jueves, 30 de octubre de 2014

La integración no es una consiga: es racionalidad

“Dicen estar preocupados por las suspensiones en la industria automotriz, pero, a la vez, que no les interesan las presidenciales brasileras.”

Algo así, la cita no es textual, se pudo leer en Twitter durante el recuento de votos de las elecciones que definieron la  de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil. La nota sería desubicada en este texto si se tratara meramente de una manifestación aislada de ciudadanos con bajo nivel de politización. El problema surge cuando un dirigente que se supone de primer nivel padece de semejante indigencia en su razonamiento estratégico. Bien decía el general Juan Domingo Perón que la verdadera política de un país es la exterior. En la misma red social se pudo confirmar, antes y después de la primera vuelta y del balotaje, que quienes deberían pensar estas cosas intentaban presumir una poco verosímil indiferencia. Bastante vergonzante tesis, además, por cierto.

Quien mejor analizó este duelo, el periodista de Ámbito Financiero Marcelo Falak, se mostraba asombrado, para mal, de la poca conciencia que había en la dirigencia opositora respecto de la posibilidad de triunfo del antimercosuriano Aecio Neves.

El PT, nos enteramos ahora (esto es pura ironía), navega aguas encrespadas, y es perfectamente entendible que así sea. Por empezar, debió readecuar formatos operativos en su tránsito desde el sindicalismo hacia la conducción del gobierno: por la naturaleza del cambio en sí, desde luego, pero también por una cuestión que incumbe a las transformaciones que sus éxitos de gestión imprimieron, y velozmente, en una sociedad acostumbrada a cambios que proceden a ritmo cansino. Así, a la clásica división tripartita de clases que enseña la teoría (alta/media/baja, y las variaciones tradicionalmente aceptadas como media/alta y media baja) se le agregaron matices de complejidad, altamente conflictiva en varios momentos desde 2013. 

La nueva clase ‘C’ que tanto se ha comentado a propósito de las transformaciones que ha operado el posneoliberalismo en Sudamérica, y que en Brasil se ha observado como un fenómeno de mucha mayor fortaleza y dinamismo; tanto como el sector más postergado en la pirámide de ingresos pusieron y ponen a prueba sus capacidades representativas, en tanto se trata de universos ajenos a la tramitación a través de organicidad institucionalizada sobre la base de la cual el PT se desarrolló, dado su origen, que es el universo gremial, donde nada existe por fuera del agrupamiento. Respecto de los primeros, constituyen el núcleo duro del desencanto, que presumiblemente colocó al lulismo entre la espada y la pared. Para los segundos, el Bolsa Familia constituyó la respuesta que amplió el espectro de un dispositivo que nació exclusivamente obrero.

Por otro lado, y a partir de lo que explica detalladamente José Natanson en su último libro (altamente recomendable, tal su costumbre), El milagro brasileño. ¿Cómo hizo Brasil para convertirse en potencia mundial?, las mutaciones recién referidas implican, a su vez, una readecuación en la ecuación de fuerzas que organiza el poder.

Brasil ha tenido por habito, durante toda su historia, tramitar su devenir a través de pactos de elites.
Que, por tratarse de una operación que desciende desde la cúspide, suavizó el impacto de las decisiones. Lula y compañía no han formalizado la participación de los sectores populares en sus reivindicaciones del modo que, por ejemplo, nos es común en Argentina desde el peronismo. Pero el sólo hecho de haber generado bienestar implica un barajar y dar de nuevo en que el statu quo se conmueve. Dado ello en el marco de un Estado que, aún sin alterar las grandes líneas del modelo de desarrollo, elaboró novedosas intervenciones sobre la actividad privada limitantes de la dinámica de mercado, y máxime en una coyuntura de mayor estrechez económica, amenaza con alterar el tradicional reparto de costos. Dicho sencillo: quién manda.

La finitud del clima sereno que caracterizó siempre a Brasil tenía, en este contexto, las horas contadas. De ahí a que el volumen de la disputa política aumente, había, y hubo, medio paso. No era, a fin de cuentas, todo color de rosas por allí.

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¿Todo este análisis, o algún otro, estuvieron ausentes en las filas opositoras argentinas? ¿O fue desatendido el tema sin importar que derivara en apuestas perdedoras, tanto en Brasil como en Uruguay? En cualquier caso, resultaría delirante.

Y, en todo caso, ¿qué implica para Argentina, en términos políticos, el cuadro de situación brasileño?

El kirchnerismo tenía y tiene las cosas definidas: apoyo incondicional a Dilma. Elisa Carrió, que también suele tener claras sus aspiraciones electorales (que luego las pueda cumplir o no es otro tema), apuntó y disparó: explicó que deseaba el triunfo de Aecio Neves porque rechaza a Rusia y a China, que es la variable que se fortaleció con el triunfo lulista. La Alianza Pacífico, funcionalmente subordinada al compás que dicta EEUU era la alternativa. No se trata de rozar, siquiera, el asunto del imperialismo, sino sencillamente de un esquema de integración económica de cuyo fracaso en cuanto al impacto sobre la economía nacional no se requieren mayores probanzas. A esto se refería Falak al expresar su alarmismo por las alianzas regionales que exploran los adversarios al kirchnerismo, desaconsejables para nuestra complementariedad económica.

El análisis periodístico opositor advirtió mejor las disputas de fondo que subyacían a todo esto: abandonaron sus hasta hace poco usuales elogio a Lula, instrumentados como contraejemplo de las falencias que achacan al oficialismo nacional. Ahora el PT es el espejo que adelanta al kirchnerismo, sólo que para mal. Carlos Pagni encontró una conexión muy ocurrente entre ambos países, a partir de la estrategia de autobalcanización que ha decidido la UCR (entre Macrì, Massa y lo que quede de progresismo) de cara a 2015 como método para conservar espacios legislativos e intentar crecer desde las provincias: es lo que el histórico PMDB, la mayor formación partidaria de Brasil (que, sin embargo, no logra trascender en las sucesivas peleas presidenciales), hace años practica. Esa subordinación dice mucho acerca de la voluntad para el mando.

Cuando Sergio Massa inició su gira pac man por el interior, en disputa con Maurizio Macrì y mientras resuelve sus miedos con Marcelo Tinelli que hasta hoy bloquean el garrochazo de Martín Insaurralde, además de Pagni retumbó un concepto de Alejandro Horowicz que aquí ya refiriéramos: “Sin una estrategia sudamericana vos no tenes nada. Y la Argentina es escandalosamente provincial. (…) Todos creen que es más importante la interna radical de Trenque Lauquen que lo que sucede en el PT o en el sindicato de los metalmecánicos en San Pablo”. Formidablemente anticipatorio de este paisaje: Jujuy es apenas el 1,5% del padrón nacional, sin ofender. Los acuerdos en que uno inscribe sus construcciones dicen casi todo de un programa. Los paralelismos surgen de las proyecciones que se han potenciado en tiempos de mercados regionales.

Brasil sirvió para enseñar que, por fuera de tendencias sociales que pueden perfectamente tener influencia en los ánimos de época, existen estructuralidades definitorias que hacen sentir su mayor peso, y que combaten para sostener su vigencia.

No es para cualquiera eso de dinamitar las relaciones de fuerza de un período histórico determinado.

martes, 7 de octubre de 2014

Los enigmas del sufragio brasileño

Pasó el primer turno de las elecciones en Brasil.

Vamos rumbo a un ballotage en el que, nos comimos, Dilma Rousseff competiría contra Marina Silva, y que ahora será contra Aécio Neves. Es todo lo que diremos acerca de encuestas fallidas (pongámosle), operaciones y otras yerbas por el estilo porque aquí no nos gusta hablar de cosas que, como acabamos de comprobar una vez más, no existen. Sepan disculpar la cuota de sarcasmo. La jornada eleccionaria la vivimos con mucha intensidad, vía Twitter, sobre el transcurso mismo del recuento, en frondosos intercambios con Gonzalo Bustos y el periodista de Ámbito Financiero (que sabe) Marcelo Falak. Provechosos.

Sin embargo, cuesta todavía descular bien el significado de este episodio. De todos modos, para salir a la cancha rápido, vamos con algunas cuestiones propias de toda instancia como ésta, con los matices particulares y específicos del caso.  

Lo que más se ha comentado es el llamado fenómeno Marina Silva. Ya poco importa si se pinchó, o bien nunca existió.
Dilma perdió 6 puntos respecto de su consagración en 2010. Ahora bien, ¿adónde se fue eso? El PSDB y Marina crecieron apenas dos puntos cada uno en cuatro años. Se trata, entonces, más de un desgaste propio del PT que otra cosa. Claro: por decepción de los desempobrecidos para con su representación política. No obstante lo cual, no parece Silva haber resultado catalizadora de ese descontento. Veremos, habrá que esperar que transcurra, por lo menos, la primera semana de cara a la segunda vuelta para establecer correctamente a qué respondió su representatividad. Está hoy menos claro que hasta ayer. Atención: si esto ya se advertía desde hace 4 años, y el PT aún no ha podido resolverlo (se diría, en cambio, que empeoró), las chances de lograr el retorno de quienes le huyeron en las urnas, presumiblemente, se resentirían. 

Casi 8 puntos a favor de Dilma. Diferencia conocida como el umbral de los balotajes. 
No va a ser sencillo lo que se viene, pues Aécio anduvo mejor de lo que se esperaba. Pero el PT prefería polarizar con él que con Marina. Confunde menos y Dilma tiene muchas mayores chances de capturar de allí que de Neves, un voto netamente antipetista, que requiere de hacerse de casi el 80% del sufragio que esta vez fue marinista para dar vuelta el asunto. La nueva arquitectura de decisión brasileña de seguro encierra muchos de los interrogantes de cara al segundo turno. Hace falta determinar el peso de la grieta antigubernamental, si la hubiere. A partir de todo esto se organizarán las nuevas estrategias.

En adelante, será clave el papel de Lula. Es una coincidencia casi unánime. También el de Fernando Henrique Cardoso, si es que decide intervenir. Pero, fundamentalmente, esto depende de si el PT conserva el rol de agente de transformaciones.

Y tanto o más que eso, de cuánto(s) cambio(s) y, más aún, qué tipo de tales aspira la sociedad vecina.

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Brasil es, por buenas razones, un motivo de especial atención para nuestro país.

Desde que José María Rosa escribiera libros de Historia nacional, en los que analizó como pocos la estructuración elitista del antiguo Brasil esclavista (que, con lógicas reconfiguraciones, deriva rémoras de desigualdad hasta el día de la fecha), que influyeron en nuestra política interna al punto de jugar un rol decisivo en las caídas de los gobiernos de Manuel Dorrego y de Juan Manuel de Rosas; hasta que a partir de las recuperaciones democráticas con Alfonsín y Sarney, pasando por el nacimiento del Mercosur con Menem y Cardoso y el no al ALCA que alumbró el UNASUR de Kirchner/CFK-Lula/Dilma, la relación fue dejando atrás las hipótesis bélicas y transitó a la integración, las sinergias se explican solas.

José Natanson hizo un aporte esencial, hace ya un par de años. Brasil quiere proyectarse como jugador de grandes ligas. Para ello, la diplomacia PT entiende que se requiere de tener ordenado el vecindario. Por eso Lula y Dilma han colaborado a favor de la estabilidad y el progreso del subcontinente. La forma PT de tramitar la geoestrategia es un menú más amable.

No obstante que coincidamos en relación a que el Mercosur se debe inexorablemente una cirugía para revitalizarse, no debería sorprender que Neves esté pensando en desnaturalizarlo por completo. Se trata de elegir entre lo complicado y lo terminal. 

La política internacional en tiempos de mercados regionales condena a quienes los transitan en soledad.

viernes, 3 de octubre de 2014

Hay que aprender a tomárselo en joda

Luego de décadas de intentos frustrados, el Código Civil y Comercial Unificado ya es una realidad. En términos técnicos, haría falta mucho más que un post para analizarlo. 

Desde la perspectiva política, implica un salto cualitativo sustancial en cuanto al carácter democrático de la nueva norma. Teníamos un texto cuya letra fue encomendada a un jurista que definió por sí sólo, refrendado en una votación legislativa a libro cerrado e indisponible para los representantes del pueblo. De lo que surgió una ley, aun cuando valiosa, plagada de fallas técnicas (de ahí tantas anotaciones: para salvar los yerros). Su reforma más importante a la fecha, la ley 17.711 de Guillermo Borda, tuvo lugar durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía.

Hemos pasado a otro de redacción trasversal al interior de las instituciones de la república, pues participaron en este asunto los tres poderes del Estado. Un debate amplísimo que duró más de dos años, peregrinó por todo el territorio nacional en audiencias públicas en las que se otorgó (de modo casi inédito en la historia del Derecho Comparado) participación popular e hizo espacio a casi dos centenares de modificaciones propuestas respecto del anteproyecto originario.

El contraste descriptivo, además de ilustrar, editorializa por sí mismo.
Lamentablemente, no fue todo lo pluripartidario que hubiera merecido el esfuerzo de apertura construido a lo largo de tanto tiempo y por tantas personas de distintos orígenes, filosofías y convicciones. Una pena. Allá aquellos que eligieron perderse esta cita histórica. El nuevo Código no es perfecto ni mucho menos, más vale. Ni aspiraba a serlo porque no se persigue lo inexistente. Pero es infinitamente mejor que lo que teníamos hasta hoy. Y constituye un capítulo muy provechoso para la trayectoria democrática y republicaba de nuestro país.

(Es también una pena que este post deba apelar a tanta perogrullada para comentar una cuestión a la que le cabía un abordaje mucho más rico y complejo, pero comodoropyzación de la política arrastra a lo berreta a todos.)

No habrá, con todo, cacareo impedidor (opositor le queda enorme a la dirigencia adversaria) que borre este avance de la experiencia democrática argentina.

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Últimamente se discute mucho respecto de la estrategia de la presidenta CFK de cara a 2015. Si es a la victoria o a la derrota. Tal vez el derrotero legislativo de las últimas semanas pueda orientarnos acerca del interrogante.

Venimos de la segunda moratoria previsional (500 mil nuevos jubilados, elevando la tasa de cobertura al 95%), de la ley de pago soberano de deuda en sede local y del paquete de nueva regulación del consumo (reformas a la ley de relaciones de consumo y producción, nueva justicia del consumidor y observatorio de precios). Esta semana que se termina alumbró el nuevo Código Civil y Comercial; la semana que viene, Diputados aprobará el Presupuesto 2015 y el Senado hará lo propio con la nueva ley de hidrocarburos, en acuerdo con OFEPHI. Están comenzando los debates en torno a la desincriminación del consumo de estupefacientes. Y van en marcha el nuevo Código Penal, la despenalización del aborto, (CFK no impulsará pero tampoco vetará, contó Horacio Verbitsky) la ley de acciones de incidencia colectiva y la reglamentación de los juicios por jurado.

Mayorías legislativas a prueba de balas en cuestiones mega conflictivas al margen, en cualquier caso, no parece bajo ningún concepto ser, ésta que acabamos de repasar muy por arriba, una agenda de fin de ciclo. Más allá de lo subjetivo, queda claro que no se está apenas administrando. Se trata de un año de cierre muy distinto, entonces, al de Carlos Menem, que justamente por eso finalizó sin turbulencias aún en minoría en la cámara baja.

Por otro lado, de la mano de las enseñanzas que al unísono pregonan de las muchachadas del PRO y del PO, con mucha de toda esta legislación hemos aprendido que el kirchnerismo consiguió lo que cualquiera habría creído imposible: una síntesis entre chavismo y neoliberalismo. Vaya prodigio de las Ciencias Políticas y de la Filosofía.

No hay lugar más que para el humor. Un aquelarre de dirigentes de distintas extracciones, algunos de respetable trayectoria militante previa, arrastrados por Elisa Carrió hacia los tribunales para pedir la clausura de un debate parlamentario por el nuevo CCyCU. En la chaqueña, que carece de la más mínima construcción política territorial concreta, se entiende. No tiene otro modo de trascender que la espectacularización. El resto, teme que los arrastre en el denuncismo (déjà vu Presupuesto 2010) . En sus respectivos casos, por complicidad con el kirchnerismo. El ridículo llegó a tal punto que no lograron acordar una única denuncia al presidente de la HCDN, Julián Domínguez. Una apuesta al pluralismo, también en materia penal.

Semejante nivel de desorientación política estuvo perfectamente metaforizado en bloques legislativos que confundieron el sitio en que les corresponde ejercer su representatividad.

Fueron las bancas vacías en este caso las que descorrieron el velo del ídem doctrinario.

martes, 30 de septiembre de 2014

Brasil: el diablo está en los detalles

En diálogo con el periodista Sergio Ranieri y con Ricardo, editor del magnífico Los Huevos y Las Ideas, coincidimos en cuanto al especial interés del Frente Renovador en un triunfo de Marina Silva en las venideras presidenciales brasileñas.

Las implicancias de Brasil en Argentina, y viceversa, no requieren de mayor abundamiento. Que, por otro lado, el lector las encontrará mejor explicadas en otros lados que éste. Por caso, en la pluma de José Natanson, probablemente quien mejor ha estudiado las novedades posneoliberales de la política regional. Hemos leído buenos textos que explican la sólida estabilidad de las líneas macro del modelo económico de Brasil. Que acotan los términos de la discusión programática. Ahora bien: una cosa es destacar la condición de mayor suavidad de los cambios que admite la estructura productiva del país vecino, y otra, muy distinta, negar directamente cualquier contradicción. La ilusión del consenso definitivo, inmutable, eterno. 
(Proyecciones --pretendidamente anticipatorias-- transfronterizas: de mínima, voluntaristas.)

De hecho, ello está confirmado en la “reacción adversa de los mercados” ante el repunte de Dilma Rousseff en las encuestas. Litigios abiertos no faltan allí, evidentemente. Parece mentira tener que repetir todo esto, todavía a esta altura de la soireé.

Es cierto: siempre es necesario matizar, complejizar, relativizar. La linealidad es mala consejera. Concedamos que Marina Silva no es un troyano del establishment (que, insistimos, existe; y que, en gran medida, adversa al gobierno petista). Lo cierto es que lo definitorio, como repetimos siempre en este espacio, no pasa por el examen de las individualidades del elenco dirigencial en pugna. Conviene, en cambio, enfatizar en el examen de las apoyaturas sociales que expresan. A fin de cuentas, la política es representación, en el campo institucional, de intereses (sociales, económicos, culturales, etc.).

Marina emerge, explican bien casi todos los que han analizado el tema, en función de las nuevas demandas de los desempobrecidos en tres mandatos de PT, que las tropas de Lula no logran abarcar. O, cuidado, que han decidido subalternar, en opción por los que aún continúan muy relegados en la pirámide social. Una cosa queda clara: con eso sólo a Silva no le alcanzaría para ganar las elecciones. Ni hablemos ya de gobernar, si es que acaso pretende no hacer mera administración de lo dado, habida cuenta de su autodenominada circunstancia de agente de cambio. La potencia de la antítesis la excede. Y la arrastra. No es para cualquiera eso de cambiar las relaciones de fuerza de una época. 

Cualquier parecido con la realidad nacional no es mera coincidencia.

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Acerca de las necesidades argentinas respecto del resultado eleccionario del próximo domingo, con su seguro sucesivo segundo turno (dejamos esto para el final, a los fines de evitar el ombliguismo nacionalista), y aún con lo dicho arriba sobre el relativamente poco controversial modelo de negocios brasilero, quizá el pasado más cercano pueda proveernos de pistas para un mejor entendimiento del interrogante. Está fresco el recuerdo de los trastornos que provocó a nuestro país la devaluación de Fernando Enrique Cardoso en 1999. Tiempos en que la región funcionaba lejos de la sinfonía común actual, con todas los pero que a esta afirmación puedan aceptarse, porque es innegable que la institucionalidad mercosuriana/unasuriana (más CELAC) aún descansa en demasía sobre los personalismos. Con toda la precariedad que tales diseños legales suponen.

No obstante esto último, y aún cuando Argentina debe, en cualquier hipótesis, reimpulsar sus esfuerzos exportadores en la bilateral, y además reconfigurar su despegue desde allí hacia la diversificación de su comercio internacional (especialmente en la coyuntura post Griesa, que anuncia un giro en nuestra estrategia global), la recuperación de fuerza política en Brasil de quienes pregonan la necesidad de “mayor dureza” para con su vecino top, sólo puede significar la mala nueva de más piedras en el camino de una de por sí dificultosa situación en la que cada centavo de la balanza se está tramitando con demasiada viscosidad. Así y todo, a la geoestrategia PT no le da igual cómo le va a Argentina. Eso basta para descartar indiferencia. 

A fin de cuentas, terminarán teniendo razón los liberales: las formas importan.

sábado, 27 de septiembre de 2014

El huevo y la gallina


Uno de los problemas más comunes en política es el de la confusión entre programa y sujeto social. Qué viene primero. El Frente Renovador emergió como expresión de sectores con nuevas demandas, que estaban insatisfechas. Y que probablemente lo siguen estando. Eso le permitió el diferencial de votos que lo hicieron vencedor en las elecciones de 2013, luego de inicialmente quebrar el espacio electoral que en 2011 se concentró en el Frente para la Victoria. Ahora bien: por razones que sabrán explicar en el FR, la estrategia de allí en más fue dedicada a la construcción de una representatividad de exclusiva atención a sectores tradicionalmente refractarios al peronismo. Un frepaseo discursivo, pero no sólo, dirigido a ciertos sectores medios.

Eso llevó a que el propio Barge elaborara la tesis de la Puerta 12 de la representación republicana: la sobreoferta de la competencia de los renovadores con PRO y FAUNEN en vez que con el FpV. Así, Artemio López recomienda la fidelización del voto peronista a partir de un candidato que asuma en plenitud el trazo proyectivo inaugurado en 2003. En concreto, en cualquier espacio opositor que se quiera considerar, la pregunta acerca de la musculatura ciudadana permanece sin respuesta. Asunto no menor, en tanto remite a los pilares y las consecuencias de un plan de gobierno determinado.

Decíamos a inicios de esta semana que el Papa Francisco tenía clara esas nociones, y por tanto su confluencia con la presidenta CFK resultaba lógica, habida cuenta de sus propios desafíos como jefe del catolicismo universal.

Se trata de marchar sabiendo que adelante debe ir el carro, y no los melones.

martes, 23 de septiembre de 2014

Poder, luego se existe

“Los que hablan de ciclos argentinos de 10 a 14 años me sorprenden: ¿piensan que es un determinismo y no el resultado de intereses con poder?”, dice en Twitter el amigo Ricardo, editor del magnífico Los Huevos y Las Ideas.

Da en el clavo, a nuestro criterio. En ese sentido, la discusión 2015, lejos de lo que se pretende en contrario, será de las más trascendentes desde recuperada la democracia en 1983. Porque, justamente, se cumple el término apuntado por el colega tucumano. Quizás también por ello no casualmente se insiste tanto en lo contrario. Ocultar la trama de la disputa que se aproxima. Conviene prestar atención, a todo esto, a que la discusión electoral en Brasil parece transitar una tónica similar: son matices, cuentan algunos, lo que diferenciaría a Marina Silva de Dilma Rousseff.

Tampoco es cuestión de negar que, es evidente, los gobiernos del posneoliberalismo sudamericano han sufrido los problemas del crecimiento, tanto en cuanto a su resolución como a la representatividad de esas demandas. Ahora bien, una cosa es eso y otra, muy distinta, negar el trasfondo de los sustentos materiales de cualquier sistema que se precie de tal.

Hay tres datos importantes que observar a propósito de esta cuestión, a nuestro ver. Primero, algo que siempre hemos repetido aquí, lo más interesante de observar a la hora del análisis de una fuerza política no son las características particulares del candidato sino las apoyaturas sociales que expresan. Segundo, la vocación evidente de sectores del establishment por un futuro gobierno sin mayorías parlamentarias; esto es, al que resulte más fácil interpelar desde su incapacidad de operar la realidad. Finalmente, pero conectado a esto último, la necesidad del FpV de proyectarse esta vez a partir de, primero, la consolidación de sus construcciones provinciales. Creciendo desde lo particular hacia lo general.

Pero, fundamentalmente, el dilema para el kirchnerismo pasará por convencer de que si la social continúa siendo la prioridad tope del plexo de demandas, eso no resulta posible en cualquier sistema de alianzas ni de situación de poder institucional.

La vinculación que construyen la presidenta CFK y el Papa Francisco, así las cosas, no resulta fortuita ni inocente. 

sábado, 20 de septiembre de 2014

Los mareados

Es entendible que el trotskismo vote en contra de proyectos de ley que, aunque mejoren los términos de la relación capital/trabajo a favor de los obreros, la convalide, la cristalice. Es decir, está bien, desde la perspectiva trotskista, no acompañar --por ejemplo-- una propuesta de reparto de renta empresaria entre los trabajadores o avances en la Ley de Contrato de Trabajo, porque eso los alejaría de su objeto esencial. Que no pasa por alivianar las desigualdades sino por, directamente, subvertir la lógica de dominación capitalista, en tanto ideas como las antes arriesgadas la aceptan como tal.

Ahora bien, el voto del PO, la semana pasada, en contra de la nueva regulación de las relaciones de producción y consumo sí resulta incomprensible. El programa de esa agrupación pasa por eliminar la propiedad privada. Y la reforma a la ley mal llamada de abastecimiento que aprobó el Congreso nacional hace algunas horas, si bien por supuesto no elimina la propiedad privada, sí la relativiza, en orden a operativizar la función social que le asignan la Constitución Nacional, el Código Civil desde su reforma en 1968 y sobrada jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

La propiedad privada es menos absoluta desde el miércoles último en Argentina. 
De modo que el troskaje está ahora más cerca sus aspiraciones, pero no gracias a sus legisladores sino al kirchnerismo. El PO jugó, se diría, a cuanto peor, peor. Qué pena por ellos.

No son los únicos, no obstante. El moyanismo está expresado en la Cámara de Diputados de la Nación por dos hombres: Omar Plaini y Facundo Moyano. Comparten un minibloque: ellos dos. La semana pasada, en cuanto al tratamiento de la ley de pago soberano, el primero no dio quorum, pero votó a favor. El segundo, en cambio, al revés: aportó para el inicio de sesión, pero no acompañó la iniciativa votada cerca de las 6 de la mañana del jueves 11 de septiembre tras haber anunciado exactamente lo contrario cerca del mediodía del miércoles 10. Una semana después, tampoco coincidieron en cuanto a las nuevas leyes de regulación del consumo y de la producción y de nueva justicia del consumidor. 
A eso se le llama claridad estratégica.

Cuando uno quiere explicarse por qué cada tanto la CGT blue derrapa, como con el hijo iletrado de Hugo Moyano, Pablo, amenazando con arrojar cadáveres sobre el escritorio del intendente de Quilmes Francisco Barba Gutiérrez; o con Luis Barrionuevo convocando a un agite social que termine anticipadamente con el mandato de la presidenta CFK, tiene que buscar en el fracaso doctrinario de los que suponíamos cuadros mejor formados del jefe camionero.

Como no se impone la razón, gana terreno la fuerza. Que veremos, además, si cuentan con ella. Corta la bocha.

lunes, 15 de septiembre de 2014

El significado político de la irreversibilidad

La semana pasada comenzó con las repercusiones del triunfo de la alianza PRO/UCR en la ciudad cordobesa de Marcos Juárez. Mal analizado, para variar.

Como dijéramos aquí luego de la contundente victoria de Gerardo Zamora en Santiago del Estero, la proyección representativa de una elección local a escala nacional resulta muy compleja, y no se puede reducir al mero intento de reproducir tendencias, suponiendo que las expresara. Todo lo cual se acentúa en el caso en comentario. Lo escribió Carlos Pagni en La Nación la mañana siguiente al comicio: eligió no caer en el ridículo de anunciar un vendaval republicano a partir de un territorio que, recordó, es más chico aún que el graciosamente mítico Perico alguna vez agitado por Carlos Menem luego de las legislativas de 1997. 

Episodios tales, antes que la radiografía de una correlación de fuerzas determinada, pueden ser el punto de partida desde el cual experimentar hipótesis de construcción partidaria. El componente local, siempre el de mayor relevancia, lo explicó Manolo Barge: el partido de gobierno en Marcos Juárez, vecinalista, se quebró, lo que favoreció a la confluencia que promueve la candidatura presidencial de Maurizio Macri. Y algo más: ya en 2010 se pretendió augurar complicaciones para el Frente para la Victoria por su derrota en la misma localidad. Con el epílogo por todos conocido. En resumidas cuentas, concluyó Manolo, nada cambió sustancialmente todavía en cuanto a los pilares de la política macro actual a raíz de lo sucedido en MJ.

Este paso de comedia por sí sólo alcanzaría para ilustrar acerca de la precariedad de la política opositora.

Pero el capricho de la Historia en situar algunos sucesos en llamativa simultaneidad agrava todo. Porque resultaron, los siete días inmediatamente previos, los mismos en que se encadenaron la sanción de la Ley de Pago Soberano, la promulgación de la nueva moratoria previsional --con que serán cubiertos el 100% de personas en edad de jubilarse--, la aprobación por mayoría abrumadora en la Asamblea General de ONU de un proyecto del G77+China para establecer un procedimiento internacional de reestructuración de deudas soberanas contra la oposición de EEUU, Gran Bretaña, Alemania y Japón y la confirmación oficial china de que el Griefault no afectará ni las inversiones comprometidas ni el swap de monedas por U$S11.000 millones.

Y otros dos más impactantes: una vez más, el Papa invitó a una reunión a solas a la presidenta CFK, justo cuando ella va camino a refrendar lo actuado por la ONU sobre el conflicto buitre; y la presentación pública de Máximo Kirchner en el marco de un acto imponente que convocó La Cámpora en el estadio de Argentinos Juniors.

Durante una entrevista con Eduardo Anguita en 2012, Alejandro Horowicz dijo algo que puede servir como guía explicativa a los efectos de este texto: “Desde que se constituyen los bloques regionales en el mercado mundial (Unión Europea, NAFTA, etc.), la posibilidad de hacer política, de verdad, con estas condiciones, supone la UNASUR. Sin una estrategia sudamericana vos no tenes nada. Y la Argentina es escandalosamente provincial. (…) Todos creen que es más importante la interna radical de Trenque Lauquen que lo que sucede en el PT o en el sindicato de los metalmecánicos en San Pablo, que es mucho más importante como política sudamericana.” Más ilustrativo respecto de las diferencias estratégicas sustanciales que marca el kirchnerismo respecto de sus adversarios (lo que intentamos explicar ahora), difícil de encontrar. (A partir del minuto 48:00)

Así, pues, lo que se observa a la fecha es que el kirchnerismo opera sobre la escena a través de un tablero que incorpora mucha mayor cantidad de botones. Una cancha de dimensiones superiores. De eso modo llamamos acá, por caso, a articular la postura de Francisco en relación al rol de los mercados financieros en la marcha socioeconómica global, expuesta en su encíclica Evangelii Gaudium; con la dinámica internacional que pone en crisis la hegemonía norteamericana en el concierto de naciones por el crecimiento de China, Rusia y el resto de los BRICS, más el intento de domesticación del esquema de negocios que de todo ello se tradujo en Argentina (discusión por las nuevas leyes de abastecimiento y de creación de tribunales del consumidor), en función de una encrucijada que, más vale, repercutirá en la competencia interna. Y no hace falta aclarar que más allá de ello (diríase, burdamente, en el día a día del tipo de a pie) también.

La esterilidad opositora para intervenir en el debate parlamentario por la ley de pago soberano alarmó, con el proyecto alternativo de Sergio Massa al respecto, que hacía agua peligrosamente (por la posibilidad de dispare de la cláusula RUFO) por donde se lo mirara, como cúspide: garantizaba por ley hoy pago a 100% a los holdouts, mejorando la calidad de esos bonos.

Lo expresó mejor Mariano Grimoldi: “El oficialismo es la única formación política con capacidad para entender el alcance histórico real del conflicto con los buitres por la deuda externa. Los demás, piensan el mundo con los libros de hace 30 años, son incapaces de imaginarse algo distinto. El gobierno nacional, en cambio, decidió que Argentina sea vanguardia en los cambios de correlación de fuerzas y relaciones de poder entre las naciones que se darán en el mundo de acá a los próximos 50 años, y decidió asumir un rol activo en ese proceso. No está garantizado el éxito, puede salir mal. Pero haciéndole caso a Griesa estaría garantizado el fracaso y la humillación. Así, no.” 

Todo el cuadro habla de maniobras un poco superiores a una discusión casi de punteros. Que no está mal, ojo. Todo lo contrario. Salvo, claro, cuando se trata de todo el programa con que se cuenta, máxime frente a encrucijadas trascendentales.

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¿Cómo entender la irrupción de Máximo Kirchner en este contexto?

Antes hacíamos mención del muevo mojón en los avances socioeconómicos de esta década, con el segundo programa de inclusión jubilatoria. Y la jefa de Estado suele recordar, y lo bien que hace, cada vez que se refiere a estos asuntos, que no se trata de magia, sino del producto de lo que se construye para sustento material de los derechos reconocidos (antes de las conquistas, hay que cobrar impuestos). Pero hay algo, más importante, que incide: las bases para el sostenimiento de todo eso en lo concreto. Los sujetos que encarnan, se diría. En el último número de El Dipló, Gabriel Kessler expone sobre la agenda social de la última década. Menciona avances, retrocesos y matices en distintas áreas (trabajo, distribución del ingreso, educación, vivienda, inseguridad, salud entre otras) y marca asimetrías, en una tendencia general de avances.

Pero cierra con algo más interesante: todo, opina, se hace posible porque “la igualdad está instalada como una demanda creciente de gran parte de la sociedad, omnipresente en el lenguaje de las reivindicaciones y en la lente con la que se miran, evalúan y critican distintas situaciones y políticas.” Ése es el quid de la cuestión.

Está claro que ningún otro espacio excepto el kirchnerismo puede hoy producir hechos como el de Argentinos Juniors. 
En adelante, se trata de preguntarse el para qué de todo eso. El lema de la convocatoria, #IrreVersible, habla a las claras. Más allá de ser --como pidiera Néstor Kirchner y se titula la biografía de la organización-- la fuerza propia del gobierno nacional, 40 mil personas se congregaron para gritar que no se dejarán correr fácilmente de la construcción del próximo escenario, a partir del cual surgirá un programa de gobierno, que no sólo un nuevo presidente. Jorge Asís (que, como Pagni, no por opositor eligió además idiotizarse, y analiza con honestidad intelectual y realismo) salió por Twitter a anunciar que se daba por notificado de la relevancia del suceso. Una plataforma más amplia convoca en mayor número. 
Porque, a la vez, requiere de apoyarse en ella. Así, la dinámica se retroalimenta.

El aviso está dado: quien quiera que sea depositario de la sucesión, deberá conjugar todo lo reseñado hasta este renglón. Nunca menos, pero leído como construcción político/partidaria en acción. En eso estamos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Insaurralde al FR? y la lloronería en la política

De unos meses a esta parte, cada par de días se reaviva la polémica en torno a la posible fuga de Martín Insaurralde desde el FpV hacia el FR.

Luego de tantísimas cosas que ya se han dicho al respecto, aquí queremos, a efectos de no abundar, ocuparnos de las razones que, según dicen algunos, motivarían el pase del intendente de Lomas de Zamora en uso de licencia: el supuesto maltrato que ha merecido por parte de algunos integrantes del oficialismo nacional. Es decir, MI emigraría, de confirmarse eso, por ejemplo debido a que su colega en la Cámara de Diputados de la Nación, Carlos Kunkel, dijo que su novia es una bataclana.

Poco serio. Y preocupante, de ser cierto. Cosa que aquí no creemos (entendemos que un dirigente de esa talla opera a partir de cuestiones de relieve superior). Pero es necesario decir algo a propósito del llamativo lugar que ganan en el debate público conceptos tales: políticos que se mueven en función de pucheritos personales. Y que eso sea aceptado por bueno.

Si alguien que aspira a mandar en la provincia más grande del país fuese capaz de manejarse en base a una puteada que se come de parte de un compañero de bancada, mal augurio: ¿cómo piensa entonces afrontar las amenazas de mucho mayor fuste que le plantearán los habituales interlocutores ante los que deberá vérselas en la tarea de gobierno?

Gobernar implica lidiar con demandas laberínticas. Siempre que uno aspire a algo más que meramente gerenciar lo otorgado, claro. Así las cosas, más que el hecho en sí lo que debe inquietar son sus fundamentos. 

Y lo que proyectan, más allá de la superficie. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Apuntes santiagueños bis

Hubo quienes nos señalaron acerca del post de ayer comentando las elecciones municipales en Santiago del Estero, que nuestra tesis sobre su escaso impacto nacional estaba escasamente fundada. Ampliemos, pues.

La provincia de Santiago del Estero representa una proporción muy menor del padrón total del país (2 y pico por ciento). La ciudad de La Banda, menos aún que eso, obvio. Por tanto, arriesgar proyecciones a partir de tales números es poco serio.

En el marco de la crisis de partidos inaugurada en 2001, que derivó en el actual mosaico hiperfragmentado de opciones más bien distritales, y que aún no se ha solucionado, la construcción electoral local, a contrario sensu de lo que chilla la zoncería, está menos intervenida por la dinámica central que nunca antes. Proceder desatendiendo las realidades territoriales es altamente desaconsejable. Se impone reconocer la correlación de fuerzas en cada ámbito, respetando la imposibilidad de trascender en prescindencia del otro, si existiera. Dicho sencillo: acordar. Tanto si se quiere expresión de lo general en lo particular, como viceversa.

En concreto, lo que a Néstor Kirchner, antes; y a la presidenta CFK, ahora, les ha interesado (en términos políticos) de Santiago del Estero son los legisladores nacionales que aporta. Las conducciones santiagueñas, de su lado, negocian así desde mejor posición recursos con la administración federal, mayormente abstraída (que no desinteresada) de la competencia comarcal (por el equilibrio que esa bifrontalidad sugería). Especialmente importantes resultan los tres senadores. Esto último explica la alianza, que duró hasta octubre pasado, con el intendente de La Banda, Héctor Ruiz, quien comandaba la banca por la minoría en la cámara alta. Eso ahora lo garantiza Gerardo Zamora, rival de Chabay en la interna provincial, por sí sólo. 

Ergo, se abrió un hueco para que el bandeño emigre hacia el Frente Renovador, como atajo para eludir el encierro definitivo en el patio propio como porvenir máximo. El escenario previo había devenido insostenible.

El zamorismo, por su parte, ha cobrado bien de lo que las nuevas condiciones de la alianza con el kirchnerismo le pueden proveer a la jefa del Estado: la presidencia provisional del Senado para su líder partidario. El sencillo concepto de otorgar expresión institucional a la electorabilidad territorial que la UCR se obstina en no incorporar, favoreciendo la huida recurrente de sus dirigentes taquilleros del interior, de los que Zamora, sobreviviente del radicalismo K, es apenas un caso. En buena hora si Sergio Massa ha decidido no desatender estas cuestiones frente a tanta teorización ridícula, incluso proveniente de sus propias filas, acerca de la aún mayor pavada de las supuestas bondades de un gobierno carente de mayorías parlamentarias. El dilema por cuya evitación rompen sus cabezas los doctrinarios de mayor renombre en las Ciencias Políticas (ver). 

Todo hace del acting massista de cruzada libertaria (tipo Unión Democrática del '45) de estas horas una broma payasesca. Manolo Barge ha escrito bastante en los últimos meses sobre el riesgo de la sobreoferta en la pelea por el voto ABC1.

Las coyunturas regionales funcionan según sus propias especificidades, resulta imposible replicar en cada una de ellas las disputas de la (así denominada) agenda grande tanto como enmarcarlas a través de las mismas. En el último de los casos, la tónica general que se puede extraer de un análisis global es la de oficialismos que, como regla, revalidan. Lo que sugiere conformidad con el rumbo general de las cosas. Es lo que sucedió en las 26 elecciones santiagueñas del último domingo y lo que se observa con fuerza desde 2011. También en las internas del Movimiento Popular Neuquino, donde prevaleció la fracción del gobernador Jorge Sapag. ¿Será muy riesgoso teorizar ya que la pluralidad arrima mejor en elecciones de medio término?

A lo mejor por eso es que todo este tipo de razonamientos son eludidos en el debate porteño mal llamado nacional.