martes, 28 de julio de 2015

¿Será justicia?

José María Campagnoli, Natalio Alberto Nisman, Sandra Arroyo Salgado, Carlos Santiago Fayt, Ricardo Luis Lorenzetti, Luis María Cabral, Claudio Bonadio. Nombres que se enlazan entre sí. Son, todos ellos, integrantes del Poder Judicial de la Nación. Pero también son, o han sido, material de construcción política --adversativa, se entiende--. O así se ha pretendido de ellos.

El laberinto que camina la oposición partidaria para vertebrar una alternativa electoral competitiva al Frente para la Victoria supone, asimismo, una imposibilidad de encarar debates programáticos. Conscientes de la impopularidad que implica plantear una reversión en los aspectos fundamentales del modelo inaugurado en 2003, escasamente hábiles para urdir una evolución a partir de lo actuado en doce años y embarullados por las relaciones incestuosas que tejieron con el establishment doméstico e internacional (recordar reacciones ante el fallo Griesa) que no desean ninguna forma de continuidad del ciclo histórico en curso, la acción deviene precaria.

Las escenas del fracaso de la proyección federal de Maurizio Macrì, con Santa Fe y Córdoba como capítulos más dolorosos de esas patinadas; y de su apretado triunfo en el único distrito que controla, todo lo cual desembocó en una patética voltereta discursiva durante los festejos porteños tras el susto del domingo último, alcanzan para dibujarse una noción acabada de tal crisis.

Aderezado con tono de escándalo, el intento de convertir a los expedientes institucionales en eje central de la disyuntiva a disputarse en las próximas elecciones presidenciales, en detrimento de los socioeconómicos, tiene como objeto saltar por encima de las dificultades recién comentadas.

Los mencionados en el primer párrafo no encajan en los viscosos alegatos de republicanismo con que persistentemente aturden las vocerías del Círculo Rojo. Pero más importante aún que eso es que ninguno de ellos puede exhibir pureza en las actuaciones que los lanzaron al estrellato. Cada cual por sus propias razones, articularon complicaciones previas en el cuadro antes descripto. Juan Domingo Perón dijo que los ejemplos son buen método explicativo: Bonadio, para tomar el último de los casos, acumula nueve denuncias en su contra el Consejo de la Magistratura. Cada vez que alguno de esos trámites se activa, agita, convenientemente, algún juicio a su cargo que involucre a figuras del gobierno nacional. Recientemente, se la tomó con el hijo de la presidenta CFK.

Resulta imposible aceptar la inocencia de irregularidades tan burdas como las que se han señalado de sobra en relación al desarrollo de la causa Hotesur en magistrados con largos recorridos. Futbolísticamente hablando, se hacen echar. Adrede. Dicho sencillo: como las denuncias por sí mismas valdrían nada, provocan sanciones, para suplantar un impacto con otro.

La idea de que cualquier cosa vale si de investigar la corrupción kirchnerista se trata, además de llevarse a las patadas con las garantías constitucionales del debido proceso, revela segundas intenciones en estas tramas novelescas. La doctrina vandorista, golpear para negociar, aplicada aquí, imagina a un funcionario acorralado que termina llamando por teléfono para rogar una rendición digna. Pero se topan con Cristina Fernández, que no se allana a presiones propias de épocas que incluso fueron malas para el propio Poder Judicial. Casi premonitoriamente, Néstor Kirchner eligió a la Corte Suprema de Justicia como catapulta bautismal; en respuesta, por cierto, a amenazas instrumentadas a través de aquella conformación del máximo tribunal.

Si se exalta a los jueces y fiscales cuestionados no obstante las desprolijidades evidentes que los envuelven, es debido a que no pasa en realidad por el respeto a la ley el objeto de la polémica.


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Estudiado el dilema desde una perspectiva histórica, no resulta extraño que el kirchnerismo encuentre en Tribunales uno de los núcleos más duros de resistencia a su trayecto.

En Página/12, el 26 de abril pasado, Horacio Verbitsky acudió a citas de Alexander Bickel y Roberto Gargarella, muy pertinentes a efectos de esta columna: <<(…) la silenciosa sustitución de la voluntad popular por los jueces está en el origen del Poder Judicial estadounidense, esquema que la Argentina importó. En asambleas populares que presionaban a las legislaturas locales el pueblo resistía el pago de deudas agobiantes. El establishment respondió confiriendo un poder desproporcionado a la justicia. Para [el constitucionalista Alexander] Hamilton no había tiranía más opresiva que la de “una mayoría victoriosa”, propensa a seguir a “demagogos y politiqueros”. (…)>>

Y agregaba, a renglón seguido, que <<(…) cuando [el ex presidente James] Madison abogó en la Convención Constituyente por los derechos de las minorías, sólo se refería al “núcleo de los más favorecidos de la sociedad” que integraban los acreedores y grandes propietarios. El “grupo selecto y fiable” del Poder Judicial controlaría los atropellos de las legislaturas y sus decisiones serían independientes de las que pudiese producir el debate público (…) Los fallos de la Corte estadounidense están en sintonía con los intereses de las grandes empresas. (…)>>

En buen romance: cuando, años ha, a las burguesías no les quedó más remedio que ceder al ingreso de los sectores populares a las decisiones de Estado, quedando conformada así la república con división funcional tripartita del mando, se reservaron en la Justicia un muro de contención para el caso que las pretensiones reformistas fuesen demasiado lejos. La última ratio de la desigualdad. No casualmente es denominado el más conservador de los poderes, rasgo que reivindicó Carlos Pagni en la edición 2013 del Campus FAES, foro liberal arquetípico: lo destacó en su condición contramayoritaria y en las universidades que gradúan a sus integrantes.

Así, la colisión en Argentina de ese artefacto con un gobierno que, como dijimos en esta columna hace quince días, se ha propuesto más que el mero gerenciamiento del statu quo, era cantado.

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La lubricación que de la marcha de los referentes opositores se procura a partir de cuestiones ajenas a sus negocios específicos no augura éxito. No sorprende, habida cuenta que quienes orquestan tales maniobras ignoran el complejo arte de la edificación política. Lo que los lleva a suponer que auxilian a quienes, en realidad, invisibilizan: en las distintas convocatorias que, motivadas en estos enchastres, se sucedieron en los últimos tiempos, a los dirigentes que irán al cuarto oscuro se les asignó rol secundario. Incompatible con la identificación que impone el desafío de la representación. Y por no decir, brutalmente, que es muy poco probable que en las parrillas al paso del conurbano en las que almuerza el obrerismo preocupe la suerte de Bonadio y Campagnoli.

La reaparición del dólar blue como temática expresa varias cosas a la vez: la robustez electoral del FpV, en principio. Además, una voluntad domesticadora respecto del próximo mandatario, sea quien fuere el electo. La desesperación ante la inminencia de un desenlace comicial adverso es lo más obvio de decir. Y si bien debe apuntarse, nos quedaríamos cortos en el análisis si frenásemos allí: a fin de cuentas, quienes operan tales marginalidades cuentan con recursos necesarios para aguantar otro turno constitucional sin que ello les suponga un drama irremediable.

El problema cambia de rango cuando se lee el sesgo cultural de la metamorfosis que ensayó, de modo poco elegante, Macrì. Que fortifica una matriz transformadora más allá de los vaivenes del sufragio. Fenómeno cuya evitación, contábamos, inspiró el diseño del Poder Judicial.

Es en esas raíces que se está echando que se cocina el espeso caldo de la irracionalidad.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/sera-justicia/]  

lunes, 27 de julio de 2015

Ministros obedientes: ¿a quién/es?

Mirtha Legrand dijo que el gobierno de la presidenta CFK es una dictadura. Uno duda mucho cuando vomitan de este modo referentes del espectáculo, o de fuera del ámbito específico de la política, si cabe o no alguna respuesta. Por un lado, y por muy pedante que suene, la estatura de la emisora no lo merece. Pero también es cierto que expresa el pensamiento de un núcleo duro, significativo, de ciudadanos que, efectivamente, eso opinan del gobierno nacional. Independientemente del sustento argumentativo.

También resulta complejo, decidido uno a contestar, elegir si lo hace por el todo de tales declaraciones, o bien por alguna de sus partes. Una declaración de repudio en el Senado de la Nación. La falta de respeto a más de doce millones de ciudadanos/as que formaron mayoría en 2011, y a tantos otros que en ése y otros turnos electorales elaboraron el entero paisaje institucional actual. El rastreo de un pasado que demuestra que Legrand trató mejor al genocida Jorge Rafael Videla que a Cristina Fernández. La apelación a la cátedra para contestar que esto pasa, sencillamente, por una afirmación errónea. Donde la subjetividad no cabe. En Argentina existe Estado de Derecho, independientemente de lo que la señora de los almuerzos piense al respecto.

Uno de los, por así llamarles, fundamentos que organizaron tal opinión de Mirtha Legrand, sin embargo, nos terminó de definir a una réplica. Porque sucede que, se reitera, refleja el malestar político y económico de cierto circuito social y cultural --que ella integra-- a propósito los diseños gubernamentales que alumbró el ciclo histórico inaugurado en 2003.

Se quejó la conductora por la obediencia que dispensan los ministros del gabinete nacional a la jefa de Estado en el ejercicio de sus funciones. Si se hace memoria, entre las derrotas del Frente para la Victoria en las elecciones primarias y las generales legislativas de 2013, cuando el rostro del oficialismo estaba al alcance de cualquiera que se propusiera cachetearlo, el presidente de la UIA, Héctor Méndez pidió "un ministro de Economía más fuerte". Dijimos aquí entonces que detras de esa lamentación subyacía la nostalgia del establishment por los formatos con que se tramitó la política argentina entre 1983 y la asunción de Néstor Kirchner como presidente de la Nación. Y en general podríamos extender esa adjetivación a todo gobierno no peronista, excepto el de Carlos Menem. Administraciones aparceladas entre distintos sectores corporativos.

El ministro de Educación puesto por la Iglesia; el de Justicia, por el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal; el secretario de Industria, por la UIA; el de Agricultura, por la Sociedad Rural Argentina. Y se podría seguir, largamente.

En definitiva, el drama del poder popular que no lograba realizarse en la legalidad, independientemente de los resultados de las urnas. Los gobiernos que elegían apoyar su legitimidad no en los responsables de su consagración, sino en distintos elementos del poder fáctico que, siendo minoritarios, se imponían por la prepotencia de los hechos a partir de una arquitectura vertebrada a sangre y fuego durante la última dictadura. Cuando fue triturada la capacidad de incidencia política de las masas, a la vez que la de la institucionalidad formal para conmover el statu quo. A eso refieren los reproches a la decisión de buscar funcionarios entre la militancia partidaria, que no en los llamados think tanks: foros que congregan a profesionales surgidos a la luz pública como independiente, pero que en realidad responden a intereses empresariales que los financian. Y desde los cuales surgirían cerebros mejor calificados (lease, no contaminados ideológicamente) para la función pública.

Y esto por no entrar a revisar la funcionalidad de lavarropas que tales agrupamientos cumplen. Un expediente más, entre tantísimos, que desafían al discurso de limpieza ética y republicana de los pregoneros de la necesidad de cambio.

El berrinche por la pérdida de influencia es también el quejido contra el proceso redistributivo más largo de nuestra historia. Cuya instrumentación puede observarse por estos días en el mercado ilegal del dólar. Un epílogo pacífico de CFK como el que se aproxima dificulta la construcción del relato que convenza del apremio transformador con el que ya hasta a Maurizio Macrì le cuesta coincidir, poco taquillero en el marco de un período de realizaciones socioeconómicas profundas. 

En definitiva, el problema no es el acatamiento de los ministros, sino el destinatario de tales conductas. Sobre el final del día de ayer se conoció un video de tres exponentes arquetípicos del tipo de delegados a qué aludíamos arriba. Interpretando las melodías que pretender oír quienes los desarrollan como formadores de opinión. Una exposición útil para concientizar en cuanto a la discusión central que nos ocupa en esta víspera eleccionaria, siendo que entre los protagonistas del documento hay integrantes del equipo económico del PRO. Y que ayuda a comprender lo que podrían ser las desembocaduras de una devolución de las cosas a lo que desde tales vocerías se difunde como su cauce natural.

Nada que no se haya debatido ya, y muy en profundidad, pero a veces sorprenden los modos en que estalla esta tensión.

jueves, 23 de julio de 2015

El verdadero adversario

El antiperonismo ha fracasado históricamente como proyecto político, y sigue y seguirá haciéndolo, debido tal vez a que el odio nubla el raciocinio. Lo mismo podría suceder con la oposición al PRO si, en vez del complejísimo intento de articular una propuesta diferenciadora, se opta por tomar la ruta corta de un gorilismo invertido. Se trata, pues, de evitar el antimacrismo, para no caer en decepciones similares.

A efectos de brevedad, evitaremos la descripción de la disyuntuva en que llegó envuelta al balotaje la sociología que expresa el Frente para la Victoria.

La razón que dominantemente se esgrimió para justificar el llamamiento al voto por Martín Lousteau fue la voluntad de complicar --o, de máxima, evitar (lo que casi sucede)-- el triunfo porteño de Horacio Rodríguez Larreta. En una jugada táctica que, por ende, haría lo propio con la carrera presidencial de Maurizio Macrì, para comenzar. Una proyección del resultado local a la trama nacional. Que, por otro lado, arrancaría al establishment el único territorio que gobierna en la actualidad.

En este sitio nos hemos pronunciado de sobra, desde 2011 ya, contra las traslaciones mecánicas desde el nivel provincial al federal. Máxime en el caso de la mal llamada vidriera nacional, que por tal se tiene a la política porteña pese a que en general sufraga de modo distinto al resto del país. Algo de lo que incluso suelen vanagloriarse sus panegiristas, que abundan. Claro que Macrì no habría salido ileso de una eventual derrota del que desde un primer momento fue su delfín para la sucesión, pero su crisis competitiva está dada desde mucho antes de este triunfo rasposo. Conviene recordar que en el boceto original de Durán Barba, la territorialidad amarilla debería a esta altura haberse extendido a Córdoba, Santa Fe y Mendoza, por lo menos. E incluso hizo algunas otras apuestas, aunque menores. CABA debía coronar una marcha triunfal inaugurada con antelación. 

Y hasta se permitieron soñar con eludir la finalmente trabajosa segunda vuelta. Nada de todo eso sucedió.

Dicho sencillo: es mucho más derrota presidencial la incapacidad PRO para desplegarse en el interior del país que el resultado cerrado en comentario, que, en todo caso, sólo extinguió la última chance con que contaba para disimular sus carencias. En CABA se realizan pocos votos sobre el total nacional en relación a su sobrerrepresentación mediática.

La aparición del dólar blue de nuevo en escena revela que también el establishment asume no tener chances electorales. 

Pero es fundamentalmente en cuanto a cierta tristeza por una supuesta oportunidad perdida, que se leía en las redes sociales durante el recuento que confirmó el enorme desempeño de Lousteau, que se nos ocurrió la analogía con el gorilismo de otrora. Macrì no debería generar el rechazo del pensamiento nacional por sí, sino por la representatividad que encarna.

Para decirlo de modo poco docto pero más claro: el dilema no pasa por una maldad intrínseca del ex presidente de Boca Juniors, sino por la contradicción que implican para el programa de reivindicación socioeconómica, cultural y política de los sectores popular los intereses que en su figura se expresan. Habida cuenta que ECO no fue parte más que de una división artificial de Cambiemos destinada esencialmente a golpear al kirchnerismo, aún en el caso de dar el golpe que no estaba en los planes iniciales, el establishment se habría reagrupado detrás del ex ministro de la presidenta CFK. Con el agravante, sentada la incapacidad del afectar decisivamente el desenlace de agosto/octubre desde Capital Federal, de colaborar con el fortalecimiento de una alternativa atractiva que consolide al FpV local como tercera fuerza distrital.

Cuando se presta atención de nuevo al detalle de la increíble voltereta que intentó Macrì en su discurso celebratorio, una vez que se confirmó que el susto se había quedado sólo en eso, se advierte una capitulación político/programática profunda.

El peronismo kirchnerista elaboró esa subordinación adversaria más allá de su posición del domingo pasado.

miércoles, 22 de julio de 2015

Cristina y Francisco: los contornos de un acuerdo

El último 9 de julio fue significativo para Argentina más allá de los festejos por el 199º aniversario de la sesión del Congreso de Tucumán que declaró la independencia nacional.

Un discurso que sonó fuerte en Bolivia sirvió para recordar que es permanente la necesidad de profundizar las discusiones en torno a la noción de autonomía. Las amenazas que se ciernen alrededor de este asunto se reactualizan incesantemente, y en la era de la bancocracia globalizada están adquiriendo formatos especialmente complejos y feroces con velocidad. Nuestro país puede dar cuenta de ello a partir del litigio que sostiene con los Fondos Buitre en los tribunales de Nueva York, cuya resolución debe constituir el eje central de la discusión pública toda, dada su potencialidad para revertir el proceso de desendeudamiento, viga maestra de cualquier proyecto de desarrollo y bienestar que se quiera imaginar.

Las palabras que pronunció el papa Francisco en el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares celebrado en Santa Cruz de la Sierra, y en general la totalidad de la doctrina que elaboró desde su consagración en la silla de Pedro, se han convertido, por el peso específico concreto y simbólico del emisor, en la contradicción de mayor peso que se plantea al discurso neoliberal que hegemoniza los escenarios mundiales desde hace más de dos décadas.

Cuando Jorge Bergoglio fue ungido, no pocas voces se alzaron con dudas acerca de una potencial maniobra de la jerarquía católica universal en función del surgimiento en Sudamérica de una mayoría de gobiernos que impugnan la dominancia del mercado, por tratarse ésta de la única región fielmente comprometida como bloque que le queda consigo a la fe cristiana, en medio de la crisis de representatividad y convocatoria que actualmente sufre. Una iglesia que desde el asesinato de Juan Pablo I para acá acompañó con entusiasmo la miserabilización humana planificada no podía esperar resultados distintos.

Así, la popularidad que cosechan entre los sectores humildes de sus respectivos países Néstor y Cristina Kirchner, Lula, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa podían perfectamente encastrar en ese cuadro de situación, ocupando un vacío. La física de la política.

Para el caso, poco importa si alguien imaginó un diseño tal en el Vaticano. Lo que interesa a los efectos del análisis es que no sucedieron así las cosas. Muy por el contrario, Francisco y sus pares de la Patria Grande --como todos ellos gustan decirle-- han activado sinergias a partir de sincronías que surgen evidentes con apenas escucharlos hablar a uno y otros.

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La creciente sintonía entre Cristina Fernández y Francisco genera resquemor en ciertos segmentos del Frente para la Victoria. Los ajenos a la tradición peronista. Las ligazones justicialistas con la doctrina social de la Iglesia se remontan a su génesis misma.

Hay dudas, acéptese que atendibles, sobre el futuro de la agenda de derechos civiles. Que, como tantas otras, avanzó enormemente durante la última década (matrimonio igualitario, identidad de género, fertilización asistida, fallos de Corte Suprema de Justicia que desincriminan el consumo personal de estupefacientes y --en parte-- el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación), pero que aún tiene asignaturas pendientes (instrumentar en ley las sentencias del máximo tribunal referidas, otros aspectos del nuevo Código y, obvio, aborto).

Conviene, ante todo, entender que las fricciones de los primeros tiempos del kirchnerismo con el entonces cardenal Bergoglio no se debían a ninguna singularidad del jesuita, que en todo caso es de lejos lo más potable que se puede encontrar en uno de los cleros más conservadores de Latinoamérica. Lo que posiblemente le recortara márgenes de acción de un modo que hizo parezca ahora que gira quien en cambio encontró espacio para avanzar.

Querellas como las que se han producido a partir de la elaboración de los protocolos que instrumentan los casos de aborto no punibles definidos jurisprudencialmente, y nuevas sentencias, como la que convalidó la así llamada muerte digna en determinadas circunstancias, sirven para tranquilizar en este aspecto. Cuando, además, esta semana el gobierno nacional contestó con fuerza a los disparatados números que sobre la situación socioeconómica argentina difundió la UCA, dejó en claro que no resigna agenda ni gobernabilidad.

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El concepto de relación de fuerzas alude a la posibilidad (o no; mayor o menor) de insertar el curso de acción propio en un contexto determinado. Desde que se confirmó el fallo sancionatorio del juez neoyorquino Thomas Griesa contra Argentina, CFK decidió que ese dilema se convertiría en la columna vertebral de la cosmovisión que inspira a la fuerza política que conduce y eje organizador del clivaje fundamental de la competencia partidaria. No sólo porque es el que con mayor eficacia puede ilustrar acerca de las diferencias entre su espacio y los adversarios, sino, se insiste, debido a que es de veras un expediente comprometedor.

Desde entonces, se aceleró la reconfiguración de la geoestrategia nacional. El avance en los vínculos con China y Rusia tiene por objeto contribuir a la construcción de un polo de poder alternativo al que enmarca gestiones de deudas soberanas como la que estalló aquí a fines de 2001 y que hoy recorre una traza similar en Grecia. Más allá de lo que Alexis Tsipras decidió (o, mejor dicho, evitó) hacer con el respaldo que le otorgaron las urnas helenas, el antecedente del recurso al respaldo popular queda. E inquieta en algunos despachos.

La penalidad impuesta a Argentina por Paul Singer supone un escollo eludible sólo a través del egreso, liso y llano, hacia otro esquema que pueda proveer las divisas necesarias para el funcionamiento de la economía, correspondiente con la nueva fase productiva internacional a partir de la irrupción de las potencias emergentes. Una apuesta de larguísimo plazo. 

El entendimiento con Francisco opera en ese plano. Suma a favor de la posición argentina contra los acreedores hold out, en principio. Y mirando más ampliamente, respalda un espíritu distinto de administración financiera, tópico central en el alegato de cambio que agita el Santo Padre. Perderse una alianza de semejante calibre --cuya viabilidad es elemental, teniendo en cuenta las coincidencias reseñadas--, sabiendo la encrucijada que hay por delante, implicaría sencillamente renunciar al fortalecimiento de la caja de herramientas.

No parece ser tesitura de la presidenta de la Nación el suicidio en aras de la pureza. Una inteligencia idéntica ha guiado el cierre electoral del FpV en Daniel Scioli como método para asegurar continuidades: no todas, probablemente; pero de otro modo habría sido ninguna.

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Gobernar es priorizar, se ha dicho. Conducir requiere destreza en el arte del manejo de los tiempos. Como en el fútbol, la aceleración muchas veces se consigue de otro modo que sólo corriendo. La capacidad de progresar y trascender impone reconocer la existencia de otros actores, en concurso con los cuales se facilita la construcción de puentes que permitan resolver acertijos y cambiar de pantallas. Francisco es jefe de magnitudes humanas de dimensiones superlativas; y su mensaje, un viento que empuja la nave argentina en aguas encrespadas.

En caso de duda, un Jauretche básico, leído en conjunto con el empeño que dedican la prensa del establishment doméstico a tergiversar al Papa, y la extranjera a descalificarlo como marxista/populista; sobran para entender la conveniencia de contarlo entre los propios.

En última instancia, Perón enseñó que sólo con los buenos se es minoría, que no vencen.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/cristina-y-francisco-los-contornos-de-un-acuerdo/]

viernes, 17 de julio de 2015

Allanamientos de humo

Resulta muy difícil pensar de los trámites judiciales que derivaron en la remoción de Claudio Bonadio de la causa Hotesur otra cosa que el tejido de una maniobra generadora de una escandalización apta para teñir la discusión electoral en que estamos --o deberíamos estar-- incursos de otro color que el correspondiente. Un juez de su recorrido no ignora lo que le deparaba de recorrer los carriles que condujeron a su apartamiento. Futbolísticamente hablando, se hizo echar adrede. Así sirve más.

Ídem vale para los episodios que involucraron, en los últimos tiempos, a José María Campagnoli, Alberto Nisman, Carlos Fayt y Luis María Cabral, entre otros.

Dicho sencillo: como las causas en sí valen nada, provocar la expulsión para suplantar un impacto con otro. 

La idea de que cualquier cosa vale si de "investigar la corrupción kirchnerista" se trata, además de llevarse a las patadas con las garantías constitucionales del debido proceso, revela el carácter político de cada una de las actuaciones que catapultaron al estrellato a los referidos. La doctrina vandorista (golpear para negociar) imagina a un poder político llamando por teléfono para pedir condiciones dignas de bandera blanca. Pero se topan con Cristina Fernández, que no se allana a presiones propias de otros épocas. Que ponen en cuestión a quienes pretenden que los expedientes institucionales constituyen el núcleo de sus programas y eje organizador del clivaje político argentino fundamental de los tiempos que corren.

Desde el punto de vista jurídico, ninguno de todos estos proyectos de héroes que se ha intentado construir es defendible. En la totalidad de los escándalos que los tuvieron como protagonistas lejos están de poder esgrimir a su favor buenas prácticas legales. Si no obstante ello se los exalta es debido a que no es en realidad el respeto a la ley el objeto de la polémica.

A menos de un mes de la concurrencia a las urnas, el candidato presidencial opositor con mayores chances, Maurizio Macrì, que representa a idéntica alianza social que la sustentada en desprolijidades de funcionarios judiciales, no atina a estructurar una propuesta alternativa convocante. Su compañera de fórmula, Gabriela Michetti, aseguró que sería conveniente pagar la sentencia del juez neoyorquino Thomas Griesa en la causa por la deuda buitre. Con todo el potencial dañino que ese asunto puede implicar para el futuro nacional, no hubo todavía ni la mitad del escándalo que generó la denunciada falta de presentación de un balance contable de un hotel. Sólo por citar un par de ejemplos al paso.

El concepto político que gira alrededor de este chiquero es evidente: la impotencia ante la dialéctica política fuerza el escenario hacia territorio del Derecho. Una distracción, poco idónea --además-- para la masividad. Que engarza varios frentes abiertos que retan al actual gobierno (con los servicios de inteligencia y con el universo judicial todo, por caso) y también sirven para ir planteando condicionamientos al próximo presidente, sea cual fuere; propio de todo recambio institucional.

Esta semana se otorgó movilidad automática a la AUH. Cuando fracasó la marcha frente al Palacio de Justicia a favor del juez Cabral, la candidata vicepresidencial delasotista Claudia Rucci dijo estar sorprendida por lo exigua y longeva que fue. Lo extraño es que aún no advierta lo que es lógico obtener del abandono de una política que interpela bienestar ciudadano.

Es poco probable que en las parrillas al paso del conurbano en las que almuerza el obrerismo preocupe la suerte de Bonadio.

miércoles, 15 de julio de 2015

De lo particular a lo general, un laberinto

Concluyó, con el llamado superdomingo del pasado 5J, el desfile de elecciones locales que se sucedieron desde marzo como prólogo a las PASO del 9 de agosto venidero.

La vigente vitalidad del peronismo --mayoritariamente en el poder en los distintos niveles de gobierno--; y, pese a 2001 y todo, también de la UCR --a la que Maurizio Macrì debió acudir para viabilizar de una buena vez por todas su apuesta presidencial--, revelan un dato político contundente: el crack neoliberal no se devoró los partidos políticos. Sí en cambio podría matizarse en cuanto a la sistémica que los relaciona, entendiendo por esto alguna correspondencia entre los rangos federal y subnacionales de institucionalidad. Cada pago es hoy un mundo, caracterizado por complejas particularidades propias y específicas de sus respectivas realidades.

Pese a eso, y aún con tanta riqueza disponible para el análisis, no se consigue respecto de los distintos episodios provinciales y municipales más que pretensiones de instrumentarlos en función de la disputa mayor: la sucesión de la presidenta CFK. Sin suerte, mayormente, por lo que se viene diciendo acerca de la singularidad de cada cita a las urnas. Que en nada se determinan por las dialécticas porteñas que se quieren totalizadoras de la entera anchura nacional, ni viceversa. Y que, por ende, de muy poco sirven cuando se las procura predictivas.

Rosendo Fraga, exponente lúcido del pensamiento conservador argentino, intentó advertir sobre estas complicaciones en la edición de Clarín del pasado lunes 6 de julio. Cuando mucho, explicó, los comicios distritales “crean clima”. Y aún eso puede discutirse, ahí está 2011 para atestiguarlo: fue entonces que comenzaron a verificarse fenómenos hoy ya más consolidados como el voto cruzado o las reelecciones de los oficialismos, aún de distinto signo, en coyunturas socioeconómicas benévolas. Cuestiones que las vocerías del establishment doméstico, convenientemente, olvidan.

Sobre todo en cuanto a las continuidades, porque supondría una admisión tácita de lo falaz del infierno que a diario evocan en sus relatos. Es la meteorología trabajando, bien dijo Fraga.

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Sáquenlos, para cuidarlos. El absurdo llega a tal punto que las tesis pregonadas resultan desmentidas incluso por los mismos resultados sobre los que se opera. Varias de las premisas a través de las que el Círculo Rojo ha querido intervenir las construcciones adversarias al FpV.

Por ejemplo, las presiones que existieron sobre Macrì, la UCR y Elisa Carrió para que aceptasen en su alianza a Sergio Massa. Las fortalezas y debilidades de unos y otros encastraban: el Frente Renovador tiene despliegue en provincia de Buenos Aires y es nulo en el interior del país, a la inversa de los restantes referidos. Matemáticas que proveerían lo que hasta ahora no han ni intentado con política para enfrentar el más sólido desarrollo territorial del peronismo.

Sin embargo, hasta aquí hemos tenido nueve sobre once triunfos puristas: Salta, Neuquén, Chaco, Santa Fe, Tierra del Fuego, CABA, Córdoba y La Rioja. Todos los cuales, salvo la excepción fueguina, son además oficialismos. Rubro en el que se debe sumar la victoria rionegrina de Alberto Weretilneck al frente de una construcción heterogénea porque lo acontecido allí es el quiebre, hace ya algún tiempo, del partido de gobierno cuando el mandatario emigró del FpV. Algo similar a lo acontecido en La Pampa y Tierra del Fuego, donde el kirchnerismo puede de todos modos anotarse la recuperación de las capitales Santa Rosa y Ushuaia; igual que Resistencia --de la mano de Coqui Capitanich-- en Chaco, con las que compensar el algo el extravío de Mendoza.

La tierra del vino es, precisamente, la única excepción de una megaconfluencia opositora triunfante y en detrimento de un dispositivo oficialista, aunque el mayor capital lo ha aportado el radicalismo, siendo las de Macrì y Massa poco más que presencias para la foto.

Fuera de ese antecedente, las ententes multipartidarias hicieron sapo en Salta, Chaco, Tierra del Fuego y La Rioja. Por lo demás, la derrota mendocina se debió fundamentalmente a una impugnación a la gestión del gobernador Paco Pérez, cuyo sector diseñó la oferta peronista. En Córdoba, por su parte, hubo el debut absoluto del FpV separado ya de la delasotista Unión por Córdoba con un nada despreciable 20% para tratarse de la inauguración; pero, más importante aún, la amalgama UCR/PRO/juecismo no logró retener íntegros sus desempeños de otrora. Y el triple empate santafesino demostró que el kirchnerismo lejos está de enfrentar techos inquebrantables, toda vez que Omar Perotti creció enormemente entre primarias y definitivas.

Las proyecciones numéricas mecánicas, finalmente, aún si fueran posibles, tampoco asoman esperanzadoras para quienes no desean ningún formato de prolongación del actual ciclo político/histórico: según Jorge Giaccobe, el FpV ha obtenido hasta aquí 32% de los votos… pero sobre el 40% del padrón del que peor desempeño esperaba, y en el marco de una hiperfragmentación rival que no sintetiza los dispares éxitos de sus distintos elencos.

El apunte partidario/institucional, con todo, es lo esencial: es en la mejor conjugación de fragmentos locales que el kirchnerismo realiza su primacía, en lo que juegan un rol fundamental la reactivación del instrumento PJ y lo que los largos años de gestión han edificado en el Congreso nacional, ámbitos en los que se define la articulación que ha otorgado un control fortísimo de la gobernabilidad. Es, en definitiva, lisa y llanamente demencial la sola suposición de que de semejante variedad de escenarios se puedan extraer conclusiones válidas más allá de sus respectivos entornos.

Acudiendo de nuevo a Rosendo Fraga, “el supuesto antagonismo entre continuidad y cambio puede ser un tanto ambiguo o incluso contradictorio”. No pasa, pues, por negar que sea posible una derrota de Scioli-Zannini, pero en modo alguno ello puede derivarse de este cuadro.

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Quiero salir a la calle con vos. Al FpV le ha costado construir versiones competitivas en CABA, Santa Fe y Córdoba. Varias razones explican esto, pero pueden destacarse dos.

Por un lado, la menor o distinta necesidad de acción estatal allí donde los niveles socioeconómicos ciudadanos son superiores, siendo que el gobierno nacional hace del estatalismo uno de sus fundamentos principales de acción política. Y más gravitante aún: por la dinámica conflictiva característica de un discurrir que se ha propuesto algo más que el mero gerenciamiento del statu quo, dirigentes como Mariano Recalde se han dado a conocer en litigios que poco tienen que ver con los que se ponen en juego cada vez que se elige gobernador, intendente o jefe de gobierno.

De por sí, no es poco que Recalde haya conseguido crecer algo desde las PASO para los contextos que suele enfrentar el peronismo porteño, en general; y en este clima, en particular. Más con una definición interna muy mal tramitada; que, fundamentalmente, restó tiempo de campaña.

Cuando el presidente de AA.AA. arriesgó la propuesta de un impuesto a la vivienda suntuaria como método de financiamiento de una rebaja en los alquileres, en cambio, comenzó a perfilarse dirigente distrital. Se impone acudir a recursos de ese tipo, que interpreten el programa kirchnerista adaptado a otros desafíos y no recitar sus líneas maestras o juramentar su defensa (de lo que nadie debe dudar). Mal puede ser distinto cuando hasta aquí venimos argumentando que no es centralmente sobre CFK que se dirime en toda arena. Así caminará mejor. No porque no lo haya hecho hasta aquí, sino porque lo hará de un modo que lo conecte con el ecosistema al que aspira a seducir. Trabando relaciones con actores locales a partir de sus previas demandas concretas, por caso.

Lo que implica otro tipo de tejido: el del sujeto social a representar como base de sustentación. ABC de la política; está todo inventado, se trata de puentear la distancia entre teoría y praxis.

Es una estación a la que cuesta arribar. Pero que precisamente por ello atrae tanto.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/de-lo-particular-a-lo-general-un-laberinto]

martes, 14 de julio de 2015

El problema son los votos

La interna porteña del frente conservador Cambiemos, que se resolverá a través del balotaje en que se definirá el sucesor de Maurizio Macrì, pese a tratarse de una discusión entre colegas partidarios, derivó inexplicablemente en una crisis política. Y eso que la candidatura de Martín Lousteau fue un movimiento planificado en conjunto por las direcciones políticas de PRO y de la UCR local, que buscó, y consiguió, elaborar a favor del primero mayorías legislativas a través de una división artificial.

Nada grave: el Frente para la Victoria lo hace en algunas provincias; por caso, Santiago del Estero, donde entre el radicalismo (del ex gobernador y actual presidente provisional del Senado, Gerardo Zamora) y el FpV domésticos se reparten bancas que nacionalmente responden en su totalidad a la presidenta CFK. Válido, legítimo, legal: irreprochable.

Tampoco nadie tendría por qué extrañarse tanto respecto de una desinteligencia entre dirigentes de ese rango. La reconfiguración de escenarios que supone el mero transcurrir del tiempo explicaría la voluntad de rediscutir los términos de un acuerdo. Martín Lousteau se entusiasma con plasmar un acompañamiento superior al cosechado hasta ahora. Pasamos, entonces, desde una fase en la que resultaba apenas una pieza en el engranaje que lo excedía, a la actual, en la que cuenta, ya para ambiciones propias, con el respaldo de nada menos que un cuarto de electorado propio, pudiendo adicionalmente argumentar que más del doble de eso es lo que ha decidido la segunda vuelta. Con lo que, encima, lo respalda la ley.

Frente a eso, otra instrumentación. En este caso, la que el establishment se propone del resultado en CABA a favor de la disputa nacional que le espera al candidato que encarna su programa, el actual jefe de gobierno porteño. Que en cuanto a la extraña pretensión de proyectar mecánicamente votaciones distritales al plano federal, no ha podido exhibirlos ni allí, ni tampoco en Santa Fe ni en Córdoba. La UCR triunfadora en Mendoza lo dejó salir en la foto, pero de costado.

No hace falta mayor abundamiento, así las cosas, acerca de la confluencia, apenas maquillada, PRO/ECO, denunciada por el FpV porteño durante toda la campaña. Hipótesis que organiza su postura para el turno decisivo.

* * *

El problema surge cuando se verifica el grado de intervención que las formaciones opositoras han habilitado a las distintas sucursales a través de las que se expresa el Círculo Rojo. Desde donde han surgido presiones abandónicas al ex ministro de Economía de CFK que deberían sonar inverosímiles... salvo que uno haya prestado atención --apenas un cachito-- a lo que es la discusión pública argentina, siendo suaves, desde que en el año 2008 estalló el lock out de las cámaras patronales agrarias contra las potestades regulatorias del Estado nacional. Se trata de una contradicción histórica, y ya a esta altura deberíamos decir insalvable, entre el poder democrático y las voluntades minoritarias del bloque de clases dominantes.

Que en esta cuestión específica se expresa en la suposición de que no debe existir ningún otro interés que el del barrido de cualquier vestigio de kirchnerismo del gobierno nacional, con más el escarmiento del caos como formato de salida del poder, a los fines de advertir a cualquier sucesor que fuere en relación a posibles veleidades autonomistas. Como las de Lousteau y el nosiglismo hoy, que de todos modos no alcanzan para denunciar a los autores de la coacción apenas comentadas, como bien solicitó Mariano Recalde, en beneficio de la transparencia democrática. Allá ellos quienes han alimentado el Frankenstein.

Estas pulsiones chocan con exponentes como los Rodríguez Saá en San Luis, el MPN en Neuquén, De La Sota --aunque en mucho menor medida-- en Córdoba, y ciertos desobediencias tácticas que se ha permitido incluso Macrì en cuanto al diseño de la propuesta que lo sustentará en los comicios venideros. Ninguno de los cuales, sobre todo los caudillos provinciales, entienden obligatorio resignar el aporte que puede proveerles la significación nacional --más allá de los servicios de oposición, muchas veces acérrima, que allí prestan-- a sus construcciones comarcales. Más allá de las dificultades --de sobra tratadas aquí durante este año-- que aún el allanamiento a las mega concertaciones supondría per se, a propósito de los cuello de botella subnacionales que, vía el darwinismo, restarían mano de obra al sufragio opositor.

Al final del día, nadie, como bien explicó Manolo Barge, se cree mucho los delirios republicanos de Morales Solá y Carrió sobre batallas finales entre ética y populismo, y ofrecen, máxime, negociaciones. Dando y recibiendo, porque saben que la huella democrática no se termina mañana, ni pasado tampoco. Incompatible con la desesperación que experimenta el statu quo.

No debería extrañar, siendo que aún al papa Francisco se han permitido señalarle el rumbo que debiera perseguir. No cierran a ese esquema, en definitiva, los ejemplares que apoyan su existencia política en el elemento popular.

Estas solas insinuaciones supondrán desbarajustes desagradables para la institucionalidad por todavía mucho tiempo más.

miércoles, 8 de julio de 2015

Del Partenón a Plaza de Mayo: la trascendencia del caso griego para los desafíos argentinos

<<(…) Desde que se constituyen los bloques extraregionales en el mercado mundial; esto es, (…) la Unión Europea, los EEUU con el NAFTA (…); China, que es una especie de subcontinente propio, la posibilidad de hacer política de verdad, con estas condiciones, supone la Unasur. Sin una estrategia sudamericana vos no tenes nada. Y la Argentina es escandalosamente provincial. Mira el periodismo argentino, todo (...) Mira lo que se llama un analista político: todos creen que es más importante la interna radical de Trenque Lauquen que lo que sucede en el PT o en el sindicato de los metalmecánicos en San Pablo, que es mucho más importante como política sudamericana. (…) De un asunto se ocupan todos, del otro no se ocupa casi nadie. (…) este proyecto, que ellos ejecutan continuamente, (...) no forma parte del debate político argentino. Y esto es lo grave. (…)>>

* * * 

El párrafo con que elegimos inaugurar este texto corresponde a una participación de Alejandro Horowicz en el programa La Historia en Debate, que conduce Eduardo Anguita en la señal de cable CN23, a mediados del año 2012. Y nos viene al pelo para elaborar un comentario breve acerca del desprecio que hizo prácticamente la totalidad del sector adversario al gobierno nacional del debate público argentino --entendiendo aquí tanto a dirigentes opositores como a comentaristas en general, en su conjunto-- del referéndum celebrado en Grecia el domingo último, que acabó con una definición electoral de rechazo al programa de ajuste que la troika europea pretende imponer al gobierno heleno. Obstinados en recetarios del fracaso.

Un desinterés incluso exhibido casi en forma (extraña) de orgullosa convicción doctrinaria. Una dirección disparatada. Veamos.

No se trata, por cierto, ni mucho menos, de coincidir plenamente con el alegato de Horowicz; quien, de hecho, tal vez exagera para el otro lado, en su banalización de los comicios locales. Que son esenciales, cada vez más, en la dinámica de la construcción de poder en Argentina. Y respecto de los cuales, por otro lado, lejos de haber la atención conveniente en cuanto a sus especificidades, hay mera utilización climática en función de la discusión presidencial venidera. Pero eso será tema de novedades editoriales a estrenarse en breve; por ahora, retomemos la huella por la que veníamos. Se intenta, sí, en cambio, argumentar a propósito de los riesgos a equivale amputarse la dimensión cosmopolita en la acción política.

Decía Juan Domingo Perón que la política internacional de un país es reflejo y extensión de su política interna. Es particularmente sugerente que se soslaye el expediente griego de la forma en que se lo ha hecho, sobre todo por la modalidad que Alexis Tsipras escogió para tramitarlo. Habida cuenta el avance indetenible y vertiginoso de la globalización, mal puede pensarse que el impacto de ese sufragio será nulo en términos de las relaciones internacionales. 

Una dirigencia argentina con voluntad de algo más que apenas administrar el statu quo debería interesarse en esas resonancias. El país está actualmente en plena reconfiguración de su tablero geoestratégico, proceso que se inició a partir de confirmado el fallo de Griesa en el litigio por la fracción buitre de la deuda externa en los tribunales de Nueva York.

En la última entrevista que concedió a la Agencia Paco Urondo, Manolo Barge describió de manera cruda la arena en que se cuece la disputa modélica entre el establishment y la soberanía popular: <<(…) ¿Quién es el desacatado? Es alguien que está ante un superior y se le para de mano. (…) se está ampliando mucho la base de sustentación. Ya no hablamos de 1 presidente, 24 gobernadores y los legisladores nacionales. Estamos hablando de 200 tipos en todo el país, que tienen detrás 40, 60 o 100 mil tipos que los votaron. Ese tipo se para frente a un Rocca o un Magnetto y le dice: “vos serás fulano de tal, pero a mi respaldan estos 50 mil tipos que me votaron y a los que tengo que responder”. (…)>>

Tsipras encara el desafío a la bancocracia apelando al espesor que otorgan las urnas en una mesa de negociación, de cuyo mantel --que se entienda-- no tirará (todavía) bruscamente, pero frente a la cual está dispuesto a negociar más que dosis de vaselina. Agitó un recurso que causa pánico entre los mandamases europeos, por su hipotética capacidad jurisprudencial en el contexto de un continente que está a escasas gotas de un desparramo superlativo si esto genera efecto contagio.

El reflejo automático que en relación a cualquier pronunciamiento de la presidenta CFK sufren sus adversarios les impide posar sus miras más allá de la nariz. Ni en beneficio propio, ni de autodefensa, tan siquiera. Entre eso y su dependencia conceptual del Círculo Rojo doméstico, se perfecciona lo que en definitiva termina siendo una renuncia a pensar el país. Y es la misma ceguera que les impide incorporar el dato griego articuladamente en sus estrategias. Por no aparecer coincidiendo con el kirchnerismo. Lo que los condena al suicidio que supone cualquier otra postura que el desacato al decisorio con que los tribunales norteamericanos agasajan a Paul Singer y compañía, en una maniobra a varias bandas, pero que en cualquier caso se pretende un castigo al peligroso antecedente de las exitosas reestructuraciones de deuda argentinas de 2005 y 2010.

La decisión de Cristina Fernández de conjugar, en su respuesta a esa agresión a la soberanía nacional, las novedades que trae al menú de opciones el agotamiento de la unipolaridad de Washington a expensas de las irrupciones de China, Rusia y otros actores de menor rango pero igualmente considerables, proveyéndose de allí lo que hasta aquí se conseguía a través del territorio que se abandona para eludir las sanciones, es suficientemente demostrativa de las distancias que separan a su proyecto político del de sus antagonistas --si es que así se le pudiera llamar a lo que hacen--.

Así, entonces, en el marco de una disputa sucesoria polarizada, las alusiones atenienses de Daniel Scioli no son casuales.

viernes, 26 de junio de 2015

Una cosa no quita la otra

No existe contradicción alguna entre la crítica que dedicó la presidenta CFK al ministro de Economía inaugural de su primer mandato, Martín Lousteau, por el papel que a aquel le cupo en el diseño de la resolución 125 de retenciones a la soja --filosóficamente virtuosa, técnicamente deficiente--, y la defensa enfática que de aquella medida hiciera en su momento la fuerza política que ella conduce.

Esto más allá de las sustanciales ventajas que suponían las modificaciones incorporadas en la versión del proyecto de ley que a los mismos efectos aprobara la Cámara de Diputados de la Nación una vez que el conflicto había escalado de modo irreversible, previo a su naufragio en el Senado por obra y gracia del único desempate legislativo de un vicepresidente en contra de la posición del Poder Ejecutivo que integraba que registra la historia de la política a escala universal.

El lock out jamás tuvo por objeto los detalles que pudieran merecer correcciones de la decisión sino que se aprovechó el espacio que otorgó el error en su aspecto económico en específico, para embestir contra la capacidad operativa de un gobierno, en particular; y, de fondo, contra la potestad del Estado para intervenir en la economía y la idea misma de la redistribución del ingreso que de ello se deriva, según el equilibrio que defina la institucionalidad popularmente elaborada. Así las cosas, una claudicación en cuanto a la vigencia de aquella norma hubiese implicado, a su vez, convalidar la posibilidad de una torcedura en el brazo del poder democrático a través de una acción de fuerza de un sector privilegiado de la sociedad, apalancado para ello en el poder que tal posición significa. Se habría sentado como precedente una distorsión peligrosa.

Resultó preferible agotar las instancias legales correspondientes, y saldar el asunto según los mecanismos estipulados. Los hechos así lo demostraron: en 2011, CFK obtuvo su reelección venciendo aún en las ciudades características del negocio agrario (por caso, Leones, en Córdoba; Gualeguaychú, en Entre Ríos, cuna de uno de los cabecillas de la protesta, el actual senador nacional Alfredo De Angeli; y/o Venado Tuerto, en Santa Fe); y las PyMEs del sector --instrumentadas en función de los intereses de sus pares dominantes, verdaderos antagonistas del caso-- terminaron reconociendo que habrían obtenido mayores beneficios de la media sanción trunca que del statu quo consolidado por el voto no positivo.

En definitiva, aún en la equivocación científica, toda vez que aquello supuso desde el vamos un desafío de mando, no podía el gobierno nacional menos que plantarse en su posición de modo inflexible, aún a costa de una derrota circunstancial.

Nada de todo lo expuesto, sin embargo, quita que los números, efectivamente, estuvieron mal calculados.

jueves, 25 de junio de 2015

Porque si entre ellos se pelean...

Cuando todavía estábamos envueltos en discusiones de la interna del Frente para la Victoria, derivadas de la modalidad que escogió Florencio Randazzo para mezquinar su colaboración en la carrera sucesoria, que incluso han llevado a resucitar polémicas en torno al Manual de Conducción Política del general Perón, apareció la candidata a vicepresidenta del cambio, Gabriela Michetti, y, con su acostumbrada precariedad discursiva, le regaló a la presidenta CFK el mejor argumento a favor de su decisión de sellar los acuerdos del peronismo antes de las PASO y encarrilar los mayores esfuerzos ya en dirección hacia la polarización con el PRO.

Dijo, la ex vicejefa del gobierno porteño, que Argentina debe pagar la deuda con los fondos buitre según los términos dispuestos por la sentencia de Thomas Griesa a tal efecto: cien por ciento del monto exigido y al contado. Añadió, probablemente para suavizar la primera parte de su alegato --aunque no lo logró--, cierto saraseo de acuerdo con el kirchnerismo acerca del carácter nocivo de las actuales lógicas financieras para las economías soberanas a nivel global.

La compatibilización de ambas declaraciones de Michetti es imposible, por cuanto el acatamiento del fallo en cuestión resulta una posición contradictoria con la voluntad declamada de reconfigurar el orden en que opera el buitrismo.

El cumplimiento del decisorio del magistrado neoyorquino implica, a la vez que un problema en sí mismo --en tanto dispara para otros acreedores del país la posibilidad de reclamar idéntico trato al que ha merecido Paul Singer, como se ha demostrado recientemente con los denominados me too--, derivaciones aún más complicadas, debido a que abriría las puertas a la reinserción nacional en circuitos financieros hostiles: siendo que muy probablemente se podría negociar una extensión en tales pagos, se queda a las puertas del regreso a la praxis de reproducción de endeudamiento como método de financiación de obligaciones. La dinámica neoliberal que gobernó este país entre 1976 y el estallido de 2001.

Es precisamente en función de los compromisos externos que debe organizarse una de las disyuntivas determinantes de la discusión presidencial que se aproxima, en tanto se está todavía en medio de la exploración de vías alternativas de solución a un desafío de complejidad superlativa. Cristina Fernández ha decidido aportar a la construcción de un nuevo polo financiero de relevancia internacional, que se corresponde con el lento pero inexorable apagamiento de la unipolaridad, para reemplazar las divisas que ya no puede proveerse del esquema definido por EEUU, por la sanción a los canjes que supone el dictamen de Griesa. Con lo cual, se abren dos opciones: sometimiento y aceptación de la reprimenda, o bien el egreso emprendido por CFK para saltar por encima de ese laberinto. En ese contexto debe entenderse la profundización de las alianzas con Rusia y China, que salen a la disputa de la hegemonía norteamericana en que alumbró el conflicto con los hold outs.

Ese dilema, que es también el de la asignación de recursos, se proyecta al clivaje político de fondo de que se teñirá la hora de las urnas: la continuidad del modelo estatista/intervencionista en función del empleo, la producción con matriz diversificada y la inclusión social; o el cambio, que es en realidad un retorno al proyecto neoliberal/conservador que al cabo de un cuarto de siglo de vigencia ininterrumpida casi acabó con Argentina en el epílogo de la Alianza, desguace integral mediante.

La nueva corrida contra el dolar ilegal disparada esta semana, al tiempo que confirma la autenticidad de la disyuntiva, desmiente la pertenencia al establishment imputada al postulante oficialista Daniel Scioli, cuyo pronóstico es robusto.

Oportuna y convenientemente, el día posterior al derrape verbal de Michetti no fue noticia eso sino los contratos estatales de los hijos del candidato a vicepresidente del FpV-PJ, Carlos Zannini, y del actor apostol de la mano dura, Ivo Cutzarida, como asesor parlamentario del senador nacional puntano y también candidato a presidente --por un desprendimiento de lo que otrora fuera el peronismo disidente-- Adolfo Rodríguez Saá. En el segundo caso estamos hablando de $13.800 mensuales. La propuesta de la oriunda de Laprida equivale a U$S17 mil millones: lo que es decir 50% de las reservas al día de la fecha en el Banco Central. Uno cree que huelga explicar las distintas relevancias de unos y otros montos dinerarios.

Irrumpe aquí, de inmediato, el concepto de Ignacio Ramonet: instrumentar la información para desinformar. Se trata de una de las mejores demostraciones, por si hiciese falta otra todavía a esta altura de la soirée, de los alineamientos en pugna.

Si aún así no se entiende por qué urge instalar el debate fronteras afuera, pues será que de nada han valido estos doce años.