domingo, 11 de octubre de 2015

La inviabilidad macrista

La semana que culmina no fue pródiga en novedades. O tal vez sí. Todo depende del cristal con que se mire, suele decirse y con razón. Este encabezamiento del texto puede parecer el divague de un demente, pero en realidad intenta expresar extrañeza ante una persistencia inentendible: el escasísimo impacto que merecen en la agenda local las convulsiones que se están registrando en la geopolítica, que no cesan en cantidad ni en la profundidad de sus cuarteaduras.

Lo suficiente como para que no luzca excesiva la descalificación de quienquiera con la sola pretensión de mantenerse al margen del proceso. Por lo difícil o inconveniente que resultaría. Tanto o más que la voluntad de nadar contra la corriente en el país de origen del nuevo jefe del catolicismo universal, del peronismo y que tiene todavía fresca en su memoria la tragedia de 2001.

La presidenta CFK destacó en la ONU los lazos que vinculan a la justicia social con la gobernabilidad, la paz global y la igualdad de género. Expedientes indisociables. Las palabras del Papa Francisco en su gira por Cuba y EEUU volvieron a poner de relieve asuntos que ya se tocaron en esta misma columna el pasado 18 de julio: la dimensión de su figura cataliza fuerzas que ya se venían desplegando pero que ahora encuentran un eje organizador. Este aglutinamiento ensaya una ruptura con el paradigma dominante actual, el neoliberalismo que miserabiliza planificadamente y desgasta los cimientos del tejido social que todo Estado necesita para su factibilidad.

El populismo se anota por estos días, en fila, la reconciliación al caer entre la isla castrista y la primera potencia internacional, tal vez el último escombro significativo del Muro de Berlín; el pacto que están por firmar el gobierno colombiano y las FARC y una estructuración, todavía embrionaria pero considerable, de países que rechazan los esquemas vigentes en materia de tramitación de deudas soberanas, con la resolución que se votó semanas antes del cónclave en la ONU. 

Mientras todo esto pasa allá, acá acapara mayor rating el llanto de Luis Novaresio por los escollos que encuentra la realización de ese concurso de preguntas, respuestas, chicanas y fraseología marketinera que llaman debate presidencial. Y el principal retador del oficialismo nacional, el único actor político/partidario que somatiza las ondas que vienen de afuera y las compagina con su hoja de ruta, es un espacio cuya razón principal es revertir el actual curso histórico de regreso hacia las lógicas que antes estallaron entre nosotros y hoy lo hacen en distintos puntos del planeta. Un disparate estratégico superlativo cuando hablamos, para colmo, de un país cuya economía depende, para sobrevivir en grado de racionalidad mínimo, de resolver un conflicto de magnitudes dramáticas contra los fondos buitre, arquetipo de las desproporciones de los mercados librados a su antojo.

Concédase que estamos en medio de una campaña electoral, y que en la búsqueda del sufragio no es sensato despreciar la agenda minimalista, que es mayoritaria. Pero el lunes siempre llega, la responsabilidad de Estado impone mirar más allá de lo tangible e inmediato. Y en definitiva, lo pequeño depende de que lo mayúsculo camine, o caerá arrastrado también.

* * *

Mónica López es una dirigente irrelevante que el último jueves saltó de regreso desde el Frente Renovador al Frente para la Victoria. Ese desplazamiento dice, sin embargo, bastante acerca de las perspectivas de cara a la sucesión que se disputará en octubre próximo. Es poco probable que Daniel Scioli aspire con este movimiento a captar acompañamiento, pues no se trata, en el caso de la susodicha, de una pasión de multitudes, ni mucho menos. Puede que el garrochazo termine por ocasionar algún daño en la flota de Sergio Massa, pero lo será en cuanto a comportamientos --erráticos, se entiende-- que se proyecta inducir en el rival, y de ningún otro modo.

El episodio interesa como señal en relación al poder: a su ubicación, por decirlo con sencillez, que oficia como sombra bajo la cual corren los personajes en cuestión a ampararse, porque registran que la electorabilidad va edificando allí la futura instancia de referencia.

Maurizio Macrì enfrenta desde inaugurada su empresa nacional un laberinto casi irresoluble. Su despliegue territorial no alcanza para participar de manera competitiva. Déficit que agrava su procedencia porteña y la característica central de la alianza conservadora que labró con la UCR y Elisa Carrió: pureza antiperonista. Esa definición lo coloca ante una muralla: el 60% aproximado que, desde 2003 a esta parte, el peronismo realiza en las urnas consecutivamente entre sus diversas fracciones, que le augura destino de boleta aún en un hipotético balotaje.

La trama tucumana, así las cosas, no apuntaba a torcer porcentajes decisivamente, lo cual se haría muy engorroso. Antes bien, la deslegitimación es una huida hacia adelante. Impugnar los factores de una matemática que no cierra: si el peronismo es mayoría, invalidarlo. Memorias de 1955.

Pero esto tampoco lo habría corregido un entendimiento entre el jefe de gobierno porteño y el ex alcalde de Tigre: el cuello de botella invertido que habría ocasionado esa alternativa, por superpoblación de los niveles subnacionales, habría supuesto un dilema para cuya resolución no alcanza con un comicio interno multitudinario, porque ésa sería la culminación de un desarrollo previo que demandaría de mucho mayor tiempo que el habilitado por la ley electoral para la conformación de frentes entre distintos partidos. La construcción de un instrumento tal conllevaría, por ejemplo, la estipulación de reglas de convivencia entre desiguales, que vaya edificando aceptación mutua para que el compromiso no se resienta independientemente de prevalencias ocasionales.

Macrì no llena esos requisitos. De movida, por el desprecio natural que su representatividad le dispensa a peronismo en bloque, siendo que necesitaría seducir alguna porción de esa sociología para robustecer sus chances. Esto se verifica en las fugas peronistas del massismo, que casi unánimemente fueron a parar de vuelta al FpV. Pero más importante, y visto ya desde la vereda de enfrente, es la desconfianza que inspira el programa del PRO por fuera del radio que controla, para colmo con escasa ductilidad. Conductores o delegados de organizaciones que no quieren saber nada con promesas como las lanzadas por Melconian, Broda y Espert hace meses. No es sólo desacuerdo conceptual. Más sencillo, ese ideario conspira contra la estabilidad institucional.

Arriba se aludió a los populismos. Se quiso decir, en suma, que están superando mejor que sus predecesores el reto de la gobernanza, lo que constituye un insumo vital para el reto de la suma de recursos que engrosen su consistencia. Y se sabe: durar es mucho más arduo que llegar.

En esta coyuntura, eso explica cualquier suceso mucho mejor ninguna otra cosa.

miércoles, 7 de octubre de 2015

La continuidad... de Segundas Lecturas

Nunca nada empieza ni termina por completo, tal vez. Probablemente todo en la vida sea una cadena interminable de reconfiguraciones y resignificaciones. De algún lado se viene, y hacia otro se va, siempre. No hay pretensiones filosóficas en estas frases introductorias. Se trata de ilustrar acerca del futuro de este espacio, cuya despedida del formato blogspot venimos a anunciar. Segundas Lecturas continuará desde el cambio.

Tan de moda que se han puesto esas dos palabras (continuidad y cambio) en la hora actual del debate político nacional --al que desde aquí hemos intentado aportar desde hace ya más de seis años--, se hace necesario tomarlas para comentar la novedad.

Segundas Lecturas nació tres días después de la derrota de Néstor Kirchner en las elecciones legislativas de medio término del año 2009, para dar testimonio de que es justamente en los peores momentos cuando más se debe insistir en las convicciones. Todo lo que aquí se dijo en la mayoría de los 586 posts previos a éste, que culmina la faena blogger, venía de los viejos textos con que durante el año 2008 despuntó este vicio en Artepolítica. Y que se ha diversificado en la actualidad hasta las columnas semanales que desde julio de este año publicamos en ABC en Línea.

Somos militantes del espacio nacional, popular y democrático que se expresa desde 2003 en el proyecto político inaugurado por Kirchner, prolongado en la vigente conducción de Cristina Fernández de Kirchner y que aspira a extenderse desde diciembre con Daniel Scioli en la presidencia de la Nación. No entendemos esto sino como uno más de tantísimos fragmentos que componen una tradición política sobre la que huelga cualquier abundamiento. Queremos ser, tal nuestro lema, un granito de pensamiento nacional en el desierto de un debate público lamentablemente todavía muy colonizado. No pensamos apartarnos un sólo centímetro de esos parámetros, que es la esencia que nos inspira en nuestro recorrido. Pero las modalidades en que ello se expone pueden y deben variar con el tiempo, y hacia eso vamos.

Esta plantilla nos ha dado todo. Por acá han transcurrido momentos malos y buenos de este ciclo histórico. De la muerte de Néstor a la reelección de Cristina; de incontables conquistas sociales a otra caída como la de 2013. Y vaya paradoja que, indisociables como nos sentimos de la experiencia en curso, nos nació la inquietud de esta mutación que se interpreta a sí como reimpulso en idéntica senda. Tal como está a punto de suceder con la fórmula Scioli-Zannini, que a través del desarrollo iniciará una cuarta etapa, distinta pero a la vez idéntica, de este trayecto. Nada mejor para demostrar el carácter de pieza en el paisaje de la inflexión cultural de la época que quisimos imprimirle desde su hora cero. Un deslizamiento natural, pues.

Nos vamos a Facebook. Seguiremos jodiendo desde esta dirección: https://www.facebook.com/segundaslecturas. Quedarán los análisis largos y más profundos para los sábados de ABC en Línea, pero es momento para otra cosa. 

Mayor cantidad de intervenciones, pero más cortas, y con una interacción más dinámica con videos, fotos, capturas de pantalla y demás herramientas que esa red social, en paralelo con su difusión vía Twitter, habilita de manera más dinámica. Inquietudes nuevas para las cuales creemos que es necesario renovar aires. Esta aldea, no obstante, seguirá abierta para conservar el material de tantos años, replicando los relatos sabatinos. Y porque, quién sabe, tal vez sea necesario volver por aquí algún día, o hacerlo cada tanto. Prueba y error, que lo lindo es tener la certeza de que nada garantiza el éxito. Pensábamos dar el paso tras el comicio del próximo 25 de octubre, pero mejor saltar ahora para caminar lo poquito que queda, para lo mucho que igualmente falta para consolidar la victoria, ya desde el nuevo hogar.

A partir de maniobras abruptas como éstas nos gusta existir. Y es ése otro rasgo que nos indica que estamos en el lugar correcto. ¿O no es y ha sido así el kirchnerismo siempre, también? Sigue habiendo motivos para meterle leña a la llama.

Los esperamos a nuestros seguramente poquitos fieles en Facebook, entonces, para que el nunca menos sea siempre más.        

lunes, 5 de octubre de 2015

Tarde piaste, pajarito

Escribió Manolo Barge el último viernes: <<(...) El Cambiemos Duranbarbista logro la épica de sumar TODO el voto de las Clase Medias y Altas, Republicanismo purificado de cualquier macula peroniana en las candidaturas más expectantes. Pero eso da como techo electoral, y de clase (o sea la “parte sana y decente), un 30% nacional; y por razones obvias de la Democracia resulta cuantitativamente insuficiente. Al no disponer del Partido Militar, y resultar ineficaces los Golpes de Mercado y/o Colores, con el Agitprop de los ABC1 en los micro centros urbanos; se ven obligados a “contradecir” sus principios fundados en el “Orden Natural de las Cosas”. (...)>>

Y cierra contundentemente: <<(...) Sin los planeros y clientelizados es imposible llegar al mágico 40%+1; ya que el peronismo “contiene en sí mismo” el 60% de la oferta electoral. (...)>> Lo dice a propósito de las declaraciones del propuesto por Maurizio Macrì para titular de un ministerio de energía que crearía en el (muy) hipotético caso que llegase al gobierno nacional, el ex-CEO de Shell, Juan José Aranguren. Quien prometió que, de consagrarse la alianza neoliberal/conservadora, la energía eléctrica será gratis para hogares pobres. Marcelo Pascualino twitteó al respecto que si Aranguren tiene que salir a hacer esa promesa, a la que califica de "populismo del más crudo", se debe a que la batalla cultural es ya una paliza intelectual".

El que, prima facie, pareciera un llamativo silencio de Elisa Carrió desde lanzada formalmente la campaña hacia octubre, en realidad se entiende en el contexto del techo infranqueable en que aparece estancado el jefe de gobierno porteño en la casi totalidad de las encuestas: por debajo del 30%. La diputada nacional chaco-porteña acaudilla el departamento gorila del artefacto que sustenta, con tal filosofía como fundamento, esa candidatura, que por ello no logra penetrar en el segmento peronista del consorcio UNA (Sergio Massa/José Manuel De La Sota). Al mismo tiempo, tampoco capta sus porciones sociales más disconformes con el gobierno nacional debido a que no emergió de las PASO con la aptitud porcentual necesaria para amenazar al Frente para la Victoria. Fue dicho: un acuerdo entre Macrì y Massa se dificultaba en cuanto al ordenamiento de los niveles subnacionales, por superpoblación dirigencial, agravada por las cuestiones de piel en comentario.

El laberinto se perfecciona cuando irrumpe la aritmética: Cambiemos necesita de por lo menos un trozo de ese 60% que, persistentemente, el peronismo, entre sus diversas ofertas, obtiene en elecciones nacionales desde 2003. La pacificación de semejante madeja requería de iniciar una cirugía política desde mucho antes que el plazo legal estipulado para la conformación de frentes electorales. El elenco dirigencial ajeno a cualquier alternativa justicialista no sólo se dejó estar, sino que ingresó a la competencia subido a una carrera inconsciente con aroma a 1955, que en su más peligrosa deriva se extendió a la descalificación del sufragio de los ciudadanos del interior del país, por decirlo de modo suave.    

Fue la resignación frente a ese dilema que movió al ex presidente de Boca Juniors al egoísmo incluso para con sus asociados. Convencido de su derrota, definió sobrellevarla con la mayor cantidad posible de elementos propios, proyectando a partir de ello su consolidación a futuro. Arriesgado, pero no sobraban opciones; y acudió, pues, a la menos mala. Obviamente, ya lanzado, hizo sus movidas: apeló, en el marco de semejante pobreza estructural, a expedientes peligrosos como el que desató tras las elecciones tucumanas. La fuerza que --por así decirlo-- conduce fue la principal titiritera de esa obra. Pero con eso no alcanza: afortunadamente, la política se sigue dirimiendo en otros territorios que los que la impugnan como tal.

La última novedad de su campaña fue despuntando en los últimos días: un acto con Hugo Moyano y otro con dirigentes al borde del retiro de la política activa; ambas maniobras, en teoría, para intentar la seducción de sociología peronista.

No sería ésa una operación tan sencilla como un mero llamamiento a partir de escenografías compartidas con ejemplares cuyo predicamento al interior del espacio referenciado en el general Perón está ya en vías de extinción. Huelga, por su parte, abundar en los desatinos políticos de Moyano --de sobra tratados aquí desde 2012--, quien, por impericia en el transplantante de sus méritos gremiales a la esfera partidaria, quebró su alianza con la presidenta CFK, y ahora termina haciendo jugar a una fracción del movimiento obrero organizado en una propuesta cuya familiaridad con el programa de Domingo Cavallo, que su central sindical tan duramente combatió en las calles durante la década del '90, es indisimulable. Fracasó ruidosamente: si en 2013 apenas pudo fiscalizar los votos de Francisco De Narvaez, hoy no logra ni coordinar estrategias con su hijo Facundo.

A veces pareciera que no, pero, a la larga, la coherencia para con la representatividad termina pagando en electorabilidad.

jueves, 1 de octubre de 2015

Durmiendo con el enemigo

El sistema político-institucional chaqueño es distinto del tucumano, y en esa estructuralidad se cifra la clave de los diferentes desenlaces de sus respectivas elecciones locales. En Chaco, peronismo y radicalismo han ocupado alternativamente la gobernación, ambos por lapsos prolongados en los que construyeron sólidos artefactos sobre los que se acolchona la estabilidad de una provincia que, por ejemplo, no ha requerido de intervenciones federales en treinta y dos años de democracia moderna. Incluso, el mapa de poder que emerge tras la votación del domingo último luce racionado: se compone de intendentes de variados colores, y registra algunos casos de corte de boleta.

Puede decirse que el oficialismo local ha acentuado en cierto sentido su dominancia porque, a través del actual gobernador Jorge Capitanich, acaba de arrebatarle la capital a su antagonista principal. Pero la distancia obtenida por el que se ha convertido en su heredero, Domingo Peppo, es menor a la que en 2011 consagró reelecto a Coqui. Y nunca desde 1983 el segundo en el comicio por la jefatura comarcal obtuvo menos de 30% de los votos, tres veces el duelo se definió por un punto y pico o menos, una vez por brecha inferior a cuatro unidades, y en 1995 luego de un balotaje también cerradísimo (50,84%/49,16%, primer éxito del luego revalidado Ángel Rozas).

En este marco, la imposibilidad absoluta de hablar de feudo en relación a la provincia en comentario importa, más allá de vencer en una polémica mediática, para comprender las razones profundas que tuvo la oposición chaqueña para, al revés que la tucumana, no acudir a la piromanía una vez confirmados resultados que se anunciaban por todos los wines. Aída Ayala es la expresión de un colectivo --aceitado por un largo recorrido en el rubro-- en el que conviven, junto a sus propias expectativas para volver a probar suerte, jefes comunales que tendrán por delante cuatro años de gestión con los que lidiar, por hacer una cita mínima pero suficientemente evocativa.

En Tucumán, en cambio, el escenario está desbalanceado. Igual que sucede a nivel nacional, la competitividad fracturada en 2001 no se ha reconstituido en términos de normalidad, entendiendo por esto incertidumbre en cuanto al triunfo en una elección, o relevancia en el reparto de bancas legislativas o de municipios. En resumen, elementos que estimulen la preservación de los lazos que vinculan a un dirigente con el esquema en que vive. No es culpa del Frente para la Victoria la baja electorabilidad de sus rivales. Deberían preguntarse, quienes se dedican al insulto automático, por qué la UCR chaqueña no es estéril como la tucumana, si, dicen, ambas pugnan con cesarismos.

Si el margen de Juan Manzur estuvo por debajo de los guarismos del mandamás José Alperovich, no se debe a una recuperación radical sino a la fragmentación del espacio que hasta hace cuatro años fue uno sólo, en virtud del acuerdo que el intendente peronista de la capital San Miguel, Domingo Amaya, enojado con el gobernador que no lo bendijo para el relevo, labró con José Cano para secundarlo en la empresa de desplazar a sus viejos compañeros. Un partido de tamaño desproporcionado, a la larga, incuba el germen de su propia contradicción: la densidad de cuadros debilita las pertenencias porque el cuello de botella bloquea la posibilidad de ascender en las carreras, por lo que se explora en el vacío adversario. Es la física de la política.     

Se ha dicho por estos días que la calidad política de Capitanich es el quid que ilustra la desemejanza entre uno y otro episodio. Seguramente influye la ostensible superioridad de su formación intelectual, pero lo definitorio en esta actividad son los moldes que contornean a los individuos, quienes en todo caso enfatizan una tendencia, cualquiera ésa sea; y no viceversa.

Coqui viajó hasta Buenos Aires en noviembre de 2013 para tomar a su cargo la jefatura del gabinete de ministerios del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Lo hizo con proyección de catapultarse desde allí hacia la papeleta presidencial del FpV de cara a la sucesión de octubre de este año, pero a la vez puso la cara en el momento más desagradable de los doce años kirchneristas. Y sobre todo, su voz a noticias que, sin ser catastróficas ni mucho menos, por un tiempo no fueron todo lo agradable a que se acostumbró antes y después. Esa circunstancia, que además asumió con vehemencia, jugó un papel vital en su desgaste, que lo devolvió a ordenar el recambio de autoridades de su pago, empiojado hasta principios de 2015.

Una vez allí, debió consentir un candidato que no era el de su mayor agrado en la interna del peronismo distrital, Peppo, en detrimento del senador nacional Eduardo Aguilar. Pactó la nominación a vicegobernador de su hermano, Daniel, y su propia postulación a intendente de Resistencia. Midió relaciones de fuerza y sopesó ventajas y contras para decidir, dando y recibiendo; en criollo, hizo política, lejos de las imputaciones autocráticas con que cómodamente se descalifica a lo lejos tanto a él como a sus colegas del norte del país. Aun conservando enorme valoración social, que sin embargo no le habilita autosuficiencia. Menos aún en el tejido complejo del que forma parte, en pos del cual resignó anhelos, pues es lo que lo cimentó como hombre de Estado y de partido.

También Alperovich cesa conforme limitaciones constitucionales que acepta, lo que --obvio-- no debería destacarse como no fuera porque se le achaca lo contrario. Si de contrastar discurso y praxis y/o establecer comparaciones se trata, bien vale examinar la trayectoria del cabecilla opositor, Cano: surgió a la política en 2003, como legislador provincial; lideró la oferta radical cuando la re-re alperovichista en 2011, dos años después de llegar al Senado federal, escaño que abandonó sin finalizar su mandato para porfiar la diputación nacional que obtuvo en 2013, y que también pretendía dejar antes de tiempo ahora, por la gobernación y/o su retorno a la cámara alta, a lo que en simultaneo quiso lanzarse, y de lo que a posteriori desistió. Más parece canismo que radicalismo.

Hay que recordar el gesto que por la salubridad de su régimen hizo en EEUU el vicepresidente de Bill Clinton, Al Gore, al renunciar a agotar su lucha contra George Bush (h) en la elección presidencial 2001 una vez que la Corte Suprema norteamericana saldó el dilema.

En definitiva, sobra opinología, que en este asunto se nutre del desprecio ignorante de empaquetar distintas realidades en una única categorización: así, la violencia que se derivó estaba a medio paso. El análisis, que viene escaseando, es otra cosa: requiere de matizar las particularidades aquí reseñadas, para entender que muchas veces lo que parece no es, y que no todo da lo mismo.

Pero falta cualificación, sobra mala fe, o ambas. Todo ayudó para el objetivo pergeñado.

* * *

En el excelente libro que sobre el macrismo escribieron Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti, Mundo PRO, se reseña minuciosamente la composición del elenco de Maurizio Macrì.

Que amalgama restos de los estallidos --cada cual a su turno y por diversos motivos-- de la UCR y el PJ porteños, con outsiders, militantes sociales, gente que acompaña al ex presidente de Boca Juniors desde la vida privada (universidad, fútbol, empresa) y referentes de ONG/think tanks/fundaciones: estos son por excelencia reductos de neoliberalismo, que los orquestó para impregnar conciencias como escalón previo a la seducción del sufragio. La batalla cultural de las derechas. Su programa es un entramado sociopolítico débil que favorezca el lobby a favor de determinadas decisiones de gobierno --por intermedio de técnicos solamente en apariencia neutrales--, apoyados además en redes transnacionalizadas de influencia con que se coopera.

Macrì conduce deficientemente este coctel, que, trasladado a las dificultades de la escena nacional a la que se ha lanzado, no logra unificar a su interior prédica y accionar, en gran parte debido a este bosquejo. Y a su mediocridad para acaudillarlo. En el contexto de una alianza en la que sus socios no lo reconocen síntesis, el caos ante los roces promedio del negocio está a la orden del día.

No es propósito de este texto entrar en la pormenorización del diseño PRO, sino simplemente llamar la atención acerca de la precariedad con que proceden quienes se desempeñan allí luego de haberse iniciado en el llamado tercer sector, o sueltos; en suma, los que carecen de la gimnasia que provee la militancia partidaria, con los aludidos límites que ello supone. Cuando se desarrolla en condiciones regulares, vale reiterarse. Basta observar la disimilitud entre la reacción mesurada del ex justicialista Cristian Ritondo durante la clausura del canal C5N, y el comportamiento habitualmente escandalista de la otrora Poder Ciudadano Laura Alonso donde sea que le toque actuar.

Por supuesto que la política no puede, ni debe, cerrarse a ningún entorno; le conviene alimentarse de manera diversificada, lo que redunda en no otra cosa que su enriquecimiento. Pero ello se logra sólo cuando los ajenos no intentan forzar su funcionamiento con lógicas extrañas a las que le son propias. La armonía entre el establishment --que objetivamente alimenta sus aspiraciones de incidentes como los que infectaron Tucumán-- y el PRO no requiere ya de más probanzas.

Un documento publicado por el blog Artepolítica da cuenta de antecedentes similares al que se desató aquí hace semanas con denuncias de fraude, e inscribe estas maniobras en las luchas contra los populismos latinoamericanos. Cuyo despliegue conoce de sobra cualquier habitante de estas tierras que preste una mínima atención a estos temas. Y que se caracterizan por la participación de personajes extra (y anti) políticos, tanto como por formatos desequilibrados en los que escalan: los gobiernos de la región golean hace largo rato en las urnas y están, en mayor o menor medida, en litigio con los statu quo de sus países. Fue evidente la centralidad que buscó Macrì con el incendió que instrumentaron Cano y compañía, desde la noche misma en que se maquinó.

No pasa la cuestión por acusar a nadie. Se impone, sí, panoramizar más ampliamente, para evitar facilismos en los que se inscriben voluntades malsanas. Pero si el Círculo Rojo logra introducir sus afanes se debe también a debilidades de la política en su propia naturaleza, y en cuya configuración se hallará la respuesta más eficaz para los desafíos que la acosan.

El único camino para la política siempre es activar los resortes de que dispone para robustecerse.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/durmiendo-con-el-enemigo/]

martes, 29 de septiembre de 2015

CFK en la ONU: proyecciones de una despedida

Es posible organizar la totalidad de los varios asuntos a los que se refirió la presidenta CFK durante su discurso en la ONU en uno sólo de los conceptos que vertió: la desigualdad social es el más idóneo germen de ingobernabilidad.

Cristina fue a los talones del modelo económico dominante, lo que Alejandro Horowicz denomina bancocracia globalizada, que supone elevar al instrumento financiero de rango accesorio a esencial, para vincularlo (en grado de culpabilidad) con las diversas tragedias que por estos días ocupan las primeras planas --y de las que el agravamiento de la situación de los refugiados en Medio Oriente y el norte de África es apenas el último de los ejemplos disponibles--. Se trata de concientizar contra las pretensiones de exponer estos episodios de modo aislado y como producto de insensateces, en vez de ordenarlos en una trama coherente en la que adquieran sentido político.

Tuvo a mano para sustentarse, la jefa del Estado argentino, la historia reciente de su patria, con la pintura del drama de 2001 todavía fresca en las memorias populares, que se deriva hasta la legislación que el organismo de integración votó hace pocas semanas en materia de tramitación de deudas soberanas, cuyo statu quo actual engendra miserias inéditas y peligrosas. 

Y destreza para compaginar su prédica, que no es reciente, en la saga del pos neoliberalismo que acelera los intentos de ampliar sus soportes a partir de la renovada impronta que le imprime el Papa Francisco a la Iglesia Católica, y que adquiere él en particular como referencia geopolítica desde esa singularidad doctrinaria. Idéntico sendero recorren las recientes resoluciones de conflictos de antiquísima data, como el congelamiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, con más bloqueo económico a la isla; o el acuerdo de paz que en breve firmarán Colombia y las FARC, mojones ligados por la impronta alejada del extremismo de mercado que caracteriza a los gobiernos que los impulsan.

En lo que específicamente hace al plano internacional, hay recién la puesta en marcha de un proceso con fines precisos pero cuyos pormenores ulteriores son todavía una incógnita. Sus resonancias locales, en cambio, con el litigio por el segmento buitre de la deuda defaulteada como condición de posibilidad de la subsistencia misma en formato de racionalidad de la economía doméstica, no requieren de mayores explicaciones en cuanto hace a la acumulación de fuerzas que se requiere para encarar una negociación que construya la salida del laberinto. En ese marco, un espacio partidario que se arrodilla al altar neoliberal en el país de origen del jefe del catolicismo universal resulta un extravío estratégico inconmensurable. Así las cosas, no extraña el fracaso del Círculo Rojo en su empresa de consagrar a un artículo surgido de su cantera como Maurizio Macrì.

Es otro capítulo en las barreras que progresivamente va encontrando el establishment para fijar agenda cuando se trata de oponerla a un programa de transformaciones como el que se aplica en Argentina desde 2003, el más profundo en medio siglo de su historia. Las limitaciones políticas de una oposición que no acierta en formular una propuesta alternativa a la vez seria y con capacidad de daño en las urnas, y cuya dirigencia bandea caóticamente en ensayos de articulación de dosis de cambio y continuidad en sus discursos, que varían según el auditorio y complican el proselitismo, define la constante intrusión de la escena pública con cuestiones menores, ajenas a discusiones verdaderamente determinantes que debieran acapararla.

Frente al volumen de lo que se pone en juego en cada uno de los expedientes aquí comentados, en Argentina un sector del escenario da vueltas con las cadenas nacionales y un concurso de preguntas y respuestas al que llaman debate presidencial.

Convenientemente, no sea cosa que por fin tengan que asumir el programa de Melconian, Broda, Espert y compañía. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Polarizados o no polarizados: ésa es la cuestión

El devenir de las encuestas, ahora que transitamos el período entre-guerras, hizo resurgir la polémica acerca de la polarización. En tanto Maurizio Macrì no sólo no logra perforar el techo de la alianza conservadora Cambiemos, sino que ni siquiera mantiene la totalidad de ese caudal; y dado que Sergio Massa no se pincha respecto del desempeño de UNA en agosto, y aún avanza un cachito, no faltan los que rotulan de engaño a la tesis que sostiene que la contienda de octubre próximo se resolverá en torno al eje continuidad/cambio. A decir verdad, no resultaría ésa una singularidad argentina: por simple lógica, toda sucesión presidencial impone una evaluación sobre el curso del gobierno que se somete al escrutinio de las urnas.

Y se fórmula en el dilema aludido, por tratarse en este caso de un ciclo político largo en términos históricos. Que, para colmo, ha despertado encendidas pasiones encontradas, toda vez que no se ha limitado al sólo gerenciamiento del statu quo, con todos los matices que se pueden aceptar a esta última afirmación, que excederían el objetivo del presente texto.

Extraña, así las cosas, que los mismos que a diario baten el parche con la grieta y la supuesta imperiosa necesidad de reunificar a los argentinos, que estarían divididos irreconciliablemente, luego procuren negar que un recambio gubernamental se dirime alrededor de una clara frontera divisoria. Luego se podrá determinar si esa disyuntiva se expresa en la antinomia kirchnerismo/antikirchnerismo, o en la más amplia --y anciana-- peronismo/antiperonismo. O si incumbe parte de ambas.

¿Existe, entonces, polarización, o no? Sí, pero su naturaleza es más compleja que la sola enunciación.

Es posible identificar tres grandes segmentos sociales en Argentina: los que desean una continuidad plena; los que, a contrario sensu, postulan que urge un cambio de raíz; y entremedio, los que aspiran a conservar algunas porciones de lo actuado entre 2003 y la fecha, y descartar otras. Es más que probable que estos últimos constituyan el más numeroso de los tres agrupamientos. Pero, y he aquí los quid de la cuestión, seguramente también el menos movilizado --en lo que a nivel de politización se refiere--, y el único cuyo rango organizativo tiende a cero. Constituyen, por ende, un sector que no es determinante en cuanto a la definición de la agenda del debate público. La influencia se dirime en función de la capacidad de instalar temas, y a tales fines la herramienta de la estructuración supone un capital indispensable.

Lo dijo bien, en su blog, Abel Fernández: “Las ‘minorías intensas’ K y anti K (…) son minorías… pero muy numerosas y muy intensas. Cuando las circunstancias son propicias --y sólo cuando lo son-- alcanzan para influir en la relación de fuerzas en la sociedad, y pueden inclinar la balanza decisivamente. Para dar dos ejemplos argentinos: los que estuvieron físicamente en la Plaza el 17 de octubre del ´45 eran una proporción muy menor del electorado. Los que estuvieron en la procesión de Corpus Christi casi 10 años después, todavía más ínfima. Pero influyeron. Vaya si influyeron.”

Desde los extremos se ataca el centro, cuyo concurso se requiere a los efectos de la formación de mayorías, y no viceversa.

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Ignacio Ramírez, de la consultora Ibarómetro, ofreció, en Página/12, el pasado 16 de agosto, un lúcido análisis del proceso electoral argentino a partir de la incorporación de la instancia de las PASO: “El resultado de las PASO no fue el final de una campaña coyuntural, sino del desenlace visible de un proceso sociopolítico de largo alcance. En este sentido el predominio del FpV es un signo de la vigencia política del kirchnerismo y de su habilidad para transformar sus activos simbólicos en competitividad electoral. Las PASO iluminaron un alto piso electoral para el rumbo político en curso en la Argentina, que además de importante en términos numéricos se trata de un respaldo muy consolidado cualitativamente, es decir, el FpV tiene un lazo con sus votantes estable y teñido de coincidencias conceptuales e identificaciones afectivas. (...)"

Y agregó: "(...) Una segunda conclusión es que el FpV enfrentó con parcial éxito el desafío sucesorio consistente en transferir la popularidad condensada en CFK hacia un nuevo candidato, que aún tiene bastante camino por recorrer para reclutar más adhesiones y suavizar algunas prevenciones hacia él que aún subsisten en el electorado potencial afín al kirchnerismo. Es decir, se trata de un voto vinculado con el clima ideológico que ha dominado esta etapa histórica y que sigue favoreciendo a las opciones electorales fuertemente identificadas con la Presidenta. En síntesis, el oficialismo puso en evidencia su piso electoral y desde allí, deberá transitar una campaña que le permita reclutar los votos que le faltan para imponerse en primera vuelta. Para ello, deberá dotar de mayor contenido ideológico-político a su campaña, iluminando los contrastes entre el proyecto en curso y el que representa Mauricio Macri." Las maniobras proselitistas se despliegan sobre lo doctrinario. 

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Sergio Massa alumbró a la competencia electoral pretendiendo erigirse en representación de la ancha avenida del medio. Discurso apto para una renovación legislativa de medio mandato, en la que no se querellan los garbanzos, y que en consecuencia se hace difícil tramitar de forma tajante. Y en tanto en esas zonas sociales suelen agradar los instrumentos partidarios, despreció ordenarse de tal modo. Cuando comprendió las dificultades que una campaña nacional supondría en materia de desarrollo territorial, intentó volver sobre sus pasos: descartado el PJ, que se había reorganizado prescindiendo de los exiliados del Frente Renovador, buscó a la UCR, pero este espacio se decidió por la postulación de Macrì. 

Instalados los artefactos más potentes en una y otra vereda, se inició la cacería que desflecó fuertemente la tropa massista. Hoy el diputado tigrense no perece debido a que Cambiemos no amenaza lo suficiente al Frente para la Victoria como para inducir voto útil, o lo espanta con apelaciones gorilas. Por si fuera poco, el alcalde porteño lejos está de sintetizar su propia fuerza, menos aún el consorcio que comparte con Elisa Carrió y con un radicalismo que nunca lo terminó de aceptar del todo.

El FpV se ocupó, primero, de succionar de Massa la cuota de voto peronista que lo había impulsado en 2013, para recuperar su condición de holgada primera minoría. Ahora, la tarea es contra Macrì, para sellar sociología opositora en el FR al tiempo que atrae algo más de lo que expulsa el programa purista de Cambiemos. De esta manera, los principales rivales del kirchnerismo, pujando entre sí, se esterilizan mutuamente, elaborando la brecha que Daniel Scioli necesita para el caso que no alcance el 45%, mientras se suman sondeos a un consenso cada vez más robusto que lo sitúa por encima del 40%.

En resumen, y dicho sencillo, la polarización es ideológica, la disponen quienes cuentan con fierros para ello, y ambas cuestiones deben compaginarse en la cosecha. Una oferta bifronte y no trasversal, aunque se la repartan entre más que dos.

En la calle, como dijo Mario Benedetti; no en las cabezas. Aunque se interimpactan. Que nadie ha dicho que sería sencillo.

martes, 22 de septiembre de 2015

La internacionalización de la doctrina Kirchner

La berretización en que derivó la campaña presidencial a partir de la centralidad que ganaron en la agenda pública asuntos como el que involucró a Fernando Niembro --que se derrama sobre todo el elenco PRO--, o el golpe de Estado que se puso en marcha en Tucumán a través de la anulación judicial de un comicio por denuncias falsas y carentes de basamento jurídico, por ahora felizmente saldada por la máxima instancia legal de la provincia; restó tiempo y espacio a pulpa auténtica, como lo es la que provee la política internacional. Hemos reprochado hasta el hartazgo en este espacio el vacío que hace la dirigencia opositora en esa materia, por lo que no sorprende.

La adopción en la ONU, hace casi quince días, de los principios que rigieron las renegociaciones de deuda externa argentina durante los tres gobiernos del kirchnerismo, necesariamente debe imponer un límite a esa dinámica, y demanda un comentario a su respecto.

Más allá de los elogios que merecen Néstor Kirchner y la presidenta CFK por lo que el sostenimiento de esta discusión supuso para la historia nacional reciente, y del relieve que esta votación implica para la entera biografía de la diplomacia local, cosas que ya se han dicho de sobra, conviene darle una vuelta de rosca más a esto intentando responder a la pregunta --pertinente-- que se ha hecho acerca del beneficio que esta novedad puede (o no) traer al último expediente que resta tramitar en la empresa de dos canjes que han reducido los pasivos soberanos en alrededor de 70%. Lo que los ha recortado hasta un casi insignificante 10% del PBI, medido en dólares contra acreedores privados. Quince veces inferior a 2001.

Se trata, claro, del reclamo que llevan adelante los fondos buitre en los tribunales neoyorquinos. Que en cuanto a los llamados me too empieza a complicar lo que parecía pan comido cuando el año pasado se confirmó el fallo de Thomas Griesa; y que demuestra en lo específico, si el triunfo en la ONU lo hacía como concepto general, el acierto del gobierno nacional en el endurecimiento de su postura. Conviene recordar que Maurizio Macrì recomendó pagar la sentencia de una y al contado.

No debería extrañar que las voces opositoras que se oyeron en relación a la noticia prefirieran relativizar el logro, dada su vocación militante por la negatividad y las recomendaciones con que en contrario a lo finalmente actuado por Cristina Fernández han aturdido --una concesión que no pueden permitirse--; ni que lo hicieran en base al voto negativo de los países en que se alojan los principales centros financieros globales. A fin de cuentas, a tales lógicas responden. Y, además, si en el plano doméstico son partidarios del voto calificado, no tendrían por qué actuar distinto en el concierto universal. Pero corren el riesgo de volver a meter la pata, no sólo por mala fe, sino y sobre todo por ignorancia.

Sencillo: los ciento treinta y seis países que se expresaron a favor de Argentina constituyen el nicho sobre el que bandas como las de Paul Singer operan, y no los escasos seis votos que se registraron en contra, que, por el contrario, son asociados en este tipo de maniobras. Una demostración de rebeldía impulsada desde estas tierras que bien puede arrojar dudas sobre la continuidad de estos manejos de indudable talante usuario y especulativo. Ese volumen respaldatorio representa una construcción invaluable de capital político para la continuidad de las negociaciones a las que jamás el gobierno nacional se ha negado, en tanto discurran en las condiciones que ahora ha receptado la legalidad supranacional --y que inspira los instrumentos elaborados para las deliberaciones de 2005 y 2010--. ABC de la política, sumar fuerzas para una duelo cuya resolución final aún está pendiente. La negativa a allanarse a un dictamen irracional no trajo las desgracias vaticinadas.

En suma, se habla aquí de una herramienta. La otra parte la hace la voluntad política. Eso no depende de leyes, pero sin la edificación de estas estructuralidades caería en saco roto. Los contextos definen, pero se puede hacer mucho por cincelarlos.

Cristina Fernández de Kirchner vinculó en su última cadena nacional el desendeudamiento con las inauguraciones de obras, los derechos sociales conquistados durante la última década y en general con toda la obra de gobierno. En definitiva, redistribución del ingreso. Retirando excedentes del sector financiero, que se beneficiaba del orden anterior, que privilegiaba el crecimiento sistémico de los compromisos externos y por ende recibía la mayor cantidad de recursos del presupuesto nacional para sostener esa mecánica. La reversión de esa tesitura es lo que permitió el repertorio tantas veces citado, que se expresa sintéticamente en aquello de que 2% para educación/6% para pago de intereses de deuda, que ahora se ha invertido. Y lo que, a la vez, habilita este final de ejercicio pleno de las potestades presidenciales y de preservación identitaria.

Esta diferencia cualitativa es la de una filosofía antagónica a la dominante a nivel mundial, que se enmarca en la senda que abre el papa Francisco que impacta en igual sentido al de la votación en la ONU como tope al financierismo. Lo que empezó como una bandera casi solitaria, va encontrando, con matices, puntos de contacto que trascienden incluso fronteras regionales, que lentamente vertebra una alternativa a la unipolaridad que emergió de la caída del Muro de Berlín. La promesa de un país cómodo pero no para los dirigentes encuentra aquí una sana excepción para quien quiera aprovecharla.

Si hacía falta alguna demostración de la apuesta a por el triunfo peronista de CFK, desde afuera llegó una, y muy pesada.

lunes, 21 de septiembre de 2015

11 de diciembre de 2015

El pasado miércoles 16 de septiembre, cuando se publicó el fallo (en todos los sentidos que admite tal vocablo) que declaró nulas las elecciones locales tucumanas, se cumplían sesenta años del golpe de Estado contra el gobierno del general Juan Domingo Perón. En ese episodio jugó un rol fundamental el bombardeo de la aviación de la marina de guerra sobre Plaza de Mayo, perpetrado exactamente noventa días antes, el 16 de junio de 1955. Aquel atentado terrorista, el más grave que recuerda la historia nacional, con la excusa de asesinar al entonces presidente, en realidad elaboró un disciplinamiento poblacional. Pretextados en la necesidad de rescatar la ética y el republicanismo supuestamente lesionados por Perón, el objetivo de fondo de la violencia ejecutada por las FFAA era la reversión que ambicionaban sus mandantes, los sectores del privilegio, del mayor ciclo de bienestar que esta tierra registra, discusión imposible de tramitar en las urnas.

Seguramente se respondería a este desarrollo que importa una desproporción. Sobran quienes hacen de las formas el elemento central de sus análisis. Y en base a ello, dirían que es incomparable una escena que involucró armas y asesinatos con otra que se deriva de instrumentos legales con los que, a lo sumo, se puede disentir por razones de oportunidad, mérito o conveniencia.

Sin embargo, el componente fundante de la tragedia de Tucumán opera como un hilo conductor que atraviesa seis décadas: el desprecio por toda voluntad popular que no convalide la exclusión.

La sentencia tiene serios inconvenientes técnicos: el juzgado que la dictó no es competente en la materia, para empezar. Por otro lado, no se basa en legislación electoral en lo que se refiere al fraude, denunciado vagamente. Se entiende: en tal supuesto, habrían tenido ante sí el problema irresoluble de un volumen muy escaso de maniobras, incapaz de alterar el resultado; por ende, no se configuraría el delito. Son artimañas que no faltan en ninguna votación --claro que no por ello menos condenables--, y en las que, encima, también la mega alianza opositora está imputada.

Recurrieron, en su reemplazo, al llamado clientelismo, también en modo por demás impreciso. No sólo sin pruebas: sin siquiera vincular esa noción con los hechos del caso. El dato político que emerge del dictamen es su peor novedad: sienta el primer precedente que conceptualiza sobre calidad de voto; para peor, como fundamento de la validez toda de un comicio.

En la frase inicial de este texto se escribe ‘publicó’ para hablar del veredicto en cuestión, en vez de ‘dictó’, ‘declaró’ u otros usuales en contexto jurídico. Fue adrede: la edificación de la casualidad que hizo coincidir esto que se ha convertido en un laberinto con la renuncia de Fernando Niembro a su candidatura en la provincia de Buenos Aires es la punta del ovillo de una trama mucho más grande y compleja en que se inserta, y en la que octubre es apenas otra posta: va aún más lejos.

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Ya ni empacho en el disimulo tiene el establishment. Esta semana en La Nación la cuota incendiaria de las palabras excedió de lo acostumbrado. Joaquín Morales Solá comentó el jueves la puesta en marcha del golpe judicial: “Los jueces de una Cámara tucumana de alzada sembraron ayer la mayor sospecha de fraude en el proceso electoral nacional. (…) esa decisión que anuló los comicios tiene una carga demoledora para el gobierno kirchnerista, que entregará en diciembre un sistema electoral viciado por el fraude y con escasa legitimidad”, dijo, proyectando las consecuencias. El día anterior, Ceferino Reato había titulado su columna “Si gana, ¿podrá Scioli garantizar gobernabilidad?”

No sólo no asumió, todavía, Daniel Scioli: ni siquiera ganó. El establishment, en su obcecación destituyente, no aprende. No les han bastado los fracasos en todos y cada uno de los embates condicionantes con que se la han pasado operando sobre el kirchnerismo. Sin suerte, por la obstinación política que tanto Néstor Kirchner como la presidenta CFK pusieron en no ceder un sólo centímetro de sus potestades constitucionales. Las chances de continuidad del peronismo son altísimas. Y no depende esta disputa de la mandataria en curso: la meta no es un dirigente sino la serie de conquistas sociales más profunda desde el peronismo inaugural.

Siendo que los intereses populares se expresan hoy en la fórmula Scioli-Zannini, no extrañan este tipo de amenazas que anticipan nuevas riñas desde el 10 de diciembre próximo, si se confirma lo que a esta altura luce más probable: el Círculo Rojo no logrará consagrar a su gerente, Maurizio Macrì, a cargo del Estado, para volver a transfigurarlo en gendarme de la rentabilidad empresaria.

Macrì está en una coyuntura especialmente delicada a partir del deshielo que empezó con las incriminaciones contra Niembro, que derivaron en un aprieto profundo de conducción y construcción al interior de la entente conservadora Cambiemos. El comentarista deportivo se bajó, pero ya cuando cualquier opción daba pérdida. La dimisión abre el interrogante por el papel de los funcionarios porteños en lo que se parece a una confesión de culpas, pero la permanencia acentuaba el desgaste. La tropa del cambio no logró unificar discurso ni praxis en torno a este expediente, la opinión mediática se entrometió en un nuevo capítulo de la promiscuidad que liga a unos y otros.

Si no fuera por la sincronía ideológica que ya de por sí existe entre el PRO y los fondos buitre, cabría dudar de la capacidad del postulante presidencial para aguantar las presiones de la banda de Paul Singer si cuatro gritos de medios oficialistas como Tiempo Argentino y C5N, que según se cuenta nadie lee ni escucha, le voltearon la cabeza de la lista de diputados nacionales. La clausura del canal de TV el día posterior a la salida de Niembro decoró con condimento de amateurismo el cuadro.

Entonces, si los representantes no son aptos, toman el timón los representados, con todo el riesgo que supone la política actuada por gente carente de destrezas en el rubro y de reparos por la institucionalidad y la paz pública. Se comprende, claro: están jugando su supremacía cultural, mucho más importante que la sanidad de sus balances, que no se ha resentido significativamente.

Reato lanzó una nueva versión de la advertencia con que, en ese mismo diario, José Claudio Escribano saludó el triunfo de NK en 2003, preámbulo de doce años de hostilidad.

Queda, pues, en Scioli tomar la lección de sus dos predecesores: apoyarse en su electorado si quiere perdurar con éxito. El espejo que adelanta, se ha dicho hasta el hartazgo en esta trinchera, es la situación complicada de Dilma Rousseff en Brasil, ya a tiro del impeachment, agravada por los gestos conciliadores que para con sus adversarios hace la heredera de Lula. Que, lejos del efecto de distensión que se asignan a tales, sólo resquebrajan la relación del PT con sus bases, lo que debilita peor al gobierno. Conviene entender la esterilidad de los “giros al centro”. Dicho esto para varios integrantes del Frente para la Victoria, que, de buena fe pero erradamente, se exhiben favorables a la eventualidad de abrir una nueva etapa, de distensiones, una vez ida CFK.

Cualquier variante posible de resolución del conflicto en Tucumán, ya es inevitable, extenderá el clima actual hasta más allá de la sucesión presidencial, incluso. Con ese barro cubren la mesa de concertaciones que pretenden forzar desde 2016, independientemente de quien sea electo.

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La tercera pieza a examinar en este embrollo es la renuncia a la Corte Suprema de Justicia de Carlos Fayt. Las aspiraciones políticas del capataz de ese cuerpo, Ricardo Lorenzetti, no son un secreto para nadie, más allá del formato en que ello cristalice. La situación en el máximo tribunal ya hoy dista de la normalidad, debido a la vacancia previa respecto de cuya ocupación la oposición partidaria niega toda posibilidad de transacción legislativa, imprescindible, al oficialismo. Muchos se preguntaron por la postura de los supremos acerca de la anulación eleccionaria tucumana.

Pertinente consulta: no sólo porque se trata de un recorrido que muy probablemente desemboque ante ellos, sino porque la magnitud de un suceso inédito en la biografía democrática nacional hace presumible la existencia de un respaldo trascendental para los albañiles que la labraron.

Lorenzetti, que se desvive por su imagen pública, no consideró necesario en cambio desmentir las revelaciones que a propósito de la crisis en la cabeza del Poder Judicial difundió a principios de este año Horacio Verbitsky. Entre las cuales figuraba el control del sitio del más anciano de sus colegas.

Y otra que se le pasó hasta al kirchnerismo, que acordó con el rafaelino para la redacción del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, que suprime una limitación que incluía la vieja norma comercial, de restringir a los jueces expedir disposiciones legales o reglamentarias e interpretar la ley de modo que obligue a todos. Sumado eso a las apelaciones constantes a la misión de garantía sistémica que sin basamento Lorenzetti atribuye a los jueces, resulta evidente la ambición de extralimitar a su gremio en instancia determinante, sin cuyo concurso no se pueda avanzar.

No debe perderse de vista el poco afán que habían demostrado los cortesanos en completar su integración, pese a que Eugenio Zaffaroni produjo un hueco hace largo rato. Un nuevo cupo abre el espacio que venía faltando para una negociación hasta ahora trabada, pero en un marco irrespirable, ideal para introducir ambiciones de arbitrarla desde la cúpula del Poder Judicial, erigido en clave de bóveda del prestigio republicano patrio. La incógnita es el precio de esa operación.

El 25 de julio se aseveró aquí que los tribunales son el refugio último del bloque de clases dominantes, que adversan al kirchnerismo en tanto gobierno al menos controvierte el statu quo.

En la exacerbación de estas contradicciones, quiérase o no, va un debate por la democracia misma.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/11-de-diciembre-de-2015/]

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Corrupción y geopolítica; el árbol y el bosque

Resulta útil el episodio que involucra a Fernando Niembro en presuntas maniobras delictivas para discutir, desde una perspectiva diferenciada, las implicancias políticas de ese tipo de situaciones. Se escuchó decir esta semana, a propósito de imágenes de indigencia chaqueña que se difundieron convenientemente cerca de las elecciones locales que se aproximan, que el nombre de esa tragedia es corrupción. Dicho sencillo: a través del robo, la dirigencia político-partidaria genera pobreza.

Lo cierto es que, con ser repudiable, nunca alcanza con esa descomposición para explicar las penurias socioeconómicas de una comunidad determinada. La matriz generadora de esos flagelos excede en mucho de simples (para las proporciones comparativas de que aquí se habla) desvíos de fondos. Para expresarlo con brutalidad: nada se arreglaría con los 21 millones de pesos que supuestamente involucra el contrato por el que se acusa a Niembro.

No se intenta aquí decir que vale desentenderse de estas transgresiones si no hay en juego cifras significativas, desde luego. Sólo se pretende ubicar el dilema en los términos que le corresponden: el crimen es materia judicial. Pero aún si ello fuera garantizado, los problemas que interpelan a la política seguirán pendientes de una solución que sólo un tratamiento estructural en su propia naturaleza, que no en una ajena (la de los tribunales penales), puede proveer.

Durante la campaña presidencial del año 2003, Jorge Lanata le hizo un reportaje, para el programa que entonces conducía por América TV, a Carlos Melconian, anunciado titular del Ministerio de Economía de la Nación por Carlos Menem, en la conjetura de su triunfo en tales comicios. El mano a mano se fue, mayormente, en las inconsistencias que se reprochaba a la declaración jurada del hipotético jefe de hacienda, en vez de hacer foco en el recetario que proponía: iban por la dolarización, que en criollo equivalía a robustecer y blindar el proceso de miserabilización planificada que había estallado poco menos de un año antes, en el epílogo de Fernando De La Rua.

Lanata asignó mayor relevancia, aquella noche, a un aspecto de Melconian de infinito menor impacto para las suertes mayoritarias entre dos que tenía para escoger. Una práctica usual de aquella época, inquirir en la ética reprobable de gobernantes cuyo peor aspecto, sin embargo, era el credo que desplegaban con sus respectivos desempeños. Puesta la deshonestidad en el centro, el modelo económico, real causa de los dramas, quedaba a salvo de controversias.

En todo caso, así las cosas, la amonestación que políticamente cabe a los envilecidos no es la del hecho en sí, sino el del auxilio que conceden a los beneficiarios de órdenes injustos, que sacan provecho de lo que el corrimiento del eje del debate les concede en cuanto a evitarles una impugnación ciudadana voluminosa a la sistémica que engendra los escenarios de exclusión.

Se mencionó a Melconian, y resulta que las casualidades de doce años de reacomodamientos en los espacios políticos lo sitúan hoy como compañero de ruta de Niembro. A menos de 45 días de la definición nacional, todavía no se ha echado la suficiente luz sobre la arenga que esbozó quien ahora es el economista de cabecera de Maurizio Macrì, creído en confianza, frente a los empresarios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP), junto a Miguel Broda y José Luis Espert: devaluación según oferta/demanda, eliminación de jubilaciones, paritarias a disposición del empresariado, tarifazos en los servicios públicos y eliminación del control de cambios.

Hace diez días, Gabriela Michetti, igual de despreocupada por la divulgación de su alegato, desdeñó la AUH y las reestatizaciones de YPF y de AA.AA. Quedando claro, en suma, que el patético giro discursivo que ensayó Macrì la noche del triunfo rasposo de Horacio Rodríguez Larreta en el balotaje porteño se debió no más que a esa estrechez, y que nada tenía de genuino.

Sea por diversas bombas de humo (judiciales/mediáticas) arrojadas hacia campamento kirchnerista, sea por el comentarista de Mariano Closs, el candidato máximo de la alianza conservadora Cambiemos va logrando zafar de lo que cualquiera en su lugar normalmente debería exponer.

No lucen tan inverosímiles los rumores que ubican a Jaime Durán Barba como entregador interno.

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A profundidades arquitectónicas como fundamento de ciclos históricos se hacía referencia arriba, y hubo bastante de eso por estas horas, tanto como para prestarle atención superlativa.

En esta columna se dijo, el domingo pasado, que las dificultades de la coyuntura imponen estudiar de raíz tanto geopolítica como economía globalizada. La presidenta CFK le pidió a Lula da Silva que oficie de embajador del ingreso de Argentina a los BRICS, en el acto que compartieron ambos junto a Daniel Scioli en José C. Paz --los dos otorgaron fortísimo respaldo a la postulación del gobernador bonaerense a la primera magistratura-- el último miércoles. Ese encargo se comprende compaginado con la tal vez más llamativa frase de las que ofreció la primera mandataria en la cena del Día de la Industria en la UIA: urge, en lo sucesivo, sustituir no sólo importaciones, sino también exportaciones, con mercado interno, en el marco de un comercio internacional planchado.

El planteo es polémico si se lo analiza desde la óptica doméstica tradicional; que, se reitera, no imagina, siquiera, trascender fronteras. Desde allí es obvio: la demanda local es demasiado pequeña como para hacer descansar en ella el desarrollo productivo. Pero todo cambia si se razona el territorio de modo ampliado: esto es, UNASUR; y más allá aún, el mundo emergente todo.

En paralelo, Cristina Fernández estuvo especialmente prolífica en su blog en defensa de los países en vías de desarrollo, contra los que se intenta construir consenso respecto de las culpabilidades por la crisis económica planetaria. Que, en realidad, tiene como origen las plazas financieras dominantes, y no los defectos de la periferia: innegables, pero derivados; a lo sumo, agravantes.

La votación en la ONU de nuevos principios en tramitación de deudas soberanas, finalmente, supone un espaldarazo formidable para la salud de una lógica opuesta a la del statu quo en curso.

Hay desafíos gigantescos por delante, con una elaboración de herramientas a tal efecto que marcha irregularmente. De hecho, quizás pueda pensarse la renovada gestualidad entre el kirchnerismo y Lula como el mea culpa por la ralentización que sufre el proyecto de integración regional aproximadamente desde 2012. De los laberintos se sale saltando. La disyuntiva es angosta: la alternativa disponible es el ajuste, con mínimos matices entre sus distintas variantes posibles. “O inventamos o erramos”, consignaba Simón Rodríguez en el siglo XIX para ilustrar acerca de la originalidad de las nacientes repúblicas sudamericanas. Y Broda recomendó, en la tertulia antes aludida, descartar cualquier opción de “gran dosis de innovación y creatividad”.

Se está a tiempo de corregir, se observa la voluntad de hacerlo. El general Perón decía que la verdadera política de un país es la exterior. El único con agenda tal entre los aspirantes es Scioli.


En definitiva, hay que rascar más allá del honestismo para descular el jeroglífico de esta encrucijada.