lunes, 31 de agosto de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. III). ¿Ese malvado estado?

Uno de los puntos más controvertidos del proyecto en boga, desmentida ya la canallada acerca de los supuestos “dos años de plazo para la revisión de las licencias otorgadas”, es el que se propone dividir en tres partes iguales el espectro radioeléctrico entre estado, ONG´S y gestión privada, con falta envido para cada uno.

El argumento de la armada mediática, y de sus aliados, vasallos y/o subsidiarios es que, en realidad, el gobierno apretaría por quedarse con el tercio correspondiente a lo se denomina ONG´S y, por ende, primaría en espacio de dominio. Como si no fuese útil y provechoso que universidades, sindicatos u organizaciones sociales tengan su lugar. Y, además, sin que nada impida que la Fundación Noble, por dar un ejemplo, sólo a cambio de exenciones impositivas para nada deseadas, colabora con los carenciados, tal su constante, inalterable e inconmovible costumbre, acceda a dichas licencias. Todo ello sazonado con un llamativo cambio de tinte en la ideología editorial -sobre todo de aquellas sin firma- acerca de lo que debe ser el papel del estado, por ejemplo -pero muy especialmente-, en materia económica.

Debe hacerse un esfuerzo bastante grande para dejar de lado la tentación de hacer apología de lo incierto y aventurar lo que, hipotéticamente, diría el viejo Noble respecto de este viraje ideológico de su criatura, otrora desarrollista y militante por el fortalecimiento del estado en todos sus wines. No debe irse tan lejos. El archivo aún está fresco, apenas siete años. En aquel tortuoso 2002 –tortuoso para el pueblo, no para ellos que se hicieron un festín de canalladas negociales- los muchachos de la viuda se llevaron en un pack: devaluación con más pesificación asimétrica (la mas monumental transferencia de ingresos de ricos a pobres de que se tenga memoria, que licuó gigantescos pasivos acumulados durante los `90 por los grandes grupos económicos, entre ellos el grupo); modificación a la ley de quiebras y una yapa: la llamada “ley de bienes culturales” (las famosas leyes Clarín que completaron la gambeta al “hundimiento del Titanic” que se venía, imposibilitando la colonización de los endeudados por parte de sus acreedores extranjeros).

Entonces, surge la pregunta inevitable: ¿pensaron siempre igual del monstruo estado? ¿O las balas se desenfundan únicamente en ocasión que éste no es puesto al servicio de sus propios intereses?

Posdata, y en clave samaritana, vaya una reflexión que, quizá, les aplaque un poco ese impostado pánico que les invade:

No se justifica tanto terror por el tercio que quedara en manos del estado si, como dicen, el único político iracundo, irracional e irreflexivo con quien nada se puede consensuar, se llama Néstor Kirchner. De cara a 2011, no aparece, a excepción del mencionado ex Presidente, otro dirigente, con proyección presidenciable, que sea capaz de resistir la indecible tentación de sucumbir, una vez más, a servir de gerente de los intereses monopólicos hoy amenazados. Entonces, no resulta tan seguro que, a posteriori del futuro recambio presidencial, esa tercera parte no vaya a ser puesta nuevamente a la entera disposición de sus manejos. Porque de aprobarse esta ley, por sí sola no cambiará nada. Es, nada más ni nada menos, que una herramienta. El uso que se de a esa herramienta, es tema de otra discusión.

En esto como en tantas otras inmundicias discursivas, la mascara se les cae fácil y se impone citar, como cierre, la frase que dejó Aliverti este sábado último en su espacio radial: no quieran, encima de todo, hacer los goles con la mano.

domingo, 30 de agosto de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. II). Lugares comunes

En el primer post de esta serie se advertía que el debate en torno al proyecto de la nueva ley de medios audiovisuales podía llegar a estar plagado de unos cuantos vicios discursivos. En este segundo episodio, se intentará analizar uno de esos vicios: los lugares comunes que han sido tirados sobre la mesa desde enviado el proyecto de ley al congreso.

Particularmente, dos de ellos. Uno, reza que el debate nace mal, dado que se inscribe en torno al pleito que el actual gobierno nacional mantiene con el grupo Clarín. El otro, sostiene que la actual conformación parlamentaria no tiene legitimidad para sancionar la norma, pues con la derrota sufrida por el kirchnerismo en junio no está reflejado el mensaje social recientemente brindado. Como no fuera por el hecho de que hay, también, varios que sostienen dichas expresiones de quienes no se puede sospechar de mala fe (léase cualquiera que no pertenezca a UCR, CC o PRO), uno debe hacer a un lado la tentación de dejar de lado ambas “denuncias” bajo el sólo argumento de quienes son los que portan el mensaje, y dar las contestaciones del caso en orden a hacer honor al corazón del proyecto por el cual se pugna, es decir, calidad de debate, entre otras cosas.

Respecto del primero, bueno es recordar que lo que se avecina es ni más ni menos que la creación de derecho. Y que pocas cosas, o más bien casi ninguna, dinamizan mejor que el conflicto la generación de instrumentos legales. En una sociedad, el lógico devenir de conflictos entre los integrantes que la componen va a encontrar su contención en el estado de derecho, que no es otra cosa que el marco en el cual dicha conflictividad se resuelve. La expresión de ello es la norma legal, expresión del acuerdo a que se llega y que finaliza con la problemática. Por eso, resultan inseparables los elementos conflicto y norma. Es bastante común expresar la lógica conflicto-diálogo-conflicto cuando se busca desentrañar la creación legislativa. Eso, en cuanto a lo técnico. Pero además, un par de preguntas…

¿Qué tiene que ver el contenido del texto a aprobar con la pelea a que se hacer referencia? Si existe acuerdo en que la situación de el grupo, está fuera de lo normal –tomando como parámetro de normalidad la legislación comparada-, y que ello implica enormes intereses dinerarios: ¿Cómo suponer que no nacerán roces con un proyecto así? ¿En verdad creen que puede generarse una ley antimonopolios, sin tocar los intereses de los monopolios existentes? ¿Es muy loco imaginar que el grupo de pelea desesperadamente por lo obtenido al amparo de la ley del proceso? ¿Se puede dejar de lado un instrumento, que viene a mejorar una situación insostenible, solo por el hecho de suponer que el mismo esta guiado por intenciones non sanctas, aún cuando se destaca mucho de su articulado?

En cuanto a la calidad del actual parlamento, podría caerse en el facilismo de decir “ah claro, para bajar porcentajes de retenciones sirven, pero para discutir esta ley no”. Pero, un poco más serenos de espíritu, simplemente habrá que recordar a quienes sostengan el argumento, que los actuales legisladores fueron votados para un período determinado. Y que si es cierta la inspiración republicana que, dicen, moviliza a los opositores al oficialismo, deben atenerse a que uno de los principios trascendentales que guían a la república es el respeto por los plazos. Por ende, es lógico que los actuales parlamentarios discutan cualquier proyecto que caiga en el seno del congreso durante la vigencia de sus mandatos. Igual que a partir del 10 de diciembre habrá que aceptar lo surgido de la expresión parlamentaria que venga, debe aceptarse que otros, que también son ”lagente” que ellos dicen defender, votaron en su momento para que sus elegidos parlamentasen ni más ni menos que durante el período establecido. Y merecen que se oiga dicha voz, pues fue, esa decisión, tan democrática como la del 28J.

El respeto a la palabra, a la calidad institucional, a las expresiones democráticas generadas en el seno social, sellos que usualmente caracterizan a los que ha sido denominado “oposición consentida”, choca de frente con las dos expresiones analizadas en estas líneas. Igual que el declamado liberalismo que propugnan se da de cabeza con la cerrada que a favor de los monopolios están llevando a cabo.

Bueno, al fin y al cabo, se sabe que los muchachos son afines al doble estándar. Solo que, a veces, se les nota demasiado.

sábado, 29 de agosto de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. I). No saben de que están hablando

Este comentarista, ya lo ha dicho hasta el hartazgo, es estudiante de derecho. Cursaba el jueves la materia Derecho Internacional Público. Se analizaba en ese encuentro la Carta de la ONU. Se desmenuzaba el instrumento, artículo por artículo. El intercambio docente-alumnado era incesante, divertido y fecundo. Punto por punto, se expresaban coincidencias y divergencias. Pero todo en base, se insiste, al articulado en mano y análisis del mismo. “Imposible, sino, expresar a su respecto opinión alguna”, razonará alguien en el sólo uso del sentido común. Para el final de la clase, había para todos los gustos: a favor y en contra de la Carta. Pero, eso sí, a nadie podría acusarse de no fundamentar su parecer.

¿Y que ocurre con el proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual? A ver…

A pocas horas de ser anunciado el envío del proyecto a mesa de entradas del Congreso nacional, la UCR emite un comunicado sobre el mismo. Uno supone, “bueno, en el comunicado se expresarán, a favor o en contra, tras hacer, siquiera, una ligera enunciación de los puntos que en particular les llamen la atención”. Pues no. Error. El comunicado no contiene ninguna referencia a una sola coma de las más de cien páginas que reviste el texto. ¿A qué es que se oponen?, cabría preguntarse entonces. Difícil de contestar. Funcionan como grupo de tareas, analogía para nada antojadiza una vez que se advierte su disciplinado sometimiento a la agenda y discurso impuesto desde la mass media dominante. Algo parecido ocurrió en ocasión del traspaso a manos públicas de la administración de los fondos previsionales. Aquella vez fue peor: salieron a oponerse previamente a la remisión del documento a mesa de entradas del congreso. Sin palabras.

No son los únicos, ojo.

Por la noche del mismo día, se presentan en el programa de Nelson Castro, programa de el grupo, dos personajes de otro sector político: Carlos Reutemann y Felipe Sola. El primero, a pura fuerza de ley de Goldwin, expresa que con este proyecto “nos estamos queriendo parecer a Chávez”. De Lole, uno los personajes favoritos de el grupo, se sabe que es un hombre de pocas palabras (y luces). Eso sí, no se sabía que era también de poca lectura. Hay que sospechar de eso en él, toda vez que, cuando se leen las citas a legislación comparada en el proyecto, se advierte que ninguna de ellas se inspira en la legislación bolivariana. Más aún: cuando el Presidente Chávez elaboró su instrumento de “responsabilidad social mediática”, la coalición madre del proyecto argentino tenía ya largo tiempo de vida. Pedirle al periodista que le preguntara en que fundaba el senador sus expresiones, hubiese sido demasiado, siendo que es un vasallo del emporio de la viuda. Allí acabaría ese tramo del programa, con sello puesto: son chavistas, y punto. Felipe fue aún más allá. Se quejó de que el tema no vaya a ser tratado por la conformación parlamentaria venidera. Pero no tardó en aclarar: “el proyecto no lo leí”. ¿Y entonces? “Usted, señor Sola, que aspira a tratar el asunto cuando le toque parlamentar a partir de Diciembre, ¿Cómo no está, ya, interiorizado del mismo?”. Es demasiado pedir una pregunta como esa, se insiste.

A acostumbrarse, entonces, a que así transcurrirá el debate más importante en veintiséis años de democracia. Frases hechas, instaladas con fuerza y valor de verdad. Críticas huérfanas de calificación técnica alguna. Posturas exageradas de horror e indignación (y eso que todavía no salió a chillar Carrio). Mentiras, por que no: Clarín, hoy, 29 de Agosto publica “cuatro puntos cuestionables de la ley”, todos incorrectamente fundamentados. En fin. Tienen los fierros y se defienden, una obviedad a esta altura.

Pero que no quepan dudas: señores, sus voceros son pésimos.

jueves, 27 de agosto de 2009

Clarín o la democracia

“Sin ellos no se puede gobernar”. “Atacan como partido político y se defienden con la libertad de prensa”. “Todos quieren ser sus amigos, pero ellos solo aceptan socios temporarios”.

No son pocos, ni pertenecen exclusivamente a este gobierno, los que han vertido definiciones sombrías acerca del poder de fuego de que goza el grupo de la viuda. El grupo es Clarín, y la viuda, su dueña, Ernestina Herrera de Noble.

Hoy en día son pocos los que dudan que Clarín sea el factor de poder corporativo que mayor capacidad de condicionamiento e incidencia tiene sobre el diseño de las políticas públicas. Justo será recordar que en ello han colaborado todos, absolutamente todos, los presidentes que supimos conseguir desde 1983 a la fecha: Raúl Alfonsín (les dio Radio Mitre), Carlos Menem (Canal 13, cables y apertura a los multimedios), Fernando De La Rúa (llegada a los diarios del interior), Eduardo Duhalde (devaluación con mas pesificación asimétrica y ley de bienes culturales) y, hay que hacerse cargo, Néstor Kirchner (fusión Cablevisión-Multicanal).

Pero nada de ello importa ya en esta fecha, 27 de agosto de 2009. Fecha que puede (o no) llegar a quedar marcada como hito, entre tantas otras de nuestra historia. Fecha en que la Presidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner, envía al parlamento a debatirse el nuevo proyecto de ley de servicios audiovisuales. Una ley nueva, de la democracia. Que viene del puño y letra de un mandatario (¡mandataria!) electo democráticamente, reemplazando las tristemente célebres firmas de Jorge Videla, José Martínez de Hoz y Albano Hargindeguy, Presidente, Ministro de Economía y Ministro del Interior de la dictadura mas sangrienta de nuestra historia bajo el amparo de la cual, Clarín llegó a ser todo lo que es hoy. El hecho de que Néstor haya otorgado algo más del poder a Clarín en su momento, no implica oponerse a que se discuta ahora un proyecto superador y de excelencia. Eso al decir, incluso, de muchos quienes no pertenecen (ni pertenecerán) a este gobierno. Bueno es saberlo: no siempre se avanza como se quiere, sino como se puede.

Para desmenuzar el texto de la ley en detalle, habrá tiempo. Sería bueno inundar la web de posts al respecto de la discusión que se avecina, para no quedar postrados ante lo que será, sin duda alguna, una feroz embestida orquestada desde el grupo. Maniobra que irá directamente a buscar el precio -y que se entienda textual esta expresión- de débiles voluntades, que las habrá, seguramente. Y he ahí el quid de este comentario.

La certera posibilidad de que se presione sobre hombres de las instituciones, viene a darnos noción de lo que puede significar el debate de un nuevo instrumento en esta materia: la chance de que los oligopolios mediáticos se disciplinen al poder de la democracia siendo lo que deben ser, un actor más, importante sí, pero que no merece los privilegios con que cuenta por estos tiempos. O bien, sino, se consolida la reivindicación de los mismos como factor corporativo, extrapoder o suprapoder –como son-, gravemente condicionante del accionar de los gobiernos democráticos –lo cual no significa eximir a los mismos de las barbaridades que han cometido en más de veinticinco años de gestión institucional-.

Estará en la conciencia de cada diputado y senador si han de servir a los intereses de los grupos (o mejor dicho, de ese grupo), o a la democracia que los galardonó con los puestos que ocupan. El debate que empieza, marca la chance de que finalicen su imperio las expresiones más importantes de la dictadura o se continúe en el marco de una democracia falopa.

Promesa de épica en puerta. Y, en cuanto al firmante respecta, promesa de que sea el primero de muchos posts que hagan a esta batalla que hoy comienza, y ojala depare victoria.

P.D.: Hasta el propio Carlo, padrino de la criatura con la famosa modificación al artículo 45 de la ley actual, dice hoy, “me equivoqué con eso. Y los medios se convirtieron en monopolio”. Pecó de ingenuo y un día Magnetto le dijo, cuando el riojano lo acusó de querer su puesto, “puesto menor el suyo, Menem”. Igual que cuando Álvarez, Chacho, oyó: “no te equivoques, el poder lo tenemos nosotros”. Quien quiera oír que oiga dice el dicho. Y que, con esto, se puedan oír más y, sobre todo, mejores voces.

miércoles, 26 de agosto de 2009

¿Tienen que ver el faso, Scioli y Cromañón?

El fallo de la Corte despenalizando la utilización de marihuana para consumo personal tiene múltiples aristas.

Desde lo jurídico se presenta irreprochable. Muchos de los que habitamos el derecho, en los pasillos de universidades o tribunales, veníamos bregando por lo que, al decir de la propia CSJN, es un retorno a la doctrina sentada alguna vez en “Bazterrica”, que volteó la Corte de Carlo en los noventa y que, a juicio de este estudiante jurídico, es la que mejor honor hace al artículo 19 de la Constitución Nacional, bien citado por los cortesanos en el fallo.

Luego, dos cosas que vienen siendo constante de esta Corte. La primera, jerarquizar los Tratados Internacionales de DDHH: el fallo hace reiterada mención a los documentos internacionales y el sentido que éstos dan a la cuestión de limitar las atribuciones de ingerencia del estado en la vida privada e intimidad de las personas, y el no-establecimiento de un modelo de vida o determinada pauta moral. Por otro lado, se ubica como poder del estado y actúa hasta el límite de sus posibilidades en cuanto exhorta al legislativo y ejecutivo la adopción de las acciones políticas que vuelvan palpables lo que ellos defienden en sus fallos. A menudo se olvida que la Corte es la que pone a salvaguarda los derechos consagrados en la CN. Y a diferencia de otras composiciones del tribunal, la actual no se contenta con escribir un tratado de derecho por cada decisión que toma, sino que dice “esto es lo correcto que haga, pues háganlo”.

Toman el tema, se involucran y operan en dirección a buscar su solución. Lejos de las críticas que le llueven, generalmente desde la derecha, los actuales integrantes de la Corte no establecen una posición “garantista” (las comillas van destinadas a crear en el lector el sentido socarrón que le imponen los sectores reaccionarios al vocablo. El ser garantista es una aspiración de todos quienes somos del palo), sino que han dado el puntapié en lo que es el cambio de paradigma en lo que debe ser el combate al flagelo de la droga. Así como en el tema inseguridad, opinan determinados sectores con el de la masificación de la droga: cortar, vía represión, por donde no se debe, es decir, por el resultado y no por su origen. Y en ambos casos, es lo mismo. La aniquilación de las estructuras sociales ocurridas al compás del neoliberalismo, es la madre de estas criaturas. En todo caso, cuesta creer como se escandalizan determinados sectores, toda vez que la mayor expansión del tráfico y el consumo de drogas ha sido en épocas de reinado de una doctrina distinta a la ayer recuperada: la persecución al eslabón final de la cadena: el enfermo, el adicto y su criminalización. Mientras tanto los traficantes, igual que Al Capone mientras duró la ley seca, hacen enormes ganancias porque a ellos no se los combate, sino que se persiguen perejiles. Y hasta Fayt se ha dado cuenta.

En algo parecido anda Scioli y su intención de acabar con la violencia en los boliches mediante adelantar el horario de salida de los locales. Loable lo de Scioli y sus ganas de hacerse cargo de algo que existe: quien anda la noche, sabe que la cosa viene calentita y no puede mirarse para otro lado. La violencia existe y es jodida. El alcohol juega en todo ello. La droga también. Pero ojo, creer que es determinante o causa fuente de las peleas, es por demás incorrecto. El contexto violento opera con independencia de otros temas que no hacen más que agravarla. Quien esto escribe, suele salir y beber: acaba de cumplir veintitrés años sin peleas en sus espaldas. El que reacciona violentamente ante determinadas situaciones, lo hace como uno más de los aspectos de su vida habitual. No es el alcohol lo que hay que quitarle, sino garantizar su desenvolvimiento en un medio que no lo convierta en hostil. Y el horario de salida, ni hablar. Significa adelantar el horario de las piñas, y punto.

El fallo recaído en Cromañón, a diferencia de “Arriola”, no fue analizado por este comentarista. Arroja algo indudable: el dolor de las víctimas no puede, ni debe, ser discutido. Frente a ello los análisis se rinden. Lo grave es que se socializa el discurso de que existe impunidad, o que “la justicia está ausente”. Es bueno repetir, que uno no ha leído el expediente, bastante complejo, como para opinar científicamente y con ventaja a su respecto. Pero, justamente por ello, debiera mediar la mayor prudencia de parte de los comunicadores. ¿O alguien supone que alguno de los periodistas de las grandes ligas está en condiciones de evaluar calificadamente la tarea del tribunal? Respecto de Cromañón debe decirse que la justicia actuó: hubo condenados -coincida uno o no con quienes y/o la cantidad de-, fue relativamente rápida su puesta en marcha, se oyó todo lo que se debía oír, hubo marco de estricta legalidad. Pero aún si las sentencias hubiesen sido, textual, lo que “la gente” quería: ¿Qué se solucionaba, con ella, a futuro? Suponer que no habrá mas Cromañones en virtud de un pronunciamiento judicial es, cuando menos, y a juicio de quien firma, una ingenuidad. Por ello resulta repudiable el enganche de parte de quienes debían aportar sapiencia y no hicieron más que aprovecharse de la entendible bronca de los familiares.

Y aquí viene el ensamble con los dos temas anteriormente analizados. Es que, finalmente, debe uno caer en la cuenta de que nadie –de entre quienes no han sufrido en carne propia una desgracia- clama por justicia (o por la acción de los restantes poderes) en función de solucionar “dramas sociales”. Lo que juega es una cuestión de lo que se llama “prevención especial negativa”: mantener al reo adentro, cuestión que “ese, a mi, que no me joda, y el resto me importa poco y nada”. Individualismo en su máxima expresión.

En fin, son temas confusos. Juegan susceptibilidades y muchas. Lo de Scioli quedó en la nada; lo de Cromañón está en veremos. Y los dramas que los envuelven, siguen ahí nomás, fresquitos.

En cuanto a lo que originó esta nota, el fallo despenalizador de la CSJN, una reflexión: el marco mejoró, y está todo por hacerse. El artículo 19, ya está a salvo. Pero no será ese artículo, ni ningún otro, el que vaya a combatir al narcotráfico. A tenerlo en cuenta a la hora de, en un tiempo, ponderar correctamente que significó el fallo en la vida del país.

jueves, 13 de agosto de 2009

Hablemos de inflación

Para hablar de inflación, es necesario despojarse de diversos lugares comunes instalados desde los distintos sectores de la corporación mediática. Es que el actual proceso inflacionario argentino se inscribe en el marco de particularidades propias de la trama económica local que, a menudo, suelen obviarse.

Ante todo, debe quedar en claro que, tanto en las ramas de la producción así como en las del comercio, existen fuertes procesos de concentración y/o extranjerización, altamente distorsivos de los mercados de competencia perfecta lo cual atenta de lleno contra el ideal de un proceso de formación de precios. Ello da en configurar cúpulas empresariales (AEA, Mesa de enlace) con sobrada capacidad para presionar sobre el diseño de políticas públicas, o direccionándolas en función de intereses propios. Todo esto con la ventaja de poder producir sentido de pretendida racionalidad a sus catedráticas “recomendaciones”, desde que sus ramificaciones llegaron al plano de la comunicación, ventaja otorgada con las modificaciones a la 22.285, ley de radiodifusión, en cuanto a la posibilidad de conformación de mega corporaciones adquirentes de cuantiosos medios.

Muchos, o casi todos, de esos grandes empresarios recibieron en 2002, como gracia por parte del estado, la devaluación con más pesificación asimétrica, para licuar las deudas monstruosas que acumularon en la fiesta neoliberal, en lo que significara la mayor fabricación de pobres de la historia por medio de una monumental transferencia de ingresos a favor de los grandes agentes económicos. Aceptado eso como única salida posible de la recesión que acuciaba al país, y una vez puesta en marcha la reactivación comenzó, por lógica, la ampliación del mercado de trabajo con la también consecuente mejora de índices sociales, todo apoyado en las resucitadas paritarias, y el consejo del salario mínimo, vital y móvil, instrumentos centrales en la pelea por las recomposiciones salariales.

Ocurrió luego, y a partir de fines de 2006, que los distintos sectores patronales deciden acabar con la “tregua” y comienzan a presionar con aumentos de precios erosionando las mejoras alcanzadas por los asalariados desde 2003. Es decir, un sector se sienta a la mesa con ventaja comparativa a las restantes, toda vez que las descritas distorsiones de que gozan, limitan la profundización en la creación de empleo o de mejora de condiciones para quienes han sido alcanzados por la formalidad, en una carrera, sin final a la vista, por el reparto de los ingresos, en la cual no se logra poner en discusión nunca la resignación de márgenes de rentabilidad empresarios, como sí ocurrió con la renta obrera post crisis 2001. Con lo cual, el capital juega con ventaja y presiona por mantener su posición de predominio relativo en la estructura social cuando advierte que el trabajo avanza su participación el ingreso. Y todo sin mencionar a los beneficiarios de planes sociales, en peor situación teniendo en cuenta que el kirchnerismo adoptó la decisión de distribuir a través de la creación empleo. Quiénes no alcanzan la formalidad, están desprovistos de adecuados instrumentos de pelea para no sufrir la desvalorización de sus ya magros ingresos.

Las excusas, frente al proceso inflacionario, de las presiones sindicales o falta de “seguridad jurídica”, son inverosímiles, toda vez que está plenamente demostrada la mayor posibilidad de los empresarios de incidir en la puja distributiva –por su dominio de los mercados de producción, que no se corresponde con dominio de los sindicatos de los puestos laborales-, tanto como que la supuesta ausencia de previsibilidad achacada al gobierno K, es mera demagogia discursiva, pues, explica Zaiat: “Si se evalúan las principales experiencias que derivaron en la transferencia del control de compañías en manos de privados al Estado se observará que el comportamiento oficial fue diferente a un “cuco estatizador”. En Correos, Aguas y Aerolíneas, que se constituyeron en casos emblemáticos de ese proceso, los funcionarios intentaron diferentes vías de negociación con el operador privado para mejorar el servicio con más inversiones. El objetivo del Gobierno siempre fue mantener bajo dominio privado esas compañías, pero ante el fracaso de la gestión privada y su resistencia a modificar apenas un poco la lógica de su negocio que consistía básicamente en pretender aumentos de tarifas y subsidios públicos sin desembolsar fondos propios, la recuperación de esos activos al patrimonio estatal fue el último recurso para preservar esos servicios esenciales.

Desarrollo similar, aunque con otros matices, fue el que desembocó en el fin del negocio de especulación de las AFJP con el dinero previsional de los trabajadores. El recorrido no fue directo hasta arribar a esa estatización e incluso antes se había dispuesto la opción de elegir entre los dos sistemas (reparto y capitalización), pero el estallido de la crisis internacional aceleró esa medida. La debacle global dejó al descubierto simplemente el fracaso del régimen privado como esquema previsional, que expulsaba al descampado a los jubilados, actuando el Estado en última instancia como canal de salvataje de esos trabajadores que hubieran pasado a cobrar haberes misérrimos por la licuación de sus fondos aplicados en la actividad financiera.“

Al cuadro debiera agregarse no sólo el hecho de que las ganancias presentadas en balances, de 2003 a la fecha, son harto superiores a las mejoras salariales acumuladas en las sucesivas paritarias, sino que, además, no se han detenido en seis años (aún crisis financiera mediante) ni hubo compromiso de acompañarla con niveles de inversiones ampliatorias de capacidad productiva acordes en función del desarrollo y/o diversificación de la matriz económica, todavía demasiado primarizada.

Todo esto lleva a la conclusión que la raíz de la actual situación inflacionaria radica en la gula y ausencia (intencionada) de capacidad estratégica por parte del empresariado local, que lejos está de ser una burguesía calificada capaz de cargarse un proyecto de país al hombro y con conciencia de las posibilidades de rentabilidad en armonía con los intereses del todo societario, como en el caso de Brasil, por citar un ejemplo.

Frente al dilema, la administración kirchnerista ha actuado erráticamente. Diagnostica mal, pues enfoca sólo la faz económica de un problema que incluye también una matriz jurídica y requiere de una decisión política en cuanto a la decisión de desmontar los diversos y cuantiosos sectores monopolizados; por ende, resuelve peor. De modo, o bien insuficiente, pues toma medidas con las cuales se puede coincidir en lo macro desde una perspectiva progresista, pero que, aún en el buen rumbo, focalizan en sólo un sector de los que incumbe a la problemática; o, también, en forma errática, pues intenta controlar en sectores aislados de las cadenas de valor, con métodos que acaban por resultar no conexos al precio final. Para peor, ha cometido el grave error de desautorizar su palabra con los maquillajes realizados en las estadísticas oficiales. El resultado no es sino dañino para la imagen toda del estado como instrumento regulador de la interacción de los diversos actores que en su seno coexisten, y entre quienes debe mediar para evitar que surjan entre ellos disparidades considerables.

Es menester, entonces, que para solucionar este verdadero estigma de la economía argentina, sin que el remedio sea peor que la enfermedad, como en los noventa, se enfoque en el mismo de modo acabado y no sólo en lo que no es sino una foto –las medidas económicas- de un problema mucho mas complejo. El economista de CTA, Claudio Lozano, tiene al respecto una buena definición que es conveniente traer a cuento, a fin de cerrar la columna: ”Nosotros (Nota del autor: Lozano y su agrupación) no somos por definición estatistas, sino que estamos convencidos de que frente a la existencia en la Argentina –y en América Latina– de una cúpula empresarial dominantemente extranjera, la discusión sobre el futuro, que es en buena medida la discusión sobre la inversión, obliga a un papel de los estados sumamente activo, que debe evaluar cuáles son los lugares y los modos de intervención en función del compromiso que el capital privado tenga con el rumbo nacional popularmente definido”.

Felicitaciones a Martínez de Hoz

El dos de abril de 1976, el ministro de economía del gobierno dictatorial de Jorge Rafael Videla, José Alfredo Martínez de Hoz, recientemente ovacionado en la última exposición de la SRA, anunciaba las directrices del plan económico que guiaría al país en sus siguientes veinticinco años de vida. El lema, decía, era: “desandar la estatización socializante ineficiente y elefantiásica”. El mensaje estaba clarito: generar conciencia de que el estado regulador-democrático es, básicamente, un cáncer. Contando para esto con el apoyo de una horda de civiles, en su mayoría socios comerciales –y muchos otros que hoy pretenden hacerse los desentendidos-, que se prestaron a la configuración de un aparato estatal que operase a favor de sus intereses particulares. Todo ello determinó el desvío de funciones estatales, de regulador a favor de los menos favorecidos, a guardián de la rentabilidad los sectores dominantes. El abandono del patrón neo keynesiano y el pacto social capital – trabajo; de la matriz productiva, por otra especulativa – financiera; y la liberación de agentes de capacidades desiguales a su suerte, comenzando un brusco descenso en un índice en el cual el país supo dar cátedra: la igualdad. Este programa duró, con sus más y sus menos, hasta fines del año 2001. Y dejando de lado consideraciones respecto de los resultados concretos que haya producido, hay algo en lo cual no se puede negar éxito a los militares, la instalación del discurso. Hoy en día, no caben dudas que el estado no goza de buena reputación.

El veinticinco de mayo de 2003, con su asunción como Presidente de la República, Néstor Kirchner inició un proceso diferente. Intentó, a los ponchazos, hay que decirlo, con errores de diagnóstico, de ejecución y estratégicos, recuperar aquel rol que el estado desarrollaba previo al manifiesto de Martínez de Hoz: conducción de la vida social y de la economía, poniendo esta última al servicio de aquella en el deseo de un desarrollo comunitario equitativo. ¿Qué lectura tiene esto por un grueso de la sociedad? “Van por todo”; “otra cosa para chorearse”; “avances sobre la economía privada”; “nuevos conflictos innecesarios por la burocracia estatal rancia e ineficiente”. El discurso del ex ministro ha calado tan hondo que tiene la ponderación de un violador de menores. Muchos no dudan en llenarse la boca con insultos para contra el estado, ignorando que con ello se insultan a sí mismos. Derrota cultural, ha dado en llamarse. Resulta que nadie cuestiona el orden social desigual actualmente vigente, pero sí se critican las acciones del único actor con capacidad de transformar esa realidad cuando se decide cuestionar las causas de la desigualdad. Brillante.

El autor, como dijo arriba, se dispensa de desentrañar las minuciosidades de las consecuencias que económicamente arrastra este paradigma. Considera, para ello, que existen muchos mayor y mejor cantidad de personas duchas en el tema, que de hecho se encargan sobradamente de hacerlo, y muy bien. La intención de estas líneas es la de felicitar a Martínez de Hoz, por su capacidad de generar una cultura que, a mas de treinta años de pronunciadas aquellas palabras, sigue muy vigente en buena parte del inconsciente popular. Porque buena parte de ellos cree que diciendo “los milicos fueron unos asesinos hijos de puta”, la dictadura está superada. Bien por ellos, pero uno no se satisface y cree que el legado es mucho mas profundo. Y que cada quien se haga cargo de lo que crea que le corresponde de estas palabras.


Estatizame las pelotas

La ruptura del contrato con TSC llevada a cabo por el Presidente de AFA, Julio Grondona, con la consecuente posibilidad de que el estado, a través de la administración CFK, tome cartas en el asunto, es un tema muy en estado de inmadurez aún como para generar juicios de valor respecto de determinar donde desembarcará tamaña maniobra.

Desprovisto, como está este comentarista, de capacidad para mensurar las posibilidades de rentabilidad a futuro del negocio, bueno es optar por la prudencia y evitar pronósticos sin sentido, tanto apocalípticos como triunfalistas. Para el análisis, mejor guiarse por lo concreto, lo evidente, lo palpable. Y lo concreto, evidente y palpable, es que se han dado las hurras a un negocio monopólico que venía manejándose en forma lamentable: volviendo elitista un deporte de raigambre popular y pagando monedas a los clubes en retribución por un espectáculo de facturación millonaria.

Lo dicho, ni exime de responsabilidades a todos los pésimos administradores que por los distintos clubes han pasado, en general cómplices del saqueo. Ni mucho menos a Julio Grondona, factótum del negociado ahora extinto, quien no se hace merecedor de una estatua en su honor por el hecho de haber, ahora, finalizado un vínculo que, al decir de Victor Hugo Morales, era “irreconciliable con la decencia”. En todo caso corrige antiguas atrocidades. Y gracias.

Habrá tiempo de examinar culpabilidades en detalle; de que se determine la conveniencia (o no) de que el gobierno haya apostado a este negocio; de discutir en profundidad como deben proseguir los clubes manejando sus propias finanzas y su relación con la AFA. Hoy, separando las aguas, lo único cierto es que la pelota ha dejado de manejarla quién no correspondía que lo hiciera. Se ha dado un paso adelante en sentido democrático. Y el resto, está en veremos.

Para el gobierno, dos cosas:

1) Cuesta creer que hubiere intervenido si no fuese por la pelea que de por medio existe con el grupo Clarín. En ese caso, es un paso saludable y reconforta saber que conserva poder de fuego e iniciativa estratégica tras la derrota parlamentaria del ya lejano 28J. Y bien para la ventura del proyecto de servicios audiovisuales, cuya discusión se avecina. Es claro que este suceso golpea, y duramente, al monopolio de la viudísima apropiadora de niños.

2) Aceptado que sea lo primero, un consejo: esa pelota que picaba (Biolcatti dixit) puede volver a capturarse. Es tiempo de no equivocarse. A tenerlo en cuenta cuando llegue la hora de manejar esto, porque no habrán aquí elites en quienes descargar las culpas.

jueves, 6 de agosto de 2009

El caso De La Rúa: ¿y lo verdaderamente importante?

Fernando De La Rúa ha sido procesado por el famoso escándalo de las coimas en el senado. Aquel que, no sólo arrancó del gobierno a su vice, el Chacho Álvarez, símbolo del falso progresismo que declamó la campaña electoral de ese engendro; sino que también constituiría el primer paso en el impresionante declive del que, considero, fue el peor de los Presidentes democráticos de la historia.

Pero a mi el hecho no me genera ruido por lo reprochable que pueda ser un delito tal en el ejercicio de la función pública. No para mi curiosidad, todo el arco periodístico prefiere hacer foco en ello, la corrupción.

Lo penoso es que con ello se deja de lado algo muchísimo más nodular en el asunto: el contenido de aquella no-ley era tremendamente lesivo para la clase trabajadora formal que iba a receptarla. Profundizaba, todavía más, la gigantesca flexibilización de la cual habían sido ya objeto los obreros durante diez años. Aniquilaba conquistas en sintonía con el desmantelamiento del estado articulador.
Ese soborno representaba, no sólo lo que en sí mismo era, el delito de cohecho mirado con la letra fría y rigurosa del código penal, sino también, y para peor, la representación simbólica de cómo la clase dirigencial servía a los intereses del capital en desmedro del trabajo, poniendo al aparato estatal a trabajar en contra de los más débiles, bien que ayudados por una clase sindical (no toda. No Moyano, por ejemplo, aunque muchos parecen querer olvidarse de ello) absolutamente corrompida desde el menemato del cual De La Rúa, conservador no radical, fue un mero continuador. Nada, o demasiado poco de esto, se menciona y/o analiza.

Reitero, no me parece mal subrayar la necesidad de decencia en la política. Pero si me parece mal no poner en primer plano que los contenidos –la ley-, son más importantes que las formas –el soborno- en las buenas y en las malas. Sin embargo, pasan y pasan las oportunidades y la revisión de todo aquello sigue brillando por su ausencia. Todo aquello, es la década -y dos añitos más- neo liberal. Clamando por lo que Caparrós define como “honestismo”, ¿olvidan? cuanto más importante que ello es profesar ideologías aberrantes.


Y ante esto la pregunta: o es la famosa derrota cultural de que tanto hemos debatido, o bien, alguna complicidad en esconder que la corrupción de esos tiempos no fue nada al lado de la imposición de una pseudo democracia operando a favor de determinados intereses de clase.

Alguna vez alguien, no recuerdo ahora quien, cerraba un análisis diciendo: ¿lo hacen de malos o de boludos? Le viene muy bien ese cierre a esta notita.

lunes, 3 de agosto de 2009

Contrastes

En el TVR del último sábado se pudo observar dos modos diametralmente opuestos de entender la vida y de considerar la forma en como se la encara. El impacto fue fuerte dado que las notas en que se vieron esos contrapuntos estuvieron pegadas una a la otra.

La primera, se trató de un reportaje del segmento Sociedad registrada, en la exposición de la Rural. Específicamente, la nota realizada a un productor que no parecía de los pequeños, un tal Pereyra Iraola (aunque eso de los grandes y los pequeños esté en discusión,
acá); la segunda, el particular mano a mano que mantuvo Tenembaum con Jorge Rivas.

Empiezo por el último. Se sabe, pero lo repito, el ex vice de Alberto F se encuentra parapléjico por un golpe recibido en la sien, durante un asalto sufrido en `07. Casi completamente inmóvil, prosigue con su vida y se comunica mediante un software que le diseñó un amigo personal. Impresiona verlo y saber que, así y todo, sigue adelante, peleándola. Un mes antes de las legislativas de Junio asumió la banca de diputado que obtuvo poco después de ser atacado, en la boleta que llevaba a Cristina como candidata a Presidenta. Y no es uno más en la cámara. Está elaborando, dijo, un proyecto nada menor: el castigo a las formas fraudulentas de contratación laboral temporaria, que encubren relaciones en realidad estables (tema sinuoso si los hay, lo digo por la experiencia propia de haber cursado, hace nada, derecho laboral).

Pero aparte de la inquebrantable fuerza de voluntad que demuestra para seguir en la lucha, hay algo más que me impresionó de Rivas. El hecho de que, habiendo perdido realmente mucho, no cae en el desvarío de exigir represiones desmedidas por parte del estado, ni clamó venganza para con sus atacantes. Por el contario, dijo reforzarse en “la necesidad de políticas de prevención” y que ubicaba el ataque por él sufrido como consecuencia de la desigualdad. Todas posturas que sostenía previo haber sido postrado –y más- de por vida.

Antes de eso, en una de las notas realizadas en la SRA, el tal Pereyra Iraola mostró una faceta bien distinta. Molesto, ofuscado, incontinente, agresivo, irrespetuoso. Se mostró orgulloso de su gorilismo, calificándose como “anti peronista de genética”. Calificó a Evita de yegua, y a los Kirchner, de cornudos. ¿Y todo porque? Por “no poder exportar”, porque el campo es “algo privado y acá nadie respeta la propiedad privada”.

Hay que defender, es cierto, el pluralismo. Tiene derecho el señor Pereyra Iraola a sentirse descontento con este gobierno, esta política, este modelo. Todo eso es rigurosamente indiscutible. Pero también, lo invitaría a la reflexión. A que revise si no le parece demasiada tanta intemperancia, tanto odio, viendo que hay, como Rivas, y solo es uno de tantos ejemplos, tanta gente con penurias mucho mas acuciantes, profundas y considerables.

Este comentarista, desde las lágrimas que le provocó ver la nota de uno, y la incomprensión ante el otro, no encuentra como no sentirse desconcertado ante semejantes diferencias de reacciones. Y, la verdad, tampoco acierta en que forma cerrar esta columna en forma acorde a lo que Rivas merece. Mi admiración hacia el. Y nada más.