sábado, 28 de febrero de 2015

"Yo soy Nisman"... pero, Nisman, ¿era Nisman?

El decisorio de Daniel Rafecas en rechazo a la denuncia que el fiscal Alberto Nisman presentó en enero pasado contra la presidenta CFK asesta un golpe durísimo para las expectativas que guardaban el establishment respecto de su instrumentación política.

La reacción de las primeras horas, el carpeteo contra el juez, era cantado. Y tiene la virtud de graficar perfectamente el enojo que produjo con su sentencia. Pero tampoco el oficialismo ha calibrado muy bien todavía las implicancias del tipo de rebote que dispensó Rafecas al mamarracho firmado por Nisman. O, por lo menos, no se desprende ese correcto entendimiento de las primeras manifestaciones públicas que se han conocido de varios importantes referentes del kirchnerismo.

La referencia a la rúbrica del ex jefe de la UFI-AMIA que se hace en el párrafo anterior es absolutamente deliberada.

La primera vez que escribimos sobre el fallecimiento de Nisman aquí, coincidimos, aunque con matices, con Martín Rodríguez y Horacio Verbitsky en cuanto a sus respectivos llamamientos a alejarse de la conspiranoia. Sin correrse un sólo milímetro de aquel posicionamiento, corresponde sí readecuarse en función de los elementos que ofrece el veredicto de Rafecas. Porque, producto de un minucioso examen de cuanto elemento haya circulado en torno a este asunto --no sólo los específicamente jurídicos-- que es, convoca, ahora sí, a indagar a fondo en cuanto a la verdadera autoría del dictamen póstumo.

Ya no se trata sólo de la desmentida rotunda del ex jefe de Interpol, Ronald Noble, ni de las cuestiones técnicas que impedirían en cualquier caso comerciar el petróleo crudo que Argentina no necesita. Y ni siquiera resulta fundamental lo relativo a las carencias probatorias de la acusación. La gravedad está en el razonamiento jurídico de la misma: su ausencia. Una que, al decir de Borges, es una presencia absoluta. A descifrar, en este caso. Rafecas se permite a propósito exhibirse con lenguaje de asombro en su sentencia, para exponer en toda su dimensión el volumen de la trama ante la que estamos parados. Se reitera algo ya dicho: no más que para abrir vías alternativas plausibles de pesquisa sobre su deceso.

Este comentarista sostuvo repetidamente en las redes sociales, aún antes de que la causa recayera en Rafecas, que aquí no cabía mucho más que optar entre creer que el difunto era un títere o bien un burro. Durísima, pero auténtica disyuntiva.

¿O resulta más sensato admitir que Nisman haya podido errar en cuanto al grado de consumación del supuesto de hecho que imputó? ¿O aceptar que para denegar la petición de Pollicita el magistrado haya dedicado 63 páginas, cuando se estilan no más de 4 o 5 en estos casos; y que, para peor, terminan pareciendo, por necesidad, una lección básica de Derecho Penal? 

Que se entienda: Rafecas rechaza la apertura de una investigación; es decir, niega entidad de proceso al dictamen de Nisman. Podría haber ordenado toneladas de medidas de probatorias y planchar la cosa, lo que habría representado un fallo salomónico, aceptable al menos en parte para todos las pretensiones de todos los involucrados. Pero la indigencia jurígena de aquella denuncia era demasiado: Timerman sencillamente carecía de facultades para exigir una baja de las famosas alertas rojas, con lo que ni siquiera interesa que su actuación en relación a las mismas se haya comprobado exactamente la opuesta de la que le achacaron. Aunque hubiese actuado según lo señaló Nisman, no siendo apta su potestad legal para tal fin, estábamos ante un imposible fáctico y de derecho. ¿Y eso se le pasó a un funcionario judicial de su expertise?

Ni las tan meneadas escuchas, así las cosas, ni ninguna otra prueba, servirán, en tanto sencillamente no hay qué demostrar. Dicho sencillo: Rafecas evitó prestarse al show mediático de allanar Cancillería para hurgar una hipotética confesión culposa de Timerman en su igualmente hipotético diario íntimo, porque aunque la encontrara, por muy repugnante que pueda resultar políticamente... no le serviría a su objeto procesal. Para coronarlo todo para peor, se supo que finalmente hubo cajas fuertes que hablaron: las de la UFI-AMIA en que el muerto había dejado documentación diametralmente de espíritu diametralmente opuesto al de su posterior dictamen. Y que otro finado se llevó secretos a su morada final: Pepe Eliaschev, quien, ahora nos enteramos, no ratificó en tribunales su nota periodística, primer antecedente público de este trauma.

Cada quien sabrá interpretar lo que aquí apenas se insinúa para no imitar temeridades que encima están peor sustentadas. No deja de haber preguntas en este entuerto. Pero Rafecas acaba de argumentar mejor que ningún funcionario o militante que las respuestas deberán ser rastreadas puertas afuera de Casa Rosada. Es simplemente lo que conviene a la dilucidación.

Los cementerios no mejoran a las personas. Hemos confirmado que a las denuncias judiciales tampoco.

viernes, 27 de febrero de 2015

Macrì-Lole en la dinámica de la cruzada moral

El escenario político-electoral argentino, presumiblemente, no producirá mayores novedades hasta que la convención radical del 14 de marzo próximo termine de definir (si es que lo hace; se espera que no a los bifes) su apoyo entre las candidaturas presidenciales de Maurizio Macrì y de Sergio Massa; o bien, si insiste en prolongar su actual indefinición PMDBista, táctica, entre ambos. La alternativa de la postulación propia, y/o la continuidad de FAUnen, en cambio, ya están casi descartadas.

Siendo que el kirchnerismo se mantiene en sus coordenadas históricas independientemente de tempestades, y habida cuenta que la presidenta CFK tiene decidido estirar la competencia en el FpV-PJ todo cuanto le sea posible y necesario, en tanto ese juego no despunte, la ansiedad de los focos noticiosos y analíticos se concentrarán en los numerosos y variopintos reacomodamientos de la interna opositora. Cuyo último capítulo hasta ahora es el del acuerdo entre Macrì y Carlos Reutemann.

La danza de los aspirantes que contrarreloj intentan dibujar alguna alquimia que les permita superar las endémicas carencias estructurales que sufren los espacios no oficialistas desde producida la crisis de 2001, proseguirá, eso sí, al compás de la música del caso Nisman, que intentará ser exprimida hasta agotarla para aderezar todas las maniobras en comentario. 

La última versión, lanzada por Clarín, de un supuesto "comando iraní-venezolano con adiestramiento cubano" que habría asesinado al ex fiscal, es sólo apta para termocefálicos y/o para quienes ya han decidido su repugnancia para con el kirchnerismo previamente a este episodio (y más allá del mismo), que no pocas veces tienden a confundirse, porque los enojos se llevan a las patadas con el raciocinio. No obstante ello, la fábula tiene la virtud de exponer el berrinche de los intereses extranjeros que han intervenido la causa AMIA por el giro geoestratégico que ensaya Argentina desde hace tiempo, y que se ha acelerado en términos copernicanos desde que fuera confirmado el castigo que, en relación a la deuda buitre, le aplicaron los tribunales norteamericanos. Dado ello en el contexto de una región que explora en idéntico sentido con China.

No casualmente, con acuerdos megamillonarios CELAC/China como telón de fondo, arde el eje Caracas/Brasilia/Buenos Aires que lo sustenta, de lo que da cuenta el desfile reverencial con que el antikirchnerismo recibió al nuevo embajador de EEUU.

Así las cosas, la versión de un traslado de la causa en que se investiga la muerte de Nisman a Comodoro Py cobra relevancia, no sólo --ni quizás principalmente-- para golpear al gobierno nacional a través del expediente, poniéndolo --sin soporte jurídico respetable-- bajo custodia de un fuero que ya definitivamente le ha declarado la guerra, sobre todo cuando hay pendiente la puesta en marcha del nuevo Código Procesal Penal de la Nación. Lo fundamental pasa por evitar que una pesquisa seria y profunda respecto de la persona del fiscal fallecido desemboque en su pésima instrucción del juicio por el atentado a la mutual judía, quedando así al descubierto la maniobra con que se la enchastró por los caprichos de geopolíticas ajenas. En tanto los tribunales federales son resortes de los servicios de inteligencia que organizaron este asunto, resultan el mejor custodio para cualquier posibilidad de iluminación a propósito del aquel ocultamiento.

Para muestra basta un botón: tendrían, incluso, determinado derivar el caso a un juez amigo, Luis Rodríguez, en vez de al que conduce la causa AMIA --siendo que los propios familiares de Nisman dicen que su muerte se conecta con su actuación allí--, Canicoba Corral, que se ha venido mostrando rebelde al stiusismo, que gerenció el velo en lo local.

Se trata, el proceso en cuestión; y mejor dicho, su instrumentación, del propulsor ideal, que hacía falta para construir sin dilemas justificatorios un gran consorcio antikirchnerista, que en ese tono aspiran a organizar la cita de agosto/octubre venideros. Ya sea que se termine dando una megaconfluencia a tal efecto, o bien que se canibalice a quienes pierdan el favor del establishment, que en la práctica vendría a dar igual. Se sostiene, no obstante, a Massa con vida para evitar que el FpV-PJ recapture su voto 2013. “Para dos campañas no hay”, escribió hace tiempo Jorge Asís que le dijo un ‘bancador’. Cierto o no, tiene lógica que así suceda. Un raro equilibrio: con preferencia pero sin exclusividad, pues ello resulta estratégico.

La alianza entre Macrì y Reutemann se explica, pues, por la sencilla razón de que resulta el bloqueo a la última chance con que contaba Massa para presentar alguna construcción respetable en el pack Córdoba/Santa Fe/Ciudad de Buenos Aires/Mendoza/Entre Ríos: 29% del padrón total del país que resulta clave para nivelar el peso específico de la provincia de Buenos Aires (38/100 de votos nacionales), donde ya tampoco es todo color de rosas para el ex intendente de Tigre, porque su bastión fuerte, la primera sección electoral, ha sido también penetrado por el PRO, fenómeno que se expresa en la fuga del intendente de San Isidro Gustavo Posse a filas macristas. Que promete no ser la última. Resulta en realidad la partición formal de una sociología que en 2013 fue compartida. Lo explicamos, hace unas pocas semanas, aquí.

Los ardores que se conocen del Frente Renovador por estas horas responden a cuestiones específicas de la interna, como la anexión de Francisco De Narváez; tanto como al terror que genera en los territorios el desplome de Massa, cuyas aptitudes de conducción son puestas a prueba, en tanto no logra disciplinar a su tropa y diseñar una construcción nacional calificada.

Por otro lado, la incorporación de Lole suaviza el talante netamente antiperonista que, ya hemos aventurado, terminará definiendo a la entente carrimacrista a la que, de un momento a otro, aspira a sumarse el sector mayoritario de la UCR --impulsado por Ernesto Sanz y Oscar Agüad--. En cuanto al rol del ex gobernador santafesino en la interna del peronismo provincial no tiene sentido abundar, en tanto ha devenido en un unipersonal con su renovación senatorial como casi exclusivo horizonte: sus hombres en la interna del PJ hace rato ya estan con Miguel Del Sel; y, por otro lado, el peronismo local aún orgánico no sale de desaguisados continuos desde que dejó la Casa Gris en 2007, expresados --entre otras cosas, pero muy especialmente-- en la huida de María Eugenia Bielsa a su potencial (y manijeada) postulación a gobernadora.

En cuanto hace al oficialismo, el mejor diagnóstico se obtiene de la observación del comportamiento de Daniel Scioli, quien súbitamente se expone por estas horas de nuevo ultrakirchnerizado. Lo que se comprende en la necesidad de quienquiera sea resulte designado como candidato efepeveista de exhibirse como elemento diferenciador del tablero frente a una coyuntura polarizada en la que existe aglomeración moderacionista aguardando sponsoreo corporativo.

Los melones del carro kirchnerista se acomodan hacia una fidelización para consigo mismo como mejor receta de disputa.

martes, 24 de febrero de 2015

El Partido Judicial

La presidenta CFK difundió una columna editorial de su autoría en la que se refiere a los funcionarios de Comodoro Py que organizaron la llamada Marcha del Silencio como Partido Judicial. Como con cualquier cosa que dice la primera mandataria, pero más cuando envuelve a la famiglia tribunalicia, generó revuelo, ya consabido. 

Si los integrantes del Poder Judicial no quieren ser denominados de tal modo, deberían cuidar un poco más algunos de los matices que hacen a su función.

Si, por ejemplo, el periodista Joaquín Morales Solá dice, lo más suelto de cuerpo, en TN, y en ocasión de comentar la confirmación del procesamiento penal del vicepresidente Amado Boudou por la Cámara Federal porteña, que ese fallo estaba listo en realidad desde hacía ya tiempo, pero que se eligió estratégicamente publicarlo el día posterior al ‪#‎18F en función del momento político que generó esa manifestación opositora; y ninguno de los magistrados en cuestión se ocupa de desmentir semejante afirmación, estamos en presencia de una definición, justamente, de tipo político. Reconocida, se insiste, por los propios responsables del decisorio, con su omisión, convalidatoria en este caso. Morales Solá dijo cosas mucho peores en su nota del domingo último en La Nación, y tampoco nadie dijo esta boca es mía al respecto.

El veredicto que convalida en segunda instancia el procesamiento de Boudou puede ser bueno o malo. No se trata de hacer mérito de la sentencia en sí misma. Ahora bien, lo que en modo alguno debería suceder es que las actuaciones del Poder Judicial sean administradas por fuera de lo que disponen las normas procesales que hagan a una cuestión determinada. 

Y si así ocurre, es porque estamos ante motivaciones ajenas a las estrictamente jurídicas que deben guiar a los expedientes, cualquiera estos sean. Da la casualidad que éstas en comentario involucran a dirigentes... políticos.

Si, así y todo, esto va a tramitar de tal forma, fenómeno. No debería haber ningún problema, porque tampoco implicaría ninguna novedad. Nadie es inocente en este tipo de negocios. Pero, ya que se van de los márgenes legales, deberían, por lo menos, admitir señalamientos analíticos de este carácter, que sólo aspiran a sincerar el duelo para que sea más equilibrado.

Nada malo, después de todo, puede esperarse de la iluminación de asuntos públicos.

lunes, 23 de febrero de 2015

La marcha del grito

Pasó el #18F y, desde que se desconcentró la enorme multitud que se congregó en torno a Plaza de Mayo, estamos en una disputa por colocarle sentido a un suceso que osciló entre el silencio --tal el lema de la convocatoria-- o tantas razones como asistentes hubo, se reitera que muchos. Y ocurre, a nuestro ver, que lo que en principio se trató de un homenaje al fallecido Alberto Nisman/reclamo por el esclarecimiento de esa muerte, en realidad terminó funcionando como catalizador de sentimientos de oposición al gobierno nacional, que preceden y exceden al hecho específico.

Cuando se hace el ejercicio de examinar los análisis de quienes evidenciaron su adhesión a la marcha, y/o las manifestaciones en redes sociales de figuras públicas que ídem, y hablamos de a quienes en ambos casos se les conoce rechazo al kirchnerismo, resulta sencillo advertir que los argumentos terminan confundiéndose con otros que utilizan para comentar diferentes capítulos de la actualidad política, independientemente del tema.

Conforme el expediente ha ido acumulando elementos concretos indubitables, la hipótesis suicida, si bien todavía no puede darse por confirmada, está cerca de materializarse. Incluso, durante el transcurso mismo de la protesta se conoció que la pericia toxicológica camina en esa misma dirección. La pregunta que surge inmediatamente es obvia: cómo se entiende, entonces, esta movilización "para pedir justicia" en el marco de una causa que, con solidez, avanza hacia el archivo. La duda respecto del resultado, será la respuesta: pero no de todos ellos, sino de cualquiera que no determine la culpabilidad de la presidenta CFK. Las ansias de forzar el homicidio son, pues, jalonadas por la aversión, que es previa. 

Sólo así se comprende que se ganen las calles en declamada defensa de valores morales a remolque de dirigentes que ni de cerca los profesan. Y que, incluso, tienen mucho para explicar en cuanto a encubrimiento en la causa AMIA, nada menos.

Asistimos a una escenografía impactante cuya composición social y etaria es similar a las de los cacerolazos de fines de 2012 y principios de 2013. Y en la que truena todavía el mismo dilema que entonces: ausencia de representación electoral competitiva. Se creía que ese deficit había sido saldado por las elecciones legislativas de agosto/octubre de 2013, lo que se verificaba en el progresivo debilitamiento de esa modalidad de expresión. Tal vez haya sucedido en un primer momento, a posteriori de los comicios. Pero a medida que las presidenciales venideras se acercan de la mano con una cada vez más consolidada sensación de probabilidad de triunfo oficialista en primera vuelta, en el marco de una oposición que no termina de constituirse confiable, la desesperación de sectores que de veras sienten al kirchnerismo como padecimiento se multiplica geométricamente. Eso gritaba el mutismo. Y son también los dramas del establishment.

Una complejísima trama para quienes detestan a la política adolecer de un problema que sólo se resuelve con... política. Y la faena de construir una representación (¿quién capitaliza esto?) a escasos seis meses de las PASO. En especial cuando los candidatos se dedican a, apenas, corear el descontento de las que pretenden sus bases, sin darse la distancia del procesamiento de eso articulado con las limitaciones que impone la gobernanza.  

Pasadas las primeras horas de producido el mitín, se oyen y leen atendibles mensajes editoriales que reclaman a por la megaconfluencia opositora en derredor del clima organizado por el asunto Nisman y sus derivaciones. Ya hemos comentado de sobra aquí las dificultades que tal jugada supondría (también de un primer reproche en ese entendimiento que formulara Carlos Pagni). Pero, igual, está sucediendo. Sin embargo, nos encontramos ante un problema adicional todavía mayor. No sólo el de la carencia comentada: para peor, el colectivo de referencia exterioriza más que habitualmente un rechazo a la política en sí misma. Dicho sencillo: si Maurizio Macrì o Sergio Massa hubiesen hecho el mismo llamamiento, seguramente la asistencia habría mermado, y dramáticamente. Y aquí convendría al kirchnerismo afinar mejor el planteo golpista.

Y es que la cuestión no pasa esencialmente por correr a CFK del gobierno antes de tiempo. A fin de cuentas, ella, en diciembre, inexorablemente, debe entregar el cargo al sucesor que consagre el voto popular. Las maniobras de las últimas semanas tienen, a nuestro criterio, otros dos objetivos; si se quiere, hasta mucho más sensibles que un golpe.

Primero, erosionar las --hasta la muerte de Nisman esto lo venían reconociendo con cada vez mayor frecuencia numerosos dirigentes opositores-- enormes posibilidades de triunfo en primera vuelta del Frente para la Victoria. Y más aún que eso, teñir los meses finales del mandato de Cristina de un clima que habilite que el recambio institucional lo sea también de ciclo histórico, pues no siempre son sinónimos. No lo sería, en condiciones normales, en el caso del kirchnerismo. Es decir, se intenta que quien asuma en reemplazo de ella dentro de 10 meses cuente con mayores márgenes para acelerar en dirección hacia una reconfiguración programática profunda, que es eso lo verdaderamente en juego ahora. Ricardo Tasquer habla de una maniobra para "desacreditar al kirchnerismo en tanto portador del virus del intervencionismo".

Dicho sencillo: si la imagen es la de un gobierno saliente reo, más sencillo será decir que todo lo actuado en estos 10 años, por provenir de la criminal que se pretende construir, está viciado de nulidad, y por ende debe irse con ella. Como dijéramos una vez acá, si fue posible remover grandes porciones del neoliberalismo en Argentina, se debió, en gran medida, a que acabó a sangre y fuego en 2001. Necesitan un final idéntico del kirchnerismo para arrancar de raíz las conquistas de una década. De otro modo, y máxime cuando el sujeto social con que se cuenta es reacio a fungir de soporte duradero, les será difícil. Más concreto: cuando se pega contra CFK se lo hace, a la vez, contra la AUH, la renacionalización hidrocarburífera y previsional, la ley audiovisual, la recuperación industrial y del empleo, y siguen las firmas.

Cristina Fernández entendió perfectamente el desafío. Y salió a notificar de ello --fundamentalmente, de su aceptación-- al mediodía de la marcha, poniendo blanco sobre negro en cuanto al litigio de poder y a las implicancias que supone para sus representados. Recordó que ésta ha sido una etapa de reparaciones porque antes lo fue de mando institucional auténtico.

Así, el oficialismo responderá mejor al embate si involucra a los suyos a nivel personal en la disputa que hay librada.

jueves, 5 de febrero de 2015

El angostamiento de la avenida del medio

Sergio Massa hizo esfuerzos evidentes para contestar al pacto Macrì-Carrió. Una encuesta propia de 450 casos en conurbano PBA/CABA y el anuncio del apoyo que le brindará para la elección presidencial el sector del MPN que viene de doble derrota interna frente al oficialismo local del gobernador Jorge Sapag. Se le llama crisis.

La edición del lunes pasado de Ámbito Financiero vino abundante en rosca. La contención que todavía intenta Ernesto Sanz --ahora en persona-- de la candidatura de Massa otorga crédito a Sergio Ranieri en cuanto a su análisis acerca de los acuerdos que el ex intendente de Tigre anudó en el norte argentino. Massa creía estar conduciendo la interna de la UCR, pero resulta ser sólo un instrumento de algunos territoriales de ese partido para avanzar en pago chico. Y, mirando más ampliamente, de la necesidad del radicalismo de conservar su condición de segunda minoría nacional: a tal fin, empuja sus propios límites, por vía de la PMDBización, allí donde y mientras le resulte posible.

Ahora bien, en cuanto a la reciprocidad de esos pactos a nivel federal, la apuesta es Maurizio Macrì, cuyo vacío estructural supone horizonte en términos de caja más allá de la elección: cuatro años, luego de un hipotético triunfo del jefe de gobierno porteño. Massa, en cambio, se sustenta en PJ; escasísimo, pero lo suficiente como espantar al radicalismo.

Cuenta Mr. Wolf, informante estrella de la hora: "Si gana Massa, se va con el PJ (...) Macri tiene mucho lugar para repartir."

Y es que mal puede pensarse la posibilidad de tender alianzas cuando la construcción propia no está sólida. El Frente Renovador ha girado demasiadas veces en su ruta estratégica desde que alumbró en 2013 bajo la promesa de "conservar lo bueno y mejorar lo malo", en un programa delirante de modificaciones indoloras que José Natanson demolió con brillantez el pasado domingo en Página/12. El último capítulo de esa saga es a la vez el más resonante, habida cuenta que la incorporación de Francisco De Narváez impacta de lleno en aquel mensaje: se trata de un antikirchnerista visceral histórico. Además, y fundamentalmente, implica el abandono definitivo de la territorialidad como concepto organizador del espacio, en tanto el recién llegado no se apoya en ello sino apenas en la prepotencia de su billetera, sobreestimada demasiado excesivamente.

La retirada de intendentes, mayormente de la primera sección electoral PBA, respondía, se explicó, a la nula correspondencia representativa que, entendían, les reconocía seccionalmente el kirchnerismo en comparación con segmentos de menor electorabilidad pero más afines a la conducción nacional. En concreto, tirria con La Cámpora. Reprochaban, pues, defectos de contención. Resulta, a fin de cuentas, que ahora terminarían igual, sólo que detrás de... ¡De Narváez!

A esta hora, el massismo registra ruido en Almirante Brown, Escobar, Hurlingham, Pilar y, muy especialmente, Malvinas Argentinas. San Isidro y Vicente López ya se fueron; Lomas de Zamora no irá. Incluso el único gobernador que habían sumado, el rionegrino Alberto Weretilneck, ahora relativiza esa decisión. En este caso, el análisis es per se la descripción. Conviene incorporar también que se debilita la estimación fatalista que hacía el massismo de desembocadura inexorable del Frente para la Victoria en la postulación presidencial de Daniel Scioli. El contexto de un Florencio Randazzo competitivo, y siendo que en realidad el problema de quienes emigraron era más con el gobernador bonaerense que con la presidenta CFK, convoca a una probable reconfiguración de alineamientos, que incluso ya han comenzado, y de manera oficial.

Se llega a igual conclusión incluso a partir del estudio numérico. El FR concurrió a los comicios pasados, en que triunfó, junto al PRO, con el que ahora deberá competir. Ahora queda relativizado por el ruido de la causa Nisman, pero el año se había iniciado con descascaramientos en esas zonas. Gustavo Posse atribuyó a Macrì 18 de los 43 puntos con que venció Massa en PBA hace dos años. Que son 17 proyectados nacionalmente sin la defragmentación que propone el sanisidrense, con la que se reducen a escasos 9,5. Eso en el contexto de la nada que los renovadores ostentan en CABA, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos, sólo por mencionar los distritos más numerosos, que se podría seguir.

En paralelo a esto, que son en cifras los duros hechos, emerge el dato político: ninguna otra cosa explica mejor la inocultable mimetización que Massa persigue hace bastante tiempo con un discurso de corte netamente polarizador y contradictorio para con el kirchnerismo. Como anticipamos, la realidad lo empujó a un lado de la grieta.

La Historia suele imponerles sus condiciones a quienes suponen que para torcerla alcanza con voluntarismo y marketing.

lunes, 2 de febrero de 2015

Macrì-Carrió, la largada del republicanismo perdido

El acuerdo entre Maurizio Macrì y Elisa Carrió, anunciado el último sábado, expresa, seguramente, más de una cosa. Cada una de las cuales irá siendo desgranada, al detalle, en diferentes análisis, que por cierto en la actualidad abundan.

(Aquí no creemos que haya mucho para agregar a varias cuestiones que ya hemos apuntado. Por otro lado, recién arranca; y se lo comentará mejor andando el tiempo.)

Ahora bien, aquello que, sin duda a nuestro criterio, lo define inicial y esencialmente, es su carácter antiperonista. Que no será explicitado. Al menos, no como tal, porque ya no queda bien asumirse gorila. Pero cuya media voz nadie, al interior de ese espacio, se esmera en silenciar. Basta con prestar atención a las bases sociológicas con que cuentan. Pocas, pero que se expresan intensamente, sobre todo en las redes sociales: exigen poco menos que una solución final para lo que definen como mafia peronista. En el PRO reelaboran eso para que quede presentable, y entonces Macrì dice que es necesario un cambio "respecto de quienes han gobernado durante los últimos 30 años". De los cuales convenientemente se excluye, y como si todo hubiese sido lo mismo.

No es casual que esta jugada, que se cocinaba desde hace varios meses, se concrete justo cuando transcurre el asunto Nisman. Conviene recordar, y esto lo escribimos en nuestro último post, que Carlos Pagni había reprochado a la dirigencia opositora su incapacidad para capitalizar el evento en función de la construcción de un frente único que los aglutine.  

Eso, a su vez, deriva hacia dos cuestiones adicionales: primero, confirma la condición del FpV-PJ como organizador dominante del escenario electoral. Porque la razón de la movida, y esto sí ha sido lo suficientemente expuesto, es la peligrosa (para ellos) cercanía del triunfo kirchnerista en octubre sin necesidad de segunda vuelta. Por otro lado, pero conectado a lo anterior, bloquea casi definitivamente las posibilidades de Sergio Massa de crecer hacia territorio antikirchnerista, que era y sigue siendo su verdadera apuesta desde que triunfó en las elecciones legislativas de 2013. Todo modo, nada de lo dicho hasta aquí implica todavía una sentencia definitiva para los múltiples cierres que se están tejiendo a nivel local. Pero sí que se trata del primer intento fuerte en procura de una definición más orgánica, pacífica y cohesionada.

Dicho sencillo: el pacto intenta constituirse en indicio de poder a través del señalamiento hacia el electorado más visceralmente adverso a la cosmovisión oficial de que se arquitectura una opción sólida, capaz de vencer. Y, sobre todo, pura. Respondiendo a la lógica sobre la que pretende organizar la presidenta CFK la cita de agosto/octubre: polarización.

Carrió es la piola con la cual se busca arrastrar hacia PRO al radicalismo aún remiso o más afín a Massa, a quien patoviquea.

En lo que hace a la rosca, se conjugan dos cosas que aquí ya hemos comentado: coronar el despliegue federal de la UCR con una figura taquillera que, a su vez, tenga el vacío que le sobra a Macrì para ofrecer en listas que permitan al radicalismo conservarse como primer minoría, con las cajas que ello supone en consecuencia, objetivo último de cualquiera de las alquimias que emprenden. Pero también debido a ello aún subsiste la alternativa PMDBista: la elaboración de acuerdos parciales a nivel provincial y municipal con más de un candidato opositor, que multiplique las alternativas en tal sentido. Es cierto, como señaló Horacio Verbitsky en Página/12, que esa fractura, aún vigente además por la negativa de algunos restos de FAUNEN y de la UCR a encuadrarse con con Carrió y Ernesto Sanz, no corrige per se la ventaja del FpV-PJ.

El gran dilema que los aqueja, sin embargo, es que tampoco permanecer disgregados les auguraba nada bueno. Ni mucho menos sería aconsejable una hipotética confluencia de Massa hacia la entente republicana: se produciría entonces un cuello de botella invertido, una sobreabundancia que dificultaría los órdenes subnacionales, y por ende derivaría en una huelga de brazos caídos para trabajar el sufragio, tanto en campaña como el día mismo de una elección nacional.
Sucede que el conflicto que, en su irresolución, late de fondo, es que una candidatura, y cualquier edificación que se pretenda imaginar a su alrededor, funciona sólo en tanto resulte expresión de algo previo, que el individuo culmina; y no al revés

La solución, en definitiva, sería hacer política. Lo que, es obvio, va más allá de fotos, quinchos y reportajes. Puede que se hayan acordado tarde. 

miércoles, 28 de enero de 2015

Nisman, con el foco ampliado

Cuando la presidenta CFK dispuso, a mediados de diciembre último, una limpieza en los servicios de inteligencia, bien podría haberse supuesto que los elementos desplazados de un submundo que otorga mayor poder que el deseable (el Estado paralelo del que se viene hablando) reaccionarían. Un tanto más subjetivo habría sido el debate acerca de los modos en que ello sucedería. Pero, sin dudas, muy pocos habrán acertado en que todo desembocaría en la muerte del fiscal a cargo de la unidad especial para la investigación de la causa AMIA, el doctor Alberto Nisman.

El hecho resulta inseparable de aquella medida de la jefa del Estado. Con el correr de los días --y en forma por demás extraña--, el dispositivo mediático opositor ha ido amigándose con la hipótesis del suicidio.

En su columna mensual en La Política On Line, Martín Rodríguez ha argumentado, con buen criterio (tal su costumbre), sobre la conveniencia de no tomarle cariño a las teorías conspiranoicas. En un sentido similar, Horacio Verbitsky solicita esclavizarse sólo a los datos que vayan surgiendo en el expediente para un mejor análisis del asunto. Imposible no coincidir con ambos, pero, en el caso que nos ocupa, uno siente la necesidad de, por lo menos, matizar. Porque sucede que este escenario se ha construido a partir de, justamente, las hendijas que habilita el manejo labil de la información.

Por un lado, porque el otro episodio ineludible para la comprensión de esta historia es la denuncia incalificable que, días antes de fallecer, Nisman había presentado contra Cristina Fernández, el canciller Héctor Timerman y el secretario general de La Cámpora, Andrés Larroque. Apoyado en unos pocos ejes fácticos ya totalmente desestimados (baja de alertas rojas que instaría el gobierno argentino, lo que desmintió el entonces jefe de Interpol; aumento en el intercambio comercial, que tampoco sucedió y que es técnicamente imposible; agentes de inteligencia que no lo eran y un paper que sólo Pepe Eliaschev decía haber visto), nula elaboración jurídica, enorme cantidad de copy/paste noticioso (precario, también) y basura de espionaje, su (por decir lo menos) endeblez liquida per se el único móvil que podría haber tenido el gobierno nacional para un asesinato.

Sin embargo, aún sentado todo esto, la variable no se descarta de cuajo. Y entonces surge el interrogante en torno a los motivos que sostienen una acusación prácticamente imposible, y por delitos para nada menores.

Tampoco puede perderse de vista que el cimiento de esta deriva es una causa, la del atentado a la AMIA, que si por algo no se ha destacado precisamente es por su solidez documental. Una construcción que hace agua por todos sus costados, y cuya primera impugnación seria, el Memorandum de Entendimiento que celebraron Argentina e Irán (reprochable sólo en términos de eficacia), también es parte central de este trauma. De otro modo, cuesta entender que pueda generar tanta roncha la sola duda ante una culpabilidad definida extrajudicialmente de antemano, chiquero que ha disparado otros episodios tribunalicios (por encubrimiento) al respecto. Que, para más… están a punto de comenzar. Y que, en definitiva, equivalen a saber menos y no más sobre la voladura: centralidad exclusiva de la pista iraní, en detrimento de las siria, local y del narco.

Jorge Lanata, para mencionar al más insospechado de oficialismo, dijo en 2006, cuando Nisman hizo el pedido de captura de 8 iraníes sobre el que circula este incidente, que se trataba de 800 páginas de “nada”. Es decir, siguiendo este razonamiento, que el dictamen del fallecido contra CFK sería por ocultación de "nada". Sabrá Lanata, mejor que uno, explicar su giro.

Por último, la gestión de los vericuetos de la pesquisa de la muerte de Nisman, que por ahora no arrojan nada ni mínimamente distinto a un suicidio, fronteras afuera de los tribunales luce demasiado intencionada hacia la puesta en duda de aquello que surge indubitable. Ya de por sí, desde la evidentísima pretensión de arriar al kirchnerismo hacia el barro de un vaivén de habladurías inconvenientemente superpoblado, cuando su inocencia penal, vale insistir, se verifica en el escalón inicial de la investigación: el de las motivaciones de la conjetura homicida, antes que la duda por el principal perjudicado con la muerte.

En definitiva, los duros hechos remiten a demasiadas encerronas, actores y situaciones brumosas. En el marco de una causa cuyas resonancias políticas no requieren de demostración empírica, y que por ende conducen a otras circunstancias igualmente enmarañadas, la omisión del contexto supondría una ingenuidad. Que, además, negaría vías de indagación criminal perfectamente plausibles. Y la siguiente frase puede, quizás, generar ruido. Pero es necesario asumir estas complejidades, que, aquí creemos, estallan de obviedad: una confabulación no requiere de que todos quienes la integran se reúnan a los efectos de organizarla. Cualquier operador fino del sistema político (entendiendo por esto a todo aquel con algún nivel significativo de intervención decisoria o ejecutiva allí), como lo son de sobra todos los que aquí en danza, conoce a la perfección de los impactos que sus movimientos van a conllevar en una secuencia 'X'.

De manera tal que, sin definir ningún relato acabado, no está de más la mención de varias piezas que constituyen de manera imprescindible la hoja de ruta a caminar para el esclarecimiento. Que va más allá del proceso judicial en sí mismo.

El jueves 22 de enero, Carlos Pagni, sin inmutarse, reprochó a la oposición su incapacidad para articularse en un frente único a partir de este episodio. Es decir, el defectuoso uso que hacían de la que imagina una oportunidad de alterar el curso de las aguas electorales, que venían, en lo más probable, para desembocar, hacia octubre, en el cuarto gobierno consecutivo del kirchnerismo. El mismo columnista había escrito, para el lunes en que terminó siendo noticia el deceso de Nisman, que su presentación tenía fisuras, y que ello indicaba la inconveniencia de la reforma procesal penal que promovió el gobierno nacional en 2014. No fue ésa la única nota que comenzaba a soltar la mano del fiscal previo a una reunión en el Congreso que, extrañamente para alguien que se decía sólido en su imputación, se pretendía secreta y sin preguntas.

Hay aquí demasiados otros involucramientos conducentes: las intervenciones nada menos que de la CIA y el Mossad en relación a un crimen cometido en Argentina que opera, en el plano geopolítico, en función de la islamofobia global --reinaugurada a partir de la masacre a Charlie Hebdo--; la resistencia de los tribunales federales a adecuarse a la modificación legal recién comentada; la pudrición de los servicios de inteligencia --que, debe reconocerse, el oficialismo demoró demasiado en tramitar-- y la inagotable aspiración del establishment argentino, y muy en particular de su segmento infocomunicacional, por recuperar al Estado nacional como gendarme de la rentabilidad del capital.

De nuevo: son sólo puntas de las que habría que tirar, pero que no pueden pasar desapercibidas tan fácilmente.

Este post comenzó a escribirse antes de la cadena nacional en que la presidenta de la Nación anunció el envío al Congreso Nacional de un proyecto de ley que buscará la reconfiguración de la inteligencia nacional. Tal vez sea ésta una ocasión, como pocas otras ha habido, en la que resulte extremadamente difícil separar las implicancias políticas y jurídicas que, al mismo tiempo, entraña, en una retroalimentación ingobernable. La sistematización ordenada de unas y otras es un desafío de tamaño profesional superlativo. Que atañe, como hace rato no se veía, a la paz social, clave de la gobernanza sana. El debate legislativo es, así, una correcta réplica a la necesidad de exponer el panorama en su completitud.

Los crímenes perfectos, se sabe, no existen. Pero quizás sí puedan serlo algunas de las salpicaduras que producen.

martes, 13 de enero de 2015

Si ves al futuro, dile que no venga

En diálogo vía Facebook con María Esperanza Casullo, a propósito de su excelente columna en Nueva Ciudad en la que propone repensar lo que fue el fenómeno de la Alianza, este comentarista le señaló a la politóloga que, respecto del texto, disentía apenas en cuanto a que 2015 no alumbrará --entiende, a diferencia de ella-- nada diferente, sino un cuarto período del kirchnerismo. A lo que la autora respondió que, aún en la hipótesis de un futuro gobierno de Florencio Randazzo o bien de Sergio Urribarri, el futuro será distinto, dada la incidencia que, inevitablemente, aún en dosis mínima, tienen las improntas personales de los candidatos en la cuestión.

Aun coincidiendo en parte con MEC, a nuestro criterio, como saben de sobra los pocos lectores habituales de este espacio, lo definitorio a la hora del análisis político no pasa por las peculiaridades particulares de los protagonistas, sino por la arquitectura de los espacios políticos en que se desarrollan. 

La excepcionalidad del kirchnerismo --o su nota distintiva respecto de las administraciones que lo precedieron desde 1983, si se prefiere-- reside, según aquí entendemos, en que ha conseguido (porque se lo ha propuesto, detalle no menor) independizar el diseño de su programa de gobierno de la influencia que pretenden sobre su confección distintos intereses sectoriales de la vida nacional. La referencia no es exclusiva al empresariado, de lo que puede dar testimonio Hugo Moyano, en tanto agente de una parcialidad que, por no haberse entendido tal, acabó expulsada de la liga oficial apenas consumada la reelección de la presidenta CFK. Argentina ha sabido de ciclos históricos distintos, en los que los gobiernos no eran más que meros ejecutores de esquemas definidos fronteras afuera de la juridicidad vigente, a la salida de la última dictadura, cuando se consolidó un bloque que conservó enorme capacidad de intervenir en los cursos decisorios nacionales durante dos décadas. 

Incluso, la fractura de ese conglomerado, dolarizadores versus devaluadores, se saldó a sangre y fuego a fines de 2001. 

En su asunción a cargo interinamente del PEN, el ex senador Eduardo Duhalde dijo que cada dirigente argentino debía funcionar como lobbysta de los --por llamarlos de algún modo-- empresarios locales, en lo que tuvo a Raúl Alfonsín como partenaire. En relación a Carlos Menem resultaría ya imposible abundar. El kirchnerismo es originariamente un desprendimiento del devaluacionismo, pero a partir del conflicto con las patronales agrarias resolvió acelerar en su vocación de independizar las potestades que le son legalmente acordadas a los actores institucionales. Va de suyo que ha sido un proceso no exento de matices, sinuosidades y contramarchas. Pero son los propios beneficiarios de las antiguas fórmulas quienes, en sus berrinches mediatizados, exhiben la distancia que hoy les impone la Casa Rosada. 

Con el kirchnerismo no pueden elaborar más que acuerdos circunstanciales. Se trata de la diferencia entre representación, que no incluye otorgar las herramientas estatales de resolución; y la conversión en sucursal de lo que se intenta expresar. 

Es alrededor de esta novedad --que todavía construye la etapa inaugurada en 2003-- que se tramitarán la discusión sucesoria de 2015, en primer término; y las características del próximo gobierno, en paralelo. Lo que es parecido, pero no idéntico. Maurizio Macrì lo entiende hace rato, y polariza en tal sentido con el oficialismo nacional. Consciente del descuadre que le supuso la ancha avenida del medio para su carrera hacia la presidencial, Sergio Massa profundiza su perfil opositor, ahora con la incorporación de Francisco De Narváez. Al interior del oficialismo, el déficit de Daniel Scioli es su dificultad para somatizar esto en su diagrama de campaña. De todos modos, la relación de fuerzas en el Frente para la Victoria, más allá del candidato, cuenta con recursos para sostener la actual dinámica de gobernanza. Que, por tratarse del elemento singular del mercado electoral, lo hace competitivo aunque cargue con más de una década agitada en el gobierno.

A veces se presumen novedades que no lo son tanto si se las observa a la luz de las estructuralidades, que se continúan.

viernes, 9 de enero de 2015

Cuanto peor, peor

Desaconsejables como son en política los dogmas, Argentina, por suerte, y debido a que toda regla requiere de alguna fortísima excepción para ser tal, se ha nutrido de uno valioso, producto de la fractura expuesta que aún significa la última dictadura. En sintonía con el quinto mandamiento cristiano, un pueblo que durante demasiado tiempo se distrajo de esa enseñanza (tanto como lo hicieron los operadores locales de tal credo, y justamente por ello mismo) hoy puede sentirse orgulloso de exhibir una altísima intolerancia para con la violencia, más cuando hay política involucrada.

El asesinato de Kosteki y Santillán, por caso, alteró los rumbos del juego electoral tras el crack de 2001. Más acá en el tiempo, cualquier esbozo de siquiera mínima comprensión de los linchamientos que fueron debate a principios de 2014 fue a parar al tacho de la irrelevancia. Quienquiera que pretenda valerse del salvajismo como herramienta de acción corre riesgo de devenir consumo irónico.

Y ello aún cuando existen porciones significativas (no que sean cantidad en sí, sino por la calidad de tratamiento que reciben en relación al que --dado esto-- merecen) de ciudadanía que adolecen de pulsiones animalescas: eso existe, y hay que asumirlo para resolverlo. Pero, también, rápido despeñan hacia el ridiculismo, fulminados mayoritariamente como incalificables.

Una dualidad compleja e interesante, como todo matiz, con saldo felizmente positivo.

* * *

Desde esta perspectiva, la reflexión a propósito de la masacre a Charlie Hebdo no puede ser otra que la que la enunciación aquí escogida avisa. No se mata. Nada lo justifica. Toda la contextualización que se quiera y se pueda hacer a propósito de la cuestión musulmana y de la política imperial norteamericana en Medio Oriente luce, prima facie, desubicada frente a 12 víctimas de discusiones religiosas y/o políticas (que se mezclan al punto de resultar imposible discernir fronteras entre ambas) pésimamente tramitadas. Sobre todo, cuando sobran evidencias de que terminan resultando meros pretextos de meros internismos facciosos. Pero aún si se optara por la ruta analítica el resultado será el mismo: el pueblo musulmán, que es el débil en esta historia, no obtendrá de este episodio más que un incremento entre sus víctimas y pesares. 

Nada pueden aquí todos los peros que efectivamente caben al asunto principal, porque en esta ocasión sólo logran dar pasto a bestias como Marine Le Pen, quienes logran que el temor a las derivas no implique tremendismo.

Los detalles acerca de cada una de las diagonales y de los incontables particulares que se cruzan a través de este litigio, se encontrarán mejor explicados en otros lados que en este espacio, en el que apenas quisimos aparecer para reafirmar una postura que uno esperaría se convierta en algo más que pose en los centros decisorios a nivel global. Se trata, presumiblemente, de una esperanza vana. Así lo confirman los antecedentes más recientes, que de todos modos no sirven para desmentir la tesis que organiza este comentario. Así no se hacen las cosas. Quizá sea lo único rescatable de todo esto, examinado a partir del tal vez más chabacano, aunque también gratamente saludable localismo: más que nunca, Argentina mira azorada y ajena estas idas y venidas de fundamentalismos desbordados de (preocupante) inhumanidad aclimatada.

Si es que acaso uno se propone aprender aún de lo peor, téngase de esto que en un tema sensible se es ejemplo.  

martes, 6 de enero de 2015

Expediente DOS

“Cuando Clarín opera supuestos apuros en el peronismo en procura de cerrar una definición en el ex motonauta, uno puede y debe alertarse por esa manifestación de preferencias del establishment. Pero, también, comprender que se trata de una confesión derrotista del universo adversario que, convencido de que le será dificultoso vencer con candidatura propia, aspira a intrusar el elemento que presume victorioso.”

Esto dijimos el pasado 14 de noviembre, en ocasión de comentar la alternativa de un mega cierre del Frente para la Victoria, en su totalidad en torno a la candidatura presidencial de Daniel Scioli sin PASO de por medio. Raúl Degrossi coincide hoy con aquello. Clarín inauguró el año con una columna de Julio Blanck, vocería cúspide del monopolio, en este sentido.

La presidenta CFK anunció, durante la celebración por el día de la democracia, que la disputa sucesoria se organizará según la lógica de la polarización. Cuenta con recursos para forzar tal diseño. La perspectiva al interior del FpV se encamina definitivamente hacia una PASO competitiva, que ha permitido contener electoralmente la diversidad del peronismo, con el antecedente inmediatamente previo de la reconstitución jurídica de los PJ nacional y de la provincia de Buenos Aires. Estas novedades, posibles en el marco de una recuperación del control de las variables de la gobernabilidad que construyó el gobierno nacional, impactan muy especialmente en las planificaciones de Scioli.

Convencido el gobernador bonaerense, como dice María Esperanza Casullo en el último número de El Dipló, de su capacidad para fungir como punto de reunificación para el peronismo más alejado de la conducción de Cristina Fernández, jugó durante bastante tiempo a la singularidad. Pero, superada la mitad de 2014, la hipótesis de un acuerdo que lo beneficiase como postulante sin necesidad de internas, en paralelo con la consolidación --de la que pocos jugadores del tablero ocultan tener registro a juzgar por sus comportamientos-- del espacio oficialista como primera fuerza política nacional, lo indujeron a una kirchnerización creciente, en la que se destacó su encendida respuesta al programa de derogaciones legislativas masivas que todos los segmentos opositores prometen desde fines del año pasado como gracia a cambio de favores corporativos.

Se dijo que debido a consejos de Jorge Telerman; lo concreto es que se trató de una correcta observación panorámica.

Si su reciente visita a un evento del Grupo Clarín indica un nuevo giro, o no, estará por verse. Lo que en modo alguno podrá perderse de vista, a los fines de ese análisis, es que surge a partir de la resurrección de la indudable habilitación que CFK hizo a favor del método PASO como fórmula para la designación del aspirante efepeveista 2015.

Y no se trata aquí de sobredimensionar a Clarín. Como varias veces se ha dicho, aún con eso en contra, CFK revalidó en 2011 con records históricos varios incluidos. Pero una lectura fina indica aquí entender que uno de los integrantes del sujeto disruptivo del escenario político argentino, presumiblemente por déficit de construcción territorial para afrontar una primaria peronista, decide hacer un guiño hacia el territorio de una cosmovisión antagónica en la que ya varios (Maurizio Macrì, Sergio Massa y la catástrofe de FAUnen) experimentan las dificultades de la sobreoferta. Aspirando, de tal modo, al diferencial que le otorgue el triunfo a través de una sociología que, es muy probable, está demasiado sobreestimada. Y, por ende, también analizada y publicada (mediáticamente hablando, que se entienda) en exceso. 

Ya Artemio López se ha ocupado de explicar, mejor de lo que podríamos hacerlo aquí, los riesgos que suponen los intentos de seducción de lo ajeno en detrimento de la consolidación de lo propio, que es altamente estimable: 35% de piso histórico.

Por lo demás, es perfectamente entendible, válido y natural que cualquiera, no sólo el kirchnerismo, estipule como mejor le parezca las reglas de admisibilidad a su universo. No la han pasado bien, por caso, quienes han tenido gestos, no digamos amigables, siquiera de mero respeto para con la administración central. Nada quita, eso sí, que uno aspire a una competencia civilizada en lo que queda de cara a la cita de agosto próximo. El rupturismo, a esta altura, conviene a nadie.

Pero, ojo, el dato está: es la derrota de la tesis de la inevitabilidad lo que induce a las diferenciaciones en comentario.