viernes, 26 de junio de 2015

Una cosa no quita la otra

No existe contradicción alguna entre la crítica que dedicó la presidenta CFK al ministro de Economía inaugural de su primer mandato, Martín Lousteau, por el papel que a aquel le cupo en el diseño de la resolución 125 de retenciones a la soja --filosóficamente virtuosa, técnicamente deficiente--, y la defensa enfática que de aquella medida hiciera en su momento la fuerza política que ella conduce.

Esto más allá de las sustanciales ventajas que suponían las modificaciones incorporadas en la versión del proyecto de ley que a los mismos efectos aprobara la Cámara de Diputados de la Nación una vez que el conflicto había escalado de modo irreversible, previo a su naufragio en el Senado por obra y gracia del único desempate legislativo de un vicepresidente en contra de la posición del Poder Ejecutivo que integraba que registra la historia de la política a escala universal.

El lock out jamás tuvo por objeto los detalles que pudieran merecer correcciones de la decisión sino que se aprovechó el espacio que otorgó el error en su aspecto económico en específico, para embestir contra la capacidad operativa de un gobierno, en particular; y, de fondo, contra la potestad del Estado para intervenir en la economía y la idea misma de la redistribución del ingreso que de ello se deriva, según el equilibrio que defina la institucionalidad popularmente elaborada. Así las cosas, una claudicación en cuanto a la vigencia de aquella norma hubiese implicado, a su vez, convalidar la posibilidad de una torcedura en el brazo del poder democrático a través de una acción de fuerza de un sector privilegiado de la sociedad, apalancado para ello en el poder que tal posición significa. Se habría sentado como precedente una distorsión peligrosa.

Resultó preferible agotar las instancias legales correspondientes, y saldar el asunto según los mecanismos estipulados. Los hechos así lo demostraron: en 2011, CFK obtuvo su reelección venciendo aún en las ciudades características del negocio agrario (por caso, Leones, en Córdoba; Gualeguaychú, en Entre Ríos, cuna de uno de los cabecillas de la protesta, el actual senador nacional Alfredo De Angeli; y/o Venado Tuerto, en Santa Fe); y las PyMEs del sector --instrumentadas en función de los intereses de sus pares dominantes, verdaderos antagonistas del caso-- terminaron reconociendo que habrían obtenido mayores beneficios de la media sanción trunca que del statu quo consolidado por el voto no positivo.

En definitiva, aún en la equivocación científica, toda vez que aquello supuso desde el vamos un desafío de mando, no podía el gobierno nacional menos que plantarse en su posición de modo inflexible, aún a costa de una derrota circunstancial.

Nada de todo lo expuesto, sin embargo, quita que los números, efectivamente, estuvieron mal calculados.

jueves, 25 de junio de 2015

Porque si entre ellos se pelean...

Cuando todavía estábamos envueltos en discusiones de la interna del Frente para la Victoria, derivadas de la modalidad que escogió Florencio Randazzo para mezquinar su colaboración en la carrera sucesoria, que incluso han llevado a resucitar polémicas en torno al Manual de Conducción Política del general Perón, apareció la candidata a vicepresidenta del cambio, Gabriela Michetti, y, con su acostumbrada precariedad discursiva, le regaló a la presidenta CFK el mejor argumento a favor de su decisión de sellar los acuerdos del peronismo antes de las PASO y encarrilar los mayores esfuerzos ya en dirección hacia la polarización con el PRO.

Dijo, la ex vicejefa del gobierno porteño, que Argentina debe pagar la deuda con los fondos buitre según los términos dispuestos por la sentencia de Thomas Griesa a tal efecto: cien por ciento del monto exigido y al contado. Añadió, probablemente para suavizar la primera parte de su alegato --aunque no lo logró--, cierto saraseo de acuerdo con el kirchnerismo acerca del carácter nocivo de las actuales lógicas financieras para las economías soberanas a nivel global.

La compatibilización de ambas declaraciones de Michetti es imposible, por cuanto el acatamiento del fallo en cuestión resulta una posición contradictoria con la voluntad declamada de reconfigurar el orden en que opera el buitrismo.

El cumplimiento del decisorio del magistrado neoyorquino implica, a la vez que un problema en sí mismo --en tanto dispara para otros acreedores del país la posibilidad de reclamar idéntico trato al que ha merecido Paul Singer, como se ha demostrado recientemente con los denominados me too--, derivaciones aún más complicadas, debido a que abriría las puertas a la reinserción nacional en circuitos financieros hostiles: siendo que muy probablemente se podría negociar una extensión en tales pagos, se queda a las puertas del regreso a la praxis de reproducción de endeudamiento como método de financiación de obligaciones. La dinámica neoliberal que gobernó este país entre 1976 y el estallido de 2001.

Es precisamente en función de los compromisos externos que debe organizarse una de las disyuntivas determinantes de la discusión presidencial que se aproxima, en tanto se está todavía en medio de la exploración de vías alternativas de solución a un desafío de complejidad superlativa. Cristina Fernández ha decidido aportar a la construcción de un nuevo polo financiero de relevancia internacional, que se corresponde con el lento pero inexorable apagamiento de la unipolaridad, para reemplazar las divisas que ya no puede proveerse del esquema definido por EEUU, por la sanción a los canjes que supone el dictamen de Griesa. Con lo cual, se abren dos opciones: sometimiento y aceptación de la reprimenda, o bien el egreso emprendido por CFK para saltar por encima de ese laberinto. En ese contexto debe entenderse la profundización de las alianzas con Rusia y China, que salen a la disputa de la hegemonía norteamericana en que alumbró el conflicto con los hold outs.

Ese dilema, que es también el de la asignación de recursos, se proyecta al clivaje político de fondo de que se teñirá la hora de las urnas: la continuidad del modelo estatista/intervencionista en función del empleo, la producción con matriz diversificada y la inclusión social; o el cambio, que es en realidad un retorno al proyecto neoliberal/conservador que al cabo de un cuarto de siglo de vigencia ininterrumpida casi acabó con Argentina en el epílogo de la Alianza, desguace integral mediante.

La nueva corrida contra el dolar ilegal disparada esta semana, al tiempo que confirma la autenticidad de la disyuntiva, desmiente la pertenencia al establishment imputada al postulante oficialista Daniel Scioli, cuyo pronóstico es robusto.

Oportuna y convenientemente, el día posterior al derrape verbal de Michetti no fue noticia eso sino los contratos estatales de los hijos del candidato a vicepresidente del FpV-PJ, Carlos Zannini, y del actor apostol de la mano dura, Ivo Cutzarida, como asesor parlamentario del senador nacional puntano y también candidato a presidente --por un desprendimiento de lo que otrora fuera el peronismo disidente-- Adolfo Rodríguez Saá. En el segundo caso estamos hablando de $13.800 mensuales. La propuesta de la oriunda de Laprida equivale a U$S17 mil millones: lo que es decir 50% de las reservas al día de la fecha en el Banco Central. Uno cree que huelga explicar las distintas relevancias de unos y otros montos dinerarios.

Irrumpe aquí, de inmediato, el concepto de Ignacio Ramonet: instrumentar la información para desinformar. Se trata de una de las mejores demostraciones, por si hiciese falta otra todavía a esta altura de la soirée, de los alineamientos en pugna.

Si aún así no se entiende por qué urge instalar el debate fronteras afuera, pues será que de nada han valido estos doce años.

lunes, 22 de junio de 2015

Unidad y organización en la hora sucesoria

El sábado último se completó la fisonomía del Frente para la Victoria para el turno institucional 2015/2019. Que será matizada por la renovación legislativa 2017, y que significa para el peronismo la excepcional situación de tramitar un recambio presidencial de modo pacífico hacia su interna; y para su fase kirchnerista, el desafío de insertarse, como segmento importante del espacio nacional y popular, en un cambio de pantalla que conjugará a la vez elementos de continuidad y otros de ineludibles mutaciones que, inteligentemente operadas, pueden perfectamente resultar no traumáticas, sino, y por el contrario, muy provechosas para el programa transformador inaugurado en 2003. Una transición en paz alumbra un candidato que a ello cuadra.

La conducción que hizo la presidenta CFK de este operativo implicó la compatibilización de tendencias, modalidades, culturas y biografías que alberga el universo peronista, sobre la base de un criterio orientador simple: equilibrio en las relaciones de fuerzas, expediente imposible de perder de vista a la hora de la construcción de mayorías aptas para trascender en la legalidad en que se reflejan. En definitiva, de sumar en función del objetivo se trata esto. Que supone, al mismo tiempo, la obviedad de impulsar el dispositivo que encabeza hacia el triunfo, tanto como el reparto de cargas que eso requiere y el consiguiente reconocimiento de la calidad de socios de los varios jefes territoriales con capacidad electoral que componen el FpV-PJ.

A los postres, incluso los departamentos más refractarios al gobernador bonaerense terminaron, tal lo mayoritariamente observado en estas horas, conformes con las definiciones elaboradas, presumiblemente porque no terminó cuajando como atractiva la idea de perder pero con lo propio. A la vez, el marco que promueve la oferta efepeveísta termina por tranquilizar a quienes dudan/dudaban --no es ni ha sido nunca nuestro caso-- acerca de las peculiaridades del ex motonauta, toda vez que son más definitorias de una serie histórica esas estructuralidades que los individuos. Los nombres y apellidos más relevantes del Poder Ejecutivo, de su bloque legislativo y los referentes subnacionales transitarán sobre un aparato común hacia el veredicto soberano, en una propuesta en que se comprometen todos, y cuyos beneficios serán por ende distribuidos.

En paralelo a que coopera con la victoria de sus compañeros, Cristina Fernández obtiene los porotos que le reservan una silla en la mesa de poder futura. La nominación presidencial Daniel Scioli-Carlos Zannini, así las cosas, es la punta que sintetiza un ovillo complejo pero ordenado, en tanto procesó con profesional espíritu pactista la diversidad característica de esta familia.

* * *

Tanto el general Perón en 1974, cuando dijo que su único heredero sería el pueblo; como Cristina Fernández, un mes antes de los cierres, al depositar en la enorme multitud que la oía con grado de atención superlativo en Plaza de Mayo la responsabilidad de orientar el rumbo del próximo período (lo que se debe leer en combinación con su discurso del Día de la Bandera, en que destacó el valor de la sujeción del gobernante a su representatividad como sustento decisorio), explicaron sencillamente que los diferentes episodios en la vida institucional de un país significan modificaciones en los formatos de acción política, pero que en modo alguno eso debe entenderse ineluctablemente como rectificaciones de raíz.

Argentina no enfrenta hoy, afortunadamente, la amenaza que entonces representaba el partido militar con su pistola siempre cerca de las sienes de la democracia. Claro que los retos para el poder que emana de las urnas se reconfiguran, pero la herramienta del recurso plebiscitario adquiere renovada relevancia en esta instancia, si el dirigente se decide a articularla.

Daniel Scioli, al resaltar la dimensión de liderazgos como los de Néstor Kirchner y la presidenta de la Nación, habilita a suponer que entiende estos asuntos. Esa manifestación, reveladora de inteligencia, es destacable. 

E igualmente su aceptación del rol complementario que le cabe en tal arquitectura: algo que no imitó Florencio Randazzo, pese a sus constantes apelaciones a la sustancia colectiva que anima al ciclo cuya representación más auténtica él declamaba ser. Hasta que, perfeccionado el trato que desde la conducción se aspiraba a enmarcar a través de las PASO sin necesidad de celebrarlas. Con lo cual, en lo sucesivo, la prioridad pasaba a ser instalar con tiempo la centralidad que la polarización con Maurizio Macrì debe ocupar en el debate. Con su abandono, el chivilcoyano mezquinó funcionalidad en la tonificación del elenco que integra, en perfecta sintonía con lo que fuera su breve precandidatura, que gestionó en dirección hacia el purismo, expulsivo o por lo menos incapaz para la suma; mientras Scioli terminó incorporando incluso a quienes le desconfiaban. 

La política bien entendida estuvo, en definitiva, donde se la acusaba ausente. Scioli labró un perfil diferenciado no contradictorio con el de la jefa del Estado, singularidad que lo hace un atractivo electoral considerable. Una ruta alternativa potente para encarrilar la continuidad. Randazzo, a partir de sus méritos de gestión --en especial los ferroviarios, que alojaba cables de tensión--, contaba con razones de peso similares en su CV. Pero eligió relegarlas.

* * *

De la repetida alusión que se viene haciendo --en cualquier lugar que se proponga comprender los nuevos tiempos-- en referencia a la territorialización de la política como nueva etapa del sistema de partidos en Argentina, debe necesariamente derivarse una resignificación de la tipología de conducción política. CFK varió sus ritmos de, digamos, autonomización respecto del PJ dependiendo de las circunstancias, sin tener nunca en el horizonte nada ni parecido a una ruptura total. Nada que deba extrañar, no se puede pretender que un dirigente prescinda del toreo que pueda proveerle de mayores márgenes.

Entre las postulaciones parlamentarias hay varios gobernadores que exceden temporalmente a la experiencia kirchnerista, pero que se identificaron comprometidamente durante el largo capítulo en que el peronismo se ha reconciliado con sus banderas históricas. Una analogía futbolera puede auxiliar: suele repetirse en el análisis del balompié que los equipos con mayor garantía de éxito son aquellos que combinan la veteranía con la juventud, conectadas por una gruesa línea intermedia (27/28/29 años en ese negocio). El FpV-PJ tendrá de lo primero entre sus candidatos (José Luis Gioja, Luis Beder Herrera, Nilda Garré, Julio de Vido), es el único sector que se propone lo segundo (Máximo Kirchner, Wado de Pedro, Axel Kicillof, Mayra Mendoza, Diego Bossio) y se caratula con un binomio que combina todos esos elementos, pues se trata de dos individualidades con recorrido, edad promedio y capacidad para acoplar las piezas del artefacto. Un caldo que se cocerá entre varios.

El coctel expresa una perspectiva exitosa, porque fue eso lo que indujo hacia la confluencia y porque las primeras reacciones posteriores de la intelligentzia adversaria a estos anuncios ni siquiera alcanzó a la furia: más bien, se nota una llamativa (casi) resignación, pues lo que se verifica en los armados es una persistencia que se resiste a abandonar la disputa.   

Así, el cierre más pacífico que se recuerde en años autoriza a ilusionarse con prolongar una etapa feliz del peronismo. 

miércoles, 17 de junio de 2015

Scioli-Zannini: buenos, pero muchos

"Los hay ortodoxos, los hay heterodoxos; los hay combativos, los hay contemplativos... pero todos trabajan."

"La acción electoral es cuantitativa. Lo cualitativo es la acción de gobierno"
(Juan Domingo Perón)

Este comentarista había terminado de leer, justo en la mañana de ayer (esas ¿casualidades? de la vida), La maldición bonaerense. Por qué los gobernadores de Buenos Aires no llegan a la Casa Rosada.

Rosendo Fraga --tal vez lo más lúcido con que cuenta el pensamiento conservador en Argentina, por no decir que lo único-- intenta allí explicarse por qué los jefes de ese Estado provincial, desde que se constituyó la actual configuración nacional con la reincorporación del territorio a la Confederación y el triunfo de Bartolomé Mitre en las primeras elecciones presidenciales celebradas a posteriori de ello, llegaron a la presidencia de la república por vías democráticas y legales regulares.

Entre varias razones específicas de cada caso en particular, Fraga destaca dos cuestiones históricas que se han reiterado casi a modo de patología a lo largo de más de un siglo y medio: primero, que por tratarse del distrito más populoso del país, el presidente de la Nación y el mandamás bonaerense siempre han derivado hacia una competitividad conflictiva, por supuesto que agravada en caso de compartir pertenencia partidaria; y por otro lado, las provincias del mal llamado interior siempre se combinaron para encuadrar a la más grande, equilibrándose así el desnivel que su tamaño per se supone.

Domingo Mercante, entre otros, padeció lo primero, cuando se enemistó con el general Perón. Antonio Cafiero sufrió lo segundo, pues aquel Frente Renovador, el original, sucumbió saboteado por el resto de los caudillos locales de entonces.

Eduardo Duhalde intentó corregir la desconfianza federal a través de la promesa de constituir su gabinete ministerial con mayoría de ex colegas: los mendocinos Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla y el santafesino Jorge Obeid, sólo por citar algunos. Pero, como bien se recordará, llegó a su candidatura llevándose a las patadas con el presidente saliente, su para colmo compañero justicialista Carlos Menem, de un modo que pocos otros antecedentes similares recuerdan.

Daniel Scioli, quien se propone quebrar el hechizo como parte de una carrera en la que se siente predestinado, es, se sabe de sobra, el preferido de la actual mesa de gobernadores peronistas, que a fin de cuentas eso es el PJ, analizado desde una de las perspectivas posibles. Y, además, siempre ha dedicado descomunales esfuerzos a cultivar su relación con la presidenta CFK. Tanto, que eligió como su candidato a vicepresidente a un alter ego de la jefa del Estado, Carlos Zannini.

Que la Historia nos ilumine en la comprensión del presente. Para eso está.

* * *


"Hay que rodear a Marcelo [Torcuato de Alvear]."
(Hipólito Yrigoyen)

"Cuando tengo una duda, me acuesto pensando en eso; si cuando me levanto persiste mi duda, leo La Nación y hago exactamente lo contrario.” 
(Arturo Jauretche)

La política requiere de destreza en el arte de maniobrar relaciones de fuerzas. Y en cuanto a lo que aquí nos ocupa, y dicho sencillo, implica el reconocimiento recíproco que hacen Cristina Fernández y Scioli de la dificultad de progresar competitivamente con prescindencia del otro. En las ya incontables veces que aquí hemos escrito acerca del ex vicepresidente de Néstor Kirchner jamás nos apartamos de la obvia sensatez de reconocer su condición de parte del proyecto político inaugurado en 2003.

Ningún drama debería deducirse de la candidatura de Scioli, decíamos el año pasado. Eso según determinadas condicionalidades: que la postulación resultara ser también la de los sectores más --según cierta jerga-- puros --que no debe confundirse nunca con purismo, sectario por definición-- del Frente para la Victoria; que ese diseño mezcle pacíficamente con una oferta taquillera; y comprender que el marco programático debe en gran medida resultar de un ejercicio político previo, a desarrollarse en el día a día, dinámica cuya responsabilidad CFK depositó en los segmentos que se expresaron masivamente más de una vez en el último tiempo como síntesis de esa fortaleza comparativa. La convocatoria a Zannini termina, conteniendo todo eso, de cerrar la continuidad de un acuerdo potente. El ex navegante a motor abarca a los sectores cuya biografía excede el capítulo en curso, que no resienten la representatividad kirchnerista determinantemente.

Basta con tener a mano la edición del día de la fecha del diario La Nación, en especial la columna de Joaquín Morales Solá, más un Jauretche básico, para constatar este diagnóstico. O con leer el saludo que dedicaron los mercados a la novedad.

Se agotó, con este gesto de Scioli, la funcionalidad de Florencio Randazzo en la interna del FpV-PJ, que por cierto la tramitó con llamativa deficiencia para lo que incluso desde aquí se creyera inicialmente que podría haber aportado el ministro. Quien, a la vez que el pacto a que se termina arribando, debía sumar el atractivo de una disputa voluminosa, en buena medida a partir de su comprobada capacidad de gestión, cóctel que debía adicionalmente arrimar nuevas voluntades a la boleta oficial. El oriundo de Chivilcoy, sin embargo, prefirió subordinar sus méritos de trabajo en el debate, que en cambio condujo hacia el encierro. Eso lo detuvo en su escalada, que alguna vez pudo ser atendible, y lo desvío del rol que se le asignara.

Instalada ya inconmovible la polarización en el escenario electoral, la utilidad del artefacto PASO se resintió sensiblemente, pues no existiendo ya mayor espacio para matices entre la continuidad y el cambio --pregunten, si no, a Sergio Massa--, el marco para la negociación perfeccionada por CFK y DOS se abrió de todas formas, sólo que por una ruta distinta a la en principio imaginada. Tanto da. En última instancia, lo importante ahora pasó a ser el engrose de la electorabilidad de la fórmula, instalandola con tiempo suficiente, para evitar lamentaciones posteriores por migajas como sucedió en la elección santafesina del domingo último con Omar Perotti, quien quedó en el umbral, porfiando desde atrás en todo sentido. 

Y vaya que se ha captado la lección. Habrá más para decir, pero el carro ya se echó a andar. Y los melones se acomodaron; solitos, nomas. 

viernes, 5 de junio de 2015

Los costos del amateurismo

El domingo pasado, Jorge Lanata volvió con su envío semanal de operaciones cloacales; y el lunes próximo el ex secretario general de la CGT, Hugo Moyano, encabezará una huelga general contra el gobierno de la presidenta CFK, pretextado en la cuarta categoría del impuesto mal llamado a las Ganancias, tal lo acostumbra desde 2012, agenda que le significó su actual derrumbe político.

Estos dos acontecimientos, prima facie y en apariencia inconexos, en realidad pueden ser organizados bajo una única síntesis conceptual, referida hasta el hartazgo en este sitio durante el presente año: se trata de --en este caso-- dos maniobras que se proponen socorrer las deficiencias de las formaciones partidarias regulares en cuanto a la estructuración de un instrumento capaz de derrotar al Frente para la Victoria en el trámite sucesorio de Cristina Fernández. Para peor, conforme se acerca el epílogo institucional de la primera mandataria, y se constata que su centralidad se potencia, el establishment va cayendo en la cuenta del progresivo debilitamiento de las variables legales como elemento determinante de las características del próximo capítulo histórico, designación que de por sí ya resulta de dudosa exactitud.

No se intenta aquí acusar una conspiración de proporciones tales que logre encolumnar todos estos expedientes en función de los caprichos del Círculo Rojo, pero es innegable que cada uno de estos movimientos se insertan en un mapa general que, ineludiblemente, los atraviesa. Al decir de Mao, existen contradicciones principales y otras que son de tipo secundario.

Las cosas no han venido saliendo como se esperaba. Aún en la hipótesis de que finalmente hubiese acuerdo entre Maurizio Macrì y Sergio Massa, el jefe de gobierno porteño estaría sumando un producto ya muy devaluado del mercado comicial. Ello dado el vaciamiento que, a modo de estampida, se ha producido desde el Frente Renovador hacia el FpV en las últimas semanas. Esta deriva confirma a la vez la reconstitución de la robustez del kirchnerismo, que se escenifica en convocatorias masivas y en la entidad intacta de CFK en definiciones electorales aún al cierre de doce años consecutivos de gobierno: por caso, el peronismo mendocino ha agitado bandera blanca, y solicitó a la conducción nacional del peronismo una mano en la tarea de dar vuelta el resultado de las elecciones primarias locales, favorables a la mega entente gorila.

Al margen que el manejo de los tiempos de ambos dirigentes opositores fue deficiente, el dato interesante es el de los corrimientos de bases sociales, que se intentan ocultar en la superficie, pero de los que los jefes territoriales tienen acabada noción, lo que los lleva a ejecutar en consecuencia. La electorabilidad organiza los cierres. Por tanto, hoy en día el ex massismo es un costillar del que sólo quedan los huesos, porque la carne ya se la ha llevado el kirchnerismo.

La incapacidad de observar más allá de lo cupular es lo que induce a impulsar sumas aritméticas que terminan cayendo en saco roto, porque surgen de la desconsideración del fenómeno de la representatividad, pues supone que las mediciones son atributos inmanentes de los individuos y no expresión de una puja social. Fenómeno que linkea a la perfección con asuntos tan escasamente convocantes como el suicidio del ex fiscal Alberto Nisman, cuya conversión a asesinato Lanata insiste en resucitar, sin suerte, porque a posteriori de las "revelaciones” de su emisión no se ha verificado ningún estallido ciudadano; o la protesta por el gravamen sobre los salarios más altos, que por tratarse de una minoría al interior de los segmentos asalariados convirtió a Moyano de pieza a considerar en los armados electorales en 2011 a discutir la interna de la AFA ahora. Dicho sencillo: no todo aquello que genera rating se corresponde en impacto popular significativo.

No debería descartarse, de hecho, que el jefe camionero esté efectivamente pegando para rascar algo en la olla de la rosca. Lo que demostraría que no entendió nada en estos cuatro años en los que por la misma vía retrocedió a su actual esterilidad.

La expectativa registrada en los mercados cuando corrieron rumores de entendimiento PRO/FR, a las mismas horas en que Wado de Pedro no da abasto para posar en fotos con intendentes del conurbano de PBA que le solicitan su reincorporación al peronismo, alcanza para alertar acerca de las pertenencias de cada sector. Es de suponer que Pilar, Merlo u Olavarría aglutinen mayor cantidad de sufragantes que la City. Y, sobre todo, otros intereses. Esto al margen que, bien apuntó Gerardo Fernández, el casi angustiante reclamo a por un acuerdo de ese tipo vuelve lógico pensar que, en realidad, quienes no desean ninguna forma de continuidad del actual ciclo manejan --hacia sus adentros, claro-- escenarios derrotistas.

Las razones del voto son más sustanciales: la sociología kirchnerista, quizá insuficiente para triunfar en una porfía presidencial, pero muy vasta en relación a los porcentajes constitucionalmente necesarios a tal fin como para despreciarla, se relaciona muy fuertemente, en términos de bienestar e identificación cultural, con el proceso inaugurado en 2003. 

Abstenerse de siquiera un intento de intervención de ese vínculo por vía de una oferta electoral seductora que siembre en tales segmentos supone poco menos que un suicidio. Una renuncia a la victoria sin ingresar a la carrera.

Carlos Pagni trazó una sofisticación del concepto clientelista como fundamento de las ventajas del oficialismo en las urnas. Habló de insuficiencias en el programa de la presidenta de la Nación respecto de quienes no necesitan del Estado en el desarrollo de su vida privada, en relación a los que sí dependen de ello. La formulación es ingeniosa, bien que se trata de una de las mentes mejor formadas del establishment. Podría refutarse, eso sí, sólo con la mención de las cuantiosas sumas que destina el gobierno nacional en materia de subsidios a los servicios públicos. Cuya eliminación tal vez alcanzaría para poner en duda la tesis del periodista. Pero también podría uno optar por responder invirtiendo ese razonamiento, preguntando qué ofrecen los adversarios de la jefa del Estado a sus seguidores a cambio de una modificación en tales preferencias.

El interrogante, en definitiva, debería mover a Pagni a reflexionar a propósito de aquello de que los pueblos no se suicidan.

lunes, 1 de junio de 2015

El drama de la irrelevancia

"(...) Las masas avanzarán. Con los dirigentes a la cabeza... o con la cabeza de los dirigentes. (...)" 
(Juan Domingo Perón)

A principios de marzo, cuando publicamos, aquí y en Facebook, este tweet del amigo Nestor Sbariggi, muchos compañeros plantearon, legítimamente, temores en cuanto a la conveniencia de un hipotético triunfalismo de nuestra parte. 

Les sonaba excesivo lo allí dicho, obviando que se trataba de información, que no de opiniones. Y, en igual sentido, siguen dudando a propósito de la ecuación costo/beneficio que implicaría para el Frente para la Victoria una renuncia de Sergio Massa a su carrera presidencial, que a esta hora es cada vez más probable. Va de suyo que toda presencia electoral que coseche --siquiera mínimamente-- en territorio opositor es bienvenida. Y Massa fue eso, durante un buen tiempo. En proporciones difíciles de precisar, porque en 2013 se sustentó tanto en voto gorila como en una división del acompañamiento que plasmó el PJ-PBA en 2011. Sumando lo obtenido por el ex intendente de Tigre y por Martín Insaurralde en las PASO de hace dos años, y comparándolo con el desempeño bonaerense de la presidenta CFK en su reelección, se advierten fácilmente insignificantes las diferencias. Pero, de todos modos, allí estaba el marido de Malena Galmarini para dividir el campo adversario.

En cualquier caso, ni entonces ni ahora existió ese 70% de impenetrable antikirchnerismo que tanto agitó el establishment, primero para sentenciar el cada día más inverosímil fin de ciclo, y luego para impulsar amalgamas electorales imposibles. Ahora bien, conforme el massismo se fue diluyendo, creció --primero-- la candidatura de Maurizio Macrì, aunque en una magnitud que no le permite todavía alcanzar al kirchnerista mejor posicionado, Daniel Scioli. Y que ahora, luego de un salto considerable a principios de año, se ha amesetado. Lo que hace pensar que ya ha succionado todo lo que podía de lo que Massa había sumado entre las elecciones primarias y las generales que lo consagraron diputado nacional en 2013: poco menos de 25% de aquel 44%, lo más duramente disconforme con el proceso histórico inaugurado en 2003. 

En cambio, cuando se estudian las fugas de los intendentes que fueran pilares del Frente Renovador (la propia inteligentzia massista hoy abjura de ello, que antes agitaba, y centra en Massa la única razón de todo, derivando a una fase carismática, que en realidad refleja el vaciamiento progresivo), rápidamente comprende que, salvo Jesús Cariglino y Gustavo Posse, que ya no formaban parte del FpV en 2011, el resto ha emprendido el retorno hacia el dispositivo organizado por CFK. Humberto Zúccaro argumenta que ello se debe a que 8 de cada 10 de sus militantes rechazaban la posibilidad de acabar en un acuerdo electoral encabezado por Macrì. Casi las mismas proporciones que contaba el ingeniero experto en rosca. Lo que remite tanto a cuestiones ideológicas como a la sobreabudancia que supondría una mega confluencia opositora en términos de armados de listas subancionales. Y, por supuesto, al riesgo distrital que supone un ancla al tope de las boletas.

Cuando se entiende que en política, si bien no puede negarse el impacto específico de las individualidades, éstas resultan en última instancia el emergente de estructuras sociales, que son las que en realidad litigan intereses, y a cuya significación institucional se debe corresponder, nada en este desarrollo puede extrañar. Y no hay trompadas que puedan solucionar esto.

El massismo se instituyó sobre varias razones, pero que en el fondo respondía fundamentalmente a una tensión interna mal resuelta con la conducción nacional del FpV, siendo en cambio la pertenencia sociológica de ambos segmentos, en lo general, compartida. No se trataba --no mayormente, que se entienda-- de un acompañamiento a Massa per se, sino de una combinación de situaciones que elaboraron una nueva mayoría. Que, a la vista está, fue meramente coyuntural. La pavada del business del país dividido que inventaron los dadores de materia gris del FR, que a su vez prohijó la ancha avenida del medio como pretexto del espacio, nunca tuvo el menor anclaje popular real. Conforme esto fue quedando claro, Massa se angostó entre los extremos de la polarización, porque el voluntarismo no basta para torcer la dinámica de la Historia.

"Nada, nada queda en tu casa natal.
Sólo telarañas que teje el yuyal."

(Nada. Julio Sosa)
Con la continuidad del kirchnerismo como perspectiva cada vez más consolidada, en el marco de una discusión que tiene al programa de reivindicación histórica de la esencialidad peronista en el eje de la disputa (con las derivaciones que ello puede suponer para las bases de cada dirigente), la realidad está empujando las piezas del tablero hacia su cause --digamos-- natural. Y cada uno de los jefes comarcales ejecuta en consecuencia, según entiende que mejor puede interpretar esas realidades, de las que son producto. Las PASO, por su parte, ordenarán lo relativo a los apetitos. 

Massa habrá creído, equivocadamente, que todo se debió a una elaboración exclusivamente propia, y por ende perdió el pulso de los acontecimientos tanto como la posibilidad de maniobrarlos en su provecho. No dio la talla.

En conclusión, si el tigrense decide insistir en su aventura nacional, bien; y si no, también. Ya resulta indistinto.

jueves, 28 de mayo de 2015

De qué depende

La modalidad que ha elegido el titular del Ministerio de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, para tramitar su diferenciación respecto del gobernador bonaerense Daniel Scioli en la interna del Frente para la Victoria, resulta errónea, por varios motivos.

El alboroto en que derivó su participación en la reunión de Carta Abierta tiene como efecto nocivo principal para el ministro el corrimiento de la discusión desde el terreno de la política hacia rumbo impreciso. No importa cuál. En definitiva, desplaza de la centralidad las mejores virtudes de chivilcoyense: su eficacia en la recuperación del transporte ferroviario, su largo recorrido en la escalera del peronismo --cuyos peldaños exploró en todos los niveles del territorio bonaerense, aunque nunca desde la jefatura-- y su capacidad para encontrar una singularidad identitaria, pero a la vez no contradictoria, en relación a la presidenta CFK en el dispositivo kirchnerista. Lo que, presumiblemente, constituye el elemento decisivo de su inserción electoral competitiva.

El barullo también colaboró con las fuerzas opositoras, porque la otra cosa que apartó fue la profundización de la crisis de arquitectura que atraviesan todavía los distintos segmentos que, dicen, intentarán proyectar la sucesión 2015, a apenas un mes de los cierres de listas. Y la ayuda vino en doble sentido, toda vez que los acertijos en los armados expresan una incapacidad política mucho más profunda, relativa a la discusión programática que la jefa del Estado volvió a aludir en su último discurso en Plaza de Mayo. La incapacidad que exhiben las diferentes variantes que dibuja el universo adversario al oficialismo nacional --unas cuantas aún durante el presente año-- remiten a carencias en cuanto a los sustentos de una representación política, cualquiera ésa sea, asunto que viene antes de darle el formato de competición. 

Ya dijimos aquí alguna vez que “una candidatura, y cualquier edificación que se pretenda imaginar a su alrededor, funciona sólo en tanto resulte expresión de algo previo, que el individuo culmina; y no al revés.” Eso es lo que está sucediendo.

La enorme multitud que se congregó para acompañar el mensaje de CFK por el Día de la Patria es expresión del muy consolidado núcleo duro que ha construido el kirchnerismo en doce años a cargo del gobierno nacional, y que se ha reflejado repetidamente en las urnas en un piso histórico que no se alteró ni en los peores momentos: 35% de votos nacionales en 2009 y en 2013. 

Ese porcentaje, estudiado desde el sistema de balotaje argentino, representa una magnitud imposible de desdeñar. Por eso, en tanto la propuesta alternativa no destine siquiera una palabra a intentar la intervención de tal sociología, por muy originales que puedan entenderse los sucesivos diseños que logren urdir como caratula, caerán en saco roto. Sencillamente porque ninguno será apto para construir una nueva mayoría. Antes que con otro integrante del elenco propio, urge empujar a los ajenos a expedirse sobre estas limitaciones, que son ideológicas y de gestión.

En ese laberinto se encuentran las respuestas, tanto para la esterilidad de la rosca, como para las reacciones con que en consecuencia el establishment supone correr en auxilio de esos vacíos frente a la inminencia de una cita comicial que se encamina, en lo más probable, a revalidar un proyecto político cuya continuidad no toleran ya en ninguna forma. Fue Horacio Verbitsky quien la semana pasada pudo dar testimonio de estas embestidas, como pocas horas antes las había sufrido el ministro Axel Kicillof en relación a su (no) salario en YPF, y Máximo Kirchner en abril (ambas desmentidas, y de sobra).

Claro que Randazzo vocea un malestar de varios sectores del FpV hacia Scioli, debido a razones de sobra conocidas por todos quienes frecuentan la política, y dada la ventaja que el ex navegante a motor parece llevarle a su rival. 

Bien apunta Santiago Costa en su blog que sobran recursos para condicionar al ex vicepresidente de Néstor Kirchner, si es que acaso se duda de él: de tipo institucional (bancas legislativas, por caso); la correlación de fuerzas que indican las multitudes que sigue convocando el gobierno nacional, tanto como su hasta ahora indisoluble rol de eje del tablero político nacional --a pesar de restarle casi nada de mandato a su figura principal, quien por otro lado ha hecho papel mojado de la tesis del pato rengo--; y la enorme gravitación que per se sigue significando la conductora del espacio, que será puesta en juego en las boletas electorales venideras. Los temores, así las cosas, no se corresponden con la exaltación de esa envergadura en que a la vez, y correctamente, se insiste. Y que en modo alguno puede ser atribuida en exclusiva a la situación de mandataria en funciones de CFK, so pena de acabar mordiéndose la cola con un fundamento gorila.

Ahora bien, convendría no transitar la ruta hacia las PASO --diseñadas por Cristina Fernández en términos reñidos como método de copamiento escénico-- de modo que pudiera mal interpretarse como fractura de ese universo abundante. 

La política no puede ser evaluada en exclusiva a partir de las características particulares de sus protagonistas, que en cambio son emergentes de estructuras sociales complejas que laten tras bambalinas, con menor visibilidad pero mayor determinación. Humberto Zúccaro señaló estas especificidades cuando, al explicar su abandono del Frente Renovador, atribuyó a sus bases los movimientos que el acabó por ejecutar. El cuadro más amplio que explica la progresiva fidelización que de Scioli logró el kirchnerismo fue explicitado por la Presidenta cuando convocó a la muchedumbre a poner debidamente en valor su aptitud de apoyatura. 

No se trata, entonces, de pelear o no, sino de cómo se encara una disputa, del contrincante y de la temática en litigio.

lunes, 18 de mayo de 2015

Urtubey en la dinámica de la humildad

Juan Manuel Urtubey amplió la ventaja que había obtenido en las primarias salteñas y obtuvo su tercer mandato como gobernador en la frontera norte del país.

Hay, en verdad, muy poco para agregar a lo ya dicho hace aproximadamente un mes, cuando se inauguró en Salta la larga marcha de capítulos distritales que desembocarán al final del camino en las elecciones presidenciales de agosto/octubre, pero que a su vez también representa cada una de ellas una especificidad con lógicas propias, multiplicidad de fraccionamientos minoritarios de cuya articulación depende que se pueda hablar verdaderamente de una dimensión nacional. La suma de las partes, en este caso, más que superar al todo lo constituye esencialmente, en una complejidad de difícil organización, máxime para las pretensiones en extremo rígidas del análisis mediático dominante, livianito por definición.

Sin embargo, lo que en términos cuantitativos es escaso, resulta sin embargo un gigantesco dato político, que explica mucho acerca de lo que se ha movido en el tablero electoral durante estas cuatro semanas, y que refleja las variables que se vienen desarrollando mucho mejor que las proyecciones mecánicas de cifras que a menudo se intenta de los comicios locales en una u otra dirección. Fue precisamente el encuadre que eligió el vencedor otorgar a su éxito la nota singular de la jornada.

Urtubey ofreció un discurso triunfal de fortísimo alineamiento con el oficialismo nacional, ponderando la figura de la presidenta CFK --paradójicamente-- mucho más que en sus dos victorias previas (2007 y 2011), justo ahora que ella se acerca a su ocaso institucional; reconociendo además la interna competitiva que se aproxima por la postulación sucesoria del Frente para la Victoria como método de copamiento escénico, más allá de lo conocido de su mayor afinidad con Daniel Scioli --y, vamos, de la ventaja que lleva el gobernador bonaerense sobre Florencio Randazzo--. Y, sobre todo, se insertó comprometidamente en la disputa que se avecina, aún en la tranquilidad de su confirmación como primer mandatario de su provincia.

Se trata, entonces, de la mejor demostración de lo dicho en nuestro último post a propósito de la perspectiva ganadora del FpV y de la enorme valoración de Cristina Fernández como elementos ordenatorios en esta coyuntura, en el marco más amplio de la tibia pero progresiva reconstrucción partidaria general que están operando las PASO en los cimientos políticos argentinos, cuestiones, todas éstas, que seguramente hayan inducido a Urtubey a ratificar su ubicación nacional; habida cuenta que el debate que en particular lo envolvía ayer estaba resuelto desde hacía ya largo rato. 

El mensaje de Urtubey, entonces, se inscribe en la saga de aceleración de los movimientos preparatorios que se verificaron al interior del peronismo desde que la presidenta de la Nación convocó a un baño de humildad a sus compañeros, en función de una apuesta a la racionalidad del espacio que conduce, estipulado ya que ella irá a la cabeza de la empresa continuista.

Podían subsistir dudas, pues las diluidas eran candidaturas inviables; pero hoy se materializó poder territorial en ese sentido.

viernes, 15 de mayo de 2015

En sus marcas, listos...

Una semana, nomas, le tomó a la presidenta CFK organizar la interna del peronismo, desde que se propuso hacerlo. Justo a partir del instante siguiente a que algunos divulgadores digitales cayeran al ridículo --visto lo sucedido en los últimos siete días-- de diagnosticarle el ingreso a una irrelevancia política ya irreversible.

La desorientación analítica es la razonable consecuencia del desespero electoral.

Y se hace imposible evitar una referencia comparativa entre eso y el cabaret en que por estas horas ha devenido el consorcio de vanidades, caprichos y rebeldías que gerencia Sergio Massa; a lo que fuera el estallido de FAUnen a nivel nacional y, aunque en mucho menor medida, al modo en que se tramitó la participación de Gabriela Michetti en la interna del PRO. La distancia que separa a aquellos episodios de la pacífica estructuración que está transitando el Frente para la Victoria sólo puede ser recorrida a través del puente que a tales efectos tiende un liderazgo sólido como el de Cristina Fernández, con cuyo acuerdo no basta para competir respetablemente, pero sin el cual cualquier postulación carece de viabilidad. Los teóricos del bacheletismo, así las cosas, reconfiguran cálculos previos.

La perspectiva cada vez más afianzada de continuidad del kirchnerismo en el poder --que por enésima vez desmiente las predicciones de fin de ciclo--, impulsada por el pacifismo ya ineluctable en que marchará el recambio institucional --y en que fluye la vida de la sociedad en general, relatos caóticos al margen--, al amparo de una economía que evitó tanto resbalones como zancadillas --y que, por el contrario, manifiesta síntomas indesmentibles de robustez, aún en la dificultad--, todo lo cual se expresa en la altísima ponderación con que CFK cierra su segundo mandato --singularidad histórica local y de la coyuntura regional--, es el aceite que lubrica renunciamientos en lógica de aportación colectiva.

Dicho sencillo: una observación apenas liviana del paisaje actual no habilita espacio a la duda, casi, acerca de la mayor estabilidad que supone el paraguas del FpV, más allá de divagues individuales mínimos, que acaban encuadrándose. La debilidad ajena desincentiva y, más, invierte las deserciones. El shock normalizador que las PASO progresivamente van imprimiendo al esquema partidario y el compromiso de la jefa del Estado con las chances del peronismo caminan en igual dirección. Vamos rumbo a novedades como el procesamiento sucesorio intra PJ jugando a ganador y un pato rengo que nunca llegó a concretarse: Cristina gravita tanto en su ocaso como lo hiciera al alba, en 2007. No es poco, ni ha sido sencillo. 

Es de esperar ahora que con idéntico espíritu se desarrolle la discusión hacia agosto próximo, pues de nada habrá servido todo esto si la necesaria diferenciación deriva en hostilidad. Que resultaría inútil y, por el contrario, contraproducente. 

Mientras todo esto sucede, diversos operadores del establishment empiezan a reconocer que las posibilidades del kirchnerismo alcanzan incluso para afrontar sin inconvenientes un balotaje que es cada vez menos probable. Como manifestación de esto, por caso, los desgajamientos del Frente Renovador no van a parar en su totalidad hacia el corral de la alianza PRO/UCR/CC, cual precariamente se sugiere a la hora de argumentar el provecho de un mega entendimiento opositor. El massismo suele insistir en cuanto a la pertenencia mayoritariamente peronista de su electorado para resistir las presiones abdicatorias con que se lo acecha: la ubican en proporción de 70/30. Quizá no sea tanto; da igual: en cualquier caso, no es furiosamente refractaria al gobierno nacional como se machaca para imponer la amalgama.

En igual sentido, el gobernador santafesino Antonio Bonfatti notifica de su preferencia por el oficialismo para una hipotética segunda vuelta. Todo apunta en similar trayectoria: no se verifica la situación que padeciera Carlos Menem en 2003, que lo obligara a huir antes de sufrir una derrota catastrófica. Fundamentalmente, porque hay en curso un cuadro socioeconómico diametralmente opuesto al que estallara en 2001, y en que se fundaba el antimenemismo como clima dominante por entonces, dadas las responsabilidades del ex presidente en aquella crisis. Como dijera alguna vez Manolo Barge, una transición armónica garantiza a CFK prolongar su incidencia política, más allá de su cese en Casa Rosada. Todo lo cual saca de quicio a varios. 

Subyacía en las apuestas a por una CFK irracional y de su equiparación con el epílogo del hoy senador riojano una operación más fina, tendiente a construir la atmósfera que se requiere a los fines de allanar el camino para una vuelta de campana programática profunda, que es lo que aquí está en juego como objetivo último del Círculo Rojo. No deja de llamar la atención, sin embargo, que hayan arriesgado tantas fichas a una variable que no podían controlar. Y que era tan poco probable.

Tanto empeño dedicado a enjuiciar los relatos para acabar enterrados por uno propio. Una cosa de locos.

martes, 12 de mayo de 2015

La ancha avenida del abandono

Apenas el mozo sobreviviría de esta foto.
Las salidas de Darío Giustozzi y de Jesús Cataldo Cariglino del Frente Renovador exponen el grado profundo de descomposición política que por estas horas sufre la fuerza que ¿conduce? Sergio Massa. Drama que, si bien se mira, circula alrededor de las complicaciones estructurales irresolubles de que adolece la oposición en general para darse una alternativa competitiva para afrontar la disputa sucesoria que se aproxima. La proyección nacional le ha significado al esposo de Malena Galmarini agudos dolores de cabeza desde la noche misma de su triunfo de 2013 en provincia de Buenos Aires, con 44 puntos cuya naturaleza parece no haber comprendido, lo que constituye a la vez causa y efecto de sus padeceres.

El massismo se organizó a partir del quiebre con el Frente para la Victoria de un encuadramiento de intendentes bonaerenses con alta electorabilidad propia, que fraccionaron la sociología electoral que en 2011 había sido compartida con la presidenta CFK y el gobernador DOS (pack que voló entonces a alturas que asustaron). Y que se sintetizaron en la figura más instalada del ex intendente de Tigre, que potenciaba la ecuación por su volumen específico como condición necesaria pero no suficiente de la competitividad del espacio. Todo esto sumado a una alianza limitada al distrito que concentra más de 40% del padrón total del país con Maurizio Macri, a otros acuerdos de menor rango, y en el contexto de un clima de antikirchnerismo en su punto de ebullición, otorgarían al FR la categoría de ganabilidad necesaria para succionar voto disconforme entre las PASO y los comicios definitivos en que derrotó a Martín Insaurralde.

Se trataba, pues, el ex jefe de gabinete de Cristina Fernández, de un primus inter pares, que cuando emprendió la tarea de desplegarse federalmente extravió el sentido de las proporciones del cóctel heterogéneo que estaba llamado a equilibrar.

La imposibilidad de acrecer hacia el PJ estuvo dada tanto por la decisión de quienes habían permanecido en el FpV de amurallarlo a través de su reactivación jurídica y operativa en su órdenes nacional y de PBA, como por la incongruencia que le habría supuesto al massismo una jugada tal en el marco de su discurso de pretendida prescindencia en la polarización abierta en torno al oficialismo nacional, con que anhelaba prolongar su siembra transversal. Pero cuya utilidad es acotada a una renovación legislativa, porque un recambio presidencial impone la evaluación acerca del gobierno en curso. Ese laberinto inaugural arrojó a Massa a explorar variantes que supusieron nuevos escollos y contradicciones internas a medida que giraba tácticamente --incontables veces--, que pretendió saldar a través de un decisionismo para el que nunca contó con recursos. 

Esta deriva se expresa en los patéticos actings expulsivos de quienes en realidad ya están idos, en lo que pretende ser una ostentación autoridad, que no impacta popularmente porque se trata de una cuestión escasamente convocante, pero que fundamentalmente es estéril para impresionar al establishment como el diputado desearía. Y que, va de suyo, caen como patada al hígado en dirigentes cuyo largo recorrido no tolera bravuconadas semejantes.

La billetera del Círculo Rojo se hace imprescindible para suplir sus carencias en términos de desarrollo en el interior del país, pero obtiene como respuesta que el anuncio de Giustozzi se efectuó en... el diario Clarín. La angustia, obviamente, empeora conforme se acerca el momento de las urnas. Claro que no se debe sobreestimar la incidencia de los circuitos que rechazan cualquier formato de continuidad del kirchnerismo en las arquitecturas partidarias que dicen proponerse reemplazarlo, pero sí aprovechan estas desinteligencias, que fluyen cada cual según sus particularidades, para insertar sus llamamientos a por un entendimiento Massa/Macrì, basado en un análisis precario del encastre de las fotalezas y debilidades de ambos (PBA para Massa/Santa Fe, Mendoza, Córdoba, Entre Ríos y CABA para Macrì), que agravan la ventaja del FpV.

La encrucijada, para colmo, recrudece a poco que se conocen datos del adentro que gradual y tibiamente van confesando que, de bajarse Massa, la mayor parte de sus electores irían de regreso hacia el kirchnerismo, en relación casi 70/30. Así las cosas, ninguno reúne las condiciones requeridas para imponer al otro una orientación que encima no garantiza mucho. 

El último viraje del abogado de dudosa cualificación denuncia una admisión en cuanto a la caída que le advierten las encuestas, y que, en consecuencia, engendra un repliegue defensivista indesmentible: se ha resignado a competir en las PASO, aunque será un procedimiento testimonial, contra José Manuel De La Sota. Un desplazamiento que busca blindar su bastión principal --suponiendo que siga siéndolo-- y sumarlo a lo que podría aportar el gobernador cordobés desde la segunda densidad demográfica argentina y así tratar de arañar un balotaje que cada vez menos consideran seguro. ¿Algo más? Sí, Jorge Asís escribió acerca de esto que incluso en segunda vuelta es altamente probable un triunfo cristinista.

Demasiados naipes para una sola choza. En última instancia, y más allá de lo que refutan inútilmente desde sus vocerías, sobre todo las digitales, si los caudales renovadores permanecieran intactos no necesitaría de tanto ensayo pactista distinto. 

A cada nueva fuga responden negando a los desertores el "combo electorabilidad+territorialidad" a que atribuían el éxito de la revolución de los coroneles cuando aquella se gestó. Sólo Massa, así, "mediría", con lo que se desvían a una fase carismática que imputaban a la jefa del Estado como móvil de sus excursiones hacia nuevos rumbos.

El contenido tácito del convenio Massa/De La Sota encendió alarmas de temor en los niveles subnacionales del FR a la posible tracción negativa de una postulación en declive. La crisis se perfecciona si a todo eso se suma el descontento por decisiones inconsultas y/o que erosionan los basamentos iniciales del armado, entre las que se sobresale la incorporación de Francisco De Narváez, que entraña una postergación de la utopía municipalista como nueva instancia decisoria. Los que fueran pilares del experimento disparan aterrorizados en diversos sentidos. El desencuadre político de un rompecabezas cuyas piezas no encajan por ningún lado se hizo patente en el discurso delirante con que el ex titular de ANSES pretendió que se relanzaba en el estadio de Vélez Sarsfield, y debido al cual la enorme convocatoria pasó a segundo plano.

Mientras insistió con un rótulo moderacionista, aceleró apelaciones gorilas que golpean con desespero a las puertas del oposicionismo más cerril, lo que evidencia que también ha tomado nota de que la ruptura con Macrì le ha arrancado un pedazo de lo que no le sobra, y manotea para recuperarlo. Pero genera incomodidad en algunas de sus bases, al tiempo que desnuda su fragilidad. Otro tanto de los sectores que lo acompañaran, se dijo, van de retorno al FpV, a medida que el gobierno nacional, si bien corrigiendo en aplicación, sostuvo los fundamentos que le valen la fidelidad popular dura que lo sostiene hace 12 años y con paisaje de continuidad. El cuadro presente muestra a Massa en un no lugar, el peor el que existe.

La última de las novedades inesperadas resulta ser el compromiso de CFK con el triunfo peronista, incluso jugando su propia participación en las boletas, que desmiente la opción Michelle Bachelet y aterra a varios de sus eventuales competidores bonaerenses. Ese dato ofrece una perspectiva distinta a quienes cavilan acerca del rendimiento de su anterior garrochazo.

Luego de prestar atención en detalle a estas idas y vueltas, se comprenden mejor los motivos de tanto machaque a propósito de un asunto tan poco taquillero para el grueso de los votantes como las peripecias de Ricardo Lorenzetti y asociados.  

Es de las pocas formas con que pueden esquivar la atmósfera derrotista que los va acorralando paulatinamente.