viernes, 27 de marzo de 2015

El naufragio del nismanismo

La Sala I de la Cámara Federal porteña confirmó por mayoría el fallo del juez de primera instancia Daniel Rafecas, que negó entidad de causa a la denuncia que Alberto Nisman había presentado contra la presidenta CFK, su canciller Héctor Timerman y el diputado nacional Andrés Larroque, por supuesto encubrimiento de los dirigentes políticos iraníes acusados en 2006 por el fallecido ex fiscal de la UFI-AMIA en el proceso que instruía (con pésimo desempeño) por la voladura de la mutual judía.

La enorme dimensión de los fundamentos en que se apoyan ambos rechazos mitigan, al menos en parte, las reacciones contra los magistrados que los elaboraron. 

Si se tratara sólo de las carencias probatorias del dictamen de Nisman, seguramente estaríamos en una discusión de otro rango. En cambio, al haberse desnudado también una alarmante indigencia en la razón jurídica de la presentación, lo que tranquilamente puede abrir una vía hacia hipótesis investigativas (tanto en torno a la muerte del funcionario, como en cuanto a la trama previa que desembocó en tan triste epílogo) cuya profundización pondrían en problemas a quienes utilizaron --sin suerte-- todo este chiquero como material de construcción política, la cosa no queda más que en un berrinche contra quienes "no quieren investigar" la nada. Jorge Ballestero y Eduardo Freiler se sumaron a los previos descartes que dispensaron al tema Romilda Servini de Cubría, Ariel Lijo, Rodolfo Canicoba Corral y, lo dicho, Rafecas.

Nadie serio, en realidad, se sumó con compromiso a esta comparsa mamarrachesca en ningún momento. A los encargados formales del asunto, ya mencionados, se debe sumar las opiniones en idéntico sentido de Julio Maier, León Arslanián, Eugenio Zaffaroni y Luis Moreno Ocampo. Un arco plural frente al cual hoy sólo quedan en pie los berrinches indignados de Luis Novaresio, Joaquín Morales Solá, Déborah Plager y Paulo Vilouta, entre otros ilustres ignorantes del Derecho. Todo dicho.

La espectacularización que cada medida de prueba ordenada, de haberse abierto causa, habría implicado en la opinión pública, era el aceite con que el establishment planeaba lubricar las construcciones opositoras de cara a las presidenciales venideras.

Y no se le escapa a este comentarista que quienes, desde la vereda de enfrente al kirchnerismo, proyectan pelear la sucesión de Cristina Fernández --a la vez que el favor del circuito extrainstitucional que la adversa--, verdaderamente andan necesitados de vitaminas frente al cada vez más probable triunfo en primera vuelta del Frente para la Victoria. Máxime, en el marco de la casi segura presencia de la jefa del Estado en las boletas oficialistas en provincia de Buenos Aires; y cuando, a nada de iniciarse la campaña, todavía están en veremos con sus armados. Si la opción que eligieron para auxiliarlos era la correcta es, en cambio, un debate aparte. No parecen haber acertado. Lo cual no sorprende, siendo que hablamos de gente intrusando los negocios de la edificación política sin ni mínima noción de lo que ello supone.

Hoy despiertan del dulce sueño del ahora sí definitivo desplome final kirchnerista --que hace rato esperan como al príncipe azul del cuento--, en que ingresaron la madrugada que Nisman apareció muerto en su baño, igual que estaban entonces. O peor aún, porque en toda esta mugre perdieron dos meses, que no les sobraban, para decidirse a encarar lo que siempre esperan que les caiga del cielo: el labrado de una alternativa competitiva en términos electorales y de gobernabilidad. Incluso las consultoras de opinión opositoras comienzan a reconocer/avisar que sigue intacta en lo alto la aprobación a CFK.

Todo sigue allí, pendiente de tratamiento. A los comandos superiores de la Unión Cívica Radical les cuesta encuadrar, en los escasos territorios con que todavía cuentan, el acuerdo nacional que suscribieron con Maurizio Macrì. Al jefe de Gobierno porteño, a su vez, le ha resultado imposible la empresa de domesticar a su conducción a un error sistémico de la política de tan escasas virtudes como Gabriela Michetti. Sergio Massa, por su parte, está siendo notificado por los intendentes del Frente Renovador que lo suyo era apenas un rol de primus inter pares, insuficiente para llevarse todo por delante a su mero capricho, y se ha visto obligado a ceder poder para no perderlo todo. Para peor, no logró siquiera la incorporación de Martín Insaurralde, por cuya permanencia en el FpV nadie se preocupó en mover un dedo, lo que lo vuelve una derrota significativa.

"Lo que natura no da, Salamanca no presta", se dice para advertir a quienes carecen de talentos intelectuales. Parafraseando, cabe aquí decir que los tribunales no solucionan lo que la política resigna de sus menesteres específicos.

Una pena, para quienes se dejaron seducir, que la cara, la noche de la derrota, la tienen que poner ellos, no sus mandantes. 

martes, 24 de marzo de 2015

Los grandes derrotados

Cuando los dirigentes radicales cuya postura había triunfado en la convención nacional partidaria ni habían todavía terminado de huir de las pedradas y las corridas con que los despidió de Gualeguaychú el derrotado (por escaso) segmento que aún defiende el purismo doctrinario yrigoyenista --pese a que a eso le sobran ya más de 80 años de Historia--, la prensa opositora se apuró a calificar lo acontecido en el encuentro de la centenaria confederación como "una durísima derrota para el kirchnerismo".

Eso que, como bien dice Oscar Cuervo, ya forma parte de un reflejo automático de los comentaristas de la política nacional, inmunes a datos de una realidad que rechazan y en cambio intentan amoldar a sus frustradas aspiraciones, en este caso necesitó incluso de silenciar reproches que sonaron bien fuerte, antes, durante y después de la asamblea en la ciudad sede de los carnavales. Y que, en lo sucesivo, se traducirán en la dificultad que implicará bajar el acuerdo con el PRO a los territorios.

No se trata sólo de los pactos que previamente habían sellado con Sergio Massa dirigentes de la UCR que antes de pretender la denominación de territoriales deberían tener al menos la delicadeza de triunfar alguna vez en sus comarcas, sino de aquellos que ya hoy gobiernan en niveles subnacionales, y que a esta hora hacen oír la voz de su disconformidad.

Se ha cumplido apenas la primera semana del anuncio del loteo radical que asignó a Maurizio Macrì las mejores porciones y a Massa otras menos significativas electoralmente en el norte --donde, de todos modos, tampoco se desecha la participación del alcalde porteño--, y ya abunda información sobre desentendimientos y necesidad de paños fríos. Más allá de la licitud de la chicana, que aquí cabría perfectamente, en cuanto a lo que podría ser un hipotético gobierno conjunto si así son las relaciones ahora, lo interesante es descular las razones de refriegas tan prematuras. Nada que no estuviera previsto, forma parte del pichuleo lógico que habrá hasta el cierre mismo de listas. Por mucho que se conceda en cuanto a la carencia de alternativas potables a la opción de Ernesto Sanz, lo cierto es que Macrì obtuvo mucho a cambio de muy poco, y desde esa holgura puede condicionar los ritmos y modos de la confluencia a gusto y piacere.

Menos atención se presta, en cambio, a que el ex presidente de Boca Juniors engrosa sus pretensiones a través de referentes del propio radicalismo. Que no esperaban, ni desean, la posibilidad de concurrir a las PASO colgados exclusivamente de la boleta de Sanz, sino compartiendo ambas, lo que no se descarta, como tampoco está confirmada la interna presidencial. Previsibles dificultades que alberga la construcción de una alianza, máxime una que se encara a nada de iniciarse la campaña y que también integra Elisa Carrió. No da aún para creer que todo se vaya a caer, pero el riesgo de esterilidad existe. Dicho sencillo: que si abajo la cosa no cuaja, la disfuncionalidad trabe el trajinar de las candidaturas superiores.

Demasiado para la hipótesis triunfalista con que Carlos Pagni saludó el nacimiento del Frente Conservador: 38% potencial. Y fundamentalmente, hablamos de una asociación que apunta a un voto que ya no era, y que no será, del Frente para la Victoria, sino, por el contrario, a la elaboración de una alternativa competitiva para tales fracciones sociales, que carecían de ella.

Al costado de un camino en el que ya no quedó avenida del medio, el Frente Renovador observa todo esto mientras se desgaja en diversas direcciones. El intendente de Escobar, Sandro Guzmán, retornó al Frente para la Victoria. En un giro que anticipa a varios otros que pueden producirse en breve, y que responden a la correcta observación, que hacen varios en las filas del ex alcalde de Tigre, de una pertenencia electoral homogénea hacia el peronismo con el FpV. El contexto de polarización en que ha alumbrado una fuerza de neto corte gorila espanta a varios, a la vez que los seduce la reconstitución jurídica y operativa del PJ como herramienta electoral, tanto en su variante nacional como en la PBA. Guzmán sencillamente decidió que los desplazamientos no marchen, como advertía el general Perón, sin los dirigentes a la cabeza.

Jesús Cariglino, en cambio, enfila rumbo al PRO, confirmando la simetría en los tironeos laterales, primero; y que el convenio 2013 entre Massa y Macrì expresaba un universo común, cuyos pedazos, luego de fracturado, ahora fluyen libres. 

La mejor desmentida a la tesis de la derrota kirchnerista que se intentó dibujar a propósito de la convención radical, con tan escaso éxito como soporte argumentativo, fue el diputado nacional massista Gilberto Alegre, quien reconoció que, de aquí en más, su espacio se concentrará en su bastión fuerte, la provincia que concentra el 38% de los votantes. Esa confesión de parte es hija de otra, pretérita: el fracaso de Massa en sus numerosos, y las más de las veces contradictorios intentos de elaborar una red de distribución que lo desplegase federalmente. Como resultado de ello, agotarán sus esfuerzos en el supuesto de que un buen papel en Buenos Aires alcanzará para el balotaje. Detalle: esa hipótesis requiere, además, de tener por sentada la inevitabilidad de la segunda vuelta. Variable que escapa a la posibilidad de control absoluto. 

Azar y defensivismo. "Toda fidelización es, por definición, a la baja", como escribía Luciano Chiconi en noviembre último.
Por si todo fuese poco, la incorporación de Francisco De Narváez hizo su aporte adicional, como frutilla del postre, a los desbarajustes íntimos del FR que llevan a varios de sus referentes a la huida reclamando reglas de juego claras. Lo que resulta indesmentible es la pérdida de centralidad del concepto de territorialidad como organizador de jerarquías en el massismo. Pero la billetera colorada determina cuando el desarrollo nacional no ha llegado.

En definitiva, y volviendo al inicio, entre desinteligencias adversarias y nulidad explicativa sobre la capacidad de tales facciones para intervenir la representatividad kirchnerista, no se termina de comprender cuál habría sido la fuerte caída. 

La serenidad con que estira definiciones la presidenta CFK, entonces, y como se observa, no es inexplicable.

viernes, 20 de marzo de 2015

Maurizio Macrì y el Teorema de Baglini

El doctor Raúl Baglini es un histórico militante de la Unión Cívica Radical. Abogado mendocino, fue varias veces diputado y senador nacional por el partido boina blanca, y un cuadro político de aquellos, según la opinión generalizada entre sus colegas.

Durante alguno de sus mandatos como legislador, en 1985, mientras el entonces presidente Raúl Alfonsín se reconciliaba con lo más representativo de la doctrina radical y proclamaba la economía de guerra y el Plan Austral, desarrolló una teoría política que, de tanto respeto que ganó en el ecosistema dirigencial, se ganó la denominación de teorema. Reza así: "Cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven."

Carlos Pagni, excitado por la noticia del surgimiento del nuevo Frente Conservador (UCR-PRO-Carrió), y extrañamente poco riguroso para lo que acostumbra, le asignó a esa nueva alianza 38% de potencialidad de voto en su comentario al respecto en La Nación. Aún antes que nadie la midiese con humareda siquiera. Más moderado, al debutar esa noche en TN corrigió sus proyecciones a la baja: 35%. En ningún caso exhibió soporte argumentativo.

Promediando la semana que lo involucró como protagonista de quinchos y primeras planas noticiosas, pues a su hipotética consagración presidencial se atribuyó la decisión de la convención radical, Maurizio Macrì, quizá confiado excesivamente en los pronósticos livianos de Pagni, se sintió cómodo para ya ofrecer definiciones de Estado. Que sirven, procesadas a través de la tesis de Baglini, para explorar la mayor o menor veracidad de las predicciones del editorialista calvo. Dijo, el alcalde poteño, que, de resultar electo presidente de la Nación, desactivaría las regulaciones de control cambiario, mal popularizadas con el apelativo cepo, a veinticuatro horas de asumido. Desde el massismo, la murga mayormente perjudicada con la constitución de la nueva entente opositora, salieron a responderle con imputaciones de neoliberalismo

Viniendo esas acusaciones del Frente Renovador, mueven a la risa, pero se comprenden en la desesperación de quienes se derriten sin pausa ni remedio. Lo que debería llamar la atención del ex presidente de Boca Juniors, demasiado acostumbrado a la complicidad periodística que suaviza su tradicional ligereza opinativa, es que su mayor referencia económica, Carlos Melconian, se sintió en la necesidad de, por lo menos, relativizar (por no desautorizarlo) los enunciados de su conductor.

En realidad, la remoción del cepo puede, en lo legal, darse el mismo día del recambio presidencial, si se quiere. 
Ése no es el problema. De ahí a creer que, sólo por eso, se podrá comprar dólares sin complicaciones de nuevo, hay un largo trecho. Pues se ajustaría, en vez de por cantidad --dispuesta estatalmente-- como ahora, por precio. Es decir, no se estipularían cupos de compra y venta, pero aumentaría su cotización, a alrededor de $14,30 (hoy; sin control, Dios mercado proveerá). Y entonces no habrá limitaciones legales, pero es todo un acertijo a cuántos les alcanzará para comprar "todo lo que quieran", como pretenden. Con el agravante del mayor impacto que en términos de precios (por el efecto devaluatorio que automáticamente sobrevendría) y reservas (hasta que se calzasen con los ingresos por exportaciones según el nuevo esquema), en una retroalimentación peligrosa, supondría en relación a la situación actual, aceptemos que no ideal.

La conmoción en las arcas del BCRA que tal ejecución drástica implicaría se soluciona rápido y sencillo: endeudamiento. 
De ahí que no puedan tomarse en serio las réplicas de los economistas de Sergio Massa, quien promete lo mismo que Macrì en cuanto al dolar, sólo que en plazo de 100 días desde celebrada la cita electoral de octubre. Insuficiente para otra cosa que el acuerdo de un crédito externo que lo habilite. Disidencias, pues, cosméticas, entre una y otra propuesta.

El debate económico --para el cual, además, no tenemos la suficiente cualificación-- nos resulta, de todas formas, el menos interesante. Antes bien, conviene atender al dilema político que tenemos entre manos. Desistiendo el Estado de sus potestades regulatorias, o bien operándolas a favor de las pretensiones de los sectores más favorecidos de la trama socioeconómica, la controversia tiene casi nada de auténtica. A favor del PRO, eso sí, la sinceridad del senador Diego Santilli, quien a propósito de este asunto explicó que es prioridad de su espacio la desaparición del cepo. Con ese dictamen sí resulta posible polemizar, en tanto reconoce no colocar en el centro de sus preocupaciones el bienestar ciudadano en sí mismo, sino una cuestión cuya carencia de perentoriedad difícilmente podría ser desmentida.

Macrì ingresa a fase proselitista con el acierto de interpelar con fidelidad a sus bases de sustentación más convencidas: el Círculo Rojo, que se congregó en una cena, el último martes en la Sociedad Rural Argentina (cero azar en los detalles), para aportar fortunas al ejercicio divulgatorio que se avecina, en una maniobra que intenta saltar por encima de las estipulaciones fijadas en este sentido por la ley que rige las competencias electorales a nivel federal. El establishment hizo pública, así, su decisión en cuanto al trámite sucesorio. Nada que no se supiera. Y el elegido responde consecuentemente a esa ratificación de confianza. Pero conviene no distraernos, y retomar el intento de dilucidar la probabilidad de la apuesta de Pagni.

En realidad, para no imitar la levedad del analista --que, se insiste, acá nos sorprendió--, lo acertado es dejar todas las puertas, al menos, entornadas. Pero la sentencia de Baglini, de acá en más, latirá fuerte en el archivo declarativo del candidato del Frente Conservador. Mientras tanto, mejor atender a ciertas estructuralidades del voto en Argentina. Al ya tantas veces aquí aludido piso histórico del Frente para la Victoria, ayer Nicolás Tereschuk nos recordaba que, en un contexto socioeconómico dramático, y con una Unión Cívica Radical todavía potente, el peronismo obtuvo en 1999 nada menos que... 38% de los votos. La cifra con la que Pagni, ¿voceando a operadores nosiglistas?, se animó a soñar en voz alta para el nuevo conglomerado.

Eso sí: a la hora en que acá divagamos, jefes conurbanos con experiencia en olfato de estas situaciones emprenden retornos.

martes, 17 de marzo de 2015

El Frente Conservador

Resulta difícil encontrar ángulos novedosos desde los que comentar un acontecimiento cuya previa ya había sido excesivamente explorada. La convención nacional de la UCR, como se preveía, decidió una alianza nacional con el PRO y la Coalición Cívica.

Esto, en buen romance, equivale a que los segmentos más relevantes del todavía vigente aparato territorial del radicalismo se pondrán, de cara a las próximas elecciones presidenciales, a labrar la candidatura de Maurizio Macrì. Con el objetivo de amplificar la significación institucional de esa maquinaria en el nivel federal, que desde la renuncia de Fernando De La Rúa durante el crack sistémico del año 2001 ha disminuido dramáticamente. Lo que derivó en deformaciones profundas del sistema político nacional, cuya condición misma de tal, por períodos, cuesta no poder en duda, si se lo estudia desde los parámetros locales históricos.

Andrés Malamud fue categórico a estos respectos: el radicalismo aspira a ganar... ¿en 2019? Para eso necesita, antes, fortalecerse desde abajo: bloques parlamentarios numerosos y, sobre todo, gobernaciones, siendo que hoy el partido se trata más bien de una confederación de intendentes. Beatriz Sarlo no comprende la hiperfederalizada política argentina, en la que, como bien explica Manolo Barge, la condición mayoritaria surge de la capacidad de articulación de minorías. Por eso criticó la incidencia municipal en este acuerdo. No obstante ello, la pensadora plantea un expediente a resolver.

Eduardo Fidanza fundamentó el sábado último en La Nación que la campaña venidera esté condicionada por el peronismo en el arraigo ciudadano que ha edificado el programa estrenado en 2003. Carlos Pagni entiende que la hegemonía kirchnerista ha estado en parte basada en la desaparición de antagonismo político que sobrevino de la pérdida de competitividad radical a posteriori de la gestión De La Rúa. Ha existido, en efecto, una especie de vacío conceptual alternativo a la cosmovisión kirchnerista desde inaugurado el vigente ciclo de época en 2003. Aquí, entre varios otros lados, hemos aventurado que en esa oquedad estuvo dada la razón de los cacerolazos 2012/2013, de fortísima intensidad. (Más: 1 y 2)

Dadas las distancias que marcó la presidenta CFK con su triunfo 2011, decrecieron las expectativas de recambio institucional, dando paso a la acción directa como método de encaje de demandas en la agenda pública, por omisión representativa.

Durante algún tiempo, pareció posible que el surgimiento de Sergio Massa solucionara el déficit, a través de la construcción de lo que, se suponía, podía resultar una nueva mayoría entre sectores adversos al programa oficialista y otros que sólo demandaban correcciones no esenciales a la gestión. Pero ese armado, que consiguió éxito en su debut, fue eficaz para una elección legislativa, en que las renovaciones son menores. En el contexto del recambio ejecutivo que se avecina, naturalmente más polarizado, los tironeos sectoriales dificultan las perspectivas de caminar la cada vez más angosta avenida del medioMáxime en el marco de una experiencia como la actual, que ha levantado erupciones en el establishment porque entre 1976 y 2003 se habían acostumbrado a que la institucionalidad se diseñara para exclusivo amparo de su rentabilidad. 

El kirchnerismo rechazó renovar ese contrato de gobernabilidad, constituyendo el suyo con bases populares. Esto puede sonar romántico, pero es lo que explica sus aún altísimos niveles de adhesión pese a cargar con una década de poder a cuestas.

En definitiva, la entente UCR-PRO, que había sido preludiada por la foto entre Elisa Carrió y el jefe de Gobierno porteño, viene a ocupar el rol de adversario modélico, hasta aquí vacante, disfuncionalidad que impide la dialéctica del juego político negociado, toda vez que si no existe disenso más que por modos y demás banalidades, tampoco habrá la necesidad de transar posiciones, que en tal caso no existiría más de una. La euforia de los mercados, que explotó inmediatamente después de conocida la decisión de la convención radical, otorga pauta acerca de su carácter ideológico. Ernesto Sanz no tiene empacho en reconocerlo: vamos contra el populismo, dijo. Ni tampoco Macro ni Carrió, cuyo entendimiento calificamos en su momento, lisa y llanamente, de antiperonista; un ineludible requisito de pertenencia a este universo.

Claro que ninguna de estas disquisiciones tiene viabilidad, contestando a Sarlo, si se carece de una organización territorial que las sustente en una competencia que se desarrollará en un país de enormes dimensiones y multiplicidad de realidades. A esos fines lo apuntado por Malamud que referenciamos ut supra. Se trata de dos diagonales que se cruzan convenientemente, con el rebrote de la coloratura conservadora que la muerte de Alberto Nisman catalizó en la escena del ya célebre #18F. Y que encuentra en el hijo de don Franco Macrì una síntesis casi insuperable en términos de popularidad y pertenencia a las apoyaturas materiales de la liga. El radicalismo encara una marcha hacia ese ecosistema doctrinario con la mayoría de sus territoriales como propulsores. Conviene recordar el rol de la UCR durante la protesta de la patronal agraria en 2008, y la recepción que hizo el partido de referentes sectoriales que se transplantaron a la acción política. 

El agronegocio es otro ingrediente del caldo en que se termina de cocinar esta conversión, que quizá no lo sea tanto, dada la pertenencia mayoritaria de los alcaldes radicales a las comarcas del interior en que se desarrolla este fenómeno.

Horacio Verbitsky efectuó, a propósito de la marcha de los paraguas, una correcta alusión histórica en cuanto a nuestra secular carencia de una expresión democrática formal de los intereses del bloque de sectores dominantes de la sociedad. El surgimiento de una variable que repare esta rareza no puede dejar de celebrarse cuando se recuerda que fue la causa de la salida militar por más de cinco décadas. Claro que nada puede ser ordenado tan estructuradamente en nuestra realidad sociológica. Concédasele a Sarlo que, a tres meses de los cierres de listas, es demasiada tarea la de erigir tanto como una fuerza nueva. Es el inicio, pero la revitalización de la UCR es imprescindible para ello.

Massa funcionará como auxilio marginal de la fase instrumental que aspira a incrementar las bases gobernantes del partido que fuera de Leandro N. Alem y de Hipólito Yrigoyen en algunas provincias del NOA. Lo cual nunca estuvo en duda, excepto en el relato disimulado que intenta el massismo digital desde la paliza que ocasionó la exclusión sanzista. La PMDBización estaba a salvo en un debate inconcebible, en que el mayor dilema era si la incorporación de Macrì se daba en soledad o con la participación además del ex alcalde de Tigre en esa PASO. Mientras algunos actuaban desconocer el pensamiento de un espacio con el que compartieron votaciones legislativas --y no sólo eso: actuaciones tribunalicias también, por caso-- casi en su totalidad, seguramente para aspirar a un triunfo allí sobre sus hipotéticos adversarios extrapartidarios a partir de la mayor fortaleza del despliegue de las boinas blancas operada sobre la división ajena. 

Vale reiterarse aquí: no entraban todos, porque se dificultarían los cierres subnacionales, que es donde se trabaja el comicio. Por otro lado, había que tentar a los pactistas con expectativas de triunfo, que en una megaconfluencia se debilitarían.

Sanz asume que el ideario progresista, que la minoría de sus correligionarios todavía agitan de modo inverosímil considerando los antecedentes recientes de sus propios desempeños, es parte de un pasado demasiado lejano, que se remonta al fallecimiento de Yrigoyen, episodio al que le siguió la huida de sus trozos populares hacia una deriva que terminaría en su convergencia hacia el peronismo originario. Que más tarde se extendió en equilibrios inestables que produjeron varias rupturas internas entre una mimetización con el justicialismo del programa de Avellaneda y las relaciones pecaminosas con las sucesivas dictaduras, que no proscribían a la UCR y, más, se servían de sus integrantes para los equipos de gobierno. El alfonsinismo representó una aspiración cívica que de popular no tuvo más que discurseo y un plan económico que, a la distancia, poco tuvo que envidiar a los de Domingo Cavallo más que la eficacia, que no repitió en la Alianza. 

En la incapacidad para ubicarse debían rastrear las razones de la prevalencia electoral histórica del peronismo. La otra admisión es la captura que ya de hecho hizo Macrì de lo que alguna vez pudo considerarse voto tradicional del radicalismo, dato que se verifica en CABA, Santa Fe, Córdoba y Mendoza: 29% del padrón nacional, suficiente contundencia demostrativa.

Se trató, en resumidas cuentas, de abandonar la pelea contra la física, y avanzar hacia la ocupación de un desierto.

viernes, 13 de marzo de 2015

Hágase la paz

Dijimos aquí más de una vez que cuando el establishment manifiesta su obvísima preferencia por Daniel Scioli en la interna del Frente para la Victoria, uno puede y debe alertarse por esa manifestación de impugnantes del programa oficial. 

“Pero, también, comprender que se trata de una confesión derrotista del universo adversario que, convencido de que le será dificultoso vencer con candidatura propia, aspira a intrusar el elemento que presume victorioso.” En algo de eso anduvimos, de nuevo, esta semana. Cada tanto rebrotan las intromisiones de personajes menores, considerados desde la perspectiva del ecosistema peronista, en la relación que la presidenta CFK mantiene con el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Acéptese que no idílica.

Tan desopilante fue este último episodio que casi se apagó sin haberse encendido. La versión de una hipotética intervención del PJ para colocarlo al servicio del ex navegante a motor involucró a un jubilado como Eduardo Duhalde y a los pintorescos José Manuel De La Sota y los hermanos Rodríguez Saá, que de tanto que alambraron sus territorios contra cuerpos extraños a la vez tampoco consiguen extenderse fronteras afuera de allí, deviniendo delirantes sus intenciones presidenciales.

Como era presumible, Scioli, en persona, salió a despegarse de la movida. A su estilo, que no es el de aludir directamente los asuntos. Pero ratificó fuertemente su alineamiento con Cristina Fernández, en línea con el rediseño que dispuso en su hoja de ruta promediando el año pasado a raíz de una observación de las estructuralidades políticas de la hora, en que el kirchnerismo organiza la disputa electoral y, sin mayores dificultades, domina el tablero.

El problema en cuanto al sciolismo son ciertas figuras del entorno que insisten en su disparatado intento de convencer al ex vicepresidente de correr por fuera del FpV-PJ, lo que en su afiebrado e ignorante entendimiento acrecentaría sus chances.

Es muy probable que haya sido desde ese segmento del pequeño edificio que acompaña a Scioli que se alimentaron las versiones, y hasta quizá también ciertos actos preparatorios tendientes a la concreción del plan de fuga hacia desiertos opositores. Lo preocupante es que esta vez se plegaron los referentes anaranjados más sensatos a estas poco dúctiles maniobras, en su caso en torno a la disputa verbal que plantea, en el marco de las PASO que se avecinan, el otro candidato kirchnerista, Florencio Randazzo. Quien --dicho sea de paso-- también debería reconsiderar sus niveles de embestida verbal, en tanto ello supone una desinteligencia de cara a lo que le esperaría en octubre en caso de triunfar en la competencia doméstica. Con buen tino y con buen todo, CFK aplicó paños fríos a ese duelo haciendo equilibrio entre ambos.

Cada uno de ellos tendrá sus razones para semejantes reacciones. Ninguna, sin embargo, alcanza para justificarlos.

Si de la pretensión corporativa de mojar el pancito en el caldo oficialista se puede adivinar su prevalencia en la perspectiva comicial que se avecina, de la especie que involucraba a Duhalde y demás gerontes conviene extraer el reconocimiento de la aún vigente importancia operativa del PJ, que prueba el acierto del FpV en la apuesta a por su reorganización luego del resbalón 2013, que evitó que pase a mayores el garrochismo hacia el entonces triunfante Frente Renovador.

Pero los chispazos entre Scioli y Randazzo deben ineludible y urgentemente convocar a replanteos tácticos. Además de lo dicho arriba en relación a la necesidad de sumar en una coyuntura más estrecha que la de hace cuatro años, lo que muy difícilmente podrá prosperar desde la fragmentación del espacio propio; asoma una cuestión de enorme relevancia cuando se estudian las diferencias relativas entre los distintos actores en pugna: el FpV puede exhibir como capital político su sólida construcción en materia de gobernabilidad, que le ha habilitado 12 años de duración, impensables cuando alumbró, a partir de la mega crisis de 2001 que desfiguró gravemente el sistema de partidos nacional, drama sin solución al día de la fecha.

Flaco favor se hacen a sí mismos el gobernador y el ministro si insisten en disputar a Macrì y a Massa la sección noticiosa de escándalos, que la oposición viene regalando como materia de comentario hace meses. No pasa por evitar la puja, que de hecho es presumiblemente un objetivo de Cristina Fernández como maniobra dirigida a concentrar los focos de atención en su fuerza, sino de la forma en que ello tramita. En la misma escena del llamado al orden que efectuó a su tropa la presidenta de la Nación estuvo Mariano Recalde, pre candidato del peronismo en la interna del FpV porteño. Un examen profundo de las razones que lo depositaron en ese sitio excede espacio y propósito de este post. Queda para mejor oportunidad. 

Pero convendría prestar atención al nivel de consenso que reúne un dirigente con ya años de gestión exitosa sobre el lomo en Aerolíneas Argentinas, y que puede ser considerado, al mismo tiempo, como expresión del proyecto en el ámbito de la militancia juvenil y universitaria, del movimiento obrero organizado y del PJ-CABA. Algo tendrá que ver él en todo eso. Más allá de la seguramente determinante predilección de CFK por Recalde, esta postulación es hija de situaciones previas: la multiplicidad y pluralidad de apoyaturas que ha cosechó antes de ser consagrado, y por cuya contemplación prevaleció por sobre Juan Cabandié, otro camporista, incluso de mayor recorrido que el abogado laboralista en el escenario local. Lo que demuestra que no basta con la pertenencia a la agrupación que conduce Máximo Kirchner.

"Ni sectarios, ni excluyentes", enseñó el general Perón. Bueno sería que todos los presidenciables lo tuviesen en cuenta.

lunes, 9 de marzo de 2015

Goteras rumbo al 14/03

Cuando hicimos mención, en nuestro último post, de un tweet de contenido altamente inflamable de Néstor Sbariggi, pretendimos dejar abierta la puerta de varios debates. Esto escribió el Ingeniero: "Fuentes bien informadas dicen que han medido cuanto voto del FR iría al FpV en el caso de que SM no entre a la 2da vuelta y les da un 70%."

Hace un par de semanas, Ignacio Zuleta contaba en Ámbito Financiero que Ernesto Sanz intentaba --todavía así era por entonces--, junto a otros de sus correligionarios, convencer a Maurizio Macrì de la necesidad de contener a Sergio Massa, dado el riesgo de, intuían bien, retorno de sus votos 2013 al Frente para la Victoria --el jujeño Gerardo Morales y el mendocino Julio Cobos aún insisten, cada uno por sus propios motivos, en esta tesis--. La 'interna amplia', comprensiva de ambos ex intendentes (tanto el de CABA, como el de Tigre), era el último grito de la moda. La PMDBización, tantas veces aquí comentada, que aspira a extender la actual escasa influencia territorial/institucional de la UCR, herencia del crack 2001 como expresión de la fractura del sistema de partidos que de ello se derivó, y de la que aún no hay signos de recuperación.

Sanz ha, por lo menos, matizado aquella postura, y hoy camina hacia la convención del próximo 14 ya casi totalmente despreocupado de la suerte de Massa. Que sirve, apenas, a sus colegas aspirantes a gobernador en las provincias del norte argentino, actualmente bajo sólido dominio del peronismo. El voto que otrora se pudiera considerar radical ya es de hecho afin al PRO, a estar por el desempeño que amenaza el ex presidente de Boca Juniors en distritos en los que tradicionalmente se desplegó con mejor suerte el partido de las antiguas clases medias. Y el Frente Renovador se edificó, en parte, a partir del acompañamiento de importantes franjas que en 2011 fueron de la presidenta CFK. 

El senador amigo --así se ha definido él mismo-- del dirigente de Techint Luis Betnaza, a la sazón jefe de la confederación en que ha mutado lo que fundara Leandro N. Alem, sencillamente asume estos datos a la hora de diseñar su planteo electoral. 

Cuando se acepta que los hechos, la mayoría de las veces, se independizan de los deseos, se los administra mejor. 

La fórmula que compatibilice los requerimientos de todos quienes alegan peso en la UCR podrá discutirse y, eventualmente, casi sin duda, solucionarse. Máxime cuando se trata de un espacio en el que, tribunerismo al margen, hace rato que lo programático-ideológico ha resignado preponderancia. Debe aceptarse que el cóctel resulta de dificultad superlativa cuando se consignan las escasas destrezas de los dirigentes en cuestión, los ingobernables caprichos de los intereses que impugnan al kirchnerismo --y que resultan de vital importancia para sustentar a las formaciones opositoras tras el estallido neoliberal en el epílogo delarruista antes comentado-- y la fortaleza que exhibe el oficialismo más allá de los 12 años que carga a cuestas.

El límite de la megaconfluencia, dijimos varias veces, es el cuello de botella en los niveles subnacionales. No ignoran eso, ni la pertenencia de sus votantes, varios intendentes del Frente Renovador. Las PASO pueden auxiliar en la corrección de estos embrollos, pero no hacen magia: se imponía, antes, la confección de un tejido que fuera capaz de articular tanta disparidad. Semejante tarea sólo es posible mediante acción política metódica, que siempre despreciaron. Nunca se sabe, claro, pero da la sensación que, a tres meses de los cierres de listas, ya es demasiado tarde para otra cosa que fidelizar roles. 

En la edición del domingo del diario Clarín, Eduardo Van der Kooy aceptó tanto que la denuncia de Alberto Nisman a Cristina Fernández y compañía por encubrimiento en el caso AMIA carece de seriedad judiciable, como que no existen elementos serios con los que imputar al oficialismo en la posterior muerte del ex fiscal. Pese a ello, sostiene que la mancha de la causa afecta al kirchnerismo. Pocas horas antes, y a raíz de la débil formulación en sociedad de la exposa de Nisman, Sandra Arroyo Salgado, de una hipótesis contradictoria con la que se supone guía la pesquisa oficial en base a la información que con dudosa seriedad extrajo de la pericia que le corresponde como querellante, el cronista del Operativo Independencia Joaquín Morales Solá se atrevió a amenazar que el gobierno nacional debe dar cuentas por el deceso del funcionario.

¿En razón de qué tanto escándalo en torno de la presidenta de la Nación con tan poco soporte argumentativo? Fácil: a los fines de tapar los incontables baches de que adolecen los antagonistas que dicen proyectar la sucesión de CFK.

De no ser porque, hasta donde se sabe, no podrán contar con la presencia de Arroyo Salgado en las boletas, sería buena idea.

viernes, 6 de marzo de 2015

El candidato es el proyecto

La candidatura presidencial del oficialismo será el tema principal del recorrido 2015; antes, durante y después que se defina la estrategia de designación.

Una pregunta organiza la cuestión. La que indaga en cuanto a las características que debiera exhibir el postulante para que la oferta sea destacada. Entre la enorme multitud que copó Plaza Congreso para el acto del 1° de marzo se destacó una bandera, que en realidad ya hace tiempo decora las concentraciones kirchneristas. “El candidato es el proyecto”, reza. A su vez, el cancionero popular de la militancia oficialista viene pidiendo la reelección para, justamente, “el proyecto”, luego del borom bom bom. No se trata de negar que existen todavía ciertas dificultades en cuanto a la selección en comentario.

Pero las alusiones al programa de gobierno en modo alguno suponen apenas una cortina que intenta disimular carencias de electorabilidad en los segmentos más comprometidos con la conducción de la presidenta CFK, como sostienen equivocadamente algunos formadores de opinión que jamás han asomado sus narices más allá de la avenida General Paz.

Siempre ha sido ésa la única condición que ha regido en el Frente para la Victoria para habilitar la pertenencia al espacio.

En cualquier caso, resulta útil, a los fines de despejar la incógnita planteada, hacer un poco de repaso histórico. Remontarse a la campaña que precedió a las elecciones legislativas del año 2013 en provincia de Buenos Aires. Más específicamente, al giro que hizo Martín Insaurralde entre su derrota en las PASO de agosto y la posterior en las generales de octubre, ambas a manos de Sergio Massa. Fue uno para el primer caso, otro luego. Discursivamente, que se entienda. Fidelizado a pleno con la retórica tradicional, inicialmente; perseguidor de ciertos aspectos de la propuesta massista, opositora, después. Con la referencia a la promesa de bajar la edad de imputabilidad como el más doloroso ejemplo de la mutabilidad a que recién aludíamos.

¿Qué enseñaron aquellos resultados? El Insaurralde más kirchnerizado clavó en las PASO 30% de los votos después de haber despegado desde alrededor de un 80% de desconocimiento. Es decir, reflejando casi entero el piso legendario del FpV, fijado por la candidatura de Néstor Kirchner en PBA en el año 2009, cuando fue derrotado por Francisco De Narváez (32% provincial, 35% nacional, aproximadamente). A posteriori de ello, desconcertado gravemente por su incorrecta lectura de lo que había sido un buen trabajo a pesar del segundo puesto, el intendente de Lomas de Zamora jugó a copiar los aspectos adversativos de la apuesta de Massa. Sin advertir que el marido de Malena Galmarini había dibujado, sí, una opción para atraer competitivamente al voto más radicalmente antikirchnerista, pero a partir de, antes, quebrar la sociología que había levantado a cifras astronómicas a Cristina Fernández en La Mazorca apenas dos años antes.

Dicho sencillo: tenía lugar para crecer hacia la recaptura de descontentos del bienio errático 2011/2013, que en modo alguno podían considerarse irremediablemente perdidos. Pero prefirió apostar al núcleo duro gorila. Demencial. No debe sorprender a nadie, entonces, que de cara a los comicios definitivos su acompañamiento casi no haya registrado variaciones.

Sobran quienes, en los últimos tiempos, "recomiendan" al kirchnerismo recostarse sobre la hipotética mayor capacidad de Daniel Scioli, respecto de sus contrincantes en la interna del FpV-PJ, de atraer voto independiente. Sobre la base de dar por sentado que 2009 y 2013 representan el techo y no el piso del dispositivo oficial. Los datos arriba analizados, se insiste, desmienten esa tesis. El consejo, pues, persigue el interés de confundir a la fuerza inaugurada en 2003 con los corrimientos hacia allí donde ya abundan alternativas con Maurizio Macrì y Massa. Para peor en este caso, porque estamos ante una elección ejecutiva, en esencia más polarizada que una de medio término. Y que esta vez lo será especialmente, como de sobra venimos comentando acá hace ya meses. El establishment ya ha decidido acompañar al jefe del PRO.

Conviene examinar, en este mismo sentido, el descuadre que sufre el ex intendente de Tigre en tal coyuntura luego de habersele vuelto imposible domesticar el equilibrio centrista que en principio intentó edificar. Hoy lo eluden tanto quienes aspiran a un cambio como aquellos que desean la continuidad, porque a ninguno logra expresar fielmente.

Luego de largo rato de intentar respecto de Macrì lo que antes Insaurralde experimentó sobre él, ahora lo denuncia por neoliberal. Recalculando. No logró soslayar, como supuso, el eje (continuidad/cambio) que organiza toda disputa de este tipo.

Es evidente que el propio Scioli ha comprendido estas profundas estructuralidades políticas, de las que resulta difícil colocarse al margen. Sobre todo para alguien como él, que carece de construcciones propias considerables que lo habiliten a operarlas. Al final del camino, se verifica que su necesidad de apoyaturas, que lo lleva a aspirar a la consagración del dedo cristinista para heredar la escena del #1M como sustento de su emprendimiento electoral (y más allá, también), le impone el diseño de mensaje, cada vez más en dirección a la significación kirchnerista que espanta a quienes pretenden seducirlo con el centrismo desde veredas opuestas. Debe acelerar en esto, porque sus rivales efepeveistas lo aventajan todavía. La insinuación en contrario implica el deseo húmedo corporativo: la desaparición del kirchnerismo; en esta variante, por efecto de mímesis.

Mientras esto se escribía, el amigo Néstor Sbariggi publicó un tweet que nos facilita el cierre y resume. Esto sucede.
(Esta historia continuará. En todas las acepciones que de esta frase pueden imaginarse. Porque hace falta. E ídem en bis.)

lunes, 2 de marzo de 2015

Inconmovible y polarizada

“(…) el discurso de la jefa de Estado (…) que tiró a dos bandas sobre la coyuntura del juego político, intenta intervenir lo que será la dinámica del debate por la sucesión 2015. No fue casual que Cristina pusiera en palabras el recorrido del proyecto político inaugurado en 2003 por Néstor Kirchner. No suponía mera recordación histórica: instrumentó conceptualidad para la discusión que nos envolverá durante los próximos meses. (…) Para empezar, delimitó los contornos según los cuales aspira a que tramite el asunto: esto es, polarización. (…) Dividió el territorio a través del programa que enunció, advirtiendo que no existe margen más que para tomarlo o dejarlo, en bloque. Como paquete cerrado. No hay en disponibilidad gran número de variantes, agregó. Recogiendo el ejemplo de las elecciones presidenciales en Brasil de este año en las que fue reelecta Dilma Rousseff, que discurrieron de tal modo. (…)”

Esto decíamos el pasado 15 de diciembre para comentar las palabras que pronunciara la presidenta CFK en ocasión de celebrarse el día internacional de los DDHH. Y, en verdad, a propósito de su alocución de ayer, hay poco para agregar a aquel post, que bien podría copypastearse entero, pues en esencia el mensaje no ha variado.

Ahora bien, con no haber alterado la sustancia de su alegato, en verdad Cristina Fernández construye, dado el contexto, una escena novedosa, tirando a frustrante por el desconcierto que implica para quienes después de casi 12 años de analizarla en la conducción del gobierno nacional todavía no la conocen. Lo que, de seguro, se debe a que la estudian según sus propios deseos, que no a través de los duros (para ellos) datos que ofrecen la realidad, en general; y ella, con su accionar, en particular. Dicho sencillo: si luego de 45 días de enturbiada la esfera pública con la utilización política (adversativa) que se intentó del caso Nisman, Cristina no se ha amilanado, sino más bien todo lo contrario --pues ayer se exhibió firme en sus trece--, estamos ante una originalidad. Lo que ha precedido al kirchnerismo habría hecho esperable ya una capitulación.

En realidad, lo sorprendente a esta altura resulta la insistencia de quienes, parados en la vereda de enfrente al kirchnerismo, no se deciden a hacer política para intentar derrotarlo, y en cambio se refugian en operaciones cloacales. Por aquellos días, resonaban todavía los ecos de la embestida de Claudio Bonadío en Hotesur. Y la respuesta que obtuvieron fue idéntica. Albert Einstein enseñó que es locura hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Porque resultó ser que en la lengua de Cristina no hubo pelos ni siquiera para expedirse sobre la trama del encubrimiento de la causa AMIA que está próximo a juicio oral, con el revuelo global --que la intervino y enchastró-- que tal versión entraña. Extendiéndose, incluso, al anterior atentado a la embajada de Israel en Argentina, que también está impune todavía.

En definitiva, CFK notificó que en el sostenimiento de la gobernabilidad hasta agotarse el último suspiro de su mandato --lo que depende de la actitud y aptitud en su proceder en el cargo-- cifra las posibilidades de éxito de la fuerza que conduce, y que relució ayer en todo su esplendor con una movilización que superó al opositor #18F. Pero el dato fundamental no es el cuantitativo sino el cualitativo: el #1M escenificó que la representación del Frente para la Victoria ya está constituida y sólo aguarda la señal de largada rumbo a las PASO, en tanto los marchantes de los paraguas tienen pendiente todavía nada menos que una edificación que los canalice institucionalmente --para evitar diluirse--, cuando estamos a, apenas, algo más de tres meses de la definición de listas. Para colmo, la Presidenta ¿anunció que estará en las boletas?

"Cristina no será sólo referencia de consulta durante los próximos cuatro años, sino líder en ejercicio de una coalición en aptitud de condicionar. Cuestiones que aquí ya hemos comentado, se trata de poner en valor la capacidad de apoyatura que todos los precandidatos presidenciales del peronismo aspiran a heredar." Copiar/pegar, aquí, de nuevo.

La frecuente vitalidad de estas multitudes deja en ridículo a quienes pretendieron atribuir su constancia a Daniel Rafecas. 

La enorme capacidad de articulación de la oratoria cristinista sirvió nuevamente para multiplicar objetivos cuando anunció el envío de un proyecto de estatización ferroviaria. Por empezar, apuntala así a Florencio Randazzo en su competencia interna con Daniel Scioli, que presumiblemente aún lo aventaja, para equilibrar esa disputa y concentrar allí la atención pública. Por otro lado, refuerza la contienda modélica en un hilo argumentativo que engarza la recuperación industrial y del empleo, la apuesta al consumo interno, el reconocimiento de cobertura social y la inversión en infraestructura que sustente todo esto, que se ha acelerado en el último tiempo; en la trama, a su vez, del giro geopolítico que explora Argentina por las implicancias que sus renovadas aspiraciones suponen y requieren. Así expuesta, la pieza dialéctica aspira a plantear que existe poco margen para el hibridismo: los debates próximos deben matizar los beneficios de inventario.

Por último, reconoce que la polarización tendrá lugar, no sólo porque ésa es su preferencia, contra el espacio de Maurizio Macrì. Lo que la hará más nítida y sincera. Así se desprende del contenido de la humorada que, en un pasaje de su informe, mantuvo con el jefe de los diputados PRO, Federico Pinedo. Refrescante para la atmósfera espesa en que andamos.

Pero convendría a los dirigentes opositores abordar de una buena vez la construcción política seriamente, y las derivaciones que, es natural, de ello se desprende. Incluida --por supuesto-- la definición de posicionamientos en relación a distintos aspectos de la agenda programática en curso. Dado todo esto en el marco de un antikirchnerismo que no alcanza para triunfar en las urnas, y que entonces convoca al esfuerzo de compatibilizar la necesidad del voto que no es plenamente refutatorio de lo actuado en la última década y monedas, con las apoyaturas, vitales habida cuenta la desestructuración partidaria que heredamos del crack de fines del año 2001, que ofrece el establishment para viabilizar una candidatura nacional. 

Esa empresa conlleva más que el cándido evangelio que promete terminar con la grieta y profesionalizar lo bueno. Deberían, a fuerza de ser sinceros, agradecer el consejo que Cristina Fernández les ofrendó al llamar la atención respecto de la comodidad. Lo que, razonablemente interpretado, insinúa la alta vara de una sociedad que egresa de este ciclo mejor de lo que ingresó. Con el obvio reverso de las dificultades gubernativas que ello impondrá. 

"Demasiado firme sostiene todavía el timón la que, dicen, va de salida y ya no cuenta, pero que no deja de hacerlos bailar." 

Con esa frase cerramos aquel texto, hoy varias veces referido. Y no encontramos motivo para no repetirnos.

sábado, 28 de febrero de 2015

"Yo soy Nisman"... pero, Nisman, ¿era Nisman?

El decisorio de Daniel Rafecas en rechazo a la denuncia que el fiscal Alberto Nisman presentó en enero pasado contra la presidenta CFK asesta un golpe durísimo para las expectativas que guardaban el establishment respecto de su instrumentación política.

La reacción de las primeras horas, el carpeteo contra el juez, era cantado. Y tiene la virtud de graficar perfectamente el enojo que produjo con su sentencia. Pero tampoco el oficialismo ha calibrado muy bien todavía las implicancias del tipo de rebote que dispensó Rafecas al mamarracho firmado por Nisman. O, por lo menos, no se desprende ese correcto entendimiento de las primeras manifestaciones públicas que se han conocido de varios importantes referentes del kirchnerismo.

La referencia a la rúbrica del ex jefe de la UFI-AMIA que se hace en el párrafo anterior es absolutamente deliberada.

La primera vez que escribimos sobre el fallecimiento de Nisman aquí, coincidimos, aunque con matices, con Martín Rodríguez y Horacio Verbitsky en cuanto a sus respectivos llamamientos a alejarse de la conspiranoia. Sin correrse un sólo milímetro de aquel posicionamiento, corresponde sí readecuarse en función de los elementos que ofrece el veredicto de Rafecas. Porque, producto de un minucioso examen de cuanto elemento haya circulado en torno a este asunto --no sólo los específicamente jurídicos-- que es, convoca, ahora sí, a indagar a fondo en cuanto a la verdadera autoría del dictamen póstumo.

Ya no se trata sólo de la desmentida rotunda del ex jefe de Interpol, Ronald Noble, ni de las cuestiones técnicas que impedirían en cualquier caso comerciar el petróleo crudo que Argentina no necesita. Y ni siquiera resulta fundamental lo relativo a las carencias probatorias de la acusación. La gravedad está en el razonamiento jurídico de la misma: su ausencia. Una que, al decir de Borges, es una presencia absoluta. A descifrar, en este caso. Rafecas se permite a propósito exhibirse con lenguaje de asombro en su sentencia, para exponer en toda su dimensión el volumen de la trama ante la que estamos parados. Se reitera algo ya dicho: no más que para abrir vías alternativas plausibles de pesquisa sobre su deceso.

Este comentarista sostuvo repetidamente en las redes sociales, aún antes de que la causa recayera en Rafecas, que aquí no cabía mucho más que optar entre creer que el difunto era un títere o bien un burro. Durísima, pero auténtica disyuntiva.

¿O resulta más sensato admitir que Nisman haya podido errar en cuanto al grado de consumación del supuesto de hecho que imputó? ¿O aceptar que para denegar la petición de Pollicita el magistrado haya dedicado 63 páginas, cuando se estilan no más de 4 o 5 en estos casos; y que, para peor, terminan pareciendo, por necesidad, una lección básica de Derecho Penal? 

Que se entienda: Rafecas rechaza la apertura de una investigación; es decir, niega entidad de proceso al dictamen de Nisman. Podría haber ordenado toneladas de medidas de probatorias y planchar la cosa, lo que habría representado un fallo salomónico, aceptable al menos en parte para las pretensiones de la totalidad de los involucrados. Pero la indigencia jurígena de aquella denuncia era demasiado: Timerman sencillamente carecía de facultades para exigir una baja de las famosas alertas rojas, con lo que ni siquiera interesa que su actuación en relación a las mismas se haya comprobado exactamente la opuesta de la que le achacaron. Aunque hubiese actuado según lo señaló Nisman, no siendo apta su potestad legal para tal fin, estábamos ante un imposible fáctico y de derecho. ¿Y eso se le pasó a un funcionario de la expertise de Nisman?

Se insiste: no es un error cualquiera el del defecto en el encuadramiento entre conducta y crimen denunciado.
Ni las tan meneadas escuchas, así las cosas, ni ninguna otra prueba, servirán, en tanto no hay qué demostrar. Dicho sencillo: Rafecas evitó prestarse al show mediático de allanar Cancillería para hurgar una hipotética confesión culposa de Timerman en su igualmente hipotético diario íntimo, porque aunque la encontrara, por muy repugnante que pueda resultar políticamente... no le serviría a su objeto procesal. Para coronarlo todo para peor, se supo que finalmente hubo cajas fuertes que hablaron: las de la UFI-AMIA en que el muerto había dejado documentación diseñada en espíritu diametralmente opuesto al de su posterior dictamen. Y que otro finado se llevó secretos a su morada final: Pepe Eliaschev, quien, ahora nos enteramos, no ratificó en tribunales su nota periodística, primer antecedente público de este trauma.

Cada quien sabrá interpretar lo que aquí apenas se insinúa para no imitar temeridades que encima están peor sustentadas. No deja de haber preguntas en este entuerto. Pero Rafecas acaba de argumentar mejor que ningún funcionario o militante que las respuestas deberán ser rastreadas puertas afuera de Casa Rosada. Es simplemente lo que conviene a la dilucidación.

Los cementerios no mejoran a las personas. Hemos confirmado que a las denuncias judiciales tampoco.

viernes, 27 de febrero de 2015

Macrì-Lole en la dinámica de la cruzada moral

El escenario político-electoral argentino, presumiblemente, no producirá mayores novedades hasta que la convención radical del 14 de marzo próximo termine de definir (si es que lo hace; se espera que no a los bifes) su apoyo entre las candidaturas presidenciales de Maurizio Macrì y de Sergio Massa; o bien, si insiste en prolongar su actual indefinición PMDBista, táctica, entre ambos. La alternativa de la postulación propia, y/o la continuidad de FAUnen, en cambio, ya están casi descartadas.

Siendo que el kirchnerismo se mantiene en sus coordenadas históricas independientemente de tempestades, y habida cuenta que la presidenta CFK tiene decidido estirar la competencia en el FpV-PJ todo cuanto le sea posible y necesario, en tanto ese juego no despunte, la ansiedad de los focos noticiosos y analíticos se concentrarán en los numerosos y variopintos reacomodamientos de la interna opositora. Cuyo último capítulo hasta ahora es el del acuerdo entre Macrì y Carlos Reutemann.

La danza de los aspirantes que contrarreloj intentan dibujar alguna alquimia que les permita superar las endémicas carencias estructurales que sufren los espacios no oficialistas desde producida la crisis de 2001, proseguirá, eso sí, al compás de la música del caso Nisman, que intentará ser exprimida hasta agotarla para aderezar todas las maniobras en comentario. 

La última versión, lanzada por Clarín, de un supuesto "comando iraní-venezolano con adiestramiento cubano" que habría asesinado al ex fiscal, es sólo apta para termocefálicos y/o para quienes ya han decidido su repugnancia para con el kirchnerismo previamente a este episodio (y más allá del mismo), que no pocas veces tienden a confundirse, porque los enojos se llevan a las patadas con el raciocinio. No obstante ello, la fábula tiene la virtud de exponer el berrinche de los intereses extranjeros que han intervenido la causa AMIA por el giro geoestratégico que ensaya Argentina desde hace tiempo, y que se ha acelerado en términos copernicanos desde que fuera confirmado el castigo que, en relación a la deuda buitre, le aplicaron los tribunales norteamericanos. Dado ello en el contexto de una región que explora en idéntico sentido con China.

No casualmente, con acuerdos megamillonarios CELAC/China como telón de fondo, arde el eje Caracas/Brasilia/Buenos Aires que lo sustenta, de lo que da cuenta el desfile reverencial con que el antikirchnerismo recibió al nuevo embajador de EEUU.

Así las cosas, la versión de un traslado de la causa en que se investiga la muerte de Nisman a Comodoro Py cobra relevancia, no sólo --ni quizás principalmente-- para golpear al gobierno nacional a través del expediente, poniéndolo --sin soporte jurídico respetable-- bajo custodia de un fuero que ya definitivamente le ha declarado la guerra, sobre todo cuando hay pendiente la puesta en marcha del nuevo Código Procesal Penal de la Nación. Lo fundamental pasa por evitar que una pesquisa seria y profunda respecto de la persona del fiscal fallecido desemboque en su pésima instrucción del juicio por el atentado a la mutual judía, quedando así al descubierto la maniobra con que se la enchastró por los caprichos de geopolíticas ajenas. En tanto los tribunales federales son resortes de los servicios de inteligencia que organizaron este asunto, resultan el mejor custodio para cualquier posibilidad de iluminación a propósito del aquel ocultamiento.

Para muestra basta un botón: tendrían, incluso, determinado derivar el caso a un juez amigo, Luis Rodríguez, en vez de al que conduce la causa AMIA --siendo que los propios familiares de Nisman dicen que su muerte se conecta con su actuación allí--, Canicoba Corral, que se ha venido mostrando rebelde al stiusismo, que gerenció el velo en lo local.

Se trata, el proceso en cuestión; y mejor dicho, su instrumentación, del propulsor ideal, que hacía falta para construir sin dilemas justificatorios un gran consorcio antikirchnerista, que en ese tono aspiran a organizar la cita de agosto/octubre venideros. Ya sea que se termine dando una megaconfluencia a tal efecto, o bien que se canibalice a quienes pierdan el favor del establishment, que en la práctica vendría a dar igual. Se sostiene, no obstante, a Massa con vida para evitar que el FpV-PJ recapture su voto 2013. “Para dos campañas no hay”, escribió hace tiempo Jorge Asís que le dijo un ‘bancador’. Cierto o no, tiene lógica que así suceda. Un raro equilibrio: con preferencia pero sin exclusividad, pues resulta estratégico.

La alianza entre Macrì y Reutemann se explica, pues, por la sencilla razón de que resulta el bloqueo a la última chance con que contaba Massa para presentar alguna construcción respetable en el pack Córdoba/Santa Fe/Ciudad de Buenos Aires/Mendoza/Entre Ríos: 29% del padrón total del país que resulta clave para nivelar el peso específico de la provincia de Buenos Aires (38/100 de votos nacionales), donde ya tampoco es todo color de rosas para el ex intendente de Tigre, porque su bastión fuerte, la primera sección electoral, ha sido también penetrado por el PRO, fenómeno que se expresa en la fuga del intendente de San Isidro Gustavo Posse a filas macristas. Que promete no ser la última. Resulta en realidad la partición formal de una sociología que en 2013 fue compartida. Lo explicamos, hace unas pocas semanas, aquí.

Los ardores que se conocen del Frente Renovador por estas horas responden a cuestiones específicas de la interna, como la anexión de Francisco De Narváez; tanto como al terror que genera en los territorios el desplome de Massa, cuyas aptitudes de conducción son puestas a prueba, en tanto no logra disciplinar a su tropa y diseñar una construcción nacional calificada.

Por otro lado, la incorporación de Lole suaviza el talante netamente gorila que, ya hemos aventurado, terminará definiendo a la entente carrimacrista a la que, de un momento a otro, aspira a sumarse el sector mayoritario de la UCR --impulsado por Ernesto Sanz y Oscar Agüad--. Adquiriendo para ello a un peronista que en realidad no lo parece tanto, y que en simultáneo es casi un delegado de la pampa gringa. En cuanto al rol del ex gobernador santafesino en la interna del PJ provincial no tiene sentido abundar, en tanto ha devenido en un unipersonal con su renovación senatorial como exclusivo horizonte: sus todavía soldados hace rato que están con Miguel Del Sel; y, por otro lado, el peronismo local aún orgánico no sale de desaguisados continuos desde que dejó la Casa Gris en 2007, expresados --entre otras cosas, pero muy especialmente-- en la huida de María Eugenia Bielsa a su potencial (y manijeada) postulación a gobernadora.

En cuanto hace al oficialismo, el mejor diagnóstico se obtiene de la observación del comportamiento de Daniel Scioli, quien súbitamente se expone por estas horas de nuevo ultrakirchnerizado. Lo que se comprende en la necesidad de quienquiera sea resulte designado como candidato efepeveista de exhibirse como elemento diferenciador del tablero frente a una coyuntura polarizada en la que existe aglomeración moderacionista aguardando sponsoreo corporativo.

Los melones del carro kirchnerista se acomodan hacia una fidelización para consigo mismo como mejor receta de disputa.