamente a los teutones con un embudo en mitad de cancha. ¿Qué le faltó? Explosión. La que ahora podían otorgar los aquella vez ausentes Messi e Higuaín. Incluso Tevez, si como uno cree se sacrificaba a volantear a la Eto´o en Inter, de modo que no fuese necesario retirarlo del once.

Por alguna razón, Diego abandonó su tendencia a ir trabajando el equipo, optó por insistir en los once que no habían superado holgadamente a México. Y sucumbió frente a una Alemania que es un verdadero equipazo. Muy lejos de su historia, han agregado técnica, variantes, en fin, todo lo que Argentina, y no por culpa de Maradona, no ha hecho: sumar sin necesidad de resignar lo que ya se tiene.

Diego sabrá porque eligió lo que a fin de cuentas resultó ser un suicidio. De todas formas, nada de lo que nosotros recomendamos aseguraba la victoria, pues de hecho se la aseguró a Pekerman en 2006, aunque uno gustó más de aquel planteo.

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No deja de dar vueltas por la cabeza, como cada eliminación. No hace falta hablar de cada uno en específico, más allá de las loas que por otros motivos le fueron cantadas a Heinze. Individualizar, focalizar en alguno/s iría contra el sentido de esta desorganizada pero sentida columna. En ese espíritu, el conmovedor recibimiento que el pueblo brindó ayer a la selección, reconforta el ánimo. Si no hay triunfalismo, hay buena base para arrancar lo mucho que hay que hacer. La pelearon con todo, contra muchas cosas, merecen reconocimiento. Fueron, sobre todo, dignos en la derrota, cosa no fácil ante un 0 a 4 en contra.

Es tiempo de pensar en lo grupal, en lo conjunto. Sobradas muestras de que el sábado ganó un equipo que entiende muy a las claras ese concepto, sustentan la decisión.

viernes, 2 de julio de 2010

Todavía cantamos (O "Primer aniversario de Segundas Lecturas")

Hacen hoy 365 días exactos del nacimiento de Segundas Lecturas. Es el primer aniversario de este espacio, que nació hijo de la derrota del kirchnerismo en las legislativas del 28 de junio de 2009. Vaya momento para aparecer.

Un año -y ciento quince posts, de política sobre todo, pero también deportivos –después, y revisando aquel primer post, este, puedo sentirme contento de haber cumplido bastante de lo que me propuse al crearlo. A saber:

(…) Y si desde algún lado, por pequeñito que sea, nos juntamos entre unos cuantos (o unos pocos, o uno solo, no importa) a pensar desde un lugar alternativo, a no quedarnos con el primer impacto que dan los medios masivos, bienvenido sea (…)

(…) Precisamente en ese afán de no quedarse con la primera impresión, que está visto que no es siempre la que cuenta, el título del espacio. Supongo que sintetiza bien el espíritu que me nació de participar en la bloguera (…)

(…) En fin, se larga el nuevo barco de la armada bloguera. Vaya momento para salir al ruedo. Me viene a la memoria cuando el General recomendó "ajustar las organizaciones, porque se vienen tiempos difíciles" (…)


Vaya si salió bien la cosa. Había que defender esto, si es que tantas ganas teníamos –y seguimos teniendo- de que perdure. Un año después de habernos creído en retirada, todavía estamos dando pelea, con no pocas chances de victoria, parecería. Me hubiese gustado, eso sí, escribir más sobre deportes o, como pretendía, alejarme de la coyuntura. No se pudo, pero no me importa mucho ahora.

Yo no se si tiene que ver la proliferación de espacios alternativos como este, y muchos otros más importantes y mejores en el repunte que menciono arriba.

Irritan un poco, parece. No se si este en específico, seguramente no, ya que es de los más humildes.

Artemio López dice que es más bien una demostración de que se rompió lo que se denomina “burbuja mediática”, que parecía tener a muchos de los que piensan como nosotros callados la boca.

Varias muestras más importantes que este blog ha habido a lo largo del año que corre, pero yo particularmente siento las ganas de estar. Como sea o pueda, y desde donde sea o pueda, dando la discusión en cada posibilidad que haya a mano. Uno suma, con que uno lea y dude, ya es suficiente.

Hay que dar todas y cada una de las discusiones que se presenten, en todos y cada uno de los lugares que toquen, con todos y cada uno de los interlocutores que toquen. Nunca hay que bajar los brazos en la tarea de intentar convencer.

Me dieron ganas también de afanarme la reflexión que hizo Eduardo Aliverti, cuando recibió el Martín Fierro este año, porque este blog también tiene, por suerte, cero de independiente, pero sí mucho, creo, de honestidad y coherencia ideológica.

Que se yo. Este post es, finalmente, todo un divague muy sin sentido. No lo pensé muy bien antes de escribirlo. Era cuestión de decir algo a un año vista de iniciada la experiencia. Creo que se entiende lo que intento expresar. O más bien eso espero.

No creo que vaya a gustar mucho, pero a fin de cuentas poco me importa, pues tampoco pensé en gustar cuando arranqué.

En fin, estoy contento, ese es el mejor resumen. Y lo quería decir y compartir. Por muchos más, me deseo a mi mismo. Y a todos los que están en la misma también, desde luego.

Y, por supuesto, que la sigan sorbiendo.