lunes, 29 de marzo de 2010

Tan parecidas y tan distintas a la vez

El poder ejecutivo envió un proyecto de ley al parlamento. Para ello, recogió una propuesta nacida en el llano de la sociedad, es decir, la iniciativa excedía en autoría y antecedía en el tiempo al propio gobierno. De hecho, varios de sus antecesores habían intentado algo parecido –con menor consenso social-, y debieron desistir ante las enormes presiones ejercidas por los futuros “damnificados”. La situación de ese país en cuanto la materia a debate, era por demás retrasada. La norma atacada pecaba de antigua, y era el paradigma de una época nefasta, que aún intenta dejarse atrás. Hubo presiones de todo tipo para los legisladores que iban a tener el tema a evaluación. Apenas presentado el proyecto, se acusó –sobre todo, aunque no solo, desde los medios dominantes del establishment económico- al poder ejecutivo en cuestión de ser portador de los peores males imaginables. Se lo acusó de que propendería la cerrazón e intentaría obtener la aprobación de la ley sin ceder una coma, a las apuradas. El gobierno demostró que no, abrió la discusión, cedió posiciones. Ante ello algunos se subieron al debate, otros persistieron en la negativa y corrieron el eje incansablemente. Se auguraron catástrofes varias, juicios múltiples, pérdidas millonarias. Ante eso, allí sí, el poder ejecutivo decidió acelerar el momento de la votación, siendo que no había en muchos de sus rivales voluntad real de debate, sino la deliberada vocación de obstruir a como diera lugar una iniciativa que tenía años de discusión, y que increíblemente, lo hacían bajo el argumento falaz de “falta de tiempo para estudiar el tema”. La administración se jugó el todo por el todo en la cruzada con las concesiones ya mencionadas, puso sobremanera el cuerpo en la negociación, rosqueó sanamente a full. Se jugaba gran parte del capital político que le quedaba tras un comienzo de ensueño a lo que siguió un veloz e intenso desgaste y resignación de imagen social. Y logró su cometido, legando a sus administrados una norma de avanzada respecto de la que la precedía, aunque moderada respecto de las intenciones iniciales y luego de las modificaciones otorgadas. En cualquier caso, un avance. Victoria híper exigua, pero victoria al fin. Quienes no están de acuerdo con la nueva ley, impotentes en el trámite parlamentario, ahora se dirigen rauda y velozmente a tribunales. Todo les vale en pos de acabar con la criatura.

Cualquiera diría que las líneas ut supra son un relato de lo que fuera el proceso que acabó con la aprobación de la nueva ley de medios audiovisuales, aquí, en Argentina. Pero no, la intención era evocar el derrotero de la reforma del sistema salud que Obama y sus legisladores consiguieron aprobar recientemente.

Son muchas y muy grandes las similitudes, hay solo dos excepciones. La ley de medios no fue aprobada ahí nomás, obtuvo respaldo de mayorías históricas: 146 voluntades contra 3 en la cámara baja; 44 favores versus 24 a turno del senado. Mucho más que el apretadísimo 219 – 212 que le significó a Obama el que, hasta ahora, es el mayor éxito de su gestión. Aparte de la diferencia cuantitativa, hubo otra, cualitativa: la ley de medios se granjeó respaldo de muchas más agrupaciones que la oficialista. Obama, en cambio, debió valerse solamente de su propio número (¡Oh!, maldito número), y aún este se vio mermado por fugas varias. Justo en el supuesto paraíso de la república, y el diálogo, una reforma tan importante no obtuvo el tan mentado consenso, ni siquiera un solo voto opositor, primer caso en la historia. Tanto que se vende desde los medios de nuestro cabotaje que “en los países serios todos están de acuerdo con todo”.

Y sin embargo, por mucho que con todo lo dicho uno quiera argumentar, los ocasionales interlocutores anti K con los que se encuentra hacen oídos sordos, cambian de tema, no llevan el apunte. Muy lejos de la actitud de apertura declamada, el veredicto está dado de antemano: a pesar de todo, uno –Obama-, es ejemplo y héroe; la otra –Cristina- es la yegua, la puta montonera, la soberbia y resentida, la autoritaria, la cerrada, la corrupta. Son las distintas varas de medir, el doble estándar, que le llaman. Y se hace difícil remar ante eso.

martes, 23 de marzo de 2010

Recordar, tomar aire, y seguir encarando. Que falta mucho, y nada ha terminado por completo

El feriado del 24 de marzo lo es en razón de conmemorar el inicio de de la dictadura más sangrienta que azotó al país, a partir de 1976.

Cuando hace treinta y cuatro años, el dictador Jorge Rafael Videla y sus secuaces, Emilio Massera y Orlando Ramón Agosti, se hicieron ilegalmente del estado, no sólo iniciaron un período de represión ilegal que, con suerte, se cargó treinta mil inocentes. A través de la mencionada sangre y fuego, y a partir de ese instante maldito, instauraron -y quizá eso sea lo peor del caso-, un modelo social, económico, cultural y de antipolítica, que persiste con el genocidio -porque fabrica pobreza al por mayor- hasta nuestros días, algunas -cada vez menos- de cuyas líneas maestras no han podido todavía ser erradicadas en razón de la pertinaz oposición que ejercen, ante la mínima intención de cambio, los grupos del establishment económico que se beneficiaron con la dictadura y forman parte del poder fáctico permanente de este país.

Entonces, más que memorar el día en que comenzó el Proceso de Reorganización Nacional, lo que tal vez tengamos que hacer es preguntarnos si lo hemos exterminado por completo.

¿Ha terminado completamente el sentido de ser nacional que pretendió instalar aquella nefasta experiencia?

Porque todavía hay que soportar que unos cuantos imbéciles sigan diciendo que el golpe se debió al “terrorismo de los Montoneros”. Son los que ignoran (por así decirlo) el plan norteamericano que orquestó dictaduras de igual tenor en toda Sudamérica, y que, en todo caso, encontró en Argentina una “excusa ideal”. La idea era fabricar colonias, sofocar la rebeldía generada por los estados de bienestar, subsidiar el dominio con la deuda de los subdesarrollados. Y vaya si lo consiguieron.

Porque todavía, cuando se detiene al padre de una juez, imputado por delitos de lesa humanidad –y por ende imprescriptibles-, en forma legal a diferencia de lo que hicieron sus colegas, la pregunta es “¿justo ahora?”, en vez de “¿por que se tardó tanto?”.

Porque todavía existen Cecilias Pandos, y peor, existen quienes la justifican.

Porque todavía subsiste una distancia cuasi insanable entre la política, como tal –no hablamos de dirigentes-, y el pueblo de la república.

Porque todavía tenemos estúpidos (no lo hacen de malos, sino de boludos) que, con sus mejores caras de mármol, insisten en que el estado no tiene que intervenir en la economía.

Porque todavía pululan irrespetuosos que no se lavan la boca con lavandina antes de insultar de las peores formas a las madres y abuelas de Plaza de Mayo.

Porque todavía tenemos que explicar que reconciliación no, venganza tampoco, pero justicia sí, porque eso motiva elogios del mundo entero a nuestro país.

Porque todavía uno encuentra tarados que creen que la pobreza se explica en la corrupción del estado, y no en la matriz misma del sistema económico que legó el Proceso.

Porque todavía quedan muchas personas que viven bajo una identidad falsa.

Porque todavía, y esto lo peor de todo, quien se anime a discutir una coma del orden establecido, es tildado de loco, por decirlo suave. En especial el sindicalismo, que por otro lado, y a pesar de que se insiste en la ridícula teoría de los dos demonios, fue el sector que más bajas sufrió en los siete años de dictadura, y no la guerrilla.

Porque todavía resulta que tenemos que prestar atención a lo que dice el Cardenal Bergoglio o el Rabino Bergman.

Por todos los “porque todavía”. Que significan, uno tras otro, perversos objetivos que se propuso el proyecto que nació aquel 24 de marzo de 1976, por obra y gracia de Jorge Rafael Videla y su pandilla de asesinos, violadores y roba chicos, y lamentablemente siguen en pie en el inconsciente de mucha de la sociedad, tomemos la fecha no solo como el respetuoso y merecido recordatorio que significa. Sino más bien, como una renovación del constante desafío por aniquilar cada ladrillo procesista que quede, de una buena vez.

lunes, 22 de marzo de 2010

El equipo paradoja


Este Independiente es una paradoja andante que, no obstante eso, se afianza por su profunda convicción de que el rumbo elegido es el correcto.

Pasada la primera parte del campeonato –diez partidos-, se hizo puntero en la segunda mitad de ese tramo (cinco victorias en cinco partidos, con la valla invicta por demás), haciéndose acreedor, en dicho período, de no pocas críticas respecto de su juego (muchas veces merecidas). Cuando parecía ser más convincente y vistoso, “acorde a su historia” para algunos, apenas venció a Estudiantes de La Plata y fue goleado por Vélez, este último partido bisagra para el cambio a la tan ansiada solidez.

La victoria frente a Rosario Central estuvo en línea con este rojo paradójico: hizo una muy buena primera parte, pero no pudo concretar en la red la victoria que en lo hechos merecía. En la segunda, cuando entre la pesadez propia de un campo que sufrió cerca de cinco horas de lluvia fuerte y persistente, y un equipo rosarino que se afianzaba en el aguante y se hacía amigo del punto, las tablas parecían puestas, Independiente logró dos goles de excelente factura que le dieron una victoria importantísima. Ambos reflejan como siente el juego este equipo, con juego de pases por el piso, asociando sus valores y con buenas dósis de permisividad a las aventuras individuales (Mareque en el primero, Mancuello para fabricar el segundo).

Independiente viene superando una serie de pruebas peludas por lo futbolístico y lo anímico. No es poco cuando se analiza el plano relativo, el que lo pone cara a cara con sus competidores. ¿Qué le falta para pasar de ser solo un buen equipo a ser un gran equipo? Lo dijo el manager, Cesar Menotti (y uno cree que, aunque íntimamente, Tolo Gallego comparte), lograr mayor continuidad en el desarrollo de una idea a la que no renuncia, y con la cual, cuando funciona a pleno, es muy difícil no coincidir con ella. De todas formas, cuenta con algo que no se consigue en todas las góndolas: entusiasmo y ganas de ganar, lo que hace querer a este equipo, independientemente de cual vaya a ser su fortuna.

¿Lo mejor que tiene? La bandera que sostienen los jugadores en la foto lo resume mejor que cualquier palabra.

jueves, 18 de marzo de 2010

Que no pase con el Fondo del Desendeudamiento lo que pasó el 28-J-09

Si algo se critico de la forma en que Néstor Kirchner encaró la campaña legislativa del 28-J-09, fue que hubo cierta inclinación a machacar más por el lado de la apelación al caos que podía venirse si ganaban algún opositor (el famoso “vuelve el 2001”), que a subrayar los logros propios de seis años de gestión.

Este comentarista coincide, su tesis es que tuvo más acogida, resultó más creíble para los sectores medios de la sociedad la promesa hecha por la oposición de “lo bueno por venir” –controlar a un ejecutivo “despótico” ganando lugares en el congreso-; que la advertencia de lo malo conocido. Más que tesis, perogrullada: la propaganda política suele prender más del lado de la apelación a la esperanza, que al miedo.

Uno no puede dejar de pensar en que hubiera pasado si todo lo bueno que hizo CFK durante la segunda mitad del año –ley de medios, asignación universal por hijo-, lo hubiera hecho en sus inicios –o, más aún, plantear todo durante la misma campaña-, cuando las mayores energías se dedicaron a lograr el adelantamiento de las elecciones y a consagrar las candidaturas de Kirchner, Scioli, Massa y otros. Pero, lo pasado, pisado.

Aún cuando Kirchner tenía razón, porque resulta que a la primera de cambio –Fondo del Bicentenario/del Desendeudamiento- Resto del Congreso solo demuestra voluntad obstruccionista, y cuando aporta esbozos de alternativas lo hace con propuestas que recuerdan a los tiempos malos que se evocaban en la campaña.

El gobierno tiene el camino marcado para saber por donde tiene que ir. El año pasado recuperó oxigeno a propuesta pura, a todo vapor: las citadas leyes, reuniones con empresarios, con la CGT y demás. Este año pretendió homologar tal epílogo, siendo que tanto 2008 como 2009 los arrancó peor de lo que los acabó. La iniciativa del pago de deuda externa con reservas del BCRA, virtuosa por donde se lo mire, va en esa línea de pensamiento.

Cuando te embarran la cancha de la forma en que Resto del Congreso lo está haciendo, más que argumentar los males que pueden sobrevenir en caso de no ser aprobado el DNU, y atacar por el lado de las complicidades que los integrantes de “la” oposición tiene vaya a saber con quien para oponerse a la iniciativa, uno aspira a que dichas miserias queden expuestas desde el repiqueteo con las bondades de la propuesta. Es difícil, pero vale la pena hacer este pedido.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Otro miércoles de súper acción

Resto del Congreso, del Senado en este caso, se va a seguir chocando contra la pared, y no lo quiere entender. Nuevamente se hundió abrazado a su salvavidas de plomo, Carlos Menem. Dicen los opositores que tiene derecho a querer avanzar con todo porque tiene mayoría -aunque esta sea de dudosa calidad-, y que el oficialismo hacía lo mismo cuando gozaba de los números. Malas noticias para ustedes, muchachos: el oficialismo sancionó, por dar un ejemplo, la ley de medios en el senado con el beneplácito de nada menos que 44 votos. Casi los dos tercios que, además, podían vanagloriarse de cohesión, fortaleza, disciplina e iniciativa. A todo eso, consejito, de onda: saquen a Morales de la conducción del bloque, coloquen a alguien con recursos, capacidad, materia gris, mañas, o como se llame, porque Pichetto se lo come crudo. Perdieron mal con la salida de Sanz.

Cuando se cuenta con esos márgenes, la posibilidad de avanzar es mucho más holgada que cuando se tiene un paisano de cada pueblo atados con alambre. Por demás, el oficialismo avanzaba y avanza en razón de lo que implica la responsabilidad y el deber de gobernar. Y aún con eso, ninguna de las leyes más significativas impulsadas durante el gobierno de CFK, fueron sancionadas tal cual la Presidenta las propuso. Siempre, en absolutamente todos los casos, el bloque de diputados del oficialismo debió negociar y ofrecer cambios para hacerse del concurso de quienes posibilitaron amplísimas mayorías en todos los casos (de lo que ya se habló acá).

Después de haberse golpeado la cabeza contra la pared demasiadas veces en el poco tiempo que tiene de vida el nuevo escenario parlamentario, Resto del Senado ha de entender que no podrá avanzar pretendiendo desconocer a la primera minoría, como ya lo hiciera con el reparto de comisiones, donde pretenden hacer creer que el acuerdo es razonable porque entregaron al oficialismo las presidencias de las “comisiones de gestión”. Hasta un integrante del rejuntado, Nito Artaza, reconoció que eso, si no va acompañado de las mayorías simples de integrantes, es lo mismo que nada. Solo que es una cosa es avanzar en el reparto de caramelos, y otra, muy distinta, propender el desfinanciamiento del estado nacional, afectando, por ejemplo, el pago de la asignación universal por hijo.

A propósito, ¿por qué los federalistas no avanzan en la actualización del inmobiliario rural, que significaría millonadas vistas las nuevas valuaciones de los campos, hace añares que no se toca y ya les corresponde a las provincias, en lugar de querer apropiarse del impuesto al cheque, afectando con ello la sanidad del programa que le garantiza una renta básica a cada pibe? Tal vez, porque en las consecuencias de una y otra opción, se deja traslucir por y para quienes gobierna cada uno.

martes, 16 de marzo de 2010

Están groggies

En fútbol cada tanto se arman amistosos de exhibición, donde uno de los equipos que participa se denomina Resto del Mundo. Conformado por estrellas de los distintos países, suele generar altas expectativas por la incertidumbre que despierta saber como funcionará fulano, “que es un fenómeno”, combinado con mengano, “que no para de meterla”. Pero como todas esas estrellas no forman parte de una idea común, no trabajan juntos, no son complementarios, todo ello suele terminar en bostezos varios.

Algo así pasa con lo que se ha denominado “la oposición”, nombre que aspira a una homogeneidad que no existe. Por ello, y aún cuando está claro que los integrantes de los partidos obstruccionistas distan de poder ser calificados como estrellas (lo que funda tal bautismo, es el impresionante nivel de desorganización y amateurismo que cunde en ella), desde Segundas Lecturas hemos dado en bautizar como Resto del Congreso al rejuntado que conforman los más de veinte grupos políticos que pululan por las cámaras legislativas.

En la campaña previa al 28J, Resto del Congreso batió en demasía el parche con promesas presuntamente institucionalistas y lenguaje pretendidamente republicano. Lo conocido: diálogo, consenso, división de poderes. Habría un congreso mejor, decían. Se nota. Todo para terminar rogando, semana tras semana, que no falte a las votaciones… ¡Carlos Menem! Como ya dijo alguien por AP, un grupo cada vez más nutrido de senadores se está dando cuenta de que su participación es imprescindible en la frágil construcción de la derecha, como para estar recibiendo ordenes de la corporación mediática, de una desequilibrada mental como Elisa Carrió o de un incompetente como Gerardo Morales. En ese marco se entienden las decisiones de María José Bongiorno y Roxana Latorre.

Así las cosas, los últimos editoriales reprochan a ciertas “figuras” opositoras por no asumir el mando del conglomerado. Advierten la necesidad de que prime una figura que amalgame una heterogeneidad que, para colmo, está atravesada por más de una decena de aspirantes presidenciales. Han decidido tirar al tacho de la basura la batería de críticas que propinaron a modelos de liderazgos políticos fuertes -teoría que servía para denostar a Néstor Kirchner y su férreo modo de conducir-, y ahora dicen que hace falta una mano firme para llevar la tropa.

No debe llamar la atención el modo en que panquequean las opiniones, es su costumbre. Arriba se dijo de cómo se machacó en campaña con las formas, y resulta que decidieron dejar de lado el más mínimo vestigio de respeto procedimental cuando debieron repartirse las comisiones en la cámara de senadores y a momentos de evaluar el pliego de Mercedes Marcó del Pont. Se obviaron lógicas de mayorías y minorías y tradición parlamentarias en el primer caso, y nada menos que el derecho de defensa en el segundo.

Sin mayores precisiones que un intento de proyecto de plan de estado a largo plazo –el redactado por Duhalde y Terragno (absolutamente liviano, carente de precisiones, se lee en un par de minutos para pretenderse generador de políticas de estado)-, se infiere su derechismo solo cuando se oponen continuamente a la decidida voluntad de avanzar del gobierno de CFK. Poco para competir ante una minoría intensa (así la definió José Natanson), seria, con propuestas y cohesionada a su interior. Así hasta lo han reconocido desde las redacciones de los matutinos, llegando incluso al extremo de –en una nueva contradicción- marcar que no es pecado la capacidad de conjunto que exhibe el oficialismo, y que este no tiene culpa de las falencias de sus gerentes políticos. Preparan el terreno para el cambio de discurso, para la nueva embestida, asumiendo que la hasta aquí encarada solo sirvió para repartir cargos.

Entretanto, una multitud en Chaco, otra en Ferro y una más en Plaza de Mayo. Tres en tres días consecutivos, hacen pensar en si no está cambiando algo. Si no es momento de empezar a meterle duro con propuestas que dinamiten la precariedad de Resto del Congreso, que ya de por sí pende de un hilo ahora que las vanidades están a flor de piel entre todos los actores/políticos (en ese orden) antikirchneristas. Si con lo poco encarado, se llevan como se llevan, meterlos en una tras otra discusión de fondo, va a traslucir a las claras los sentidos, los partirá al medio. Y a río revuelto, ya se sabe.

jueves, 11 de marzo de 2010

Habemus embrollus

Estamos atorados. Si se votaba hoy -o si se vota cualquier día que Pepe Pompin Pampuro quede al frente del honorable senado-, el pliego de Marcó Del Pont pasaba.

Roxana Latorre decidió que -en este tema, específicamente- acompañará la decisión de la primera minoría, o sea el kirchnerismo. Razonó que el país no puede perderse de una economista de las calidades de Mercedes, acaso la mejor de este país.

Eso hace que las cuentas digan empate en 36, valía por dos el voto de Pampuro, y adentro Marcó Del Pont. Así las cosas, lo que hace un par de semanas era malísimo pasa a ser re bueno, es decir, dejar una sesión sin quórum, para la que faltó un alma. Con la diferencia de que cuando Pichetto decidió que su bloque abandone la sesión, lo hizo en razón de una premisa inexistente: Resto del senado decía tener 37 votos y no era así.
La traba está en que cualquiera de ambos bloques podría, de aquí en más, bloquear la sesión de votación del pliego, dependiendo de si Cobos o Pampuro presiden la misma. El desempate del presidente de sesión pinta ineludible.

Pero, ojo 1: cuando Cobos vuelva a presidir el bloque, el concurso de Latorre puede llegar a no servir para nada. Latorre votará a favor del pliego de Marcó Del Pont, pero hoy no dio quórum. Puede que con Cobos a cargo sí lo de, y pierda 36 a 1. No parecería razonable que lo haga, siendo sus intenciones de voto, pero no está de más no alimentarse falsas expectativas.

(Se siente, se sabe: los diarios del viernes seguramente hablarán de cómo los K, con “la kaja” o algo similar, compraron a Latorre. Se pueden imaginar las siguientes opciones: a. Que el gobierno le facilitó a Latorre un viaje todo pago para dos personas a las Bahamas, con pasaje, hotel, pensión completa y cuatro entradas para ir a bailar, con barra libre; b. Que se la mueve Pichetto y/o Nicolás Fernández; c. Que le prometieron que al sobrino lo meten a jugar en las inferiores de Racing de 9, capitán y pateará tiros libres y penales. Investigaciones jugadas y serias como nos tienen acostumbrados: sin dato cierto alguno, ni testimonios veraces que los confirmen).

Quien sí aportó para el presente número 36, fue la rionegrina María José Bongiorno. Bongiorno llegó al senado en diciembre de 2007 como segunda de Miguelo Pichetto, o sea, por el oficialismo. Luego del 28-J se retiró del bloque del FPV. Asimismo lo hicieron, en diferentes momentos, el también rionegrino Pablo Verani; los tres salteños, Romero, Sonia Escudero y Pérez Alsina; y el santiagueño Rached. Todos elegidos en 2007, todos en una boleta encabezada por el lema “Cristina Presidente”. De no haber seguido ellos seis el mismo camino que Borocotó -pero a la inversa, de oficialistas a opositores, por eso no merecieron crítica alguna-, todo este brete no existiría. El FPV contaría hoy con 38 bancas sumadas esas 6 que desconocieron el mandato popular (y sin tener en cuenta a los dos aliados fueguinos y el de Neuquén). Lo de Latorre es distinto, reasumió en diciembre pasado ya como opositora.

Ojo 2: Bongiorno dio hoy quórum, pero no cantó como votará.

Retomando a Cobos, ojo 3: con Cleto se da la inversa de lo que cualquier constitucionalista en serio (no los que salen por TV) diría. En él, la regla es esperar que se oponga al gobierno del cual forma parte, y la excepción –siendo suaves- que acompañe en algo. Pero ya en el Redrado gate sostuvo (metiendo algunos palos igual, mas vale) la postura gubernamental. No come vidrio: sabe que no puede haber un Presidente del BCRA que no comulgue con las políticas fijadas desde el gobierno nacional, porque como sistema se muere.

Así las cosas, pintan un par de opciones para resolver el entuerto. Que Cristina se vaya todos los miércoles –día de sesión en el senado- a Uruguay a tomar el té con Pepe Mujica, así –con Cobos de Presidente y Pepe Pompin a cargo del senado- si el oficialismo consigue quórum aprueba el pliego de Mecha (no es recomendable). O bien, y mejor, ingeniárselas para meter en alguna negociación la aprobación del pliego –por ejemplo, a cambio de algún tipo de hueso para los gobernadores-.

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Lo que es grave en serio es que están dañando la institucionalidad justamente quienes más mienten defenderla. Lo que se hizo con Marcó Del Pont en ambos llamados a la comisión de acuerdos del senado, es lamentable.

A esta altura uno no duda de que el respeto a las formas tan declamado, sea simplemente eso, puro bla bla. La primera vez, se la citó a comparecer con sólo cuarenta y cinco minutos de anticipación. Rayó lo ridículo. El último miércoles, se cometió la irrespetuosidad de llamarla para no preguntarle nada y, lo más increíble de todo, hasta invitarla a retirarse del lugar, vaya uno a saber con que autoridad. En ambos casos, la sensación es similar: no entrar a ningún debate con ella, no fuera cosa que la capacidad argumental e intelectual de Marcó Del Pont los dejase en ridículo o en evidencia sus intenciones. En cualquier forma, negarle su derecho a defensa. Entonces, ¿y las formas?

Ayer explicó la mentira de la supuesta teoría del ardid de que mientras CFK hablaba, el BCRA giraba los fondos al tesoro, con datos que confirmaban que la transferencia se hizo luego de publicado el DNU. Dio sobradas explicaciones desde lo técnico al respecto del FonDeA. Cuando se abrió a ser inquirida, Resto del Senado decidió callar. Como siempre, eludiendo el debate.

Gerardo Morales fue el encargado de llevar adelante la opereta. Está acostumbrado el jefe de los senadores radicales y encargado mediático de Resto del senado a hacerse el guapo con mujeres: lo hace a menudo con la Presidenta, lo hizo con Milagrito Sala, ahora le tocó a Mecha. No mostró tanta valentía cuando debió defender su decisión de expulsar a Cobos de la UCR cuando la presidía, ni la muestra ahora que le ladran para que deshaga a lo acordado con Pichetto, lo mandan a arrastrarse entregándole cargos a Menem a cambio de su apoyo o le enrostran sus fracasos en la estrategia parlamentaria. Ahí calla.

Lo grave desde la tan mentada institucionalidad, es que la comisión de acuerdos del senado está para evaluar la capacidad técnica del funcionario evaluado. Los tribunales, en cambio, han de velar por la juridicidad de sus actos. Resulta que actualmente en Argentina pasa todo lo contrario: los senadores evalúan la formalidad del DNU, y los jueces su oportunidad, mérito y conveniencia. El mundo del revés, y de nuevo, todos juntos: ¿y las formas?

Hace unos años, cuando Néstor Kirchner designó a los ministros que hoy conforman la mejor Corte Suprema de Justicia de la historia argentina, sin optar por amigos ni socios, una discusión similar se dio en la misma comisión en la cámara alta. La senadora por San Luis y miembro del Opus Dei, Lilliana Negre de Alonso, abundó en preguntar a Zaffaroni, Argibay y Highton de Nolasco que opinaban del aborto, de los homosexuales, y demás cuestiones de valoraciones personales ajenas a las capacidades de judicatura de los mencionados candidatos. No le correspondía a la senadora hacer eso. En todo caso debía preguntarles si sabían el artículo 121 del Código Civil o teoría de la autonomía de la voluntad, y si no era así, entonces sí los bochaba. Seguimos, casi a los gritos: ¿y las formas?

A Marcó Del Pont deberían haberle preguntado, por caso, si sabe que es la oferta, que la demanda, que los encajes bancarios o cual considera el nivel óptimo de reservas a acumular. Nada más. Eso dicen las reglas de la comisión de acuerdos. Otra vez, a coro y bien fuerte: ¿y las formas?

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Segundas Lecturas entiende que a algunos les moleste Cristina Fernández de Kirchner. Tiene un discurso fuerte, polarizante, ideologizado al extremo. Eso puede que moleste, de hecho lo hace. Es cuestión de estilos, es entendible que el de CFK no atraiga, no merece objeciones una posición tal. Siempre que sea jugada con sinceridad. Porque si de carácter se trata la cosa, Marcó Del Pont es distinta en tonos a Cristina: habla en notas bajas, es simpática y tiene una sonrisa invariable e inmutable que no hay Cristo que se la borre. El miércoles por la noche, luego de ser injustamente maltratada en la inquisición senatorial donde parecía haberse decidido su suerte de antemano sin meritarla como corresponde, casi se quiebra en diálogo con Bonelli y Silvestre. La voz le temblaba, los ojos se le humedecieron, pero no cayó en el llanto. Fue un detalle, su buen humor es la regla. Las diferencias entre ellas se comprenden: una conduce un proceso político, sufre las mayores presiones y desgastes; la otra no debe arar con esos bueyes.

Entonces, si son las formas lo que molestan, ¿como se entiende entonces que se denoste por igual a quienes tienen estilos de actuación política diferentes?

Quizá porque coinciden en algo donde se puede encontrar el nudo de la resistencia a ambas: se reconocen militantes, primero; y contra las políticas neoliberales, además.

¿Seguro que no? Bueno sería que demuestren que no es correcta esta humilde tesis.

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Nada que ver con esto, pero vayan un par de preguntas para Pino Solanas.

Comisión de Agricultura en diputados: Ricardo “si el congreso aprueba la 125 hay que cerrarlo” Buryaile, CRA.

Misma comisión en senadores: Josefina “¿a esta quien la conoce?” Meabe, Sociedad Rural Argentina.

Pino: ¿Usted cree que va a andar un proyecto de ley de arrendamientos rurales o de diferenciación de retenciones entre “grandes” y “pequeños” productores, con estos muchachos a cargo de los trámites comisiónales? A propósito, si Federación Agraria tiene dos diputados “Chito” Forte y Orsolini, ¿por qué la Comisión de Agricultura queda en manos de otra entidad con menor representación? Será verdad, pues, que FAA es chirolita en la Banda de Enlace.

Comisión de Legislación General en senadores: Lillina Teresita Negre de Alonso, de San Luis; miembro del Opus Dei, Peronista “Federal”.

Pino: ¿Usted cree que va a andar la despenalización del aborto, la aprobación del matrimonio homosexual o la des incriminación del consumo de drogas, con esta retrograda metiéndole freno a cada iniciativa?

lunes, 8 de marzo de 2010

Políticos o Gerentes

Cuando el proceso de remoción de Redrado había suspendido la discusión de fondo por el Fondo, se reavivó un debate que se hizo presente (aunque siempre secundario) en varias de las innovaciones planteadas por CFK desde su asunción en 2008.

Se sabe del terreno que ha ganado en los últimos, digamos, veinte años la idea de “despolitizar” distintos órganos de la administración del estado. La discusión en torno al BCRA lo patentiza casi a la perfección, pues habría que, dicen muchos, dar el manejo del mismo a “técnicos no ligados al mundo de la política, no comprometidos con partido ni dirigente alguno, que, por ello, actuarán de modo más racional, cosa esa imposible cuando las preocupaciones electoralistas guían los cursos de acción”. ¿Se puede discutir esto? Acá sí.

Primero, la premisa entre comillas supone que son sólo los partidos políticos los que disputan y pugnan por el diseño de las políticas públicas. Discutible, cuando menos. Los intereses en juego trascienden lo meramente partidario, sobran presiones por parte de los intereses privados en busca de ecos en los representantes del pueblo. Y cuando no lo consiguen, directamente se busca copar los poderes del estado (o más bien de los órganos que estos, luego, crean). El BCRA es un caso. Ninguno de sus presidentes ha venido de la nada, todos tienen contactos previos con intereses creados varios, sino es que compartidos. Ni es un pecado (más bien es imposible pensar evitarlo), ni está de más tenerlo presente. Lobby o, directamente apropiación, distintas formas de lograrlo, el objetivo es el mismo. La consigna, política o corporaciones.

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Dos postulados:

1- El campo de los poderes establecidos del estado supone que su existencia se nutre de la necesidad de conciliar diversos intereses individualidades.

2- La sola idea de pensar en personas carentes de toda subjetividad es por demás antojadiza. Pertenecer a o provenir de, por caso, el mundo de las finanzas, no cumple el requisito de ascetismo a que supuestamente se aspira. Conlleva, más bien, la voluntad de privilegiar a la actividad financiera por sobre la productiva.

¿Qué hay de 1, si se da 2? Cualquier decisión adoptada en el marco del estado implica una toma de partido, la búsqueda de construcción de una alianza determinada.

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El ex diputado Carlos Raimundi señaló, días atrás, como grave el hecho de que el manejo de las comisiones de agricultura en ambas cámaras del Congreso hayan quedado en manos de las entidades más poderosas de las patronales del agro (Buryaile, CRA, en la baja -aquel que supo decir que había que cerrar el congreso si no se votaba lo que a él se le antojaba respecto de la 125, nada menos-; Meabe, SRA, en la alta), pues eso impide interpelar con la suficiente libertad el poder de lobby de las mismas, tal el fin último de los poderes establecidos. Este comentarista suscribe.

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Otro aspecto dudoso del planteo tecnocrático es el de la supuesta superioridad de formación de los cuadros provenientes del, concédanse las comillas, “establishment”. Y también, superadores serían los objetivos a los que aspiran.

¿Por qué serían superiores intelectualmente Prat Gay o Pignanelli a Marcó Del Pont? ¿Por qué mas loables los sectores a los que buscan privilegiar unos que los otros? La respuesta a estas preguntas, respuestas que uno no tiene, tal vez acerquen más del fondo de las distintas cuestiones del debate público, siempre sutilmente disfrazadas o evadidas por los opositores.

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Este comentarista es confeso partidario del oficialismo, pero hay sin embargo una discusión en la que no lo defiende: la del Consejo de la Magistratura. No porque la conformación anterior del mismo lo satisficiera más, de hecho la reforma promovida por el oficialismo nació de una coyuntura crítica de aquella. El hecho no es una u otra conformación, sino la desconfianza misma que le genera el Consejo en sí. Tiende a la corporativización, aleja del llano aún más al que de por sí es ya el poder menos representativo de la voluntad popular. El sistema anterior a la reforma de 1994 no era perfecto, pero a esto, preferible, es la conclusión del bloguero. Por otro lado, no es cierto que la reforma de 2006 haya favorecido al oficialismo otorgándole el poder absoluto sobre los jueces: a las pruebas remitirse con los últimos (y cuestionados, seguro exageradamente desde el gobierno) fallos.

Cuando no, la Ley de Medios tuvo algo de esta divergencia. El temor era la posibilidad de que el gobierno de turno gozara de mayorías amigas. La experiencia comparada compraba lo hiper moderado de la propuesta oficialista, felizmente aprobada.

Respecto de todos los temas, ¿quién está en condiciones de garantir que un funcionario concursado, tal el mundo ideal postulado por algunos, será carente de amiguismos en los ámbitos donde tenga que actuar como árbitro, una vez ya sea parte del estado?

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La conclusión del firmante, es que nada resulta más efectivo que la sujeción al escrutinio popular. El grado de democratización de los organismos con mandamases no electivos, es escaso. El principio democrático debe ser revalorizado. Es engañoso el criterio que supone un funcionario está más limitado cuanto menos interpelado por la sociedad (que es lo que a fin de cuentas se busca con la tan mentada despolitización), toda vez que las causales de remoción se ven severamente recortadas.

Es una discusión poco explorada por el gobierno esta. Adentrarse en ella, tal vez le rinda no pocos frutos, expondría más las matrices de pensamientos que lo diferencian de sus adversarios. Déjase esta propuesta en mesa de entradas.

domingo, 7 de marzo de 2010

El tenista con espíritu futbolero


Si la serie ante Suecia pintaba peluda aún cuando no se habían bajado Del Potro, Mónaco y Nalbandian, cuando las distintas lesiones obligaron a Tito Vázquez a diagramar un equipo sin ninguno de los tres, hay que decir que el triunfo sonaba lisa y llanamente utópico. De visitantes, en una superficie híper rápida (al final no era nada del otro mundo) y ausentes los tres mejores hombres disponibles: parecía que el destino repechaje era ineludible.

Schwank, Mayer, Zeballos y el junior Delbonis, podrán tener buena proyección, pero lo cierto es que contaban con nulos antecedentes para enfrentar a tipos con mucha mayor experiencia en este tipo de competencias y de escenario. Suecia tiene, además, a Soderling, un top ten que viene en ascenso. No mucho más que eso, según el ranking, pero lo suficiente como para justificar amplio favoritismo.

De repente, se dieron dos movimientos que terminarían por cambiar la serie. Suecia decidió nominar al terrible sacador Joachim Johansson y a Argentina le cayó del cielo un Nalbandian que se dio de alta solo de una lesión en su abductor, y llamó a Vázquez para decirle que si quería estaba dispuesto a irse para Suecia aún contrarreloj. Y la verdad es que ambos ingresos resultaron claves para el resultado final de la serie. Porque Johansson cayó casi como el principiante que no es ante un Mayer que, con una sola serie de Davis sobre el lomo, le hizo sentir el peso de una inactividad que al sueco le resultó imposible disimular, carente -como lo es- de mayores argumentos técnicos que el de su saque de mula.

Pero por sobre todas las cosas, influyó el hecho de que David dejara aparecer sobre el frío sueco su estirpe copera, y bagaje técnico, que no se agota ni aún con la larga inactividad que lleva a cuestas. Esa combinación lo hace el jugador argentino de mejor historia en el rubro.

Solo por lo primero se comprende como superó los dolores (y temores de quedar out por lesión en alguno de los dos puntos que disputó, ya que Argentina no tenía margen de nada) y las desventajas físicas: un inagotable repertorio de genialidades que le dieron al dobles la jerarquía para nivelar las desventajas ya mencionadas y del que se valió para tirarle la historia encima a un Vinciguerra que nunca -salvo en los primeros tramos del definitorio quinto partido- encontró como dañar desde el ritmo, donde -aunque pocas veces- se vio que se hallaba por encima del as de espadas argentino.

Desde lo segundo, desde la inquebrantable voluntad de David por tener la ensaladera en las manos -cosa que le importa más que cualquier Slam-, se explica que haya arriesgado su físico en el imposible que resultaba esta serie de Davis: por el viaje, por el rival, por el poco entrenamiento con que arribó y que pudo tener en suelo sueco. Está empeñado en ganar este título más que cualquier otro, raro, siendo una meta de corte grupal en un deporte de matriz individualista. No se ve muchas veces esto. Y a más de uno de quienes alguna vez se le escapó la lengua en su contra, debería entender la dimensión de lo que significa la abnegación que tiene Nalbandian por el equipo nacional.

Casi sin pensarlo Argentina se vio 1-1 el sábado. Visto el nivel de Vinciguerra, uno intuye que a Mayer le hubiera costado más él que Johansson. Schwank, por su parte, se la hizo a Soderling más difícil de lo que es deseable un viernes para cualquier candidato. En dobles Argentina jugó casi perfecto, curioso siendo que era la primera vez de la pareja como tal. Ya en domingo, Mayer lo tuvo a Soderling más a tiro de lo que indica un resultado de derrota en sets corridos. Y sobre el cierre, en el quinto punto, llegó la enésima coronación del Rey de Unquillo.

Fue un partido que David podía ganar o perder solo en base a su cabeza. Algunas veces se lo vio corriendo de menos, y eso se debía menos a una imposibilidad física que a los temores de quedarse en un pique, y que en él se quedaran también las ilusiones argentinas. Fuera de ese detalle, Nalbandian hizo todo como para dejar en claro quien de los dos contendientes era el que contaba con una envidiable historia de protagonismo en el circuito y en la Davis. Cuando pudo (la mayor parte del match) sacar la muñeca a mostrarse, no hubo partido, hubo monólogo. Y el sufrimiento se estiró un poquito solo en base a los ya señalados pellizcos físicos.

Argentina ganó un partido de los que construyen campeones. No hay que adelantarse, pero no es poco pasar de estar pensando en un repechaje a soñar con el pase a semis, empresa esa que contará con el aval del retorno de Del Potro. Nuevamente parada muy chiva, pero lo ocurrido este pasado fin de semana invita a ilusionarse con una nueva épica.

Nalbandian sumó otra serie heroica, y van… Empecinado en que el destino de la Davis, el suyo y el de la Selección, confluyan de una vez por todas. Y no estaría de más reclamarle a ese destino, mayor justicia para con el Rey David. Ese que, cada día, es un poquito más grande.

viernes, 5 de marzo de 2010

En primera persona

Aclaración previa: El posteante hace rato dejó de escribir en primera persona del singular. Por distintos motivos, se siente más cómodo en la tercera persona. Esta vez se tomará un recreo, cree que es indispensable personalizar la cuestión. Dicho lo cual, activando primera persona del singular.

No faltan quienes me preguntan, casi socarronamente, de que me voy a disfrazar si Argentina llega a salir campeón del mundo, con tanto que le doy a Maradona. Esto se ha visto reforzado después tras el triunfo de la selección contra Alemania, de lo que ya hablé en el post próximo anterior.

Como les dije antes, les digo ahora: no me voy a disfrazar de nada. Paso a enumerar razones.

1) Porque yo no quiero que Diego y su equipo pierdan para tener razón. Prefiero que ganen y ser yo el equivocado, mil veces. Soy igual de hincha que todos, nunca pude ver a la selección más allá de un cuartos de final, y eso no me hace ninguna gracia.

2) Muy relacionado con el punto anterior. Lo dije varias veces: soy y seguiré siendo Bielsista. Y a mi me molestaba mucho que al equipo del Loco le desearan el mal todos sus contras. Tuve la amargura de escuchar como Mariano Closs nos gritaba con ganas un gol de Libia en un amistoso. Juré que nunca yo haría lo mismo, y pienso cumplir mi promesa.

3) El equipo que jugó contra Alemania el miércoles no tiene nada que ver con aquel que se vio hasta el partido ante Perú, objeto de mis dardos. Me cansé de pedir un plan de juego, cualquiera este fuere. No me importaba, no me importa, si a mi me entretiene o no. Reclamaba, reclamo y reclamaré seriedad, proyecto, trabajo, coherencia, idea, identidad. Observé todo eso ante Alemania. Consensuados esos “4 o 5 temas sobre los cuales estemos de acuerdo” (ya parezco Duhalde y Terragno, que horror), el resto es discutible. Máxime si de futbol se trata. No es obligatorio, ni necesario que nos llene a todos. Es sí deseable que no nos horrorice la anarquía. Muerto el desorden, no será un cerrado el que insista que no le gusta el juego que ve.

4) En todo caso, no soy yo el que cambió. Cambió Maradona -y para bien, y lo aplaudo-. Yo criticaba ridiculeces tales como Gago de 8 (y para peor, con línea de 3), defensa de tres con Zanetti, el “Carrizo es mi arquero” y ahora ni va a ir al mundial, el “fulano y diez más”, el “fulano y mengano y nueve más”, el “fulano, mengano, sultano, perengano y siete más”, las convocatorias masivas (y al pedo en su mayoría), que entrenaran solo por la tarde. Desaparecidos los objetos de mis observaciones, sería de necio insistir en ellas.

5) No me vengan ahora con que “Diego estaba probando en las eliminatorias, ahora encontró el equipo”. Las pelotas. Nada que ver el esperpento estratégico visto en las eliminatorias con el producto que, aparentemente, parece será el final. Otra cosa hubiera sido que siempre la idea fue el 4-4-2, y se intentaban matices sobre una idea principal ya definida. Las certezas llegaron recién ante Uruguay.

6) Como ejemplo de lo anterior, la noticia más gratificante es la aparente muerte del “proyecto fulbito”, la zanahoria que se vendió post eliminación en primera vuelta de 2002.

Como aquella vez se vendió que la solución mágica a todos los males hubiese sido juntar a Batistuta y Crespo, con más Gallardo, Aimar, Veron, Ortega, Saviola, Riquelme y Solari (sin reparar que en futbol juegan 11, que algunos tienen que defender y otros atacar, que no todos los jugadores son compatibles entre sí y, en definitiva, que tirar toda la carne al asador es muy otra cosa), muerto el tirano antifútbol (ese vendría a ser Bielsa), había que liberar ataduras, juntar a todos los “fenómenos”, dejar que las mariposas volaran, no planificar nada, renegar de esquemas, tácticas y todas esas “cosas de troncos europeos” y demás estupideces.

El resultado fue bastante peor de lo imaginado. Los nuevos seleccionados pasaron de complicarse un poco ante los europeos, a directamente llorar sangre para ganar en Sudamérica. Involución total. El 1 a 0 a Alemania es el certificado de defunción de ese falso lirismo, del que Maradona formó parte. Y pasamos de la aberración que significaba juntar en un campo a Messi, Agüero y Tevez, a lo lógico y racional: que de los tres, que juegan exactamente a lo mismo, solo juegue uno. Ya con Basile no funcaba el Messi-Tevez, Maradona encima quería sumar a Kun. Todavía recuerdo a Recondo, Palacios y Arévalo, los voceros rentados de la AFA (lógico, TyC Sports da los partidos de la selección, no van a decir que es un desastre, sería tanto como que un carnicero diga “compre mi carne podrida, señora”), regodearse y hablar pavadas, altaneramente, desafiando “¿con quien va a perder Argentina con esa “magnífica” (las comillas son mías) delantera?”. Así nos fue, casi afuera del mundial. La empomada que el Brasil “B” nos pegó en la final de la Copa América 2007 (nunca me gustó ese equipo, me latía que Brasil nos la iba a dar dura), tardó en digerirse, pero llegó. ¿En que cabeza cabe que un equipo puede llegar a algo en un mundial sin un nueve en serio?

Frente a Alemania se consagró un equipo con valores complementarios, sin amontonamientos de caciques, se recurrió a los indios, y dio resultado. Ese siempre fue el camino, solo que para el marketing convenía otra cosa. ¿O Menotti no dejó afuera a Maradona, pero también a Bochini en el 78? ¿O Bilardo no eligió a Negro Enrique por sobre Borghi en el 86, y solo le dio tres minutos a Bochini en todo el torneo? Resignar individualidades en pos de un objetivo de conjunto armonioso no es mezquindad, es inteligencia.

7) El punto 6 me lleva a lamentar el tiempo perdido para dar rodaje a un once definido. Diego se queja hoy de los detalles que le falta afinar, se pregunta si le alcanzará con los días que los tenga a todos juntos a partir de mayo. Bueno sería que no hubiera desperdiciado entero el 2009 en pruebas y peleas inútiles. Respecto de las peleas: ojo, el periodismo es lo que es, pero solamente con querer cerrarle el pico al miserable de Toti Pasman no vamos a ir a ningún lado. La versión 19.86 tenía demasiado laburo atrás como para creer que todo se debió solo al placer de hacer callar a Pagani y Diego Bonadeo. Más bien eso fue extra, tenerlo en cuenta ahora para no confundirse.

8) Sigo teniendo dudas, pero que ya son menores cumplido el objetivo máximo de sentar bases, cimientos. No creo en la defensa con cuatro centrales, prefiero cinco con dos laterales mediocampistas. Hay que ajustar en el acompañamiento de los volantes en ofensiva. Messi tiene que ir, como mínimo, veinte metros más arriba. No me volví Maradoniano, ni tengo pensado hacerlo.

9) Estén seguros los que sí son Maradonianos: si seguíamos como hasta el partido contra Perú, nos volvíamos en primera ronda. No es un demérito, pues, reconocer los avances logrados.

10) ¡¡¡Ojala salgamos campeones!!!

jueves, 4 de marzo de 2010

Volando bajito llegamos al techo

Ante todo, nobleza obliga, hay que reconocerle algo a Diego Maradona, para con quien este blog no se ha ahorrado críticas. Dichas observaciones se hacían en función de que el seleccionado era una verdadera anarquía. En el partido contra Alemania, esa sensación de desorden y ausencia de un patrón de juego, desapareció. Argentina, eso sí, será lo visto ayer: defensiva, con orden extremo, atención y solidez en grandes cantidades. Pelear, morder, raspar, antes que dejar libres las musas.

Diego puso en cancha un equipo que supo que quería hacer y como buscarlo, hubo estrategia, idea de equipo, identidad definida. Eso es objetivamente indiscutible. Que a uno le guste más o menos el proyecto, forma parte de un plano subjetivo desde el que no merece discutirse las decisiones del DT, como se lo hacía antes, cuando ellas eran fruto de una preparación nula.

Claro que uno aspira a otra cosa. Este comentarista entiende que el material a disposición habilitaría a una propuesta más ofensiva. No por respeto a ninguna tradición, eso es secundario. Pero la estructura elegida, así como los pro de encontrar la siempre deseada solidez defensiva, por ejemplo, tiene sus contras. Por caso, Messi no termina de levantar vuelo, se lo acompaña poco, y él es un jugador consagrado en un esquema mucho más ofensivo. Junto a Higuaín conforman una delantera que indica que el equipo resigna sus pretensiones ofensivas a la lotería de una aventura personal, que siempre es posible atendiendo a las virtudes individuales de los cracks del Barça y el Real.

Por otro lado, genera dudas la defensa elegida, con cuatro centrales. Responde al temor, uno cree que bien fundado, de que los laterales a disposición –en general de poco caudal físico, que encima no suplen con grandes virtudes técnicas- serán incapaces de enfrentar a los portentosos delanteros europeos, aunque no solo. Desde allí, se entiende y se comparte. En la balanza de las contra, juega el hecho de que colocar zagueros centrales en los costados encierra al equipo, le quita sorpresa en ataque. Pregunta: ¿no sería mejor operar con tres centrales y sumar dos laterales puros, sumando cinco en defensa, resignando gente arriba pero sincerando voluntades y dando una respuesta más satisfactoria a un diagnóstico muy probablemente acertado? Jugar con cinco atrás no volverá defensivo, per se, al equipo. Antes bien otras cosas inciden en ello. En la voluntad de atacar o no hacerlo, poco tienen que ver los números telefónicos. Lo cierto es que tanto Otamendi como Heinze son limitados para resolver pegados a la raya. Un poco menos lo es Nico Burdisso. Aplausos para la dupla central Demichelis - Samuel. De arriba y de abajo, inobjetables, no mostraron fisura alguna.

(Digresión: algo de lo comentado en el parágrafo de arriba, ya le ocurrió a Argentina cuando debió solucionar el esquema de doble nueve que le plantó México en octavos del `06. Allí la respuesta fue retrasar a Mascherano, el equipo fue superado, jugó mal, ganó raspando. Uno piensa que sería mejor encomendar la tarea de la marca a quienes saben hacerlo, y no andar emparchando por pruritos injustificados.)

En el medio: Mascherano se paró de “escoba”, por detrás de tres hombres. Verón por el centro, flotando, nunca quieto, es el designado conductor, que además aporta sudor a la causa defensiva; Jonas Gutiérrez por derecha, fue un lateral bis. Se ocupó solamente de perseguir a Lahm, en ataque su aporte fue nulo. Uno opina que es un jugador que difícilmente sustenta su presencia, siquiera entre los 23. Pero, de nuevo, entramos en el terreno de los gustos. Por izquierda, finalmente, Di María. Más ofensivo que Gutiérrez, funciona a veces de tercer delantero, aporta destellos de calidad, tiene gol. Y tiene también, todo por mostrar. Balance general: impusieron el ritmo del partido, y eso es bueno; aportaron casi nada en ataque, y eso es malo, no acompañan a los de arriba.

El saldo arroja tranquilidad en general, con las dudas apuntadas respecto del plan elegido por Maradona. Ayer, ante un rival de porte, funcionó. ¿Será lo mismo cuando toque ir a proponer ante equipos menores, como lo será, uno intuye, toda la primera vuelta? Detalles individuales se corregirán con el andar todos juntos en los días previos. Examen aprobado, sin sobrar nada, y poco más. Se salió del quinto subsuelo, pero no invita a ilusionarse con mayores progresos.

Argumentaciones II

“El fondo lo sacan por DNU porque ahora tienen al congreso en contra”. La afirmación no es una declaración de principios republicana, revela intencionalidad. Da a entender que, de antemano, la oposición (en adelante, “Resto del Congreso”) se opondrá a cuanto proyecto presente el oficialismo.

El Jefe de los diputados radicales, Oscar Aguad, manifestó que la UCR no apoyaría ninguna ley que implique tomar reservas del BCRA a los fines de saldar la deuda externa. No obstante, no faltan aquellos que dicen no escaparle al debate del uso de las reservas, pero que el problema es que el oficialismo lo plantea por decreto y no por ley.

¿Desde que lugar se clama por diálogo y consenso, cuando se anticipan posicionamientos previo al planteo de cada debate? La lógica que atraviesa el escenario político actual dista bastante de ser la panacea a la cual Resto del Congreso dice aspirar. Es binaria y polarizante, aparecer pegado al/o pragmar con el kirchnerismo, equivale al escrache mediático de quien se atreva a tal paso. Se reclama por apertura al diálogo a quien primero se excluye del mismo. El antecedente inmediato al respecto es el debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (en adelante, “LdSCA”). Hubo, durante el mismo, dos tipos de planteos, uno leal y otro desleal. El leal lo encabezó el interbloque SI/Proyecto Sur: plantearon, a instancias de Pino Solanas y Claudio Lozano, veinticinco modificaciones al proyecto original arribado a diputados, el oficialismo cedió diecinueve de ellos y consiguió el apoyo de ese sector, once claves voluntades. Similar decurso eligió el socialismo, para terminar apoyando, en ambas cámaras, una consigna que venía impulsando desde los tiempos de Guillermo Estévez Boero en el Consejo para la Consolidación de la Democracia. Tanto a unos como a otros les cupieron acusaciones por lo “sospechoso” de acordar con el oficialismo, desmereciendo el proceso de negociación. Aún cuando sostuvieron ciertas objeciones en la votación en particular. Enfrente, uno habla de deslealtad en razón de la búsqueda de uno tras motivo para sustentar el rechazo al proyecto, obstinación pertinaz siendo que el oficialismo se empeñó en derribar todas esas dudas. Desde que el parlamento no era legítimo para tratar leyes antes de la renovación de diciembre, pasando por el lema de “Ley Telecom”, se terminó por hacer foco en la madre de todos los rechazos, el artículo 161 que contenía la famosa cláusula de desinversión. Era vergonzoso asistir a la búsqueda infructuosa de cualquier resquicio que les valiera la obstrucción a la iniciativa. Se pudo oír que el proyecto en tratamiento no respetaba los 21 puntos elaborados, como marco de referencia, por la Coalición Por Una Radiodifusión Democrática. Curioso: la movilización que hizo el aguante a los legisladores en las afueras del Congreso la noche en que se discutía la norma en el Senado, a punto de sancionarse, fue convocada por la propia organización. Solo faltó que se dijera que también ellos estaban pagos.

La lógica parlamentaria de Resto del Congreso ha sido siempre la misma: de lo que proponga el oficialismo, ponerse en contra. El ítem Fondo del Bicentenario es uno más, siempre ha sido igual, con cualquier tema, aún si formaban parte de las agendas de las distintas minorías hoy agrupadas. Dar y ceder nunca formó parte de las aspiraciones de Resto del Congreso: en la actual conformación senatorial, no son ocho exactamente los lugares que le tocan para las comisiones. Sin embargo, fueron por ocho en todas ellas, aún las de gestión, vendiendo la zanahoria de que en ellas cedían la presidencia –cargo menor en comisiones- al kirchnerismo. Pichetto había reclamado mayoría en solo seis de las doce que comisiones que Resto del Congreso dio en calificar “de gestión”. Nada le dieron. Buscan imponer agenda propia, cosa que no ocurre ni en las repúblicas parlamentarias, en las que la casi totalidad de las leyes surgen a propuesta de los integrantes del ejecutivo.

Si se quiere, se podría homologar el cuadro arriba descrito al debate por la re estatización del sistema previsional, cuando Elisa Carrió batió todos los récords anunciando por TV -indignadísima como es de rigor- su oposición a un proyecto que ni siquiera había sido ingresado en mesa de entradas del parlamento.

Al lado del reclamo por la sanidad de las formas, está el menosprecio por los “levanta manos” del oficialismo. El Senador cordobés Luis Juez, siempre preocupado por aparecer ocurrente, dijo que los senadores “K” parecían modelos de una famosa marca de desodorantes. Curiosamente, el hecho de que Carrió mande a Prat Gay a votar por la continuidad de Redrado al frente del Central –que, a propósito, mereció el aplauso de este comentarista, incorregible devoto de la disciplina partidaria-, no mereció objeción alguna. Alfonso venía con todas las ganas de mandarse un consejo de volteo para con el Golden Boy, a quien tenía entre ceja y ceja, viejos celos de niños que pelean por los pocos mimos que reparte el establishment. Para completar el cuadro, la CC, a instancias de su jefa política, denunció a todo el directorio del BCRA, el cual encabezaba su defendido Redrado, y más que nunca, siendo que había recibido cuantiosas facultades delegadas de parte de sus colegas.

Otro de los vicios de Resto del Congreso, es el de asignar ribetes espurios a cualquier intención oficialista. Y de nuevo viene el efecto espejo con la LdSCA. Aquella vez se deslizó que el oficialismo compró la voluntad de la entonces senadora Dora Sánchez, en una votación que terminó ganando… ¡44 a 24! ¿Cuál hubiera sido la imperiosa necesidad que guiara al oficialismo a hacerse de un voto non sancto, con el consecuente escándalo mediático, vista la comodidad que auguraba el trámite? Ahora se habla de trampas, de que se prometía discutir con amplitud el tema, y resulta que se esgrimen argumentos propios de la doctrina neoliberal para, siempre solapadamente, justificar que se oponen al uso de reservas que es “el ahorro de la gente”. Sin perjuicio de ello, siempre el primer espacio de las quejas es ocupado por los vicios formales en que el oficialismo incurriría. Y ello, cual si en el dictado de un DNU, Resto del Congreso fuera a quedar sin arte ni parte.

Suben los bonos y la bolsa, baja el riesgo país, pero esos indicadores son menospreciados cuando dan bien. Hay las ganas de proseguir en la senda de disminuir la relación PBI/deuda que, a propósito, hasta la (en otras veces) tan ponderada democracia norteamericana, a través de Hillary Clinton, concedió como logro de los últimos años. Se anuncia la coordinación de estrategias entre el BCRA y Economía, para que sea posible continuar con la inyección de dosis virtuosismo al ciclo de crecimiento económico. Resto del Congreso inserta esta polémica en su agenda de tinte gris y aparentemente desapasionada, que uno cree no es tal. Lo ideal, a juicio de este comentarista, sería que se transparentaran las intenciones, los trasfondos filosóficos, que no son reprochables, ni de un lado ni del otro. Pero un reclamo de diálogo y debate sanos, no debería estar alimentado de ningún tipo de falsedades.